Diego Godín ha estado buscando su momento durante toda la temporada actual. Podría decirse que la pasada campaña cabría en dicha ecuación, pues el uruguayo ha visto relegado su brillo durante los dos últimos años en los que el Atlético más pasos, en toda dirección, ha tenido que dar. Desde la marcha de Diego Costa, el ascenso de Griezmann, la despedida de Raúl García o el paso adelante de Thomas Partey, el Atlético de Madrid ha tenido que alejarse, previa recomendación del paso del tiempo, de un trocito de su concepto. Al final, el futbol es de los futbolistas y el tiempo se lo lleva todo, así que no le quedó otra a Simeone que despresurizar lo que estaba sucediendo. El caso es que, cerca de jugar de nuevo por un título, justo cuando todo el mundo mira y apunta lo que luego recordará, Diego Godín acumula elogios y levanta más de una pasión. Su confianza ha recobrado cuando todo su alrededor tuvo que atrincherarse.
Infortunios del fútbol, el central uruguayo se quedó sin dos de sus dientes en una acción aérea con Neto en el pasado Atlético de Madrid-Valencia de febrero. Buscando lo que tanto le ha definido tanto a él -21 de sus 23 goles como profesional han sido de cabeza- como a su equipo -hace tres temporadas el Atlético sumaba en abril 23 goles con la testa, por los dos que suma en la 2017-2018-, el charrúa saltó y perdió lo que por evolución natural menos ha ido necesitando su equipo durante toda la temporada. Sin un mediocentro posicional experimentado y equilibrado, con una fase defensiva desgastada y un rendimiento individual lejos del estatus que le mantuvo entre lo más alto de la demarcación años atrás, Diego Godín no tenía donde hincarle el diente a los partidos. Hasta que encontró un trozo de pan duro.
Godín ha visto muy comprometidas sus principales virtudes, incluso en escenarios donde pudo destacar
Ha llegado Godín con tanta hambre a un tramo tan comprometido que sólo las circunstancias han podido colmar sus ganas de comer. Fue en el Emirates Stadium donde el defensor sudamericano conectó con un momento muy particular, pues no encontró antes su equipo la manera de trascender de la forma en la que siempre lo había hecho. El discurrir táctico y competitivo de este Atlético 2017-2018 ha repercutido especialmente en el discurrir personal del ‘2’ rojiblanco y ninguno de los dos ha podido o ha sabido ayudarse. Quisieron cosas diferentes, y cuando buscaron parecerse, ninguno respondió como esperaban. Desde ahí, las dudas de una temporada que ha relacionado su fiabilidad defensiva con un mejor trato de balón, con una intención colectiva diferente y con un Jan Oblak inabordable.
Porque en una temporada en la que Simeone tuvo que enseñar a competir a jugadores que no respondían a su ideario más básico por edad o mentalidad -Thomas, Correa, Vrsaljko, Lucas-, el Atlético pareció perder cosas por el camino: fragilidad para guardar el 1-0 a favor, situaciones defensivas reconocibles pasaron a representar una dificultad -defensa de la mediapunta y el centro al área, encajando muchos goles de dicha manera-. Lo que se daba por sentado pasó a cuestionarse. Y fue Godín quien estaba en el centro de todo. Sin ir más lejos, un planteamiento muy adecuado de su entrenador, recibiendo al FC Barcelona en el Wanda Metropolitano en mitad de muchas dudas colectivas, donde los colchoneros situaron sus líneas en los picos del área y la frontal, derivando todo el pensamiento ofensivo del rival hacia las bandas, pudo significar para Godín un duelo de iguales ante un más que titubeante Luis Suárez. Pero Godín también perdió, desubicado en un contexto muy familiar.
La temporada de Godín y el Atlético nunca se tocaron en un punto en común, salvo en Londres
La temporada siguió su curso, con la Champions despidiéndose en diciembre, Griezmann desorientado y las ideas sin hacer del todo pie. Pero llegaron Diego Costa y las eliminatorias. Y un episodio entendido como límite, convertido en la eliminatoria balsámica, hicieron despertar al Diego Godín de 2014. Sirvió el Arsenal de la ida, con superioridad numérica, y el de la vuelta, con necesidad de remontar, para que el central uruguayo unificara el cómo con el qué, poniéndose en valor delante de la línea que separa el sufrimiento de la victoria. Llegados a Lyon, sumando todas las variables que llevan al Atlético a sentirse ampliamente favorito, conjuntando un espíritu competitivo común a su relación con la victoria con un recurso actualmente puntual pero antaño vital, Godín es el nuevo estandarte del despeje y la supervivencia. Dicha línea le ha hecho a entender que el juez divino llamado fútbol también da pan a quien no tiene dientes, por que el fútbol es una constante oportunidad para sentirse vivo.


Carlos 15 mayo, 2018
Yo sinceramente creo que el Cholo sabe que la idea cayó en un desgaste y no da más de si. Muy probablemente ganen la Europa League, despues de unas semis en mi opinión memorables, pero esto no debe cegar de la realidad que es que el proyecto necesita matizar la idea debido a los nuevos futbolistas con los que cuenta.
La pregunta clave aqui creo que es¿ está listo el Cholo para ese cambio?