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	<title>Ecos del Balón &#187; Vittorio Pozzo</title>
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		<title>La Signora de Carcano</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Jun 2017 01:54:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>“Casi todos los hombres ganan al ser conocidos”, André Maurois, novelista y ensayista francés.</p></blockquote>
<p><span id="more-233482"></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">Si en el geométrico ejercicio de delimitar los orígenes del fútbol italiano se traza una línea entre sus principales vértices, Génova, Turín y Milán, el llamado triángulo industrial, se observa que en su centro, como un faro que todo lo ilumina, lo guía y lo define, se levanta la ciudad de Alessandría. Es el corazón plano y fluvial del Piamonte. Le separan 90 kilómetros de Turín, pero 90 kilómetros no son nada cuando se habla de toda una vida: un cordón umbilical que ayudó a la configuración de la Juventus, y toda su inmensa leyenda de equipo imperioso y respetado, tal y como lo conocemos hoy. El mito de la Signora se gestó en buena parte a lo largo de esa carretera de 90 kilómetros, conectada al vientre de la <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/Unione_Sportiva_Alessandria_1912">US Alessandría</a>, un club que ahora, quizá, no nos diga nada, por mucho que hace casi un siglo ejerciera de palanca decisiva para la evolución y desarrollo del calcio. Un crecimiento que se manifestó en el dominio de Italia en la década de los años 30: Copa del Mundo de 1934 y 1938 y JJOO de 1936, en una historia de triunfos en la que el ‘blocco Juve’ acaparaba la selección, al tiempo que instauraba la primera gran hegemonía que conoció la Serie A: el Quinquennio d’Oro de la Juventus, con cinco Scudetti en línea, entre 1931 y 1935. </p>
<blockquote><p>Carlos Carcano fue una figura capital en el nacimiento de la Juventus que hoy conocemos.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El entrenador de aquella escuadra fue <a target="_blank" href ="http://ilpalloneracconta.blogspot.com.es/2011/03/carlo-carcano.html">Carlo Carcano</a>, cuya teorización táctica permanece enterrada bajo el polvo del recuerdo de Vittorio Pozzo, el gran obispo del fútbol italiano de entreguerras. Pozzo se abrió espacio en la historia gracias a su liderazgo y carisma al frente de la selección, pero también por ponerle la firma al <i>Método</i>, un sistema de juego de matrícula italiana que se distinguió por ofrecer una vía de divergencia continental a la WM británica. Carlo Carcano, desde el banquillo de la Juventus, representó una fuente ideológica esencial para que el <i>Método</i> tomara impulso. Antes de esa etapa turinesa, el técnico había arraigado como figura icónica de la ‘escuela alessandrina’. Carcano había nacido en Varese, pero desde 1913 vivió en Alessandría. Jugó durante 11 temporadas en el club de la ciudad, alojado durante mucho tiempo en la fonda de la madre de Giovanni Ferrari, un niño entonces, al que años después llevaría a la Juventus para convertirlo en el futbolista más creativo y mágico de Italia. </p>
<p style="text-align: justify">El entrenador de Carcano era George Arthur Smith, uno de los alumnos en el Genoa campeón del pionero Walter Garbutt en la primera década del siglo XX. A Smith se le considera el padre de la escuela alessandrina y el artífice de que la ciudad se consolidara como el epicentro de la región que transformaría el sustrato táctico del calcio. Hasta la creación de la Serie A y los cambios organizativos impuestos por el fascismo con la Carta de Viareggio (1926), esa porción del Piamonte dio carácter provincial al mapa del fútbol italiano. La US Alessandría, los ‘grigios’, ejercía de capital de un laboratorio conectado al Pro Vercelli, al Novese de Nova Ligure y al Casale de Casale Monferrato. Estos tres equipos de pequeñas urbes de la provincia de Alessandria o limítrofes con ella ganaron el campeonato italiano alguna vez entre 1908 y 1922, siete títulos, por ejemplo, <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/Unione_Sportiva_Pro_Vercelli_Calcio">el histórico Pro Vercelli</a>. La <i>«Gazzetta dello Sport»</i> ya hablaba en 1914 del <i>“cuadrilátero de la universidad del fútbol”</i>, agregando a la vecina Novara y resaltando Alessandría como una ciudad donde <i>“el calcio autodidacta está ofreciendo resultados inesperados”</i>. La escuela alessandrina no solo incorporaba la identidad de los ‘grigios’ sino que era extensible al fútbol de toda la región. Entre sus rasgos comunes figuraban la resistencia competitiva, el espíritu colectivo y la disciplina y el denuedo de sus futbolistas, muy en la línea de la tradición obrera de esa tierra. </p>
<p style="text-align: justify">La zona palpitó fútbol durante los años previos a la Primera Guerra Mundial, afianzándose la afición por un deporte aún emergente y favoreciendo el intercambio de conocimiento y relaciones de todo tipo como importante nudo industrial y de comunicaciones en el norte de Italia. Por si fuera poco, el mejor futbolista de la época, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ob-qfbRlSvk">Adolfo Baloncieri</a>, luego estrella del Torino, saldría de las calles alessandrinas. Durante los años 20, se formarían en ese recogido cuadrado piamontés varios de los mejores futbolistas de Italia. <a target="_blank" href ="https://it.wikipedia.org/wiki/Bruno_Roghi">Bruno Roghi</a>, histórico director de La Gazzetta dello Sport, destacaba el carácter academicista que había adoptado esta cantera porque <i>“a pesar de ser el Alessandria despojado sistemáticamente de sus campeones, no se altera el estilo de juego, la unidad armoniosa de sus jugadores ni la dignidad de su rango deportivo. Se van los futbolistas y queda la escuadra. Esto significa una personalidad”</i>. Roghi hablaba así de los componentes propios de una escuela. Ya después, en 1932, Baloncieri diría que <i>“con los jugadores salidos de Alessandría y esparcidos a los cuatro vientos en las escuadras italianas se podría formar el más formidable de nuestros equipos. Sería un equipo que tendría también el mejor entrenador, porque Carcano es de Alessandría”</i>. En realidad, ese sueño alessandrino existió, Baloncieri lo comenzaba a tener delante, y estaba cristalizando a 90 kilómetros de su casa, ese equipo fue la Juventus de Carcano. </p>
<blockquote><p>La llegada de Carcano potenció lo que ya estaban haciendo los Agnelli desde 1923.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La llegada del entrenador veronés al club biaconero en 1930 representó, desde un prisma táctico y puramente futbolístico, el episodio que completó el punto de inflexión iniciado por el desembarco de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/05/proyecto-nueva-juventus-reformulacion-club-estadio-conte-pirlo-modelo-juego/">la familia Agnelli</a> en 1923, con el inicio del ‘estilo Juve’, un modelo de gestión deportiva inédito en la Europa de entonces. Los Agnelli implantaron en la Juventus un sistema de administración basado en las políticas comerciales de la FIAT, la empresa a la que habían catapultado como uno de los grandes motores de la economía italiana. Al frente del club se instaló Eduardo Agnelli, hijo del patriaca, Giovanni, el fundador de la dinastía y senador del Reino de Italia. En muy poco tiempo, transformó la Juventus, profesionalizando la plantilla de futbolistas y su estructura, especializando los puestos directivos, instaurando los famosos reglamentos de control inspirados en los valores de la FIAT (desde cómo se debían comportar en público los jugadores a cómo debían vestir en los viajes…), abriendo una sede social o modernizando el estadio de Corso Marsiglia. Eduardo Agnelli se apoyó en un vicepresidente, el barón Giovanni Mazzonis. Esta presencia aristócrata y nobiliaria en la Juventus acentuó su tradición como club de clases altas, en contraposición en la ciudad al Torino, con más predicamento entre obreros. De ahí que la ‘Juve’ se fuera conociendo en Italia como una institución de ‘signores’. Así nació la leyenda de la ‘Signora’, aunque hay versiones que afirman que ese nombre salió de gradas enemigas, en referencia a las ‘signoras’ que regían los burdeles de la época. </p>
