Ahora con la Play es diferente. La Liga que quieras, la equipación que te dé la gana, el balón que nunca tuviste. El nombre en la espalda, la nariz en la cara, el pelito así a este lado y 84 en no sé qué, 79 en no sé cuál. Eres Ibrahimovich (Mandzukic, Pauleta…) y te desanimas si no corres bien y te cansas si corres más. Juegas la Champions, pasas de la Copa del Rey, fichas a Messi para el Real Madrid y solucionas cualquier discusión en la prensa trayéndote a Neuer para la portería. Cuando yo quería ser futbolista la cosa no era así. Jugabas en un campo de tierra y había que ser el más rápido en todo. Incluso a la hora de elegir jugadores. El Madrid, yo Juanito, Santillana, Butragueño, Valdano (siempre fui rarito), nosotros el Barça Lineker, Migueli, Schuster, el Lobo Carrasco, Gerardo (ese era el rarito del Barcelona). Pocas veces dijimos el Cádiz, algunas vez la Real Sociedad, el Betis, el Liverpool que lo habíamos visto dos o tres veces en la tele…
Una vez dije Las Palmas porque yo ya era raro en mi gustos. Tuve que repartir yo solo los jugadores. Tú Félix, tú Juani, tú Saavedra, yo Pepe Juan. Eran nombres que no habíamos escuchado nunca y que algunos no volvieron nunca a escuchar. Eran nombres que no tenía ningún niño en nuestro colegio, que sonaban a exóticos aunque aún tampoco habíamos escuchado nunca esa palabra, ni tampoco ninguna otra que empezara por ex (luego ya llegaron los exámenes, las exnovias y la exhumación).
El jugador de la UD siempre fue especialEran gente de su lugar, de un sitio que para mí era mágico porque mi padre había hecho la mili allí. De un equipo que ha hecho de la cantera y del “los colores de Las Palmas ni se compran, ni se venden” un principio fundacional e inquebrantable, un mantra innegociable. De los jugadores que a veces no se adaptan a la península y de otros que hacen que la península, el mundo y hasta el sistema solar se adapten a ellos. De Juan Carlos Valerón, de David Silva, Vitolo o Rubén Castro y también, que todo hay que decirlo, de Momo, Guayre, Jorge Larena o Marrero. De la magia, del soniquete especial, de la filosofía a la medida del hombre (y no del hambre), del haberse criado en una isla que abarca el mundo, de llevar la sal por dentro y el azúcar por fuera. Jugadores especiales, espaciales, de su tiempo, su lugar y su (d)espacio.
La UD Las Palmas de Paco Herrera encontró en la sobriedad de su medio una de las grandes fortalezas del ascenso.
Hablando de espacios así rápidamente; esta vuelta de Las Palmas lleva el nombre de los escuderos de Valerón en el centro del campo, de esos jóvenes de la tierra que ha conseguido llevar a Primera una máquina que se gripó cuando estaba entrando a meta el año anterior, de la manera más absurda, ridícula y triste que se recuerda. De los que se encargan de hacerla carburar desde el centro del universo del campo. También el de David Simón, Dani Castellano, Jonathan Viera o Raúl Liozain, pero del compás, la seriedad y la prestancia de otros hombres. De Roque Mesa de su potencia con control, de su físico extraterrestre y extraterrenal, del que salta al centro, del que cae a banda, del que no se corta en el área, del que a veces parece más que canarión alemán. De Hernán, de la pasión por destruir, del amor por crear, de transitar de un área a otra con la alegría y el trabajo que se le presupone a alguien de su certeza y su sacrificio. De Vicente Gómez, de su irregularidad congénita, de su llegada desde segunda línea, desde su desaparición en la primera, de su genialidad no siempre apreciada (he de confesar que es una debilidad), de su elegancia y su maldición. Y de Javi Castellano, que se pierde tal vez toda la temporada tras un primer partido, pero que cuando regrese, ya os digo, que será uno de los mediocentros defensivos de los que más se hable en Primera. Me juego una palangana de mojo picón.






@migquintana 11 septiembre, 2015
Me lo he pasado "teta" leyendo los primeros párrafos del texto.
A mí la baja de Javi Castellano me ha dolido bastante. Tenía muchas ganas de verle en Primera y con él, en definitiva, a la Unión Deportiva Las Palmas muy consciente de su idiosincrasia. Él hacía de papá, por decirlo de alguna manera. Veremos ahora como Culio, Hernán y Roque Mesa se adaptan a la presencia de Wakaso, que el chico puede ser productivo pero es prácticamente todo lo opuesto a Javi, como bien sabe Javier Aguirre. A todo esto, por cierto, me está encantando el inicio de temporada de Jonathan Viera.