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	<title>Ecos del Balón &#187; River Plate</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>Batistuta, un hombre común #yomequedoencasa</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Apr 2020 03:52:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo José Ustaritz]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando Jorge Griffa lo vio la primera vez, Batistuta era un chico más bien gordo. Bien entrado en la adolescencia, Gabriel no se consideraba futbolero. Le gustaba más el basquetbol, sobre todo porque la cancha era más pequeña y se jugaba entre paredes y no hacía frío. Soñaba con ser Michael Jordan. O, mejor, le [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Cuando Jorge Griffa lo vio la primera vez, Batistuta era un chico <a target="_blank" href ="https://www.pagina12.com.ar/1998/98-06/98-06-15/rota3a.htm">más bien gordo</a>. Bien entrado en la adolescencia, Gabriel no se consideraba futbolero. Le gustaba más el basquetbol, sobre todo porque la cancha era más pequeña y se jugaba entre<span id="more-272042"></span> paredes y no hacía frío. Soñaba con ser Michael Jordan. O, mejor, le hubiera gustado serlo. Su ambición, y la de sus padres, era terminar la secundaria, estudiar alguna carrera, graduarse, trabajar, divertirse. Una vida normal. Como la de cualquier otro. Al fútbol jugaba para no quedarse <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=zvp5XOYEMDM">por fuera del ritual de sus amigos</a> y más allá de un Maradona que conocía porque alguien alguna vez le había regalado un póster que colgó en su cuarto, no sabía nada sobre el universo esférico que movía al país. Lo de él era una vida normal, pero, para su fortuna, tenía un don incorregible: marcar goles.</p>
<blockquote><p>Batistuta no tenía planeado ser futbolista hasta sus 18 años</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Esa tarde que Griffa supo que en Batistuta había un goleador inexorable, el pibe del Reconquista le anotó 4 a Newell&#8217;s en la disputa de un torneo juvenil. Ese mismo día, Griffa convenció a su padre de que lo dejase entrenar un año en Newell&#8217;s, en Rosario y lejos de casa, porque veía en él un potencial diferente. Cayó entonces bajo las manos formadoras de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8yG5AEZ2QOc">Marcelo Bielsa</a>, quien le enseñó la profesión, le enseñó de táctica y lo puso a dieta. Con el &#8216;Loco&#8217;, Batistuta aprendió a ser futbolista. En nada estaba jugando la final de la Copa Libertadores. Un año duró en la primera del equipo rosarino antes de ser transferido a River Plate. En veintiún partidos, había anotado siete goles. Jugaba con la &#8216;7&#8217; y había en él algo que intimidaba: <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jTKmNGugFQw">una potencia animal</a>. Para todo. Para correr, para pelear y para golpear el balón. Batistuta, que se había convertido en futbolista sin buscarlo, era un acontecimiento.</p>
<p style="text-align: justify">En el equipo de Nuñez, bajo la dirección técnica de Daniel Passarella, quien luego sería su entrenador en la selección durante sus mejores años, Batistuta decepcionó. Quizás por su terrible velocidad y fuerza a campo abierto, Passarella lo hizo jugar como puntero izquierdo o derecho dependiendo de la ocasión. Y dado que el equipo &#8216;millonario&#8217; contaba con una nómina amplia, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8ML8eeXldyc">el joven Batistuta</a> vio limitados sus minutos a intervenciones desde el banquillo. Anotó un par de goles, aunque también erró varios. A los seis meses, cuando pensaba que ya tenía que volver a empezar, apareció Boca Juniors. Lo había pedido Carlos Aimar para su plantel. La oportunidad era única; sin embargo, en su nueva casa, &#8216;Bati&#8217; volvió a ver más de cerca la línea de cal que el punto de penalti. Afortunadamente para él, Boca quedó octavo en el Apertura 90&#8242; y Aimar fue reemplazado por Óscar Washington Tabárez. El uruguayo, que lo había visto en la final de la Libertadores 88&#8242; ante Nacional, no lo dudó. ¿Qué habían visto en él Passarella y Aimar para sacarlo del área? Tabárez, por suerte, nunca lo supo. Con él, Batistuta, con la &#8216;9&#8217;, jugaría de centrodelantero. Y se salió: haciendo dupla con Latorre, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=-DB6iUwC5r0">&#8216;Bati&#8217; metió 11 goles</a> en el Clausura 91&#8242; y se ganó un puesto en la nueva selección de Basile para la Copa América de Chile.</p>
<blockquote><p>Es el gran centrodelantero de la historia del fútbol argentino</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Imjww7RreOU">Con la albiceleste impresionó</a>. Seis goles en siete partidos, anotando en todos menos en el 0-0 contra la selección local, le dieron el título de máximo artillero de la competición y a Argentina la coronan campeona. Era el comienzo idilio con el que nunca soñó, pero que lo marcó para siempre: 54 goles en 77 partidos que lo convirtieron desde 1998, cuando anotó su gol 35 con la selección y superó a Maradona, hasta 2016, cuando lo pasó Messi con alrededor de treinta partidos más, en el máximo goleador histórico de la selección &#8211; además del máximo goleador argentino en Copas del Mundo, con 10 tantos -. Números que lo transformaron en el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=7YniB5czMYI">gran delantero centro</a> del combinado argentino.</p>
<p style="text-align: justify">Esos primeros y fulgurantes seis meses de 1991 lo llevaron a fichar por la Fiorentina. En Italia, el Olimpo del fútbol, Batistuta demostró que lo suyo no era casualidad. Aquello que el ojo clínico de Griffa había visto en el &#8216;gordito&#8217; al que no le gustaba jugar al fútbol, era cierto. Sus más de doscientos goles en el durísimo campeonato italiano de la época hablan por sí mismos. Para Batistuta, el fútbol era su trabajo y su oficio era el de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Jq-7PbgZBl8">marcar goles</A>. Y en eso era un obseso. Un goleador impresionante, armado con un remate violentísimo y de precisión quirúrgica con ambas piernas, que llevaba a los rivales al límite, que todo lo realizaba en pocos toques y siempre pensando en la portería contraria. Su olfato de gol era bestial; de cazador. Y su ansía anotadora no tenía comparación. Sus <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=zZnb1slPYio">limitaciones técnicas</a>, que por momentos rozaban con la torpeza, eran borradas por esas cualidades demoledoras. Durante una década, Gabriel Omar Batistuta, un hombre común, fue el goleador más temible del mundo. No era el mejor, porque eso era para puristas. Era el más temible. Y todo a punta de trabajo, como cualquier obrero. </p>
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		<title>Di Stefano, el jugador detrás del mito #yomequedoencasa</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2020 09:54:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”, Étienne Decroux. ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que «hasta donde [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”</i>, Étienne Decroux.</b><span id="more-271856"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">P</span>ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que <i>«hasta donde alcanzaba a saber»</i> estaba emparentado con <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/"><i>«los Drake y los Brown»</i></a>, los que <i>«hicieron la historia del fútbol argentino»</i>. Se refería con ello a la fundación <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Alumni_Athletic_Club">del Alumni</a>, el legendario club del amateurismo por cuanto fue el principal acaparador de títulos durante la primera década del siglo XX. Sin embargo, esta supuesta relación entre ambos mitos resulta dudosa. Probablemente una leyenda familiar. Los parientes <i>«británicos»</i> de Di Stefano eran de origen irlandés, mientras que los Brown del Alumni descendían de la primera oleada de inmigrantes escoceses. Un error similar cometió la prensa escocesa cuando en el preámbulo de un Argentina-Escocia (2008) afirmó que José Luis <i>«El Tata»</i> Brown estaba emparentado con James Brown, el abuelo de los cinco hermanos campeones del Alumni. Aspecto que fue expresamente refutado en el libro <a target="_blank" href ="http://www.corregidor.com/?page_id=335&#038;codigo=1815"><i>«Quién es Quién en la Selección Argentina»</i></a>, dado que los antepasados que le transmitieron su apellido eran irlandeses y no escoceses. </p>
