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	<title>Ecos del Balón &#187; Valdano</title>
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		<title>La Quinta del Buitre: futuro, presente, pasado (I)</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Dec 2017 03:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Pocos momentos provocan en el aficionado al fútbol las sensaciones del camino al estadio. Aun más cuando juegan los dos primeros equipos de la clasificación en un <a target="_blank" href ="https://elpais.com/diario/1983/12/03/deportes/439254003_850215.html">partido altamente anticipado</a>. Ochenta mil personas<span id="more-246506"></span> haciendo el mismo peregrinaje, dirigiéndose a <i>su</i> puerta, abarrotando las gradas, animando al conjunto blanco, líder en la Liga, que se enfrenta a su oponente bilbaíno, segundo y pisándole los talones. Los merengues llevan toda la temporada impresionando con su juego, y los leones no le andan a la zaga. El partido es de poder a poder y el Bernabéu, absolutamente lleno, disfruta a pesar de que los locales no cuentan con dos de sus mejores centrocampistas. Esa temporada es mágica para los madridistas, que a 3 de diciembre no solo son primeros sino que ya han eliminado de la Copa del Rey al Betis. Pocas semanas antes el buen juego de los locales metió 60 mil espectadores en el coliseo blanco para un derbi madrileño. En la eliminatoria contra el Betis y en un partido contra el Deportivo la gente también responde en grandes cantidades. El momento clave llega en un saque de falta cabeceado a la red por el menudo delantero madridista, ese del que todos hablan maravillas y que no hace tanto fue muy alabado en la prensa. El equipo vuela y con él la imaginación de una afición que siempre exige cotas mayores. Estos chicos serán clave en el futuro del primer equipo más pronto que tarde.</p>
<p style="text-align: justify">Efectivamente, el futuro. Porque el presente, ese 3 de diciembre de 1983, es un partido de Segunda División. El filial del Real Madrid, el Castilla, finalista de Copa hace tres años, es ahora líder de la categoría y se enfrenta a un Bilbao Athletic repleto de buenos futbolistas que ya alimenta a su equipo mayor, el conjunto dominante del fútbol español en esa época. El Betis, un <i>primera</i>, había caído ante los castillistas en Copa, y sesenta mil almas se juntaron en el Bernabéu para verles jugar ante el Atlético Madrileño, filial rojiblanco. Faltan dos de los mejores centrocampistas del equipo, Sanchís hijo -pasará un tiempo antes de que pueda deshacerse de la coletilla- y Martín Vázquez, que han viajado a Murcia para debutar con el primer equipo, pero todavía está Míchel en la banda derecha, el diablillo Pardeza en la izquierda -recibiendo entradas criminales de Bolaños- y el autor del gol de la victoria, Emilio Butragueño, el Buitre, en la punta del ataque. Apenas tres semanas antes, el 15 de noviembre, <a target="_blank" href ="https://elpais.com/elpais/2013/11/14/icon/1384450140_310238.html">Julio César Iglesias les había bautizado</a> como la <i>«Quinta del Buitre»</i>. Por aquello de tener todos la misma edad, pero al mismo tiempo refiriéndose a esa quinta velocidad que tenía Emilio. En aquella época casi todos los coches tenían cuatro velocidades, así que la quinta era algo así como un extra. Pero ya habrá tiempo de hablar de ese tema.</p>
<h2>¿DÓNDE SE CRIA LA QUINTA?</h2>
<p style="text-align: justify">Los inicios de los 80 en España fueron una época curiosa e interesante en casi todos los ámbitos. El país daba pasitos de recién nacido en su nueva condición de democracia lo que conllevaba, como con todos los bebés, algún que otro tropezón &#8211;<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=5E6fIfTz2d4">¡se sienten, coño!</a>&#8211; y modelitos cuanto menos señalables, como aquellas <a target="_blank" href ="http://estaticos.elmundo.es/assets/multimedia/imagenes/2014/10/16/14134510153047.jpg ">chaquetas de pana</a> que nuestro flamante presidente socialista lucía con el mismo orgullo con que su segundo al mando llevaba las gafas estilo chica del <i>«Un, Dos, Tres»</i>. Son etapas de la vida y hay que pasar por ellas. Futbolísticamente esos primeros años de la década supusieron también una ruptura con lo anterior, ya que dos equipos vascos, la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao se tornaron dominadores del balompié patrio. Con un fútbol aguerrido, físico -no mucho más que la media española, vamos a romper ya ese mito- y no exentos de calidad, los de Ormaetxea y Clemente firmaron cuatro años de impasse en el tradicional dominio madridista, lo que unido a un Atlético de Madrid que ya no era el mismo que en la década anterior creo, una vez mas, un escenario casi inédito en otro ámbito de la vida española. Caso aparte era el Barcelona, a quien nunca faltó el dinero y que bajo la dirección de su nuevo presidente José Luis Núñez estaba dispuesto a hacer saltar la banca y seguir trayendo a las más rutilantes figuras del fútbol internacional, como era tradicional del club. Así pues, desembarcará Schuster y también Maradona, tomándole el relevo a Krankl y Simonsen. Quini, goleador de categoría, cambiará su amado Molinón por el Camp Nou, pero los resultados en Liga no llegarán hasta el mandato de Terry Venables, un técnico británico sin la cabeza de ladrillo de Weisweiler o Lattek. De entrenadores tampoco fueron nunca faltos los blaugranas. Esta época del fútbol español coincidió <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=xp_1I2YtX8o">con nuestro Mundial</a>, donde esta mezcla de caracteres que iban desde el aguerrido Camacho, hasta el pequeño diablo López Ufarte pasando por Arconada, José Ramón Alexanko, Juanito, Santillana, Quini, el inclasificable fenómeno que era Gordillo y la clase de Zamora en el medio del campo, parecieron abocados al fracaso desde el principio, aplastados por la presión de la cita y su propia falta de nivel en un campeonato en el que, precisamente, sobró calidad y equipos de categoría. </p>
<p style="text-align: justify">En este ambiente el Castilla, equipo filial del Real, vivió sus años dorados. Ya en el año 80 sorprendió a propios y extraños con su extraordinaria andadura en la Copa del Rey. Un equipo en el que sólo Ricardo Gallego -y el portero Agustín en cierto modo- llegaría a hacer carrera en el primer equipo se plantó en la final eliminando a cuatro equipos de Primera División. Y no unos cualquiera, además del Hércules, el Athletic de Bilbao, la Real Sociedad que no tardaría en ganar la Liga dos años seguidos y un Sporting de Gijón que contaba con Quini, Maceda, Cundi o Ferrero, un conjunto de campanillas en la época. Así pues, los castillistas <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=vy7w0wAl4ZU">se plantaron en la final</a>, algo que nunca será igualado, donde sucumbieron ante el primer equipo en una fiesta totalmente blanca en el Bernabéu. Aun así, el gran aporte del Castilla durante la década todavía estaba por llegar. Entre el año 81 y el 85 dará a luz a un grupo de jugadores que cambiará el fútbol español, no solo por su manera de jugar sino también a nivel cultural y mental. </p>
<h2>LA QUINTA, EL FUTURO</h2>
<p style="text-align: justify">En aquel horno a fuego lento que era el filial, ninguno de los componentes de esta generación pasó tanto tiempo como Míchel, nombre futbolístico que será pronunciado de mil maneras por locutores de todo el mundo, y que será el primero en debutar en la máxima categoría del fútbol nacional. Fue en circunstancias especiales, durante una huelga de futbolistas que obligó a los filiales a jugar en una jornada de Liga. Como si tuviese que ir marcando territorio, Míchel anotó el gol de la victoria de su equipo. Tardaría algo más de dos años en volver a pisar esos pastos, algo que le frustró, consciente de la calidad que atesoraba. Su pierna derecha era un guante y se sentía en casa jugando como centrocampista diestro, aunque lo veremos de lateral, de interior e incluso de líbero.</p>