<p style="text-align: justify">Sobre por qué los Agnelli se adentraron en la Juventus hay razones de todo tipo y condición, pero es evidente que captaron la potencialidad del fútbol como instrumento de posicionamiento social y económico, del mismo modo que compraron el periódico <i>«La Stampa»</i> o abrieron la estación invernal de Sestriere. Hay interpretaciones que describen la voluntad inicial de la familia de entrar a controlar el Torino, al fin y al cabo, el club de la ciudad con más arraigo y más seguidores en la época. Sin embargo, el componente nobiliario y burgués de la directiva y las filas juventinas –un caladero de negocios futuros- jugó el papel decisivo. </p>
<p style="text-align: justify">Los primeros días de los Agnelli en la Juventus coincidieron prácticamente con la toma del poder de Benito Mussolini. Desde el comienzo del régimen, el fascismo propulsó cambios profundos en el fútbol italiano, moldeándolo de acuerdo a sus patrones ideológicos y políticos. Es innegable que el calcio, tal y como lo conocemos hoy, se construyó sobre esa ‘fascistización’, encarnada en la <a target="_blank" href ="https://it.wikipedia.org/wiki/Carta_di_Viareggio">Carta de Viareggio de 1926</a>: se creó una división nacional desde la que nació la Serie A en 1929 –el nacionalismo italiano era el eje vertical del fascismo-, se patrocinaron fusiones de clubes de la misma ciudad con la vocación de diseminar la participación en la liga y evitar que una misma población contara con varios equipos –gracias a esta deslocalización nacieron la Fiorentina, el Bari, la Roma, la Ambrosiana como unión del Inter y el US Milanese, la Sampierdarenese y el Andre Doria anticiparon el nacimiento de la Sampdoria constituyendo la Dominante de Génova, y el Internaples se trasfiguró en el Napoli…-. Además, el ‘calcio del Duce’ se centralizó y la FGCI se trasladó de Turín a Roma con escala breve en Bolonia. Pero, quizá, las intervenciones de mayor alcance las representaron la apertura al profesionalismo y, en clara sintonía con las políticas autárquicas de Mussolini, la prohibición de los futbolistas extranjeros, vaciando así las plantillas –no los banquillos- de austriacos y húngaros. </p>
<p style="text-align: justify">En este punto, la Juventus ejercería de dique de resistencia de modo fundamental para el calcio. La familia Agnelli concebía el club como un coche de la FIAT: le dedicaba la misma mirada comercial, como escribiría Mario Sconcerti en <i>‘Storia delle idee del calcio’</i>: <i>“Eduardo Agnelli vendió a Italia un medio de locomoción sentimental”</i>. Para ello, con un claro afán de optimizar la competitividad de su equipo de fútbol, necesitaba de los futbolistas extranjeros. Eduardo Agnelli introdujo así un enfoque internacional a la gestión del club, siendo pionero en el envío de emisarios a Sudamerica. Entendía el fútbol como un mercado sin fronteras. Este propósito colisionó con Mussolini, así que Eduardo le convenció encontrando una fisura en el veto: los descendientes de los emigrantes no eran extranjeros, sino italianos de <i>“una gran patria que se extiende más allá del Atlántico”</i>. Así, se permitieron los ‘oriundi’, futbolistas, hijos o nietos de italianos, afincados en Brasil, Uruguay y Argentina, donde el juego iba un punto por delante. Esto enriqueció el calcio a nivel técnico, amplió las posibilidades tácticas del <i>«Método»</i> y sirvió en bandeja a la Juventus a tres oriundi de primer nivel: <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=NoOzRsCh5yc">Renato Cesarini</a> (nacido en Italia, aunque formado en Chacarita Juniors) y dos estrellas de la selección argentina, de padres italianos, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=z8uFRzSv4R8">Luis Monti</a> (San Lorenzo) y Raimundo Orsi (Independiente). Argentina acusó a las instituciones fascistas de financiar esos fichajes y, por ejemplo, bloqueó el permiso de Orsi, impidiéndole jugar en su primer año en Turín. La Juventus iba conformando así un equipo engalanado y poderoso, mientras a 90 kilómetros se definía el entrenador que acabaría ordenando esas ambiciones de los Agnelli. </p>
<blockquote><p>Vittorio Pozzo señaló a la Alessandria de Carcano como un ejemplo de lo que debe ser el Calcio.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Después de sus escuetas experiencias en el Valenzana y el Internaples, los dirigentes del Alessandria habían reclutado en 1926 a Carcano, un emblema del club durante su etapa como futbolista en las funciones de mediano. En esa posición, Carcano entendió la relevancia, dentro de la estructura del equipo, de un futbolista que marcara los ritmos tácticos del juego, alguien con facultades para descifrar los cambios entre las fases ofensiva y defensiva. Uno de los rasgos del <i>«Método»</i> sería esa figura del centromediano, un futbolista capaz de organizar y distribuir el juego, pero sobre todo de reforzar la línea de ‘terzinos’ (centrales). Apreció que, para esas exigencias, necesitaba perfiles muy atléticos, algo que Italia no podría ofrecerle, pero que en Sudamérica se habían asentado como un componente definidor de su fútbol: el mediocentro aguerrido, físico, con clase, personalidad y elegancia… El Monti que dirigiría después. Entre 1926 y 1929, Carcano experimentó con Giuseppe Gandini en esa posición (un futbolista de <i>«relevantes dotes físicas y un impetuoso espíritu competitivo, típico exponente de la escuela del Piamonte, con un juego áspero, corajudo y muy concreto»</i>, según el periodistas Carlo Felice Chiesa). Carcano comenzó, además, en la US Alessandría a aplicar el movimiento de piezas que acabaría configurando definitivamente el <i>«Método»</i>: el retraimiento de los dos interiores de ataque en la formación de la ‘Pirámide de Cambridge’. Esta fue la transformación básica hacia el <i>«Método»</i> y su plasmación: 2-3-2-3 (WW). Un dibujo que abría una vía alternativa al esquema piramidal y a <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/el-plan-revie-manchester-city/">la WM inglesa</a> y su definitorio cuadrado interior (3-2-2-3). En el <i>«Método»</i>, la clave estaba en la superioridad numérica y el plus de protección defensiva que iban a aportar los interiores a la zona de medios. Este retraso de los ‘inside forwards’ ya era un signo de identidad de la escuela alessandrina desde tiempos del fundador George Artur Smith. El británico ya lo había introducido antes de la Primera Guerra Mundial. Ese legado lo recogió Carcano y lo explotó