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	<title>Ecos del Balón &#187; Felix Roldán</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>Di Stefano, el jugador detrás del mito #yomequedoencasa</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2020 09:54:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”, Étienne Decroux. ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que «hasta donde [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”</i>, Étienne Decroux.</b><span id="more-271856"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">P</span>ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que <i>«hasta donde alcanzaba a saber»</i> estaba emparentado con <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/"><i>«los Drake y los Brown»</i></a>, los que <i>«hicieron la historia del fútbol argentino»</i>. Se refería con ello a la fundación <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Alumni_Athletic_Club">del Alumni</a>, el legendario club del amateurismo por cuanto fue el principal acaparador de títulos durante la primera década del siglo XX. Sin embargo, esta supuesta relación entre ambos mitos resulta dudosa. Probablemente una leyenda familiar. Los parientes <i>«británicos»</i> de Di Stefano eran de origen irlandés, mientras que los Brown del Alumni descendían de la primera oleada de inmigrantes escoceses. Un error similar cometió la prensa escocesa cuando en el preámbulo de un Argentina-Escocia (2008) afirmó que José Luis <i>«El Tata»</i> Brown estaba emparentado con James Brown, el abuelo de los cinco hermanos campeones del Alumni. Aspecto que fue expresamente refutado en el libro <a target="_blank" href ="http://www.corregidor.com/?page_id=335&#038;codigo=1815"><i>«Quién es Quién en la Selección Argentina»</i></a>, dado que los antepasados que le transmitieron su apellido eran irlandeses y no escoceses. </p>
<p style="text-align: justify">Si resulta más fidedigna su habitual alusión a un parentesco con los Pertini de Boca Juniors, si bien en alguna ocasión exageró hasta el punto de <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/">citar a uno de ellos</a> como <i>«fundador de Boca»</i>. Su tío paterno, Luis Juan Pertini, fue vicepresidente boquense entre 1947 y 1953. Mientras que el hermano de Luis, Dante Santiago Pertini, jugó en el club xeneize durante la década de los veinte (1920-26), siendo principalmente recordado por haber participado en la célebre gira europea de Boca Juniors de 1925, primera de un equipo argentino por el viejo continente. Un vínculo que resulta más tangencial, pero que deviene simpático por azares del destino, fue el matrimonio de uno de sus tíos con la hermana de Carlos Isola, el célebre portero de River Plate durante más de una década y que sustituyó en dicho puesto a Luraschi, el cual años después apadrinaría la llegada de la Saeta a River. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El pequeño Alfredo iba a ver los entrenos de un gran Boca Juniors</span> Este vínculo con los Pertini venía por parte de su abuela paterna, Teresa Ciozza, una genovesa casada con Miguel Di Stefano, que es el abuelo al que le debe su famoso apellido. Natural de Capri y emigrado a la Argentina, fue un referente futbolístico significativo, puesto que vivía cerca de la cancha de Boca y el nieto aprovechaba las visitas a su casa para acudir a ver los entrenamientos del conjunto xeneize. Tendría Alfredo sobre siete u ocho años, que es la época en la que empezó a jugar a fútbol en pequeñas canchas callejeras y también la del primer bicampeonato boquense. Como espectador de aquellas prácticas pudo disfrutar de uno de los mejores ataques de la historia del club, el de <i>«Cabecita de Oro»</i> Cherro, Benítez Cáceres y <i>«Pancho»</i> Varallo. Cuando Alfredo <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2006/11/17/futbol/1163763168.html">bautizó a Puskas como <i>«Pancho»</i></a> lo hizo en honor de este Francisco Antonio Varallo de su niñez, a quien se le llamaba así por ser uno de los hipocorísticos tradicionales de su nombre (Paco, Pancho, Kiko, Curro). El paralelismo entre el húngaro y el argentino, que les llevó a compartir apodo, lo encontramos en un don común: un disparo excepcional. A Varallo se le conocía también como <i>«el Cañoncito del Bosque»</i> debido a que el periodista Luis Elías Sojit empezó a llamarle así tras encadenar varios goles de tipo <i>«cañón»</i> en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata. </p>
<blockquote><p>Tanto el «Charro» Moreno como la Saeta Rubia, ambos glorias de River, crecieron en la admiración de un triunvirato mítico de Boca Juniors: Cherro, Benítez Cáceres y Varallo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos o tres años después, el propio Di Stefano empezaría a realizar sus primeros entrenamientos en el colegio. Las <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2009/01/28/C-1128-di-stefano-a-solas-con-una-leyenda.php?volver=1&#038;retorno=1">clases de gimnasia</a> <i>«al lado de Obras Sanitarias, en Gimnasia y Esgrima, dos veces por semana»</i>. Sin embargo, en su autobiografía consideró que los fundamentos técnicos específicos del fútbol los recibió por las mismas fechas, sobre sus diez años, bajo la supervisión de un empleado de su progenitor. Un muchacho de origen gallego e hincha de Boca llamado Enrique Losada. Fueron una infinidad de horas aprendiendo a pisar la pelota y adquiriendo sensibilidad en el toque chutando contra la pared de una fábrica. Luego tales destrezas se pulirían en la universidad de la calle. Allí donde cada acción pretende burlar un defensor, buscar a un compañero o batir una portería imaginaria. Nada que ver con los entrenamientos en base a <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Test_Course-Navette">Course-Navette</a> o Test de Cooper, inaplicables allí por inespecíficos. Los partidos de barrio en cambio eran puro fútbol, lúdicos pero intensos, puesto que no había ninguno que no terminase en una escaramuza. Y dado que la pelota iba rebotando de un lado para el otro de la calle, había que tener un arte extraordinario para jugar allí. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Comenzó a jugar con su hermano menor Tulio</span>La Saeta nunca renegó de la importancia de aquellos juegos. Recién llegado al Real Madrid consideró en <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">una entrevista</a> para el diario Marca (17-11-1953) que la escuadra de Barracas <i>«Once y venceremos»</i> (aka «Unidos y venceremos») era la más representativa de dicho periodo, aunque sabemos que a los doce años, y con su traslado al barrio de Flores, jugaría también para <i>«El Imán»</i>. Siendo aún adolescente la familia abandonó la ciudad y Alfredo decidió renunciar a sus estudios [1] para iniciar un vida como campesino en la finca agrícola familiar situada en Los Cardales, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires. Sin embargo, no abandonó la practica del fútbol. Por mediación de José Mussi, quien lo descubrió peloteando en el campo del Río Luján y lo invitó a jugar en el conjunto local, Di Stefano <a target="_blank" href ="http://lasemanaya.com/alfredo-distefano-del-futbol-de-cardales-para-el-mundo/">empezó a disputar</a> <i>«los campeonatos de la liga norte, que aglutinaban a equipos de ciudades vecinas»</i>, formando parte del Club Progresista, añadiéndosele un año después su hermano menor Tulio. Algunos vecinos recuerdan que don Alfredo Di Stéfano senior solía llegar a los partidos <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Sulky">en sulky</a>, arrastrado por el caballo <i>«Bómbolo»</i>, mientras sus dos hijos iban corriendo detrás a modo de precalentamiento para el partido. Los hermanos se alineaban como insiders o entrealas del conjunto, intercambiándose las posiciones de 8 o 10 en función de las situaciones que plantease el partido. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Al principio, de niño, no destacaba tantísimo</span>Gracias a don Pedro Gigena, uno de los más longevos integrantes de aquel equipo, ha llegado hasta nosotros el recuerdo de esta Saeta juvenil. Gigena fue uno de los zagueros centrales de aquel conjunto, campeón interregional de 1943, y como tal rememoraba en una entrevista que <i>«Alfredo era un muchacho joven, al que le gustaba tocar la pelota y gambetear»</i>. Sin embargo no era el futbolista más brillante de aquel conjunto. Ese papel le correspondería al wing izquierdo, Rosa Gigena, e incluso el hermano menor de Di Stefano, Tulio, era considerado un futbolista superior. Alberto Di Yorio, uno de los cardaleros que más ha hecho por reivindicar la memoria de aquel pasaje, recogió el testimonio vecinal sobre el juego de Tulio Di Stefano, al que caracteriza como de <i>«frente en alto y con la pelota siempre en el suelo (&#8230;) era mejor, pero se le rompió la rodilla y no pudo jugar mucho»</i>. Similar opinaba Pedro Gigena, quien en calidad de testigo directo de todo aquello, atestiguó que en ese periodo La Saeta rubia <i>«no era ninguna lumbrera (&#8230;) todavía no despuntaba»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Tanto Gigena como Alberto Di Yorio destacaron sobremanera el constante estímulo del padre sobre sus dos hijos atletas. Alfredo senior no solo se limitaba a acompañarles, sino que, situado detrás del arco, les daba constantes indicaciones. Exclusivamente dirigidas hacia ellos. Si bien en alguna ocasión concedió elogio particular al juego de algún compañero, como fue el caso del número 6, Tito Roveda. El viejo Di Stefano se permitía aleccionar porque había sido futbolista y, al final, aquel antecedente se reveló clave en la futura trayectoria de su vástago. Sobre todo porque la casa de los Di Stefano se veía frecuentada en aquella época por <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">los amigos</a> de la familia. Inclusive los que habían coincidido con el padre en River. Uno de ellos era Alejandro Juan Luraschi, un electricista que había sido el portero del ascenso de River Plate a Primera División (1908) y que parece que aun tenía algún contacto con el club. Según <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">Norma Di Stefano</a>, hermana del jugador, la madre, Eulalia, le pidió a Luraschi que recomendase a sus hijos para el equipo. A los pocos días le mandaron un telegrama citándole para una prueba de acceso. De los 70 u 80 muchachos que se presentaron aquel día, Peucelle solo seleccionó a Alfredo y a Julio Salvucci, futuro integrante del Ferro Carril Oeste del ascenso de 1949.</p>
