Mordió hueso en la aceituna del FC Barcelona sin haber masticado la madurez en el primer equipo. Si el fútbol fuese justo se jugaría en los juzgados, pero parece evidente que el peaje que pagó en el profesionalismo culé no entraba en los planes de un jugador superior a sus contemporáneos desde la niñez. Le costó sumar a pesar de ser solvente en la urgencia de las situaciones conflictivas y a Guardiola nunca le acabaron de salir las cuentas. Resulta difícil digerir situaciones dificultosas cuando el vínculo afectivo entre las partes llega a orbitar alrededor de lazos casi familiares, correas muy estrechas unían al de Linyola con un club en el que durante años fue diamante y, llegado el momento, no funcionó como metal noble en un ecosistema especial.
Su fútbol, en origen, guardaba una relación muy estrecha con el gol, desequilibrando rivales a través de un centro de gravedad bajo que se convertía en motor diesel y le permitía ganar metros con un descaro fascinante. Doblegaba centrales y manipulaba defensas como si se tratase de pasta de papel. En esos movimientos cortos se avistaban trazas de jugador dominante, trazas actualmente atragantadas en la profunda garganta del fútbol de primer nivel.
«Quiero ser feliz jugando al fútbol».
Exigido hasta límites insospechados, su falta de acierto y la espinosa adaptación a la especificidad del equipo de Guardiola le persiguieron siempre por el borde del precipicio tratando de empujarlo hacia un desenlace incómodo para ambas partes. Era incontestable, la moneda le negó su rostro en el cara o cruz de la evidencia y tratando de disipar fantasmas cogió con cierta amargura el tren de la lupa capitolina en busca de un presente sonriente de la mano de Luis Enrique.
No estaba cambiando de capítulo, estaba escudriñando un nuevo libro porque las páginas leídas en el pasado no fueron escritas por sus expectativas.
Me imagino a Bojan con el cerebro hecho un revoltijo de pensamientos incongruentes, asumiendo su condición de forastero mientras Tiene ganas de sumar y seguir creciendo en un fútbol distinto paseaba por la majestuosa Piazza Navona tan solo un par de días después de aterrizar en la bella capital de Italia. Intuyo que estaría aprovechando esos pequeños momentos de soledad para reflexionar sobre la oportunidad que se le presentaba y así calibrar el exceso de responsabilidad que, en cierto modo, tanto daño le había hecho en el pasado. Uno tiene la impresión de estar ante un chico que de forma recurrente abría los ojos cada mañana y no sabía que era lo que estaba haciendo mal. Quizá es una situación que trasciende a lo futbolístico; cuando esa carga se convierte en problema, el bucle se retroalimenta poniendo paredes al talento que el jugador siempre ha llevado dentro.
Sea como fuere, solo quedaba mantener la calma y esperar a que la pelota comenzara a rodar. Y rodó. Y en ciento ochenta minutos el Slovan de Bratislava eliminó de la Europa League a la AS Roma e hizo saltar las alarmas.
Ese par de encuentros tan lejanos en el archivo de nuestros recuerdos, olvidados en el armario dónde guardamos toalla y bañador, reflejan perfectamente lo que ha sido hasta la fecha la temporada del 14 giallorosso: irregularidad, empeño hasta la extenuación y problemas recurrentes a la hora de definir. Mezclado en el ataque con Osvaldo, Totti, Borini y Lamela, lo hemos visto moverse por todos los recovecos que ofrece el ancho del campo, desde la izquierda hasta la derecha, llegando a ocupar puntualmente el vértice del dibujo.
Cinco goles en veintiséis partidos, dieciséis de ellos como titular.
El manual de recursos de Bojan continúa siendo amplio y su vinculación positiva para con el crecimiento del equipo es total: tira diagonales hacia pasillos interiores y obteniene ventajas posicionales entre líneas con y sin balón, muestra su desparpajo técnico y facilita la asociación recibiendo por delante de la zaga rival mientras desocupa su carril para que el lateral sea profundo. Sus recepciones pegadas a la línea de cal son muy escasas –hecho que él mismo agradece– porque Luis Enrique no fija estacas en los extremos, sino que trata de optimizar los movimientos interiores de los delanteros que habitan de inicio posiciones más escoradas en el 4-3-3. A pesar de su buena lectura, a su juego le falta sal. Sigue sin encontrar la lente que corrija su miopía en la búsqueda del gol y su rendimiento, irregular como el asfalto abrasado por el sol, no encuentra armonía.
No se está guardando nada y el tramo final de temporada se antoja extraordinariamente relevante para evaluar su primer curso lejos del Camp Nou. Con apenas veintiún años, quiere dejar huella; en Roma, en Barcelona o allá dónde lo lleve la pelota.






@ecosdelbalon 6 abril, 2012
La verdad, siempre me gustó este futbolista. Pensé que sería uno de los grandes de nuestra selección.
Creo que en este artículo no sobraría hablar de Henry, Villa, Ibrahimovic y Alexis. Y de Cuenca, Pedro y Tello. O sea, de cómo todos los complejos, los más ricos, los mejores al fin y al cabo, o se la han pegado o han rendido muy, muy por debajo de sus posibilidades en el Barcelona que se ha entregado a Messi. Bojan también era uno de esos, solo que para él un palo era más duro que los demás, porque demostró no tener demasiado carácter o no estar demasiado formado.
Casualidad no es todo esto.Y desde luego no lo digo a modo de crítica porque el equipo que ha tiranizado el fútbol europeo en los últimos 4 años ha sido el propio Barça, pero este es un tema interesante. Sobre todo porque tiene pinta de que el próximo en llegar es el nº 3…