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	<title>Ecos del Balón &#187; Van Hanegem</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>¿Quién fuiste, Johan? (Parte I)</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Apr 2016 02:00:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Abel Rojas]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">La de Cruyff es una historia que comienza en la Holanda de 1964.  Allí y entonces, el fútbol era una actividad no-profesional que levantaba pasiones y se practicaba en masa. Dicho de otro modo, no existía un método para ganar, pero había muchos peloteros.<span id="more-202809"></span> Así que el vaso podía verse medio lleno o también medio vacío. La mayoría lo habría visto medio vacío. Cruyff, no. Pero es que además tampoco lo vio medio lleno. Cruyff tenía el don de saber hablar con el fútbol como hablan dos amigos después de la segunda copa, y había nacido en una tierra donde nadie había escrito axiomas que estaban equivocados. Cruyff era la mente más ilimitada en un lugar que estaba por inventarse, un creador sabio y poderoso en un paraíso virgen en el que nadie se había comido ninguna manzana prohibida porque el árbol de las manzanas prohibidas todavía no había sido plantado. Sus compatriotas creyeron en Cruyff porque, antes que Cruyff, no había habido nada.</p>
<p style="text-align: justify">Pero en Cruyff terminó creyendo todo el mundo, no solo los holandeses, y eso en el fútbol nada más ocurre cuando se machaca sin contemplaciones a esos inquisidores que siempre dicen que, de tal forma, no se puede. Cruyff dominó su era como apenas los cuatro grandes del nuevo mundo fueron capaces de igualar, y por eso no fue condenado como sí lo fue Galileo. El sol pertenece al universo, no a quienes lo interpretan, pero el fútbol… <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/category/blog/heroes-futbol/">el fútbol es de los futbolistas</a>. Y cuando se es el mejor seguro y del modo en el que lo fue Cruyff, se puede demostrar cualquier tesis incluso a los que prefieren morir antes que reconocer la verdad.</p>
<blockquote><p>En la época de Cruyff, no existían infraestructuras para circular el balón con la velocidad de hoy.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La conquista de Holanda no fue fácil y mereció relato, pero el título de este artículo se pregunta <i>quién fue</i>, no <i>qué hizo</i>, y en la medida de lo posible, a ello nos ceñiremos al responder. Tomemos pues la conquista de Holanda como el paso previo que le permitió competir en Europa. En <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/10/codigo-cambridge-futbol-vintage-historia-escuchar-directo/">la Copa de Europa</a>. Y la suya no fue una Copa de Europa cualquiera, sino una dificilísima. Cabría distinguir en ella dos condicionantes tan relevantes como negativos: la irregularidad de los terrenos de juego y la superpoblación de las defensas. Profundicemos en lo primero, en lo del verde. Dar un pase a ras de suelo era como jugar a los dados, había tantos baches que el azar contaba casi tanto como la precisión del pasador. Por eso los pases se enviaban como si fuesen <i>un globito</i>, o una rana saltando, lo cual, a efectos prácticos, no era ni como <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/analisis-tactico-real-madrid-0-fc-barcelona-4-andres-iniesta-exhibicion/">tirar un cuchillo</a> ni como un guepardo corriendo, que es como son los pases que dan los maestros ahora, en el año 2016.</p>
<p style="text-align: justify">Quedaría bien, para continuar, escribir que el Ajax superó la naturaleza y movió la pelota a la velocidad de la luz, pero <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/johan-cruyff/">la historia de Cruyff</a> ya es lo suficientemente extraordinaria<span class="pullquote_right">La posesión ajacied no atacaba directamente</span> como para inventarse hazañas que nunca tuvieron lugar. El equipo cuyo estadio pronto llevará su nombre lucía la mejor circulación de los cinco continentes, pero en términos concretos, su eficacia ofensiva resultaba muy, muy relativa. El Ajax marcó pocos goles gracias al ritmo de su asociación. Si se toma una muestra de 15 partidos, quizás no se encuentre ninguno. El sentido que dio Cruyff a esa ventaja que él se inventó y que estribaba, groso modo, en tener la pelota casi siempre, poseyó un doble carácter controlador y contextual. Controlador porque el adversario le atacaba la mitad de la mitad de lo que atacaba normalmente. Y para explicar su carácter contextual, habrá que cambiar, por lo menos, de párrafo.</p>
<blockquote><p>La inteligencia de Cruyff no sólo fue superior, sino que, muy especialmente, era «diferente».</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Lo que viene ahora recoge la razón por la que llevamos siete días hablando sobre Cruyff. También el motivo por el que jamás dejaremos de hacerlo. </p>
<p style="text-align: justify">El Ajax era un equipo que sólo miraba hacia delante en una segunda instancia. En la primera, se quedaba mirando a Cruyff. Él era quien con sus dedos señalaba dónde debía pararse cada compañero suyo. Quien no lo haya visto, que rompa el umbral de su escepticismo, porque la realidad fue tan insólita que, leída a traición, no resulta verosímil. No era que mandase a un lateral a desdoblar a su extremo o a un pivote que hiciera la cobertura al lateral; eso serían misiones convencionales y aquí <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/09/archivo-programas-radio-38ecos/">estamos hablando</a> de Cruyff. Lo que él hacía era marcar con el índice a Krol, que era el “3”, y luego apuntar a la posición del “9”. Y Krol iba a la posición del “9” porque creía en Cruyff y porque le daba tiempo, ya que la posesión era propiedad <i>ajacied</i> y el Ajax fijaba su ritmo. Este es tan solo un ejemplo, y ni siquiera uno de los recurrentes, porque recurrente, lo que se dice recurrente, no había ninguno. Había 10 chicos y 10 posiciones distintas.Todas eran intercambiables, todas fueron intercambiadas, nunca sin una razón y siempre por orden de Cruyff. Se impone recalcarlo: la mutabilidad del Ajax no consistía en una libertad de movimientos absoluta para la totalidad de sus futbolistas. Eso fue la Brasil de Telé Santana en el Mundial de 1982; no el Ajax de los 70. Michels implantó un sistema muchísimo más rígido e imperativo cuyo (transgresor) aporte radicó en que cada pieza cumplía tanto una misión ofensiva como una defensiva. O sea, erradicó del imaginario colectivo la relación entre fútbol y balonmano: no había especialistas para según se tuviera o no se tuviera la pelota; un profesional debía integrar el fútbol entero. Ello favoreció la continuidad del juego y lo subdividió en cuatro fases en vez de dos: a las estáticas, añadió las transiciones, pues los de arriba pasaron a defender tras perder el balón, y los de abajo, a sacarlo cuando lo recuperaban; y no por inspiración y carácter personal como Di Stefano, sino como parte definida y preparada en un plan preestablecido. Pero el intercambio de demarcaciones, un principio no asociado a este modelo -juego de posición- y, a veces, incluso enfrentado al mismo, era una iniciativa de un único hombre que, eso sí, el entrenador tuvo el histórico acierto de aceptar.</p>
