Los problemas complejos no tienen soluciones sencillas. Desde ese punto de partida, Luis Enrique Martínez ha decidido intervenir para, solucionando a su vez problemas igualmente estructurales, poner remedio a una dificultad que venía agotando anímicamente las reservas del Fútbol Club Barcelona: la banda derecha. La que dejó huérfana Daniel Alves y que había dado acomodo a Leo Messi, extremo e interior con toda la potestad para construir un nuevo sistema que a comienzo de temporada reformuló su realidad futbolística más si cabe. Sin embargo, consumido su efecto, desapareciendo el Messi recostado, el del alley-oop a Jordi Alba, buscando el centro y tocándola mucho menos y a menor número de alturas, el equilibrio desapareció. Un nuevo sistema, el 3-4-3, ha rescatado al costado diestro de gran parte de los problemas sin que Lionel tenga que volver a él.
Con leo centrado, el Barça no encontró soluciones en derecha
En ese mencionado y paulatino desgaste, el interior derecho y el lateral derecho fueron las figuras claramente perjudicadas. En ataque, que Messi no sólo se centrara sino que buscara socios en el lado contrario, con Iniesta y Neymar, hacia prácticamente estéril la jugada amasada en la banda zurda y volcada en la derecha. Allí no había desborde ni asociación, muriendo la ventaja sin un crack cerca. Con Roberto abierto y arriba, la transición del rival guardaba un movimiento muy sencillo de potenciar al instante. Como el lateral zurdo del oponente no veía amenazada su posición con un dos contra uno, pues Messi ya no era extremo, su compañero de costado -el volante o extremo-, podía quedar más liberado para tirar la contra a espaldas de lateral e interior culés. El Barcelona quedaba lejos de esa nueva transición y los rivales habilitaban escalones con facilidad. El problema no era sólo ofensivo, sino eminentemente defensivo, de balance, haciendo aparecer las carencias de un Roberto que perdió mucha confianza.
Como se inicia este artículo, la solución no ha sido sencilla. Su operatividad es compleja en su intento de equilibrio pues en todo ello se mezclan dos dibujos. En ataque funciona el 3-4-3 que ve a Gerard Piqué como central, Roberto como interior y Rafinha como volante abierto, que no carrilero. Yendo por partes, Rafinha permite, como comentó el propio Luis Enrique, fijar a hombres de la línea defensiva rival, generando atenciones sin que hombres libres del rival puedan sumarse a la presión, pues el menor de los Alcántara sujeta por fuera con su posición. El brasileño además, con su adquirido esfuerzo en físico y concentración frena, presiona o recupera metros para ayudar a un Piqué algo más expuesto saliendo a banda. Entre medias, Sergi Roberto.
Luis Enrique ha conseguido centrar a Messi sin sufrir tanto en el costado
El canterano, por condiciones físicas y polivalencia táctica, parece el más indicado para modificar el dibujo entre fases. En salida y circulación es el interior diestro del rombo formado en mediocampo, mientras ante la pérdida o en fase defensiva forma linea de retaguardia como ‘2’, volviendo a zaga de cuatro. Al no tener que responsabilizarse de toda una banda ni tener que sufrir en el uno contra uno, Sergi Roberto representa a escala el alivio anímico que ha paliado el cambio de sistema. Por último, siempre origen y fin, medida de todas las cosas, está Messi, que como un resorte ha agradecido que, en un momento en el que parecía no estar para todo -pase, regate y remate-, esta modificación lo haya llevado hasta lo concreto, la frontal del área, el punto en el que él mismo modificó la historia.
Foto: Alex Caparros/Getty Images






hola1 8 marzo, 2017
Señor partido el que se viene.