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	<title>Ecos del Balón &#187; Toshack</title>
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		<title>Raúl Madrid</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Nov 2015 03:00:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Abel Rojas]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">El envejecimiento de <i>“La Quinta del Buitre”</i> dejó tras de sí un rastro de nostalgia. Como la música de Nacha Pop o el cine de Pedro Almodóvar, el fútbol de Sanchís, Míchel, Martín Vázquez y Butragueño había cogido a España de la mano<span id="more-186045"></span> y la había transportado a un mundo nuevo, lleno de color, donde los días terminaban por la mañana y la gente se reía todo el tiempo. Fue genial. Aunque tanta luz e inspiración también trajeran desventajas. Una, la velocidad. La vida comenzó a correr demasiado deprisa, y antes de que Emilio tomara la Copa de Europa, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/04/25-aniversario-del-milan-5-0-real-madrid-arrigo-sacchi/">Sacchi ya había creado su Milan</a> y Cruyff, su Barcelona. Qué locura, cuánto avance. El futuro abría puertas que el Madrid no comprendía: Ferguson, Wenger, Capello, Hitzfeld, Van Gaal, cambios, más cambios, rápidamente. La historia se estaba reescribiendo. Y el Real no encontraba las palabras. De ahí acudió a su escritor de cabecera. Jorge Valdano, en calidad de entrenador, volvió al Santiago Bernabéu.</p>
<blockquote><p>De forma práctica y ceremonial, los últimos minutos de Butragueño fueron los primeros de Raúl.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Raúl produjo desde el día uno, sin adaptación</span>Valdano dice que el fútbol es un relato, y aquella campaña 94/95 transcurrió por esos versos. Tras un verano en el que pidió y no fichó ni a Cantona, ni a Sosa ni a Juanele, diseñó un Madrid lleno de pequeños cuentos que salieron bien sin excepción. Redondo, Laudrup, Amavisca y Zamorano protagonizaron algunos y cimentaron, junto a Hierro y Sanchís, las bases de un equipo que cumplió sus objetivos: ganó la Liga, practicó un juego bonito y hasta se dio el gustazo de devolverle al Barcelona la famosa manita que, meses antes, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/media/postal/romario.jpg">había comandado Romario</a>. Tal superioridad, tal falta de urgencia, permitió al técnico argentino poner una onza de normalidad donde no la había: en Raúl. Durante aquel curso iniciático, se le pudo tratar, y se le trató, como a la perla de la cantera. De haber aparecido en un periodo más convulso, a Valdano no le hubiera quedado otra que ponerlo siempre y pedirle la victoria. González Blanco, jugador oficial del Madrid «C», tenía 17 años. Pero ya era <i>el diferente</i> del Real.</p>
<p style="text-align: justify">Debutó en La Romareda creando <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=tdJo9chq-ZI">seis ocasiones de gol</a> que no evitaron la derrota. Una semana más tarde, disputó <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=cBzkzCy3E48">su primer derbi</a> repartiendo una asistencia, forzando un penalti, marcando un golazo y sumando tres puntos. Pero este texto no pretende convertirse en la enumeración de sus gestas, sino en la descripción del fútbol que empleó para acumularlas.</p>
<blockquote><p>Hacía rapidísimo todo menos esprintar, que es lo que menos se hace en el fútbol. Su ritmo era máximo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Valdano bautizó como «chispa» su gran virtud</span>Raúl fue un elegido genético concebido para la práctica del fútbol, un capricho de la naturaleza que casi nadie supo explicar. Pero hay una llave, una frase-contraseña, que una vez asimilada permite entender el grueso de la cuestión: Raúl era rapidísimo. Sí, era cierto que su sprint resultaba relativamente lento, incomparable al de la mayoría de su competencia, pero su galope, su trote y su caminar promediaban una velocidad media inigualada por ningún otro. En tres de las cuatro cadencias de desplazamiento, marcaba diferencias abrumadoras. Su secreto derivaba de su modo de talonar, o más bien de su <i>no-modo</i>: parecía no hacerlo. Raúl iba dando saltos de puntillas con la potencia de un canguro y la levedad de una pluma, casi siempre <a target="_blank" href ="http://www.realmadridfans.org/conocearaul/02.jpg">parecía llegar desde el aire</a>, anticipándose a cada rival, no arribando tarde nunca. Valdano recogía lo presentado en el vocablo <i>«chispa»</i>. Esta chispa era una de sus seis virtudes claves. Desde el principio mostró dos más: una resistencia olímpica y un olfato goleador afinadísimo. Y tan solo 12 meses después, ya habríamos descubierto dos de las tres que faltaban.</p>
<blockquote><p>En cuanto el Madrid de Valdano entró en problemas, Raúl pasó a la titularidad para resolverlos.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El Madrid de Valdano fue un equipo de corto alcance. Suficiente para una Liga devaluada, pero no más. La Copa de Europa de la 1995/96 lo delataría con crueldad. Su estructura táctica, sujetada sobre un rombo que en realidad evolucionaba a 4-1-5 con Redondo solo en el centro del campo, no podía competir con la de los grandes del continente, y encima adolecía de una inferioridad física con respecto a estos que le dejaba sin ninguna solución. Ni siquiera cuando entraba Alkorta en el once e Hierro subía a la medular se compensaba el desfase. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/louis-van-gaal-entrenador-ajax-amsterdam-copa-de-europa-1995-historia-filosofia/">Los desigualados duelos contra el súper Ajax</a> deprimieron al vestuario y aceleraron la caída del proyecto. La secuela, un serio candidato a peor Madrid de los últimos 60 años. Solo Raúl, de 18, dio la cara.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Raúl quitó a Laudrup el mando del juego</span>Raúl <i>aprovechó</i> el desplome colectivo para ganar metros en el campo e influencia sobre el juego. En síntesis, su temporada se resumió en empujar al desgastado Laudrup y ocupar su lugar tanto en la pizarra como en la jerarquía. Así fue como descubrimos su extraordinaria capacidad asociativa, sin la cual su figura no se entiende. Se trataba de un pasador prácticamente perfecto, siempre que soltaba la bola dejaba en ventaja al compañero; la naturaleza del gesto en cuestión daba casi igual: pases de construcción, apoyos, aperturas a las bandas, asistencias al espacio, paredes al primer toque&#8230; en ninguna de estas artes se le podía poner un pero. Y dio auténticas exhibiciones al respecto, como aquella frente al Betis el 4 de febrero de 1996, en lo que fue una actuación para perder la razón: pases con el exterior, espuelazos, sombreros&#8230; Una exposición de genialidad juvenil.</p>
<blockquote><p>Su enfrentamiento con Vierchowod inspiró su primera gran fotografía en la Copa de Europa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Debutó en Champions con 6 goles en 8 noches</span>Claro que nada llamó más la atención entonces que su madera de líder. Raúl no soportaba la inferioridad; por eso rompía las cadenas del sistema y proponía cualquier solución que le pasase por la cabeza. Fue épico su Clásico de la ida, con los veteranos agachados y el «17» uniendo los pedazos.<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=KBH8eqUXLFk"> Y marcando</a>. No menos magno resultó su partido de cuartos de Champions contra la Juventus de Turín, a la postre campeona de Europa. Aquella cita pasaría a la historia <a target="_blank" href ="http://estaticos04.marca.com/albumes/2013/10/21/madrid_juve/1382351135_extras_albumes_1.jpg">en forma de foto impresionante</a>, la que recogió su encaramiento con Pietro Vierchowod, quien, literalmente, le doblaba en edad -tenía 36-. Ganó el Real 1-0, con gol, por supuesto, suyo. También quedó en el recuerdo su despliegue frente al Rayo en la noche en la que Valdano, tras una larga crisis de resultados, se jugó su cargo. Pocas veces corrió más sobre un campo de fútbol, pero no pudo salvar a su amigo. Precisamente el compromiso personal que le unía al argentino hizo que se escribiesen dudas sobre su implicación con el futuro técnico. Las borró con tres exhibiciones mastodónticas e inmediatas ante Athletic (0-5), Oviedo (1-2) y, la ya citada, Betis (4-2). Anotó en todas ellas. Después, eso sí, llegaron los duros, el Barça y el Valencia, y pusieron al Madrid en su sitio. Acabó la temporada en sexta posición. Raúl, con 18 años, 19 goles en liga y 6 en los 8 encuentros de su primera Champions, lo hizo con rango de ídolo. Y sin opción de marcha atrás.</p>