<blockquote><p>Pese a no haber sido un jugador típico de la escuela rioplatense, el itinerario formativo de Alfredo si fue el común al de todas las estrellas del ciclo de las luces argentino: el potrero</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En River se encontró el mejor contexto posible para aprender a jugar</span> A esas alturas las divisiones inferiores de River llevaban años aportando una excelente producción. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Félix Roldán</a>, un quiosquero, había sido el primer ojeador y creador de aquellas categorías. A su muerte (1941) su gran amigo Carlos Peucelle tomó el relevo y se dedicó a coordinarlas. Ambos fueron elogiados por el famoso periodista Dante Panzeri por su manera de <i>«elegir y corregir adolescentes»</i>, si bien aquello fue solo una parte del proceso. Paradójicamente, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/platinismo/">la construcción de la Máquina</a> resultó bastante orgánica. Cierto que el semillero tenía una identidad propia, todos jugaban a lo mismo y los delegados del club instruían a los chicos. Sin embargo la técnica superdotada de aquella generación siempre se le ha atribuido a su formación durante la infancia en los terrenos baldíos, los potreros. Luego, la característica forma de jugar de aquel River, sin posiciones fijas, no fue tanto responsabilidad de un particular como algo que se dio por una larga suerte de factores. Di Stefano <a target="_blank" href ="http://www.taringa.net/posts/deportes/15217191/Antigua-entrevista-a-Alfredo-Di-Stefano.html">definió a sus antecesores</a> como <i>«un grupo de muchachos, (que) pese a su juventud, analizaba muy bien el fútbol y hablaban mucho antes de los partidos»</i>. La Saeta explicó también que en su primer partido le dijeron: <i>«Tú no te preocupes que te vamos a proteger. Cuando veas una camisa con la franja roja le das a la pelota y ahí te vamos orientando»</i>. Lo que es una buena muestra de como la transición entre las inferiores y el primer equipo era facilitada por los propios veteranos. Existen numerosas muestras de ello. Anteriormente había sido Carlos Peucelle, aun jugador, quien se había situado al lado de Adolfo Pedernera como interior izquierdo, cuando el mentor de ambos, Félix Roldán, le pidió que le protegiera en su debut. Otro tanto hizo Peucelle por José Manuel Moreno, <a target="_blank" href ="http://www.robertomancini.com.ar/lavisita.html">a quien enseñaba</a> <i>«a poner el cuerpo, en defensa de la pelota»</i>, y del <i>«dribbling»</i> y luego el Charro ya como <i>«cabecilla del grupo, era el que organizaba, hablaba y educaba»</i>, según Alfredo, a los demás. </p>
<p style="text-align: justify">La generosidad y el compromiso de algunos de los jugadores con el equipo era tal que, espontáneamente, cedían su puesto para no frenar la progresión de los chicos de las inferiores. Tal fue el caso de <a target="_blank" href ="http://www.alertadigital.com/2011/06/28/las-lagrimas-de-los-millonarios/">Aristóbulo Luis Deambrossi</a>, quien fascinado por el juego que exhibía Loustau cuando entrenaba con los mayores, le recomendó al técnico Cesarini darle entrada en el equipo en su lugar. U, otra vez Carlos Peucelle, que estando aun fuerte y veloz se retiró del fútbol, entre otras cosas, por no tapar a Juan Carlos Muñoz. Luego esos dos futbolistas fueron los <i>«punteros»</i> (extremos) de la Máquina de River. Más complicado fue conseguir ubicar a Pedernera como eje del ataque, para que diera comienzo todo. En eso fue clave la presión de sus compañeros y de los delegados de las inferiores sobre el técnico Cesarini, al que bautizaron como <i>«el legañoso»</i> porque <i>«no veía»</i> que con Adolfo funcionaban todos los demás. </p>
<p style="text-align: justify">Cuando a Pedernera <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">le tocó opinar</a> sobre la Máquina dijo: <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos, quizás impensados para esa época: entrar y salir, el cuadrado en el medio, la sorpresa, la ocupación de los espacios. Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total. Parecía que jugábamos de memoria»</i>. La cantidad de <i>«iluminados»</i> era tan colosal que hubo que desechar a numerosos futuros campeones por no poder absorber el primer equipo tal abundancia de camadas. Así salieron de la entidad los <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2005/01/25/agenda/1106607609_850215.html">Sánchez Lage</a>, Ernesto Grillo, Fernando Sánchez, Antonio Rodríguez, Rogelio Domínguez, Antonio Báez, Mario Sabbatella, Roberto y Oscar Coll&#8230; </p>
<blockquote><p>El volumen de talento del semillero River era tan abundante que de tanto en tanto se desbordaba.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pese a ser un gran goleador, en sus inicios tenía sus limitaciones</span>Dentro de aquel contexto la Saeta Rubia no figuraba entre los futbolistas habilidosos, al estilo de lo que se espera de los próceres argentinos. Durante aquella estadía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">en La Maquina</a> estaba lejos, en dicho aspecto, de compañeros suyos como Pedernera, Moreno o Báez. Jugadores que como se decía entonces <i>«gastaban la pelota»</i>. Originariamente el rol de Di Stefano en el equipo era el de goleador. Sus ex-compañeros y formadores de aquel entonces (Rossi, Peucelle, Domínguez, Pedernera&#8230;), cuando les tocó definirle, describieron a un jugador inteligente a la hora de explotar su velocidad, con arrancada potente, fuelle en carrera y muy móvil, pero que destacaba más por su carácter ganador y amor propio que por su clase. A nivel técnico, mientras estuvo en Argentina, solo dispuso de un buen perfil de desmarque, el derecho, lo que le daba poca variedad a su juego. La pierna izquierda prácticamente la tenía para apoyar y no sabía cabecear. Paradójicamente -vista su trayectoria posterior- fue un jugador de los de corrían mirando al piso. No jugaba para el equipo, sino para el gol. Durante aquellos primeros años como profesional, ni daba juego a los demás ni organizaba al conjunto. Tampoco <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/03/11/filogenesis-blanca-iv/">en Colombia</a> jugó de esa manera. </p>
<p style="text-align: justify">Esto fue, en opinión de Pedernera, una consecuencia lógica de las características de los compañeros que tuvo durante su etapa latinoamericana, en donde se alineó siempre con interiores magníficos: Norberto Méndez y Llamil Simes en Huracán, José Manuel Moreno y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">Ángel Labruna</a> en River, y el propio Adolfo Pedernera y Antonio Báez en Millonarios. Así pues durante este periodo (1944-53) se centró en depurar su juego natural, principalmente bajo la tutoría del <i>«Maestro»</i> Pedernera, pero siempre con un radio de acción limitado al ultimo cuarto de la cancha. Al finalizar su etapa colombiana ya le daba con las dos piernas y nunca le pegaba mal, como si sucedía inicialmente en River y Huracán, en donde llegaba a fallar incluso con su pierna diestra. Esta evolución enriqueció su juego permitiéndole entrar por ambos laterales (derecho e izquierdo), sin perder por el camino sus cualidades innatas: velocidad, fuerza y movilidad. Seguía sin ser un dominador de balón de élite o un driblador de postín, pero en cambio había añadido a su arsenal el juego en corto, la pausa, y había aprendido a <i>«marcar»</i> en defensa. </p>