<blockquote><p>Cruyff mostraba una sensibilidad única para analizar futbolistas&#8230; desde su época de futbolista.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Le bastaba un estímulo para conocer a un futbolista como sólo le conocía su madre y si era aficionada al fútbol -si no, ella tampoco-. Mirarle a los ojos, estrecharle la mano, oír cómo respiraba tras correr hacia un pase que nunca pudo alcanzar. Tras el menor bit de información, memorizaba un perfil corto y práctico que después consultaba en su maquinar. Algo en plan: <i>“Suurbier (lateral obediente, prudente y técnico), Neeskens (<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/johan-neeskens/">interior carismático, proactivo y potente</a>), Rep (extremo servicial, paciente y veloz)”</i>. Y si Cruyff calculaba intentar una jugada por la banda derecha cuya posible pérdida le expusiera al contraataque de un extremo zurdo de rapidez endiablada, igual colocaba a Neeskens de “7” -para presionar-, a Suurbier de “6” -para la ayuda- y a Rep como “2” -por si acaso-.</p>
<p style="text-align: justify">Eso era Cruyff: una mente ilimitada al servicio de una cultura que no estaba fundada y que, por lo tanto, carecía de límites autoimpuestos, y acompañada por nueve compañeros<span class="pullquote_right">Se inventaba un sistema nuevo en cada jugada</span> de campo cuya técnica media superaba, con margen, la del segundo equipo más dotado del circuito. Era como si se inventara un sistema diferente para cada jugada que compensaba no estar depurado por el ensayo con el hecho de que, los duelos que provocaba entre sus aliados y sus enemigos, favorecían con creces a sus aliados. Las posibilidades eran infinitas; las soluciones se mostraron como tal. Ganaron tres Copas de Europa, y podría decirse que no ganaron más porque Cruyff se cabreó con alguno y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/fc-barcelona/">fichó por el Barcelona</a>. Pero eso sería entrar en el terreno de la elucubración y aquí se están tratando hechos que, aunque resulten increíbles, fueron verdad. Seguimos con ellos. Y concretando, pues si bien esto gira en torno a quién fue, y no en torno a qué hizo, no está de más presentar algunos días relevantes en pos de definir el repertorio que utilizaba.</p>
<p style="text-align: justify">En 1968, Cruyff se cruzó en dieciseisavos con el Madrid de Amancio y Pirri. Pirri era un volante abrasivo que dos años antes <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/07/sexta-copa-europa-real-madrid-borussia-monchengladbach-uefa/">había ganado <i>“La Sexta”</i></a> dominando por fútbol y<span class="pullquote_left">Cruyff huyó de Pirri en el cruce ante el Madrid</span> pulmones el centro de cada estadio. Huir de él era lo inteligente. Y Cruyff se concibió como un “9” del perfil de Eto´o pero mucho más listo que Eto´o. Rompió a los espacios con una agresividad y una inteligencia que intimidó y desordenó a los españoles. No obstante, su calidad como definidor estaba muy bien pero no a la altura de su leyenda, y falló las dos claras que obtuvo, y en plena prórroga, un hombre del Madrid que se llamaba Veloso marcó un golazo que eliminó a los holandeses. Veloso se desmayó tras su gran momento. No es broma, sucedió como suena, perdió el conocimiento. Y el Bernabéu, allí, celebrando, sin percatarse. Entiéndanse. El desmayo y el éxtasis. Se habían cargado a Cruyff de la Copa de Europa.</p>
<blockquote><p>La remontada (en el partido de desempate) contra el Benfica de Eusebio le hizo famoso en Europa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Su explosión internacional llegaría en la temporada siguiente. El bombo le emparejó con otro campeón de calibre, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/05/historia-benfica-campeon-europa-guttmann-eusebio/">el Benfica de la pantera Eusebio</a>, esta vez en la ronda de cuartos. Fue una eliminatoria durísima por una circunstancia que se repitió pocas veces: los portugueses eligieron y consiguieron dividir la posesión. Y además, atacaban con muchos. Ello llevó a Michels a fijar más las demarcaciones de sus futbolistas y admitirle, por tanto, menos libertad posicional a Cruyff, que apareció menos y en menos zonas de las que él prefería. Y de esta guisa, lo que a la postre sería una trilogía de choques, no empezó nada, nada bien. En la ida celebrada en Ámsterdam, el Benfica venció 1-3; atenuando, dos semanas más tarde, que da Luz viviera y sufriera la única vez que se ha remontado ese resultado en concreto. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=xh1k9ol8SLg">Cruyff convirtió dos tantos</a> de delantero maravilloso; uno de cabezazo tremendo y el otro muy parecido al que Maradona le hizo al Madrid cuando vestía de azulgrana. También asistió en el gol restante. Así equilibró con exactitud el 1-3 y propició un partido de desempate que se disputó en París y alcanzó la prórroga. Nada más empezar la misma, liberado de las cadenas del ariete y habilitado para caer a su izquierda, abrió el marcador y cerró un ciclo para Lisboa.</p>
<blockquote><p>El maestro Gianni Rivera dominó la primera Final de Copa de Europa que disputó el Ajax de Ámterdam.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Obrada semejante hazaña, el destino no podía ser otro que la gran Final, y hasta ella arribó. La disputaría frente al Milan de Gianni Rivera, en lo que representaría la lección individual más impagable que recibiría en su carrera. Aquel caballero italiano era una maravilla que jugaba de enganche, contaba 27 jóvenes años y exclusivamente trotaba. No precisaba de más: era <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=-44XJHKIzAs">un pasador superior</a> al que Cruyff era y sería; destrozó al desabrigado Ajax con pausa y asistencias primorosas. En un tiempo en el que la superficie no consentía que el cuero rodase con uniformidad, Rivera transformó el viento en un suelo liso y suspendido, imprimió a sus toques la rapidez que quiso y grabó en fútbol aquel 4-1 contra Cruyff para que, quien gustase, pudiera contemplarlo en cualquier momento de la eternidad.</p>
<p style="text-align: justify">Los de Ámsterdam no regresarían al torneo hasta pasados dos cursos, en la 1970/71, con ganas de revancha y un nivel colectivo perfeccionado a fuego lento. En aquel instante,<span class="pullquote_right">El Ajax retornó a la Copa muy mejorado</span> no perdían la pelota ni con súplica mediante, y Cruyff, maduro, se comportaba como el mejor jugador del mundo de pleno derecho. Su desequilibrio innato había adquirido el don de la puntualidad. El duro Atlético de Madrid, que estuvo a nada de ganar la Copa de Europa muy poco después, lo padeció en la semifinal. Y el Panathinaikos griego entrenado por Puskas, en Wembley, no encontró cómo evitar que saliera campeón por fin. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=4NuVPnksUi4">La jugada del 2-0 definitivo</a> fue una pieza maestra. Y muy significativa. El rayo número “14”, luego apodado <i>“holandés volador”</i>, también ganaba caminando. Como Rivera.</p>