<blockquote><p>Tristemente, Raúl solo formó parte de un proyecto liderado por un entrenador de postín: el de Capello.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El de 1996 sería un verano de cambios. Tras la firma del nuevo contrato de televisión, nació la <i>«Liga de las Estrellas»</i>, y nada volvió a ser como antes. Los equipos españoles regresaron a la primera plana. El Madrid fichó a Illgner, Secretario, Roberto Carlos, Seedorf, Suker y Mijatovic, desatando una ilusión bárbara; si bien el gran puñetazo sobre la mesa lo pegaría enfocado al banquillo, con la contratación de Fabio Capello. Y esto fue trascendente.<i> El Sargento</i> organizó nueve meses únicos -e imprescindibles- en el devenir de Raúl.</p>
<p style="text-align: justify">El Bernabéu ofreció al «7» una historia que ningún otro estadio hubiera podido gestarle, pero le dejó a deber, y mucho, en un ámbito de calado serio: el del entrenador. En el Madrid que le tocó vivir, los entrenadores eran vistos como un mal necesario, no como una herramienta deportiva <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/07/jose-mourinho-y-batman-parecidos-heroes/">capaz de hacer la diferencia</a>. Solo el mejor de cuantos tuvo, Don Fabio, atesoró talla y talento suficientes para imponer un método de trabajo estable y diseñar un sistema que también pensara en el mañana. En definitiva, para desarrollar un proyecto.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Capello pulió a Raúl defensivamente</span><a target="_blank" href ="https://imortaisdofutebol.files.wordpress.com/2013/01/milan-1994.jpg?w=960">Capello dibujó un 4-4-2 asimétrico parecido al del Milan de los Invencibles (el suyo)</a>. Se trataba de un Madrid sumamente sólido que aplicaba la presión concebida por Sacchi como en España no se había hecho; tuviera quien tuviese la posesión, Illgner veía la bola de lejos. Raúl, empleado como extremo izquierdo, se instruyó en el arte de defender formando parte de aquella medular. Entendió los secretos del posicionamiento, los pros y las contras de las coberturas y el significado de <i>«equilibrio»</i>. Aprendió a canalizar su resistencia y su nervio hasta convertirse en un verdadero argumento defensivo pese a su naturaleza de atacante. El Madrid ganaría Copas de Europa gracias a esto. </p>
<blockquote><p>El primer año de Suker y Mijatovic estuvo marcado por la movilidad, lo cual favoreció a Raúl.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En lo referido al ataque, qué mejor que empezar por la frase más rotunda de Capello: <i>«Estoy convencido de que actualmente tan sólo hay cuatro futbolistas que marcan la diferencia: Ronaldo, Del Piero, Kluivert y Raúl»</i>. Simple y llanamente, el «7» había explotado. Roberto Carlos se comía la banda sin ayuda de nadie, lo que aprovechó Fabio para dotar a Raúl de una libertad de movimientos absoluta. El crack tejía sociedades alrededor del campo entero. Para gestar y gestionar, se aliaba con el doble pivote, el formado por Redondo y Seedorf; mientras que más arriba, desarrolló una relación muy grácil <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/10/analisis-dupla-suker-mijatovic-delantera-real-madrid/">con Suker y Mijatovic</a>. Para la época, la pareja balcánica destacaba por móvil y técnica. Generaba espacios y asistencias para la joven promesa.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El 1-4 en El Calderón, su consagración</span>De haber una fecha que alumbrase su nacimiento como fenómeno mundial, sin duda dataría de entonces. En concreto, del <a target="_blank" href ="http://blancaefemeride.blogspot.com.es/2011/01/atletico-de-madrid-1-4-real-madrid.html">18 de enero de 1997</a>, en el Vicente Calderón. Se asistió a un primer tiempo de espesa igualdad hasta el minuto 32, cuando Kiko remató a las mallas un centro medido de Paunovic y dio pie al mejor fútbol del Atlético de Antic, el liderado por Pantic y Caminero. Aun así, el 2-0 nunca entró, porque el Real sabía resistir, y se llegó al descanso. A la salida, Raúl cazó un rebote en la frontal y convirtió el gol del empate. Oxígeno. Parecía que lo peor ya había pasado para los blancos. Pero apenas superada la hora de encuentro, Mijatovic fue expulsado por insultar al linier. Era lícito y lógico imaginar una avalancha rojiblanca.</p>
<blockquote><p>La expulsión de Mijatovic desató todo el fútbol de Raúl por el césped del Vicente Calderón.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Se le vio como un rival incluso para Ronaldo</span>Ocurrió que emergió una estrella. Tras aquella tarjeta roja, Raúl fue <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=caQoR9-oAGQ">un terremoto de fútbol</a>. Resultó incontenible, estaba en los tres carriles, robaba cada balón, decidía con rapidez, ejecutaba con velocidad, el acierto no le abandonaba, qué rotunda barbaridad. El Calderón se resignó al acontecimiento, palidecía cuando le miraba, y alcanzado el minuto 80, empatando en casa y con uno más, Antic quitó del campo a Kiko y cerró su medular con el pivote Vizcaíno. Pitaron pocos. Quizá solo uno. Igual fue Raúl. En la jugada posterior marcó el famoso gol del triple recorte a López. Un suspiro después, bajó un balón desde el cielo y sirvió a Seedorf el 1-3 tras óptima pared. Y sin tiempo para celebrarlo, metió un balón en profundidad a Víctor con el exterior de su bota zurda para el 1-4 definitivo. 12 días más tarde, Raúl visitaría a Ronaldo en el Camp Nou. Coparon cada portada. Era el duelo.</p>
<p style="text-align: justify">Fue tal la expectación levantada por la cita que incluso se innovó tecnológicamente para cubrirla de modo especial. Por primera vez en las retransmisiones de fútbol en España, se utilizó el recurso de la pantalla partida en pleno directo. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/media/postal/ronaldo.jpg">Cuando Ronaldo</a> cogía el balón, el plano se dividía y mostraba la manera en la que Raúl seguía su proceder. Cuando era el «7» quien participaba, se hacía lo propio pero a la inversa. Un show mediático al que hoy estamos habituados pero que en aquel momento nos pilló de nuevas. Y que no hizo más que contrastar la relevancia que estaba tomando aquel niño español. Evidentemente, no era tan bueno como R9; el caso no giraba sobre dicha trama. El truco consistía en que, fuera quien fuese el adversario del Real, el madridismo tenía a Raúl, y con él, siempre, siempre, podía ganar. Desde 1997 hasta 2003, así fue.</p>
<blockquote><p>La marcha de Capello devolvió a Raúl a la realidad: un equipo sin rumbo fijo o consistente.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El Madrid ganó la Liga y dijo adiós a Capello, que huyó al AC Milan tras recibir la llamada de Berlusconi. Ya en Italia, afirmó que trabajar en el Bernabéu resultaba imposible, y que si ni venciendo había un mínimo de calma, interna y externa, en el día a día, no quería imaginarse lo que sería aquello en dinámica negativa. Le suplió Heynckes, cuya principal novedad táctica radicó en la apuesta por el rombo en el centro del campo, con Redondo de mediocentro, Seedorf de interior izquierdo, Karembeu (o Víctor) en el derecho y Raúl como mediapunta. El equipo no tuvo continuidad, cambió bastante de esquema, pero aquel sería el más habitual. Para acabar de delimitar el marco del «7», conste el dramático y fugaz declive del croata Suker. Sería clave.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Socialmente, 1998 fue su único momento difícil</span>A título individual, la 97/98 sería traumática para Raúl. Justo cuando había pasado de esperanza local a estrella internacional, lo peor de la profesión se le vino encima. En plena pretemporada se le diagnosticó una pubalgia que mermó su rendimiento físico; la dolencia le afectó tanto que en pleno mes de febrero los doctores le exigieron 40 días de reposo. Durante estos, concedió una entrevista a la revista <i>«Hola»</i> en la que habló sobre su vida personal, y fue pillado <i>in fraganti</i> saliendo de discotecas de moda. Contextualicemos. La Liga había crecido, pero también se había sumido en el miedo. España era un país lleno de inseguridades, y la Ley Bosman, que tantos extranjeros trajo a su fútbol, había generado un clima de desconfianza que copaba las tertulias radiofónicas. Por ejemplo, a Seedorf, Mijatovic, Suker y cía se les apodó <i>«La Quinta de los Ferraris»</i>. Raúl representaba el contrapunto de todo aquello, en ello residía parte de su valor, y cuando se vendió que había traicionado su papel, el madridismo entró en cólera. En <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundo/1998/marzo/11/deportes/raul.html">la rueda de prensa de la redención</a>, ofrecida el 10 de marzo del 98 en un hotel ajeno a las haciendas del club, reconoció haber sido increpado por la calle al grito de <i>«borracho»</i>.</p>