en el banquillo del Alessandria, revelándose este equipo como una de las más admiradas atracciones del calcio entre 1926 y 1929, cuando rozó el ‘scudetto’ de 1928 y ganó la Copa CONI de 1927 con un conjunto formado con futbolistas de la ciudad. Atento a ese trabajo permanecía <a target="_blank" href ="https://www.futbol-tactico.com/es/leyendas_del_futbol/vittorio-pozzo-el-entrenador-que-hizo-grande-a-italia.html">Vittorio Pozzo</a>, quien, tras impulsar desde Turín, capital del calcio en aquella época de poder piamontés, la reforma del sistema de ligas (‘Proyecto Pozzo’) y dejar su primera etapa como Comisario Técnico de la selección, contribuyó a promocionar a Carcano como nuevo responsable de la ‘Azzurra’ en 1928: <i>«Que la confianza se puede aplicar a elementos como la disciplina, la enseñanza y la organización del juego ha resultado un ejemplo para todos: Carcano de la Alessandria»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Carcano relevaba así, de modo eventual, con cargo de entrenador y no de Comisario Técnico, a Augusto Rangone, precisamente otro ilustre alessandrino, que acabó enfrentado a Leandro Arpinati, jercarca fascista de Bolonia que dirigía la ‘Federazione’, después de conseguir el bronce en los Juegos de Ámsterdam (1928) y dejar encarrilada la Copa Internacional o Copa Doctor Gero –embrión de la Eurocopa- del ciclo 1927-1930 que levantaría Italia. Rangone había sido uno de los fundadores de la US Alessandría, tesorero, dirigente y co-entrenador junto al húngaro Arpad Weisz. Su ascendencia sobre Carcano había sido, pues, notable. Entre ambos orientaron ya el juego de la selección en ‘clave alessandrina’, enfocándolo hacia la fórmula metodista. Carcano, antes del regreso definitivo de Pozzo, dirigió seis partidos a Italia, suficientes para abrir el camino táctico a su sucesor, con notas novedosas como el “<i>juego de coberturas y el bloque defensivo”</i>, como recoge Antonio Papa en <i>‘Storia sociale del calcio in Italia’</i>. Aspectos que comenzaron a implementar características del juego zonal, en contraposición con <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2017/06/evolucion-defensas-marcajes-zonas-mixtas-individuales-futbol-historia/">los rasgos individuales de la WM</a>. </p>
<p style="text-align: justify">Es decir, cuando entre 1929 y 1930 Pozzo asume el control definitivo y personal de la selección y Carcano es elegido por los Agnelli como preparador de la Juventus, el fútbol italiano ya tiene un rumbo claro y prefijado hacia los postulados finales del <i>«Método»</i>. La Signora, de hecho, había incorporado en los años previos a varias de las más prestigiosas figuras del ‘Vej Piemont’ (Viejo Piamonte), como describía Gianni Brera. Convirtió a <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/Virginio_Rosetta">Virginio Rosetta</a>, el capitán del Pro Vercelli, en el primer futbolista profesional del país en 1923, pagando 50.000 liras e inaugurando el popular ‘calciomercato’. Desde 1928 formaría el triángulo defensivo más célebre del fútbol italiano (hasta que el tiempo quizá lo diga de Buffon, Bonucci y Chiellini) con el portero Combi y Umberto Caligaris, la estrella del Casale fichada ese año. Del Novara había llegado el extremo derecho Munerati. Y Carcano se trajo del Alessandría a sus dos talentos más relucientes: el cerebral interior Giovanni Ferrari y al gladiador mediano izquierdo Luigi Bertolini. Al margen de los oriundi argentinos o el brasileño Sernagiotto y de los canteranos de Turín, casi todos los italianos de la plantilla de Carcano en la Juventus (y excepto Munerati todos fijos con Pozzo en la selección) habían forjado su fútbol en el área de influencia de la escuela alessandrina.</p>
<blockquote><p>El Quinquennio d’ Oro evidencia el dominio inicial estilístico que tendría la Juve de Carcano.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El Quinquennio d’ Oro se inauguró con el título de 1931, pero el equipo acabó por redondearse en las dos temporadas posteriores. Primero, con la contratación de Luisito Monti, quien llegó con 12 kilos de sobrepeso, dolores de espalda (le apodaron ‘Doble Ancho’) y que había dejado el fútbol en Argentina. Fue Renato Cesarini, el de los goles decisivos a deshora –el mito nace en 1931, en un partido entre Italia y Checoslovaquia- quien le convenció de volar a Italia. Segundo, con la llegada de Bertolini, escudero ideal de Ferrari en el sector izquierdo del centro del campo, un chico voluntarioso, gregario, fiel a su cinta blanca en la cabeza, de esos que nunca le faltaron a Italia. Y tercero, con la aparición de Felice Borel, con solo 17 años, el goleador de aquel equipo, a quien llamaron ‘Farfallino’ por su ligereza de mariposa. La Juventus alcanzaría con él las cotas más altas del Quinquennio, con un juego de acento metodista. Su estilo se basaba en una defensa fuerte, no solo alimentada por un portero de época como Combi y la pareja Caligaris-Rosetta (uno el terzino de volata, especialista en el marcaje, y el otro, terzino de posizione, un primer esbozo del líbero), sino también por el blindaje de los flancos con los medianos laterales, Bertolini en la izquierda y Varglien I en la derecha, marcando a los extremos rivales (la zaga se volvía mucha veces de 4 hombres) o auxiliando en la elaboración. Además, resaltaba el apoyo proporcionado por Monti como centromediano metodista: él fue la clave de bóveda sobre la que descansaba el sistema, ayudando a los centrales, un movimiento de coberturas que Cesarini y Ferrari completaban desde los interiores retrasados del Método. <i>“La Juventus aplicaba un módulo de marca sudamericana, sin el preciosismo de esa escuela, pero no precisamente exento de viril rudeza”</i>, refirió <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/gianni-brera/">Gianni Brera</a>. </p>
<p style="text-align: justify">El equipo siempre tenía, de este modo, superioridad en la zona media, con esas dos piezas, en Italia llamadas ‘mezzalas’, escalonadas de tal modo que agilizaban y verticalizaban el juego de rápidos contragolpes que tanto distinguió el estilo. Sernagiotto (o Munerati) y Orsi ocupaban los extremos, con Vecchina o Borel en la delantera. La Juve, como la selección de Pozzo, practicaba así un fútbol de oportunismo, astucia y efectividad, valores que nunca ya abandonarían la identidad de Italia. En Austria, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/hugo-meisl/">Hugo Meisl</a>, íntimo de Pozzo y alérgico a la WM, optó por un camino intermedio, una síntesis entre el esquema inglés y el Método. Tácticamente, no había grandes diferencias con la fórmula italiana, pero sí en el discurso, en la esencia, pues Austria digería más los ataques, con un fútbol más sinfónico, posesiones más largas, mayor caudal ofensivo… </p>