<p style="text-align: justify">Si resulta más fidedigna su habitual alusión a un parentesco con los Pertini de Boca Juniors, si bien en alguna ocasión exageró hasta el punto de <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/">citar a uno de ellos</a> como <i>«fundador de Boca»</i>. Su tío paterno, Luis Juan Pertini, fue vicepresidente boquense entre 1947 y 1953. Mientras que el hermano de Luis, Dante Santiago Pertini, jugó en el club xeneize durante la década de los veinte (1920-26), siendo principalmente recordado por haber participado en la célebre gira europea de Boca Juniors de 1925, primera de un equipo argentino por el viejo continente. Un vínculo que resulta más tangencial, pero que deviene simpático por azares del destino, fue el matrimonio de uno de sus tíos con la hermana de Carlos Isola, el célebre portero de River Plate durante más de una década y que sustituyó en dicho puesto a Luraschi, el cual años después apadrinaría la llegada de la Saeta a River. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El pequeño Alfredo iba a ver los entrenos de un gran Boca Juniors</span> Este vínculo con los Pertini venía por parte de su abuela paterna, Teresa Ciozza, una genovesa casada con Miguel Di Stefano, que es el abuelo al que le debe su famoso apellido. Natural de Capri y emigrado a la Argentina, fue un referente futbolístico significativo, puesto que vivía cerca de la cancha de Boca y el nieto aprovechaba las visitas a su casa para acudir a ver los entrenamientos del conjunto xeneize. Tendría Alfredo sobre siete u ocho años, que es la época en la que empezó a jugar a fútbol en pequeñas canchas callejeras y también la del primer bicampeonato boquense. Como espectador de aquellas prácticas pudo disfrutar de uno de los mejores ataques de la historia del club, el de <i>«Cabecita de Oro»</i> Cherro, Benítez Cáceres y <i>«Pancho»</i> Varallo. Cuando Alfredo <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2006/11/17/futbol/1163763168.html">bautizó a Puskas como <i>«Pancho»</i></a> lo hizo en honor de este Francisco Antonio Varallo de su niñez, a quien se le llamaba así por ser uno de los hipocorísticos tradicionales de su nombre (Paco, Pancho, Kiko, Curro). El paralelismo entre el húngaro y el argentino, que les llevó a compartir apodo, lo encontramos en un don común: un disparo excepcional. A Varallo se le conocía también como <i>«el Cañoncito del Bosque»</i> debido a que el periodista Luis Elías Sojit empezó a llamarle así tras encadenar varios goles de tipo <i>«cañón»</i> en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata. </p>
<blockquote><p>Tanto el «Charro» Moreno como la Saeta Rubia, ambos glorias de River, crecieron en la admiración de un triunvirato mítico de Boca Juniors: Cherro, Benítez Cáceres y Varallo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos o tres años después, el propio Di Stefano empezaría a realizar sus primeros entrenamientos en el colegio. Las <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2009/01/28/C-1128-di-stefano-a-solas-con-una-leyenda.php?volver=1&#038;retorno=1">clases de gimnasia</a> <i>«al lado de Obras Sanitarias, en Gimnasia y Esgrima, dos veces por semana»</i>. Sin embargo, en su autobiografía consideró que los fundamentos técnicos específicos del fútbol los recibió por las mismas fechas, sobre sus diez años, bajo la supervisión de un empleado de su progenitor. Un muchacho de origen gallego e hincha de Boca llamado Enrique Losada. Fueron una infinidad de horas aprendiendo a pisar la pelota y adquiriendo sensibilidad en el toque chutando contra la pared de una fábrica. Luego tales destrezas se pulirían en la universidad de la calle. Allí donde cada acción pretende burlar un defensor, buscar a un compañero o batir una portería imaginaria. Nada que ver con los entrenamientos en base a <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Test_Course-Navette">Course-Navette</a> o Test de Cooper, inaplicables allí por inespecíficos. Los partidos de barrio en cambio eran puro fútbol, lúdicos pero intensos, puesto que no había ninguno que no terminase en una escaramuza. Y dado que la pelota iba rebotando de un lado para el otro de la calle, había que tener un arte extraordinario para jugar allí. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Comenzó a jugar con su hermano menor Tulio</span>La Saeta nunca renegó de la importancia de aquellos juegos. Recién llegado al Real Madrid consideró en <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">una entrevista</a> para el diario Marca (17-11-1953) que la escuadra de Barracas <i>«Once y venceremos»</i> (aka «Unidos y venceremos») era la más representativa de dicho periodo, aunque sabemos que a los doce años, y con su traslado al barrio de Flores, jugaría también para <i>«El Imán»</i>. Siendo aún adolescente la familia abandonó la ciudad y Alfredo decidió renunciar a sus estudios [1] para iniciar un vida como campesino en la finca agrícola familiar situada en Los Cardales, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires. Sin embargo, no abandonó la practica del fútbol. Por mediación de José Mussi, quien lo descubrió peloteando en el campo del Río Luján y lo invitó a jugar en el conjunto local, Di Stefano <a target="_blank" href ="http://lasemanaya.com/alfredo-distefano-del-futbol-de-cardales-para-el-mundo/">empezó a disputar</a> <i>«los campeonatos de la liga norte, que aglutinaban a equipos de ciudades vecinas»</i>, formando parte del Club Progresista, añadiéndosele un año después su hermano menor Tulio. Algunos vecinos recuerdan que don Alfredo Di Stéfano senior solía llegar a los partidos <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Sulky">en sulky</a>, arrastrado por el caballo <i>«Bómbolo»</i>, mientras sus dos hijos iban corriendo detrás a modo de precalentamiento para el partido. Los hermanos se alineaban como insiders o entrealas del conjunto, intercambiándose las posiciones de 8 o 10 en función de las situaciones que plantease el partido. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Al principio, de niño, no destacaba tantísimo</span>Gracias a don Pedro Gigena, uno de los más longevos integrantes de aquel equipo, ha llegado hasta nosotros el recuerdo de esta Saeta juvenil. Gigena fue uno de los zagueros centrales de aquel conjunto, campeón interregional de 1943, y como tal rememoraba en una entrevista que <i>«Alfredo era un muchacho joven, al que le gustaba tocar la pelota y gambetear»</i>. Sin embargo no era el futbolista más brillante de aquel conjunto. Ese papel le correspondería al wing izquierdo, Rosa Gigena, e incluso el hermano menor de Di Stefano, Tulio, era considerado un futbolista superior. Alberto Di Yorio, uno de los cardaleros que más ha hecho por reivindicar la memoria de aquel pasaje, recogió el testimonio vecinal sobre el juego de Tulio Di Stefano, al que caracteriza como de <i>«frente en alto y con la pelota siempre en el suelo (&#8230;) era mejor, pero se le rompió la rodilla y no pudo jugar mucho»</i>. Similar opinaba Pedro Gigena, quien en calidad de testigo directo de todo aquello, atestiguó que en ese periodo La Saeta rubia <i>«no era ninguna lumbrera (&#8230;) todavía no despuntaba»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Tanto Gigena como Alberto Di Yorio destacaron sobremanera el constante estímulo del padre sobre sus dos hijos atletas. Alfredo senior no solo se limitaba a acompañarles, sino que, situado detrás del arco, les daba constantes indicaciones. Exclusivamente dirigidas hacia ellos. Si bien en alguna ocasión concedió elogio particular al juego de algún compañero, como fue el caso del número 6, Tito Roveda. El viejo Di Stefano se permitía aleccionar porque había sido futbolista y, al final, aquel antecedente se reveló clave en la futura trayectoria de su vástago. Sobre todo porque la casa de los Di Stefano se veía frecuentada en aquella época por <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">los amigos</a> de la familia. Inclusive los que habían coincidido con el padre en River. Uno de ellos era Alejandro Juan Luraschi, un electricista que había sido el portero del ascenso de River Plate a Primera División (1908) y que parece que aun tenía algún contacto con el club. Según <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">Norma Di Stefano</a>, hermana del jugador, la madre, Eulalia, le pidió a Luraschi que recomendase a sus hijos para el equipo. A los pocos días le mandaron un telegrama citándole para una prueba de acceso. De los 70 u 80 muchachos que se presentaron aquel día, Peucelle solo seleccionó a Alfredo y a Julio Salvucci, futuro integrante del Ferro Carril Oeste del ascenso de 1949.</p>
<blockquote><p>Pese a no haber sido un jugador típico de la escuela rioplatense, el itinerario formativo de Alfredo si fue el común al de todas las estrellas del ciclo de las luces argentino: el potrero</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En River se encontró el mejor contexto posible para aprender a jugar</span> A esas alturas las divisiones inferiores de River llevaban años aportando una excelente producción. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Félix Roldán</a>, un quiosquero, había sido el primer ojeador y creador de aquellas categorías. A su muerte (1941) su gran amigo Carlos Peucelle tomó el relevo y se dedicó a coordinarlas. Ambos fueron elogiados por el famoso periodista Dante Panzeri por su manera de <i>«elegir y corregir adolescentes»</i>, si bien aquello fue solo una parte del proceso. Paradójicamente, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/platinismo/">la construcción de la Máquina</a> resultó bastante orgánica. Cierto que el semillero tenía una identidad propia, todos jugaban a lo mismo y los delegados del club instruían a los chicos. Sin embargo la técnica superdotada de aquella generación siempre se le ha atribuido a su formación durante la infancia en los terrenos baldíos, los potreros. Luego, la característica forma de jugar de aquel River, sin posiciones fijas, no fue tanto responsabilidad de un particular como algo que se dio por una larga suerte de factores. Di Stefano <a target="_blank" href ="http://www.taringa.net/posts/deportes/15217191/Antigua-entrevista-a-Alfredo-Di-Stefano.html">definió a sus antecesores</a> como <i>«un grupo de muchachos, (que) pese a su juventud, analizaba muy bien el fútbol y hablaban mucho antes de los partidos»</i>. La Saeta explicó también que en su primer partido le dijeron: <i>«Tú no te preocupes que te vamos a proteger. Cuando veas una camisa con la franja roja le das a la pelota y ahí te vamos orientando»</i>. Lo que es una buena muestra de como la transición entre las inferiores y el primer equipo era facilitada por los propios veteranos. Existen numerosas muestras de ello. Anteriormente había sido Carlos Peucelle, aun jugador, quien se había situado al lado de Adolfo Pedernera como interior izquierdo, cuando el mentor de ambos, Félix Roldán, le pidió que le protegiera en su debut. Otro tanto hizo Peucelle por José Manuel Moreno, <a target="_blank" href ="http://www.robertomancini.com.ar/lavisita.html">a quien enseñaba</a> <i>«a poner el cuerpo, en defensa de la pelota»</i>, y del <i>«dribbling»</i> y luego el Charro ya como <i>«cabecilla del grupo, era el que organizaba, hablaba y educaba»</i>, según Alfredo, a los demás. </p>
