Víctor Laguardia: la gota china


Aunque nos hemos acostumbrado a usar aquello de “gota malaya” para referirnos a una forma de tortura, ésta no existe en realidad. Dicho término, al parecer acuñado por un famoso político español, no es más que la confusa mezcla entre lo que era la “bota malaya” y lo que era la “gota fría”. Sea como fuere, la expresión ha calado muy hondo incluso en el a menudo anquilosado lenguaje futbolístico.

Con “gota malaya” solemos querer hacer mención a ese tipo de tortura paulatina, más psicológica que física, que termina por minar la oposición del contrario. Es decir, solemos utilizarlo para hablar de jugadores de ataque. El caso de Leo Messi es paradigmático. Una y otra vez, cada vez que recibe el balón, el futbolista argentino agrede a la estabilidad emocional y táctica de la defensa rival. Cualquier error, cualquier desatención, termina en gol(es). Y esto, que ya es mortal de necesidad en el minuto uno, suele ser insostenible para la mayoría con el paso del tiempo. Pero como decimos, esta gota no es malaya, sino china. Y además, aunque no sea ni mucho menos equivocado usarlo de esta manera, el fútbol es tan rico en matices que nos permite emplearlo también de forma totalmente opuesta.

Laguardia es uno de los centrales de la temporada.

Víctor Laguardia es uno de esos centrales clásicos. Tradicionales. De área. De marcar y despejar. De estar más cerca de su portero que de su mediapunta. De llevar años pareciendo que ya ha pasado la treintena cuando en realidad acaba de cumplir 27 este noviembre.

Pero más allá de la edad, Víctor Laguardia no engaña. Es lo que parece. Lo que ocurre es que, pese a que su fútbol no tenga sorpresa ni artificios, superarlo como parte de este Deportivo Alavés cada vez parece más complicado. El Barça no lo hizo en el Camp Nou, el Atlético no lo ha logrado en dos partidos, el Deportivo no pudo ni siquiera en superioridad numérica, el Sevilla tuvo que esperar hasta el mismo descuento… Porque el repliegue vitoriano, encabezado por Marcos Llorente como mediocentro y por Víctor Laguardia como central, es una de las fases más potentes de La Liga 2016/2017. El concepto lo hemos comentado ya varias veces: el doble pivote se estrecha para prohibir entrar por el carril central, los laterales cierran su posición y los centrales permanecen muy abajo en el punto de penalti. Al rival sólo le queda profundizar por fuera y centrar al área. Una y otra vez. Y es ahí cuando parapetado por todos sus compañeros, comenzando por Fernando Pacheco, Laguardia se convierte en la “gota china” de La Liga y de la Copa.

El central maño se impone en cada acción aérea, obligando a reiniciar el juego al contrario y, por ende, obligando al rival a repetir un proceso que no sólo es frustrante por el escaso resultado ofensivo, sino que también es peligroso porque en cualquiera de esos despejes el balón le cae a Llorente, conecta con Kiko Femenía o Theo Hernández, sale corriendo Edgar y a los pocos segundos Deyverson ya está celebrando en el córner otro gol de cabeza.

El Celta ya tardó en superar al Alavés en Liga.

Es cierto que en las últimas fechas el Alavés de Mauricio Pellegrino ha demostrado ser más que un gran repliegue. En El Madrigal presionó de forma acertadísima y ante el Atlético de Madrid llevó la iniciativa con una facilidad impactante, pero es lo que -no- sucede en los primeros veinte metros de su propio campo lo que le ha traído consecuentemente a estas semifinales de la Copa del Rey.

Por eso, ante el Celta y en Balaídos, no parece atrevido señalar que, por más que haya momentos de presión, como ya hubo en el partido de Liga pese a estar con diez jugadores, el momento del juego más repetido del encuentro será el ataque posicional vigués tratando de superar a la defensa vasca. Y será entonces, cuando el Celta busque a Iago Aspas para que invente un espacio que no existe, el momento en el que esa gota fría, repetitiva y despiadada comenzará a caer sobre cada futbolista vigués. En aguantarla, no precipitarse y entender el partido de hoy como una primera parte de 90 minutos estará la competitividad celeste. En conseguir que ésta pese, erosione y acelere, pero sobre todo en que ésta resista para no perder la iniciativa en la eliminatoria, estará el éxito vitoriano.

 
 

Foto: Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images


3 comentarios

  • Alan Alberdi 2 febrero, 2017

    Qué ganas de este partido. De esta serie, en realidad.

    Coincido con un análisis que ya leí de Miguel: veo favorito al Alavés por ese gran repliegue y ese buen fútbol que demostró ante el Atlético.

    Fue convocado el paraguayo Oscar Romero. Acá en Argentina maravilló con su zurda. Realmente es capaz de inventar jugadas, darle sentido a las posesiones. Ojalá tenga minutos. Lo imagino por detrás de un punta, en un 4-4-1-1. No se si ustedes habrán visto algo de sus actuaciones en Racing o la Selección de Paraguay.

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  • hola1 2 febrero, 2017

    @Alan Alberdi

    Creo que le puede venir muy bien el paraguayo al Alaves. Un jugador "diferencial" al ataque. Ojala se adapte rapido.

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  • MigQuintana 2 febrero, 2017

    @Alan Alberdi

    En todo caso, más allá de la táctica, veo una diferencia entre clubes. Al Celta lo veo con muchísimo hambre. Muchísima. Ya es su segunda semifinal consecutiva, ha superado al Atlético de Madrid y al Real Madrid para conseguirlo… Y en definitiva veo mucha hambre. Mucha vocación. En el Alavés no tanto. Creo que se entiende más como una oportunidad. Y, de hecho, las rotaciones coperas del Alavés están siendo bastante notables, aunque como tiene una plantilla tan larga esto al final se ve más o menos compensado.

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