<blockquote><p>El declive físico de Suker y Mijatovic le cerró la puerta del gol. Los dos balcánicos la taponaban.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El caldo de cultivo para tan desagradable atmósfera fue, por supuesto, deportivo. En particular se debió el pésimo desempeño del Madrid en Liga, donde quedó cuarto. Y uniendo cada punto, en la memoria caló que Raúl no jugó bien. Es repasando hoy los partidos de entonces cuando la visión se matiza poderosamente. Pese a sus problemas físicos, completó choques excelsos. Su sequía goleadora no respondió a su nivel individual, sino al nuevo sistema. Raúl veía taponada su llegada al área por dos delanteros (a elegir entre Mijatovic, Morientes y Suker) que no se estaban desmarcando. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=JN3Xkw8fMXs">Cuando se movían, el «7» respondía</a>, pero lo hacían poco. Para encontrar espacios, solo le quedaba abrirse, alejándose del peligro. En compensación, y como prueba de que aportaba como fuera, firmó la suma de asistencias más alta de su carrera, 12 en Liga.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ganar la Champions tan joven le benefició</span>Increíblemente, aquella temporada culminó con la consecución de la Séptima. El poso de Illgner, Sanchís, Hierro y Redondo, con <a target="_blank" href ="http://deportes.elpais.com/deportes/2015/04/21/champions/1429635123_175781.html">los tres goles de ¡Karembeu!</a>, obraron el milagro: 32 años después, el Madrid había reconquistado la Copa de Europa. La fecha estableció un antes y un después en cada merengue y en especial en los más jóvenes (Raúl y Roberto Carlos), que asimilaron las intrigas de la competición cuando todavía tenían toda su carrera por delante. Pero en lo que concierne a esta línea del relato, lo destacable fue el entorno. Dos anécdotas. A una semana de la Final contra la Juventus, el presidente Lorenzo Sanz llamó a Jupp Heynckes a su despacho y le preguntó cómo estaba. Según Sanz, le respondió: <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=W2pVGwMq-0k"><i>«Estoy hundido. Soy incapaz. Tengo fama de hombre duro, pero la situación ha podido conmigo»</i></a>. En otro término, y ya vinculado al propio día del partido, Raúl confesó que, de la <i>Vecchia Signora</i>, les abrumó hasta la bajada del autobús. El hecho de verles llegar en un vehículo oficial, uniformados de manera impoluta, etc, marcaba diferencias entre ambos clubes. El Madrid no llevó a Amsterdam ni el champagne; la propia Juventus le cedió el suyo. Si contamos esas peripecias no es para colorear el texto, sino para retratar, de forma cruda, lo que era el Real en el que creció Raúl. Pues además, todo lo que acontecía fuera del césped sufría su reflejo dentro del mismo. Desde que la herencia de Capello quedó destruida hasta la llegada de Luis Figo, el Madrid fue un equipo muy inferior a los mejores.</p>
<blockquote><p>A finales del 98, dirigido por Hiddink, Raúl ganó su primera Intercontinental con el gol del «Aguanís».</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Entonces, ¿por qué siguió obteniendo el Real tan buenos resultados en Europa? En gran parte, debido a la plenitud de Raúl. El grupo jugaba las noches primaverales con la jerarquía de un rey, y la plenitud del «7» equilibraba lo demás. Habíamos enumerado cinco de sus seis virtudes capitales: la chispa, la resistencia, el gol, la asociación y el liderazgo. La que restaba la adquirió entonces: una absoluta omnisciencia futbolística.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">JB fue el 7º entrenador despedido en 4 años</span>Para profundizar en el impacto de Raúl en los días decisivos, antes debe pre-describirse la rutina de aquel Real. La temporada empezó bajo la dirección de John Benjamin Toshack, que dibujó un 4-3-1-2 cuya medular se componía de Redondo, McManaman y Savio; un mediocentro y dos hombres sin formación defensiva. En la práctica, como en la teoría, fue un coladero. <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/1999/11/18/deportes/942879605_850215.html">El 18 de noviembre de 1999</a>, con un balance de tres victorias y mucha polémica en 11 jornadas, Toshack fue despedido y le suplió Del Bosque, que de primeras no supuso ningún plus. Con Vicente en el banquillo, se sucedieron las cinco derrotas más cruentas: el 1-5 contra el Zaragoza, el 5-2 ante el Dépor, el 2-4 frente al Rácing y las dos que le endosó el Bayern Múnich en la fase de grupos de la Champions, por 2-4 en el Bernabéu y por 4-1 en el Olímpico. Del Bosque miraba a sus suplentes y no veía centrocampistas, pero a su vez sabía que algo nuevo tenía que proponer, y tras aquellas goleadas, actuó en consecuencia: sacrificó a Savio, alineó un central extra y formó un 5-2-3. Es decir, protegió su área, pero vació la medular más si cabía. ¿Que en qué consistió la hazaña del «7»? En lograr que, ante los cuatro mejores equipos que había, nadie se diera cuenta. Compensó cada inferioridad numérica-futbolística&#8230; sin dejar de marcar goles.</p>
<blockquote><p>El FC Barcelona, el Manchester United, el Bayern Múnich y el Valencia CF sufrirían lo mejor de Raúl.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El 22 de octubre de 1999 se escribe con letras de oro. Todavía con Toschack en el banquillo, el Madrid viajó al Camp Nou para medirse a un Barça espectacular, que liderado por Figo, Kluivert y Rivaldo, parecía destinado a ganarlo todo. Y el «7» lo frenó en seco. En defensa, fue cerebro, piernas, zarpas y dentadura; y en ataque, usó a Redondo, Savio o Anelka según la necesidad. Con el argentino, aseguró posesiones que dieron aliento a los blancos; con el brasileño, destrozó la defensa posicional culé; y con el francés, mató a la contra. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=-zwLJ4LJgeI">Aquel Clásico constituye una de las pruebas más irrefutables sobre la exuberancia de su físico</a>, tanto en lo referido a la rapidez de movimientos como a su brutal resistencia. Y es que a lo expuesto sumó caídas a bandas, llegadas a línea de fondo y, claro, al gol. Hizo dos. Y dedicó su celebración<a target="_blank" href ="http://estaticos.archivo.marca.com/ficheros/marca/imagenes/ra/raulmandacallar354x215_ES.jpg"> más retratada</a>.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">La Champions 99/00 de Raúl fue algo increíble</span>En una línea parecidísima fueron sus partidos contra el Bayern Múnich en la semifinal (2-0, sirviendo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=mfzCWkMssXw">sendos pases decisivos a Anelka y Míchel Salgado</a>) y el Valencia en la gran Final de París (donde anotó el 3-0 definitivo). Y en un registro más diferenciado, que no menos inspirado, Raúl dominaría la que, a la postre, sería la noche más recordada de la Octava, la de Old Trafford. Tras el 0-0 cosechado en el Santiago Bernabéu, el Madrid parecía ir al matadero en vez de a Manchester, pues los de Ferguson no habían bajado ni un ápice el listón del Trébol del 99. Así que en pos de elevar siquiera un poco la solidez, Del Bosque dejó sentado a Anelka y salió con Savio de titular, invirtiendo a Raúl como punta de lanza de los contragolpes blancos. Aquella sería la primera noche mágica de un tal Casillas, la enésima de Roberto Carlos y la penúltima de Fernando Redondo. Pero Ferguson solo tuvo ojos para su jugador favorito. Para, en sus palabras, el mejor del mundo. Sir Alex amaba al «7» blanco.</p>
<blockquote><p>Cada partido de los Galácticos en el Bernabéu era como el estreno de un blockbuster en Navidad.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Raúl compartió días con Ronaldo, Roberto Carlos, Rivaldo, Figo, Zidane, Totti, <i>Sheva</i> y Henry; disentir del juicio de Ferguson cabía entre lo prudente, pero había algo sobre lo que no podía debatirse: pese al número de mitos en activo, el «7» era, sin duda, quien marcaba la pauta de la Liga de Campeones. El que más dominaba, el que más resolvía, el que más inspiraba, el que ganaba casi siempre. El Madrid tenía la pieza maestra. Tan solo necesitaba hacerle justicia para, como equipo, ser el número uno.<a target="_blank" href ="https://tosepower.files.wordpress.com/2013/05/galc3a1cticos.jpg"> Y empezó a hacérsela</a>.</p>