<blockquote><p>Helenio Herrera rechazó la oferta del Ajax para suplir a Michels. A cambio, le recomendó a Kovacs.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Michels emigró a Barcelona pero el Ajax no se dio cuenta. Levantar el trofeo había forjado un Cruyff nuevo y superior: el especulativo. Él se consideraba un artista, y estos crean cuando y para quien les place, y así pasó a comportarse. Cruyff no vivía cada suspiro como si fuera el último en el que ser feliz con el balón: le sobraban los minutos cuando su equipo iba en ventaja. Del mismo modo, empezó a asumir riesgos sólo cuando no lo eran. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/10/derrota-ciclo-inter-de-milan-helenio-herrera/">El Inter de Milan</a>, en la Final de 1972, experimentaría las consecuencias.<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/facchetti/"> Un ilustre, Facchetti</a>, afirmó que el Ajax salió vencedor sólo porque ellos cometieron un error impropio, pero cuando se analiza el encuentro con perspectiva, se infiere sin confusiones que los italianos no albergaron vida alguna. Cruyff, bajando a línea de pivotes para huir de la marca bregosa de Oriali, activaba su citada pausa táctica y, hasta que no colocaba a Haan, Mühren y Neeskens donde bloquearían con sencillez cualquier posible transición <i>neroazzurra</i>, no cabalgaba. La única esperanza del Inter consistía en forzar los penaltis, y era muy difícil no fallar ni una vez durante aquella hora y media de terror psicológico. Mucho más con la misión asignada de perseguirle y de sujetar ese cambio de ritmo de hijo de un demonio. Y Oriali no aguantó. Cruyff resolvió con un doblete.</p>
<blockquote><p>El colmo del dominio táctico inspirado por Cruyff se vio en la ida de cuartos de 1973 ante el Bayern.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Se había consagrado. No era el mejor, era algo más, y él lo sabía, pues por algo fue el tipo más listo que pisó la hierba. La Copa de Europa de 1973, en particular durante la ronda de los cuartos de final, pondría de manifiesto su plenitud. Le tocó recibir a un equipo que olía a campeón irremediable, el Bayern Múnich de Franz Beckenbauer, el más grande de sus adversarios, y lo encerró en su área durante los 90 minutos. Impresionante. Pero impresionante hasta un punto difícil de mesurar: nadie, en la historia, ha sacado la pelota como <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/01/beckenbauer-parecido-rey-arturo-evasion-victoria/"><i>el Káiser</i> de Alemania</a>; su creatividad en los primeros pases era sin duda comparable a la de Maradona en campo contrario, y su Bayern disponía de herramientas formidables para dar sentido a ése su talento. Y Cruyff lo anuló. El orden infundido por su sapiencia desplegó a <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=1MSyqyTFKcE">un Ajax tácticamente irreprensible</a> donde, tras la pérdida, cualquier tirillas <i>rándom</i> hubiera parecido Kanté, impidiendo a Beckenbauer respirar y, más grave, propiciar respiración. La magnífica defensa bávara se mantuvo imbatida hasta el descanso, pero Roth, la marca individual sobre Cruyff, suponía demasiada poca resistencia para 2.700 segundos más. Y 4-0. Palabras mayores. De ahí que perduren.</p>
<p style="text-align: justify">Tras menos de una década de profesionalismo, Ámsterdam daba cobijo a tres Copas de Europa. Cruyff había cumplido con creces. Le tocaba ayudar a papá.</p>
<p style="text-align: justify">Michels llevaba dos años por Barcelona sin fútbol ni trofeos. Pero decir eso entonces no era como decirlo ahora. En 1973, aquello formaba parte de la normalidad relativa. De la normalidad porque el Barça llevaba 13 campañas sin celebrar una Liga; y relativa porque, a pesar de los resultados, el gigantesco potencial del club siempre estuvo latente. Por masa social, por significado, por capacidad económica y también por ese pasado que, aunque quedaba cada vez más lejos, le distinguía como parte de la aristocracia. No en vano, no podría existir mayor prueba de su estatus que el propio hecho de seducir y fichar a Cruyff. Tras una serie de problemas burocráticos y algunos sucesos más, el mejor jugador del mundo recaló en el frío Camp Nou.</p>
<blockquote><p>Cruyff tiranizó su primera Liga española, pero el Barcelona no le permitía ser quien era en Holanda.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Lo primero que notó Cruyff fue que aquí no se tocaba el balón como hacían los holandeses. Había gente para asociarse,<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-cantera-encontrar-y-formar-talento-labor-entrenadores/"> como<i> Charly</i> Rexach</a>, uno de esos futbolistas que perdieron tanto que no pudieron escribir en los libros lo buenísimos que eran, porque la historia la cuentan los vencedores; pero, en general, el nivel técnico de aquel conjunto no era una exquisitez. Así que aquello de tener la pelota siempre no iba a ser tan, tan posible. Porque, encima, había otro inconveniente: el fútbol en España no era territorio ignoto. Se trataba de un país que había logrado seis Copas de Europa de clubes, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/07/fotos-en-sepia/">una Eurocopa de Naciones</a> y que había visto a un sinfín de superclases desde el principio del deporte. Había una cultura ya instalada, y aquellas cosas que hacía Cruyff donde no existía pasado, aquí, parecían extravagancias. Ni Michels se atrevió a registrarlas.</p>
<p style="text-align: justify">Aunque sí fue cierto que el Barça jugó en un 4-3-3 y que a Cruyff se le concedieron dos permisos especiales: intercambiaba la posición con el delantero (delantero, no jugador) que deseaba y asumía un rol defensivo hecho a su medida.<span class="pullquote_right">Sotil, un socio táctico perfecto para Cruyff</span> Por resumirlo, se labró una relación táctica muy directa con <a target="_blank" href ="http://deportes.elpais.com/deportes/2015/06/01/actualidad/1433181579_969088.html">el “9” peruano<i> “Cholo”</i> Sotil</a>, un tipo queridísimo por la grada que marcaba un montón de goles y a quien el Barça había descubierto mientras vigilaba a Teófilo Cubillas. El truco no revestía complejidad: cuando los culés atacaban, Cruyff era extremo izquierdo y Sotil, ariete; y si los culés defendían, Sotil trabajaba la banda y Cruyff, el centro. Y a partir de ahí, se explicaba el juego. Si se abría, darle la pelota al “14” costaba menos trabajo, y una vez controlaba, ya podía organizar y crear, potenciando el olfato del<i> Cholo</i>, la clase de <i>Charly</i> y <a target="_blank" href ="http://www.lasprovincias.es/v/20140428/economia/homenaje-marcial-asensi-ante-20140428.html">la llegada de Asensi y Marcial</a>, que carecían de la finura de Mühren pero constituían valores ofensivos bastante superiores al promedio de la Liga. Una vez fraguaron los mecanismos, el Barça fue una trituradora. Muchas goleadas llegaron entre diciembre y el mes siguiente, si bien la más legendaria se hizo esperar hasta el 17 de febrero: un 0-5 en el Santiago Bernabéu. </p>