<p style="text-align: justify">Con Míchel llegó al Castilla un menudo delantero centro que se convertiría en el yerno ideal de todas las madres de España. Pelo rubio y rizado, ojos claros y, quiero pensar que olía de maravilla, aunque solo fuese porque su padre tenía una perfumería. Estudiante en un prestigioso colegio madrileño y madridista de cuna. Emilio Butragueño, un as dentro del área, capaz de librarse de sus marcadores en los espacios más cortos y con una habilidad natural para rapiñar goles en el área. Con ese apellido y ese don, el Buitre había nacido y ni él mismo se imaginaba lo que representaría durante la siguiente década. Tras marcar 40 goles en el filial, Alfredo di Stefano <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=r18k7-zpwEg">le dio la alternativa</a> en el primer equipo en la temporada 83-84 y ya nunca miró atrás. A Míchel y el Buitre, ya para la posteridad pareja de baile, dúo artístico, se les unió en el 82 un menudo extremo onubense, rápido como él solo y que iba a recibir las peores patadas de todo el grupo. Miguel Pardeza era el complemento de Butragueño en ataque, el recurso del Castilla cuando no había recursos, como lo había sido Paco Gento décadas atrás para el Madrid de las Copas de Europa. <i>«Si no sabes qué hacer, dásela a Miguel, él se irá por velocidad, inventará algo o recibirá una tarascada y forzaremos una falta»</i>. Pardeza nunca se consolidará en el primer equipo, pero tendrá una destacada carrera como jugador profesional.</p>
<p style="text-align: justify">En la 83-84, pasan fugazmente por el filial madridista los otros dos componentes de la futura Quinta. Como un visto y no visto, Manolo Sanchís hijo y <a target="_blank" href ="http://www.libertaddigital.com/deportes/futbol/2014-05-09/martin-vazquez-me-ire-a-la-tumba-sin-saber-por-que-mendoza-me-abrio-la-puerta-de-salida-1276518084/">Rafael Martín Vázquez</a>, llegan, aportan su tremenda calidad a un Castilla histórico, y suben al primer equipo. El primero un centrocampista que también puede jugar de central, con calidad para jugar la pelota y carácter. Siempre con la camiseta por fuera del pantalón, sus subidas al ataque, en el estilo de los mejores líberos, le verán convertirse en uno de los jugadores que más veces se ha puesto la camiseta blanca -y uno de los más laureados-. Será tan grande que conseguirá algo muy poco común: que su padre, famoso jugador madridista y campeón de Europa, pasase a ser simplemente eso, el padre de Sanchís.  Vázquez, que era su nombre futbolístico por entonces, era el jugador del que todos hablaban maravillas. Joven prodigio del mediocampo, demostró su calidad en torneos internacionales con los juveniles del Madrid y las categorías inferiores de la selección española. Con una visión de juego fantástica, aglutinaba también las características de los clásicos centrocampistas de la década anterior, con un buen despliegue en el campo y capacidad para jugar en corto y en largo. Le costó adaptarse, fue discutido, pero su calidad acabó por darle el status que merecía. En el segundo plano se movía con comodidad y así, en segundo plano, quedó el hecho de que también a él fue el mismo Julio César Iglesias el que le cambió el nombre. El periodista recordó que había habido un torero de nombre Rafael Martín Vázquez y le pareció adecuado incorporar el primer apellido. Rafael pasó a ser nuestro <i>Gigiriva</i>. <i>Martinvázquez</i>.</p>
<blockquote><p>El fútbol nunca fue tan físico como en ese comienzo de la década de los ochenta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Como ya habíamos dicho, estos primeros ochenta fueron años de contradicciones para el club blanco. Corto de dinero y de talento en muchos casos, el club no olió una liga durante la época de dominio vasco y, para colmo, tampoco después porque el Barcelona de Venables se impuso en el campeonato del 85. Pero con un equipo en el que destacaban los jugadores raciales como Camacho, Stielike o Juanito -estos dos últimos muy buenos jugadores, debemos añadir, más allá de lo volcánico de su carácter-, el ariete Santillana y el portero que tocase, fuese Miguel Ángel, fuese García Remón, se las arreglaron para llegar a una <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8MTkNeEgqik ">final de la Copa de Europa</a>, aquella de 1981, donde plantaron cara al gran ogro europeo de la época, el Liverpool de Bob Paisley. El año anterior solo una desafortunada noche en Hamburgo les había privado de disputar la final en el Bernabeu. El Madrid era un noble de buen linaje venido a menos, pero todavía conservaba uno o dos buenos trajes para las grandes ocasiones. Más decepcionante fue la terrible <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jczRWhlh0ls">final de la Recopa del 83</a>, en Goteborg, donde en un partido malísimo fueron batidos por el correoso Aberdeen de Alex Ferguson. Para el inicio de la temporada 84-85, los madridistas competían en la Copa de la UEFA, un torneo de un nivel tremendamente alto, por la cantidad de equipos competitivos y por la duración del torneo, un mata-mata de seis rondas donde errar normalmente se pagaba con la vida. El Madrid, eso sí, se saltará esta máxima varias veces de manera milagrosa en el siguiente bienio.</p>
<p style="text-align: justify">El fútbol de los ochenta era abrasivo. Invadido por los residuos del fútbol total -todavía había equipos que lo perseguían o que lo habían modificado a su manera-, con una importancia capital del juego sin balón y con una preocupación por el poderío físico como no se había visto nunca. El marcaje al hombre seguía vivito y coleando y la violencia era parte inexcusable del juego. Seguramente el dominio inglés, italiano y alemán ayudó, claro. En todo caso la afición se dividía entre los artistas como Zico, Maradona o Platini con sus regates inverosímiles y su excelente toque de balón y los no menos efectivos y espectaculares Rummenigge, Elkjaer Larsen o Briegel, con su velocidad endiablada, sus cañones en cada pierna y sus pulmones para exportar. En el caso de Chamartín, todo solía acabar en la cabeza de Santillana, previo pelotazo o jugada de Juanito –<i>que la prepara y Santillana mete gol</i>, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oxBLr5tuFnE">tonadilla clásica</a> del coliseo blanco-. Y ahí es donde los chavales de la Quinta, aquellos de los ochenta mil en el Bernabéu en Segunda División, hicieron su entrada.</p>
<p style="text-align: justify">Los blancos iniciaron la temporada con una mezcla de veteranos y noveles, nada más propio, y con intención de recuperar el título liguero. Cuatro de los cinco componentes de la Quinta eran ya miembros del primer equipo -aunque Martín Vázquez, junto a Pardeza, se pasó una parte de la temporada haciendo el servicio militar-. Seguían las viejas glorias en el equipo, Chendo ocupaba el lateral derecho, Gallego se había hecho fijo en un medio del campo donde no se acababa de asentar el talentoso Juan Lozano, y arriba llegaba también ese año un espigado delantero argentino <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=9aaFVUnCmbU">llamado Jorge Valdano</a>. En el banquillo Alfredo di Stefano dio paso al padre de la Quinta, Amancio Amaro, que subió del Castilla pero nunca fue capaz de reproducir su éxito del filial. El Madrid empezó mal el año y siguió siendo irregular en el campeonato de Liga, que fue a parar al Barcelona, al que Terry Venables sacó de una sequía de más de una década. El Madrid acabó quinto, incluso superado por un buen Sporting de Gijón. Amancio fue cesado faltando una jornada. Tras un año en el protagonizó unas cuantas anécdotas interesantes, como aquella  de bajarse los pantalones en White Hart Lane, mostrando las cicatrices de las tarascadas que recibió como jugador para infundir valentía a sus jugadores, o el incidente en Milán donde descubrió a Juanito y Butragueño con compañía femenina antes de un partido contra el Inter. El <i>gallego brujo</i> dejó el equipo con la misión cumplida de haber servido de puente para la integración de sus polluelos del Castilla en el primer equipo. El hombre que le sustituyó fue el apagafuegos de la Casa Blanca, Luis Molowny. <i>«El Mangas»</i> llegó a tiempo para levantar el poco prestigioso trofeo de la Copa de la Liga ante el Atlético y también para culminar una histórica trayectoria en la Copa de la UEFA, qué será la gran narrativa de esta temporada merengue.</p>
