Desde que Sir Alex Ferguson se despidió del club que refundó, el Manchester United ha intentado seguir su estela con decisiones de todo tipo. Se imaginó algo parecido contratando a otro escocés de perfil continuista, David Moyes, y a una verdadera leyenda, Ryan Giggs, para posteriormente girar 180º y contratar a Louis van Gaal y a José Mourinho, verdaderas estrellas de los banquillos, volviendo a recurrir a otro hijo del genio de Glasgow, el noruego Ole Gunnar Solskjaer. Del mismo modo, su política de fichajes, muy condicionada por la reformulación del mercado y la aparición de nuevos agentes con músculo económico para determinar la jerarquía del continente, ha dado tumbos entre la búsqueda de grandes estrellas -Falcao, Di Maria, Pogba, Ibrahimovic, Mkhytarian- y la esperanza de grandes proyectos -Martial, Rashford, Lingard, Bailly-. El resultado es que nunca se pudo apoyar, por diferentes motivos, en una línea asentada de ideas y rendimientos, transmitiendo la sensación de que tratando de ganar cosas, se perdían otras por el camino. Y vuelta a empezar.
El United necesitaba urgentemente un jugador como Bruno
En esa balanza entre problemas y virtudes, el periplo del noruego en el banquillo de Old Trafford ha venido marcado y reforzado por una configuración de plantilla cuyo mayor valor, trasladando su convivencia y acomodo a la competición, ha ido siempre encaminado a que sus mejores hombres, que son los atacantes, tengan siempre grandes espacios para correr; cuanto más grandes, cuanta más distancia hasta el portero rival, más cerca está el United de marcar y competir. Sin más matices, esto ha resultado completamente insuficiente para disputar títulos importantes o meterse entre los cuatro primeros. Y tal y como está el mercado, la llegada de Bruno Fernandes está marcando la diferencia de una manera extraordinaria. El portugués se está saltando todas las restricciones y limitaciones de un equipo en el que ni siquiera existía el rol que está ocupando y dominando el exjugador del Sporting.
Hasta su llegada, los ‘red devils’ han ido echando mucho de menos las figuras de Wayne Rooney o el mejor Juan Mata, siendo jugadores diferentes, para ordenar el ataque del equipo desde una posición intermedia. El perfil de centrocampistas por el que ha ido apostando la dirección deportiva, en uno u otro sentido, no ha cubierto la necesidad de garantizar un mínimo de creatividad o calidad, lo que unido a que los laterales le han dado poquísimo en campo contrario, han convertido al United en un conjunto sin pausa ni embrague. Fernandes, incluso por encima de las expectativas previas, está logrando, milagrosamente, integrar un gran último pase y una mayor amenaza en la frontal con un no menos importante apoyo en la circulación con el que tomar decisiones cerebrales y pedagógicas dentro del ritmo de los partidos.
El portugués ha germinado nuevas ideas sin negar las que ya había
En una estructura muy arcaica en cierto sentido, el United era un equipo muy poco dado a la heterodoxia posicional de algún jugador concreto. Las misiones estaban muy delimitadas, y que un mediapunta bajara a zona de pivote o interior a limpiar la salida o a invertir el juego hacia zonas vacías no era ni posible. Así, el luso, que suma tantos ‘key passes’ como alta participación en la elaboración, ha transformado diversos procesos en el fútbol del equipo. El luso no ralentiza ni precipita el ataque del United, en ese punto intermedio y necesario que le hace ganar registros a su equipo sin condicionar la naturaleza histórica del club ni la actual de su plantilla. Old Trafford, que suma ocho victorias y tres empates en los últimos 11 partidos, sin derrotas, y a la espera de que la actualidad ponga punto y seguido o final a las competiciones, está más cerca de luchar la Champions League 20-21.






Camilopato7 13 marzo, 2020
Bruno e Ighalo, del que yo no imagine terminaría siendo fundamental en un equipo casi sin atacantes.