<blockquote><p>Cruyff llegó al Mundial del 74 como una de las personas, en general, más célebres del momento.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El Barça recuperó la Liga con rotundidad y, sin duda, gracias a Cruyff. Antes de su debut, que se produjo en la jornada ocho, el equipo había mantenido un hilo de dos victorias, dos empates y tres derrotas. El punto de inflexión que el holandés supuso se quedó fuera de cualquier debate. Su fama, su carisma, su imagen, la belleza de su fútbol y <a target="_blank" href ="http://s.libertaddigital.com/fotos/noticias/650/0/cruyff-cataluna-071112.jpg">su implicación con la sociedad catalana</a> acabaron de perfilarlo como una superestrella mediática sin respuesta para la época. Y aquello sembró una esperanza -que no confianza- en la grada del Camp Nou. Pero, por desgracia, no sería correspondida. En especial, porque, más allá de las pequeñas historias que relataremos más abajo, Cruyff, el futbolista, estaba a un tris de vaciar su alma. Le llamaba la gloria: el Mundial de 1974. El sueño de un sueño.</p>
<p style="text-align: justify"><i>“La Naranja Mecánica”</i> fue un acontecimiento que no solicita presentación. Basta con recordar que el maravilloso Ajax Tri-Campeón rescataba a Cruyff y adquiría las mejoras de cuatro inclusiones excelsas: Rijsbergen, Jansen y Van Hanegem (estrellas del Feyenoord que también conquistó Europa), y el extremo izquierdo Resenbrink, ponderado por no pocos especialistas como <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=88fTQI3jY5Y">el segundo gran talento</a> de la generación del<i> Flaco</i>. Dirigidos por Rinus Michels, lo cual equivalía a contar con el sistema y con la identidad que en Holanda sí inspiró, cristalizaron en un equipazo que porfía, con la Brasil del 70, por ser considerada la selección más querida de las 20 Copas del Mundo. Pero perdieron la Final porque Beckenbauer se vengó.</p>
<p style="text-align: justify">Franz, que acababa de ganar su primera Copa de Europa, conservaba intacto en su memoria lo del 4-0 del 73: Cruyff le había embotellado y no había habido modo humano de superar la presión consecuente. Y con la suma de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=052Br-b6_Gc">Van Hanegem</a>, <i>la Oranje</i> emulaba el movimiento con más prestaciones si cabía que su Ajax mitocondrial. Según los cálculos del Káiser, la única manera de no volver a sufrir lo mismo debería partir de la base de no ser encajonado; Alemania no podía meterse atrás por mucha posesión que acumulasen los holandeses. Y, por supuesto, cuanto más lejos anduviese Cruyff de la zona más ardiente, mejor.</p>
<blockquote><p>El portero Maier, en una actuación antinaturalmente mágica, privó a Cruyff de la Copa del Mundo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El marcaje al hombre que efectuó Vogts fue el gran legado de la carrera de este. Menuda lapa ultra física. No lo dejó a cero, no lo hizo ni aunque ignorásemos la fascinante acción del minuto 1, pero durante el resto del encuentro, consiguió alejarlo del peligro y que cada cosa que hiciera le costase mucho más de lo corriente. Y Alemania, como grupo, lo exprimió. Fue la primera vez que se divisó un sistema defensivo tan adelantado en un equipo que no iba a amasar ni un 40% de posesión. La actividad protectora germana comenzaba desde el primer pase holandés, lo que derivó en que Michels retrasase a su centro del campo y en la creación de un espacio en la mitad enemiga <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UJzm9U-UNzA">que Beckenbauer iba a saber emplear</a>. Él, Breitner y Hoeness comandaron transiciones que no envidiaron en daño infligido al causado por los de Cruyff hasta la última media hora. Durante esta, con 2-1 en el luminoso, Holanda quemó sus naves haciendo llegar a sus dos interiores en cada ataque, mientras Cruyff,<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=4WVmlpATJyE"> ejerciendo de base</a>, capitaneaba el toque de corneta. Perdieron solidez, pero crearon ocasiones suficientes como para meter tres goles. Sepp Maier, cancerbero de reflejos superheroicos, completó el milagro de sobrevivir y dio el Mundial del 74 a su Alemania anfitriona.</p>
<blockquote><p>Cruyff siguió jugando como un crack, pero nunca recuperó el nivel que se dejó en aquella gran Final.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Cruyff no volvió a ser el mismo. Destacaba, claro; pero no de la misma manera. Algunas voces aludían a supuestos problemas físicos que nunca se confirmaron -se decía que le aplicaban sesiones de acupuntura, que para la época era como decir que le curaba una bruja en la choza de su montaña-, otras citaban temas financieros… La verdad es privada y pertenece a su familia. Pero cuesta mucho disociar su sensible bajón de lo ocurrido en la Final contra Beckenbauer. Por primera vez en su carrera, se le había escapado una oportunidad que no se le volvería a conceder. El máximo ya no era una opción. Y aunque convertir al Barça en el gigante en el que lo convirtió más tarde implicaba un reto mayestático, todo el mundo ha escuchado la famosa frase de Messi: <i>“Cambiaría <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/06/analisis-tactico-final-berlin-barcelona-3-juventus-1-luis-suarez/">mis Champions Leagues</a> por un Mundial con Argentina”</i>. En cualquier caso, antes de colgar las botas, protagonizó varios episodios llenos de fútbol e interés. Sobre todo, porque plasmaron ese escenario de histeria y desatino que, en los dulces 90, arreglaría sentándose en el banquillo.</p>
<p style="text-align: justify">La temporada 1974/75 comenzó con un cambio de cromos un tanto delicado: Neeskens vino a ocupar la plaza de extranjero que, hasta ahí, correspondió a Sotil. Es decir, un hombre cuya posición ideal era la de Asensi o<span class="pullquote_left">El fichaje de Neeskens tuvo consecuencias</span> Marcial, dos nacionales de peso, dejaba sin ficha ni sitio al delantero con quien Cruyff se repartía los espacios. Y encima, era holandés, como el propio <i>Flaco</i> y el míster, con las suspicacias que ello levantó en una sociedad española que era tan insegura y desconfiada como lo es en el presente. En cualquier caso, yendo al juego, no funcionó como se esperaba. Sotil halló relevo goleador en la figura de Manolo Clares, pero ni la química táctica con él era la misma, ni su relación con el Camp Nou tampoco. El Madrid le sacó 13 puntos al Barça en una Liga de 34 partidos donde las victorias sumaban sólo dos. Y el Leeds United, con <a target="_blank" href ="http://www.kaisermagazine.com/ranking/top-10-mejores-marcajes-gentile-zico-maradona/">una labor individual de Trevor Cherry</a> sobre Cruyff que todavía se rememora en Las Islas, lo expulsó de la Copa de la Europa en el penúltimo de sus partidos.</p>