<blockquote><p>El Real Madrid encontró en la UEFA una forma de revivir y crear sus grandes noches europeas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Tras liquidar al Wacker Innsbruck austríaco y al Rijeka yugoslavo -el día que un jugador mudo fue expulsado del Bernabeu- en los dos primeros cruces, el sorteo puso al Madrid ante un equipo imponente en los octavos de final. El fútbol belga vivía su época dorada y el Anderlecht era su mejor exponente. El Madrid recibió una <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IYt5GQ8D6_g">buena lección en el Parc Astrid</a>, especialmente en la segunda parte, donde fueron incapaces de contener a Frank Vercauteren, que fue un puñal en la banda derecha belga y especialmente a un jovencísimo Enzo Scifo, que había tomado el relevo del madridista Lozano como cerebro de <i>«les mauves» </i> y mandó en el partido como si fuese un veterano de mil batallas. El 3-0 parecía liquidar la eliminatoria y casi casi la temporada blanca.</p>
<p style="text-align: justify">Pero <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=r0ruiZfGE5U">en el Bernabeu</a>, convertido en una olla a presión, el Madrid salió convencido de la remontada. Atacar, atacar y atacar era la receta y a la media hora la eliminatoria estaba igualada. Sanchís no dio apenas tiempo para asentarse en el campo a los belgas, marcando en el minuto dos. Butragueño, esta noche sí titular, comenzaba su primera gran exhibición con un gol en el 16, mientras Valdano añadía un tercero en el 30. El Bernabéu enmudeció por unos segundos cuando el joven danés Per Frimann marcó el 3-1, dando algo de aire al Anderlecht. Pero apenas cinco minutos más tarde Valdano, que jugaba en un tridente con el Buitre y Santillana, les vacunaba por cuarta vez. En la segunda parte, recital de Butragueño, que añadió dos goles más a su cuenta, cerrando un 6-1 histórico que dio la vuelta a Europa. No es nada exagerado decir que en aquel momento el Anderlecht tenía más caché que el Madrid en Europa y verles caer de esa manera mandó un aviso al resto de conjuntos y al propio vestuario blanco: se podía volver a ganar en Europa. Como ya habíamos dicho, la Copa de la UEFA era un torneo durísimo, y en cuartos de final el campeón en título, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=YQJ4jOQDVGo">los ingleses del Tottenham</a>, con Glenn Hoddle y Osvaldo Ardiles a la cabeza, se cruzaron en el camino del Madrid. Fue una eliminatoria muy cerrada y muy dura, de ahí la anécdota de las cicatrices de Amancio. El Madrid la superó con un solitario gol para llegar a semifinales y medirse con otro hueso, el Inter de Milán. En Italia, los interistas liderados por Rummenigge sometieron al conjunto madridista. Su defensa, con un joven Zenga en la puerta y los rocosos Bergomi, Beppe Baresi, Marini y Mandorlini por delante cerró el partido a cal y canto. Liam Brady y Alessandro Altobelli hicieron el resto. 2-0 y la perspectiva de un cerrojazo en Madrid que había que hacer saltar. Lo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=cbShj4yqJuE">hizo el Madrid</a>, sin Butragueño, y con un Santillana en modo héroe, marcando dos goles con Michel añadiendo el tercero. </p>
<p style="text-align: justify">Tras los últimos cruces, el rival de la final pareció un pequeño regalo. Los húngaros del Videoton, un conjunto sin figuras que se abrió pasó hasta la final -dejando en el camino a Dukla, PSG, Partizan y Manchester United entre otros-, no fueron rivales y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=6sd-WH853lw">el 0-3</a> que el Real Madrid consiguió en la ida en Hungría selló el triunfo en la Copa de la UEFA. El primer título europeo que volaba al Bernabéu desde la lejana Copa de Europa ganada al Partizan.</p>
<p style="text-align: justify">Ese verano de 1985, con Ramón Mendoza ya como presidente, el Madrid da un salto de calidad enorme. El necesario para recuperar la Liga y, viendo la prometedora generación que la cantera le había brindado, aspirar a más en Europa. Con el ascenso de Pardeza al primer equipo, la Quinta jugará completa en Primera y además solo hay una baja importante, la de Uli Stielike. Todos los demás siguen. Pero serán tres fichajes los que acapararán toda la atención: Antonio Maceda, Rafael Gordillo y Hugo Sánchez, tres figurones a los que el mexicano bautizará como la <a target="_blank" href ="http://3.bp.blogspot.com/-LxapSq5KG7U/UzHa12m3fBI/AAAAAAAAAMk/KzHH9qBJDV0/s1600/quintamachos.jpg"><i>«Quinta de los Machos»</i></a>. Sería como fichar hoy a Hummels, Alaba y Lewandowski de una tacada. Maceda venía del Sporting de Gijón, y era un líbero con una clase como había pocos. Se había consagrado en la Euro 84 con su colocación, y su capacidad para sacar el balón jugado e incorporarse al ataque. Estaba llamado a ser el líder de la zaga. Hugo Sánchez venía del Atlético de Madrid y llegó con no poca polémica. Era un goleador de área, genio del remate a un toque. Había comenzado de extremo y le veremos caer hacia esa zona durante el quinquenio mágico del equipo en la segunda mitad de los 80. Tenía una zurda que era un cañón y carácter para enfrentarse a todo y todos. Con él el Madrid completaba un ataque que reunía todos los perfiles imaginables. Sería el mejor complemento para el Buitre. Por último, <i>«el Gordo»</i>, que llegaba del Betis ya con 28 años y mucha experiencia. Un jugador que hizo de la banda izquierda <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=9125X_sgXYA">el salón de su casa</a>. Normalmente catalogado como carrilero izquierdo, podía ocupar cualquier posición en esa banda y será, tácticamente, el jugador más especial y decisivo de ese equipo. Llegaremos a eso.</p>
<blockquote><p>La segunda de la Copa de la UEFA selló el final de la primera etapa de la Quinta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Con Molowny al mando, y con un once tipo en el que Ochotorena y Agustín compartieron la meta, con Chendo, Sanchís, Maceda y Camacho por delante, Gallego, Míchel y Gordillo en el medio y Hugo Sánchez, Butragueño y Valdano arriba, el Madrid arrasa en la Liga. Once puntos de ventaja al Barcelona subcampeón de Europa. Hugo es el máximo goleador, Valdano el mejor jugador y Míchel el mejor jugador español. Martín Vázquez entra poco a poco en un centro del campo en el que las posiciones dejan de ser fijas, con Míchel metiéndose muy al medio y Gordillo haciendo un poco de todo, que es lo que sus pulmones y su clase le permitían. Todavía hay muchísimos minutos para Juanito y Santillana se confirma con el revulsivo. Los tres de arriba le cierran el paso al veterano favorito del Bernabéu, y Hugo, Valdano y el Buitre se entienden a las mil maravillas, intercambian posiciones y aparecen desde todos los frentes. Son una pesadilla.</p>
<p style="text-align: justify">En Europa, el campeón de la UEFA elimina a AEK de Atenas y Chernomorets Odessa en las dos primeras rondas. El equipo funciona muy bien, pero una noche de noviembre en Moenchegladbach se da de bruces con la realidad. El Borussia aplasta 5-1 a un Madrid inusualmente timorato, que salió a no perder y lo perdió casi todo. Ese solitario gol de Gordillo valdrá oro, aunque supo a poco ante tal varapalo. Dos semanas después, con el Bernabéu de nuevo encendido esperando una hazaña como las del año anterior, Molowny <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=j0ut9evL3Zk">no se guardó nada</a>. Incrustó a Juanito en medio campo y lanzó a su equipo al ataque. ¿Los héroes?, los mismos que en la remontada contra el Inter seis meses antes: Valdano y Santillana. Dos goles por cabeza y la histórica imagen de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=VybNV4BIBZ4">Juanito saliendo de campo</a> a botes de pura alegría. Remontar se estaba convirtiendo en tradición. </p>
