La noche del miércoles, Ronaldinho regaló una exhibición llena de fútbol para los más nostálgicos. Toda América, y la Europa desvelada, disfrutaron de 90 minutos únicos, marca registrada de una competición antológica. Y es que eso, ese fútbol tan absurdamente mágico y tan notoriamente sudamericano, sólo puede darse en ese escenario. Así como la Champions goza del prestigio de los mejores entrenadores, los mejores equipos y el mejor fútbol, la Copa -sí, a secas-, tiene eso, esa fuerza natural que hace que ese jugador, que sólo nace acá, dé ese fútbol creativo, imaginativo, cadencioso y espectacular que te relaciona directamente con el fútbol más profundo y sentimental: el que jugabas de niño.
Bochini representa el fútbol de la Copa Libertadores.
Tenemos muy mala suerte. Si bien Internet ha permitido que nuestra generación disfrute de toda la cultura de fechasQuedan pocas imágenes de la magia de Bochini ya pasadas, y dentro de cultura incluyo a los partidos de fútbol, desde el blanco y negro con el que Di Stéfano, Gento y Puskás goleaban en finales de Copa de Europa hasta a la sinfónica culé de Messi, Xavi e Iniesta desnudando el fútbol en Wembley, los 70’s sudamericanos se asoman como una época oscura, de la cual no quedaron casi recursos audiovisuales públicos. Y, repito, tenemos muy mala suerte porque los 70’s en Sudamerica son el sinónimo de un hombre pequeñito, el mejor entre el Rey y el Dios.
Ricardo Bochini es un misterio. Su nombre reverdece la imagen de un fútbol de ensueño que nos ha tocado soñar. Sus gambetas,A Bochini nadie le podía quitar el esférico aquellas que evocan un tango de voz ronca y profunda, de algún cantante otrora ignoto, cuya melodía llena un bar perdido en las calles bonaerenses, son imborrables. No hay partidos completos de cuando Bochini invocaba al balón, como con un hechizo, y este venía sereno a sus pies de seda para que no se lo quitaran nunca. Pero está Youtube, bendito Youtube, que nos deja migajas, fragmentos del jugador que sembró en el psique argentino la necesidad de jugar con enganche.
Reproduces y, entonces, entras a un mundo distinto. Casi puedes sentir el aroma a césped mal cortado y escuchar las gradas cantándole a él. No puedes separarte de la pantalla mientras lo ves, pasando entre miles de piernas, casi como caminando en un prado tras una gran batalla. No entiendes por qué no se la pueden quitar. Es inverosímil, pero todo es tan natural y fluido, desde el movimiento de tobillo para esquivar rivales hasta su andar semierguido, que te lo crees. Eres feliz.
Con Bochini, Independiente ganó tres Libertadores.
Sin embargo, luego viene lo asombroso. Un batallón lo espera. Sólo tienen ojos para él y quieren sangre. No hay un espacio, un rincón para pasar. Ricardo, ahora sí, no cabe entre tanta gente. La pelota sí. Y ahí va Ricardo, cabeza alzada, y, casi como una caricia, la suelta, la envía con suavidad y la pelota, envuelta en su hechizo, le obedece, se cuela entre todas las piernas enemigas y le llega al 9 que, ante el portero, anota. No pasa una vez. Son cientos de veces. Bochini, el rey del pase-gol, triunfa en la Libertadores tres veces seguidas. Una gesta irrepetible, como él.






pouco_barulho 10 mayo, 2013
Quanto me queda por saber del futbol de las Américas