<p style="text-align: justify">La generosidad y el compromiso de algunos de los jugadores con el equipo era tal que, espontáneamente, cedían su puesto para no frenar la progresión de los chicos de las inferiores. Tal fue el caso de <a target="_blank" href ="http://www.alertadigital.com/2011/06/28/las-lagrimas-de-los-millonarios/">Aristóbulo Luis Deambrossi</a>, quien fascinado por el juego que exhibía Loustau cuando entrenaba con los mayores, le recomendó al técnico Cesarini darle entrada en el equipo en su lugar. U, otra vez Carlos Peucelle, que estando aun fuerte y veloz se retiró del fútbol, entre otras cosas, por no tapar a Juan Carlos Muñoz. Luego esos dos futbolistas fueron los <i>«punteros»</i> (extremos) de la Máquina de River. Más complicado fue conseguir ubicar a Pedernera como eje del ataque, para que diera comienzo todo. En eso fue clave la presión de sus compañeros y de los delegados de las inferiores sobre el técnico Cesarini, al que bautizaron como <i>«el legañoso»</i> porque <i>«no veía»</i> que con Adolfo funcionaban todos los demás. </p>
<p style="text-align: justify">Cuando a Pedernera <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">le tocó opinar</a> sobre la Máquina dijo: <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos, quizás impensados para esa época: entrar y salir, el cuadrado en el medio, la sorpresa, la ocupación de los espacios. Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total. Parecía que jugábamos de memoria»</i>. La cantidad de <i>«iluminados»</i> era tan colosal que hubo que desechar a numerosos futuros campeones por no poder absorber el primer equipo tal abundancia de camadas. Así salieron de la entidad los <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2005/01/25/agenda/1106607609_850215.html">Sánchez Lage</a>, Ernesto Grillo, Fernando Sánchez, Antonio Rodríguez, Rogelio Domínguez, Antonio Báez, Mario Sabbatella, Roberto y Oscar Coll&#8230; </p>
<blockquote><p>El volumen de talento del semillero River era tan abundante que de tanto en tanto se desbordaba.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pese a ser un gran goleador, en sus inicios tenía sus limitaciones</span>Dentro de aquel contexto la Saeta Rubia no figuraba entre los futbolistas habilidosos, al estilo de lo que se espera de los próceres argentinos. Durante aquella estadía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">en La Maquina</a> estaba lejos, en dicho aspecto, de compañeros suyos como Pedernera, Moreno o Báez. Jugadores que como se decía entonces <i>«gastaban la pelota»</i>. Originariamente el rol de Di Stefano en el equipo era el de goleador. Sus ex-compañeros y formadores de aquel entonces (Rossi, Peucelle, Domínguez, Pedernera&#8230;), cuando les tocó definirle, describieron a un jugador inteligente a la hora de explotar su velocidad, con arrancada potente, fuelle en carrera y muy móvil, pero que destacaba más por su carácter ganador y amor propio que por su clase. A nivel técnico, mientras estuvo en Argentina, solo dispuso de un buen perfil de desmarque, el derecho, lo que le daba poca variedad a su juego. La pierna izquierda prácticamente la tenía para apoyar y no sabía cabecear. Paradójicamente -vista su trayectoria posterior- fue un jugador de los de corrían mirando al piso. No jugaba para el equipo, sino para el gol. Durante aquellos primeros años como profesional, ni daba juego a los demás ni organizaba al conjunto. Tampoco <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/03/11/filogenesis-blanca-iv/">en Colombia</a> jugó de esa manera. </p>
<p style="text-align: justify">Esto fue, en opinión de Pedernera, una consecuencia lógica de las características de los compañeros que tuvo durante su etapa latinoamericana, en donde se alineó siempre con interiores magníficos: Norberto Méndez y Llamil Simes en Huracán, José Manuel Moreno y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">Ángel Labruna</a> en River, y el propio Adolfo Pedernera y Antonio Báez en Millonarios. Así pues durante este periodo (1944-53) se centró en depurar su juego natural, principalmente bajo la tutoría del <i>«Maestro»</i> Pedernera, pero siempre con un radio de acción limitado al ultimo cuarto de la cancha. Al finalizar su etapa colombiana ya le daba con las dos piernas y nunca le pegaba mal, como si sucedía inicialmente en River y Huracán, en donde llegaba a fallar incluso con su pierna diestra. Esta evolución enriqueció su juego permitiéndole entrar por ambos laterales (derecho e izquierdo), sin perder por el camino sus cualidades innatas: velocidad, fuerza y movilidad. Seguía sin ser un dominador de balón de élite o un driblador de postín, pero en cambio había añadido a su arsenal el juego en corto, la pausa, y había aprendido a <i>«marcar»</i> en defensa. </p>
<p style="text-align: justify">La necesidad de aplicarse a la hora de defender fue una conclusión de tipo eminentemente práctico. Según el propio Alfredo <i>«los delanteros deben aceptar que parte de su trabajo consiste en ayudar en defensa. Si la defensa falla, el trabajo del delantero se hace mucho más difícil, porque tiene que marcar más goles. Por eso, lo evidente es bajar a ayudar en defensa. Así tu trabajo es más fácil durante el partido»</i>. Un razonamiento aparentemente lógico que enmascara dos conclusiones inherentes al planteamiento. La prioridad es ganar, no el lucimiento personal, y el jugador dispone del vigor necesario para rendir en ambas fases del juego (defensa/ataque). En el aspecto atlético las condiciones naturales de Di Stefano (velocidad, agilidad y resistencia) eran espectaculares. Consciente de ello cuidó su físico con mimo. En Colombia no contaban con preparador físico, por lo que los jugadores tuvieron que responsabilizarse y Alfredo era, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">en palabras de Nestor Rossi</a>, <i>«el primero en llegar y el último en irse»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En Madrid enseñó a jugar a sus compañeros</span>En sus inicios en el Madrid le sucedió lo mismo que <a target="_blank" href ="http://www.fcbarcelona.es/club/historia/detalle/ficha/1950-la-llegada-de-kubala-la-estrella-de-la-decada">a Kubala</a> en Barcelona. Algunos de sus compañeros eran buenos jugadores, pero otros simples modestos a los que él hizo grandes. El nivel técnico general, tanto del campeonato como el de su equipo, era inferior al que había encontrado en sus anteriores experiencias [2], pero una de las grandes cualidades de Alfredo -según decía su amigo Pepe Peña- era la inteligencia de saber adaptarse a las circunstancias. Cuando llegó al Madrid <i>«todo el mundo reventaba la pelota. Los volantes la recibían con el pecho y en vez de matarla la rebotaban. Entonces ya no la tenían dominada, porque se les había ido a zona de disputa. Y allá iba el zapatazo: alto, fuerte y lejos»</i>, decía Pepe Peña en una entrevista en El Gráfico (1963) [3]. Di Stefano no estaba acostumbrado a ver pasar globos por encima de su cabeza, así que se aburría. Empezó a bajar para pedir la pelota. A veces hasta su propia área de penal. Gritaba al compañero que tenía la pelota para que no la rifara y se la dieran a él [4]. Paulatinamente fueron tomándole confianza, puesto que vieron que podía ayudarles a sacar el balón y además les colaboraba a la hora de defender. De esa forma los defensores del conjunto comenzaron también a cambiar su actitud y se fueron sintiendo jugadores. Ya no estaban solo para despejar, sino que eran parte del juego. Y en el corazón del juego se situó Di Stefano, puesto que eso era lo que el equipo precisaba. Como comentaba Pedernera, el Real Madrid <i>«le dio todo el campo»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/"><i>«él era el eje de todo su juego»</i></a> y Alfredo lo <i>«cubría con su dinamismo, velocidad y tremenda fuerza»</i>. </p>