<p style="text-align: justify">En la entrada del siglo XXI, Florentino Pérez tomó la presidencia del Real y revolucionó su funcionamiento. El Santiago Bernabéu se convirtió en el parque de atracciones del fútbol; la camiseta blanca, en la prenda más vestida; y el plantel merengue, en la constelación de estrellas más fascinante jamás reunida. Visto con perspectiva, a aquel proyecto solo le faltó la guinda de un entrenador magnífico. Tácticamente, el sostén no existía; cada acción dependía del talento individual, tanto en defensa como en ataque. No existía el menor plus desde la pizarra. Por eso dejó escapar títulos que bajo ningún concepto debió perder. Aunque igual por la misma razón, por aquel desamparo de todo lo tangible, aquellos jugadores parecieron dioses en la Tierra. El hecho de cada solución fuera producto de la inspiración de un mago, del sudor de un elegido, del grito de una leyenda, causaba un golpe sensorial de viso incomparable. Eran una ventana. Fueron <i>«Los Galácticos»</i>.</p>
<blockquote><p>Jugaron la semi de Champions ante el Barça de Rexach a medio gas. Solo apretaban contra la élite. </p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En la noche de Reyes de 2002, regaló perfección</span>En lo vinculado a la consistencia, el curso más normal sería el de Luis Figo. El Madrid fue un equipo bastante rígido, siempre sujeto por un doble pivote con Makelele y uno más; estableciendo un orden que Roberto Carlos, el propio luso o Raúl rompían para ganar. Se pasearon en Liga. Si bien en Champions, Hitzfeld logró sujetarlos. El segundo año, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=GdSdhD-97Ew">el de la noche de Reyes del 5-01-02</a>, en la que Raúl hipnotizó el juego y al enorme Deportivo de la Coruña, sería el de Zinedine Zidane, que suplió en el once a McManaman y rompió la simetría del esquema. Fue ahí cuando Del Bosque se mostro incapaz de seguir el ritmo del talento. En los días tensos, el Madrid era invencible; pero cuando no estaba al 100%, carecía de táctica que le auxiliase. Levantó la Novena y cedió el campeonato nacional. El que recuperaría en <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=3QcCtPLWjk0">la tercera campaña</a>, la de Ronaldo Nazario, pese que a se acentuaron, aún más, tanto el valle como la cima. Cada viaje por la península parecía un posible pinchazo, pero luego, arribaba al Bernabéu un Milan con Maldini, Costacurta, Redondo, Seedorf, Rivaldo y <i>Sheva</i>, con Nesta y Pirlo de revulsivos, y se veía como un conjunto&#8230; técnicamente mediocre. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=7usmd5tCl9k">Y qué maravilla de Raúl</a>.</p>
<blockquote><p>Raúl compensaba lo que Del Bosque no podía. Una vez se apagó, los Galácticos se deshilacharon.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Hay que detenerse en aquella Copa de Europa. Sería la última. Y fue impresionante. El bombo de cuartos emparejó al Real con su viejo adversario, el Manchester United. La ida se celebró en el Bernabéu, el 8 de abril del susodicho 2003. Del Bosque alineó su once gala, con Figo en la una, Zidane en la otra, Raúl en el medio y Ronaldo delante. Profesaron el espectáculo esperado, no se atisbaba otra opción y nada distinto acaecería. Si acaso, que <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IkijYy1w2Ic">el «7», aquella noche</a>, iría un paso más allá. Y Ferguson perdió el sentido por él. <i>«¿Qué debe pasar para que remontéis en Old Trafford?»</i>, le preguntaron. <i>«Que Raúl no entre en Inglaterra»</i>, aseveró. Quién iba a decirle entonces que el sueño no volvería a su Teatro. Y que nunca más, en su vida, volvería a ser el de aquel Real Madrid 3-Manchester United 1. El «7» cayó víctima de <a target="_blank" href ="http://www.abc.es/hemeroteca/historico-22-04-2003/abc/Deportes/raul-operado-de-apendicitis-aguda-estara-un-mes-sin-jugar_175757.html">una apendicitis aguda</a>. Y en la vuelta de la semifinal ante la Juventus, en Turín, a su baja se sumó la de Ronaldo. Demasiada traca.</p>
<p style="text-align: justify">Y el verano siguiente aniquilaría el proyecto. Desarmó la plantilla y el equilibrio emocional de la entidad. El Madrid fichó a David Beckham, un gran jugador que no estaba al nivel de Ronaldo, Zidane y Figo, y cuya posición ideal coincidía con la del luso. Además, hicieron las maletas Makelele, McManaman, Flavio, Iván Campo, Geremi y Morientes, sin que llegara nadie para cubrir sus marchas. También dijo adiós un peso pesado, el histórico Hierro, una baja polémica que cedió la capitanía a Raúl, aumentando sus distracciones extrafutbolísticas. Y por último, el club prescindió de Del Bosque en favor de Carlos Queiroz, el segundo de Ferguson en el United. Bajo la dirección del portugués, el Madrid completó cinco meses de fútbol primoroso; en términos estéticos, la cúspide <i>galáctica</i> -mención especial a la brillante explosión de Cambiasso, que formó doble pivote con <i>Becks</i>-; pero la falta de banquillo destruyó la temporada. Poco a poco, los titulares se fueron desinflando, siendo Raúl uno de los más penalizados; y si había problemas y no había «7», la victoria se alejaba. El declive del mito blanco se lanzó por una rampa. Nadie lo frenaría. Y sería devastador.</p>
<blockquote><p>Desde 2004 a 2010, Raúl fue un jugador agotado enchufado a la respiración asistida del gol.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Sin su chispa, no podía ser él, y fue otra cosa</span>Raúl perdió la chispa. Su sprint agravó su lentitud, pero el drama residía en su galope, su trote y su caminar. Carecían de la vivacidad que daba sentido a su cerebro. No llegaba adonde quería, no podía solucionar lo que su lectura calificaba de incorrecto, estaba en terreno de nadie sin aportar ninguna cosa. Y lo peor fue lo demasiado en el tiempo que sobrevivió esta versión: nada menos que seis años, el equivalente al 37,5% de su estancia en el Bernabéu. Generaciones de madridistas crecieron confundidas, sin entender cómo un futbolista que parecía luchar por ser uno más, sin disfrutar ni divertir, era el ídolo de la afición. Alcanzado 2008, Schuster respetó su estatus y lo metió en el área, y como el olfato de gol sí lo conservaba todavía, recuperó cifras destacables; si bien el escasísimo ritmo con el que ejecutaba cada gesto le impedía rendir frente a los mejores. Por no apuntar que ralentizaba mortalmente el sistema ofensivo del Real. Tres cuartos de lo mismo sucedería con Juande Ramos; una situación que solo cambiaría cuando, en el verano de 2009,<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/10/cristiano-ronaldo-heroe-similitudes-thor/"> Cristiano Ronaldo </a>fue presentado en Concha Espina. El contraste  reveló lo insostenible. Poco a poco, perdió la titularidad. Y al fin, descansó.</p>
<blockquote><p>En definitiva, Raúl digitalizó la historia del Madrid para que siempre formase parte de su futuro.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El envejecimiento de <i>«La Quinta del Buitre»</i> dejó tras de sí un rastro de nostalgia. Y un estadio desprotegido, lleno de dudas. Pero <a target="_blank" href ="http://pbs.twimg.com/media/BZcnOpuCMAEgX_o.jpg:large">los tiempos del número «7»</a> alejaron cada nube. Raúl inspiró un Real suyo, vencedor y trascendente, que ganó, exactamente, como ganaba en blanco y negro. Hizo que Di Stefano nunca pasase de moda. Su estilo de juego, su carácter indomable, su expresión contundente y sorda. Todo tan parecido a lo de siempre, cuando todo cambiaba por segundos. Su legado es poderoso, imborrable, incorruptible. Sirva este texto para contactar con el futbolista. Porque lo primero, en esta historia, nunca lo olviden, fue el balón.</p>
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<p><a href="http://www.ecosdelbalon.com/2015/12/archivo-articulos-raul-gonzalez-blanco"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/raul/00.jpg"  alt=""  align="left" /></a> <a href="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/analisis-trayectoria-raul-gonzalez-seleccion-espanola/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/raul/02.jpg"  alt=""  align="left" /></a></p>