<p style="text-align: justify">La necesidad de aplicarse a la hora de defender fue una conclusión de tipo eminentemente práctico. Según el propio Alfredo <i>«los delanteros deben aceptar que parte de su trabajo consiste en ayudar en defensa. Si la defensa falla, el trabajo del delantero se hace mucho más difícil, porque tiene que marcar más goles. Por eso, lo evidente es bajar a ayudar en defensa. Así tu trabajo es más fácil durante el partido»</i>. Un razonamiento aparentemente lógico que enmascara dos conclusiones inherentes al planteamiento. La prioridad es ganar, no el lucimiento personal, y el jugador dispone del vigor necesario para rendir en ambas fases del juego (defensa/ataque). En el aspecto atlético las condiciones naturales de Di Stefano (velocidad, agilidad y resistencia) eran espectaculares. Consciente de ello cuidó su físico con mimo. En Colombia no contaban con preparador físico, por lo que los jugadores tuvieron que responsabilizarse y Alfredo era, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">en palabras de Nestor Rossi</a>, <i>«el primero en llegar y el último en irse»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En Madrid enseñó a jugar a sus compañeros</span>En sus inicios en el Madrid le sucedió lo mismo que <a target="_blank" href ="http://www.fcbarcelona.es/club/historia/detalle/ficha/1950-la-llegada-de-kubala-la-estrella-de-la-decada">a Kubala</a> en Barcelona. Algunos de sus compañeros eran buenos jugadores, pero otros simples modestos a los que él hizo grandes. El nivel técnico general, tanto del campeonato como el de su equipo, era inferior al que había encontrado en sus anteriores experiencias [2], pero una de las grandes cualidades de Alfredo -según decía su amigo Pepe Peña- era la inteligencia de saber adaptarse a las circunstancias. Cuando llegó al Madrid <i>«todo el mundo reventaba la pelota. Los volantes la recibían con el pecho y en vez de matarla la rebotaban. Entonces ya no la tenían dominada, porque se les había ido a zona de disputa. Y allá iba el zapatazo: alto, fuerte y lejos»</i>, decía Pepe Peña en una entrevista en El Gráfico (1963) [3]. Di Stefano no estaba acostumbrado a ver pasar globos por encima de su cabeza, así que se aburría. Empezó a bajar para pedir la pelota. A veces hasta su propia área de penal. Gritaba al compañero que tenía la pelota para que no la rifara y se la dieran a él [4]. Paulatinamente fueron tomándole confianza, puesto que vieron que podía ayudarles a sacar el balón y además les colaboraba a la hora de defender. De esa forma los defensores del conjunto comenzaron también a cambiar su actitud y se fueron sintiendo jugadores. Ya no estaban solo para despejar, sino que eran parte del juego. Y en el corazón del juego se situó Di Stefano, puesto que eso era lo que el equipo precisaba. Como comentaba Pedernera, el Real Madrid <i>«le dio todo el campo»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/"><i>«él era el eje de todo su juego»</i></a> y Alfredo lo <i>«cubría con su dinamismo, velocidad y tremenda fuerza»</i>. </p>
<blockquote><p>El todocampo no juega en un puesto por partido, sino que elige un puesto en cada jugada.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Existían antecedentes de jugadores que habiendo madurado por la edad y perdido velocidad en sus piernas, aumentaban su comprensión del juego y, pese a haber sido jugadores <i>«simples»</i>, limitados a explotar velocidad y tiro, pasaban a organizar el juego de sus compañeros. Dos ejemplos argentinos anteriores a La Saeta serían <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Tarasconi">Domingo Tarasconi</a> y Bernabé Ferreyra. La diferencia es que Alfredo lo hizo manteniendo su velocidad y fuerza de arranque. Del par de ocasiones que Adolfo Pedernera pudo ver a Alfredo en Europa destacó que, aunque por su <i>«prestigio y ascendiente»</i> podría haberse limitado a <i>«jugar a un ritmo más pausado, haciendo valer su experiencia y visión de juego»</i>, nunca lo hizo. El Di Stefano que él vio en el Real Madrid era <i>«el de siempre»</i>, con una <i>«movilidad extraordinaria»</i> y <i>«permanente afán por ganar»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ante las dobles marcas, Alfredo se hizo un experto en sorprender</span><i>«Yo no paro de moverme para que los defensas no puedan inmovilizarme»</i> explicaba la Saeta <i>«y me muevo rápido para ayudar al que recibe el balón»</i>. Uno de sus rivales, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UHYTTrLsWY0">Luís Suárez</a>, declaró que si bien en aquella época se hacían muchos marcajes al hombre, con el nueve del Madrid la cosa llegaba hasta un punto cómico. El balón podía pasar a cuatro o cinco metros al lado de sus marcadores, pero ellos nunca iban a buscarlo. No podían permitirse descuidar ni un segundo a Alfredo Di Stefano. Según el que fuera seleccionador argentino, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_Lorenzo">Juan Carlos Lorenzo</a>, si le hacían un doble marcaje -cosa que en España sucedió en la totalidad de los partidos y durante varias temporadas-, Di Stefano corría por toda la cancha como un loco avisando a gritos a sus compañeros (<i>«¡Yo no juego! ¡Yo no juego!»</i>) de que uno de ellos estaba libre y debía subir al ataque. Debido a esta presión extenuante, la Saeta se convirtió en un experto en el arte de la sorpresa. Por ejemplo, tirando de espaldas al arco, modalidad que le permitió conseguir varios de sus goles más famosos. Esta cualidad estaba intrínsecamente relacionada con otra de las grandes virtudes que de él destacaba Pepe Peña: su seguimiento de juego e intuición, que le permitían predecir situaciones de partido con segundos de anticipación [5]. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Rogelio_Antonio_Dom%C3%ADnguez">Rogelio Domínguez</a> explicó que pese a que en el doble marcaje un jugador <i>«le seguía como su sombra»</i> y el otro <i>«le esperaba a la salida»</i> se las arreglaba para <i>«aparecer de golpe delante del arco para hacer el gol»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Pedernera consideró que todas estas características de su fútbol se explicaban precisamente por no haber sido un gran dominador de la pelota o un <i>«gambeteador»</i>. Gracias a eso había podido llegar a ser lo que fue. Si no, tal vez hubiese triunfado en otro rol, pero no sería Di Stefano. Había esquivado la sirena del jugador criollo. En lugar de adueñarse del balón se hizo dueño de todo el terreno. Una vez, describiendo a Sivori, la Saeta dijo: <i>«es un jugador genial, pero todavía no ha podido desprenderse del embrujo de jugar en muchas ocasiones para él»</i>. Ese fue el mal que él superó. Aquel que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">Zubeldia</a> resumió de manera aun más dramática en 1962 diciendo que <i>«el individualismo era el principal vicio del jugador argentino»</i>.<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«</span>¿Alfredo, por qué cambió su manera de jugar?»<br />
«Me fui dando cuenta de que el fútbol es juego de once jugadores. Tienen que trabajar todos para todos. Es un principio básico»</i>. (Alfredo di Stefano, para <i>«El Gráfico»</i>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] En el número 125 de la Revista de la RFEF la periodista Blanca Benavent le preguntó a Alfredo por el título de «ingeniero agrónomo» que le viene acreditado de tanto en tanto en alguna reseña. Sospecho que la confusión procede de una entrevista concedida a Cesar González Ruano (25-4-1954) y recogida en el libro recopilatorio &#8216;Las palabras quedan&#8217;. Allí la Saeta dice haber cursado dichos estudios, quizás para tomarle el pelo al entrevistador, al detectar en él a un advenedizo que tapaba su desconocimiento del deporte rey recurriendo a la tauromaquia («Hablamos ahora de fútbol. Para mi éste es un bosque donde me encuentro perdido. Lo mismo me ocurrió con Kubala y con Samitier. Pero no importa. Además, no hay otro remedio. ¿Cómo no voy a hablar de fútbol con Di Stéfano? Fútbol y toros»). Pese a ser un material tan antiguo ha tenido cierta circulación atribuible a la recomendación de algunos docentes de periodismo. Sabemos, por ejemplo que José Julio Perlado, profesor de Redacción Periodística, lo recomendaba a sus alumnos y que su opinión solía ser muy valorada por sus discípulos.</p>
<p>[2] Cuando Di Stefano llegó a España desconfiaba del nivel del campeonato. Durante una entrevista (1974) se refirió a cierta conversación con su hermano Tulio, previa a participar en el torneo español, en la que aseguró petulante que «allá les meto un amague y me voy derecho al arco». Sus experiencias previas durante la gira con Millonarios le habían hecho considerar a los gallegos (españoles) como «troncos», faltos de clase. Posteriormente valoró positivamente la preparación atlética del futbolista europeo, pero incluso en 1966 -cuando estaba finalizando su periplo dentro del campo- seguía considerando al futbolista español como falto de clase. Prueba de ello es una entrevista concedida a Juvenal para Sport, el suplemento mensual de El Gráfico, en la que Di Stefano declaró sin tapujos: «Vos sabés que ése es el problema del jugador español: la pelota». Similar opinaba Puskas, recién llegado a la península, cuando comparaba el nivel técnico general del campeonato húngaro con el español «El fútbol español es bastante rápido. (&#8230;) Quizás más técnica el de mi país. Nosotros siempre procuramos hacer correr la pelota» (Marca 23-09-1958).</p>
<p>[3] El hijo de Rogelio Domínguez, el profesor Antonio Domínguez Vence, me aseguró en una conversación privada que en aquella época apodaron a Miguel Muñoz «Siempre viva» por su mal control de la pelota. No dudo de la veracidad del hecho, ni de los motivos que llevaron a sus compañeros a ocultarlo a posteriori, sin embargo no he podido aun confirmar esta anécdota con al menos otra fuente si bien cuadra con lo que refería Pepe Peña en 1963. Lo que si está más contrastado es que cuando un defensa despejaba sin tino, Alfredo se le acercaba para aclararle: &#8211; «Me la tenés que dar a mí no a Bernabéu».</p>
