Romelu Lukaku saltó a la fama cuando siendo menor de edad se convirtió en la estrella y el goleador del RSC Anderlecht. Esto ocurrió a principios de década, coincidiendo con el ajuste de cuentas que Didier Drogba quiso saldar y saldó con la Champions League, una circunstancia que, unida al parecido físico entre la promesa y la estrella, tejió una comparativa que luego quedaría más pronunciada si cabe con el fichaje del chico por el Chelsea FC. Desde entonces han pasado siete años, y con 24, tras no asentarse en Stamford Bridge y crecer con el West Bromwich Albion y el Everton FC -dos equipos que jugaban en función suya-, José Mourinho lo ha captado para que sea el delantero centro de su Manchester United.
En pos de sacarle el máximo partido, el técnico luso partirá de tres premisas. La primera estriba en que el fútbol de Lukaku no se parece al de Drogba; su estilo de juego es diferente. Cambiando de tema, el segundo supuesto radica en que Lukaku no es uno de los mejores delanteros del mundo; esos no están en el mercado. Y el tercero, que es el más práctico, deriva de que, pese a los dos anteriores, Lukaku será una herramienta muy aprovechable en los sistemas de Mou porque representa un perfil que antes no tenía y que él necesita siempre: el del «9» vertical capaz de ser una amenaza atacando en transición.
El movimiento predilecto de Lukaku consiste en caer a la derecha para hacer la diagonal hacia dentro.
Lukaku es justo eso, un delantero que busca jugar de cara y pistas sobre las que desplegar su zancada. Como prueba, que su acción predilecta consista en abrirse hacia la banda derecha para recibir contra el lateral zurdo oponente, imponerse por físico, darse la vuelta y tirar la diagonal; un tipo de movimiento al que Mourinho extrae jugo especial porque genera dos ventajas tácticas para su fútbol de transiciones: ofrece una salida sencilla hacia fuera -con un pase se forma la contra- y limpia el carril central para la incorporación de una segunda línea agresiva. En perjuicio del belga hay que señalar que su sutileza con el balón en los pies no es destacable, pero su lectura de las transiciones sí resulta interesante, y por ejemplo a Pogba o a Mkhitaryan les puede dar mucho. Cambiar a Ibrahimovic y Rooney, ambos muy de quedarse en el centro, por un ariete que pasa tanto o más tiempo en la banda derecha que en el área, y que sabe moverse y pensar en beneficio de los llegadores, abre un escenario harto prometedor para los Red Devils. Por supuesto, en lo relativo al contragolpe, que el ariete frecuente el desmarque de ruptura y pueda imponerse por rapidez o potencia a muchos defensores también refresca las opciones de Mou.
Sin espacios, Lukaku es un «9» con soluciones en su cabeza a quien no siempre le responden los pies.
Dicho esto, el Manchester United es el club más grande de la Inglaterra moderna y ello se forzará a jugar contra rivales encerrados que le esperarán en su propio campo exigiendo su faceta más creativa. Y sin espacios, el aporte de Lukaku se debilita mucho. Es cierto que con la experiencia ha ido limando su juego de espaldas a portería y que ahora mismo no es la nulidad que se veía cuando llegó a la Premier; en estos momentos, su cuerpo, más curtido, le ayuda a ganar la posición y sus toques, sin ser finos, albergan bastante sentido, pero cuando se piensa en el primer escalón, y más en concreto en la Copa de Europa, el fútbol posicional de Lukaku no ilusiona en demasía. Así mismo, su capacidad para colocarse en el área para rematar tampoco está a la altura de la élite en ese ámbito, aunque su cuerpo ayude.
Un cuerpo que, aunque le suma mucho, también llevó al engaño. Midiendo 191 centímetros y siendo de naturaleza muy atlética, la expectativa de que Lukaku se convirtiera en una referencia para el juego directo estaba más que justificada. Sin embargo, durante su presentación en la élite nunca rindió como tal y ahora mismo tampoco sobresale. La posibilidad de compensar su falta de finura y velocidad de ejecución con el diseño de un sistema ofensivo basado en el juego directo hacia su hipotético poderío área y las segundas jugadas que él pudiera propiciar… no es tan real. Le faltan oficio y técnica; los centrales están, como mínimo, en equidad de potencial contra él, y con la ventaja de que, en ese tipo de jugadas, son ellos, y no el «9», quienes ven la pelota de frente. O sea, quienes ostentan la ventaja táctica. Tal y como su juego de espaldas en ataques más indirectos, Lukaku también ha ido limando este aspecto, pero no es un especialista. Donde más se impone es cayendo a zona de extremo derecho y porfiando contra el lateral, que suele ser más ligero. Pero eso, en clave Mourinho, sólo servirá para mezclar la salida, no para liderarla. En el caso de decantarse por potenciar un sistema de juego directo y segunda jugada, deberá buscar el modo de que sea Pogba, y no Lukaku, el receptor del primer pase.
Lukaku no es gran salto de calidad individual, pero sí una herramienta que dará mucho margen a Mou.
Debido a lo expuesto, el fichaje de Romelu Lukaku por el Manchester United no significa un antes y un después pero sí se vislumbra como un movimiento sugerente. No significa un antes y un después porque el futbolista no posee la calidad y el talento de aquellos que transforman proyectos, y después de un lustro siguiendo sus evoluciones, tampoco parece que detente potencial para alcanzar ese nivel tan selecto. No obstante, se trata de un delantero afín a la cultura competitiva de José Mourinho tanto en lo referido al biotipo humano -será uno de sus soldados- como al perfil táctico, gracias a su poderío en el juego de transiciones. De esta guisa, si bien no continua la ambiciosa línea abierta con Paul Pogba de promesas capaces de marcar la diferencia por pura clase, sí que comienza a completar la plantilla del entrenador de Setúbal de un modo y con un pragmatismo que permite ir devolviendo a este jefe de los banquillos a la situación que ya conquistó un día: la de tener cada recurso requerido para expresar toda su imaginación y todo su conocimiento. Con Romelu Lukaku, José Mourinho podrá dibujar jugadas que definen lo más exitoso de su carrera y que durante su temporada de debut en el Teatro de los Sueños no le quedaban a mano porque le faltaba un intérprete. Y con (relativo) permiso de Simeone, nadie demostró tan bien y tantas veces ser capaz de ganar lo más duro con los que no son los mejores.
Foto: Dan Mullan/Getty Images

La verdad es que en el equipo de Ecos no hay grandes admiradores del francés. Creo. 
Wedge11_ 10 julio, 2017
Gran fichaje con el objetivo de dominar la Premier, pero para Champions igual se queda corto. Lukaku garantiza eso, un buen número de goles en liga.
Creo que Morata ofrecía más variantes en su juego, pero Lukaku es el 9 arquetipo de Mou.