<p style="text-align: justify">Pero el equipo gustaba de las emociones fuertes y tras golear al Neuchatel suizo en la Castellana a punto estuvo de ser remontado en la vuelta. A un gol se quedaron los helvéticos de igualar el 3-0 de la ida. De nuevo en semis y de nuevo el Inter era el enemigo a batir. Y como el año anterior había salido una buena película, ¿por qué no repetirlo? El Inter había añadido a Riccardo Ferri a su defensa, un jugador que sería un marcador de élite en Europa durante los siguientes seis o siete años. También a Tardelli en el medio del campo. Y allí seguía el tridente formado por Liam Brady, Alessandro Altobelli y Karl-Heinz Rummenigge. Más el veloz Pietro Fanna en el flanco derecho. Un gran equipo que gracias a dos goles de Tardelli y uno de Salguero en propia puerta se llevaba a Madrid un 3-1 muy positivo. Pero el Bernabéu <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=CHbDmUdyWK8">vivió la enésima noche mágica</a>. Costó abrir el cerrojo italiano, pero Hugo Sánchez lo consiguió al borde del descanso. La segunda parte vio llegar el segundo gol, de Gordillo, que unido al que había marcado Valdano en Milán, clasificaba al Madrid. Pero un penalti de Brady volvía a poner las cosas cuesta arriba. Hugo, de nuevo, marcó para igualar la eliminatoria y llevarla a la prórroga. Ahí surgió la figura de Santillana, que empeñado en ser el protagonista de ambas victorias en la UEFA, se marcó un doblete y liquidó los sueños de los nerazzurri. ¡A la final! Allí esperaba el Colonia alemán, que había llegado a esta instancia mostrando una buena capacidad realizadora, peor sin enfrentarse a ningún rival de verdadera categoría. Tenían cinco internacionales alemanes en el once inicial, entre ellos el gran guardameta Schumacher y los atacantes Littbarski y Allofs. Y a un pequeño diablo saliendo del banquillo, Thomas Hässler. Pero se les cayó el mundo encima en el Bernabéu. Como había hecho el año anterior, el Madrid no les dio opción. Tras curtirse durante todo el año en eliminatorias muy duras, la final fue una fiesta. Hugo Sánchez, Gordillo, un doblete de Valdano y Santillana sellaron <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=eFDs2fW_U-Y ">un 5-1</a> que los alemanes no pudieron remontar en la vuelta. El segundo título sella un bienio mágico para el Madrid. No solo porque se vuelve a ganar sino porque deja unos recuerdos y una experiencia que jamás serán olvidados por el club. Pero con ambas Quintas entendiéndose tan bien y una plantilla fantástica, es momento de pedir más. Hay que aspirar a la tan deseada Copa de Europa. Michel y el Buitre disputan su primer Mundial con España en Mexico y el delantero se consagra como una estrella con sus cinco goles y su sonada actuación ante Dinamarca en Querétaro. España queda eliminada en cuartos, pero las perspectivas son brillantes. El futuro es hoy.</p>
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Próxima entrega:<br />
&#8211; La Quinta del Buitre: futuro, presente, pasado (II) &#8211; 10-01-2018</p>
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		<title>Golazo de Mendieta</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Feb 2016 02:55:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David León]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">No hace mucho, el futbolista español no valía millonadas. Existía uno, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/12/archivo-articulos-raul-gonzalez-blanco/">especial y distinto</a>, señalado por todos como el mejor del país, tan bueno como para casi ganar un Balón de Oro. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/analisis-trayectoria-raul-gonzalez-seleccion-espanola/">A su lado</a> coexistían por supuesto grandes<span id="more-196674"></span> jugadores, como corresponde a un país de tradición como el nuestro, pero ninguno ostentaba el rango de megaestrella europea. Fue entonces cuando explotó el caso Mendieta.</p>
<p style="text-align: justify"><i>“He puesto la tele y había un partido, y Mendieta ha marcado un gol realmente increíble”</i>.  El famoso estribillo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=D8bEity8hWM">de la canción</a> del grupo <i>“Los Planetas”</i> resumía lo que estaba pasando. Corría el año 2000 y Gaizka Mendieta era poco menos que un fenómeno social. Estábamos ante un volante diestro de imponente golpeo y muchísima fuerza, que además se convertía en carismático por dos motivos: su ondeante media melena rubia y sus golazos. Golazos salvajes de verdad, como aquella <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ORxhzq3aeh8">inolvidable volea</a> en el Camp Nou. La memoria, siempre dulce y selectiva, ha conservado lo mejor de aquel futbolista. Pero su historia tiene otros capítulos, y no menos apasionantes.</p>
<blockquote><p>Mendieta pasó por mucho antes y después de su etapa gloriosa</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">No parecía Gaizka uno de esos críos destinados a destacar. Cuenta la leyenda que, en 1997, <a target="_blank" href ="http://clandefutbol-jr.blogspot.com.es/2006/12/mendieta-y-valdano.html">Jorge Valdano</a>, por entonces entrenador del Valencia, le dijo que se buscara equipo, uno no demasiado ambicioso. De aquello nadie hablaría hasta<span class="pullquote_right">Gaizka tardó en ser Mendieta</span> años después, entre otras cosas porque nadie hablaba de Mendieta… hasta aquel <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=boBZEXFQagI">gol en San Mamés</a>. Ya con Claudio Ranieri en el banquillo, Gaizka firmó en La Catedral un tanto de categoría que le situó en el radar del gran público. La campaña siguiente iba a ser gloriosa para club y jugador. El Valencia se clasificó para la Champions League y ganó la Copa del Rey, torneo que consagró del todo a Mendieta. Tras el trallazo al Barcelona llegó el gol en la final al Atlético de Madrid, en una <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=qBmkDHHT2vY">maniobra digna de Pelé</a>. El <i>“6”</i> che se plantaba en la Copa de Europa haciendo cosas de supercrack.</p>
<p style="text-align: justify">4-4-2. Presión asfixiante y salida rápida. <i>Piojo</i> López. Y Héctor Cúper. Las señas de identidad de aquel conjunto estaban escritas y diseñadas para el fútbol de Gaizka Mendieta. Era un Valencia de ataques fugaces, <span class="pullquote_left">Mendieta 2000 y 2001, una bestia</span> <a target="_blank" href ="http://www.dailymotion.com/video/xy32ga_2000-april-5-valencia-spain-5-lazio-italy-2-champions-league_sport">capaz de meterle cinco a la Lazio de Verón</a> y cuatro al Barça de Rivaldo siempre bajo el mismo patrón. Gerard, el Piojo, Angulo… y a correr. En esas, Mendieta pasaba, defendía y llegaba a partes iguales. Parecía una máquina. Los valencianistas caerían en la final de París, pero regresarían doce meses después a una nueva final europea en San Siro (hecho que en este siglo solo han logrado Manchester y Bayern), ya más maduros, incluso más refinados por <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/07/homenaje-pablo-aimar-carrera-deportiva-river-plate-valencia/">Pablo Aimar</a> o Rubén Baraja. En esas, Mendieta, elegido mejor medio de Europa en 2000 y 2001, era ya una figura imposible de retener para el Valencia.</p>
<p style="text-align: justify">Por eso, por su status de estrella, resultó extraña su participación en la Euro 2000. Camacho no le otorgó rol de titular en el debut ante Noruega. Tras perder en el inaugural, Gaizka fue decisivo ante Eslovenia, donde un jugadón suyo sirvió para que Etxeberria anotara el gol del triunfo. Ante Yugoslavia colaboraría con un penalti clave a poco del final. Eran días en los que causaba fascinación la técnica de lanzamiento de Mendieta, aprendida dicen del ruso Oleg Salenko años atrás. El caso es que parecía imposible que fallara un penalti. Los metía todos. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=RWW7koyd7D0">Cuando Raúl erró el suyo</a> ante Francia, España entera lamentó que Camacho hubiera sustituido a Gaizka minutos antes.</p>
