Brasil: Linha de passe


En los instantes previos a cualquier partido, cuando los planos aéreos muestran los modernos templos del fútbol de Brasil 2014, el encuadre recoge también el paisaje natural y arquitectónico de la ciudad en cuestión. No hay que ser muy avispado para percatarse del enorme contraste que genera ver el estadio erigiéndose sobre la masa multiforme de las favelas. Esta dicotomía que alcanza lo moral, enfrenta las casas de los pobres con los grandes estadios, las protestas sociales con la organización FIFA; pero no a los brasileños con el fútbol, esa relación es inseparable.

En “Linha de passe” (2008) Walter Salles se adentra en una de las miles de favelas que forman los barrios periféricos de São Paouo para mostrarnos la vida de una mujer soltera y sus cuatro hijos. La madre, Clauza, sirve en una casa acomodada para mantener a sus cuatro hijos y el que viene de camino sin renunciar a su auténtica religión: el São Paulo FC. En cuanto a los hermanos: Dênis, el mayor, tiene un hijo y es repartidor en moto; Dinho trabaja en una gasolinera y encuentra en la religión las claves de su vida; Darío sueña con jugar al fútbol profesionalmente a pesar de su edad; y el pequeño Reginaldo aspira a convertirse en conductor de autobús. Cuatro hermanos que comparten madre pero no padre, que comparten origen pero desconocen su destino; que buscan su futuro en la calle, en la iglesia o en el fútbol, que construyen su vida persiguiendo un sueño.

La canarinha comienza hoy su Mundial. A pesar de las importantes víctimas que se ha cobrado la fase de grupos, en Brasil la posibilidad de caer antes de tiempo no existe, deben ir dejando en la cuneta rivales, Chile el primero, para llegar a la final, su sueño. Nadie duda de que la generación de Neymar tiene varios mundiales por delante para demostrar sus argumentos pero el valor simbólico de este, celebrado en casa, empuja a quemarse si es necesario para salir victorioso. No hay futuro, sólo existe esta Copa del Mundo y cualquier contratiempo hasta la final, simplemente, no se contempla. Los jugadores de la seleçao, hermanos bastardos hijos del fútbol, son conscientes de que tienen en sus pies el legado de un país, quieren reinventar el recuerdo de Maracaná y no defraudar a su madre: Brasil.

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Referencias:
Revista Magnolia
Gonzalo Ballesteros


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