<blockquote><p>El todocampo no juega en un puesto por partido, sino que elige un puesto en cada jugada.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Existían antecedentes de jugadores que habiendo madurado por la edad y perdido velocidad en sus piernas, aumentaban su comprensión del juego y, pese a haber sido jugadores <i>«simples»</i>, limitados a explotar velocidad y tiro, pasaban a organizar el juego de sus compañeros. Dos ejemplos argentinos anteriores a La Saeta serían <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Tarasconi">Domingo Tarasconi</a> y Bernabé Ferreyra. La diferencia es que Alfredo lo hizo manteniendo su velocidad y fuerza de arranque. Del par de ocasiones que Adolfo Pedernera pudo ver a Alfredo en Europa destacó que, aunque por su <i>«prestigio y ascendiente»</i> podría haberse limitado a <i>«jugar a un ritmo más pausado, haciendo valer su experiencia y visión de juego»</i>, nunca lo hizo. El Di Stefano que él vio en el Real Madrid era <i>«el de siempre»</i>, con una <i>«movilidad extraordinaria»</i> y <i>«permanente afán por ganar»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ante las dobles marcas, Alfredo se hizo un experto en sorprender</span><i>«Yo no paro de moverme para que los defensas no puedan inmovilizarme»</i> explicaba la Saeta <i>«y me muevo rápido para ayudar al que recibe el balón»</i>. Uno de sus rivales, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UHYTTrLsWY0">Luís Suárez</a>, declaró que si bien en aquella época se hacían muchos marcajes al hombre, con el nueve del Madrid la cosa llegaba hasta un punto cómico. El balón podía pasar a cuatro o cinco metros al lado de sus marcadores, pero ellos nunca iban a buscarlo. No podían permitirse descuidar ni un segundo a Alfredo Di Stefano. Según el que fuera seleccionador argentino, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_Lorenzo">Juan Carlos Lorenzo</a>, si le hacían un doble marcaje -cosa que en España sucedió en la totalidad de los partidos y durante varias temporadas-, Di Stefano corría por toda la cancha como un loco avisando a gritos a sus compañeros (<i>«¡Yo no juego! ¡Yo no juego!»</i>) de que uno de ellos estaba libre y debía subir al ataque. Debido a esta presión extenuante, la Saeta se convirtió en un experto en el arte de la sorpresa. Por ejemplo, tirando de espaldas al arco, modalidad que le permitió conseguir varios de sus goles más famosos. Esta cualidad estaba intrínsecamente relacionada con otra de las grandes virtudes que de él destacaba Pepe Peña: su seguimiento de juego e intuición, que le permitían predecir situaciones de partido con segundos de anticipación [5]. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Rogelio_Antonio_Dom%C3%ADnguez">Rogelio Domínguez</a> explicó que pese a que en el doble marcaje un jugador <i>«le seguía como su sombra»</i> y el otro <i>«le esperaba a la salida»</i> se las arreglaba para <i>«aparecer de golpe delante del arco para hacer el gol»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Pedernera consideró que todas estas características de su fútbol se explicaban precisamente por no haber sido un gran dominador de la pelota o un <i>«gambeteador»</i>. Gracias a eso había podido llegar a ser lo que fue. Si no, tal vez hubiese triunfado en otro rol, pero no sería Di Stefano. Había esquivado la sirena del jugador criollo. En lugar de adueñarse del balón se hizo dueño de todo el terreno. Una vez, describiendo a Sivori, la Saeta dijo: <i>«es un jugador genial, pero todavía no ha podido desprenderse del embrujo de jugar en muchas ocasiones para él»</i>. Ese fue el mal que él superó. Aquel que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">Zubeldia</a> resumió de manera aun más dramática en 1962 diciendo que <i>«el individualismo era el principal vicio del jugador argentino»</i>.<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«</span>¿Alfredo, por qué cambió su manera de jugar?»<br />
«Me fui dando cuenta de que el fútbol es juego de once jugadores. Tienen que trabajar todos para todos. Es un principio básico»</i>. (Alfredo di Stefano, para <i>«El Gráfico»</i>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] En el número 125 de la Revista de la RFEF la periodista Blanca Benavent le preguntó a Alfredo por el título de «ingeniero agrónomo» que le viene acreditado de tanto en tanto en alguna reseña. Sospecho que la confusión procede de una entrevista concedida a Cesar González Ruano (25-4-1954) y recogida en el libro recopilatorio &#8216;Las palabras quedan&#8217;. Allí la Saeta dice haber cursado dichos estudios, quizás para tomarle el pelo al entrevistador, al detectar en él a un advenedizo que tapaba su desconocimiento del deporte rey recurriendo a la tauromaquia («Hablamos ahora de fútbol. Para mi éste es un bosque donde me encuentro perdido. Lo mismo me ocurrió con Kubala y con Samitier. Pero no importa. Además, no hay otro remedio. ¿Cómo no voy a hablar de fútbol con Di Stéfano? Fútbol y toros»). Pese a ser un material tan antiguo ha tenido cierta circulación atribuible a la recomendación de algunos docentes de periodismo. Sabemos, por ejemplo que José Julio Perlado, profesor de Redacción Periodística, lo recomendaba a sus alumnos y que su opinión solía ser muy valorada por sus discípulos.</p>
<p>[2] Cuando Di Stefano llegó a España desconfiaba del nivel del campeonato. Durante una entrevista (1974) se refirió a cierta conversación con su hermano Tulio, previa a participar en el torneo español, en la que aseguró petulante que «allá les meto un amague y me voy derecho al arco». Sus experiencias previas durante la gira con Millonarios le habían hecho considerar a los gallegos (españoles) como «troncos», faltos de clase. Posteriormente valoró positivamente la preparación atlética del futbolista europeo, pero incluso en 1966 -cuando estaba finalizando su periplo dentro del campo- seguía considerando al futbolista español como falto de clase. Prueba de ello es una entrevista concedida a Juvenal para Sport, el suplemento mensual de El Gráfico, en la que Di Stefano declaró sin tapujos: «Vos sabés que ése es el problema del jugador español: la pelota». Similar opinaba Puskas, recién llegado a la península, cuando comparaba el nivel técnico general del campeonato húngaro con el español «El fútbol español es bastante rápido. (&#8230;) Quizás más técnica el de mi país. Nosotros siempre procuramos hacer correr la pelota» (Marca 23-09-1958).</p>
<p>[3] El hijo de Rogelio Domínguez, el profesor Antonio Domínguez Vence, me aseguró en una conversación privada que en aquella época apodaron a Miguel Muñoz «Siempre viva» por su mal control de la pelota. No dudo de la veracidad del hecho, ni de los motivos que llevaron a sus compañeros a ocultarlo a posteriori, sin embargo no he podido aun confirmar esta anécdota con al menos otra fuente si bien cuadra con lo que refería Pepe Peña en 1963. Lo que si está más contrastado es que cuando un defensa despejaba sin tino, Alfredo se le acercaba para aclararle: &#8211; «Me la tenés que dar a mí no a Bernabéu».</p>
<p>[4] Esta manera de «darle aire a la defensa», para liberar al portero de la necesidad de «volearla al no tener con quien jugarla» (Dinámica de lo impensado. Dante Panzeri), tenía su precedente inmediato en el juego de Adolfo Pedernera y Félix Loustau en la Máquina de River. Allí ambos recibían frecuentemente las iras del público por ir a colaborar a que los defensas sacasen la pelota jugada ya que el respetable entendía que «abandonaban su puesto» o iban a «esconderse atrás».</p>
<p>[5] Durante la final de Copa de Europa de 1962, celebrada en el Estadio Olímpico de Ámsterdam, un jovencismo recogepelotas holandés quedó fascinado por la habilidad de Di Stefano para pensar la jugada un segundo antes que el contrario. El muchacho reconoció en ello algo que él nunca había visto antes y le dedicó mucho tiempo a reflexionar sobre aquella forma de liderazgo. Acabó concluyendo que el recorrido de Di Stefano por todo el campo estaba siempre vinculado a los intereses del equipo, algo que solo podía producirse yendo constantemente por delante de la jugada. Antes de recibir ya deberías saber lo que ibas a hacer. El impacto que en él tuvo esta epifanía le llevó a tomar por espejo el juego del ídolo argentino, y con los años llegó a ser reconocido por los críticos futbolísticos como uno de los grandes interprete del jugador todo campo. ¿Su nombre? Johan Cruyff. </p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
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&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Di Stefano</a><br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/alfredo-di-stefano-leyenda-real-madrid-argentina-futbol/">¿Ya puedes ver?</a></p>
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		<title>Flamengo reina en Sudamérica</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Nov 2019 01:48:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[En el fútbol, el tiempo es un concepto que no existe. Mientras no entre aire insuflado en el silbato del árbitro, este deporte guarda todo tipo de posibilidades para romper en pedazos cualquier tipo de relación causa-efecto entre los méritos y el resultado. La Copa Libertadores 2019 añade otro capítulo más a una condición que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En el fútbol, el tiempo es un concepto que no existe. Mientras no entre aire insuflado en el silbato del árbitro, este deporte guarda todo tipo de posibilidades para romper en pedazos cualquier tipo de relación causa-efecto entre los<span id="more-268507"></span> méritos y el resultado. La Copa Libertadores 2019 añade otro capítulo más a una condición que es vida y es deporte de por sí, y que anula el valor de 89 minutos bien competidos hasta encontrarse con la derrota. Marcelo Gallardo y su River Plate lo habían vuelto a hacer. Su templanza y jerarquía para jugar partidos por un título tendrá también a la final disputada en Lima como un ejemplo añadido de toda su historiografía, pero en apenas dos minutos se puso fin, cuando nadie lo esperaba, a 38 años de sequía rubro-negra. Flamengo es campeón de Sudamérica.</p>