<blockquote><p>No fichar por el Real Madrid arrebató la alegría a Mendieta</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En el verano de 2001, Mendieta y Real Madrid hablaron. Se pusieron de acuerdo. Se querían. Gaizka soñaba con el Bernabéu y Jorge Valdano, director deportivo blanco, con reparar su error del pasado. Pero al Valencia, que suficiente tenía <a target="_blank" href ="http://colgadosporelfutbol.com/gaizka-mendieta-el-escudo-del-murcielago/">con perder a su emblema</a>, traspasarlo al gran rival local le parecía demasiado. Venderían al primero que pasara por allí. Y ese fue la Lazio, que se había plantado en España con 8.000 millones de pesetas en busca de Rivaldo y se marchó con el centrocampista vasco. Fue tan improvisado aquello que parecía imposible que no acabase como pintaba: mal.</p>
<p style="text-align: justify">En realidad, Mendieta nunca fue un genio ni nada por el estilo. Su fútbol se basó en lo que era capaz de hacer con la bola a máximas revoluciones. Construyó desde la confianza en sí mismo a un <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=UTefILiDpKU">futbolista todoterreno</a>. Cuando perdió seguridad e ilusión lo perdió todo. Su fracaso italiano, más que afectarle, le hundió como jugador. Pasó a fallar en los controles, a ser incapaz de desbordar a nadie. Sus minutos en el Mundial 2002 fueron horribles; su paso por Barcelona, discreto. Van Gaal lo fichó para que hiciese de carrilero a todo campo en su excéntrico 3-5-2, algo inasumible para el Mendieta de 29 años. La Premier, siempre respetuosa con las viejas glorias, le permitió un retiro digno en la élite. Pero Mendieta, el de los goles <i>«realmente increíbles»</i> murió mucho antes, en aquel verano de 2001.</p>
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		<title>Raúl Madrid</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Nov 2015 03:00:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Abel Rojas]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">El envejecimiento de <i>“La Quinta del Buitre”</i> dejó tras de sí un rastro de nostalgia. Como la música de Nacha Pop o el cine de Pedro Almodóvar, el fútbol de Sanchís, Míchel, Martín Vázquez y Butragueño había cogido a España de la mano<span id="more-186045"></span> y la había transportado a un mundo nuevo, lleno de color, donde los días terminaban por la mañana y la gente se reía todo el tiempo. Fue genial. Aunque tanta luz e inspiración también trajeran desventajas. Una, la velocidad. La vida comenzó a correr demasiado deprisa, y antes de que Emilio tomara la Copa de Europa, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/04/25-aniversario-del-milan-5-0-real-madrid-arrigo-sacchi/">Sacchi ya había creado su Milan</a> y Cruyff, su Barcelona. Qué locura, cuánto avance. El futuro abría puertas que el Madrid no comprendía: Ferguson, Wenger, Capello, Hitzfeld, Van Gaal, cambios, más cambios, rápidamente. La historia se estaba reescribiendo. Y el Real no encontraba las palabras. De ahí acudió a su escritor de cabecera. Jorge Valdano, en calidad de entrenador, volvió al Santiago Bernabéu.</p>
<blockquote><p>De forma práctica y ceremonial, los últimos minutos de Butragueño fueron los primeros de Raúl.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Raúl produjo desde el día uno, sin adaptación</span>Valdano dice que el fútbol es un relato, y aquella campaña 94/95 transcurrió por esos versos. Tras un verano en el que pidió y no fichó ni a Cantona, ni a Sosa ni a Juanele, diseñó un Madrid lleno de pequeños cuentos que salieron bien sin excepción. Redondo, Laudrup, Amavisca y Zamorano protagonizaron algunos y cimentaron, junto a Hierro y Sanchís, las bases de un equipo que cumplió sus objetivos: ganó la Liga, practicó un juego bonito y hasta se dio el gustazo de devolverle al Barcelona la famosa manita que, meses antes, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/media/postal/romario.jpg">había comandado Romario</a>. Tal superioridad, tal falta de urgencia, permitió al técnico argentino poner una onza de normalidad donde no la había: en Raúl. Durante aquel curso iniciático, se le pudo tratar, y se le trató, como a la perla de la cantera. De haber aparecido en un periodo más convulso, a Valdano no le hubiera quedado otra que ponerlo siempre y pedirle la victoria. González Blanco, jugador oficial del Madrid «C», tenía 17 años. Pero ya era <i>el diferente</i> del Real.</p>
<p style="text-align: justify">Debutó en La Romareda creando <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=tdJo9chq-ZI">seis ocasiones de gol</a> que no evitaron la derrota. Una semana más tarde, disputó <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=cBzkzCy3E48">su primer derbi</a> repartiendo una asistencia, forzando un penalti, marcando un golazo y sumando tres puntos. Pero este texto no pretende convertirse en la enumeración de sus gestas, sino en la descripción del fútbol que empleó para acumularlas.</p>
<blockquote><p>Hacía rapidísimo todo menos esprintar, que es lo que menos se hace en el fútbol. Su ritmo era máximo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Valdano bautizó como «chispa» su gran virtud</span>Raúl fue un elegido genético concebido para la práctica del fútbol, un capricho de la naturaleza que casi nadie supo explicar. Pero hay una llave, una frase-contraseña, que una vez asimilada permite entender el grueso de la cuestión: Raúl era rapidísimo. Sí, era cierto que su sprint resultaba relativamente lento, incomparable al de la mayoría de su competencia, pero su galope, su trote y su caminar promediaban una velocidad media inigualada por ningún otro. En tres de las cuatro cadencias de desplazamiento, marcaba diferencias abrumadoras. Su secreto derivaba de su modo de talonar, o más bien de su <i>no-modo</i>: parecía no hacerlo. Raúl iba dando saltos de puntillas con la potencia de un canguro y la levedad de una pluma, casi siempre <a target="_blank" href ="http://www.realmadridfans.org/conocearaul/02.jpg">parecía llegar desde el aire</a>, anticipándose a cada rival, no arribando tarde nunca. Valdano recogía lo presentado en el vocablo <i>«chispa»</i>. Esta chispa era una de sus seis virtudes claves. Desde el principio mostró dos más: una resistencia olímpica y un olfato goleador afinadísimo. Y tan solo 12 meses después, ya habríamos descubierto dos de las tres que faltaban.</p>
<blockquote><p>En cuanto el Madrid de Valdano entró en problemas, Raúl pasó a la titularidad para resolverlos.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El Madrid de Valdano fue un equipo de corto alcance. Suficiente para una Liga devaluada, pero no más. La Copa de Europa de la 1995/96 lo delataría con crueldad. Su estructura táctica, sujetada sobre un rombo que en realidad evolucionaba a 4-1-5 con Redondo solo en el centro del campo, no podía competir con la de los grandes del continente, y encima adolecía de una inferioridad física con respecto a estos que le dejaba sin ninguna solución. Ni siquiera cuando entraba Alkorta en el once e Hierro subía a la medular se compensaba el desfase. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/louis-van-gaal-entrenador-ajax-amsterdam-copa-de-europa-1995-historia-filosofia/">Los desigualados duelos contra el súper Ajax</a> deprimieron al vestuario y aceleraron la caída del proyecto. La secuela, un serio candidato a peor Madrid de los últimos 60 años. Solo Raúl, de 18, dio la cara.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Raúl quitó a Laudrup el mando del juego</span>Raúl <i>aprovechó</i> el desplome colectivo para ganar metros en el campo e influencia sobre el juego. En síntesis, su temporada se resumió en empujar al desgastado Laudrup y ocupar su lugar tanto en la pizarra como en la jerarquía. Así fue como descubrimos su extraordinaria capacidad asociativa, sin la cual su figura no se entiende. Se trataba de un pasador prácticamente perfecto, siempre que soltaba la bola dejaba en ventaja al compañero; la naturaleza del gesto en cuestión daba casi igual: pases de construcción, apoyos, aperturas a las bandas, asistencias al espacio, paredes al primer toque&#8230; en ninguna de estas artes se le podía poner un pero. Y dio auténticas exhibiciones al respecto, como aquella frente al Betis el 4 de febrero de 1996, en lo que fue una actuación para perder la razón: pases con el exterior, espuelazos, sombreros&#8230; Una exposición de genialidad juvenil.</p>