<p>[4] Esta manera de «darle aire a la defensa», para liberar al portero de la necesidad de «volearla al no tener con quien jugarla» (Dinámica de lo impensado. Dante Panzeri), tenía su precedente inmediato en el juego de Adolfo Pedernera y Félix Loustau en la Máquina de River. Allí ambos recibían frecuentemente las iras del público por ir a colaborar a que los defensas sacasen la pelota jugada ya que el respetable entendía que «abandonaban su puesto» o iban a «esconderse atrás».</p>
<p>[5] Durante la final de Copa de Europa de 1962, celebrada en el Estadio Olímpico de Ámsterdam, un jovencismo recogepelotas holandés quedó fascinado por la habilidad de Di Stefano para pensar la jugada un segundo antes que el contrario. El muchacho reconoció en ello algo que él nunca había visto antes y le dedicó mucho tiempo a reflexionar sobre aquella forma de liderazgo. Acabó concluyendo que el recorrido de Di Stefano por todo el campo estaba siempre vinculado a los intereses del equipo, algo que solo podía producirse yendo constantemente por delante de la jugada. Antes de recibir ya deberías saber lo que ibas a hacer. El impacto que en él tuvo esta epifanía le llevó a tomar por espejo el juego del ídolo argentino, y con los años llegó a ser reconocido por los críticos futbolísticos como uno de los grandes interprete del jugador todo campo. ¿Su nombre? Johan Cruyff. </p></blockquote>
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&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Di Stefano</a><br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/alfredo-di-stefano-leyenda-real-madrid-argentina-futbol/">¿Ya puedes ver?</a></p>
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		<title>Di Stefano, el jugador detrás del mito</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Dec 2014 03:00:58 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La técnica inmuniza a quien la posee contra dos arbitrariedades: la de la moda y la del maestro; elimina a los mediocres, [&#8230;] utiliza el talento medio y [&#8230;] exalta el genio”</i>, Étienne Decroux.</b><span id="more-148494"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">P</span>ara Alfredo Di Stefano el fútbol fue, en sus orígenes, una herencia de familia. Durante algunas entrevistas aseguró que <i>«hasta donde alcanzaba a saber»</i> estaba emparentado con <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/"><i>«los Drake y los Brown»</i></a>, los que <i>«hicieron la historia del fútbol argentino»</i>. Se refería con ello a la fundación <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Alumni_Athletic_Club">del Alumni</a>, el legendario club del amateurismo por cuanto fue el principal acaparador de títulos durante la primera década del siglo XX. Sin embargo, esta supuesta relación entre ambos mitos resulta dudosa. Probablemente una leyenda familiar. Los parientes <i>«británicos»</i> de Di Stefano eran de origen irlandés, mientras que los Brown del Alumni descendían de la primera oleada de inmigrantes escoceses. Un error similar cometió la prensa escocesa cuando en el preámbulo de un Argentina-Escocia (2008) afirmó que José Luis <i>«El Tata»</i> Brown estaba emparentado con James Brown, el abuelo de los cinco hermanos campeones del Alumni. Aspecto que fue expresamente refutado en el libro <a target="_blank" href ="http://www.corregidor.com/?page_id=335&#038;codigo=1815"><i>«Quién es Quién en la Selección Argentina»</i></a>, dado que los antepasados que le transmitieron su apellido eran irlandeses y no escoceses. </p>
<p style="text-align: justify">Si resulta más fidedigna su habitual alusión a un parentesco con los Pertini de Boca Juniors, si bien en alguna ocasión exageró hasta el punto de <a target="_blank" href ="http://la-redo.net/pisando-los-talones-del-di-alfredo-di-stfano-12162-/">citar a uno de ellos</a> como <i>«fundador de Boca»</i>. Su tío paterno, Luis Juan Pertini, fue vicepresidente boquense entre 1947 y 1953. Mientras que el hermano de Luis, Dante Santiago Pertini, jugó en el club xeneize durante la década de los veinte (1920-26), siendo principalmente recordado por haber participado en la célebre gira europea de Boca Juniors de 1925, primera de un equipo argentino por el viejo continente. Un vínculo que resulta más tangencial, pero que deviene simpático por azares del destino, fue el matrimonio de uno de sus tíos con la hermana de Carlos Isola, el célebre portero de River Plate durante más de una década y que sustituyó en dicho puesto a Luraschi, el cual años después apadrinaría la llegada de la Saeta a River. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El pequeño Alfredo iba a ver los entrenos de un gran Boca Juniors</span> Este vínculo con los Pertini venía por parte de su abuela paterna, Teresa Ciozza, una genovesa casada con Miguel Di Stefano, que es el abuelo al que le debe su famoso apellido. Natural de Capri y emigrado a la Argentina, fue un referente futbolístico significativo, puesto que vivía cerca de la cancha de Boca y el nieto aprovechaba las visitas a su casa para acudir a ver los entrenamientos del conjunto xeneize. Tendría Alfredo sobre siete u ocho años, que es la época en la que empezó a jugar a fútbol en pequeñas canchas callejeras y también la del primer bicampeonato boquense. Como espectador de aquellas prácticas pudo disfrutar de uno de los mejores ataques de la historia del club, el de <i>«Cabecita de Oro»</i> Cherro, Benítez Cáceres y <i>«Pancho»</i> Varallo. Cuando Alfredo <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2006/11/17/futbol/1163763168.html">bautizó a Puskas como <i>«Pancho»</i></a> lo hizo en honor de este Francisco Antonio Varallo de su niñez, a quien se le llamaba así por ser uno de los hipocorísticos tradicionales de su nombre (Paco, Pancho, Kiko, Curro). El paralelismo entre el húngaro y el argentino, que les llevó a compartir apodo, lo encontramos en un don común: un disparo excepcional. A Varallo se le conocía también como <i>«el Cañoncito del Bosque»</i> debido a que el periodista Luis Elías Sojit empezó a llamarle así tras encadenar varios goles de tipo <i>«cañón»</i> en la cancha de Gimnasia y Esgrima La Plata. </p>
<blockquote><p>Tanto el «Charro» Moreno como la Saeta Rubia, ambos glorias de River, crecieron en la admiración de un triunvirato mítico de Boca Juniors: Cherro, Benítez Cáceres y Varallo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos o tres años después, el propio Di Stefano empezaría a realizar sus primeros entrenamientos en el colegio. Las <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2009/01/28/C-1128-di-stefano-a-solas-con-una-leyenda.php?volver=1&#038;retorno=1">clases de gimnasia</a> <i>«al lado de Obras Sanitarias, en Gimnasia y Esgrima, dos veces por semana»</i>. Sin embargo, en su autobiografía consideró que los fundamentos técnicos específicos del fútbol los recibió por las mismas fechas, sobre sus diez años, bajo la supervisión de un empleado de su progenitor. Un muchacho de origen gallego e hincha de Boca llamado Enrique Losada. Fueron una infinidad de horas aprendiendo a pisar la pelota y adquiriendo sensibilidad en el toque chutando contra la pared de una fábrica. Luego tales destrezas se pulirían en la universidad de la calle. Allí donde cada acción pretende burlar un defensor, buscar a un compañero o batir una portería imaginaria. Nada que ver con los entrenamientos en base a <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Test_Course-Navette">Course-Navette</a> o Test de Cooper, inaplicables allí por inespecíficos. Los partidos de barrio en cambio eran puro fútbol, lúdicos pero intensos, puesto que no había ninguno que no terminase en una escaramuza. Y dado que la pelota iba rebotando de un lado para el otro de la calle, había que tener un arte extraordinario para jugar allí. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Comenzó a jugar con su hermano menor Tulio</span>La Saeta nunca renegó de la importancia de aquellos juegos. Recién llegado al Real Madrid consideró en <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/especiales/2002/02/centenario/1953_2.html">una entrevista</a> para el diario Marca (17-11-1953) que la escuadra de Barracas <i>«Once y venceremos»</i> (aka «Unidos y venceremos») era la más representativa de dicho periodo, aunque sabemos que a los doce años, y con su traslado al barrio de Flores, jugaría también para <i>«El Imán»</i>. Siendo aún adolescente la familia abandonó la ciudad y Alfredo decidió renunciar a sus estudios [1] para iniciar un vida como campesino en la finca agrícola familiar situada en Los Cardales, a unos 70 kilómetros de Buenos Aires. Sin embargo, no abandonó la practica del fútbol. Por mediación de José Mussi, quien lo descubrió peloteando en el campo del Río Luján y lo invitó a jugar en el conjunto local, Di Stefano <a target="_blank" href ="http://lasemanaya.com/alfredo-distefano-del-futbol-de-cardales-para-el-mundo/">empezó a disputar</a> <i>«los campeonatos de la liga norte, que aglutinaban a equipos de ciudades vecinas»</i>, formando parte del Club Progresista, añadiéndosele un año después su hermano menor Tulio. Algunos vecinos recuerdan que don Alfredo Di Stéfano senior solía llegar a los partidos <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Sulky">en sulky</a>, arrastrado por el caballo <i>«Bómbolo»</i>, mientras sus dos hijos iban corriendo detrás a modo de precalentamiento para el partido. Los hermanos se alineaban como insiders o entrealas del conjunto, intercambiándose las posiciones de 8 o 10 en función de las situaciones que plantease el partido. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Al principio, de niño, no destacaba tantísimo</span>Gracias a don Pedro Gigena, uno de los más longevos integrantes de aquel equipo, ha llegado hasta nosotros el recuerdo de esta Saeta juvenil. Gigena fue uno de los zagueros centrales de aquel conjunto, campeón interregional de 1943, y como tal rememoraba en una entrevista que <i>«Alfredo era un muchacho joven, al que le gustaba tocar la pelota y gambetear»</i>. Sin embargo no era el futbolista más brillante de aquel conjunto. Ese papel le correspondería al wing izquierdo, Rosa Gigena, e incluso el hermano menor de Di Stefano, Tulio, era considerado un futbolista superior. Alberto Di Yorio, uno de los cardaleros que más ha hecho por reivindicar la memoria de aquel pasaje, recogió el testimonio vecinal sobre el juego de Tulio Di Stefano, al que caracteriza como de <i>«frente en alto y con la pelota siempre en el suelo (&#8230;) era mejor, pero se le rompió la rodilla y no pudo jugar mucho»</i>. Similar opinaba Pedro Gigena, quien en calidad de testigo directo de todo aquello, atestiguó que en ese periodo La Saeta rubia <i>«no era ninguna lumbrera (&#8230;) todavía no despuntaba»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Tanto Gigena como Alberto Di Yorio destacaron sobremanera el constante estímulo del padre sobre sus dos hijos atletas. Alfredo senior no solo se limitaba a acompañarles, sino que, situado detrás del arco, les daba constantes indicaciones. Exclusivamente dirigidas hacia ellos. Si bien en alguna ocasión concedió elogio particular al juego de algún compañero, como fue el caso del número 6, Tito Roveda. El viejo Di Stefano se permitía aleccionar porque había sido futbolista y, al final, aquel antecedente se reveló clave en la futura trayectoria de su vástago. Sobre todo porque la casa de los Di Stefano se veía frecuentada en aquella época por <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">los amigos</a> de la familia. Inclusive los que habían coincidido con el padre en River. Uno de ellos era Alejandro Juan Luraschi, un electricista que había sido el portero del ascenso de River Plate a Primera División (1908) y que parece que aun tenía algún contacto con el club. Según <a target="_blank" href ="http://miseleccion.co/noticias/noticias/el-gran-alfredo-di-stefano-en-palabras-de-su-hermana-visita-a-su-casa-en-buenos-aires/20140530/nota/2249766.aspx">Norma Di Stefano</a>, hermana del jugador, la madre, Eulalia, le pidió a Luraschi que recomendase a sus hijos para el equipo. A los pocos días le mandaron un telegrama citándole para una prueba de acceso. De los 70 u 80 muchachos que se presentaron aquel día, Peucelle solo seleccionó a Alfredo y a Julio Salvucci, futuro integrante del Ferro Carril Oeste del ascenso de 1949.</p>
<blockquote><p>Pese a no haber sido un jugador típico de la escuela rioplatense, el itinerario formativo de Alfredo si fue el común al de todas las estrellas del ciclo de las luces argentino: el potrero</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En River se encontró el mejor contexto posible para aprender a jugar</span> A esas alturas las divisiones inferiores de River llevaban años aportando una excelente producción. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-felix-roldan-heroes-cazatalentos-creadores-maquina-river/">Félix Roldán</a>, un quiosquero, había sido el primer ojeador y creador de aquellas categorías. A su muerte (1941) su gran amigo Carlos Peucelle tomó el relevo y se dedicó a coordinarlas. Ambos fueron elogiados por el famoso periodista Dante Panzeri por su manera de <i>«elegir y corregir adolescentes»</i>, si bien aquello fue solo una parte del proceso. Paradójicamente, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/platinismo/">la construcción de la Máquina</a> resultó bastante orgánica. Cierto que el semillero tenía una identidad propia, todos jugaban a lo mismo y los delegados del club instruían a los chicos. Sin embargo la técnica superdotada de aquella generación siempre se le ha atribuido a su formación durante la infancia en los terrenos baldíos, los potreros. Luego, la característica forma de jugar de aquel River, sin posiciones fijas, no fue tanto responsabilidad de un particular como algo que se dio por una larga suerte de factores. Di Stefano <a target="_blank" href ="http://www.taringa.net/posts/deportes/15217191/Antigua-entrevista-a-Alfredo-Di-Stefano.html">definió a sus antecesores</a> como <i>«un grupo de muchachos, (que) pese a su juventud, analizaba muy bien el fútbol y hablaban mucho antes de los partidos»</i>. La Saeta explicó también que en su primer partido le dijeron: <i>«Tú no te preocupes que te vamos a proteger. Cuando veas una camisa con la franja roja le das a la pelota y ahí te vamos orientando»</i>. Lo que es una buena muestra de como la transición entre las inferiores y el primer equipo era facilitada por los propios veteranos. Existen numerosas muestras de ello. Anteriormente había sido Carlos Peucelle, aun jugador, quien se había situado al lado de Adolfo Pedernera como interior izquierdo, cuando el mentor de ambos, Félix Roldán, le pidió que le protegiera en su debut. Otro tanto hizo Peucelle por José Manuel Moreno, <a target="_blank" href ="http://www.robertomancini.com.ar/lavisita.html">a quien enseñaba</a> <i>«a poner el cuerpo, en defensa de la pelota»</i>, y del <i>«dribbling»</i> y luego el Charro ya como <i>«cabecilla del grupo, era el que organizaba, hablaba y educaba»</i>, según Alfredo, a los demás. </p>
<p style="text-align: justify">La generosidad y el compromiso de algunos de los jugadores con el equipo era tal que, espontáneamente, cedían su puesto para no frenar la progresión de los chicos de las inferiores. Tal fue el caso de <a target="_blank" href ="http://www.alertadigital.com/2011/06/28/las-lagrimas-de-los-millonarios/">Aristóbulo Luis Deambrossi</a>, quien fascinado por el juego que exhibía Loustau cuando entrenaba con los mayores, le recomendó al técnico Cesarini darle entrada en el equipo en su lugar. U, otra vez Carlos Peucelle, que estando aun fuerte y veloz se retiró del fútbol, entre otras cosas, por no tapar a Juan Carlos Muñoz. Luego esos dos futbolistas fueron los <i>«punteros»</i> (extremos) de la Máquina de River. Más complicado fue conseguir ubicar a Pedernera como eje del ataque, para que diera comienzo todo. En eso fue clave la presión de sus compañeros y de los delegados de las inferiores sobre el técnico Cesarini, al que bautizaron como <i>«el legañoso»</i> porque <i>«no veía»</i> que con Adolfo funcionaban todos los demás. </p>
<p style="text-align: justify">Cuando a Pedernera <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">le tocó opinar</a> sobre la Máquina dijo: <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos, quizás impensados para esa época: entrar y salir, el cuadrado en el medio, la sorpresa, la ocupación de los espacios. Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total. Parecía que jugábamos de memoria»</i>. La cantidad de <i>«iluminados»</i> era tan colosal que hubo que desechar a numerosos futuros campeones por no poder absorber el primer equipo tal abundancia de camadas. Así salieron de la entidad los <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2005/01/25/agenda/1106607609_850215.html">Sánchez Lage</a>, Ernesto Grillo, Fernando Sánchez, Antonio Rodríguez, Rogelio Domínguez, Antonio Báez, Mario Sabbatella, Roberto y Oscar Coll&#8230; </p>
<blockquote><p>El volumen de talento del semillero River era tan abundante que de tanto en tanto se desbordaba.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pese a ser un gran goleador, en sus inicios tenía sus limitaciones</span>Dentro de aquel contexto la Saeta Rubia no figuraba entre los futbolistas habilidosos, al estilo de lo que se espera de los próceres argentinos. Durante aquella estadía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-mito-folclore-escuela-millonaria-cantera-river-plate/">en La Maquina</a> estaba lejos, en dicho aspecto, de compañeros suyos como Pedernera, Moreno o Báez. Jugadores que como se decía entonces <i>«gastaban la pelota»</i>. Originariamente el rol de Di Stefano en el equipo era el de goleador. Sus ex-compañeros y formadores de aquel entonces (Rossi, Peucelle, Domínguez, Pedernera&#8230;), cuando les tocó definirle, describieron a un jugador inteligente a la hora de explotar su velocidad, con arrancada potente, fuelle en carrera y muy móvil, pero que destacaba más por su carácter ganador y amor propio que por su clase. A nivel técnico, mientras estuvo en Argentina, solo dispuso de un buen perfil de desmarque, el derecho, lo que le daba poca variedad a su juego. La pierna izquierda prácticamente la tenía para apoyar y no sabía cabecear. Paradójicamente -vista su trayectoria posterior- fue un jugador de los de corrían mirando al piso. No jugaba para el equipo, sino para el gol. Durante aquellos primeros años como profesional, ni daba juego a los demás ni organizaba al conjunto. Tampoco <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/03/11/filogenesis-blanca-iv/">en Colombia</a> jugó de esa manera. </p>
