El Real Betis Balompié conformó en verano una plantilla completamente consecuente con su momento deportivo. En el Benito Villamarín iban a jugarse tres competiciones con el ánimo de seguir creciendo y discutir determinados estatus dentro de la Liga española y para ello dobló posiciones en cantidad, calidad y adecuación. Tras una temporada fantástica, Quique Setién consiguió ondear su propuesta, afianzando un método que está teniendo una continuidad realmente diferente en estos primeros diez partidos oficiales de la temporada 2018-2019 -Liga y Europa League-. Y es que el día a día del Real Betis mira a las áreas de manera completamente distinta; el juego, las sensaciones y los datos reflejan la nueva realidad.
El Betis, uno de los muros de la Liga: 6/8 porterías a cero
La temporada pasada, Setién afrontó el curso con una evidente vocación ofensiva. Asumidos los riesgos en salida de balón, pues asimilar conceptos y generar confianza en muchos de sus futbolistas requirió mucho trabajo y tiempo competitivo, la campaña verdiblanca se saldó con 60 goles a favor -quinto equipo más goleador del curso- y 61 goles en contra -tercer conjunto más goleado-, aprovechando los espacios generados ante la presión del rival y siendo especialmente vertical en campo contrario. Unos números que les llevaron a la Europa League pero que rara vez se vinculan con objetivos más ambiciosos. Setién sumaba un año inculcando cultura y pensamiento en el vestuario y en el beticismo. Tocaría, por tanto, medir su segundo año de proyecto con un margen de seguridad defensiva realmente amplio.
De ese modo, el Betis arrancó buscándole sentido a sus nuevas piezas. Canales, Inui, Carvalho, más tarde Lo Celso. La plantilla ofrecía muchas posibilidades para profundizar e indagar en una propuesta que pasados dos meses de competición ha invertido por completo la tendencia vista la temporada pasada. Ocho encuentros después del pistoletazo de salida, la estadística cuenta que los verdiblancos son el equipo que menos goles produce en el campeonato, con cinco, mientras es el segundo equipo menos goleado del mismo, con seis dianas recibidas. Del mismo modo, el Betis suma 13,5 tiros por partido -sexto clasificado- y sólo recibe 10,1 tiros por choque -cuarto en dicha tabla-. Y eso explica muy bien lo que está pasando. Su falta de pegada concuerda con la fiabilidad defensiva que su plan con balón le garantiza.
Real Betis en lo que va de temporada 2018-2019:
– 5 goles anotados -20º-.
– 6 goles recibidos -2º-.
– 13.5 tiros por partido -6º-.
– 10.1 tiros recibidos por partido -4º-.
– 6 porterías a cero en 8 partidos (8 de 10 sumando Europa League).
Su sistema de tres centrales y dos carrileros sigue encontrando mucha seguridad a la hora de cruzar la divisoria y asegurar una posesión estable. Casi siempre logra tener superioridad en salida y cuenta con jugadores en las últimas líneas que pueden venir en apoyo y salir de su marca con una pared, un pase medido o una arrancada o giro individual de calidad élite. Canales, Lo Celso, Inui, Joaquín o Boudebouz son jugadores que pueden salir de presión aún jugando de espaldas. Además, las piezas que juegan de cara ante la presión, como Pau López, Marc Bartra, Aissa Mandi o Andrés Guardado, suman calidad técnica y virtudes para leer la presión del rival -conducir, dividir, tomar decisiones-, completando un plan como quizás no haya otro en la Liga. Entre los recursos colectivos que le da el sistema y la calidad individual de la que dispone, el Betis sale jugando y se instala arriba con soltura.
Es por eso que defensivamente está mostrándose tan fiable. Las pérdidas en campo propio son menores y si el contexto es forzado, sabe adecuarse a lo que el rival le obliga desde la presión. Después, en campo contrario, logra encerrar al rival, obligándole a defender durante grandes fases, perdiendo la pelota donde más le interesa para no sufrir contragolpes. Aún atacando en espacios reducidos y defendiendo espacios muy grandes, el Betis ha mejorado notablemente su transición defensiva. No obstante, esa capacidad atrás contrasta con su dificultad para crear ocasiones.
En ataque, los carrileros están produciendo poco en lo ofensivo
Dos de los aspectos fundamentales en esta cuestión residen en los carrileros y los puntas. Los primeros son actores relevantes para dar amplitud en salida que permita mantener la posesión ante un acoso interior del oponente, y acompañan la jugada hasta el siguiente tercio, pero después les cuesta mucho generar situaciones de desborde o dos contra dos que elimine marcas y logre profundidad entendida como peligro. Junior y Francis no terminan de cambiar el ritmo de las jugadas, siendo trabajo de los mediapuntas, sin demasiada compañía, producir unos contra unos en los picos del área. En lo referente a los puntas, Setién goza de agresividad, juego directo y rupturas más que interesantes entres sus tres delanteros, pero ninguno logra resolver la ecuación que plantea el colectivo. El Betis ha logrado ser una pequeña roca defensiva pero le está pidiendo autonomía y autosuficiencia a su ‘9’ en un contexto de menos espacios en ataque. Y Tonny Sanabria, Sergio León y Loren Morón no van sobrados de ello.






David de la Peña 9 octubre, 2018
A mí me da la sensación de que las tres alternativas que tiene Setién para el nueve están un puntito por debajo de la calidad que sí muestran sus centrocampistas. Es cierto que con un poco más de desborde al final los tres van a encontrar mejores situaciones de remate y eso se puede traducir en una buena racha, pero por toda la posesión que tiene el equipo a mí me parece que hace falta algo más de soltura en la combinación y autosuficiencia.
Loren representa amenaza al espacio y a diferencia de León, tiene algo más de fuerza para aguantar de espaldas (me parece fundamental esto en el punta del Betis), pero particularmente me entra la duda de qué techo tendría el equipo con un jugador de escalón superior.