<blockquote><p>Su enfrentamiento con Vierchowod inspiró su primera gran fotografía en la Copa de Europa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Debutó en Champions con 6 goles en 8 noches</span>Claro que nada llamó más la atención entonces que su madera de líder. Raúl no soportaba la inferioridad; por eso rompía las cadenas del sistema y proponía cualquier solución que le pasase por la cabeza. Fue épico su Clásico de la ida, con los veteranos agachados y el «17» uniendo los pedazos.<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=KBH8eqUXLFk"> Y marcando</a>. No menos magno resultó su partido de cuartos de Champions contra la Juventus de Turín, a la postre campeona de Europa. Aquella cita pasaría a la historia <a target="_blank" href ="http://estaticos04.marca.com/albumes/2013/10/21/madrid_juve/1382351135_extras_albumes_1.jpg">en forma de foto impresionante</a>, la que recogió su encaramiento con Pietro Vierchowod, quien, literalmente, le doblaba en edad -tenía 36-. Ganó el Real 1-0, con gol, por supuesto, suyo. También quedó en el recuerdo su despliegue frente al Rayo en la noche en la que Valdano, tras una larga crisis de resultados, se jugó su cargo. Pocas veces corrió más sobre un campo de fútbol, pero no pudo salvar a su amigo. Precisamente el compromiso personal que le unía al argentino hizo que se escribiesen dudas sobre su implicación con el futuro técnico. Las borró con tres exhibiciones mastodónticas e inmediatas ante Athletic (0-5), Oviedo (1-2) y, la ya citada, Betis (4-2). Anotó en todas ellas. Después, eso sí, llegaron los duros, el Barça y el Valencia, y pusieron al Madrid en su sitio. Acabó la temporada en sexta posición. Raúl, con 18 años, 19 goles en liga y 6 en los 8 encuentros de su primera Champions, lo hizo con rango de ídolo. Y sin opción de marcha atrás.</p>
<blockquote><p>Tristemente, Raúl solo formó parte de un proyecto liderado por un entrenador de postín: el de Capello.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El de 1996 sería un verano de cambios. Tras la firma del nuevo contrato de televisión, nació la <i>«Liga de las Estrellas»</i>, y nada volvió a ser como antes. Los equipos españoles regresaron a la primera plana. El Madrid fichó a Illgner, Secretario, Roberto Carlos, Seedorf, Suker y Mijatovic, desatando una ilusión bárbara; si bien el gran puñetazo sobre la mesa lo pegaría enfocado al banquillo, con la contratación de Fabio Capello. Y esto fue trascendente.<i> El Sargento</i> organizó nueve meses únicos -e imprescindibles- en el devenir de Raúl.</p>
<p style="text-align: justify">El Bernabéu ofreció al «7» una historia que ningún otro estadio hubiera podido gestarle, pero le dejó a deber, y mucho, en un ámbito de calado serio: el del entrenador. En el Madrid que le tocó vivir, los entrenadores eran vistos como un mal necesario, no como una herramienta deportiva <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/07/jose-mourinho-y-batman-parecidos-heroes/">capaz de hacer la diferencia</a>. Solo el mejor de cuantos tuvo, Don Fabio, atesoró talla y talento suficientes para imponer un método de trabajo estable y diseñar un sistema que también pensara en el mañana. En definitiva, para desarrollar un proyecto.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Capello pulió a Raúl defensivamente</span><a target="_blank" href ="https://imortaisdofutebol.files.wordpress.com/2013/01/milan-1994.jpg?w=960">Capello dibujó un 4-4-2 asimétrico parecido al del Milan de los Invencibles (el suyo)</a>. Se trataba de un Madrid sumamente sólido que aplicaba la presión concebida por Sacchi como en España no se había hecho; tuviera quien tuviese la posesión, Illgner veía la bola de lejos. Raúl, empleado como extremo izquierdo, se instruyó en el arte de defender formando parte de aquella medular. Entendió los secretos del posicionamiento, los pros y las contras de las coberturas y el significado de <i>«equilibrio»</i>. Aprendió a canalizar su resistencia y su nervio hasta convertirse en un verdadero argumento defensivo pese a su naturaleza de atacante. El Madrid ganaría Copas de Europa gracias a esto. </p>
<blockquote><p>El primer año de Suker y Mijatovic estuvo marcado por la movilidad, lo cual favoreció a Raúl.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En lo referido al ataque, qué mejor que empezar por la frase más rotunda de Capello: <i>«Estoy convencido de que actualmente tan sólo hay cuatro futbolistas que marcan la diferencia: Ronaldo, Del Piero, Kluivert y Raúl»</i>. Simple y llanamente, el «7» había explotado. Roberto Carlos se comía la banda sin ayuda de nadie, lo que aprovechó Fabio para dotar a Raúl de una libertad de movimientos absoluta. El crack tejía sociedades alrededor del campo entero. Para gestar y gestionar, se aliaba con el doble pivote, el formado por Redondo y Seedorf; mientras que más arriba, desarrolló una relación muy grácil <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/10/analisis-dupla-suker-mijatovic-delantera-real-madrid/">con Suker y Mijatovic</a>. Para la época, la pareja balcánica destacaba por móvil y técnica. Generaba espacios y asistencias para la joven promesa.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El 1-4 en El Calderón, su consagración</span>De haber una fecha que alumbrase su nacimiento como fenómeno mundial, sin duda dataría de entonces. En concreto, del <a target="_blank" href ="http://blancaefemeride.blogspot.com.es/2011/01/atletico-de-madrid-1-4-real-madrid.html">18 de enero de 1997</a>, en el Vicente Calderón. Se asistió a un primer tiempo de espesa igualdad hasta el minuto 32, cuando Kiko remató a las mallas un centro medido de Paunovic y dio pie al mejor fútbol del Atlético de Antic, el liderado por Pantic y Caminero. Aun así, el 2-0 nunca entró, porque el Real sabía resistir, y se llegó al descanso. A la salida, Raúl cazó un rebote en la frontal y convirtió el gol del empate. Oxígeno. Parecía que lo peor ya había pasado para los blancos. Pero apenas superada la hora de encuentro, Mijatovic fue expulsado por insultar al linier. Era lícito y lógico imaginar una avalancha rojiblanca.</p>
<blockquote><p>La expulsión de Mijatovic desató todo el fútbol de Raúl por el césped del Vicente Calderón.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Se le vio como un rival incluso para Ronaldo</span>Ocurrió que emergió una estrella. Tras aquella tarjeta roja, Raúl fue <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=caQoR9-oAGQ">un terremoto de fútbol</a>. Resultó incontenible, estaba en los tres carriles, robaba cada balón, decidía con rapidez, ejecutaba con velocidad, el acierto no le abandonaba, qué rotunda barbaridad. El Calderón se resignó al acontecimiento, palidecía cuando le miraba, y alcanzado el minuto 80, empatando en casa y con uno más, Antic quitó del campo a Kiko y cerró su medular con el pivote Vizcaíno. Pitaron pocos. Quizá solo uno. Igual fue Raúl. En la jugada posterior marcó el famoso gol del triple recorte a López. Un suspiro después, bajó un balón desde el cielo y sirvió a Seedorf el 1-3 tras óptima pared. Y sin tiempo para celebrarlo, metió un balón en profundidad a Víctor con el exterior de su bota zurda para el 1-4 definitivo. 12 días más tarde, Raúl visitaría a Ronaldo en el Camp Nou. Coparon cada portada. Era el duelo.</p>