<blockquote><p>Cruyff obligó al presidente del Barcelona a elegir entre él y su nuevo entrenador, Weisweiler.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Rinus Michels salió en globo y llegó un señor alemán que se llamaba Hennes Weisweiler. En España fue y es vilipendiado, pero no era ningún cualquiera: supo construir en la Bundesliga un proyecto excepcional que arrebató títulos al mismísimo FC Bayern Múnich del Káiser Beckenbauer: el Borussia Mönchengladbach de Günter Netzer. Netzer fue el más reputado centrocampista pasador de la década de los 70, un jugador que, por momentos, parecía <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=K7uPXMZNEU0">Maradona sin regate</a>, o un Platini con menos gol que el real que superaba a este en todo lo demás. Ese era el gusto de Weisweiler. El problema residía en que su camino para desarrollarlo se parecía más al habitual en Van Gaal que al escogido por Guardiola: no cedía ante ningún futbolista; aplicaba su método y su sistema y eran los cracks, y no él, quienes debían acometer el sacrificio de la adaptación. A Cruyff le ordenó que actuase de “9”. Sólo de “9”. Y qué se puede contar más allá de que con la iglesia había topado. Lo de Rivaldo y Van Gaal, al lado de aquello, fue <i>“La Aldea del Arce”</i> comparada con <i>“Los Soprano”</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Weisweiler fue destituido para euforia del Camp Nou. Y, en una muestra de lo que era el Barcelona de la época, Michels regresó a la entidad para ver si sonaba la flauta. Cruyff se sabía responsable, invirtió toda la energía que le restaba dentro y firmó su segundo mejor curso como estrella de los azulgranas, perdiendo la Liga por un solo punto frente al Atlético de Madrid. Debe apuntarse que se trató de uno de los desenlaces más polémicos del relato del campeonato nacional. En un envite frente al Málaga en casa en el que el Barça no tuvo fortuna con el colegiado, Cruyff resultó expulsado por, supuestamente, propinarle a este un insulto (aunque siempre defendió que se dirigió a Clares y que dijo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=RScGkgplQz0"><i>“Manolo, marca ya”</i></a> -él decía cosas así-) y fue sancionado con tres partidos de suspensión. Sus compañeros empataron uno, perdieron dos y la Liga se escapó de entre los dedos. No le quedaba nada por ofrecer. No como futbolista. Y el preámbulo terminaba. </p>
<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/04/analisis-tactico-johan-cruyff-entrenador-dream-team/">Podemos empezar</a>.</p>
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		<title>PSV, la clave de la victoria</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2016 02:57:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[No hay duda que en este mundo globalizado donde las escuelas futbolísticas y el carácter propio de cada país cada día están más difuminados, el ofensivo y atractivo estilo de juego holandés de los últimos 40 años –con excepciones-, es una de las marcas más reconocidas y prestigiosas del fútbol. Una de las cabezas visibles [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">No hay duda que en este mundo globalizado donde las escuelas futbolísticas y el carácter propio de cada país cada día están más difuminados, el ofensivo y atractivo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=AGyxPi9HdiE">estilo de juego holandés</a> de los últimos 40 años –con excepciones-, es una de las marcas<span id="more-198926"></span> más reconocidas y prestigiosas del fútbol. Una de las cabezas visibles de esta filosofía fue Johan Cruyff, el elegante <i>«hombre del Renacimiento del Ajax»</i>, quien, además de todo esto, era un jugador con una capacidad de liderazgo indiscutible. Cruyff es seguramente el hombre de fútbol más importante de la Historia, y uno de los <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Zk4F48_x4dM">más influyentes</a>, por lo que hizo en el campo –como jugador y entrenador- y también fuera de él –innovador, estrella mediática, filósofo-. Sin duda, tener a Cruyff en el equipo nacional fue una bendición para Rinus Michels.</p>
<p style="text-align: justify">¿O quizá no tanto? La presencia de Cruyff, y sobre todo el poder que amasaba en la sombra, le costaron caro a Holanda. Para ser más exactos, con mayor o menor incidencia, ¡DOS Copas del Mundo! Se puede decir que, en el campo, Cruyff era una de las mejores cosas que le podían pasar a un entrenador, pero fuera de él, el Maestro Holandés era todo lo contrario.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Jan van Beveren fue un gran portero, pero era enemigo de Cruyff&#8230;</span><a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=DG1as1EAr8c">Jan van Beveren</a>, el genial portero del PSV, era un hombre al que la afición adoraba. Un auténtico mago, capaz de hacer auténticos trucos dignos de David Copperfield entre los palos. El mejor portero que ha tenido Holanda, lo cual es una buena referencia cuando sacamos a colación los nombres de otros <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=GhdlsnbfSjE">grandes como Hans van Breukelen y Edwin van der Sar</a>. Van Beveren era un portero con una envergadura y una agilidad muy destacables. Sentó las bases de un modelo de guardameta que triunfaría en Holanda. Alto, aunque más fuerte que sus sucesores. Lenguaraz, siempre en contacto con sus defensores. Su posicionamiento, excelente, le convertía en un guardameta que siempre estaba bien situado para salvar los disparos rivales. Sus increíbles reflejos hacían el resto. ¡Volaba! Una tremenda capacidad de salto que resultaba especialmente útil para llegar a esos endiablados lanzamientos de falta por encima de la barrera.</p>
<p style="text-align: justify">Pero Cruyff y Van Beveren no se tragaban. Se odiaban, y esto trajo dramáticas consecuencias. Fueron enemigos desde el primer día. Ambos son de la misma generación y llegaron a la selección más o menos al mismo tiempo. Cruyff en el 66 y van Beveren, aún portero del Sparta de Rotterdam, en el 67. Nunca le asustó la competencia, de hecho, eso es precisamente lo que le convirtió en un portero de élite. Ya desde el equipo Sub-19 del Sparta venía compitiendo con otro buen portero, que sería internacional también, Pim Doesburg. Y durante sus primeros años como internacional, apenas cumplidos los 20 y siendo ya titular de la selección, mostró abiertamente su descontento ante la falta de motivación de sus compañeros de Ajax y Feyenoord. Tras <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=N0hhm0tnbwk">quedar fuera del Mundial de Mexico 70</a>, Van Beveren pegó una rajada de las que hacen época, acusando a los jugadores de ambos equipos de no arriesgar su físico cuando jugaban para su país, evitando perder así sus lucrativos contratos. <i>«Sólo saben hablar de dinero. Cuando juegas por tu país ¿a quién mierda le importa el dinero?»</i>, dijo.</p>
<blockquote><p>El fútbol holandés viviría su época dorada a comienzos de los setenta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Producto de toda una <a target="_blank" href ="http://footballthisweekend.blogspot.cl/2010/12/brilliant-orange-review.html">evolución no sólo futbolística</a>, sino política, social y cultural, el fútbol holandés alcanzó la mayoría de edad a comienzos de la década de los 70. Feyenoord y Ajax encadenaron 4 Copas de Europa seguidas, y el nuevo estilo predicado por los de Amsterdam abrumaba al mundo. Era una época de rebeldía, radical y rompedora. Fútbol con piernas de acero, velocidad inusitada, patillas imposibles y melenas dignas de rockstars. Porque ese era el status de los <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=1MSyqyTFKcE">jugadores del Ajax</a>. Eran dioses del Olimpo, intocables. Ninguno, claro estaba, más que Johan Cruyff. Pero Van Beveren, que había hecho el camino hacia el estrellato casi de la mano con Johan, se oponía radicalmente a todos sus privilegios dentro de la selección: desde llegar tarde a los entrenamientos hasta el poder renunciar a jugar por compromisos publicitarios, pasando por fumar en el vestuario. El problema, como muy comúnmente ha ocurrido en el seno de la Oranje posteriormente, era el dinero. Van Beveren nunca se cortó de hacer frente a los ricos jugadores del Ajax. En cierto modo, el guardameta del PSV era la voz de los demás jugadores del vestuario holandés. Todos estaban en el mismo barco, cada uno tenía que hacer bien su trabajo para lograr el éxito colectivo, por lo que, obviamente, todos debían tener los mismos derechos y deberes. Todos debían ser iguales.