La competitividad del Mónaco de Jardim está determinada por la altura del balón. Cuanto más arriba juegue el equipo del principado, cuanto más presencia tenga en campo rival y menos minutos pase defendiendo el propio, más capacitado está para competir ante cualquier rival. Lo vimos ante el PSG en los enfrentamientos de Ligue 1, lo vimos en toda la eliminatoria ante el Manchester City y lo volvimos a ver en el partido del Signul Iduna Park contra el BvB.
Por eso la baja de Fabinho hoy se antoja fundamental; no hay nada ni nadie que le de tantos metros al Mónaco como el centrocampista brasileño. Él es el encargado de meter arriba al equipo, tanto con el balón como desde la presión, la cual lidera de manera individual pero organiza de forma colectiva. Si entendiéramos el conjunto de Jardim como un reloj, diríamos que Fabinho es el segundero que empuja constantemente al resto para así lograr dar la hora correcta.
A nivel colectivo, Fabinho es crucial en defensa.
Su ausencia, por tanto, debilita estructuralmente cada movimiento del Mónaco, aunque en realidad no lo hace de igual manera en todas sus fases. Es cierto que ofensivamente Fabinho es muy importante tanto para organizar como para iniciar las transiciones, lo cual descarga de trabajo y libera creativamente a Bernardo Silva para que éste pueda jugar en el escalón superior. Pero más allá de esto, que es importante, el Mónaco tiene varios mecanismos para compensar su baja por sanción. Los movimientos de Mbappé, los apoyos de Falcao, los toques de Bernardo Silva, las conducciones de Lemar o Mendy por banda izquierda… Jardim tiene soluciones.
Donde sí que no parece poder obviar su ausencia es en el apartado defensivo. Como decíamos, la solidez del Mónaco depende de su presión alta, pues cuando tiene que replegar deja de ser un «digno» cuartofinalista de la Champions League. La gran debilidad en los laterales, la falta de recorrido de los extremos, un doble pivote con más recorrido vertical que horizontal, una pareja de centrales propenso al error en área propia… Demasiados defectos que ya tuvieron su peso en Dortmund, incluso con Fabinho en el campo, desde el momento en el que Thomas Tuchel entendió que «lo que está muerto no puede morir». El entrenador alemán dibujó un ofensivísimo 4-2-3-1 en el que Sahin-Weigl era el doble pivote y Guerreiro tenía para sí solo la banda izquierda. De esta manera, obviando la marca de Falcao sobre el mediocentro, el Dortmund pudo salir siempre, jugó con fluidez en campo rival y el caudal de ocasiones fue tan alto que hasta hizo parecer coherente una posible remontada. Pulisic, Kagawa, Dembele, Aubameyang… El Borussia Dortmund tiene calidad, sistema y gol para penalizar cada metro del campo que su rival no pueda disputar. Y sin Fabinho, el pulmón de Jardim, el Mónaco deja de poder disputar demasiados metros.
Foto: NORBERT SCHMIDT/AFP/Getty Images






Larios84 19 abril, 2017
Se presupone que hoy la pareja sera Moutinho-Bakayoko no? Vaya papelón para el luso, ya en la ida lo tuvo ante la ausencia del que hoy será su compañero, pero creo que el más importante de esa pareja es el brasileño ausente hoy, pero veremos a ver que nos depara este partido. Será mi elección de tener tiempo para ver algo, un entretenimiento asegurado y encima con el plus que da no ser seguidor de ninguno de los dos, con lo cual me ahorro disgustos:p