El Atlético de Madrid sumó su tercera victoria consecutiva en Liga conseguida por 1-0. Desde que está jugándose el campeonato con los mismos puntos que el líder, el Barça de Leo Messi, y sobre todo desde que abarca dos frentes competitivos en el tramo final de temporada, su juego en los fines de semana ha decaído, algo lógico y hasta esperable. «Ahora los puntos cuentan más que cualquier escenario», decía Simeone. Por si fuera poco, cabría pensar que viendo la alineación que dibujó el propio Diego Pablo, el ‘partido a partido’ se dejó a un lado y se confió en mantener las hechuras con ocho rotaciones. Vista la primera parte, un buen Rayo Vallecano hizo ver que tanto cambio terminó por acusarse.
Embarba pudo con J. GámezLas rotaciones del argentino fueron notándose con el paso de los minutos, principalmente desde que el efecto Ángel Correa, que actuó del 0′ al 15′ como suele hacer del 70′ al 90′, se pasó y el Rayo comenzó a tener cada vez más continuidad en el juego. Gámez, Thomas, Óliver y Vietto hablaron en cuatro lenguas distintas tanto arriba como abajo, y Embarba abierto y sin la atención de Thomas, fue generando profundidad por la zona de Gámez y Lucas, desde donde vinieron envíos al área y sensación de peligro. La desconexión de las líneas locales fue evidente y no tuvo arreglo hasta el descanso. Los de Paco Jémez, con un buen Llorente en el inicio, la verticalidad de sus bandas y la doble punta Miku-Guerra, dominaba el encuentro. Oblak tuvo mucho trabajo, convirtiéndose en el mejor jugador del encuentro.
Las rotaciones de Simeone golpearon la estructura de su equipo
Simeone dio entrada a Koke por Gabi y el choqueo no notó el impacto. Lo notó de manera evidente cuando Antoine Griezmann entró al campo por Óliver Torres. Hasta que el francés se ató las botas, el Rayo seguía teniendo muy fácil el cambio de frente hacia un hombre abierto, pues su medular, aún sin Trashorras, podía retener la pelota, tocarla y buscar al más lejano. Sin las ayudas propias del 4-4-2, tanto Gámez como Juanfran defendían mucho tiempo, y Oblak paraba una cada 5-10 minutos de reloj. Para que el cancerbero esloveno dejase de parar, entró Antoine, un crack mundial que salió para marcar y defender. Marcar y defender.
La paradoja es tal porque si hay un arte del que presume el francés es su remate a puerta, lo que unido a su calidad, le haría quedar siempre como hombre más adelantado. A los 30 segundos ya había dejado claro que su capacidad anotadora es clase mundial. Nada más acometer la primera de las dos misiones, el crack del equipo, si esa figura existe en este Atlético de Madrid, se echó a una banda, y arriba se quedaron Torres y Correa. Durante los últimos 20 minutos, el Rayo sacó toda su batería de arietes y trató de buscar el remate aéreo o el fallo en el área. Y entre Oblak dominando y Griezmann como casi un tercer lateral, se cerró el partido. ¿Cuándo sucedió en el pasado más o menos reciente un caso similar al que representa Griezmann, el jugador que resuelve en ataque y figura de renombre que tiene automatizado que debe defender como una sombra?






Felipe Cruz 1 mayo, 2016
Pues Podria ser el Etoo lateral en esa Champions del Inter de Mourinho