<p style="text-align: justify">Esto fue, en opinión de Pedernera, una consecuencia lógica de las características de los compañeros que tuvo durante su etapa latinoamericana, en donde se alineó siempre con interiores magníficos: Norberto Méndez y Llamil Simes en Huracán, José Manuel Moreno y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/11/platinismo-futbol-argentino-venganza-angel-labruna-river-plate-boca-juniors/">Ángel Labruna</a> en River, y el propio Adolfo Pedernera y Antonio Báez en Millonarios. Así pues durante este periodo (1944-53) se centró en depurar su juego natural, principalmente bajo la tutoría del <i>«Maestro»</i> Pedernera, pero siempre con un radio de acción limitado al ultimo cuarto de la cancha. Al finalizar su etapa colombiana ya le daba con las dos piernas y nunca le pegaba mal, como si sucedía inicialmente en River y Huracán, en donde llegaba a fallar incluso con su pierna diestra. Esta evolución enriqueció su juego permitiéndole entrar por ambos laterales (derecho e izquierdo), sin perder por el camino sus cualidades innatas: velocidad, fuerza y movilidad. Seguía sin ser un dominador de balón de élite o un driblador de postín, pero en cambio había añadido a su arsenal el juego en corto, la pausa, y había aprendido a <i>«marcar»</i> en defensa. </p>
<p style="text-align: justify">La necesidad de aplicarse a la hora de defender fue una conclusión de tipo eminentemente práctico. Según el propio Alfredo <i>«los delanteros deben aceptar que parte de su trabajo consiste en ayudar en defensa. Si la defensa falla, el trabajo del delantero se hace mucho más difícil, porque tiene que marcar más goles. Por eso, lo evidente es bajar a ayudar en defensa. Así tu trabajo es más fácil durante el partido»</i>. Un razonamiento aparentemente lógico que enmascara dos conclusiones inherentes al planteamiento. La prioridad es ganar, no el lucimiento personal, y el jugador dispone del vigor necesario para rendir en ambas fases del juego (defensa/ataque). En el aspecto atlético las condiciones naturales de Di Stefano (velocidad, agilidad y resistencia) eran espectaculares. Consciente de ello cuidó su físico con mimo. En Colombia no contaban con preparador físico, por lo que los jugadores tuvieron que responsabilizarse y Alfredo era, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/10/platinismo-futbol-argentino-bien-jugado-pedernera-enrique-garcia-dante-panzeri/">en palabras de Nestor Rossi</a>, <i>«el primero en llegar y el último en irse»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En Madrid enseñó a jugar a sus compañeros</span>En sus inicios en el Madrid le sucedió lo mismo que <a target="_blank" href ="http://www.fcbarcelona.es/club/historia/detalle/ficha/1950-la-llegada-de-kubala-la-estrella-de-la-decada">a Kubala</a> en Barcelona. Algunos de sus compañeros eran buenos jugadores, pero otros simples modestos a los que él hizo grandes. El nivel técnico general, tanto del campeonato como el de su equipo, era inferior al que había encontrado en sus anteriores experiencias [2], pero una de las grandes cualidades de Alfredo -según decía su amigo Pepe Peña- era la inteligencia de saber adaptarse a las circunstancias. Cuando llegó al Madrid <i>«todo el mundo reventaba la pelota. Los volantes la recibían con el pecho y en vez de matarla la rebotaban. Entonces ya no la tenían dominada, porque se les había ido a zona de disputa. Y allá iba el zapatazo: alto, fuerte y lejos»</i>, decía Pepe Peña en una entrevista en El Gráfico (1963) [3]. Di Stefano no estaba acostumbrado a ver pasar globos por encima de su cabeza, así que se aburría. Empezó a bajar para pedir la pelota. A veces hasta su propia área de penal. Gritaba al compañero que tenía la pelota para que no la rifara y se la dieran a él [4]. Paulatinamente fueron tomándole confianza, puesto que vieron que podía ayudarles a sacar el balón y además les colaboraba a la hora de defender. De esa forma los defensores del conjunto comenzaron también a cambiar su actitud y se fueron sintiendo jugadores. Ya no estaban solo para despejar, sino que eran parte del juego. Y en el corazón del juego se situó Di Stefano, puesto que eso era lo que el equipo precisaba. Como comentaba Pedernera, el Real Madrid <i>«le dio todo el campo»</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/"><i>«él era el eje de todo su juego»</i></a> y Alfredo lo <i>«cubría con su dinamismo, velocidad y tremenda fuerza»</i>. </p>
<blockquote><p>El todocampo no juega en un puesto por partido, sino que elige un puesto en cada jugada.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Existían antecedentes de jugadores que habiendo madurado por la edad y perdido velocidad en sus piernas, aumentaban su comprensión del juego y, pese a haber sido jugadores <i>«simples»</i>, limitados a explotar velocidad y tiro, pasaban a organizar el juego de sus compañeros. Dos ejemplos argentinos anteriores a La Saeta serían <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Domingo_Tarasconi">Domingo Tarasconi</a> y Bernabé Ferreyra. La diferencia es que Alfredo lo hizo manteniendo su velocidad y fuerza de arranque. Del par de ocasiones que Adolfo Pedernera pudo ver a Alfredo en Europa destacó que, aunque por su <i>«prestigio y ascendiente»</i> podría haberse limitado a <i>«jugar a un ritmo más pausado, haciendo valer su experiencia y visión de juego»</i>, nunca lo hizo. El Di Stefano que él vio en el Real Madrid era <i>«el de siempre»</i>, con una <i>«movilidad extraordinaria»</i> y <i>«permanente afán por ganar»</i>. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ante las dobles marcas, Alfredo se hizo un experto en sorprender</span><i>«Yo no paro de moverme para que los defensas no puedan inmovilizarme»</i> explicaba la Saeta <i>«y me muevo rápido para ayudar al que recibe el balón»</i>. Uno de sus rivales, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UHYTTrLsWY0">Luís Suárez</a>, declaró que si bien en aquella época se hacían muchos marcajes al hombre, con el nueve del Madrid la cosa llegaba hasta un punto cómico. El balón podía pasar a cuatro o cinco metros al lado de sus marcadores, pero ellos nunca iban a buscarlo. No podían permitirse descuidar ni un segundo a Alfredo Di Stefano. Según el que fuera seleccionador argentino, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Carlos_Lorenzo">Juan Carlos Lorenzo</a>, si le hacían un doble marcaje -cosa que en España sucedió en la totalidad de los partidos y durante varias temporadas-, Di Stefano corría por toda la cancha como un loco avisando a gritos a sus compañeros (<i>«¡Yo no juego! ¡Yo no juego!»</i>) de que uno de ellos estaba libre y debía subir al ataque. Debido a esta presión extenuante, la Saeta se convirtió en un experto en el arte de la sorpresa. Por ejemplo, tirando de espaldas al arco, modalidad que le permitió conseguir varios de sus goles más famosos. Esta cualidad estaba intrínsecamente relacionada con otra de las grandes virtudes que de él destacaba Pepe Peña: su seguimiento de juego e intuición, que le permitían predecir situaciones de partido con segundos de anticipación [5]. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Rogelio_Antonio_Dom%C3%ADnguez">Rogelio Domínguez</a> explicó que pese a que en el doble marcaje un jugador <i>«le seguía como su sombra»</i> y el otro <i>«le esperaba a la salida»</i> se las arreglaba para <i>«aparecer de golpe delante del arco para hacer el gol»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Pedernera consideró que todas estas características de su fútbol se explicaban precisamente por no haber sido un gran dominador de la pelota o un <i>«gambeteador»</i>. Gracias a eso había podido llegar a ser lo que fue. Si no, tal vez hubiese triunfado en otro rol, pero no sería Di Stefano. Había esquivado la sirena del jugador criollo. En lugar de adueñarse del balón se hizo dueño de todo el terreno. Una vez, describiendo a Sivori, la Saeta dijo: <i>«es un jugador genial, pero todavía no ha podido desprenderse del embrujo de jugar en muchas ocasiones para él»</i>. Ese fue el mal que él superó. Aquel que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/estirpe-brujas-veron-estudiantes-de-la-plata/">Zubeldia</a> resumió de manera aun más dramática en 1962 diciendo que <i>«el individualismo era el principal vicio del jugador argentino»</i>.<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«</span>¿Alfredo, por qué cambió su manera de jugar?»<br />
«Me fui dando cuenta de que el fútbol es juego de once jugadores. Tienen que trabajar todos para todos. Es un principio básico»</i>. (Alfredo di Stefano, para <i>«El Gráfico»</i>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] En el número 125 de la Revista de la RFEF la periodista Blanca Benavent le preguntó a Alfredo por el título de «ingeniero agrónomo» que le viene acreditado de tanto en tanto en alguna reseña. Sospecho que la confusión procede de una entrevista concedida a Cesar González Ruano (25-4-1954) y recogida en el libro recopilatorio &#8216;Las palabras quedan&#8217;. Allí la Saeta dice haber cursado dichos estudios, quizás para tomarle el pelo al entrevistador, al detectar en él a un advenedizo que tapaba su desconocimiento del deporte rey recurriendo a la tauromaquia («Hablamos ahora de fútbol. Para mi éste es un bosque donde me encuentro perdido. Lo mismo me ocurrió con Kubala y con Samitier. Pero no importa. Además, no hay otro remedio. ¿Cómo no voy a hablar de fútbol con Di Stéfano? Fútbol y toros»). Pese a ser un material tan antiguo ha tenido cierta circulación atribuible a la recomendación de algunos docentes de periodismo. Sabemos, por ejemplo que José Julio Perlado, profesor de Redacción Periodística, lo recomendaba a sus alumnos y que su opinión solía ser muy valorada por sus discípulos.</p>