<p style="text-align: justify">Fue tal la expectación levantada por la cita que incluso se innovó tecnológicamente para cubrirla de modo especial. Por primera vez en las retransmisiones de fútbol en España, se utilizó el recurso de la pantalla partida en pleno directo. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/media/postal/ronaldo.jpg">Cuando Ronaldo</a> cogía el balón, el plano se dividía y mostraba la manera en la que Raúl seguía su proceder. Cuando era el «7» quien participaba, se hacía lo propio pero a la inversa. Un show mediático al que hoy estamos habituados pero que en aquel momento nos pilló de nuevas. Y que no hizo más que contrastar la relevancia que estaba tomando aquel niño español. Evidentemente, no era tan bueno como R9; el caso no giraba sobre dicha trama. El truco consistía en que, fuera quien fuese el adversario del Real, el madridismo tenía a Raúl, y con él, siempre, siempre, podía ganar. Desde 1997 hasta 2003, así fue.</p>
<blockquote><p>La marcha de Capello devolvió a Raúl a la realidad: un equipo sin rumbo fijo o consistente.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El Madrid ganó la Liga y dijo adiós a Capello, que huyó al AC Milan tras recibir la llamada de Berlusconi. Ya en Italia, afirmó que trabajar en el Bernabéu resultaba imposible, y que si ni venciendo había un mínimo de calma, interna y externa, en el día a día, no quería imaginarse lo que sería aquello en dinámica negativa. Le suplió Heynckes, cuya principal novedad táctica radicó en la apuesta por el rombo en el centro del campo, con Redondo de mediocentro, Seedorf de interior izquierdo, Karembeu (o Víctor) en el derecho y Raúl como mediapunta. El equipo no tuvo continuidad, cambió bastante de esquema, pero aquel sería el más habitual. Para acabar de delimitar el marco del «7», conste el dramático y fugaz declive del croata Suker. Sería clave.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Socialmente, 1998 fue su único momento difícil</span>A título individual, la 97/98 sería traumática para Raúl. Justo cuando había pasado de esperanza local a estrella internacional, lo peor de la profesión se le vino encima. En plena pretemporada se le diagnosticó una pubalgia que mermó su rendimiento físico; la dolencia le afectó tanto que en pleno mes de febrero los doctores le exigieron 40 días de reposo. Durante estos, concedió una entrevista a la revista <i>«Hola»</i> en la que habló sobre su vida personal, y fue pillado <i>in fraganti</i> saliendo de discotecas de moda. Contextualicemos. La Liga había crecido, pero también se había sumido en el miedo. España era un país lleno de inseguridades, y la Ley Bosman, que tantos extranjeros trajo a su fútbol, había generado un clima de desconfianza que copaba las tertulias radiofónicas. Por ejemplo, a Seedorf, Mijatovic, Suker y cía se les apodó <i>«La Quinta de los Ferraris»</i>. Raúl representaba el contrapunto de todo aquello, en ello residía parte de su valor, y cuando se vendió que había traicionado su papel, el madridismo entró en cólera. En <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundo/1998/marzo/11/deportes/raul.html">la rueda de prensa de la redención</a>, ofrecida el 10 de marzo del 98 en un hotel ajeno a las haciendas del club, reconoció haber sido increpado por la calle al grito de <i>«borracho»</i>.</p>
<blockquote><p>El declive físico de Suker y Mijatovic le cerró la puerta del gol. Los dos balcánicos la taponaban.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El caldo de cultivo para tan desagradable atmósfera fue, por supuesto, deportivo. En particular se debió el pésimo desempeño del Madrid en Liga, donde quedó cuarto. Y uniendo cada punto, en la memoria caló que Raúl no jugó bien. Es repasando hoy los partidos de entonces cuando la visión se matiza poderosamente. Pese a sus problemas físicos, completó choques excelsos. Su sequía goleadora no respondió a su nivel individual, sino al nuevo sistema. Raúl veía taponada su llegada al área por dos delanteros (a elegir entre Mijatovic, Morientes y Suker) que no se estaban desmarcando. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=JN3Xkw8fMXs">Cuando se movían, el «7» respondía</a>, pero lo hacían poco. Para encontrar espacios, solo le quedaba abrirse, alejándose del peligro. En compensación, y como prueba de que aportaba como fuera, firmó la suma de asistencias más alta de su carrera, 12 en Liga.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Ganar la Champions tan joven le benefició</span>Increíblemente, aquella temporada culminó con la consecución de la Séptima. El poso de Illgner, Sanchís, Hierro y Redondo, con <a target="_blank" href ="http://deportes.elpais.com/deportes/2015/04/21/champions/1429635123_175781.html">los tres goles de ¡Karembeu!</a>, obraron el milagro: 32 años después, el Madrid había reconquistado la Copa de Europa. La fecha estableció un antes y un después en cada merengue y en especial en los más jóvenes (Raúl y Roberto Carlos), que asimilaron las intrigas de la competición cuando todavía tenían toda su carrera por delante. Pero en lo que concierne a esta línea del relato, lo destacable fue el entorno. Dos anécdotas. A una semana de la Final contra la Juventus, el presidente Lorenzo Sanz llamó a Jupp Heynckes a su despacho y le preguntó cómo estaba. Según Sanz, le respondió: <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=W2pVGwMq-0k"><i>«Estoy hundido. Soy incapaz. Tengo fama de hombre duro, pero la situación ha podido conmigo»</i></a>. En otro término, y ya vinculado al propio día del partido, Raúl confesó que, de la <i>Vecchia Signora</i>, les abrumó hasta la bajada del autobús. El hecho de verles llegar en un vehículo oficial, uniformados de manera impoluta, etc, marcaba diferencias entre ambos clubes. El Madrid no llevó a Amsterdam ni el champagne; la propia Juventus le cedió el suyo. Si contamos esas peripecias no es para colorear el texto, sino para retratar, de forma cruda, lo que era el Real en el que creció Raúl. Pues además, todo lo que acontecía fuera del césped sufría su reflejo dentro del mismo. Desde que la herencia de Capello quedó destruida hasta la llegada de Luis Figo, el Madrid fue un equipo muy inferior a los mejores.</p>
<blockquote><p>A finales del 98, dirigido por Hiddink, Raúl ganó su primera Intercontinental con el gol del «Aguanís».</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Entonces, ¿por qué siguió obteniendo el Real tan buenos resultados en Europa? En gran parte, debido a la plenitud de Raúl. El grupo jugaba las noches primaverales con la jerarquía de un rey, y la plenitud del «7» equilibraba lo demás. Habíamos enumerado cinco de sus seis virtudes capitales: la chispa, la resistencia, el gol, la asociación y el liderazgo. La que restaba la adquirió entonces: una absoluta omnisciencia futbolística.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">JB fue el 7º entrenador despedido en 4 años</span>Para profundizar en el impacto de Raúl en los días decisivos, antes debe pre-describirse la rutina de aquel Real. La temporada empezó bajo la dirección de John Benjamin Toshack, que dibujó un 4-3-1-2 cuya medular se componía de Redondo, McManaman y Savio; un mediocentro y dos hombres sin formación defensiva. En la práctica, como en la teoría, fue un coladero. <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/1999/11/18/deportes/942879605_850215.html">El 18 de noviembre de 1999</a>, con un balance de tres victorias y mucha polémica en 11 jornadas, Toshack fue despedido y le suplió Del Bosque, que de primeras no supuso ningún plus. Con Vicente en el banquillo, se sucedieron las cinco derrotas más cruentas: el 1-5 contra el Zaragoza, el 5-2 ante el Dépor, el 2-4 frente al Rácing y las dos que le endosó el Bayern Múnich en la fase de grupos de la Champions, por 2-4 en el Bernabéu y por 4-1 en el Olímpico. Del Bosque miraba a sus suplentes y no veía centrocampistas, pero a su vez sabía que algo nuevo tenía que proponer, y tras aquellas goleadas, actuó en consecuencia: sacrificó a Savio, alineó un central extra y formó un 5-2-3. Es decir, protegió su área, pero vació la medular más si cabía. ¿Que en qué consistió la hazaña del «7»? En lograr que, ante los cuatro mejores equipos que había, nadie se diera cuenta. Compensó cada inferioridad numérica-futbolística&#8230; sin dejar de marcar goles.</p>
