La figura del delantero centro ha tenido una especial relevancia en todas y cada una de las etapas que ha vivido el Atlético de Madrid en su feudo, un Vicente Calderón que en el actual siglo ha conocido algunas de las referencias más extraordinarias de este tiempo jugando para su equipo. De la mano de Miguel Quintana (Fernando Torres), Alejandro Arroyo (Kun Agüero) y Abel Rojas (Radamel Falcao), repasamos tres de las máximas figuras ofensivas que han vestido la elástica rojiblanca, la que vistió la grada del Vicente Calderón que recientemente se ha despedido del Atlético de Madrid.
FERNANDO TORRES LLEGÓ EN EL MOMENTO JUSTO
Da la sensación de que el éxito de Diego Pablo Simeone en el Atlético de Madrid no necesita más explicación que la precisión con la que el entrenador argentino ofreció respuestas muy concretas a preguntas de naturaleza inabarcable. Esto no quiere decir que la figura del Cholo se puede entender sin tomar perspectiva histórica de lo que era el club colchonero, pero basta con recordar la vehemencia con la que siempre ha rehuido del concepto “Pupas” para entender que su etapa viene a refundar la entidad. “Yo nunca he convivido con esa situación; como jugador estuve cinco años y gané tres títulos”, solía decir.
Precisamente por esto aludir a la irrupción de Fernando Torres como el principio del cambio que más tarde desembocó en cuatro finales continentales no parece del todo acertado. Su importancia fue otra. Y no por ello menor. Nacido al amparo del «Doblete», pero moldeado por la realidad que describía el himno de Joaquín Sabina y Pancho Varona, Fernando Torres llegó en el momento justo. No para él ni tampoco para el club, pero sí para el Vicente Calderón
Camiseta algo ancha para su todavía fina figura, pecas en los aledaños de su nariz, piernas de cadencia armstrongniana y una voluntad con la que impedir que los cimientos del club resultaran aún más inestables, Fernando Torres combatía contra todos y ante nadie al mismo tiempo. Recientemente, en el canal de Fútbol Replay estaban emitiendo un Atlético de Madrid – Athletic Club de marzo de 2006 en el que Fernando Torres hizo un partido muy similar al mejor de Diego Costa en 2014. El encuentro acabó 1-0 con gol suyo. Y fue un milagro. Sin más envíos que algún que otro pase Ibagaza y los esperados centros de Petrov, Fernando mantuvo constantemente la esperanza de que el gol del Atlético llegaría antes que el del rival. Y eso, la esperanza de que algo bueno llegaría si él estaba, es lo que mantuvo al Vicente Calderón en pie. Cierto es que Fernando Torres al final no acabó con la leyenda del «Pupas», pero ayudó a darle sentido mientras ésta estuvo vigente. Porque si Fernando era capaz de sufrir en soledad buscando que algo mejor llegara con cada una de sus carreras hacia ningún sitio, cómo no lo iba a hacer el resto del Atlético de Madrid.
Agüero, un descubrimiento de este siglo
Fue en un partido ante el Gloria Bistrita, en la final de la antigua Copa Intertoto, allá por el verano de 2007, seguramente agosto. Agüero ya era un jugador muy diferente al de tres meses atrás. Y fue en ese momento donde el Vicente Calderón asistió a su primer nueve total, al más moderno referente que había visto un estadio que los había visto muy buenos, mejores rematadores, más goleadores, pero todos respetando los tiempos que les tocaron vivir. El Kun fue el primero de una historia que aún intenta Simeone cuadrar a su manera, con una posición que le trae de cabeza desde la dupla Costa-Falcao.
Al Kun no le entrenó el Cholo y tuvo que tirar de exigencias más normales pero compañeros menos potenciados para cumplir objetivos. Tuvo en Forlán al rematador excelso que a él le faltaba ser, pero en Agüero se contempló siempre al creador de la jugada imposible, del sistema ofensivo nacido de la individualidad y siempre posible gracias al derroche de fútbol que a la contra o de espaldas podía generar a 50 metros de la portería. El Kun fue uno de los talentos más puros, uno de los que más leña al fuego echó para que la grada del Calderón combatiera el frío, gélido, del Manzanares.
La falta de identidad futbolística de los equipos por los que pasó -cinco temporadas- dejó el regusto de que Agüero era presencialmente discontinuo, por eso el de Quique Flores, con Reyes como armador, permitió ver que el Kun era de espalda ancha en la responsabilidad pero que en los últimos metros marcaría mejor la diferencia. Allí, en el balcón, gracias a la dulzura de su cadera, a su capacidad para proteger la pelota, a la dureza de su tren inferior y a su doble recorte demoledor estaría su espacio. En una relación desde todo punto de visa irreprochable con Forlán, donde cada uno servía en bandeja lo que le faltaba al otro en grado mayor, el argentino fue durante cinco años un crack con mayúsculas.
Radamel, el primer y gran ‘9’ del Cholo
Radamel Falcao fue el primer futbolista del Atlético de Madrid que, a mis ojos, hizo que el estadio Vicente Calderón generase aquel respeto de los legendarios. El colombiano sucedió al Kun Agüero y su falta de autosuficiencia en comparación con el argentino generó escepticismo durante los primeros meses, pero pronto, a base de juego y de goles, asoció su figura a los triunfos facilitando el despegue del proyecto de Simeone.
El punto de inflexión para “El Tigre” fue justo la llegada del Cholo. Hasta entonces, había sido concebido con un rematador estricto que podía enchufar cualquier tipo de centro pero que se limitaba a ello de forma exclusiva. Era lógico que, enfocado a esas tareas, pareciera limitado. Pero Simeone percibió en él un principio además de un final, y en las etapas iniciales del juego, fuera para dar salida o para crear la ocasión, le bajó a la mediapunta haciendo que primero Adrián López y más tarde Diego Costa estirasen al rival con sus desmarques de ruptura, mientras que Falcao, así, adquiría una doble ventaja: relacionarse más con el juego y llegar al remate en vez de estar esperándolo, con el plus de peligrosidad que ello conllevaría para los centrales del oponente.
Uno de los recuerdos más vivos data del 9 de diciembre del año 2012, en la jornada 15 de aquella Liga, cuando el Deportivo de la Coruña visitó el estadio. El Atlético ya estaba renaciendo en la aristocracia del fútbol y Radamel protagonizó una de esas exhibiciones que sólo está al alcance de los futbolistas de los mejores equipos del planeta. Aquella tarde marcó cinco goles de diversa índole, remachando balones muertos, definiendo raso tras un desmarque al espacio, de volea desde fuera del área girando todo su cuerpo, uno de penalti y otro tras una acción con dos recortes en el área más propia del propio Kun. Con el “Tigre” Falcao, el Atlético de Madrid, en su Vicente Calderón, vio a un grande… hacerse y hacerle gigante.
Foto: DANI POZO/AFP/Getty Images


Colchonero 26 mayo, 2017
Que gran texto!
Siempre he opinado que lo que le da tiempo al Cholo para edificar un proyecto solido, son los goles y la calidad diferencial de Falcao que le hacen ganar partidos aun cuando no era el mejor Atletico. Es al fin y al cabo lo que le da un colchón