En el año 2004, el técnico argentino Ángel Cappa publicó una serie de conversaciones profundas con Pep Guardiola, César Luis Menotti, Fernando Redondo y Juanma Lillo, cuatro figuras que desde dentro o desde fuera han intentado doctorarse en el juego del fútbol, jugándolo, pensándolo y midiéndolo, añadiendo palabras, ideas y dedicación con las que acotarlo. Sin embargo y paradójicamente, el título del libro desacreditaba a quien pudiera vanagloriarse de que el fútbol era posible al tacto. ¿Y el fútbol, donde está? era una pregunta que no tiene respuesta, ni tan siquiera para el futbolista al que más ha obedecido y respondido este juego, quien fue negado tres veces en la noche de ayer, después de ofrecerle una exhibición de inventiva y determinación. Su equipo, desde su fútbol, bordó el juego durante 65 minutos, pero se fue derrotado presa de la fragilidad que como nadie castiga el balompié. El Barcelona lleva 30 goles encajados en 26 partidos y una carga a sus espaldas que funde sus plomos psicológicos en cuanto suelta amarres tácticos y errores técnicos de más.
El plan de Valverde, sostenido y ejecutado por la precisión de sus jugadores, resultó tan acertado como ambicioso. El Barça dejó 65 minutos fluidos y dominantes, ahogando al Atlético
Para llegar a ese punto de desconexión tiene que suceder una conexión de igual valor previo, como la altura de los ascensos y la altura de las caídas. Los Atleti-Barça suelen moverse y fluctuar en dos escenarios principales, basados en la presión rojiblanca sobre la salida de balón culé, detectando algún emparejamiento de potencial éxito colchonero y la posterior fase ofensiva blaugrana como medida atemporal, siendo la fase del juego que va a llevar a los rojiblancos a defender durante mucho tiempo y a salir al contragolpe cuando pueda. Y para eso se preparó Valverde, intentando anticipar conatos de acoso colectivo. El extremeño retrasó a Busquets entre centrales pero no para salir de presión sino para construir el juego. El Atlético no presionaba, más bien templaba y después retrasaba sus filas, mientras el Barça insistía en esta idea, aunque después la abandonara. Lo que no abandonó fue el truco que resultó ganador en la primera mitad: subir a la vez, de manera incondicional y haciendo funciones de carrilero en la práctica, a Jordi Alba y Sergi Roberto. Ubicados siempre abiertos, a la misma altura de los interiores, e insistiendo en posicionarse entre zaga y medular, la manta rojiblanca no pudo ajustar.
Arturo Vidal estuvo absolutamente perfecto interpretando su zona de influencia, llegando al remate y forzando con actividad y agresividad todo tipo de situaciones. Un 2×1 que, junto a un Sergi Roberto magnífico, hicieron a Leo volar
Si brilló el Barça en la primera mitad fue por diversas cuestiones, entre las que cabe destacar el comportamiento de la banda derecha azulgrana. Con Messi como interior prácticamente real del sistema, Sergi Roberto y Arturo Vidal trajeron por el camino de la amargura a Saúl Ñíguez y Renan Lodi. Chileno y catalán sumaron continuas tentaciones para los dos zurdos rojiblancos, ocupabndo pasillos de una forma y con una intención de hacer picar a ambos dentro y crear espacio fuera. Renan y Saúl, como todo el Atleti, se mueven mucho y se dejan conquistar por el balón, sintiéndose demasiado atraídos por el robo y no por proteger la zona que su posición tiene que proteger. Especialmente sobresaliente fue la primera mitad de un Vidal que con su dinamismo y actividad parecía dos jugadores en uno, fijando jugadores y zonas como si eso no implicara un esfuerzo físico y de lectura constante y enorme. Y el chileno se salió. Clave en ese sector, liberó a Messi, que comenzaba a transmitir sensaciones técnicas increíblemente dulces. No quedándose ahí la cosa, el Barça juntó a Griezmann y De Jong poniéndose de acuerdo con increíble naturalidad para hacer progresar las jugadas y meter al Atlético de Madrid en su área. Sólo el gigantesco Jan Oblak, verdadero artífice de su supervivencia, asombroso por momentos, impidió mucho más de lo que se estaba viendo.