<blockquote><p>La presión de River fue el primer punto táctico sobre el que descansó la final</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Fue una final algo extraña, porque nunca llegó Flamengo a encontrarle la vuelta a un partido en el que River lo vio siempre de cara, salvo su desenlace. No tuvieron que indagar demasiado los Millonarios para plantear, enfilar e interpretar un partido que, a su modo, controló. Quizás la palabra dominio no sea la más exacta visto su desarrollo pero sí que volvió River, sobre todo tras adelantarse, pero también antes, a jugar y competir un tipo de partido para el que se le vio cómodo y reconocible. En él jugó con las blancas, y después ajustó cuando <i>Fla</i> corrigió algunas cosas que sorprendieron en el primer tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">Dos conceptos van a marcar la final y la continuidad del equipo que por calidad y necesidad más capacidad tiene de tener, y retener, la pelota. Flamengo tuvo mucho más el esférico pero la presión de River, y la falta de respuesta del <i>Mengao</i> después, condicionaron por completo la gran final del Monumental de Lima. Con respecto a lo primero, Flamengo fue presa de verse desde el inicio en un &#8216;tú a tú&#8217; con River en todo el carril central. El juego fue directo, impreciso, en el que Gallardo tuvo mucho que ver tras decidir jugar con líneas adelantadas y embotellar a un rival que no supo desentrañar lo que le hubiera dado la oportunidad de cambiar la dinámica de, al menos, esa primera media hora.</p>
<blockquote><p>La dificultad de Flamengo para darle amplitud al juego fue clave durante toda la final</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Y es que a la presión argentina, Jorge Jesus no logró transmitir a sus jugadores la imperiosa necesidad de abrir el campo hasta pincharlo como una sabana estirada. Los brasileños jugaron sin amplitud la práctica totalidad de la primera mitad, una carencia que facilitó la agresividad defensiva de River de mitad de cancha hacia adelante. Revisado el partido, es aún más llamativo como Flamengo saca la pelota, de aquella manera, sin referencias en banda. A su conocida superioridad técnica y numérica que ejercen los laterales, el equipo necesita que alguien abra y ensanche si Filipe y Rafinha abren una línea de pase interior para sus mediocentros.</p>
<p style="text-align: justify;">Y al no suceder, pues ni De Arrascaeta, ni Bruno Henrique ni Ribeiro permanecían abiertos para que la circulación se desahogara y permitiera a Flamengo instalarse arriba. De esto modo, River intimidaba en los duelos individuales y sacaba partido de un juego directo, discontinuo y sin claro dominador, pero favorable a quien no tenía la pelota y a quien iba por delante en el marcador. River manejaba la parte emocional de la final desde la atalaya que tantas otras veces le vio situarse como equipo dominante en lo competitivo y táctico. El &#8216;Muñeco&#8217; sonreía feliz por el paso de los acontecimientos.</p>
<blockquote><p>River resistió un tramo final que parecía no tener un último &#8216;punch&#8217;</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por supuesto, la jerarquía de Flamengo se comenzó a ver en la última media hora, cuando sí pudo asaltar la muralla de River, que nuevamente parecía lograr resistir ante la calidad individual de un equipo que asaltaba a la desesperada. Fue entonces cuando, en una pérdida de balón no consecuente con la final realizada por River, y en un balón largo suelto y controlado, el vigente campeón asistió a su caída. Gabigol, un delantero que lleva todo el año en estado de gracia, cazó dos acciones inusitadas, aisladas en mitad de una final en la que apenas compareció, y coloreó el imponente Monumental de rojo y negro para mayor gloria de un equipo y un entrenador, Jorge Jesus, que asistían lentamente a una aparente y rutinaria victoria del gigante Gallardo. La Copa Libertadores vuela rumbo Rio de Janeiro.</p>
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		<title>El miedo escénico para Juan Fernando Quintero</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Dec 2018 12:18:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Entre Antonio Chenel &#8216;Antoñete&#8217; y Gabriel García Márquez, conversando con el primero y leyendo al segundo, el argentino Jorge Valdano elaboró y acuñó, allá por los años 80, el término miedo escénico para asociarlo al Santiago Bernabéu, el estadio en el que River Plate se coronó ayer campeón de la Copa Libertadores de América al [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Entre Antonio Chenel &#8216;Antoñete&#8217; y Gabriel García Márquez, conversando con el primero y leyendo al segundo, el argentino Jorge Valdano elaboró y acuñó, allá por los años 80, el término <i>miedo escénico</i> para asociarlo al Santiago Bernabéu, el estadio en el que River Plate<span id="more-258879"></span> se coronó ayer campeón de la Copa Libertadores de América al derrotar a Boca Juniors por tres goles a uno. El torero y el escritor hacían referencia al miedo que sentían, no tanto al toro y a la escritura, sino al público; a enfrentar el rumor, la vigilancia, el runrun, la crítica o el desdén. Ese miedo les llevaba a moverse hacia la dirección que cualquier otro entendería como un riesgo -el asta; la espesura ante el folio- y que por medio del miedo al público, alejándose de él, lograban enfrentar con la naturalidad que caracteriza al diferente lo que para otros era el auténtico pánico. </p>
<blockquote><p>River y Boca saltaron presos del pánico, sin apenas intervenir ni acertar con balón</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">A lo desconocido, a la soledad, al futuro, a la enfermedad, a los demás, a la autoridad, al fracaso. A perder y a vivir después. El miedo no se cansa de manifestarse, principalmente porque su victoria nace de no enfrentarlo. En el fútbol, no muchas veces se han conocido los condicionantes y las connotaciones que esta inédita final, por los equipos, por las circunstancias, ha vivido y protagonizado. El fútbol, que conecta con lo social, y con lo mental, y que le vuelve todo de vuelta, se ve afectado por lo que sus actores traen en la mochila. Y así pasó. River y Boca saltaron al desconocido césped del Santiago Bernabéu, con la necesidad de un partido largo, en el que sólo el tiempo consumiéndose les obligaría a afrontar la carga que la posible derrota pesaba sobre la valentía de vencerla. </p>
<p style="text-align: justify;">De entrada, una confirmación y alguna sorpresa: River alineaba cinco centrocampistas, con Ponzio, Enzo Pérez, Pity Martínez, Exequiel Palacios y Nacho Fernández, mientras Barros Schelotto dejaba a Wanchope Ábila en el banco para darle a Benedetto la recepción solitaria, la descarga en apoyo y la responsabilidad del gol. Las consideraciones de índole táctica, que podían constar con valor propio, pronto quedaron relegadas por las dificultades que encontraron ambos colectivos para sentirse con la libertad y la fluidez mental necesarias para hacer visible lo positivo que ambos planteamientos tenían dentro. Ocurrió que River tuvo constantemente la pelota, pero cualquier pase diferente, mezcla de riesgo y miedo en lugar de natural en toda circulación de balón, se vio como una locura. Y no sólo un pase, sino toda clase de movimiento que llevara al receptor a controlar de espaldas y a tomar decisiones, a darle temple al balón sintiendo el pie hecho un flan. El más sencillo de los envíos era entendido como una potencial pérdida. A poco que uno de los dos equipos hubiera actuado con la mente libre, todo hubiera sido completamente diferente.</p>
<blockquote><p>Darío Benedetto fue, además del autor del gol, el más certero y preclaro de los xeneizes</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por su parte, Boca armó su 4-5-1 en campo propio, pero si bien le terminó saliendo a cuenta tener menos la pelota y esperar un fallo que generara aún más zozobra en los últimos zagueros millonarios, lo cierto es que también contribuyó a todo lo que el partido fue. Solo un vibrante y calibrado Nahitán Nández equilibró los excesos y la ansiedad de Barrios y Pablo Pérez, los dos perdiendo su sitio aún sin notar amenaza alguna a su espalda. La hubo momentáneamente, sí, pero fue más intermitente que otra cosa, pues activar ese espacio a los costados de Wilmar, pareció cosa de revolucionarios. Ni Pity, ni Exequiel ni Enzo se atrevían a perder la posición de partida, de darle una opción al balón y generar sosiego. El pasador, directamente, fuera quien fuera, se vio con los pies redondos. Pero llegó el gol. El que transformó la final y obligó a intervenir.</p>