<p style="text-align: justify">Pozzo no dudó en reclutar a Carcano como asistente para la Copa del Mundo de 1934, justo después del cuarto ‘scudetto’ consecutivo. La Signora ya <i>“era un fenómeno social, no solo un equipo”</i>, según Brera. Le acompañaron al técnico hasta ocho jugadores en el ‘blocco Juve’: Combi, Caligaris, Rosetta, Monti, Bertolini, Ferrari, Orsi y Borel. También el preparador físico Guido Angeli, detallista y meticuloso en el acondicionamiento atlético tan característico de esa Juventus, fundamental en la recuperación de Monti y en que ganaran el quinto título con los 34 años de Orsi, los 34 de Caligaris, los 33 de Rosetta… Brera llamaría a Carcano <i>“el filósofo del músculo”</i>. El triunfo en la Copa del Mundo de 1934 con la contribución del ‘blocco Juve’ acabó por disparar la popularidad de la Signora. Los éxitos (solo faltó conquistar la escena internacional, la <a target="_blank" href ="http://www.condospelotas.es/la-copa-mitropa-precursora-de-la-liga-de-campeones/">Copa Mitropa</a>), su espectacular juego y las construcción desde el periodismo de una imagen ejemplar del club habían acelerado la construcción de una ‘tiffosería’ nacional, la primera y más destacada de Italia. Brera decía que eso fue sobre todo posible gracias a que las plumas más influyentes y los directores de los principales diarios, como Carlin, eran juventinos. Sin embargo, el formidable impacto social de aquella escuadra de Carcano lo determinaron los flujos migratorios. Miles de obreros llegados del sur de Italia, de Puglia, Campania, Calabria, Sicilia o Lucania, a las factorías de la FIAT se afiliaron a la Juventus, propagando luego ese sentimiento en sus pueblos de origen. La Signora se convirtió así en club nacional, con más seguidores fuera de Turín, donde predominaba el Torino, que dentro. Hasta entonces, lo habitual en Italia era apasionarse del equipo de la ciudad, continuando así la tradición medieval del campanilismo, un fenómeno de rebelión y enemistad entre regiones que simbolizaba las identidades locales. La Juventus rompió eso. Puede afirmarse que, posiblemente de forma involuntaria y casual, el club se convirtió en el vehículo ideal, en los años de régimen fascista, para propagar una conciencia nacional en una Italia aún joven y descentralizada, tal y como pretendía Mussolini. De repente, gracias a los triunfos del Quinquennio, la Juventus, apoyada históricamente por la burguesía, estudiantes, emprendedores, e intelectuales, se transformó en el equipo de los inmigrantes de la clase trabajadora. Que el club no tuviera el nombre de la ciudad en la que jugaba también ayudó a esa difusión y acogida. Pero, al fin y al cabo, la clave era que la escuadra ganaba, representaba poder, algo que permitía lucir orgullo a esos obreros de la FIAT cuando regresaban a sus pueblos del sur. <i>“La leyenda de la Juventus fue magnificada por la ola demográfica, cuando generaciones enteras abandonaron su tierra, impulsados por la dinámica del empleo y la esperanza de encontrar en las grandes ciudades del norte no solo nuevas oportunidades laborales, sino también nuevos estilos de vida. Entre ellos, el mito deportivo del domingo y la alegría en la Juventus”</i>, relata Antonio Papa. La Juve no solo le cambió la piel al calcio: se la mudó también a toda una sociedad. Si en el ciclismo, el otro deporte masivo del país, <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/Alfredo_Binda">Alfredo Binda</a> estaba representando esa ‘nueva Italia’, la Juventus lo hizo en el fútbol. </p>
<blockquote><p>A la marcha de Carcano se le unió la desafortunada muerte de Eduardo Agnelli. Así llegó su fin.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Antes de que la Signora cerrara el ciclo victorioso con el quinto título consecutivo, en 1935, mediada la temporada, se anunciaba la salida de Carlo Carcano. Detrás de este oscuro episodio, existen las dudas del complot interno. Carcano, aunque no públicamente, era reconocido por su supuesta homosexualidad, asunto espinoso en una dictadura fascista. Algunos jugadores denunciaron al técnico ante la directiva, quizá motivados por revanchas propias de la gestión del vestuario, declarando insinuaciones e incluso un intento de acoso al joven Borel. Aquello acabó arrinconando el nombre de Carcano en la historia de la Juve y del fútbol italiano. Oficialmente, fue despedido por motivos personales. Le relevó Carlo Bigotto, quien sufrió para enlazar el quinto scudetto con una plantilla ya envejecida, en la que Orsi había dejado el país y regresado a Argentina ante los temores de una leva para la guerra de Etiopía, con lesiones de Monti y Cesarini… La miel se había agotado. El 14 de julio de 1934 llegó la peor de las sentencias: Eduardo Agnelli, con 43 años, moría decapitado al soltarse la hélice del hidroavión con el que amerizaba en el puerto de Génova. A <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/juventus/">la Juventus</a>, de repente, se le murieron los padres: la historia del fútbol es, a menudo, la historia de los hombres. </p>
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		<title>Los Mundiales y los ciclos</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jun 2014 02:00:57 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">E</span>l fútbol nació del polvo, el caos y la oscuridad, pero nunca se quedó quieto. Desde su kilómetro cero, en la Inglaterra victoriana, cuando los aristócratas le corrían a aquellas primeras pelotas<span id="more-126235"></span> de cuero macizo, ha descrito una línea evolutiva que le ha permitido configurar un universo rico de perfiles, variado de ideologías, conectado entre culturas diversas y en la que nunca hubo –salvo al principio de los tiempos porque solo había una- forma mejor o peor de buscar el triunfo, sino intentos diferentes, cada cual arraigado a una tierra, a un estilo y a una bases fundamentales. Ocurrió desde las dos primeras grandes revoluciones, en la década de los años 20. Desde la exportación y evangelización continental  de los valores del juego escocés, raseado, fluido y desplegado como en un tapete de una mesa de billar <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/magiares-magicos-honved-wolves-creacion-copa-de-europa/">por parte de Jimmy Hogan</a>. Y desde el revolcón táctico que Herbert Chapman lideró en Inglaterra sembrando la WM desde sus Huddersfield Town y Arsenal. Aun había una tercera vía, pero en la que los formulados  tácticos desempeñaban funciones accesorias: Sudamérica. En Argentina, Uruguay y en menor medida en Brasil, brotaron calidades individuales, como la improvisación y elegancia de los argentinos o la contundente eficacia y la musculatura competitiva de los uruguayos. Desde ese momento, el fútbol pasó a reordenarse y a ramificarse a medida que entraba en contacto con los rasgos nacionales, los contextos sociales, políticos, naturales y  económicos, las raíces antropológicas, las culturas locales… La <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/12/historia-del-catenaccio-revolucion-horizontal-karl-rappan/">evolución del fútbol</a> fue tejiendo así, desde esos comienzos, una red holística, nunca lineal, en la que la interacción y las influencias múltiples definieron cada modo de concebir y vivir el juego: siempre cada modelo retuvo algo de alguno de sus anteriores, por muy distanciados que estuvieran en el tiempo o en lo cultural. </p>