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		<title>Basado en una historia Real</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Nov 2013 02:55:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[se 25 de mayo de 1983, Ormaetxea formó con Arkonada, Celayeta, Gajate, Górriz, Olaizola, Diego, Larrañaga, Zamora, Bakero, Uralde y López Ufarte. Enfrente, la poderosa Juventus de Platini, Boniek, Bettega y los seis campeones del mundo. El marco, un Estadio Olímpico de Atenas abarrotado. La primera final de la Copa de Europa para la Real [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">E</span>se 25 de mayo de 1983, Ormaetxea  formó con Arkonada, Celayeta, Gajate, Górriz, Olaizola, Diego, Larrañaga, Zamora, Bakero, Uralde y López Ufarte. Enfrente, la poderosa Juventus de Platini, Boniek, Bettega y los seis campeones del mundo.<span id="more-98267"></span> El marco, un Estadio Olímpico de Atenas abarrotado. La primera final de la Copa de Europa para la Real Sociedad. Nunca sucedió, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=kZam_qrcsZk">es fútbol-ficción</a>, pero lo cierto es que estuvo mucho más cerca de ser realidad de lo que podamos pensar en 2013.</p>
<p style="text-align: justify">La Real Sociedad, un clásico del fútbol vasco y español, rondaba ya los 70 años cuando Alberto Ormaetxea tomó el relevo del que fuera su <i>jefe</i>, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Antonio_Irulegui">Jose Antonio Irulegui</a>, y fue nombrado entrenador del equipo donostiarra. A lo largo de esos 70 años la Real se había consolidado como un habitual de la Primera División, aunque en sus vitrinas sólo lucía un título nacional: la Copa de 1909.</p>
<p style="text-align: justify">Sin embargo, la falta de títulos no resta un ápice de importancia a la aportación de los <i>txuriurdin</i> a la historia del fútbol español. Empezando por su rivalidad con Athletic y Real Unión en los primeros años de la Liga, que ya venía desde la época de los campeonatos regionales. Uno de<span class="pullquote_right">Benito Díaz, entrenador de la Real Sociedad en los 40, introdujo en España la WM británica</span> los 10 clubes fundadores del campeonato estará esos primeros años unido al nombre del goleador Paco Bienzobas, el primer <i>Pichichi</i>. Los 40 serían del guardameta Ignacio Eizaguirre y del goleador Epi, que pasarían luego al Valencia donde alcanzarían las más altas cotas de sus carreras. Sin embargo, el gran personaje de esta etapa <a target="_blank" href ="http://erreala-rs.blogspot.com.es/2009/08/el-alma-de-la-real-moderna.html">será Benito Díaz</a>, un entrenador exiliado en Francia –dirigió al Girondins de Burdeos-, que cuando volvió a España se trajo consigo toda una revolución. Durante sus primeras temporadas la Real fue un equipo ascensor, alternando la Segunda y la Primera división, pero en la 46-47 el <i>tío Benito</i> decidió introducir en España la WM que tanto éxito había tenido en Inglaterra la década anterior, y que se estaba imponiendo como sistema estándar en todos los clubes de Europa. Aunque al principio la aparición del tercer defensa –que no era más que el resultado de retrasar al <i>center half</i>&#8211; causó polémica y fue tachada de excesivamente conservadora –<i>el autobús del tío Benito</i>-, pronto fue adoptaba por la inmensa mayoría de clubes e, incluso ,por la selección nacional, a la que el propio Díaz acabaría entrenando con gran éxito en el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=AJMbwqg-ILY">Mundial de Brasil 50</a>. En ese equipo estaban también Eizaguirre, que comenzó como portero titular pero perdió el puesto ante Ramallets, y otro ilustre jugador de la Real, el interior <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Antonio_Irulegui">Silvestre Igoa</a>, que sería elegido en el once ideal del torneo.</p>
<p style="text-align: justify">Los 25 años posteriores serían de consolidación en Primera, aunque divididos por un impasse de cinco años en Segunda a mediados de los 60. El período 67-78, bajo la dirección de José María Orbegozo, el presidente más longevo y a la postre más exitoso de la historia del club, sentaría unas bases que producirían éxitos impensables en la década de los 80.</p>
<blockquote><p>La llegada al banquillo de Alberto Ormaetxea cambiaría la historia del club.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En el verano de 1978, José Antonio Irulegui, hasta entonces entrenador del equipo, se marchaba al Español –todavía con ñ- y, como ya comentamos, su segundo, Alberto Ormaetxea, tomaba las riendas. La plantilla ya contaba con la presencia de jugadores como Arkonada, Kortabarria, Olaizola, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=qffT381udoY">López Ufarte</a>, Idígoras, Zamora o Satrústegui. Periko Alonso había debutado el año anterior y, en esa pretemporada del 78, se unían al primer equipo ni más ni menos que Górriz, Celayeta y Uralde. Así pues, cuando Ormaetxea cogió el timón, el grupo humano que marcaría la siguiente década de la vida en San Sebastián ya estaba formado.</p>
<p style="text-align: justify">Siguiendo el estilo de Irulegui, la defensa era la línea capital de cualquier posible éxito de la Real. El muro formado por los Kortabarria, Olaizola, Górriz y Celayeta se convirtió en la mejor línea defensiva de España y, por si fuera poco, atrás tenían a la gran figura del conjunto, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=5pte6EwxiRs ">Luis Miguel Arkonada</a>, un portero que tras unos años a la sombra de Artola y Urruti se había consolidado como titular. Con una agilidad increíble, sería el mejor portero de España por más de una década y se convertiría en un símbolo de la selección.</p>
<p style="text-align: justify">En la temporada 78-79 la Real ya dio un pequeño aviso de lo que se avecinaba, terminando cuarta y consiguiendo la clasificación para la Copa de la UEFA. El año siguiente será uno de los más recordados por toda la afición de San Sebastián: 1979-80, el año de la imbatibilidad de la Real. La temporada empezó muy bien, con el equipo acumulando buenos resultados e ilusionado por su aventura europea. El bombo les emparejó en la primera ronda con el potente Inter de Milán. La Real pagó la novatada en San Siro, donde fue derrotada por <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=uh-ahOTwLLk">un abultado 3-0</a> que parecía dejar sentenciada la eliminatoria. Pero en Atocha, con un equipo vasco envalentonado por el ambiente en el pequeño estadio, a punto estuvieron los milaneses de salir trasquilados. La Real consiguió ponerse 2-0, aunque no fue quien de completar la remontada. El Inter no iría mucho más lejos, ya que el Bayern le eliminaría en la segunda ronda –así era la vieja UEFA-, pero para la Real la eliminación abría las puertas a una temporada histórica en Liga.</p>
<p style="text-align: justify">Desde la jornada 10, el campeonato español vio un duelo titánico entre los donostiarras y el Real Madrid, que buscaba su tercer título consecutivo. Los de Ormaetxea acumularon una racha que les llevó hasta la jornada 32 invictos –lo que unido a los 6 últimos partidos de la temporada anterior marca un record, aún vigente, de 38 partidos sin perder-, pero aún así no lograron descolgar a un Madrid que les mantenía el ritmo. En la penúltima jornada el Sevilla derrotó a la Real –el famoso gol de Bertoni- y el Madrid <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=vt-AOBEm744">tomó un liderato</a> que ya no dejaría. Había estado muy cerca de caer el título y lo mejor de todo es que había material para pensar en que no era una casualidad. La Real volvería más fuerte en la 80-81.</p>
<p style="text-align: justify">Con un nuevo viaje por Europa, via Copa UEFA, como premio y el título de Liga en mente, los <i>txuriurdin</i>, que tenían en Bakero a su gran novedad, no consiguieron comenzar el año tan bien como el anterior. Aún así, el equipo de Ormaetxea nunca se descolgó demasiado de la lucha por el primer<span class="pullquote_left">La Real le birló una liga al Madrid que parecía imposible 2 meses antes</span> puesto, mientras lidiaba con sus compromisos europeos. La primera ronda de la UEFA les deparó un duro enfrentamiento <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/1980/10/01/deportes/339202808_850215.html">con el Ujpest Dozsa húngaro</a>, superado gracias a la victoria cosechada en Atocha. La Liga, mientras, se estaba desarrollando de manera muy diferente de la anterior. Mientras en la 79-80 la Real y el Madrid se distanciaron rápido de los demás, en la temporada 1981 un grupo de equipos que incluía, además de a los dos anteriores, a Atlético, Valencia y Barcelona parecían tener opciones al entorchado liguero.  Los donostiarras mantenían las distancias a la vez que despachaban al Brno checoslovaco en Europa –una vez más, empate fuera y victoria corta en casa-. No fue hasta mediados de diciembre, cuando la Real caía eliminada contra el Lokeren –otro de los numerosos clubes belgas que vivían un gran momento-, que los de San Sebastian se metieron de lleno en la lucha por la Liga. Sin embargo, una mala racha de cuatro partidos sin ganar parecía dejarles sin opciones a falta de 10 jornadas. Estaban a seis puntos del líder y séptimos en la clasificación. Pero, increíblemente, se obró el milagro y la Real encadenó seis victorias y un empate que le ponían líder mientras todos los demás equipos, excepto el Madrid de los Garcías –que jugó la final de la Copa de Europa ese año-, se desinflaban. En la última jornada, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=aRqNuBduFns">el ya mítico gol de Zamora</a> en Gijón daba a la Real un título que parecía imposible dos meses antes. </p>
