Primero fue Luciano Vietto. Después se sucedieron los fichajes de Yannick Carrasco, Jackson Martínez y la vuelta de Óliver Torres. Un verano similar al que configuró el Atlético de Madrid una temporada antes, cuando firmó a Antoine Griezmann, Mario Mandzukic, Raúl Jiménez, Alessio Cerci y posteriormente Fernando Torres. Mucho atacante y con experiencia contrastada en competiciones nacionales e internacionales. La lectura era casi unánime: Ángel Correa saldría cedido. Su operación de corazón le había privado de disputar un solo minuto sobre un campo la temporada anterior a nivel de club y además ocupaba plaza de extracomunitario, así que lo más prudente y lógico era que… Felipe Miñambres lo viera claro.
Antes, allá por febrero, Correa se exhibió en el Sudamericano Sub’20 que coronó su Argentina, dejando claro porqué en su país lo veían como el próximo gran genio del fútbol albiceleste desde que Juan Antonio Pizzi le hiciera debutar en San Lorenzo de Almagro con 18 años. Una pretemporada después a las órdenes de Simeone, Correa se quedaba. Iría convocado en el debut liguero, ante la UD Las Palmas. Jugaría 25 minutos y en su primera acción recibiría entre líneas, dibujando un recorte que activó el recuerdo del más desmemoriado. El más argentino de los gestos prendió la cancha, conectando a todo el que lo vio con esas acciones que se reconocen como puras. Con pies de plomo pero con media sonrisa, Simeone, de alguna manera, se tuvo que rendir a la evidencia. Sólo tenía que verlo entrenar, jugar y competir.
Sus características y adaptación le permiten ser tenido e cuenta como revulsivo
Como el Atlético de Madrid es uno de los mejores equipos de Europa, su integración en este primer tercio de temporada está lógicamente en plena gestación. A pesar de ser titular ante Benfica o Real Madrid, A. Correa supone una tentación desde el banquillo muy valoradaen gran parte por la baja de Koke, Correa ha tenido que disputar mayoritariamente tramos de partidos concretos, nunca más de los 77′ que disputó ante los portugueses. De ahí surgió la idea primaria de que ante tanta competencia, Ángel resultara idílico para ejercer de microondas en los últimos 30 minutos. Al ser el más joven y a la vez el diferente, parecía la combinación perfecta para aclimatar su físico y respetar las jerarquías. Así sucedió en Ipurúa o ante el Astana. Por el camino, el Cholo le entregó las llaves.
Lo hizo habilitando un 4-3-3 inédito desde que Goyo Manzano se sentara en el banquillo, para cuya banda izquierda Correa parecía encajar como un calcetín. Sin incorporar centrocampistas de poso táctico y sin Koke, Simeone se desmelenó al ritmo del que más producía ofensivamente de entre sus posibles sustitutos. La Liga comenzó a conocer el fútbol que el rosarino –otro más para la colección– tenía entre sus pies. Estando aún lejos de todo lo que puede ser, a día de hoy Correa simplemente necesita recibir al pie para justificarse. Como su fútbol creció en el barrio, es innato en él desbordar y girarse incluso por línea de fondo pero es desde una acción y espacio concretos por donde se observa su especial dulzura.
Por el centro, de espaldas y sin necesidad de grandes espacios, Correa gira e inventa
Es fácil identificar a Correa como un generador de ventajas que apenas depende de su alrededor. No es un pasador, no necesita relacionarse para provocar jugadas y facilita la creación de espacios por pura calidad individual. Su jugada maestra es caer a una zona vacía a espaldas de la línea medular, recibir y darle al botón de vértigo. Además lo hace con muchísima frecuencia en zonas y posiciones que a la gran mayoría suele quemar e intimidar: por el centro, de espaldas y si se le pega un rival casi que mejor, pues es un mago con cara de pillo que termina liándola de cualquier manera, sacando de zona a un oponente. Correa es llanamente las dos acciones que transcurren entre la jugada del 1:34 y la posterior del 2.03min
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Su giro, conducción y relación con la pelota son innatas; tiene un donEn su repertorio técnico para solventar entradas o anticipaciones reside el estupor. En su escurridiza cadera, su menuda figura y su heredada técnica en la pisada y la gambeta está su don. Como su control orientado es perfecto, maneja el escaso tiempo para valorar de un vistazo el momento de recibir y procesar los rivales a evitar, de ahí que aproveche el contacto para girar con un porcentaje de éxito altísimo. Dos detalles para sumar a su talento son su cambio de dirección, como los giros sobre sí mismo que realiza cuando la pelota parece carecer de su resguardo –ver 2.13min del video anterior-, adueñándose de una jugada que es tan única como suya y de sus compatriotas. Y segundo, la argentinidad en todo lo que hace.
Es delgadito y bajito pero no le tiran y se lleva todos los balones muertos
Correa tiene en su ADN un carácter para la batalla, el choque y la continuidad defensiva y esforzada que demanda su entrenador. Prolonga sus esfuerzos, va al suelo y mantiene una concentración constante. Lo lleva de serie, como su técnica para el balón dividido que tienen por castigo los argentinos, por más que delante la pierna y la inercia les superen en todo; ponen su calzador sabiendo que el cuero ya tiene dueño. Reparando más en sus ausencias que en sus carencias potenciales, el ex del Ciclón no destaca por su golpeo y remate, circunstancias para cuya excelencia parece nacerse, siendo sus aspectos a actualizar.
Ahí no parece brillar. No es preclaro en la asistencia, pues confía en su regate para darlo todo hecho, y no es un gran rematador. Define bien en el uno contra uno, sin embargo no confía en su disparo ni en sus habilidades para patear o centrar. Quizás sea por falta de necesidad pero no está entre sus principales virtudes lo que mismamente Antoine Griezmann abandera desde las alturas. Como cierre, sus primeros pasos en la élite europea son coherentes tanto con su juventud, su talento y el exigente reto de pertenecer a un momento deportivo del club y a una plantilla de jugadores que no conceden tiempo ni atención personalizada. Dos variables que Ángel Correa necesita mucho menos que el grueso de sus iguales.


@Javi15195 28 octubre, 2015
Correa tuvo un impacto en mí muy potente: le veo por primera vez ante el Eibar y marca un golazo, la segunda vez fue ante el Real Madrid… Me ha dejado muy buenas impresiones.
Ahora que no está Vietto, podremos ver a Correa más metido de segundo punta? Es un torbellino de 20 años que puede cambiar el desarrollo del encuentro y que además por dentro va a estar más cerca de decidir algunos partidos o inclinar la balanza a favor del Atleti.