<p style="text-align: justify">Fue en la Copa del Mundo de 1934 en Italia cuando ese sistema evolutivo se disparó hacia la diversidad. Queda en la historia como el torneo en el que se concretaron, más allá de las vigentes, las primeras variedades en el fútbol con la consistencia y fuerza suficientes como para afianzarse como identidades nacionales o modelos singulares. Entró en escena planetaria <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/el-plan-revie-manchester-city/">la escuela danubiana de Hungría</a>, Austria y Checoslovaquia. Y rompió los moldes la Italia de Vittorio Pozzo, con su <i>‘método’</i>. Desde entonces, las Copas del Mundo, como escaparate universal y tablado sobre el que exponer esas novedades esféricas, han guiado, en cierto modo, la cadena evolutiva del fútbol, respetando un calendario histórico que en Brasil, en los próximos días, tiene un punto crucial. Viviremos una Copa del Mundo acabada en año <i>‘4’</i>. Y cuando, eso sucede, cada 20 años, los ciclos han cambiado. ¿Estamos a las puertas de ese giro? ¿Brasil nos descubrirá algo con un impacto de alcance global? ¿Se asentará algún nuevo modelo como hito sobre el que tomar una referencia dentro de unos años? Las Copas del Mundo de 1934, 1954, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/ghana-cruyff-beckenbauer-cronologia/">1974</a> y 1994 ejercieron ese peso renovador. Es necesario coger el telescopio y volver la mirada.</p>
<blockquote><p>Cada 20 años, en las sucesivas Copas del Mundo se ha ido comprobando la evolución del juego.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El <a target="_blank" href ="http://www.elenganche.es/2010/05/mundial-1934-y-mussolini-conocio-el-futbol.html">Mundial de Italia 1934</a> nos dejó la irrupción de la selección de Pozzo. La Copa de Uruguay de cuatro años antes, apenas había dejado riqueza táctica. Con Inglaterra autoclausurada en su blindada insularidad<span class="pullquote_right">El Mundial de 1934, el de la irrupción táctica de la selección italiana</span>, las selecciones de 1930 solían obedecer al viejo modelo piramidal (2-3-5) y apenas la esencia exclusiva de los futbolistas uruguayos y argentinos ofrecieron opciones de diferenciación. Pero, en 1934, Italia comenzó a jugar distinto. Pozzo era anglófilo y un hombre de atmósfera rigurosa, disciplinado y autoritario. En definitiva, un hombre con todas las condiciones de poder del tiempo que le tocó vivir, en el auge del régimen de Mussolini. Pozzo estaba enlazado por la amistad con el entonces seleccionador austriaco <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/classicfootball/coaches/coach=61643/">Hugo Meisl</a>, otro anglófilo y alumno de cabecera de Jimmy Hogan. Con Meisl, coincidió en su alergia a la rigidez autómata de la WM inglesa, pero no en su ideario danubiano, donde la fluidez, la autonomía individual y el respeto a la pirámide pura, con los cinco delanteros alineados a la misma altura, funcionaban como conceptos irrebatibles. Pozzo cogió ese sistema táctico y lo transformó en un camino intermedio hacia la WM: conservó los dos centrales y los tres medios del dibujo danubiano, pero reforzó el epicentro del equipo retrasando a dos de los tres atacantes centrales, convirtiéndolos en interiores adelantados. Nadie había hecho eso, a lo que Pozzo bautizó como el <i>‘método’</i> (WW: 2-3-2-3), abriendo, tiempo después, en Italia, un intenso debate ideológico entre <i>‘metodistas’</i> y <i>‘sistemistas’</i> (defensores de la WM).</p>
<p style="text-align: justify">Aquella Copa del Mundo partía con tres selecciones favoritas. Las conectadas por el agua armoniosa del Danubio: Hungría, Austria y Checoslovaquia. Ellas debían pelearse la Jules Rimet con su juego hermanado: dinámico, rápido, tocado, ofensivo y atrevido. Este Mundial, significó la eclosión del canto danubiano. Pero Italia derribó ese eje Budapest-Viena-Brastislava. Italia pudo con todas. A Hungría la eliminó Austria en cuartos porque así lo quisieron los cruces. Austria avanzó a las semifinales hasta que Italia, en un partido afortunado, con un diluvio que inundó San Siro y reventó el tapete verde tan necesario en el juego austriaco, les firmó el acta de defunción. Y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=_4tTDbh3zqI">en la final, Pozzo tumbó en la prórroga a Chescoslovaquia</a>. Italia impondría un dominio imperial. Ganó ese Mundial, los Juegos Olímpicos de 1936 y el Mundial de Francia’38. Si la escuela danubiana no tocó metal dorado fue por esa Italia disciplinada, física, sacrificada, influenciada por la sangre sudamericana de oriundos como <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=z8uFRzSv4R8">Luis Monti</a>, Raimundo Orsi, Attilio De María y Enrico Guaita. Meazza le ponía la salsa al filete. Rigor, batalla y orden, valores que ya no se separarían nunca de la identidad italiana. </p>
<p style="text-align: justify">Austria era la mejor selección. Sinfónica. Móvil. Elástica. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=rcB8Heeh5XQ">Matthias Sindelar</a>, entonces el más grande futbolista de Europa, reflejaba la libertad de ese juego. Jugaba como un falso nueve, pero no porque Meisl lo ingeniara, sino porque su creatividad necesitaba de muchos espacios y momentos. Le acompañaba un organizador completo y cristalino como Smistik, quizá el mejor jugador de aquella edición, uno de los pioneros en la función de distribuir el juego alternando en corto y en largo. Además de Horvath, un punta técnico y habilidoso. Y un delantero inmortal: <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=dEoFeGLfmVg">Josef Bican</a>, autor de 670 goles en 406 partidos, uno de los artilleros más grandes de la historia que luego jugaría para Checoslovaquia. Esta selección alcanzó la final con un fútbol también alegre y coral. Planicka era su portero, quizá el mejor del momento junto a Ricardo Zamora. Y su alma era Nejedly, un delantero con pies de bailarín, el máximo goleador de ese torneo. Hungría quedó por el camino, aunque había sido la base territorial de la explosión danubiana. Tenía en Gyorgy Sarosi, otro goleador imperecedero y figura histórica de Ferencvaros, su estrella.</p>
<blockquote><p>En Suiza 1954 cambió el fútbol para siempre. Nada volvió a ser igual que antes.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Hungría sería la encargada de emitir el canto del cisne de esa corriente del Danubio veinte años después. La Copa del Mundo de 1954 en Suiza fue la Copa del Mundo que todos los aficionados al fútbol merecían haber vivido. No por el alto nivel del juego, por la emoción de casi todos sus partidos, por lo que lo pelearon varias selecciones, por sus momentos míticos, como el <i>«Milagro»</i> o <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/classicfootball/matches/world-cup/match=1248/"><i>«la Batalla de Berna»</i></a>. Tampoco por su vendaval de goles (5,4 de promedio, la edición más depredadora de la historia). Sino porque en los campos suizos cambió el fútbol para siempre. Por juego, impacto e influencia planetaria es el mejor Mundial, el más importante, de la historia. Una bisagra en el tiempo hacia la diversidad de escuelas y estilos nacionales.  </p>
