Podríamos decir que el gen de supervivencia del Barça en la Liga española escapa de toda lógica si pasásemos por alto la presencia de Leo Messi. El argentino acorta las distancias hasta lo irreal, y esa influencia significa una vida extra para sus compañeros y una mengua en la decisión del rival. Su obra de arte para hacer el 4-3 fue el penúltimo episodio de un partido precioso y emocionante que el campeón, ni tan siquiera con 0-2 arriba, fue capaz de controlar.
El comienzo del choque estuvo marcado por la altura a la que Javi Calleja decidió proyectar a sus puntas para realizar una primera presión. Chukwueze y Ekambi iban muy arriba, con Iborra cerca de Busquets y Cazorla y Morlanes tratando de que los interiores culés –Vidal y Arthur- no pudieran girar y ver el juego de cara. La medida permitió al submarino amarillo, en el tramo inicial, robar cerca de Ter Stegen y finalizar jugadas, pero el temor a que los puntas del Barça quedasen uno contra uno contra los defensas hizo que la distancia entre ataque y zaga fuera demasiado amplia.
El Villarreal tuvo la intención de presionar, pero la línea de ataque lo hacía con más determinación que la de defensa, lo que generó unos espacios en los que Luis Suárez castigó
La línea de cinco defensas del Villarreal no acompañó con decisión esa primera presión, y en ese escenario aparecieron dos nombres para castigar su sistema defensivo. El primero fue Luis Suárez, que se impuso de forma constante con sus movimientos de apoyo, lo que permitió a Malcom poder correr siempre con ventaja contra su par. El segundo, ya en un escenario en el que el Barça había progresado y hecho recular a la zaga local, fue Sergi Roberto, que encontró espacio en el carril interior derecho al actuar Alfonso Pedraza en la misma línea que su defensa.
No logró nunca el Villarreal que sus tres centrales tomasen la determinación de achicar espacios, pero con el paso de los minutos sí sumó a la línea de centrocampistas a Pedraza, lo que limitó el juego interior culé al no tener Sergi Roberto tanto espacio y permitió a los de Calleja robar de forma más frecuente en zona de medios y poder proyectar a Chukwueze y Ekambi en uno contra uno ante los centrales del Barcelona, escenario en el que Umtiti y Lenglet vivieron una pesadilla en la defensa del campo abierto.
Ekambi y Chukwueze superaron en lo individual a Lenglet y Umtiti
El partido de Toko Ekambi fue realmente bueno en cuanto a su movilidad sin balón. El delantero camerunés tiene una enorme facilidad para desplazarse en diagonal desde el carril central hasta la banda izquierda, lo que sumado al sufrimiento de Umtiti para orientarse en el perfil derecho resultó un grave problema para el Barça. Si Ekambi estuvo bien, Chukwueze estuvo superlativo. El nigeriano tiene una gran soltura para conducir y desequilibrar, y ante Lenglet mostró un punto de pausa sobresaliente para acelerar y desacelerar en el momento adecuado, convirtiéndose en el gran foco de ventajas ofensivas para su equipo.
Con el Villarreal consiguiendo activar de forma frecuente a su pareja de puntas gracias a sus ajustes sin balón y sobre todo, gracias al descomunal encuentro de Santi Cazorla –el asturiano puso dirección al balón en un día en el que el cuero volaba de un lado a otro-, el Barcelona sentía la necesidad de respirar lejos de su propia portería, y la opción clara de encontrar a Luis Suárez y correr se acabó tornando en precipitación. En ningún momento del partido los de Valverde consiguieron pausar sus posesiones lo suficiente como para que la contra local no apareciera de forma frecuente, cuestión donde evidentemente se notó la ausencia de Leo Messi. Su zurda, un día más, cambió el guión para el equipo culé, que sin embargo regresa de La Cerámica con algunas dudas no sólo instaladas en las rotaciones del crack argentino y de Gerard Piqué.






AdrianBlanco_ 3 abril, 2019
Ya hemos hablado muchas veces de él por aquí pero qué futbolista tan divertido es Samu Chukwueze. Por velocidad, por recursos en el uno para uno, por chispa… Anoche volvió loco al Barça. Y sobre todo a Lenglet.