<p style="text-align: justify;">No es de extrañar que el futbolista que mejor comprendió el ritmo y el sentimiento generalizado fuera el siempre templado en el juego Darío Benedetto. Él y Buffarini fueron los únicos xeneizes que transmitieron un temple propicio para, simplemente, tratar de jugar y relacionarse con la pelota o el compañero. Cada toque del &#8216;Pipa&#8217; tuvo sentido y completó con un soberbio gol una primera parte en la que las tres ocasiones más o menos claras llegaron a balón parado. Nadie filtró un pase, pocos se adaptaron al raso verde europeo, y pocos se movieron para generar dinámica y naturalidad en torno al balón. El miedo se lo estaba comiendo prácticamente todo. Con 1-0 se llegó al descanso. Y tras doce minutos de niebla, llegó el minuto 57.</p>
<p style="text-align: justify;">En ese momento, a poco más de media hora para caer ante su eterno rival, Marcelo Gallardo dio entrada a Juan Fernando Quintero. El resto es historia y toca contarla. </p>
<p style="text-align: justify;">El talentosísimo genio colombiano tuvo un impacto tan instantáneo como profundísimo en la dinámica del encuentro. El esqueleto táctico del mismo siguió siendo muy parecido, pero aquel cuadro fue abordado con la agresividad y la brocha que han caracterizado los pases que mismamente dio el de Medellín a las órdenes de José Pekerman en el pasado Mundial. A dos alturas, haciendo progresar el esférico, Quintero fue tensando pases como si fuera repasando con el dedo cada camiseta de River Plate sudada en la grada; desde el hombro izquierdo hasta la cintura, donde pone la mano cuando bota cada golpeo, y en rojo diagonal, Quintero inventó toques propios y originales, uniendo las piezas que ya se estaban moviendo. El jugador comenzó a fluir y a dominar el campo de Boca, cuyos miembros no llegaban a cada primer toque y a cada pase combinado. El ritmo y el garbo se transformaron y dieron la igualada a un River que había conectado con su versión más desbordante. </p>
<blockquote><p>Juan Fernando Quintero se convirtió en una leyenda en 62 minutos de juego.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">El encuentro llegó a una prórroga que iba a encontrar un desenlace aún más trascendental en la relevancia que el colombiano tuvo en el encuentro. Producto de su trance, fruto de su poder sobre la pelota y sobre el rival, Quintero coronó su hora de fútbol con un pelotazo, violento, visualizado medio segundo antes, rodeado por tres jugadores de Boca que sólo dieron tiempo a un disparo de corto armado que se estrelló con el larguero para acabar dentro de la portería. Basta ver el contacto previo suyo al tiro para comprender la mordiente agresividad que significó la sola presencia de Quintero en la psique de compañeros y rivales. Así, su incalculable inconsciencia le permitió dar 47 pases en una hora de juego, completar los nueve envíos largos intentados, dar una asistencia y meter el gol de su vida. </p>
<p style="text-align: justify;">Torero como Antoñete, donde anoche nadie lo fue, y colombiano como Gabriel García Márquez, quien tenía terror al público cuando tocaba dar un discurso, incluso siendo leído, Juan Fernando Quintero ganó su final, derrotando a esa oscura nada que paralizó a todos, que amagó con dejar la gloria para los once metros y que encontró en su zurda una lección para los restos. </p>
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		<title>Quintero se convierte en leyenda</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Dec 2018 11:22:24 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[River Plate conquistó anoche en el Santiago Bernabéu la Copa Libertadores en un encuentro en el que Juan Fernando Quintero fue el gran protagonista de la final. Analizamos los planteamientos de Schelotto y Gallardo en una final en la que las dos pizarras y la influencia de ciertos nombres propios tuvieron mucho peso.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>River Plate conquistó anoche en el Santiago Bernabéu la Copa Libertadores en un encuentro en el que Juan Fernando Quintero fue el gran protagonista de la final. Analizamos los planteamientos de Schelotto y Gallardo<span id="more-258909"></span> en una final en la que las dos pizarras y la influencia de ciertos nombres propios tuvieron mucho peso.</p>
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		<title>La jugada de Boca</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Dec 2018 02:57:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La ida de la final de esta Copa Libertadores, jugada hace prácticamente un mes, reflejó una oportunidad para ambos. Independientemente de las posibilidades que como colectivo tienen para ganar un partido, el duelo entre el River Plate de Marcelo Gallardo y el Boca Juniors de Guillermo Barros Schelotto constituyó una sucesión de batallas, diferentes entre [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La ida de la final de esta Copa Libertadores, jugada hace prácticamente un mes, reflejó una oportunidad para ambos. Independientemente de las posibilidades que como colectivo tienen para ganar un partido, el duelo entre el River Plate<span id="more-258865"></span> de Marcelo Gallardo y el Boca Juniors de Guillermo Barros Schelotto constituyó una sucesión de batallas, diferentes entre sí, mientras los sucesos iban aconteciendo. El perfil medio de los &#8216;millonarios&#8217; atesora quizás un punto extra de versatilidad y capacidad de mando con la pelota, pero es precisamente metido en ese escenario donde Boca sabe hinchar el pecho a nivel táctico y futbolístico. En su haber constan movimientos ofensivos que van muy en consonancia con responder a la primera iniciativa del rival.</p>
<p style="text-align: justify;">Boca se plantó en esta final con una estructura, desde atrás hacia adelante, más necesitada y preparada para atacar espacios y generar flujo ofensivo desde la reacción. Así, cerrando el carril central con tres futbolistas en paralelo, las bandas cargan el espacio y son habilitados por un &#8216;9&#8217;, o doble &#8216;9&#8217;, que juega con las alturas y la fricción para fijar defensores y lanzar a sus compañeros más veloces. No goza Boca, en su plan principal, de medios cómodos con balón, ni laterales protagonistas para imponer una circulación de nivel. Por tanto, su jugada se salta pasos para cuadrarla una vez recupera el esférico. Y tanto si River sale con línea de cuatro o de cinco, la medida, aunque pierda frecuencia si los de Gallardo dominan arriba, hace daño a River.</p>
<blockquote><p>Wanchope Ábila fija marcas y otorga metros a sus compañeros</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Aunque no llega al 1&#8217;80, Wanchope Ábila resulta fundamental para la salida más en largo de los de Schelotto. Para el &#8216;mellizo&#8217;, la figura del &#8216;9&#8217; es crucial en su versión colectiva más precavida. Su corpulencia y su insistencia para tratar de separar la última línea y crear espacios intermedios o a la espalda de la zaga rival para que por fuera se llegue a una velocidad superior es una de las fases iniciáticas de la jugada más repetida de Boca en la ida. Su juego de espaldas, su capacidad para ganar metros en la ofensiva aunque la pelota no sea limpia o la pierda arriba, concede a su defensa y su medular poder descansar y salir hacia él. Su pareja en la punta, de ser elegido Darío Benedetto, completa el 50% de la jugada.</p>
<p style="text-align: justify;">Con Benedetto, Boca Juniors multiplica sus recursos en el balcón del área. No porque su fútbol vaya orientado a relacionarse con otras piezas, sino porque cada uno de sus toques va enfocado a aumentar la calidad de las ocasiones. Su determinación para habilitarse y ver puerta, sea de espaldas o llegando a los palos completa lo que quizás no tiene tan afinado el propio Wanchope. Darío es quien, sin despliegue, más puede producir en la mediapunta y en el área. Pero como su compañero de ataque, necesita de velocidad. A falta de orden y pasadores que adelanten su posición media y les permitan enfocarse al remate, la dupla de Schelotto necesita a sus extremos para amenazar a campo abierto.</p>
<blockquote><p>Pavón y Villa permiten correr a Boca desde muy atrás</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Cristian Pavón y Sebastián Villa representan la diferencia entre cruzar la divisoria y representar peligro a muchos metros o que los delanteros vean muy reducido su impacto a tanta distancia de Franco Armani. Si bien Boca cuenta con perfiles como Cardona o Tévez, inéditos en otros lugares del campo por su control de balón y su gestión del pase, las bandas intimidan a Gallardo, quien, entre otras cosas, buscó anticiparse con la defensa de tres centrales, logrando tener más arriba la pelota y un hombre más en la retaguardia. Entre la doble punta y el despliegue de los extremos está la jugada de Boca en el Santiago Bernabéu.</p>
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		<title>El motor de RIver Plate</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Dec 2018 02:50:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David De la Peña]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[El positivo cambio de dinámica de River Plate después del descenso a la segunda división del fútbol argentino se ha sustentado sobre varios pilares. Uno de ellos ha sido sin duda poder juntar el que probablemente sea el elenco de centrocampistas más versátil de todo el fútbol sudamericano, por supuesto apoyado por una calidad media [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El positivo cambio de dinámica de River Plate después del descenso a la segunda división del fútbol argentino se ha sustentado sobre varios pilares. Uno de ellos ha sido sin duda poder juntar el que probablemente sea el elenco de centrocampistas más<span id="more-258862"></span> versátil de todo el fútbol sudamericano, por supuesto apoyado por una calidad media superior a los rivales que se ha ido encontrando enfrente en este proceso.</p>
