El AS Monaco no supo ser rival para la Juventus FC en la ida de la semifinal que les medió anoche. El conjunto de Jardim está dotado de un talento por encima del promedio y goza de una exuberancia física que le facilita la resolución de algunos retos, pero su patente inexperiencia le puso muy difícil disimular que, a nivel táctico, se trata de un proyecto demasiado incompleto para estas alturas de la competición. La Juve, por su parte, realizó un partido irregular pero casi siempre práctico que le medio aseguró su presencia en Cardiff el próximo día 3 de junio, en la que sería su segunda final en tres años.
La puesta en escena resultó sorprendente tanto en los unos como en los otros. Jardim sufrió bajas en defensa y hubo de salir con Dirar de lateral derecho y Sidibé, a pie cambiado, de lateral izquierdo, en lo que significó una auténtica trastada. Primero, porque no fueron recambios que estuviesen a la altura; segundo, porque la ausencia del potentísimo Mendy implica varianzas tácticas que debilitan en exceso el sistema ofensivo del Monaco, que es de lo que vive este equipo. En clave Juventus, por presumibles problemas físicos de Cuadrado, Allegri apostó por una suerte de 5-2-3 con su BBC cerrando que, con el paso de los minutos, derivó más en su arquetípico 4-2-3-1 con Barzagli de lateral sui generis y Alves, más arriba, de extremo.
Pjanic protagonizó un cuarto de hora de apertura de fascinante nivel dirigiendo la posesión de la Juve.
Repartidas las cartas, comenzó la partida. El inicio de la Vecchia Signora fue un mensaje potentísimo. Quiso la posesión, la tomó con confianza y la administró con calidad. El faro, Pjanic, presente, agudo y exquisito en sus pases, valiéndose del espacio que le generaban por fuera los brasileños Alves y Alex Sandro. Ambos posaban el ataque arriba y eran un quebradero de cabeza para los improvisados laterales locales, desatando un efecto caos que ni Bakayoko ni Fabinho supieron apaciguar. Dybala, quizá no tan letal como se anhela en un crack pero sí que sumamente acertado en la distribución del juego desde la mediapunta, apuntalaba a esta Juventus que, en base a una propuesta diferente tanto a la de la ida como a la de la vuelta ante el FC Barcelona, mostraba cara de futura campeona de Europa.
Pero apareció el futbolista más impactante de la noche. Antes de que el Monaco o cualquiera de sus medios entrasen en el choque, el adolescente Mbappé empezó a trazar jugadas de sobrenatural mérito individual que giraron la inercia anímica de la contienda. Todo el que veía el encuentro por televisión sintió estar ante algo gigantesco; por instantes, como tras su descomunal y larguísimo desmarque al primer palo e increíble remate al primer toque con la izquierda, incluso ante algo único. Los italianos, que se amparan en una humildad realista que les lleva a respetar a cada uno tal y como merece en cada instante, reconocieron esa grandeza y bajaron el pistón de su fútbol. Si Mbappé alcanza el nivel que se le vaticina, la noche del 3 de mayo de 2017 será material recurrente al conversar sobre aquel momento en el que quedó claro que iba a ser lo que sería.
Dani Alves estuvo muy por encima del encuentro y supo cómo crear peligro contra la defensa local.
Dicho lo cual, marcó la Juventus. Fue tras una acción preciosa originada por Dybala, convertida por Higuaín y articulada por un Dani Alves que estuvo por encima de los demás. La Copa de Europa altera de tal modo el sistema nervioso de jugadores, entrenadores y fans que, cuando alguien de los que está en el césped parece ajeno a esta supra-realidad, no sólo llama la atención, sino que marca la diferencia. Sus toques eran más inteligentes, precisos y malvados. Sabía cómo dañar y lo hizo porque quiso y pudo. Y después del 0-1, Allegri ordenó un repliegue bajo con líneas juntísimas que secuestró a Mbappé hasta el tiempo de descanso. Lo de el imperial Bonucci en esta franja fue de central que desea sentarse a comer en el sitio que Godín recién liberó en la exclusiva mesa de los Pepe, Ramos o Piqué.
La del Monaco es una plantilla juvenil y ello le lastra pero también tiene sus ventajas. Una de ellas es el descaro, y otra, la rebeldía. Pese a que los primeros 45 minutos habían sido duros desde dos vertientes distintas, porque la Juve había exhibido una superioridad enorme vistiendo dos pieles diferentes, saltó a jugar la segunda parte con una fe disparada. Se notó, sobremanera, en Bernardo Silva, que exponenció su presencia, destiló clase y proporcionó cierto ritmo al ataque de los de Jardim. Mal se haría en definir el resultado como una tormenta perfecta, más bien se quedó en chubasco, si bien albergó contenido porque la respuesta de la Juventus, entonces, no fue destacada. Sus jugadores, con Chiellini en primer plano, cayeron en pequeños fallos que comprometieron la estabilidad de Buffon, pero entre que Falcao no estuvo rápido en el área y que el capitán de la Juventus nunca permitió dudar de que la Vecchia Signora visitará Cardiff, esta ida de la semifinal quedó saldada con ventaja decisiva para el campeón de la Serie A.
Foto: FRANCK FIFE/AFP/Getty Images


Ricardo Fayet 4 mayo, 2017
Casi perfecto el artículo, porque creo que merece una mención a Buffon. La Juve no ha encajado gol en Champions desde Noviembre. ¡Noviembre! Y eso no se debe a que los rivales no le hayan creado ocasiones. Porque las tuvieron Iniesta, Neymar, Mbappé… Y bastante claras además. Pero parece que la Champions ha decidido darle a Buffon y su Juve lo que se ha empeñado en negarle en las dos últimas décadas. "Parece", digo, porque esto no ha terminado aún, y esta competición es muy caprichosa.
Pero vamos, que lo de Gigi en esta edición para mi está siendo descomunal. Como decía Quintana ayer en Twitter, poco importa que sea lento y poco ágil si siempre está perfectamente colocado. Y sus reflejos, para mi, están intactos. Cada balón que pase cerca lo va a parar, y es muy difícil que le pasen lejos^^