<p style="text-align: justify">Allí nació el gen alemán, su capacidad de resistencia competitiva, su perfil físico, su blindaje emocional, su insuperable personalidad. Lo hizo durante todo el torneo, pero sobre todo en la final contra la Hungría que les había aplastado 8-3 en la primera fase,<span class="pullquote_left">El gen alemán nació en la Copa del Mundo de 1954, jugada en Suiza</span> remontándoles el 0-2 impuesto en ocho minutos por el lisiado Puskas y Czibor. Esa Hungría, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/wembley-1953-inglaterra-hungria/">los Magiares Mágicos</a>, con su innovador 3-2-1-4, había dinamitado la concepción del fútbol como tantas veces se ha contado: el falso nueve Hidegkuti, la cabeza puntual de Koscis, el manejo moderno de Bozsik, el innovador juego de pies <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/el-plan-revie-manchester-city/">del portero Grosics</a>, el ataque lateral del defensor izquierdo Lantos, la salida desde atrás de Lorant&#8230; La derrota contra Alemania puso el epílogo a esa epopeya. La esencia danubiana también pervivió hasta aquella Copa del Mundo con la maravillosa Yugoslavia de Beara, Bobek, Boskov y Zebec. Y en la sorprendente Austria (tercera), que estrenaba la WM, pero mantenía el viejo espíritu de juego ágil y fresco. Tenía en su mediocentro y capitán Erns Ocwirk su mejor hombre: de lectura privilegiada, elegancia técnica y variado surtido de pases. Le respalda el polivalente Gerhard Hanappi, tan pronto defensa como delantero. Después de aquella Copa en Suiza la escuela danubiana en su más pura expresión cerró las persianas, agotada ya por la modernidad del fútbol y las nuevas tendencias. </p>
<p style="text-align: justify">En Suiza, los ingleses, con un equipo extraordinario con Stanley Matthews, Finney, Losthouse, Billy Wright y Taylor, recibieron una nueva lección continental. Su WM ya se había empapado de fracaso en Brasil ’50, su estreno en la Copa del Mundo. También la había martirizado Hungría en Wembley un año antes. Necesitaron otro golpe para constatar que con ese modelo táctico y con su estilo académico, recto, pragmático y estático, donde el balón pasaba por las posiciones y no las posiciones por el balón, nunca podrían competir lejos de las islas británicas. Comenzarían los debates que acabarían en las transformaciones <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/classicfootball/coaches/coach=44549/">de Alf Ramsey</a>.</p>
<p style="text-align: justify">Fue también la Copa en la que Brasil comenzó a equilibrarse para proteger su salvaje talento y su genialidad natural con el cuarto defensor. El Maracanazo les había dejado una <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/05/futbol-brasileno-disciplina-flavio-costa-sin-exito-maracanazo-brasil/">dramática experiencia</a> a la que no tardaron en buscar remedios. Su genuino 4-2-4 comenzó a desplegarse por momentos en los campos suizos, con un sistema, esquematizado por Zezé Moreira, muy semejante al húngaro y con dos aportaciones históricas: los laterales ofensivos, encarnados aquí por Djalma y Nilton Santos. </p>
<p style="text-align: justify">Y fue en 1954 cuando Italia recibió un impacto sobre el que el análisis histórico ha reparado poco, pero que causó cierta conmoción en su fútbol y generó unas dudas decisivas sobre el camino que había de emprenderse tras la tragedia de Superga. Italia ya había experimentado<span class="pullquote_right">Italia también sufrió un cambio en la Copa del Mundo de Suiza 1954</span> una década antes versiones primitivas del <i>‘catenaccio’</i> como la <i>‘vianema’</i> de Viani en la Salernitana, el <i>‘mezzosistema’</i> de Barbieri en La Spezia o de Nereo Rocco en la Triestina. Y Alfredo Foni, un año antes, ya había sistematizado ese módulo. Pero Italia necesitó de una bofetada y se la dio Suiza, la madre del <i>‘verrou’</i>, del cerrojo, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/12/historia-del-catenaccio-revolucion-horizontal-karl-rappan/">del <i>‘catenaccio’</i> jurásico</a>. Suiza había asimilado ese modelo en su identidad antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando en Francia ’38, Karl Rappan estrenó esa fórmula táctica basada en los marcajes al hombre vigilados por un líbero. En la primera fase de esa Copa del Mundo, Italia, apoyada sobre la defensa de la Fiorentina (<i>‘blocco viola’</i>), recibió un 4-1 de los anfitriones en el partido de desempate para clasificarse a cuartos. Esa derrota, contra el equipo que abanderaba el defensivismo, contribuyó al proceso en el que Italia construiría su identidad nacional, ya en los primeros años 60. Suiza pasó a cuartos y se configuró el cuadro final más brillante de la historia de los Mundiales, con partidos memorables como el Brasil-Hungría (2-4), el Uruguay-Inglaterra (4-2), el Austria-Suiza (7-5) –partido con más goles en un Mundial–, el Hungría-Uruguay (4-2), el Alemania-Austria (6-1), el Uruguay-Austria (1-3) o <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=euVOOwxAvCQ">la final entre Hungría y Alemania (2-3)</a>. </p>
<blockquote><p>Rinus Michels y Arrigo Sacchi protagonizaron las siguientes revoluciones del fútbol.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Veinte años más tarde, en Alemania 74, el fútbol sufriría una nueva convulsión modernizadora. El <i>Fútbol Total</i> de Holanda se confirmó como la corriente innovadora que condicionaría el juego de esa década y la siguiente. La Holanda de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/06/el-rival-mas-fuerte/">Rinus Michels</a> elevó a categoría planetaria la ideología ya avanzada<span class="pullquote_left">El Mundial del 74 en Alemania es el de Rinus Michels y su Holanda</span> por el Ajax. La universalidad posicional, la zona, la presión y el ataque, la teoría del movimiento, la velocidad de circulación, sus atléticas costuras, la introducción del flexible 3-4-3, un delantero creativo y libre, el centro del campo como núcleo del juego ofensivo… Este estilo colisionó con la fortaleza germana dirigida por Helmut Schoen. Una coraza competitiva que también determinó parte del fútbol europeo de los años posteriores. Alemania pasó a dominar el continente y asegurase una identidad a prueba de bombas, donde la disciplina, la eficacia táctica, la figura del hombre libre o un estricto poderío físico fijaban sus bases. Fue en aquel Mundial también donde el laboratorio soviético moderno ratificó sus postulados. No lo hizo con la URSS, sino con la bandera de Polonia. Su seleccionador Kazimierz Gorski (había nacido y jugado en Lviv, entonces territorio polaco y después soviético y ucranio) estaba fuertemente influenciado por la metodología de la escuela de Kiev, donde Viktor Maslov y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/10/dinamo-de-kiev-blokhin-lobanovskiy/">Valery Lobanovsky</a>, habían metido el fútbol en un microscopio para extraerle cualquier conclusión científica. Aquella Polonia (tercera) ya había sorprendido en los Juegos Olímpicos de Múnich ’72 con un juego de notas soviéticas: creatividad y compromiso colectivos, presión, ritmo trepidante (algo menos mecanizado y más libre que el de la URSS), contragolpe, rapidez… Lato, Gadocha y Deyna, jugadores inteligentes, simbolizaban ese equipo.  En esa Copa del Mundo, la instintiva y mágica Brasil se encontró con la realidad europea y cambió de vía, hacia una más práctica y atlética. </p>