<blockquote><p>La Real Sociedad juega <i>con los mayores</i> durante dos años.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Los <i>txuriurdin</i> aportaban en la temporada 81-82 una nota exótica en la Copa de Europa. Habían roto con la hegemonía del Real Madrid en España sin contar con extranjeros. El continente se hacía eco de la hazaña de un equipo formado sólo por jugadores vascos y en el que destacaba su columna vertebral: el segurísimo Arkonada, el racial e incansable Periko Alonso, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=dMSLxIpY-Ac">el cerebral Jesús Mari Zamora</a>, el ariete Satrústegui y el <i>pequeño diablo</i> Roberto López Ufarte, quizá la gran figura del fútbol español a un año vista del Mundial que se celebraría en suelo patrio. Por supuesto, la sólida línea defensiva de Ormaetxea seguía ahí, así que una larga campaña en la Copa de Campeones no sería descartable.</p>
<p style="text-align: justify">Europa vive una época de dominio del fútbol británico. Los clubes ingleses ya encadenaban cinco trofeos consecutivos (<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/07/liverpool-fc-identidad-historia-evolucion-shankly-paisley-fagan-dalglish/">tres del Liverpool</a> y dos del Nottingham Forest), y en Europa se admiraba y se imitaba su estilo. Se puede decir que el fútbol<span class="pullquote_right">En Europa primaba el fuerte estilo inglés</span> continental vivía en una exhaltación contínua del juego físico y, sin duda, la edición de 1982 será una de las más duras en este aspecto. A lo largo del continente surgen nuevos equipos que se convertirán en huesos duros de roer. El Aberdeen y el Dundee cuestionan la supremacía de Celtic y Rangers en Escocia, los rocosos Dinamo de Bucarest y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Bqgj6BLYcWg ">Universitatea Craiova</a> están al alza en Rumanía, el Bayern, más allá de Rummenigge y Breitner, acumula camiones de carga y marca tendencia entre los equipos de la Bundesliga –especialmente Kaiserslautern, Moenchengladbach y Eintracht- y en la propia selección, y los ingleses presentan a su sorprendente campeón, el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=m6xSbPjybok ">Aston Villa</a>, otro conjunto basado en el tradicional <i>kick and rush</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Sin duda, uno de los mejores exponentes de esta nueva ola del fútbol europeo es el rival que el bombo depara a la Real en primera ronda: el CSKA de Sofía. Los búlgaros son grandes, agresivos y tienen un fortín en el estadio Vasil Levski de Sofía. En la ida los búlgaros marcaron hombre a hombre a Zamora y López Ufarte, desactivando así el juego de los de Ormaetxea. El empate inicial no era un mal resultado, pero a falta de un minuto, Ionchev marcaba el único gol del partido y de la eliminatoria. En Atocha tampoco aparecieron los mejores jugadores de la Real Sociedad y los vascos, en su primera aparición, <a target="_blank" href ="http://es.uefa.com/uefachampionsleague/season=1981/clubs/club=50123/matches/index.html">decepcionaban a Europa</a>. Los críticos al estilo del juego <i>arcáico</i> de Ormaetxea se llenaron de razones, aunque no es que el CSKA fuese precisamente el Ajax de Cruyff.</p>
<p style="text-align: justify">Era septiembre, quedaba la Liga y la Real tuvo que luchar contra Barcelona y Real Madrid por revalidarla. Se inició bien la campaña, aunque un pequeño bache puso a los dos grandes por delante. En una lucha a tres bandas la Real llegó de nuevo a la última jornada como líder y la celebró en casa derrotando al Athletic. ¡Una manera inmejorable! La Real conseguía un increíble <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=wPgMueTbroI">segundo título de Liga</a>, el billete para tomarse la revancha con la Copa de Europa y, como fin de fiesta, seis de sus jugadores –Arkonada, Alonso, Satrústegui, Zamora, López Ufarte y Uralde- formarían la columna vertebral de España en el Mundial de casa. Sin embargo, la Copa del Mundo <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=PBMewNg4a9I">fue un fiasco</a> para los hombres de Santamaría y muchas de las críticas recibidas fueron a parar a los jugadores de la Real.</p>
<blockquote><p>La histórica Copa de Europa de 1983 aún se recuerda en todo San Sebastián.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Para la 82-83 la Real estaba metida en cinco frentes. En la Liga le fue imposible mantenerse arriba y luchar por un tercer entorchado consecutivo, pero se ganó la primer Supercopa de España moderna ante el Real Madrid, incluyendo un 4-0 en Atocha. La Real tampoco llegó muy lejos ni en la Copa del Rey ni en la recién creada Copa de la Liga, pero era la Copa de Europa, tan esquiva el año anterior, lo que centraba la atención de los donostiarras. Europa no había cambiado mucho y, de nuevo, en la pomada estaban el Liverpool, los sorprendentes campeones del Villa, el potente –en todos los aspectos- Hamburgo, los Dinamos de Kiev y Bucarest, la <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=c5agKRoe0hg">Juventus de Platini</a>, los desconocidos polacos del Widzew Lodz –que habían reforzado el equipo con lo obtenido tras la marcha de Boniek- o el Celtic. </p>
<p style="text-align: justify">La primera ronda llevó a la Real a Islandia, para medirse al Vikingur. En Reikjavik, Satrústegui marcó el primer gol de la Real en la Copa de Europa. Internacional y fijo en las convocatorias de Santamaría, su poderío en el juego aéreo y su oportunismo le convirtieron en uno de los <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=TvR-Q6nBTc4">mejores nueves de España</a> y en el más legendario de la historia de la Real. Fue uno de los damnificados por el Mundial, pero en la Real seguía siendo un ídolo. En la vuelta volvió a marcar y fue decisivo, junto al doblete de Uralde, en la victoria 3-2 ante unos islandeses que se subieron a las barbas de los vascos.</p>
<p style="text-align: justify">El Celtic de Glasgow, que venía de eliminar al Ajax, fue el rival de los de Ormaetxea en octavos de final. Esta vez la Real debía jugar primero en casa y sacar un buen resultado se antojaba capital para el viaje a Celtic Park. En apenas cuatro minutos, los enrachados Satrústegui y Uralde<span class="pullquote_left">Satrústegui no podría ser parte del equipo desde cuartos de final</span> dejaron un 2-0 fantástico a favor del conjunto vasco. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=YpGjUTbcNlY">En la vuelta</a>, Uralde adelanta a la Real y prácticamente sentenciaba la eliminatoria, aunque el Celtic consiguió remontar el partido merced a dos goles de McLeod. La eliminatoria había sido muy dura a nivel físico, una más de las que conformaron estos octavos de final, especialmente las CSKA &#8211; Sporting de Lisboa, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=LzfQoyHOT_U">Dinamo de Bucarest &#8211; Aston Villa</a> o Rapid de Viena &#8211; Widzew Lodz. Por el contrario, el Dinamo de Kiev ni siquiera había tenido que jugar, ya que el Nentori albanés se negó a competir contra un rival soviético. Eran más papistas que el Papa o, mejor dicho, más estalinistas que los blandengues de Moscú. Esto también era Copa de Europa. Esperaban guerras en las siguientes eliminatorias y, para más inri, apenas una semana después del partido de Celtic Park, Satrústegui se rompía el menisco y los cruzados, una lesión terrible que le mantendría alejado de los terrenos de juego lo que quedaba de temporada y también la siguiente. Nunca volvería a ser el mismo.</p>