<p>[2] Cuando Di Stefano llegó a España desconfiaba del nivel del campeonato. Durante una entrevista (1974) se refirió a cierta conversación con su hermano Tulio, previa a participar en el torneo español, en la que aseguró petulante que «allá les meto un amague y me voy derecho al arco». Sus experiencias previas durante la gira con Millonarios le habían hecho considerar a los gallegos (españoles) como «troncos», faltos de clase. Posteriormente valoró positivamente la preparación atlética del futbolista europeo, pero incluso en 1966 -cuando estaba finalizando su periplo dentro del campo- seguía considerando al futbolista español como falto de clase. Prueba de ello es una entrevista concedida a Juvenal para Sport, el suplemento mensual de El Gráfico, en la que Di Stefano declaró sin tapujos: «Vos sabés que ése es el problema del jugador español: la pelota». Similar opinaba Puskas, recién llegado a la península, cuando comparaba el nivel técnico general del campeonato húngaro con el español «El fútbol español es bastante rápido. (&#8230;) Quizás más técnica el de mi país. Nosotros siempre procuramos hacer correr la pelota» (Marca 23-09-1958).</p>
<p>[3] El hijo de Rogelio Domínguez, el profesor Antonio Domínguez Vence, me aseguró en una conversación privada que en aquella época apodaron a Miguel Muñoz «Siempre viva» por su mal control de la pelota. No dudo de la veracidad del hecho, ni de los motivos que llevaron a sus compañeros a ocultarlo a posteriori, sin embargo no he podido aun confirmar esta anécdota con al menos otra fuente si bien cuadra con lo que refería Pepe Peña en 1963. Lo que si está más contrastado es que cuando un defensa despejaba sin tino, Alfredo se le acercaba para aclararle: &#8211; «Me la tenés que dar a mí no a Bernabéu».</p>
<p>[4] Esta manera de «darle aire a la defensa», para liberar al portero de la necesidad de «volearla al no tener con quien jugarla» (Dinámica de lo impensado. Dante Panzeri), tenía su precedente inmediato en el juego de Adolfo Pedernera y Félix Loustau en la Máquina de River. Allí ambos recibían frecuentemente las iras del público por ir a colaborar a que los defensas sacasen la pelota jugada ya que el respetable entendía que «abandonaban su puesto» o iban a «esconderse atrás».</p>
<p>[5] Durante la final de Copa de Europa de 1962, celebrada en el Estadio Olímpico de Ámsterdam, un jovencismo recogepelotas holandés quedó fascinado por la habilidad de Di Stefano para pensar la jugada un segundo antes que el contrario. El muchacho reconoció en ello algo que él nunca había visto antes y le dedicó mucho tiempo a reflexionar sobre aquella forma de liderazgo. Acabó concluyendo que el recorrido de Di Stefano por todo el campo estaba siempre vinculado a los intereses del equipo, algo que solo podía producirse yendo constantemente por delante de la jugada. Antes de recibir ya deberías saber lo que ibas a hacer. El impacto que en él tuvo esta epifanía le llevó a tomar por espejo el juego del ídolo argentino, y con los años llegó a ser reconocido por los críticos futbolísticos como uno de los grandes interprete del jugador todo campo. ¿Su nombre? Johan Cruyff. </p></blockquote>
<p>&nbsp;<br />
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&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Di Stefano</a><br />
&#8211; <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/alfredo-di-stefano-leyenda-real-madrid-argentina-futbol/">¿Ya puedes ver?</a></p>
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		<title>Platinismo: Felix Roldán y otros héroes anónimos (II)</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Oct 2014 01:55:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[“La victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana”, Napoleón Bonaparte. na de las consecuencias de la carrera militar de Bonaparte es habernos descubierto a un sensacional fabricante de citas. O al menos ha provocado que se le atribuyan una cantidad exagerada de ellas y que además abundan en cuestiones de todo tipo. La [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><b>“La victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana”</i>, Napoleón Bonaparte.</b><span id="more-143124"></span></p>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">U</span>na de las consecuencias de la carrera militar de Bonaparte es habernos descubierto a un sensacional fabricante de citas. O al menos ha provocado que se le atribuyan una <a target="_blank" href ="http://es.wikiquote.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte">cantidad exagerada</a> de ellas y que además abundan en cuestiones de todo tipo. La que atañe a la paternidad del éxito quizás sea la más famosa de todas y dado que el fútbol es una parte de la vida le resulta perfectamente aplicable [1].</p>
<p style="text-align: justify">Tomemos, por ejemplo, una brillante disertación que escribió <a target="_blank" href ="http://www.riverplate.com/Verde-Cesped/Homenajes/12868-a-veintidos-anos-de-la-muerte-de-carlos-peucelle.html">Carlos Desiderio Peucelle</a> en 1959, titulada <i>«La Espiral de los Esquemas»</i>. Allí introdujo una anotación a pie de página, tras citar a la llamada WM de Chapman, aclarando que no simpatizaba con darles nombres propio a los conceptos tácticos puesto que el mundo estaba <i>«lleno de invenciones que no fueron otra cosa que bautismos de lo ya creado»</i>. Según su entrañable amigo Panzeri no era por <i>«demagogia de la modestia y la humildad»</i>, si no porque no creía en arrogarse <i>«este tipo de méritos»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Aceptaba Peucelle reconocimiento en lo tocante a su actividad <i>«dentro de la cancha»</i>, es decir como futbolista. E incluso habiendo señalado Pedernera que siendo jugador ya se le consultaban a él las cuestiones<span class="pullquote_right">Cuando era futbolista, Peucelle ya mandaba</span> tácticas, como si del director técnico se tratase, Carlos jamás permitía que se le otorgasen paternidades ni de equipos ni de jugadores. Durante la década de los sesenta su ex-compañero <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Renato_Cesarini">Renato Cesarini</a>, en connivencia con determinada prensa, había presentado su candidatura como genuino <i>«hacedor de La Máquina»</i>. Sin embargo Peucelle nunca entró a darle pública réplica sobre esto, pese a considerar que aquellas declaraciones eran <i>«circenses»</i> y propias de la <i>«comedia actual del fútbol»</i> que él tanto denostaba. Si la paternidad no puedes ser individual puesto que, en palabras de Peucelle, <i>«son cosas que se dan por muchos»</i>, no puede haber quien reclame la autoría sin estar faltando a la verdad. O a la ética. </p>
<blockquote><p>«Yo no hice nada y no hay nadie que lo pueda hacer. Son cosas que se dan por muchos motivos. Y se dan, no se preparan», Carlos Desiderio Peucelle.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><i>«A La Máquina no la inventó nadie. Existió porque se dieron circunstancias en un mismo tiempo y en un mismo club»</i>, exponía Pedernera cuando le tocaba opinar sobre el tema. (Sencillamente) <i>«Nos encontramos un grupo de jugadores iluminados y logramos un entendimiento total»</i>. Adolfo desproveía de alquimia el debate y lo exponía <a target="_blank" href ="http://old.clarin.com/diario/2001/05/25/d-274442.htm">desde una perspectiva orgánica</a>. <i>«Los equipos siempre nacen cuando se ubican distintas duplas. Nosotros dispusimos de varias de esas sociedades y las piezas se fueron acomodando solas. Y aparecieron así los movimientos»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Una aproximación que por naturalista pudiera parecer desmitificadora, además de instigarnos a hacer una pregunta que casi aparece implícita en su respuesta. ¿Hubo alguna particularidad en la reunión y disposición de aquellos jugadores o fue todo un hecho casual? Tras la consecución del campeonato de 1945 se publicó en la revista <i>«River»</i> un artículo del propio Peucelle que resulta clarificador sobre el proceso de llegada al club de aquellos jugadores: <i>«Dentro de esta gran familia que es River (&#8230;) cabe señalar que la <a target="_blank" href ="http://riverlujoypueblo.blogspot.com.es/2009/12/campeonato-afa-1945.html">obtención del título 1945</a> tiene una relación directa con el cuidado y fomento del fútbol amateur. A él se le debe la mayor parte del éxito. Labor ímproba, difícil (&#8230;) la tesonera y delicada tarea de descubrir, perfeccionar y formar los futuros cracks»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Dicha función durante <i>«la primera etapa de vida de un jugador»</i> recaía en los generalmente anónimos delegados de las divisiones inferiores del club. Peucelle les agradecía en aquella carta pública la búsqueda de jugadores <i>«de casa en casa»</i>, <i>«esperándolos en una esquina»</i>, <i>«llevándolos a la cancha»</i> o <i>«viéndolos en el baldío»</i> realizada bajo las inclemencias del tiempo estacional -ya fuese lluvia, frío o fuerte calor-, sin más recompensa que la de haber sido útil al club. Es decir, sin retribución económica de ningún tipo. Luego los domingos, a mayor gloria, acudían a supervisar a su equipo de división en partidos con apenas <i>«una veintena de espectadores»</i>.</p>