<p style="text-align: justify">El siguiente <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/04/25-aniversario-del-milan-5-0-real-madrid-arrigo-sacchi/">eslabón evolutivo al fútbol se lo puso Sacchi</a> a finales de los 80, pero todas las enseñanzas de su revolución no se asentarían hasta que se mezclaron con las de Cruyff, y en la Copa del Mundo de Estados Unidos ‘94 casi todas las selecciones demostraron manejar un lenguaje nuevo. Se habían desterrado las defensas de cinco hombres tan populares en la Copa del Mundo de Italia ’90 y los marcajes individuales. El fútbol ya se entendía en Estados Unidos en términos de espacio, definiciones posicionales, juego sin balón, presión colectiva y sistematizada, transiciones, defensas zonales… Y de este Mundial, Brasil también salió, además de campeona, renovada, con algo menos de poética y más de prosa, concretada ya como un producto más europeo y práctico. Su 4-4-2 con centrocampistas de banda (Mazinho y Zinho) fue el reflejo de la vieja ley del equilibrio táctico de Brasil. Había que guarecer el talento con un mediocampo consistente, intenso y trabajador. Romario y Bebeto guiñaron el ojo. El polo creativo de Brasil pasaría a otras posiciones, a los laterales y mediapuntas. Pero ya no habría lugar para mediocentros geniales, imaginativos y técnicos como Didí, Gerson, Rivelino, Falcao, Cerezo… En <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/centrocampistas-brasilenos-mauro-silva-mazinho/">Mauro Silva</a> y Dunga se cambió el guion para siempre en Brasil.</p>
<p style="text-align: justify">Y así hasta hoy, veinte años después, en una Copa del Mundo acabada en <i>‘4’</i>. ¿Qué podemos hacer además de disfrutar, esperar y volvernos viejos?</p>
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		<title>El Grande Torino en Maracaná</title>
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		<pubDate>Tue, 06 May 2014 01:55:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Vinilo]]></category>
		<category><![CDATA[Aldo Bardelli]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
		<category><![CDATA[Copa del Mundo 1950]]></category>
		<category><![CDATA[Ferruccio Novo]]></category>
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		<description><![CDATA[«Dai diamanti non nasce niente, dal letame nascono i fiori». (De los diamantes no nace nada, pero del estiércol nacen las flores.) Fabrizio De André. Nos fascinan los viajes en el tiempo y los mundos paralelos. Es nostálgico, es paradójico y en sus variantes más patológicas, melancólico. Sin embargo, ofrece golosas soluciones en el campo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">
<p style="text-align: justify"><i><strong>«Dai diamanti non nasce niente, dal letame nascono i fiori». (De los diamantes no nace nada, pero del estiércol nacen las flores.) Fabrizio De André.</strong></i></p>
<p><span id="more-121895"></span></p>
<p style="text-align: justify">Nos fascinan los viajes en el tiempo y los mundos paralelos. Es nostálgico, es paradójico y en sus variantes más patológicas, melancólico. Sin embargo, ofrece golosas soluciones en el campo de la narrativa. A nivel de discusión futbolística existe un subgénero que alguna vez fue llamado <a target="_blank" href ="http://planetadeporte.es/futbol/real-madrid/2014/futbol-ficcion-625357"><i>«fútbol ficción»</i></a> dedicado a debatir sobre utopías o distopías basadas en algún cambio de acontecimientos sugerente y con cierto grado de verosimilitud. Fichajes malogrados, balones que no entraron y -en las disertaciones más emotivas- tragedias evitadas. El Grande Torino con su amargo destino alienta la interpretación romántica y al estar tan cercano al que quizás sea el evento más recordado en un Mundial, el celebre <i>«maracanazo»</i>, dispara la fabulación. Existen numerosas elegías sobre el tema. El extraordinario Enric González le dedicó un cuatro de mayo de hace un lustro un precioso artículo en <i>El País</i> al suceso, opalescentemente titulado <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2009/05/04/deportes/1241388021_850215.html"><i>«El día que cambió la historia»</i></a>, reflectando el accidente en un arco iris de posibilidades. Vivo el Grande Torino, el escritor dudaba del maracanazo, de la futura hegemonía brasileña y juventina, de la cultura <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/1998/06/29/deportes/899071217_850215.html">defensivista</a> y del catenaccio. Otro fútbol, otro mundo.</p>
<blockquote><p>¿Hasta qué punto cambió la historia con el desgraciado accidente del Torino?</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Sin embargo, si nos embarcásemos en el mismo viaje, quizás acabaríamos encontrándonos en el mismo mundo que dejamos. Porque, ¿hubiese escapado el Grande Torino a las razones que hundieron a sus contemporáneos europeos en Brasil? ¿Podía alguno que no fuese Uruguay acometer la final oficiosa con chance de vencerla? En su interesante libro <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Espiral_del_silencio"><i>«La Espiral del silencio»</i></a>, la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann proponía que la opinión pública actúa como la piel de la sociedad, esto es, sondeamos continuamente el clima de opinión para conocer la opinión dominante, lo que ha venido facilitando la cohesión social. ¿Habían convencido los <i>mass media</i>, opinión pública y ambiente a casi todo el mundo de que los brasileños eran invencibles? </p>
<p style="text-align: justify">Julio Pérez, integrante de aquel seleccionado uruguayo del &#8217;50 recordaba: <i>«Los cronistas se dejaban impresionar por las goleadas de Brasil, pero no se daban cuenta que los rivales se achicaban. Y no era para menos.</i><span class="pullquote_right">Uruguay no tenía el temor del resto a la atmósfera brasileña</span><i> La tribuna, la multitud, y todas esas cosas que pesaron en el ánimo de los españoles y los suecos, permitieron las goleadas. Pero eso con nosotros no camina. El equipo nuestro jugaba bien y estaba integrado por hombres»</i>. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%93scar_M%C3%ADguez">Oscar Omar Míguez</a>, integrante del mismo conjunto, rememoraba: <i>«¿Por qué nos iban a ganar?, ¿quiénes eran?. Nosotros nos teníamos confianza. Si usted entra sugestionado es peor&#8230; Ese campeonato no se perdía&#8230; Estaba escrito que ese día ganaríamos. No temíamos ni a Dios ni al Diablo. Si Máspoli hubiese jugado de delantero, hacía dos goles, y si yo hubiera ido al arco, atajaba dos penales»</i>. Ambos jugadores apuntan un tema común. <i>«Lo más peligroso que hay en el fútbol es el miedo»</i>, afirmaba sabiamente <a target="_blank" href ="http://futbol.as.com/futbol/2014/04/29/champions/1398764680_945358.html">Carlo Ancelotti</a>. ¿De que tenían miedo los europeos? No solo del <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/futbol-mulato/">fútbol mulato</a> pese a que un periódico romano publicaba durante el torneo un escueto <i>«¿Cómo resistir?»</i>, ante la demoledora algarabía de su juego. También del ambiente supeditado al contexto. El entusiasmo brasileño por el certamen había trocado su optimismo en fanatismo. </p>
<p style="text-align: justify">Skoglund, jugador sueco, comentó sobre su partido contra Brasil: <i>“Cada vez que tocaba el balón, explotaban petardos a mi alrededor: era como un campo minado”</i>. El final de la Segunda Guerra Mundial<span class="pullquote_left">La cercanía de la IIGM pudo ser clave en esto</span> estaba muy cercano, así como el de la Guerra Civil española, y los jugadores habían vivido aquellos conflictos en primerísima línea. ¿Revivió el público brasileño el estrés postraumático entre los competidores europeos? ¿Produjo el ambiente una conexión emocional con el cercano recuerdo bélico, provocando con ello que los futbolistas disminuyesen su competitividad? Skloglund identifica el petardo con la bomba y los uruguayos apuntan a que las tribunas achicaron al resto de finalistas. Venían de sufrir una larguísima guerra y quizás el ambiente les amedrantó. Uruguay no había peleado en ninguna y las famosas palabras de aliento de Obdulio y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/04/historia-futbol-mulato-bohemios-conexion-danza-futbol-suburbios-uruguay/">Schubert Gambetta</a> servían para aliviar cualquier teórico miedo escénico. Sin embargo un hipotético Grande Torino hubiese afrontado el torneo en las mismas condiciones que los suecos y españoles, con el recuerdo de la contienda presente y un ambiente propicio a reavivar su recuerdo.</p>