<p style="text-align: justify">Así pues, los cuartos de final midieron a la Real con el Sporting de Lisboa. En los portugueses destacaban especialmente el portero húngaro <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=3ZQ0mfGnusM">Meszaros</a>, un bigotón con una agilidad comparable a la de Arkonada, y el atacante Jordao, que años atrás había sido designado como sucesor de Eusebio por su velocidad y capacidad goleadora pero al que una lesión de rodilla en su etapa en el Zaragoza dejó <i>simplemente</i> en un excelente jugador. El buen conjunto portugués marcó su territorio en la ida ganando 1-0 y anulando el juego de la Real, pero <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=WDp5tT8C0iY">en la vuelta</a> en Atocha, el pequeño terreno de juego y la fogosidad de los donostiarras propiciaron la remontada con goles de Larrañaga y un joven Bakero que tomaba el relevo de Satrústegui. Dos a cero y ¡a semifinales! Junto a los vascos se clasificaban también el Hamburgo, el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=o8YV7pNyYgw">Widzew Lodz</a> del portero Mlynarczyk –ganaría la Copa de Europa con el Porto- y el atacante Smolarek, y la Juventus. Los polacos habían eliminado al poderoso Liverpool y los italianos habían terminado con el reinado del Villa.</p>
<p style="text-align: justify">Mientras Widzew y Juve dirimían un finalista, Real y Hamburgo se jugaban la otra plaza en la final de Atenas. Atocha reventó para apoyar a su equipo en una de las <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=kqH9RoDuth0">citas más importantes</a> de su historia. El gol de Wolfgang Rolff fue un tremendo varapalo, pero la afición <i>txuriurdin</i> siguió empujando y creando ese ambiente tan especial que se daba en su histórico campo. El gol del pundonoroso Gajate igualó el partido y dio esperanzas a los realistas de cara al partido en el Volksparkstadion. Eso sí, el reto era impresionante, ya que la Real se presentó en Hamburgo con las bajas de cuatro de sus puntales: Kortabarria, Gajate, Zamora y la ya consabida de Satrústegui. </p>
<p style="text-align: justify">Arkonada, Celayeta, Murillo, Górriz, Olaizola, Diego, Zubillaga, Larrañaga, Orbegozo, Uralde y López Ufarte formaron el once ese día. Enfrente estaban los Manfred Kaltz, Feliz Magath, Lars Bastrup –la sensación de la temporada<span class="pullquote_right">En Hamburgo, los de Ormaetxea estuvieron cerca de sorprender</span> en Europa- o Horst Hrubesch. Al descanso se llegó con empate a cero y un linier lesionado. Fue sustituído por uno de los suplentes, un juez de línea nacido en Hamburgo, en una decisión que hoy nos hace llevarnos las manos a la cabeza pero que antes era normal. Los hombres de Ormaetxea dieron la cara y estuvieron a punto de dar la sorpresa. A falta de 15 minutos, Dietmar Jakobs parecía <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=ZpcxSnXJsvE">sentenciar la eliminatoria</a>, pero apenas cinco después Diego empataba y daba ánimos a los vascos. Desgraciadamente, la alegría duró poco, ya que en el 83 Von Hessen, en claro fuera de juego, marcaba y decidía el pase del Hamburgo. Bruno Galler, el trencilla suizo, uno de los favoritos de UEFA y FIFA durante ese período, concedió el gol a instancias del juez de línea hamburgués. Volaba la final de la Copa de Europa, aunque la imagen que había dado la Real había sido buena durante todo su viaje europeo.</p>
<blockquote><p>Tras el trienio dorado de Ormaetxea, todavía quedaba un lustro de satisfacciones.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Una vez concluída la temporada 82-83, la Real entró en el período de decadencia que afecta a todos los grandes equipos. Aún así, los cinco años siguientes fueron más que dignos y el conjunto de San Sebastian envejeció de forma muy digna. Poco a poco los miembros del equipo iban retirándose o abandonando el mismo, incluyendo al presidente Orbegozo o al propio Ormaetxea, que en 1985 dejó paso a un joven entrenador galés, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/John_Benjamin_Toshack">John Benjamin Toshack</a>, que daría un último impulso a las carreras de alguna de las leyendas <i>txuriurdin</i>. Al igual que durante todo el ciclo, la suerte de la Real estuvo unida a la de Arkonada. </p>
<p style="text-align: justify">El gran guardameta donostiarra había perdido el puesto en la selección nacional en 1985 y, un año más tarde, sufrió una grave lesión que amenazó su carrera. Se recuperó y jugó dos años más a buen nivel. En estas temporadas la Real, con una nueva generación encabezada por Bakero, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=6N2NXnw8f0M">Txiki Beguiristain</a>, López Rekarte o Loren que acompañaba a los ilustres Arkonada, Górriz, Larrañaga, Gajate, Zamora o López Ufarte, que en su último partido como realista sería protagonista en la victoria en la <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=R8i9lbUeM50">Copa del Rey del 87</a> ante el Atlético de Madrid. Al año siguiente, la Real fue subcampeona de Liga y Copa, lo que convirtió en piezas muy cotizadas a sus jugadores. Bakero, Beguiristain y López Rekarte se fueron al Barcelona, pero aún así la Real completó una buena temporada de 1989, llegando a cuartos de final de la UEFA, donde fue derrotada por el Stuttgart. Al final de esta campaña, Arkonada se retiró y Toshack se fue al Real Madrid, poniendo fin a la década dorada de la Real Sociedad. </p>
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		<title>Liverpool FC (I): La fórmula del éxito</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Jul 2013 02:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Quintana]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">“M</span>y greatest challenge is not what’s happening at the moment, my greatest challenge was knocking Liverpool right off their fucking perch”.</i> No cuesta demasiado imaginar a Brian Clough o Ron Atkinson pronunciando<span id="more-75988"></span> estas palabras en pleno apogeo <i>red</i>, pero en realidad <a target="_blank" href ="http://www.sportskeeda.com/2012/08/30/top-10-sir-alex-ferguson-moments-at-manchester-united/">son obra</a> de Sir Alex Ferguson&#8230; en 2002, doce años después de la última liga del Liverpool y tras siete de su Manchester United. Esa posición de privilegio de la que el técnico escocés quería apear a su máximo rival, por tanto, no era otra que la hegemonía histórica del fútbol inglés. Un honor que el Liverpool alcanzó en los setenta y consolidó en los ochenta, pero que tiene su punto de partida en 1959 cuando <a target="_blank" href ="http://static.guim.co.uk/sys-images/Football/Pix/pictures/2008/07/27/PA2.jpg">Bill Shankly</a>, otro escocés, cogió las riendas de un club, por entonces, en la Second Division.</p>
<p style="text-align: justify">Su impacto en el Liverpool va más allá de convertir en campeón a un club que en 67 años <i>sólo</i> lo había sido cinco veces. Es una cuestión de filosofía, identidad y orgullo. Bill Shankly canalizó los sentimientos<span class="pullquote_right">Shankly dio la personalidad a la ciudad y a su propio club</span> de la parte <i>red</i> de Liverpool, enseñó a su equipo cómo portarlos con orgullo y los aficionados hicieron el resto definiendo los símbolos que aún les representan. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=oHdSaPt8RyA"><i>The Kop</i></a> se hizo conocida por su apabullante energía, el <i>«You&#8217;ll Never Walk Alone»</i> se adoptó como himno por petición popular y Anfield se convirtió en un lugar tan mágico como <i>The Cavern</i>. Fue un proceso lento, asumido de forma natural y que se vio acompañado, por supuesto, por lo que se decidía en <a target="_blank" href ="http://en.wikipedia.org/wiki/The_Boot_Room">la histórica <i>boot room</i></a>. Allí Shankly no abandonaba su rol de manager, pero lo ejercía a su manera. En un ambiente de copas y puros, hacía partícipe de las decisiones a un staff técnico muy bien definido y aún mejor complementado. Mientras Joe Fagan hablaba del estilo que debía tener el equipo y Reuben Bennett hacía hincapié en lo físico, Bob Paisley señalaba los fichajes que debían hacerse para seguir creciendo. </p>
<p style="text-align: justify">Así, contando también con la opinión de sus propios futbolistas, peinaron el fútbol británico en busca de talento a bajo coste. Al canterano Callaghan y el goleador Roger Hunt se le unieron rápidamente el defensa Ron Yeats<span class="pullquote_left">El buen ojo fichando dio la posibilidad de ganar títulos</span> y el delantero Ian St.John, dos <i>hall of fame</i> del club que llegaron justo por la mitad de lo que <a target="_blank" href ="http://en.wikipedia.org/wiki/Progression_of_British_football_transfer_fee_record#cite_note-NOTW2-17">le costó</a> al United recomprar a Law. El rastreo y buen ojo era tal que, cuando Hunt y St.John comenzaron su cuesta abajo, llegaron John Toshack (£110.000) y el legendario <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=8NtyDsd3WB4">Kevin Keegan</a> (£35.000) procedentes de la cuarta división a la vez que Tottenham o Arsenal fichaban campeones del mundo como Peters  o Ball por más de £200.000. El Liverpool se había convertido en un muy buen equipo y, tras algunos títulos en Inglaterra y varias tentativas en Europa, en 1973 los <i>reds</i> lograron un histórico doblete con Liga &#038; <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Yp9mtHTiME4">UEFA</a>. Al año siguiente, Shankly se despidió del club al que había enseñado la fórmula del éxito a nivel institucional, deportivo y social. Su figura caló tan hondo que sería imposible olvidar su legado, pero antes de irse, por si acaso, clavó la placa de <i>“This is Anfield”</i> en la bocana de vestuarios <i>“para recordar a nuestros muchachos qué camiseta defienden y a nuestros adversarios contra quién juegan”</i>. </p>