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Van Beveren no era el único que discutía el gran poder de Johan</span>¿Todos? Obviamente no. Cruyff era igual a todos, pero siempre <i>“un poquito más igual”</i>. Ello, unido al apoyo que le daban los numerosos compañeros y amigos del Ajax (Rep, Keizer, Hulshoff, Suurbier, Krol, Muhren, etc…), le otorgaba una <a target="_blank" href ="https://enunabaldosa.com/2010/06/19/en-el-placard-cruyff-anti-adidas-1974/">cuota de libertad y poder</a> que no podía ser contrarrestada por ningún otro hombre. Esto causaba un malestar evidente entre otras figuras de la selección, siempre opacadas por el clan <i>Ajacied</i>, jugadores de carácter indómito como Wim van Hanegem, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=B-AtG6e8TpY">Rinus Israel</a> o Willy van der Kuylen. Los problemas de egos relacionados con Cruyff, como sabemos, no escaparán a los hombres del Ajax, y poco a poco todos acabarán teniendo roces en mayor o menor medida. Empezando por su amigo Keizer, el genial extremo, el primer profesional de la liga holandesa y terminando por el rebelde Johnny Rep, quien tras hacer una aparición fulgurante con 20 años empezó a negarse a aceptar los privilegios de Cruyff, convencido de que su calidad no tenía nada que envidiarle a la de Johan. No se equivocaba el bueno de Johnny, quien a principios de los 70 era el mejor jugador joven de Europa, un talento abrumador, con un carácter, una velocidad y un olfato de gol que le presagiaban un brillantísimo futuro.</p>
<p style="text-align: justify">Pero la gran lucha siempre fue la de Johan y Jan. Y cuando Van Beveren se lesionó gravemente en 1973, Cruyff vio rápidamente la posibilidad de eliminar a ese otro polo de poder que amenazaba su liderazgo único. El Flaco utilizó su enorme influencia para situar a su amigo, el veterano portero del DWS Amsterdam Jan Jongbloed como guardameta titular de cara a Alemania’74. Jongbloed era un mediocre. No hay otra palabra que lo defina mejor. Hasta aquel momento, solo había jugado una vez con la selección, en 1962 y entrando como suplente del guardameta del Feyenoord Pieters-Graafland. Se encontró con una oportunidad que jamás había soñado y, obviamente, aceptó de buen grado estar a la sombra de Cruyff. Una sombra de la que Van Beveren quería salir, ganando el título mundial y mostrando al mundo lo grandísimo portero que era. Con Cruyff y Van Beveren en el equipo, habría que ver quien sería considerado la mayor estrella del equipo. Obviamente, Cruyff llevaba todas las de ganar: era el mejor jugador del mundo en discusión con Beckenbauer, había ganado títulos europeos y era muy famoso fuera de Holanda. Pero dentro del vestuario y del fútbol holandés, la gente sabía que Van Beveren era un jugador imprescindible. Aún así, Cruyff no podía aceptar <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=MpN94DcMQbs">a otro <i>Superman</i></a> jugando a su lado, y de ahí su presión sobre Michels para que seleccionase a Jongbloed.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El Mundial se le escapó a Holanda por 2 goles cuanto menos evitables</span>De todos modos, Van Beveren aún pudo llegar a jugar el Mundial, ya que se recuperó de su lesión en mayo, un mes antes del comienzo del campeonato. Necesitaba una o dos semanas para recuperar la forma, pero Michels le obligó a jugar un amistoso intrascendente contra el Hamburgo, o en caso contrario, quedarse en casa. Otros jugadores, también dudosos por su estado físico, tuvieron la oportunidad de probarse una semana antes del Mundial. El guardameta del PSV no, a pesar de que habría estado en plena forma los partidos de la liguilla de primera fase, en la que Uruguay, Bulgaria y Suecia aguardaban a la Oranje. Obviamente, había otras razones detrás, ninguna más importante que el dinero, el motivo de todos los problemas del vestuario holandés de la época. El motivo que volvía loco a Van Beveren al ver como sus compañeros descuidaban el beneficio del equipo para centrarse solamente en el individual. Así pues, cuando la Federación decidió que Cruyff, Keizer, Van Hanegem y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8nADjyl1Vzw">Neeskens</a> recibiesen un porcentaje de primas mucho más alto que el resto, el guardameta explotó. Y Cruyff, aprovechando la coyuntura, lo limpió. El resto, como comúnmente se dice, es Historia. Holanda perdió el título, recibiendo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=DsnK_4IWBWc">dos goles</a> cuanto menos evitables. </p>
<blockquote><p>La diferencia de nivel entre Jan van Beveren y Jan Jongbloed se notaría de forma muy evidente.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El mundo había visto a Van Beveren hacer fantásticas paradas antes del Mundial, y todas estas dudas se refrendarían en los años posteriores, cuando el guardameta alcanzó el pico de su carrera, liderando al PSV a tres campeonatos holandeses y la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=qnndP1za8mo">Copa de la UEFA</a>. No sólo eso, en el año 76, el club de la Philips se quedó a un partido de la final de la Copa de Europa, al perder contra <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=uCiJdjp_LiA ">el brillante Saint Etienne francés</a>. La eliminatoria no pudo ser más igualada, y se resolvió con un solitario gol a los 4 minutos de comenzar. Van Beveren se vio sorprendido por un lanzamiento de falta raso. Luego plantó un muro de hormigón ante su portería y esperó durante 176 minutos a que sus compañeros consiguiesen el empate. Nunca sucedió. </p>
<p style="text-align: justify">Entre 1974 y 1978, Cruyff consiguió mantener a su gran rival fuera del equipo. Enfadado tras lo ocurrido antes del Mundial, Van Beveren renunció a la selección en 1975, justo cuando estaba en su mejor forma, pero regresó poco después. Aun así, llegó solo para ser suplente de varios porteros diferentes, todos netamente inferiores a él, incluyendo a los favoritos de Cruyff, Jan Jongbloed y Piet Schrijvers. Cuando Van Beveren le preguntó a Jan Zwartkruijs (el entrenador de porteros de la selección y posterior seleccionador), por qué lo llamaban si estaba claro que no iba a jugar, este le contestó: <i>«Jan, no te enfades. Me manipulan. No tengo otra opción»</i>. Había llegado el momento en que los jugadores del PSV eran considerados rebeldes y poco a poco sus pesos pesados fueron desapareciendo de la selección. Van Beveren se negó en un principio, pero <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=znJM0AeYm1o">Van der Kuylen</a>, el jugador más carismático, el bombardero del PSV, no tuvo ni fuerzas ni ganas para pelear. Días antes de un partido de clasificación con Polonia, Cruyff y Neeskens llegaron tarde desde Barcelona. <i>«Vaya, aquí llegan los reyes de España»</i>, les espetó Van der Kuylen al verles. No había vuelta atrás. Cruyff había amenazado con no jugar con Holanda nunca más si Van Beveren y otros miembros del PSV estaban en el equipo. Y, obviamente, la afición no perdonaría al entrenador que dejase a Cruyff abandonar el equipo. Van Beveren, cansado del asunto, renunció a la selección con 32 partidos como internacional. Fue en 1977 y el, para muchos, mejor portero del mundo (en competencia con Zoff y Maier), tenía solo 29 años.</p>
