Un nuevo gol de Fernando Torres dio la victoria en San Mamés a un Atlético de Madrid confuso y extraño durante gran parte del choque, ante un Athletic de Bilbao que tomó muchas precauciones en su posesión de balón, buscando reducir el impacto tanto del contragolpe rojiblanco como de su presión adelantada, principal signo de dominio en su último mes. Las bajas en ambos equipos configuraron un partido calmado, con un tramo final en el que el Athletic terminó embotellando a un Atlético que encomendó su ventaja a defender en su propia área.
A mitad de camino entre la intención bilbaína y la ineficaz presión visitante, el Athletic arrancó el choque sin perderla. Aunque su iniciativa no pasaba por progresar arriesgando, se benefició de una presión atlética que no llegaba a las zonas del balón con su habitual superioridad. En pos de perseverar en no tener pérdidas en salida que castigaran al San José central y al Beñat mediocentro, Valverde jugó con los cuatro zagueros en línea, con los laterales en posición de interiores, nadie entre líneas y los hombres de banda en la cal para recibir un pase paralelo a la misma; una ‘U’ con significado de control. Enfrente, una presión y basculación muy inconexa.
Su cuerpo y su talento, más propios de un central
Simeone saltó a San Mamés con Thomas de interior derecho, Saúl en el izquierdo y Koke al lado de Augusto. Al contrario de lo que pudiera parecer dada la capacidad de intercambiar alturas ofensivas queBeñat, muy solo para combinar define al Atlético actual, su descoordinación para ajustar presión y colocación fue su principal problema. La línea de medios salía de manera individual a por el poseedor, y fueron dos movimientos defensivos de Filipe Luis yendo a por Susaeta cuando Saúl no llegaba lo que hizo al técnico argentino pasar a 4-1-4-1, con Griezmann en la izquierda. Cinco hombres para llegar a las bandas. El irregular partido de Ñíguez en la primera parte tuvo que ver con dicha modificación.
Esa línea de cinco mediocampistas permitió al Atlético defender de cara a la jugada pero tener menos salida por dentro, defendiendo más abajo y teniendo en Filipe Luis, muy vigilado por Bóveda-De Marcos, la salida natural junto al propio Antoine. El Athletic, sin Williams ni Aduriz, lograba un primer objetivo, haciendo a su rival quedarse sin robo adelantado ni contragolpe efectivo. El encuentro, llegado ahí, se estaba encallando, hasta que la aparición de Juanfran sacó a su equipo y un gol de Torres puso en ventaja a un Atlético que pasaría gran parte del segundo periodo fiando su victoria en su repliegue.
Su cuerpo y su talento, más propios de un central
La baja de Gabi y la de Godín en medio del encuentro habilitaron otro escenario de supervivencia. El Athletic realizaba un movimiento fundamental para agitar las cosas: la entrada de Iñaki Williams. Valverde había dado entrada a Iturraspe, un mediocentro más en la circulación, enfocando a Iñaki las labores de apoyo y ruptura a la espalda de Filipe. Si los bilbaínos no remataron con mayor frecuencia fue porque el Atlético volvió a dejar uno de esos tramos de reloj, de nuevo con Lucas Hernández, donde defiende con todo y hasta el final.






@miguelstep 21 abril, 2016
Qué nivel de Torres, que nostalgia como seguidor del Liverpool , verlo así , mi primer gran ídolo junto a Gerrard.