<blockquote><p>Bill Shankly reconoció que se equivocó retirándose tan pronto.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Su sucesión podía plantear un debate complejo, pero Shankly lo evitó designando a <a target="_blank" href ="http://www.marca.com/2011/07/06/futbol/futbol_internacional/premier_league/1309949551.html">Bob Paisley</a> como su heredero. No había razones para grandes cambios; el modelo debía mantenerse como sucedería años más tarde con Fagan y Dalglish. Paisley asumió el mando, mantuvo la tradición del <i>boot-room</i> con el mismo staff de Bill (a Fagan y Bennett se les habían unido Roy Evans, Ronnie Moran y Tom Saunders), y llevó al Liverpool a las cotas más altas. Para ello, aunque mantuviera su don para cazar jóvenes talentos como el lateral <a target="_blank" href ="http://en.wikipedia.org/wiki/Phil_Neal">Phil Neal</a> (cuarta división), el club dio un paso adelante en su ambición en el mercado. </p>
<p style="text-align: justify">Así debía ser, sobre todo, tras la marcha de Keegan en 1977. El Liverpool acababa de ganar la Liga y su <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Dayq5OiPcNM">primera Copa de Europa</a>, pero vio como su estrella fichaba por el Hamburgo por medio millón de libras. Paisley<span class="pullquote_right">Kenny Dalglish mejoró incluso la labor de Kevin Keegan</span> miró entonces a Escocia, preparó una cifra récord (£440,000) y se trajo a Kenny Dalglish, acompañado por Alan Hansen y Graeme Souness. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=9xXkydFvIKA"><i>«King Kenny»</i></a> no sólo cumplió las elevadas expectativas, sino que encajó aún mejor que Keegan en el esquema de Paisley. Así, con él en punta y los otros dos escoceses como titulares, tiranizaron el fútbol inglés y ganaron otras dos Copas de Europa para mayor gloria de la ciudad. El Liverpool se convertía en un club histórico de grandes leyendas, que sabía mezclar carreras muy largas (Ray Clemence 662 partidos; Emlyn Hughes 665) con una continua renovación que provocaba que entre la primera Copa de Europa de Bob (1977) y la tercera (1981) sólo repitieran en el once cuatro futbolistas. Para garantizar esto, cuatro años antes de irse, Bob Paisley tomó la decisión de romper otro récord: pagar £300.000 por un juvenil. Era toda una declaración de intenciones: el L&#8217;Pool tenía el mejor equipo de Inglaterra, con Dalglish como estilete y decidía <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=EMS5Kb_AGUA">fichar a Ian Rush</a>, el mejor joven del país.</p>
<p style="text-align: justify">Como si de la tercera y cuarta posta de una carrera hacia la gloria se tratara, Joe Fagan y Kenny Dalglish continuaron la labor de Bill Shankly y Bob Paisley. Grandes nombres para grandes metas y grandes resultados. Con Fagan el Liverpool logró un triplete que culminó al derrotar a <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/07/historia-identidad-as-roma-nacida-para-ser-grande-calcio/">la Roma</a> en su hogar, pero alcanzar la siguiente final fue su triste despedida. Caer ante la Juve fue lo de menos, aquel día se produjo <a target="_blank" href ="http://www.abc.es/20100610/archivo-historia-abc/heysel-castastrofe-bruselas-liverpool-201006101230.html">la tragedia de Heysel</a>. El técnico decidió retirarse, abandonar el club tras 36 años y ceder el testigo a <i>«King Kenny»</i>, que ejercería de jugador-entrenador y asumiría la labor de liderar al club durante su larga sanción europea. Lo que podía suponer un indirecto golpe de muerte a la hegemonía del Liverpool en el fútbol inglés, no lo fue ni mucho menos. Su heredado <i>passing game</i>, con Jan Molby como pieza clave y John Barnes como estrella, siguió dominando Inglaterra.</p>
<blockquote><p>Durante estas cuatro etapas, el Liverpool tuvo un mismo estilo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><i>“Simplemente pásale la pelota al futbolista de rojo que tengas más cerca”</i>. Esta frase, célebre por su sarcasmo, era la máxima del estilo que implantó Bill Shankly cuando, en un tiempo donde pocos contradecían el tradicional <i>kick and rush</i>, buscó rasear el cuero. No extraña, por tanto, que nada más llegar <i>obligase</i> a la directiva a arreglar el maltrecho césped de Anfield y que Fagan, que había militado en un <a target="_blank" href ="http://www.abc.es/20100610/archivo-historia-abc/heysel-castastrofe-bruselas-liverpool-201006101230.html">ManCity pre-Revie</a> ya de gusto por el toque, se encargara del trabajo táctico del equipo. Esta idea de juego, que se mantuvo incluso sin ellos en el club, se vio siempre potenciada por el carácter ganador que se forjó en Liverpool <a target="_blank" href ="http://www.liverpoolfc.com/news/latest-news/bill-shankly-in-quotes">desde 1959</a>. Cada minuto, cada partido y cada campeonato lo competían al máximo. Siempre tenían varios frentes abiertos, pero jamás renunciaron a uno. Así se explica que durante el reinado del <i>boot room</i> y el <i>passing game</i>, los <i>reds</i> acumularan 13 Ligas, 13 Supercopas, 4 FA Cup, 4 Copas de la Liga, 4 Copas de Europa, 2 UEFAs, 1 Supercopa de Europa&#8230; y 23 subcampeonatos. Lo que sucedería a partir de 1992, sin <i>«King Kenny»</i> y con el nacimiento de la Premier League, ya es otra historia.</p>
<p>&nbsp;<br />
&nbsp;</p>
<blockquote><p>Este artículo hubiera sido imposible de realizar sin la inestimable y enciclopédica ayuda del amigo Sergio Vilariño.</p></blockquote>
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		<title>Aunque sea en silencio</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Jun 2012 01:00:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Nerea Zusberro]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
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		<category><![CDATA[Eurocopa 2012]]></category>
		<category><![CDATA[Toshack]]></category>
		<category><![CDATA[Xabi Alonso]]></category>

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		<description><![CDATA[]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<div class="three_fourth"><i><span class="dropcap">“L</span>a historia la hacen aquellos que rompen las reglas”</i>, Carl Brashear. La llamada de John Toshack le obligó a transgredirlas.<span id="more-18245"></span> Xabi cambió en una tarde los desolados campos de segunda por la capitanía de una generación memorable y posteriormente exitosa. Con el peso de la inmadurez haciendo resbalar un brazalete demasiado holgado para un chico de 19 años, comprendió que dicho entrenador le había hecho líder antes que futbolista. Casualmente, el grueso de su carrera giraría en torno a quien lo hizo crecer. Con un café como mejor acompañante, <a target="_blank" href ="http://real-sociedad.diariovasco.com/noticias/2011-07-06/aviso-navegantes-20110706.html">aún se ríen de ello</a>, de cómo abandonó la niñez al decidir que él, a esto del fútbol, no jugaría con los pies, sino con la cabeza. </p>
<p>Anoeta sembró, Anfield aró y el Bernabéu recogió el fruto maduro. Aún expuestos a un Xabi diferente, los tres escenarios despertaron hacia él una sensación de apego unánime, exclusiva de quienes le han confiado un sentir común. Él no es un tipo carismático, pero sí elegante, poseedor innato de ese pase de 40 metros que cae manso sobre el pasto, que roza la hierba sin mayor pretensión que la de ser bello. Pese a ello, cualquier cualidad ha quedado socavada por una capacidad de liderazgo inherente a su trayectoria. Él es un líder, silencioso pero mordaz. Tanto que, casi sin querer, ha puesto cura a <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/06/aspirar-a-rey-o-ser-un-dios/">los males de la selección española</a>: verticalidad y carácter. España necesita que Xabi Alonso la guíe. Aunque sea en silencio.<br />
</div>
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