<p style="text-align: justify;">Entre el trayecto que se dibuja entre las figuras de Enzo Pérez y Ponzio, los medios que suelen jugar a menor altura, y Quintero y Pity Martínez, los que lo hacen más cerca de los delanteros, aparecen los nombres de Nacho Fernández y el de Exequiel Palacios, los dos centrocampistas más dinámicos del cuadro millonario, y especialmente la figura de este último está llamando la atención por el potencial que presenta.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">El elenco de centrocampistas de River Plate es, probablemente, el más completo del fútbol sudamericano</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Aunque Gallardo suele variar el dibujo con bastante regularidad, Exequiel Palacios tiene generalmente reservado el papel de interior izquierdo, desde donde está dibujando un perfil de futbolista que, y esto es importante para contextualizar el escenario de una futura llegada al fútbol europeo, no aporta a su equipo contextos de control. Palacios no es eso.</p>
<p style="text-align: justify;">Jugador de trazos muy largos, lo que define su movilidad cuando River Plate tiene la pelota, por lo general sus pasos por una jugada producen aumentos de ritmo en los ataques de su equipo, con sus pros y sus contras. Si el plan de juego es transitar con premura al ataque, o es necesario que uno de los centrocampistas se despegue para dar espacio a un organizador o meter un jugador entre líneas, Palacios es una pieza utilísima, y de hecho bajo estas premisas <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2018/11/habr-paz-para-los-malvados/">ha encajado francamente bien en el plan de Gallardo.</a></p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Aunque Exequiel Palacios tiene calidad para ayudar en las circulaciones, su mentalidad es más agresiva</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Si en cuanto a movilidad ya estamos hablando de un jugador que desprende energía y agresividad, cuando tiene la pelota los comportamientos son muy parecidos. Exequiel Palacios no es un centrocampista para garantizar control y sumar en una circulación pausada que junte al equipo, más allá de que su pie, bastante fino, le permita devolver y controlar el cuero con acierto. Sus intenciones se dividen entre envíos verticales a líneas posteriores -generalmente bastante precisos porque su toque de balón y la tensión de sus envíos son de gran nivel-, y superar marcas a través de la conducción. Sus primeros metros son potentes y sabe cambiar de dirección con la pelota pegada al pie, así que genera ventajas a partir de esta circunstancia.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegados a este punto, aparecen dos posibles escenarios cuando Exequiel Palacios está en el campo. El primero y positivo es el de dotar a su equipo de profundidad con esos movimientos agresivos que estiran a los defensas rivales y provocan ocasiones para los suyos. No sólo por los espacios que descubren sus compañeros, sino por su propia capacidad para finalizar jugadas, y es que dentro de las características del argentino quizás la más destacada es su golpeo a puerta. El centrocampista de River tiene una técnica depuradísima para golpear: orientación del cuerpo, talento para colocar el pie de apoyo y buen contacto con la pelota, lo que produce una suma que le permite ser una auténtica amenaza desde la frontal del área.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">El fantástico disparo de Palacios le invita a intentar acabar siempre en la corona del área, y jugar acostado sobre el perfil izquierdo le permite, al ser diestro, activarlo de forma más natural</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, el segundo de esos escenarios que provoca su presencia -y Palacios es además un jugador, y más en este <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2018/12/el-campen-de-la-copa-libertadores/">River Plate</a>, con gran peso- tiene que ver con el descontrol. Acelerar por sistema las acciones ofensivas del equipo estira en muchas ocasiones las distancias entre sus compañeros, de modo que no finalizar jugada supone esfuerzos defensivos más amplios.</p>
<p style="text-align: justify;">El hecho de que River necesite que sea él mismo en todo momento para darle forma a su sistema de juego provoca que aún no haya sido posible medirle en un escenario que demande decisiones más cerebrales de forma más constante, probablemente innegociable en un posible salto al fútbol europeo de élite, si bien es cierto que hay dos cuestiones que son muy positivas: en un plan de juego que se adapte a él, hablamos de un jugador para sumar en alta exigencia, mientras que sus condiciones técnicas en cuanto a pase, disparo y conducción, permiten adaptarle a otros planes.</p>
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		<title>El campeón de la Copa Libertadores</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Dec 2018 22:01:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Equipo de Ecos]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[El campeón de América se decide en el Santiago Bernabéu. A 90 minutos, River Plate y Boca Juniors disputan la final de la Copa Libertadores tras un encuentro de ida de muchísimas alternativas tácticas. Analizamos lo que pueden plantear Gallardo y Schelotto, y qué jugadores pueden incidir de principio a fin en el partido de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El campeón de América se decide en el Santiago Bernabéu. A 90 minutos, River Plate y Boca Juniors disputan la final de la Copa Libertadores tras un encuentro de ida de muchísimas alternativas tácticas. Analizamos lo que pueden plantear Gallardo<span id="more-258812"></span> y Schelotto, y qué jugadores pueden incidir de principio a fin en el partido de vuelta de la gran final entre dos de los más grandes clubes argentinos.</p>
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		<title>Un nuevo partido cada cinco minutos</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Nov 2018 09:10:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Seguramente ni todo el hielo del mundo podría controlar una sola de las emociones que un jugador de River Plate o Boca Juniors puede sentir hoy. Movido por la trascendencia de un hecho desconocido en la historia, hasta el más experimentado tendrá difícil reconocer en su pasado de su currículum vital cualquiera de los momentos [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Seguramente ni todo el hielo del mundo podría controlar una sola de las emociones que un jugador de River Plate o Boca Juniors puede sentir hoy. Movido por la trascendencia de un hecho desconocido en la historia, hasta el más experimentado tendrá difícil<span id="more-258408"></span> reconocer en su pasado de su currículum vital cualquiera de los momentos que pueden darse esta noche. «Es la final más importante de mi carrera», acertó a decir el jugador, de largo, más curtido de la vuelta de la final de la Copa Libertadores 2018, Carlos Tévez. Las circunstancias, marcadas en la previa por no comparecer valor doble de los goles y quedar empate en la ida, derrocha condición de única y límite. Y por lo visto en la ida, ambos equipos tienen con qué atraparla, sabiendo que el partido puede cambiar cada cinco minutos.</p>
<blockquote><p>El partido contó en la ida con suficientes alicientes para cambiar constantemente</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Con esa exigencia mental acuden y se citan Boca Juniors y River Plate. Si en la ida ambos entendieron que deben dar salida a todo tipo de arrebatos momentáneos, que no condicione el miedo que puede suponer guardar un marcador con excesiva precaución, el ritmo del encuentro parece que querría tener continuidad en esta segunda velada. Y es que los dos colectivos mostraron espíritu y atrevimiento. Puede quedar condicionada la calidad en determinados parámetros, pero por lo observado en el primer envite, hay argumentos que hacen pensar que nada más comenzar o más avanzado el partido, Gallardo y Schelotto tienen con que intimidar y cruzarse lejos de la orilla. La defensa de tres centrales habilitada por el &#8216;Muñeco&#8217; y la doble punta y posterior entrada del Apache por parte del &#8216;Mellizo&#8217; conformaron un escenario en el que tanto la táctica como el talento individual pudieron marcar momentáneas diferencias.</p>
<blockquote><p>La baja de Borré necesitará de otras piezas que compensen en la última línea</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por el lado millonario, la ausencia de Rafael Santos Borré es más sensible de lo que parece. Cuando River logró fijar fuera con los carrileros a los laterales locales, Gallardo halló un espacio de superioridad tanto numérica como posicional en el que caían Borré en el apoyo, o ruptura si se daba un contragolpe, y el Pity Martínez a la espalda de Pablo Pérez. Esa circunstancia otorgó a River una ventaja para encerrar a Boca, más tras la baja de Pavón por lesión. </p>
