Cuando Diego Pablo Simeone regresó al Vicente Calderón en 2011, el Atlético de Madrid era un solar de libre construcción. El vestuario no seguía ningún tipo de lógica deportiva, la afición paseaba más melancólica que nunca por la rivera del Manzanares y el club, en España, parecía lo que el Atleti jamás puede parecer: un equipo de fútbol más. Ni siquiera el triunfo en la Europa League de 2010, con aquel 4-2-4 de Quique Sánchez Flores, pudo mitigar la crisis de identidad que sufría el colchonero. De alguna manera, entre todos habían olvidado quién era en realidad el Club Atlético de Madrid.
La comunicación es fundamental para Simeone.
Simeone manda siempre muchos mensajes en la sala de prensaEsto suponía un problema para quien llegase, pero también una oportunidad de dotarle al equipo de la personalidad que el entrenador creyese oportuno sin necesitar responder a demasiadas preguntas. Pese a ello, Simeone no dudó en transmitir su mensaje en cada rueda de prensa y entrevista que daba. Que llegase, que calase, era fundamental para él. “Para cambiar la camiseta del Atlético de Madrid al final del partido, el rival tendrá que darme dos. La del Atleti vale más”, decía un día. «Nunca me consideré un pupas. Estuve cinco años en el Atlético y ganamos tres títulos», decía al otro. El Cholo quiso recordar así el orgullo deportivo, más allá del emocional, que suponía vestir la camiseta rojiblanca, fuera como aficionado o como futbolista. Un mensaje éste que siempre estaba muy ligado, muy conectado, al futbolístico.
Nada más aterrizar, Simeone hizo suyo el mantra de la intensidad. Lo repetía hasta cuando en el ascensor le preguntaban por la hora o el tiempo. Al final, la respuesta siempre era la misma: intensidad, intensidad e intensidad. Nada más. Pero como el argentino sabía que esto podía chocar con el proceso de cambios que estaba viviendo el fútbol español, fue acompañando a este concepto de una explicación más futbolística que le hizo tener una posición propia: «¿Posesión? Para nada. No me interesa para nada. Lo que me interesa es ganar. La posesión es un cuento que se ha vendido muy bien. Es una manera de ganar, pero no es la única. Uno elige lo que quiere. Nosotros estamos equilibrados en las dos facetas del juego. Tenemos jugadores para poder mezclar posesión, equilibrio defensivo y contragolpe«. En definitiva, para Simeone tener el balón era una simple elección, una cuestión de gustos, y no una condición sine qua non para alcanzar su único objetivo: ganar a su rival.
Cuando ganas, sufrir ya no parece tan romántico.
Su mensaje gustó, con victorias convenció y, al final, el Atlético de Madrid comenzó a ir en una única dirección repitiendo las mismas consignas de su entrenador. «El partido a partido», por ejemplo, fue un éxito total. Los jugadores, la directiva y la afición sabían que la Liga era un objetivo muy plausible, pero lo único que importaba era el partido siguiente. Y éste, claro, había que ganarlo como fuera.
Sin embargo e irónicamente, cuando ganas todo cambia. El 1-0 se comienza a quedar corto, sufrir ya no resulta tan romántico y eso de ceder el balón se interpreta como un signo de inferioridad. Todo esto, simplificado, es lo que parece estar sucediéndole al entorno colchonero, y todo esto, simplificado, es el motivo por el cual Simeone ha vuelto a la carga: «El Atlético, para quien no lo conozca, es presión y contragolpe. Esa es la historia y aquellos que la quieran cambiar están yendo en contra de lo que fue el Atlético. Se puede jugar bien de distinta manera, algunos eligen jugar bien con más posesión, otros con contragolpes. Pero que a los hinchas no les confundan. El Atlético es esfuerzo, contagio, contragolpe, competir… Y a partir de eso el Atlético siempre tuvo éxito y nosotros no vamos a cambiar”. Apelando a la tradición histórica, la cual es rigurosamente cierta, Simeone pretende blindar la convicción que ha demostrado su equipo desde su primera temporada. Sabe que si las dudas se filtran entre las grietas creadas por el paso del tiempo, éstas se instalarán en todo el club. Y una vez llegan, disiparlas es prácticamente imposible. Si no ganas, pierdes. Si ganas, también.
Después de ganar al Sporting volvió a repetir su mensaje.
Estas declaraciones, que llegaron tras empatar ante Astana y Dépor, dos partidos en los que el Atlético adoleció de creatividad con el balón en los pies, volvieron a repetirse tras vencer al Sporting de Gijón con un gol en el descuento de Griezmann -y tras un 70% de posesión-. «La palabra perfecta para definir el partido es insistencia, un sinónimo del Atlético de Madrid que olvidé ayer. Hoy ganamos por insistencia», decía justo antes de elogiar al Sporting de Abelardo por «su defensa y su gran contragolpe». No hay duda. Simeone ha detectado un problema y quiere solucionarlo. Ya no hay tiempo ni lugar para aquellas miguitas de pan que pareció dejar en verano acerca de la posición de Koke, las cuales insinuaban que su Atlético podía querer tener más y mejor el balón. Ahora el Cholo necesita volver a convencer, o recordar que ya están convencidos, a todos aquellos que se cuestionan el estilo elegido. No es que esto no sea lícito ni lógico, todo lo contrario, pero Simeone como entrenador entiende que para ganar es mejor tener respuestas que preguntas.






@MarkelHxC 19 noviembre, 2015
En cuanto al debate de estilos tengo una opinión bastante clara y quizás contradictoria con muchos de los que escriben aquí, y seguor con Simeone. Para mi ganar no es el todo, más importante es si cabe el como. La forma siempre está por encima del fin, ya que el fin es aleatorio pero la forma es elegida. Por otra lado dependiendo del camino y de las formas el valor del fin siempre será diferente. Me pongo a desarrollar.
El fútbol es un espectáculo, como pueden ser teatro, un concierto o la NBA. A mi personalmente me gusta ver fútbol divertido, también bueno, pero sobre todo divertido. Cuando es tu equipo el que gana hace que te diviertas más, eso está claro, pero cuando tu equipo te divierte ganar no parece tan importante. Aprendí esto de Marcelo Bielsa cuando cogió nuestro Athletik. Realmente daba igual lo que pasaría cada fin de semana, tu veias a los tuyos y disfrutabas. Llegué a disfrutar una derrota por 4-1 en el Bernabeu porque media hora jugamos como los ángeles. Incluso la segunda temporada que se sufrió mucho, el fútbol de mi equipo era divertido y eso me hacía sentirme orgulloso y con ganas de ver cada partido. En contrapunto tenemos el Athletik de hoy en dia que últimamente está ganando sin embargo, a mi no consigue motivarme, generarme ilusión o diversión.
Puede sonar utópico, pero creo que para ganar en el fútbol no vale todo ni cualquier estilo. No debería valer practicar un fútbol rácano porque esa es la manera más fácil de ganar. Al menos no para mi. Si mi equipo gana de una manera sucia injusta y aburrida no puedo celebrarlo de igual manera, no me hace feliz y, al final, el fútbol está para generar ilusión y diversión.
Me podeis decir ahora que el fútbol que me diverte a mi puede no divertir a otro y que eso es muy subjetivo, pero creo que mayoritariamente todos coincidiríamos sobre que equipos nos estimulan más y juegan más "bonito".