Brillar en el Calderón tras el verano de 2007 era un papelón. La marcha de Fernando resultaba inexplicable y devastadora. Podría haberle sustituido un holograma de Pelé o un clon de Diego Armando que el dolor era mil veces más grande que cualquier futbolista nuevo. Doce meses antes se daban trece altas y dieciséis bajas; se navegaba sin rumbo y se echaba el ancla en una decepcionante séptima posición. Fernando estaba dispuesto a colgar el teléfono y dejar entrar propuestas. El número 9 ya no comunicaba y Benítez echó las redes de Anfield sobre ‘The Kid’. Marchaba a unos miles de kilómetros; pero unos cuantos menos de los que recorrió su intermitente compañero aquella temporada, Sergio Agüero, para llegar desde Canadá, lugar donde rompió el cascaron en aquel mundial Sub’20. Vinieron Simao, Forlán, Reyes y Luis García, pero fue Kun, en aquel espectacular re-debut ante el Gloria Bistrita, quien dibujó nuevas ilusiones e insufló renovados aires en la hinchada rojiblanca. Su segundo año maravilló a la Liga Española. Se vistió de genio.
Tras cinco años de inolvidable fútbol, dejó Madrid por un proyecto tan ambicioso como irrechazable. El Manchester City,Aguero encajó perfectamente en el esquema de Mancini bañado en oro negro de celeste maquillaje, quería ser el Manchester bueno y un campeón de Europa. Cuarenta y cinco millones por el argentino parecieron pocos en los primeros meses. El sistema de Mancini funcionaba: balance defensivo consolidado, Silva con el pincel en la mano, Touré Yaya como cuchillo en mantequilla, Agüero y Dzeko con los ojos cerrados y sin perro guía, y Kolarov y Richards destrozando los flancos por sorpresa; palmada en el hombro a la línea de fondo y brindis al sol de la eterna bufanda de Roberto. En pocas palabras: candidato número 1 a la Premier League, liderato abrumador, vistosísimo juego y continente atemorizado.
Un durísimo grupo y una inexistente experiencia, transformó al City en Copa de Europa
Villarreal, Nápoles y Bayern Munich. Next step pensábamos todos. Y afirmábamos que lo mostrado hasta entonces era suficiente para que los lamentos fueran ajenos y el favoritismo, citizen. Pero no. La fluidez delLa ansiedad pudo con el Manchester City en Europa día a día se transformó en sordidez e insuficiencia. Todo iba demasiado rápido para un conjunto totalmente inexperto a nivel social y cultural en la máxima competición continental. El club no podía tomar la Copa de Europa con tranquilidad, sosiego y naturalidad. Daba igual que jugaran Balotelli, Nasri, Milner o Adam Johnson, la máquina skyblue funcionaba en las islas. Pero una vez pisaban tierra continental, aparecían dioptrías en la visión periférica de Silva, el cuchillo de Yaya quedaba por afilar; y Agüero, Dzeko y/o Balotelli resultaban fingidos en el reparto espacial. El balón rodaba lento y no había sorpresa para los laterales. El equipo hiperventilaba ante el contexto, confundiendo espacios y tiempos. El encuentro ante el Nápoles en el City of Manchester expuso meridianamente la ansiedad de aquel equipo, de aquella ciudad. Automatismos oxidados por pura frustración, pérdidas constantes, transición defensiva preocupante y algo de mala suerte. Sobreexposición para Barry o De Jong y una pareja de centrales que en aquel momento jugaba permanentemente con fuego.
El durísimo golpe fue ligeramente paliado por el hecho de que los vecinos red devils también sucumbieron en fase de grupos. La Premier iba a presenciar una exigente lucha que haría del error, incluso del empate, una presión extra para los días previos al siguiente partido. Sporting de Lisboa y Athletic Club tomaron nota de las aspiraciones de ambos y todo quedó en un mano a mano ausente de viajes europeos. Pasaron los meses y sin apenas rastro de algún tramo de brillantez que echarse a la boca, el anodino periplo primaveral de Mancini parecía consumirse de no ser por una inesperada oportunidad que el fútbol le reservó. Aquel gol de Pienaar en Old Trafford paró la Premier. En una última y dramática jornada, a dos minutos de coronar a los de siempre, Agüero se inventó una de las suyas. Le había dado, en el último segundo de nueves meses tan dispares, el título de Liga al Manchester City. Un gran final para preparar un segundo año cuyo único precedente invita a pensar que el crack argentino volverá a romper a jugador dominante en Uefa Champions League, algo que muchos han echado de menos en su primer año como celeste. Kun no ha brillado como él suele. Y eso… no es costumbre.






@DavidLeonRon 19 julio, 2012
Casi siempre sitúo el nacimiento del Kun en ese Mundial sub20 de 2007. Su primera temporada no me dejó nada, o ha sido borrada de mi memoria. Sin embargo el torneo de Canadá me impactó. Recuerdo que Kun era suplente en el sub20 de 2005, el de Messi. Tras la explosión de Leo, dos años después llegó la de Kun, parecía que aquello se iba a convertir en costumbre pero no.
En fin, qué puedo decir de Kun, ya lo plasmé en la columna aquella previa al derby de Manchester que decidía media Premier. Creo que Agüero es el mejor delantero del mundo junto a Benzema y le tengo enorme fe. No puede ser de otra manera. Por eso, verle dar su nivel de este año, con toda la treintena de goles que ha metido, me decepciona. Si haces una encuesta de qué futbolista es el mejor del City, Silva se lleva el 55% y Toure el 20%. Y eso no puede ser, siendo ambos tremendos jugadores.
Siendo sincero, no tengo mucha fe en la explosión total del Kun. Y cuando hablo de explosión me refiero a estar en la gala de la FIFA en enero de cada año.