<blockquote><p>Van Beveren no fue la única víctima de las luchas de egos y clanes dentro del fútbol holandés. </p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En definitiva, Jan van Beveren fue un enorme guardameta, pero jamás será reconocido como tal porque internacionalmente no tuvo jamás una aparición en el Mundial o la Eurocopa. Y obviamente, no era miembro del clan del Ajax que tanta celebridad acumuló a inicios de los 70. Ni siquiera del Feyenoord, que contaba con grandes jugadores como Wim Van Hanegem, Rinus Israel -fantástico líbero con su propia historia de ostracismo relacionada con Cruyff-, el veterano guardameta Pieters Graafland o el genial extremo Coen Moulijn, otro de los desplazados por el clan del Ajax. El gran logro de van Beveren, como dijimos, fue ganar con el PSV la final de la UEFA con una serie de grandes partidos. Y aquellas semis de Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Van der Kuylen no tuvo tampoco la presencia que merecía su calidad</span>En ese equipo del PSV también estaba la otra pata del banco en toda esta historia. El cañonero <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=_HHhiwuW1Xk">Willy Van der Kuylen</a>, el mayor goleador de la historia del fútbol holandés. Aún hoy, el máximo realizador histórico de la Primera División de los Países Bajos, un jugador con un disparo de media y larga distancia tremebundo. EL (así en mayúsculas), delantero titular de Holanda. El hombre que debía haber sido la punta de lanza del Fútbol Total pero que, como Van Beveren, fue rechazado por su enemistad con Cruyff. Si el del PSV hubiese estado en la Copa del Mundo, Michels no tendría que romperse la cabeza viendo a Cruyff de delantero centro ni moviendo hacia el centro del área a los extremos Rep y Rensenbrink, sino que estos fenómenos le servirían balones al artillero legítimo del equipo. Pero también era cierto que sería un fútbol <i>“menos total”</i>.</p>
<p style="text-align: justify">El gusto por un fútbol más ortodoxo, menos total, fue otro de los motivos de la división interna del vestuario Oranje. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=052Br-b6_Gc">Van Hanegem,</a> la estrella del Feyenoord, tampoco soportaba seguir las órdenes de Cruyff, mas cuando estas habían supuesto que el mejor líbero holandés, su compañero Israel, chupase banquillo a favor de jugadores que ni siquiera jugaban en su posición. O que <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=XQUhno_Omik">Ruud Geels</a>, un fantástico delantero centro jamás acabase de tener todas las oportunidades que merecía su talento en la selección. Y lo de Van der Kuylen. Pero a Van Hanegem, como ya vimos, la Federación lo callaba con dinero. Sabían bien de qué pie cojeaba.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Alemania representaba el caso 100% opuesto</span>El caso es que, analizando a los dos finalistas del Mundial, vemos lo grave de la caída en desgracia de los dos baluartes del PSV. Mientras Alemania contaba con uno de los mejores porteros del mundo, Maier, Holanda, que podría haberle contrapuesto a Van Beveren, contaba con el mediocre Jongbloed. Al líbero de clase mundial Beckenbauer, Holanda contraponía al inexperto Rijsbergen -aunque debemos ser justos con él y destacar su muy buena actuación en el Mundial-, cuando tenía en el banco a otro líbero de lujo, Israel, quien era considerado de los mejores del mundo, junto al propio Beckenbauer, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=FPGHAr2QVUo">el brasileño Luiz Pereira</a> o el austríaco Edi Krieger. Y mientras Alemania usaba como cerebro a Overath (con el lujo de Netzer en el banquillo, pudiendo rotar en cualquier momento), con la ayuda de un Beckenbauer que se incorporaba al medio cuando quería, Holanda lo igualaba con Van Hanegem, pero también lo obligaba a trabajar en defensa, lo cual acababa por agotar al jugador del Feyenoord. Para estas labores, los alemanes usaban a Bonhof, mediocentro específico, y a dos jugadores con recorrido como Hoeness y Breitner, mientras los naranjas solo tenían a Neeskens.</p>
<blockquote><p>Al final, por una cosa o por otra, aquella gran generación holandesa no ganó el Mundial.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Johan Cruyff, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=-v6lMerCYCI">que con su libertad total para moverse por el campo creaba tantas ventajas</a>, también condicionaba la confección del equipo y la búsqueda de variantes. Mientras los alemanes utilizaban extremos clásicos –incluso sacrificando a un gran Heynckes en el proceso-,  ue suministraban balones de gol a su gran goleador Müller, plaza que en Holanda debería haber ocupado Van der Kuylen pero que, como vimos, estaba vacante y en la que rotaban diferentes jugadores. ¿Cuántas variantes podría haber manejado Michels de haber contado con los mejores jugadores de los tres grandes clubes? Muy pocas veces ha tenido un entrenador la despensa de talento que él tuvo a su disposición, y que nunca utilizó al 100%. Con Van Beveren y los demás excluídos, quizás Holanda fuese ahora mismo el campeón de 1974 y 1978 (al menos habría presentado mejores credenciales aún). Cruyff también quiso ser campeón del mundo, pero sólo si era la única estrella. Y el tiempo demostró que eso no era suficiente. Que la clave de la victoria era un simple código de tres letras: P.S.V.</p>
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<p><a href="http://www.ecosdelbalon.com/2016/04/donde-sabemos-que-nos-aman/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/cruyff/06.jpg"  alt=""  align="left" /></a> <a href="http://www.ecosdelbalon.com/2012/06/el-rival-mas-fuerte/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/cruyff/08.jpg"  alt=""  align="left" /></a></p>
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		<title>El patito feo</title>
		<link>http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/willi-lippens-rivalidad-holanda-alemania/</link>
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		<pubDate>Wed, 14 Nov 2012 02:45:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Willi Lippens]]></category>

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		<description><![CDATA[onmigo en el equipo, Holanda hubiera ganado esa Copa del Mundo». Willi Lippens hablaba como una víctima, aunque con gracia, sin resignación o rencores, siempre con ese barniz de sarcasmo e ironías que definió su temperamento. En cierto modo, cuando Lippens dijo eso sobre la final de 1974 entre Alemania y Holanda tenía razones para [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap"><i>«C</i></span><i>onmigo en el equipo, Holanda hubiera ganado esa Copa del Mundo»</i>. Willi Lippens hablaba como una víctima, aunque con gracia, sin resignación o rencores, siempre con ese barniz de sarcasmo e ironías<span id="more-34832"></span> que definió su temperamento. En cierto modo, cuando Lippens dijo eso sobre <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=rzpUEfQ1zBc">la final de 1974 entre Alemania y Holanda</a> tenía razones para afirmarlo, aunque quizá no tuviera la razón. Nadie como él en el fútbol resultó tan damnificado a causa del odio entre germanos y holandeses.</p>