<blockquote><p>«¡Yo no fui maestro de nadie! ¡El jugador se hace jugando!», Peucelle a Néstor Rossi.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Las raíces de aquella <i>«gigantesca obra»</i> (sic) <a target="_blank" href ="http://4.bp.blogspot.com/-rfEkO2agZw8/TeV5_e2DfoI/AAAAAAAAM_8/gwpNco87qmk/s1600/RIVER-PLATE-1931.jpg">se habían gestado en 1931</a> con la llegada de Peucelle a River en calidad de jugador. A Carlitos le acompañaba el quiosquero Félix Roldán, quien había sido su orientador futbolístico en sus días juveniles en el potrero. Decía Ernesto Lazzatti que existen dos tipos de aficionados: El que va a ver a un equipo, así que va a verlo ganar; y el que va a seguir un partido, y por tanto va a ver jugar. Félix Roldán era de los segundos [2]. Un enamorado del fútbol y especialmente del que jugaban los muchachos habilidosos. Peucelle propuso a la sociedad aprovechar la particular habilidad y predisposición de Roldán para la selección y orientación técnica de los jóvenes, aspecto en el que le consideraba <i>«el más grande (&#8230;) que yo conocí»</i> (sic), y River aceptó la propuesta. Félix Roldán pasó a desempeñar la función de delegado de las inferiores, articulándose alrededor suyo aquel semillero del equipo al que el diario <i>«Crítica»</i> denominaba en 1931-1932 los <i>«cebollitas»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Por mediación de Roldán llegan a River los <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Adolfo_Pedernera">Adolfo Pedernera</a> (su mayor éxito), Eduardo Correa, José Ramos, Mario Filippo, Fernando Sánchez&#8230; Jugadores que en palabras de Carlos Peucelle <i>«llegaron en gran cantidad a primera»</i>. Sin embargo durante su etapa formativa, cuando jugaban en las quintas o sextas divisiones, <i>«rara vez ganaron campeonatos»</i>. De hecho es famosa la anécdota de que frecuentemente aparecía Roldán eufórico y le decía a Peucelle:</p>
<p style="text-align: justify">&#8211; <i>«Ayer jugaron los pibes. Mirá&#8230; salí con la panza «así», llena de fútbol. ¡Qué baile, qué milonga!»</i> </p>
<p style="text-align: justify">Roldán lo pregonaba además por todo su barrio (Constitución), orgulloso de aquello, pero cuando le preguntaban por el resultado la respuesta podía llegar a ser sorprendente:</p>
<p style="text-align: justify">&#8211; «<i>Y&#8230; perdimos 1-0, ¡pero qué baile dimos!&#8230;»</i> </p>
<p style="text-align: justify">Aquellas divisiones inferiores estaban articuladas en el juego, o siendo aun más precisos, en los chicos que juegan (bien) [3]. Peucelle estaba fascinado por esta labor pedagógica porque además conocía de primera mano los resultados. De la efectividad del trabajo amateur de Roldán tenía innumerables pruebas puesto que durante su periplo como <i>«delegado»</i> por clubes como el Futbol SanTelmo o Sportivo Buenos Aires, había descubierto a los <a target="_blank" href ="http://www.bdfa.com.ar/jugadores-BONIFACIO-MARTIN-12024.html">Bonifacio Martín</a>, Cilento, <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Arcadio_L%C3%B3pez">Arcadio López</a> o al propio Peucelle, que tampoco había sido nunca campeón en las inferiores. La valiosa lección que <i>«Barullo»</i> Peucelle aprendió de aquel bohemio vendedor de periódicos fue la de la paciencia. Los resultados deportivos, el dinero y el éxito serán consecuencia de que se haya formado un buen jugador y para eso se necesita <i>«estar con la cabeza bastante fría para quedarnos con el que juega, aunque no gane»</i>. </p>
<blockquote><p>«Orientamos y enseñamos técnica (no juego). El juego no se puede enseñar», Peucelle.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Durante sus últimos años como jugador Carlos ya colaboraba de forma extraoficial con las divisiones inferiores de River, sin embargo una serie de sucesos precipitaron que en 1942 pusiese fin a su carrera como profesional<span class="pullquote_left">Antes de fallecer, Felix Roldán le implicó en las labores de formador</span> y pasase a coordinar las divisiones inferiores. Irónicamente en 1941, el año en que brotaba el fruto más brillante de la semilla plantada una década atrás, la Máquina de River (1941-46), fallecía su jardinero, <a target="_blank" href ="http://4.bp.blogspot.com/-Gr2y5RwrHHI/UJMo2-KzERI/AAAAAAAADFg/OUW12T6v-fQ/s1600/1.jpg">Félix Roldán</a>. Peucelle se hace cargo entonces de continuar su tarea, mientras aun ocupaba el rol de puntero (extremo) derecho titular del equipo. De hecho él estuvo en las primeras alineaciones de la genuina Máquina. Sin embargo la transición fue más natural de lo que a simple vista pudiera parecer por dos motivos. Roldán llevaba tiempo implicando a Peucelle en la toma de decisiones y en la inserción de los nuevos elementos en el equipo [4], y existía una estructura de delegados perfectamente integrada <i>«desde esa temporada»</i> (1932) como decía el propio Carlitos en la carta de celebración anteriormente mencionada: <i>«Las divisiones inferiores ocuparon dentro del engranaje del club el lugar que lógicamente les correspondía. Alentados por jugadores profesionales que transmitían sus enseñanzas, se tuvo una visión de lo que significaría el aporte de estos equipos con el correr de los años, si sabía conducírselos con inteligencia y sobretodo con paciencia. (&#8230;) El periodo de selección hasta la consagración, dura cinco años (14-19 años). Este trabajo es cumplido con toda eficiencia por personas que generalmente permanecen en el anonimato»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Estos héroes anónimos a los que hacen referencia Peucelle y nuestro título son los Juan Manitto, Antonio Suárez, Roberto Sonzini, Osvaldo Pertini, Miguel Angel Festenesse, Eduardo Vidal, Marcos Boin, Pablo D&#8217;Argento, Domingo Adami, Angel Dimeo y tantos otros que tristemente debemos omitir por desconocimiento. Ninguno de ellos cobró nunca por sus servicios, si no que entregaban sus horas libres a esta actividad. Consciente Carlos del tamaño de la deuda moral del club para con ellos, quiso darles reconocimiento a los ojos del aficionado, desglosando en aquella carta del &#8217;45 la importancia de los jugadores <i>«hechos en el club»</i> en equipos campeones desde 1932 a 1945. </p>
<p style="text-align: justify">En 1936 habían jugado Wergifker, Moreno y Pedernera, pertenecientes a la primera camada de 1932. Luego hubo cuatro titulares del semillero y numerosos suplentes en el campeonato de 1937. Finalmente llega el salto de calidad, durante la primera temporada de la Máquina (1941), con siete titulares procedentes de las divisiones inferiores, y luego hasta 18 jugadores que habiendo surgido de dichas categorías participaron en el bicampeonato de 1942. Durante el torneo de 1945, que en su opinión <i>«consagra definitivamente la política»</i>, hubo 8 titulares dentro del 11 habitual y 18 <i>“cebollitas”</i> en un plantel de 22 componentes. Lo que Carlos consideró, a modo de corolario de su artículo: <i>«El triunfo <a target="_blank" href ="http://eldoradomagazine.com.co/2014/09/18/historia-el-dorado-origenes-huelga-argentina/">del fútbol amateur</a> en plena época de profesionalismo»</i>. Lamentablemente sus bellas reflexiones iban erradas en un aspecto. Aquella política no iba a ser eterna. </p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] De hecho José Mourinho reinventó la frase diciendo: “Las responsabilidades son mías. Ya sabéis que las victorias tienen muchos padres, pero las derrotas sólo uno y ese soy yo”, al quedar eliminado el Real Madrid en los cuartos de final de la Copa del Rey del 2012 ante el Barcelona.</p>
<p>[2] Félix Roldán era un «enamorado del buen fútbol», pero en aquella época también se consideraba aficionado al Racing Club. Sin embargo la dirigencia de River no lo consideró un impedimento para darle la llave de las divisiones inferiores. Posteriormente Roldán renunciaría a su afecto por «La Academia» al sentirse traicionado por el fichaje de un jugador que le disgustaba: Evaristo Barrera. Fue durante la época en la que el gran éxito de Bernabé Ferreyra, alias el «Mortero de Rufino», alentó al resto de equipos a firmar artilleros de características similares a las suyas. Roldán consideró que «por principios éticos» no podía seguir alentando al equipo.</p>
<p>[3] Aclaremos que con esto no se estaban refiriendo a lo que Peucelle llamaba los superhabilidosos o «genios precoces». Estrellas fugaces de las categorías inferiores que a aquellas edades parecen «fenómenos» pero que al pasar el tiempo «se quedan en la habilidad y no configuran al jugador».</p>
<p>[4] Roldán reubicó al defensa izquierdo procedente de Racing, Félix Loustau, como extremo y lo mandó debutar contra la tercera de Rosario. Luego no viajó hasta allí para valorarlo personalmente, si no que encargó a Peucelle verlo y juzgarlo. El informe positivo del todavía jugador permitió al equipo hacerse con una futura leyenda del campeonato. A su vez Adolfo Pedernera, en su autobiografía coescrita junto al periodista Alejandro Yebra y titulada «El fútbol que viví &#8230; y que yo siento», cita que tanto él como Moreno recibieron lecciones técnicas de Peucelle en cuanto empezaron a alternar con el primer equipo.</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">
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