<blockquote><p>Además del contexto emocional, el aspecto táctico también genera debate.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Puesto que pertenecemos a <i>«una cultura funeraria -cuyo respeto se reserva a los cadáveres-«</i> (<a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/opinion/2014/01/29/52e95f7a22601d725c8b458b.html">Antonio Escohotado</a>), se ha omitido a posterioridad cualquier detalle que supusiese un asomo de menoscabo al prestigio de las víctimas de Superga. Sin embargo<span class="pullquote_right">Había dudas sobre el sistema del Torino</span>, el Calcio se vio azotado durante el decenio anterior al desdichado suceso por una agria polémica sobre sistemas de juego (<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/01/historia-del-catenaccio-sistemista-contra-metodista-genoa-pionero/">sistemistas vs metodistas</a>) y el Torino en su doble faceta de equipo y esqueleto del seleccionado italiano fue campo de tiro en aquel debate. Nadie dudaba de las condiciones individuales de los jugadores. El más prestigioso periodista deportivo italiano de cualquier época, Brera, señalaba que había no menos de once elementos de notable valor internacional en aquel conjunto y que sus dieciocho fallecidos estaban <i>«entre los mejores atletas de los que haya presumido nuestro fútbol»</i>. Las críticas se centraban en el aprovechamiento técnico de tan descollante material humano. </p>
<p style="text-align: justify">Durante la guerra, Novo y Pozzo habían maquinado para unificar la mayoría del talento disponible en un solo conjunto que facilitase la labor de seleccionador, amparándose en <i>«exoneraciones militares y la ambición de la maglia azzurra»</i> (<a target="_blank" href ="http://en.wikipedia.org/wiki/Gianni_Brera">Gianni Brera</a>). El Comisario Único (Pozzo) recomendaba a los jugadores más brillantes la transferencia al Piamonte para estar cerca de él y el presidente Novo se apoyó en FIAT y su enorme influencia para mantener a los jugadores -y supuestos operarios- lejos de la actividad militar.</p>
<p style="text-align: justify">Un año antes del accidente se produjo el partido internacional que fue considerado la <i>Waterloo turinesa</i>. Pozzo había roto relaciones con Novo debido -entre otras cuestiones- a la adopción de la WM<span class="pullquote_left">El cambio de técnico y el duro viaje en barco terminaron en desastre</span> por parte del Torino. Empero se celebraba el cincuenta aniversario de la Federación italiana (16-05-1948) y el seleccionador convocó para el amistoso ante Inglaterra al armazón del campeón de Italia, alineándolo en WM según era el deseo de buena parte de la prensa. El conjunto se vio humillado por cuatro goles a cero y el veterano técnico, muy tocado por el resultado y desgastado por las acusaciones de <i>«trasnochado»</i>, acabó siendo licenciado tras el fracaso olímpico de ese mismo agosto (Londres &#8217;48). Posteriormente el propio Ferruccio Novo entró <a target="_blank" href ="http://forza_azzurri.homestead.com/Off_Coach.html">como seleccionador</a>, añadiéndosele para el Mundial el periodista toscano Aldo Bardelli. Sin embargo, el dispositivo táctico se mantuvo. Luego Bardelli y varios jugadores se negarían a viajar en avión hasta Brasil, prefiriendo hacer un trayecto en barco de casi veinte días, lo que malogró el estado físico y propició la esperpéntica actuación posterior. </p>
<p style="text-align: justify">Casi con toda seguridad la supervivencia del Grande Torino le hubiese ahorrado a la squadra azzurra la inacabable travesía marítima -inquietantemente profética puesto que todos los balones cayeron al mar-, pero la abultada derrota contra los ingleses no podía explicarse exclusivamente ni desde la clase de estos, ni por el desgaste de los turineses a aquellas alturas de temporada, puesto que el conjunto británico era ya veterano. Un dato esclarecedor, apenas dos años después una base similar de jugadores de la <a target="_blank" href ="http://futbol.as.com/futbol/2013/07/31/primera/1375228984_403546.html"><i>«pérfida Albión»</i></a> sería abatida por España y los Estados Unidos de América en el Mundial del &#8217;50. En cualquier caso, la derrota fortaleció las dudas etnológicas sobre la conveniencia de un sistema para <i>«forzudos»</i> ingleses ejecutado por <i>«escuchimizados»</i> italianos. </p>
<blockquote><p>Incluso dentro del Torino existían dudas sobre el sistema de la WM.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dicen que el húngaro <i>«Egri»</i> Erbstein, consejero táctico tras el Torino, había empezado a albergar dudas sobre la conveniencia de seguir apostando por la WM antes del accidente de Superga y quizás hubiese implementado cambios jugosos en aquel año previo al torneo, sin embargo el Torino vencía y daba espectáculo en el campeonato nacional, lo que hace difícil barruntar un hipotético cambio. Es más, bien entrados los &#8217;50 se seguía alabando la eficacia y prestancia de su <i>«cuadrilátero»</i> como ejemplo de la solvencia de <i>«el sistema»</i>. Difícil concebir un cambio pese a los aldabonazos que técnicos como el Barbieri del <i>«mezzo sistema»</i> o el Alfredo Mazzoni del modesto Modena estaban dando en el torneo. </p>
<p style="text-align: justify">Los cuatro goles encajados contra Suiza en Zurich (1945) o los cinco recibidos en el Prater ante Austria (1947) apuntaban a que Italia defendiendo en WM era un colador. Similares críticas se hicieron a suecos y españoles durante la final cuadrangular del <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Copa_Mundial_de_F%C3%BAtbol_de_1950">Mundial de Brasil</a>. El único equipo competitivo ante el conjunto local dispuso una organización tácticamente más cauta, conducida con mayor astucia y aplicando un uso eminentemente austero del fondo atlético en contraste con el despliegue al que predisponía el uso del modulo en WM. Brera lo definió de <i>«cigarras contra hormigas»</i> y cultivó en su recuerdo el espíritu del defensivismo. La disposición inicial de Uruguay apuntaba a una pirámide clásica rioplatense (2-3-5), sin embargo el back central Matias Gonzalez se ubicó algo más retrasado que su compañero Eusebio Tejera, los medios de los costados (Gambetta y Andrade) marcaron a los extremos (Chico y Friaça) y el mediocentro Varela y los dos interiores uruguayos retrocedieron respecto a su habitual hábitat hasta darle al equipo una forma en 1-3-3-3 muy similar a la <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/12/historia-del-catenaccio-revolucion-horizontal-karl-rappan/">implantada por Rappan</a> en Suiza y con la que esta misma selección había conseguido empatarle a Brasil durante ese mismo torneo de 1950. </p>
<p style="text-align: justify">Y así fue como la gran epopeya charrúa acabó sirviendo de matriz poética <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/catenaccio/">al catenaccio</a>.</p>
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