Fue en el último Villa de Madrid, aquel torneo que servía de presentación de la temporada en el Vicente Calderón, fundado en 1973 y retirado tras 30 años sin saber aún la causa mayor (pregunten a Gil Marín). El proyecto de Gregorio Manzano se hacía con el trofeo gracias a un centro de Nano, cabeceado por Torres en la única oportunidad que tuvo de escapar de la marca de su par. El rival era el Boca Juniors de Carlos Bianchi. Aquel día no importó tanto la vuelta del Cholo a su casa, que García Calvo levantara el trofeo, o que a Juan Gómez le entregaran la insignia del club por una retirada precoz y forzada (esos tiempos…). La noticia vestía de azul, mostraba una exuberancia física desconocida hasta entonces, había secado al Niño y se hacía llamar Luis Amaranto Perea.
Toni Muñoz no quiso esperar demasiado y tras pasar una temporada más a las órdenes del Virrey, Perea cambió la Bombonera por el Manzanares.Tocó el cielo en sus 2 primeros años en España Su primer y segundo año dejaron a la grada sumida en una conmoción (créanme si les digo que la mayor ovación que he tenido la oportunidad de presenciar fue la que le ofrecieron al colombiano tras ser expulsado en un partido), formando junto a Pablo Ibáñez una de las sensaciones de aquella Liga. Todo llegó al extremo. En marzo de 2006, se vio relacionado en un posible trueque por Andrés Iniesta. Andrés Iniesta, sí. La directiva rechazó también una oferta millonaria del Milan. Su fin parecía un hecho.
Pasadas las dos temporadas de su vida, todo cobró un sentido más lógico. Digerido el impacto que supuso su sobresaliente capacidad atlética, culpable deEl tercer año descubrió al Perea real dejar en ademanes múltiples ocasiones de gol, Perea era poco más. Si ya de por sí la salida elaborada era con Pablo o Raúl García una implacable diabetes, con el colombiano suponía una bomba de relojería en forma de azúcar moreno. De igual modo, su talento para la custodia originaba excesivos desajustes. Despejar con sentido, mantener la línea del fuera de juego o manejarse en el área pequeña eran momentos de máxima sudoración.
Hasta su penúltima temporada en el Calderón terminó hallando la titularidad contrapronóstico.
Contradictoriamente, la cantidad de minutos y partidos que Amaranto fue acumulando era directamente proporcional a la cantidad invertida por el club en jugadores que compartían su posición. Ze Castro, Eller, Heitinga, Ujfalusi, Juanito, Domínguez o Godín veían como el cafetero partía como suplente y terminaba como habitual. Tras seis temporadas en el club, un notable nivel en el camino hacia la historia, aguardaron para él un triunfo en Hamburgo que valoró como el que más. Y subyace la sensación de que su saber estar, compromiso y dedicación hacia el Atlético, le convierten en un one club man. Ni un mal gesto o palabra que recordar, cerrando filas en cada momento complicado y despidiéndose como el jugador que más y mejor proyectó el sentido de la responsabilidad y deber de toda una etapa. Como impresionante añadido a sus tres títulos europeos, se marcha como el futbolista extranjero que más veces vistió la rojiblanca, superando al uruguayo Jorge Griffa. «Amo a Dios, a mi familia y al Atlético de Madrid», exclamó en su despedida. Que te vaya bonito Luis.






@DavidLeonRon 3 junio, 2012
Perea-Burdisso-Schiavi-Clemente.
Esa era la defensa del último Boca campeón de Bianchi. Recuerdo su final Intercontinental ante el Milan. Era todavía más limitado de lo que es ahora, no tenía ninguna capacidad con balón… pero a su vez era impactante. Era rapidísimo. Se comió a más de un crack milanista aquel día.
Luego también recuerdo su partido ante el Barcelona en la 2004-2005, sin que nadie lo conociera. Parecía el mejor del mundo. De risa su partido, se fundió a Etoo!!
Terminó siendo excesivamente parodiado, no era tan mal central seguramente, pero es que tenía un defecto excesivamente marcado y determinante: Era un "desgracias" ^^ Sabías que su error era un hecho, que la iba a hacer más tarde o más temprano. Es que no hay peor defecto para un centralxD:p
Se le recordará con cariño, parecía un muy buen tipo. Y oye, muchos de sus descomunales sprints, en mi retina quedan.
Grande Amaranto!!