Cubrirle la espalda a Romaric es muy difícil por dos motivos fundamentales: porque la tiene enorme (la espalda) y porque la descuida cada vez que entra en acción. El futbolista costamarfileño nos rompe el corazón siempre que es sustituido o expulsado, como nos lo partió en mil pedazos cuando formó con el siempre admirado Zokora un dúo mucho más peligroso cuando terminaban los partidos que cuando lo empezaban. Romaric está en otro año, en otro lugar, en otro sitio, donde las bestias salvajes del sur o donde habitan los monstruos, pero no está ni en La Romareda ni en el autobús que los lleva de visitante. José Mari resopla y se pega otra carrera, la toca y se acaricia el tupé, mira al lado y Apoño asiente. Al Gatusso de La Palmilla parece gustarle este jovenzuelo que de Segunda B saltó a ser el pulmón de uno de los clásicos de la liga más no sé qué del mundo. Habla su idioma, aunque a veces Galdeano confunde las graves con las agudas, las palabras que son importantes de las que le puede costar un disgusto evitable. Estando en esas, Zuculini pasa a lo loco y ni saluda, no sabe si está subiendo o si está bajando, pero sí sabe que él iba para estrella y que ya a lo mejor no lo es ni lo va a acabar siendo. Por eso va tan rápido, por eso corre tanto: porque quizá tema a que si se queda quieto el presente pueda parecerle imperfecto o demasiado simple. José Mari vuelve a hacer un kilometro más en un segundo, y la toca, y la peina con el empeine, y se gira, y está disponible, y parece que lleva toda la vida siendo un futbolista cotizado en el Comunio. Se pone las manos en la cintura y ni baila ni hace un movimiento sexy, sino que se lanza contra el mediocentro enemigo como si sí hubiese mañana. Otra tarjeta amarilla más. Gajes del oficio de ser un artesano metódico y cumplidor. Gajes de la clase obrera.
El año pasado José Mari compartía medular con otros obreros de los campos andaluces, centrocampistas altivos, luchadores de ese Jaén, que al igual que el Cádiz,José Mari y Víctor jugaban en Segunda B el año pasado merece todos los años “andalucificar” la Segunda A de la misma manera que nuestro ministro Pee-Wert Herman cree que se ha de españolizar a las pequeñas crías de catalanes. Allí dejó a Juanma, Cobo o Adri (que siguen luchando por la posesión de la pelota) y una carta que emocionó a muchos aficionados. “Sueño con vestir la camiseta del Zaragoza en Primera División fundamentalmente para que cada uno de vosotros sepáis que ese será un éxito vuestro porque José Mari nunca habría sido José Mari sin el Real Jaén y sin cada uno de los aficionados…” Si juegas con la cabeza levantada ya todo lo haces de esa forma y, aunque parecía destinado a empezar con el B, tanto él como Víctor Rodríguez se han convertida en piezas indispensables de lo que Manolo Jiménez quiere que sean las señas del primer equipo: talento, disciplina y capacidad de sorpresa. José Mari no sabe hacer otra cosa que trabajar tanto fuera como dentro del campo. Cuando se es así a esas tres virtudes podríamos llamarles, por ejemplo, plusvalía.
También es solidario en sus palabras para defender a capa y espada a los que le sacan años de experiencia frente a los micrófonos. Ahí también reparte y bascula, contemporiza y arremete, recibe y percute, achica y amplifica. No le van a comer la tostada, no le van a robar la posesión, no le van a quitar la manija. Demasiada juventud le robaron cuando le tuvieron dos años sin cobrar en el Sanluqueño y uno en el Jaén. Demasiada alegría le quitaron cuando solo contaba con la ayuda de sus padres y con la de alguna aficionada que le pagaba su buen juego y su sacrificio sobre el césped con tuppers rebosantes de exquisitos guisos caseros. Este blue collar de Rota, con barba de 3 días e inteligencia de 1000 años, se ha hecho ya por derecho propio con un puesto en La Romareda y en la historia de la Liga 2012-13, donde tanto niño pijo y tanto vago sin valores se ponen las botas sin ni tan siquiera amarrarse los cordones. José Mari es distinto. José Mari es el orgullo de clase y la clase de los humildes y sencillos. Aíre puro de los que hacen que brote bajo sus pies la hierba eterna de los campos de fútbol.






SharkGutierrez 21 octubre, 2012
De Segunda B a Primera en un año y justo en lo mejor de su carrera. No puedo decir mucho futbolísticamente de Jose Mari, porque en realidad le he visto en 2 o 3 partidos esta temporada (y en general). No obstante, tiene buena pinta (obrera). Brega, lucha y sale con clase.
Tiene pinta de ser uno de esos futbolistas que engrandecen la Liga BBVA por su modestia y su característico/a (ponga aquí el adjetivo): los Agustín Abadía, Carmelo (Cádiz) o Pedro José (Extremadura) y a mí que me motiva.
Habrá que verlo más a Jose Mari.