La capital italiana acogió un partido de apariencia rutinaria que derivó en 90 minutos de fútbol de verdad. El FC Barcelona, el equipo que ahora mismo juega con una confianza que derrite a quien le mira, se topó contra un muro defensivo pétreo e incorruptible que le obligó a cambiar su juego y reducir, así, sus opciones de triunfo.
Salah intimidó al principioLa puesta en escena de los de Rudi García fue fantástica. Su teórico 4-3-3 se plasmó como un 4-5-1 en el que las líneas defensivas y medular estaban casi solapadas, evitando que Iniesta, Neymar y Luis Suárez aparecieran entre ellas. Era imposible. Messi, bajando y proponiendo, trató de filtrar varios pases, pero no había raja, y de hecho incluso el mero intento implicó un error. Lo que no cortaban Falqué, De Rossi o Nainggolan, servía para que el ayer descomunal Rüdiger exhibiese su poder de anticipación. Y como Iniesta estaba perdido y Rakitic fuera de posición para dejarle su sitio a Leo, la Roma atacaba con Dzeko y Salah en ventaja posicional. Lo del egipcio ante Alba cautivó hasta a los haters del atletismo. Fue más desenfadado: al ser tan pequeños y mover sus piernas cortitas con tanta velocidad, sus retos eran lo más.
El Barça sacrificó «arte» por seguridad en la transición defensiva.
El Barça rectificó sobre la marcha; asumió que no podía instalarse entre líneas y tiró de ese pragmatismo escueto que define la era Luis Enrique: redujo el ritmo asociativo y se limitó a la jugada que casi nunca le cuesta un contraataque en contra, el pase de rosca de Messi. Cuando esta acción se convierte en todo, en vez de en el mejor recurso, el ataque se empobrece, pero se gana entereza defensiva porque se activa a Busquets con mayor fiabilidad (defiende rebotes, no pases).
Además, vimos un conato de variante que merece mención. Consistió en que Neymar desde la banda izquierda realizaba la «jugada espejo» con cierta frecuencia. Resultó menos efectiva porque su pase es menos preciso y el desmarque de Leo al espacio es menos agresivo, menos constante y menos rápido que el suyo, pero por lo menos, mezcló juego y evitó que la Roma se acomodase repitiendo siempre lo mismo. El gol de Luis Suárez, aunque no de manera exacta, llegó más o menos así. Si bien cabe resaltar, otra vez, el acierto de los italianos.
Pero si de resaltar va esta película, de nuevo el Barça llevó la voz cantante. Se enfrentó a un adversario tan inspirado y bien plantado que hubo de modificar su dinámica de juego, a costa, quizá, incluso de su propia diversión, pero mostró dos cosas que le definieron como la máquina competitiva que representa: supo rectificar sobre la marcha con rapidez e inteligencia y, a los puntos, por llegadas y sensaciones, siguió teniendo bastantes más opciones de ganar el encuentro que su anoche notable rival. Como prácticamente siempre, dicho sea de paso.






@VGordoA 17 septiembre, 2015
Me quedo con la última frase. Desde enero de 2015 el Barça tal vez ya no se preocupa por imponer como se ha de jugar. Pero te gana en cualquier partido que propongas. De hecho, el que propuso ayer la Roma es quizá el único que te dé alguna pequeña opción de sobrevivir (recordemos también al Málaga de la temporada pasada).