<p style="text-align: justify;">La no comparecencia por tanto del punta colombiano, añadida a la de Ignacio Scocco, demandará un trabajo más versátil de Pratto y probablemente mucha mayor presencia, por autonomía y galones, de Exequiel Palacios. En las fases con balón, River, con casi total seguridad, encontrará muchos momentos en los que Boca garantice la defensa del ancho y de los espacios interiores. Schelotto tomó nota de las posibilidades que le asegura su 4-4-2 cuando configura la medular con un centrocampista de corte más posicional. De ahí que River trate de igualar con buen pie, desborde y, no es nada descartable, repetir la defensa de cinco para generar desajustes en zona de mediapuntas. </p>
<blockquote><p>Gallardo: «Lo que buscamos es imponer nuestro juego. Contra Gremio se nos dio por cómo fue el partido y contra Boca se dio durante la primera media hora o más: impusimos cómo queríamos jugar el partido, imponer nuestras condiciones (&#8230;). Sobre los tres centrales&#8230; la idea es siempre crear una idea o plan de juego que le vaya bien a nuestros jugadores y después acoplarlo a lo que le puede venir mal al rival. Decidimos jugar así con la idea de imponer nuestras condiciones.»</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">La manera con la que Boca, por tanto, supo dar la vuelta a este escenario táctico incide por completo en cerrar el espacio interior con tal de ganar continuidad defensiva y minutos de solidez, generar incomodidad en las recepciones interiores del rival y poder salir de dos formas: directo con Ábila y/o Benedetto o con la ayuda de Tévez como segundo punta. Y es que Schelotto tiene claras diez piezas. Le falta una que sume equilibrio y capacidad de transitar. Así, Boca acude al Monumental con la duda de reemplazar, de modos muy diferentes, la baja de Cristian Pavón, el jugador más autosuficiente y potente una vez se recupera la pelota. Su baja manda un mensaje directo a la vertiente más agresiva de Boca, una que seguro Schelotto no puede reproducir.</p>
<blockquote><p>Schelotto sobre Tévez: «Para su inclusión tuve en cuenta su pasado, su nombre, su trayectoria, su experiencia. Creí que se iba a meter rápido en el partido y lo hizo. Y que iba a sacar ese plus que tiene por su relación con Boca. Creí que lo mejor era que entrara él y me parece que lo hizo muy bien».</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Sabido que sin balón dispone de efectivos que muerden incondicionalmente, sin lagunas de calado en campo propio, caso de Nández, Pérez y Barrios, parece que Tévez ha de tener un peso relevante en la ofensiva xeneize. Ante la falta de velocidad, la creatividad y la identidad que suma el veterano delantero argentino es una carta que Schelotto deba de usar, seguramente, desde el primer momento. El impacto de su figura a los lados del mediocentro, a una altura diferente a Benedetto o Ábila, es un desahogo de primer nivel para Boca si River y Gallardo hacen suyo el ritmo del choque. Los toques, la protección de balón de espaldas al arco y su intimidación cerca del área serán una de las razones por las que la final de hoy sume todo el atractivo que se le presuponía.</p>
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		<title>De primeras, un motivo para ambos</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Nov 2018 03:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La ida de la final de la Copa Libertadores 2018, la que desde cualquier prisma y desde todos a la vez se anticipaba como una suma de dificultades para coger vuelo, generar detalles tácticos de valor y una emoción acorde a la cita, fue un notable partido de fútbol. Si bien los dos equipos tuvieron [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">La ida de la final de la Copa Libertadores 2018, la que desde cualquier prisma y desde todos a la vez se anticipaba como una suma de dificultades para coger vuelo, generar detalles tácticos de valor y una emoción acorde<span id="more-257930"></span> a la cita, fue un notable partido de fútbol. Si bien los dos equipos tuvieron motivos para salir con la cara torcida de La Bombonera, pues tuvieron que ajustarse constantemente, también la tuvieron para soñar con que el desenlace, el fundido a negro, podrá ser el último suspiro y que el pitido final que se oirá en el Monumental podrá ser agónico y no un formalismo que habrá visto una sentencia y un dominio que explique una gran superioridad. En los primeros 90 minutos de la final de las finales, el fútbol fue su actor principal, una sensacional noticia que tuvo lugar de los hechos, titulares, encabezados, reporteros y lectores a la altura. Buenos Aires, el mundo entero, vio un buen espectáculo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">En lo estrictamente futbolístico, el camino tuvo innumerables paradas en las que detenerse a ver las cosas de muchas formas. La primera gran razón para hacerlo la argumentó Marcelo Gallardo. El técnico de River saltó al campo con una disposición novedosa, pues dio entrada a Martínez Quarta como tercer central, retirando de partida a un centrocampista. Intuyendo una posible presión alta de Boca y una dificultad para defender zonas interiores una vez los carrileros fijaban hombres exteriores en el ancho del terreno, River armó el primer plató de la ida de la final. Aunque esto tendría un efecto posterior, en el arranque se jugó a un ritmo muy alto. La intención de los dos equipos descansaba en no descansar. Pases largos, al espacio, conducciones tras recuperación, incursiones individuales&#8230; y muchísimas pérdidas de balón.</p>
<blockquote><p>Marcelo Gallardo sorprendió con línea de tres centrales</p></blockquote>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">En esos primeros compases, el Pity Martínez constó en el choque, ubicándose a la espalda de Pablo Pérez y rompiendo en conducción cuando tenía oportunidad. Con la ayuda de Montiel en ruptura y de Pratto fijándole un central, Martínez volaba libre, distrayendo a Barrios, que basculaba y dejaba la zona del pivote abierta para la llegada de la segunda línea millonaria. El resultado de ese primer quinto de encuentro tuvo un claro protagonista: Agustín Rossi, autor de cuatro paradas de gran valor que certificaron la mayor productividad visitante, atisbo de un duelo que no discurrió por un discurso dominante de cualquiera de los dos. </p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">De ahí, tardó el partido en asentarse y lo hizo cuando Boca recibió el primer varapalo: Cristian Pavón se rompía en un esprint y cedía el testigo a Darío Benedetto. Alrededor de esa circunstancia, River y Boca &#8216;pactaron&#8217; bajar el ritmo de los primeros 15&#8242; y todo se jugó en cancha bostera. River sacaba partido de su superioridad en salida, su anchura en campo contrario y su presión tras pérdida, pero había perdido la sorpresa al espacio, la posibilidad de imponer la calidad en el ida y vuelta. Boca se quedó sin salida exterior, un problema serió en su estructura, pues sus laterales van escasos de calidad y conceptos ofensivos, lo que dejó todo al corazón y determinación de su doble punta, Benedetto-Ábila. Nández cerraba un costado, Villa el otro y Boca encontraba orden en campo propio, reducción de espacios y una transición más directa, menos versátil pero del todo peligrosa.</p>
<blockquote><p>Benedetto y Martínez representaron la mayor dificultad para sus rivales</p></blockquote>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">De lo individual a lo colectivo, Pity y Benedetto representaban historias relevantes. Al primero no se le podía dejar suelto; su velocidad demanda defensa escalonada y ayudas en los intervalos de la jugada. El gol que dio la igualada a River, anotado por Pratto, vino de un grandísimo envío de Martínez. El segundo protagonista es una mezcla de fundamentos, pundonor, diferencial físico y una innata capacidad para materializar lo producido o producir para que materialicen. La locura se narró en La Bombonera en apenas dos minutos. Boca y River gritaron sus primeros goles de la final sin tiempo para asimilar cada uno de ellos. Dos éxtasis para seguir igual. Como Boca había entrado en planteamientos de mínimos, pues no gozaba de figuras exteriores y veloces ni de centrocampistas de finura e inspiración, su plan pasaba por seguir ordenado y esperar a que su doble punta castigara futuros acercamientos. Así pasó, que el &#8216;Muñeco&#8217; pasó a la acción.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">Tras todo lo visto en esa primera mitad, Gallardo volvió a los orígenes: línea de cuatro defensas, un medio más y la intención de vivir con balón ante el armado Boca Juniors. No tendría esto un significado correlativo y consecuente, pero como pasa en el fútbol, River empató a balón parado y desde ahí, entraron dos ideas personificadas que costó poner en práctica: Carlitos Tévez y Juan Fernando Quintero. Nacidos para encender luces, sólo constó la que tuvo Benedetto a pase del &#8216;Apache&#8217;. Se moría el partido y un recepción del venerado <i>xeneize</i> escapó a espaldas de Pinola y cedió a Darío, que si bien trazó al centro el disparo, chocó con una acción extraordinaria de Armani en tiempos, colocación y postura, salvando a River de la derrota. Intermitentes, bosteros y millonarios se verán las caras el próximo día 24 habiendo dejado la sensación de reconocerse y extrañarse a partes iguales al mirarse al espejo. Gran igualdad que pospone la decisión para el último momento.</p>
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