El sentido de la responsabilidad despertó a Sophie cuando el primer rayo de sol besó sus párpados. Natural de Bamako (Mali), vivía en el extremo de la ciudad más alejado del río Níger, y como otras catorce niñas de su edad tenía la misión de cruzar al alba la capital del país en ida y vuelta para proveer a su comunidad de algo tan elemental como el agua. Aquella mañana, qué alegría, ni ella ni nueve de sus amigas tuvieron que emprender el laborioso camino. Los jovencísimos Seydu y Mahamadou habían madrugado de nuevo para evitar la travesía a las pequeñas. Lástima de las otras cinco. Sentían la existencia de un tercer héroe, pero no terminaba de llegar a salvarlas. Jamás dejaron de esperarlo.
Lejos de allí, en una pequeña comuna francesa perteneciente al distrito de Lyon, Frédéric Kanouté recorría el tramo inaugural de su camino,La solidaridad como forma de vida sin ser aún consciente de que aquella extraña voz interior que le confundía era el grito del desierto implorando ayuda. La verdad, nunca fue el primero en llegar a ningún lugar. En la vida, como en el deporte, se tomó una calma que terminó definiendo su existencia, para disfrute y provecho de todos sus acompañantes. Londres, ciudad multiracial, fue el espejo en el que se descubrió a sí mismo, entre los 23 y los 28 años. Definido el hombre extraordinario, el fútbol esperaba su premio. Y llegó Sevilla.
Kanouté fue el contrapunto perfecto a una generalidad maravillosa, no el sello de un sentir colectivo. Aquel inolvidable y brutal Sevilla FC fueD. Alves fue la agitación. Él, el equilibrio verticalidad, agresividad y juego externo. Él, variedad, temple y juego interior. Quizás por eso le resultó tan fácil ayudar a los demás. Tenía lo que le faltaba al resto. Su habilidad para bajarlo todo y convertirlo en fútbol hizo que nadie reparase en la calamidad que era Poulsen iniciando el juego; su talento para ser siempre un apoyo en corto convirtió la espalda del loco Alves más en un mito inalcanzable que en una debilidad futbolística, porque al final de todos los caminos del lateral estaba Kanouté para detenerse y reubicar al grupo; y su calidad para tirar la pared permitió a Navas atacar espacios, en lugar de fortalezas. Kanouté fue, en resumen, socorro.
Kanouté es el mejor futbolista de la historia del Sevilla FC.
A veces, tardar en llegar no implica llegar tarde. El Sevilla, como África, sabe que la espera mereció la pena. A partir de hoy, las cosas cambian. Kanouté seguirá salvando vidas en Mali, con nuestra ayuda si somos justos. Al sevillismo le toca salvaguardar su recuerdo. En él residen las claves de una nueva refundación deportiva gloriosa y triunfal. Diversidad, fidelidad, coherencia y talento.






@RTPablo 15 mayo, 2012
Como sevillista simplemente no se me ocurre qué decir sobre Freddy. En cierta forma es una pena que vaya a pasar inadvertido para el fútbol en general, ya que ha jugado en el Sevilla y no en un equipo como Madrid, Barcelona, ManU, etc. que haga que los jugadores sean recordados eternamente. A él más bien lo recordaremos en Sevilla y algunos otros en España con suerte.
Pero estoy muy agradecido de haber tenido la suerte de que Kanouté haya jugado en mi equipo y me haya dado tantos momentos de alegría extrema… como el otro día se escribió en una pancarta "Freddy, no hay palabras para describirte".