<p style="text-align: justify">Willi Lippens era alemán, la estrella durante muchos años del Rot-Weiss Essen. Es el futbolista con más partidos y más goles de la historia del mítico club de Renania del Norte.<span class="pullquote_right">Willi Lippens fue la estrella y símbolo del Rot-Weiss Essen</span> Allí es una celebridad, mucho más que otra leyenda, Helmut Rahn, el delantero que marcó para Alemania el gol que firmó <a target="_blank" href ="http://www.notasdefutbol.com/alemania-2006/1954-alemania-vence-a-la-hungria-inolvidable">el Milagro de Berna</a> en la final de la Copa del Mundo de 1954 ante la mágica Hungría de Puskas, Hidegkuti y compañía. Lippens había nacido a pocos kilómetros de Essen, en Bedburg-Hau, una villa fronteriza, justo en la línea que separa Alemania y Holanda. De madre germana y padre y abuelos neerlandeses, Lippens comenzó a jugar en el equipo de su pueblo antes de fichar por el Rot-Weiss por unos 4.000 marcos. Al principio, le costó jugar. Los técnicos no le daban mucha vida en el fútbol. Lippens corría, pero corría mal. Tenía los pies planos y por eso lo apodaron <i>«Der Ente»</i>, <i>«el Pato»</i>. Lippens tomó aquello con la naturaleza feliz que le acompañó siempre en una carrera que también tuvo una parada en Dortmund.</p>
<p style="text-align: justify">Encabezó los buenos años del <a target="_blank" href ="http://www.glubberer.de/l/lieberwirth__dieter/lieberwirth_essen.jpg">Rot-Weiss en la Bundesliga</a> de la segunda mitad de los años 60. Aunque era diestro, se consolidó como un extremo zurdo de enorme calidad. Corría feo, no era muy veloz, pero driblaba como un genio. Partía desde la izquierda y reventaba la pelota con la derecha, movimiento con el que acumuló goles y goles, en total 186 en 327 partidos entre 1965 y 1976.</p>
<p style="text-align: justify">En 1969, Lippens compartía parte del entusiasmo popular alemán con un tal Gerd Müller. Helmut Schön, el seleccionador<span class="pullquote_left">Schön quiso reclutarlo para Alemania, pero no pudo</span> de la Nationalmannschaft, pensó en él y trató de convocarlo. Pero Lippens se negó. Su padre se lo pidió por favor. Le rogó que no diera ese paso. Él había sufrido <a target="_blank" href ="http://www.exordio.com/1939-1945/paises/holanda.html">la lanza nazi en los años de la Segunda Guerra Mundial</a>, escondido durante un tiempo en los sótanos de su casa y apaleado brutalmente cuando el ejército intentó reclutarlo sin fortuna. <i>«Nací con una educación anti-alemana. Mi padre les tenía odio. Me dijo que si jugaba con Alemania no volviera a casa»</i>, recuerda Lippens en un documental sobre su vida. A Schön no le quedó más remedio que cruzar los brazos: <i>«Tiene todo lo que quiero de un futbolista, excepto el pasaporte correcto»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Lippens poseía la doble nacionalidad alemana y holandesa. Un año después de la frustrada convocatoria de Schön, <a target="_blank" href ="http://en.wikipedia.org/wiki/Franti%C5%A1ek_Fadrhonc">el seleccionador holandés Frantisek Fadrhonc</a> –antecesor de Míchels- anotó su nombre en un cuadernillo. Veía en Lippens un futbolista ideal para arrancar por la izquierda en el camino hacia la Copa del Mundo de 1974. Pero sobre todo vio en él un escudo de protección. Jugaría con Holanda, pero era alemán. Y el torneo sería en Alemania. Lippens representaba una posibilidad para generarse las simpatías locales y enfriar la repulsa hacia la selección holandesa. La tensión entre ambos países comenzaba su escalada. Eran los tiempos previos a que Van Hanegem rememorara la historia de sus hermanos y familiares muertos en el asalto nazi, a que Ruud Krol condenara entre los micrófonos el asesinato de su padre, miembro de la resistencia capturado por las SS, a que los periódicos holandeses entraran en combustión o a que los aficionados holandeses se lanzaran a rescatar la memoria de los caídos en la guerra. </p>
<p style="text-align: justify">Algo antes de todo aquello, Fadrhonc telefoneó a Lippens y éste aceptó. Sin embargo, <i>«el Pato»</i> no hablaba holandés y era un alemán. Y eso era un problema para la colección de egos<span class="pullquote_right">Sólo jugó con Holanda en una ocasión, no le aceptaron</span> y soberbia del vestuario <i>tulipán</i>. Evidentemente, todo fueron zancadillas para Lippens. Debutó contra Luxemburgo, ganó ese partido 6-0 y marcó un gol, pero ya nunca más se vestiría la camiseta de Holanda. <i>«Corría hacia arriba y hacia abajo, pero nadie me pasaba el balón»</i>, cuenta. Es verdad, nadie le miraba, casi nadie le hablaba. Era un alemán. Un pato alemán. Nada de holandés. Era uno de los descendientes de aquellos despiadados soldados que arrasaron las familias holandesas en la guerra. Así lo veía, por ejemplo, Van Hanegem, el futbolista que más odio vomitó contra los alemanes. En aquel grupo, la autogestión funcionaba como la seda: Cruyff, Keizer, Suurbier… personalidades de acero, orgullosas y libres. <i>«Quien peor me trató fue <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=EfQdkvGWjq0">Van Hanegem</a>«</i>, relata Lippens. </p>
<p style="text-align: justify">En el camino de vuelta en autobús tras el partido ante Luxemburgo, el conductor sintonizó una emisora alemana y una voz se escuchó al fondo: <i>«¡Apague esa radio nazi!»</i>. La orden venía de <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=B-AtG6e8TpY">Rinus Israël</a>, el elegante central del Feyenoord campeón de Europa. Lippens se le volvió, le enfrentó e Israël embistió de nuevo: <i>«Calla, tú eres alemán»</i>. Vetado por el grupo, Lippens ya no volvió a jugar ningún partido internacional, ni con Holanda ni con nadie.</p>
<p style="text-align: justify">Holanda alcanzó la final en la Copa del Mundo en 1974. Contra Alemania, su extremo izquierdo Rensenbrink apenas duró una parte después de la lesión sufrida en la semifinal ante Brasil. Le sustituyó René, uno de los gemelos Van de Kerkhof. No estaba Lippens… Quizá Lippens tuviera razón y a Holanda, con él de reemplazo, no se le hubiera escurrido aquel título. Quizá no se hubiera resignado solo a lo peor, a lo más doloroso, a ser la campeona moral. Quizá, sin esa derrota atravesada en el alma, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/06/el-rival-mas-fuerte/">el odio holandés y alemán</a> no hubiera avanzado implacable hasta aquella semifinal de 1988 en la Eurocopa de Alemania. Con esto nos quedamos, con la vida fronteriza de Lippens, sus goles, sus carreras irregulares, su sentido del humor y su felicidad de patito feo.<br />
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<a target="_blank" href ="hhttp://www.ecosdelbalon.com/2012/06/el-rival-mas-fuerte/">El rival más fuerte</a></p>
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