Santi Mina aprendió a correr antes de saber andar. Su notable físico, dominante en categoría juvenil y competitivo en la élite, le ha ido permitiendo quemar etapas a una velocidad muy superior a la de su evolución como jugador. Debutó con 17 años sustituyendo a Aspas, anotó su primer gol como profesional el día de su 18 cumpleaños, se hizo con un hueco en el once titular del Celta con 19 y provocó que el Valencia pagara su cláusula con 20 tras lograr anotar el póker más precoz de los últimos 80 años en Liga. Pero, ¿cuánto mejoró en este proceso? ¿Cuánto creció como futbolista? No lo suficiente.
Salvo en ese tramo de la 14/15 en la que Eduardo Berizzo le escoró a la banda derecha, convirtiéndole en un elemento enfocado a la profundidad y a la determinación, aprovechando así su calidad física y su talento para romper desde muy lejos hacia portería, Santi Mina no ha podido redondear su formación. Quizás porque el suyo, pese a todo, es el típico caso de 9 que necesita tiempo para ordenar su fútbol una vez su potencia ya no consigue marcar tantas diferencias.
Santi Mina 14/15: 9 goles y 4 asistencias.
Santi Mina 15/16: 5 goles y 3 asistencias.
Santi Mina 16/17: 6 goles y 3 asistencias.
En todo caso, no debería extrañarnos si en cualquier temporada el delantero vigués explota a golear. Porque el talento lo tiene. Le falta coordinarse mejor, conocerse más a sí mismo y fundirse de mejor manera con el contexto que le rodea, precisamente tres cuestiones que se van aprendiendo con el pasar de los partidos. El ejemplo de Álvaro Morata, un 9 de perfil similar, bien podría servirle de modelo.
Sea como fuere, el presente de Mina da suficiente de sí como para no enfocar cada línea a su futuro. El punta gallego ha encontrado en el sempiterno juego de parejas de Marcelino un rol perfecto para lo que sí es a día de hoy: el de revulsivo. Partiendo desde el banquillo, normalmente con resultado a favor, Mina está aprovechando cada espacio para cerrar partidos, abrir goleadas e impulsar una ola de optimismo que ha llevado al Valencia hasta este gran momento.
Santi Mina, a día de hoy, es velocidad, desmarque y remate. Y en este contexto esta gran suma de cualidades se están demostrando más útiles que nunca. Sus 9 goles y 3 asistencias, las mejores cifras de su carrera, son la mejor prueba de ello. El reto de mezclar mejor con Rodrigo todavía está por superar. Al igual que manejarse en menos espacios o entender que no todo movimiento tiene que tener una influencia directa en la jugada. Pero Mina ya ha encontrado su sitio y su rol, por fin, se ajusta muy bien a sus posibilidades. Está gozando de continuidad, de confianza y de un punto de acierto en la definición que sólo puede traer cosas buenas. A sus todavía 22 años, no lo olvidemos, Mina ya puede -volver a- comenzar a crecer.
Foto: David Ramos/Getty Images






Abel Rojas 24 enero, 2018
Es alucinante el tema de las edades en el fútbol, aunque afortunadamente creo que esto va a volver a reconducirse. No hay "derecho" a que miremos a Mina como un proyecto fallido o un juguete roto. Como digo, creo que esto va a reconducirse porque, Mbappé a un lado, los cracks que dominen la próxima era van a ser de explosiones a edades más lógicas. Y eso va a ayudar a que el fútbol sea mejor, porque va a haber más paciencia.