Jan Oblak volvió a darle múltiples oportunidades al Atlético de meterse en el encuentro y pdoer competir. El esloveno sacó varias acciones monumentales
Inhabitual por la ocupación del campo pero fluido por la inspiración técnica y de movilidad de sus jugadores, que son sin duda extraordinarios, el Barcelona dominaba la escena con un Busquets jugando en zona de tres cuartos, dos centrales cerrando y dos laterales muy abiertos y muy alzados, sin incorporarse más allá de los movimientos de Messi para succionar defensores y poder crear espacios para sus laterales. Así se llegó al descanso con un 0-0 que iba a deshacer el Atlético en un fogonazo, quizás la acción a la que se está reduciendo un Joao Félix al que el juego todavía no le ha deparado en estos meses una asignación concreta. Lejos de que su fútbol esté llamado a ser de mucha intervención, sea para ordenar o para ‘rajar’ al rival, la dificultad futbolística y anímica por la que atraviesa no descarta ni impide que su talento, puro instinto, pueda aparecer, aclarar e iluminar lo que sus compañeros no tienen. Así, Koke puso el 0-1 e hizo despertar otro nuevo arreón, soberbio, de Lionel. El rosarino y todo el Barça comenzaron a tronar sobre el estadio saudita para zarandear al Atlético de Madrid.
Aunque Koke adelantó al Atlético, el Barça realizó 15 minutos de empuje y superioridad
Y entonces llegó el turno de los entrenadores. Valverde debió pensar que el Barça, por dominio observado, fluidez colectiva y capacidad para darle apoyos al balón a través de De Jong, Busquets, Messi, Roberto o Griezmann sería suficiente para calmar el partido, que pudo haberse resuelto mucho antes. Así, no dio entrada a Ivan Rakitic hasta el 85, siendo el croata un jugador consistente técnica y posicionalmente para jugar por detrás de balón y hacer largo todo. Mientras, Simeone se sacó de la manga un cambio que a la postre resultó determinante. Y no de hombre por hombre, sino de posición. Alrededor del minuto 69, tras el gol de Griezmann que certificaba un tramo de juego ambicioso y demoledor por parte azulgrana -con una posesión de balón nada conservadora, con todos los hombres por delante de balón excepto los centrales-, Simeone colocó a Correa en la punta junto a Morata y a Joao Félix, una modificación que tuvo consecuencias definitivas en los dos errores culés en la entrega.
El cambio de Correa y Joao Felix en el 68′, tras el 2-1, de la punta a la banda y viceversa, resultó determinante. Lectura fantástica del Cholo
De esta forma y en el enésimo ejemplo de su imprevisibilidad, el Barça perdió el control de todas las perspectivas de un partido. Táctica y emocionalmente apareció esa fragilidad repentina de la que suele levantarse mucho mejor de lo que parece pero que está latente en momentos donde es completamente excepcional que puedan suceder cosas como las que sucedieron desde el minuto 78. En cualquier caso, Simeone debió imaginar que, estando cerca en el marcador, y cerca del final, siempre puede esperarse algo de este deporte tan imposible, y el cambio de Correa por Joao entre banda y punta puso de manifiesto, potenciando, el exceso positivo de confianza del argentino para creer en hacer daño e ir e insistir en sacarle jugo a su iniciativa individual, algo que Joao Felix, en estos momentos, cree mucho menos. Así se consumó una noche en el que el fútbol dejó claro que no le pertenece a nadie. Siempre parece que es de Leo, ayer pareció de Vidal, Busquets, Griezmann o Roberto. Pero no, el fútbol se volvió a escapar, como si no existiera.


Carlos 10 enero, 2020
Creo que el único motivo por lo que esta eliminación como culé no me dolió tanto o más que Roma o Anfield es porque "solo era" la Supercopa. Pero, para mí, derrotas de esas que cambian dinámica y hunden al equipo perdedor.
Hay que decir que en mi opinión ayer se confirma algo que sostengo hace tiempo: Más que futbolistico, lo del Barcelona es mental. Estos jugadores han dejado de saber competir este tipo de partidos. No saben controlar el miedo, y por lo tanto, no saben controlar los tiempos de partido y sus puntos de inflexión. Les cuesta muchísimo reponerse a los golpes emocional y a competir en la adversidad.
No hablaré de Valverde hoy, creo que ya todo está dicho hace tiempo.