<blockquote><p>El FC Barcelona, el Manchester United, el Bayern Múnich y el Valencia CF sufrirían lo mejor de Raúl.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El 22 de octubre de 1999 se escribe con letras de oro. Todavía con Toschack en el banquillo, el Madrid viajó al Camp Nou para medirse a un Barça espectacular, que liderado por Figo, Kluivert y Rivaldo, parecía destinado a ganarlo todo. Y el «7» lo frenó en seco. En defensa, fue cerebro, piernas, zarpas y dentadura; y en ataque, usó a Redondo, Savio o Anelka según la necesidad. Con el argentino, aseguró posesiones que dieron aliento a los blancos; con el brasileño, destrozó la defensa posicional culé; y con el francés, mató a la contra. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=-zwLJ4LJgeI">Aquel Clásico constituye una de las pruebas más irrefutables sobre la exuberancia de su físico</a>, tanto en lo referido a la rapidez de movimientos como a su brutal resistencia. Y es que a lo expuesto sumó caídas a bandas, llegadas a línea de fondo y, claro, al gol. Hizo dos. Y dedicó su celebración<a target="_blank" href ="http://estaticos.archivo.marca.com/ficheros/marca/imagenes/ra/raulmandacallar354x215_ES.jpg"> más retratada</a>.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">La Champions 99/00 de Raúl fue algo increíble</span>En una línea parecidísima fueron sus partidos contra el Bayern Múnich en la semifinal (2-0, sirviendo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=mfzCWkMssXw">sendos pases decisivos a Anelka y Míchel Salgado</a>) y el Valencia en la gran Final de París (donde anotó el 3-0 definitivo). Y en un registro más diferenciado, que no menos inspirado, Raúl dominaría la que, a la postre, sería la noche más recordada de la Octava, la de Old Trafford. Tras el 0-0 cosechado en el Santiago Bernabéu, el Madrid parecía ir al matadero en vez de a Manchester, pues los de Ferguson no habían bajado ni un ápice el listón del Trébol del 99. Así que en pos de elevar siquiera un poco la solidez, Del Bosque dejó sentado a Anelka y salió con Savio de titular, invirtiendo a Raúl como punta de lanza de los contragolpes blancos. Aquella sería la primera noche mágica de un tal Casillas, la enésima de Roberto Carlos y la penúltima de Fernando Redondo. Pero Ferguson solo tuvo ojos para su jugador favorito. Para, en sus palabras, el mejor del mundo. Sir Alex amaba al «7» blanco.</p>
<blockquote><p>Cada partido de los Galácticos en el Bernabéu era como el estreno de un blockbuster en Navidad.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Raúl compartió días con Ronaldo, Roberto Carlos, Rivaldo, Figo, Zidane, Totti, <i>Sheva</i> y Henry; disentir del juicio de Ferguson cabía entre lo prudente, pero había algo sobre lo que no podía debatirse: pese al número de mitos en activo, el «7» era, sin duda, quien marcaba la pauta de la Liga de Campeones. El que más dominaba, el que más resolvía, el que más inspiraba, el que ganaba casi siempre. El Madrid tenía la pieza maestra. Tan solo necesitaba hacerle justicia para, como equipo, ser el número uno.<a target="_blank" href ="https://tosepower.files.wordpress.com/2013/05/galc3a1cticos.jpg"> Y empezó a hacérsela</a>.</p>
<p style="text-align: justify">En la entrada del siglo XXI, Florentino Pérez tomó la presidencia del Real y revolucionó su funcionamiento. El Santiago Bernabéu se convirtió en el parque de atracciones del fútbol; la camiseta blanca, en la prenda más vestida; y el plantel merengue, en la constelación de estrellas más fascinante jamás reunida. Visto con perspectiva, a aquel proyecto solo le faltó la guinda de un entrenador magnífico. Tácticamente, el sostén no existía; cada acción dependía del talento individual, tanto en defensa como en ataque. No existía el menor plus desde la pizarra. Por eso dejó escapar títulos que bajo ningún concepto debió perder. Aunque igual por la misma razón, por aquel desamparo de todo lo tangible, aquellos jugadores parecieron dioses en la Tierra. El hecho de cada solución fuera producto de la inspiración de un mago, del sudor de un elegido, del grito de una leyenda, causaba un golpe sensorial de viso incomparable. Eran una ventana. Fueron <i>«Los Galácticos»</i>.</p>
<blockquote><p>Jugaron la semi de Champions ante el Barça de Rexach a medio gas. Solo apretaban contra la élite. </p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En la noche de Reyes de 2002, regaló perfección</span>En lo vinculado a la consistencia, el curso más normal sería el de Luis Figo. El Madrid fue un equipo bastante rígido, siempre sujeto por un doble pivote con Makelele y uno más; estableciendo un orden que Roberto Carlos, el propio luso o Raúl rompían para ganar. Se pasearon en Liga. Si bien en Champions, Hitzfeld logró sujetarlos. El segundo año, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=GdSdhD-97Ew">el de la noche de Reyes del 5-01-02</a>, en la que Raúl hipnotizó el juego y al enorme Deportivo de la Coruña, sería el de Zinedine Zidane, que suplió en el once a McManaman y rompió la simetría del esquema. Fue ahí cuando Del Bosque se mostro incapaz de seguir el ritmo del talento. En los días tensos, el Madrid era invencible; pero cuando no estaba al 100%, carecía de táctica que le auxiliase. Levantó la Novena y cedió el campeonato nacional. El que recuperaría en <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=3QcCtPLWjk0">la tercera campaña</a>, la de Ronaldo Nazario, pese que a se acentuaron, aún más, tanto el valle como la cima. Cada viaje por la península parecía un posible pinchazo, pero luego, arribaba al Bernabéu un Milan con Maldini, Costacurta, Redondo, Seedorf, Rivaldo y <i>Sheva</i>, con Nesta y Pirlo de revulsivos, y se veía como un conjunto&#8230; técnicamente mediocre. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=7usmd5tCl9k">Y qué maravilla de Raúl</a>.</p>
<blockquote><p>Raúl compensaba lo que Del Bosque no podía. Una vez se apagó, los Galácticos se deshilacharon.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Hay que detenerse en aquella Copa de Europa. Sería la última. Y fue impresionante. El bombo de cuartos emparejó al Real con su viejo adversario, el Manchester United. La ida se celebró en el Bernabéu, el 8 de abril del susodicho 2003. Del Bosque alineó su once gala, con Figo en la una, Zidane en la otra, Raúl en el medio y Ronaldo delante. Profesaron el espectáculo esperado, no se atisbaba otra opción y nada distinto acaecería. Si acaso, que <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IkijYy1w2Ic">el «7», aquella noche</a>, iría un paso más allá. Y Ferguson perdió el sentido por él. <i>«¿Qué debe pasar para que remontéis en Old Trafford?»</i>, le preguntaron. <i>«Que Raúl no entre en Inglaterra»</i>, aseveró. Quién iba a decirle entonces que el sueño no volvería a su Teatro. Y que nunca más, en su vida, volvería a ser el de aquel Real Madrid 3-Manchester United 1. El «7» cayó víctima de <a target="_blank" href ="http://www.abc.es/hemeroteca/historico-22-04-2003/abc/Deportes/raul-operado-de-apendicitis-aguda-estara-un-mes-sin-jugar_175757.html">una apendicitis aguda</a>. Y en la vuelta de la semifinal ante la Juventus, en Turín, a su baja se sumó la de Ronaldo. Demasiada traca.</p>
<p style="text-align: justify">Y el verano siguiente aniquilaría el proyecto. Desarmó la plantilla y el equilibrio emocional de la entidad. El Madrid fichó a David Beckham, un gran jugador que no estaba al nivel de Ronaldo, Zidane y Figo, y cuya posición ideal coincidía con la del luso. Además, hicieron las maletas Makelele, McManaman, Flavio, Iván Campo, Geremi y Morientes, sin que llegara nadie para cubrir sus marchas. También dijo adiós un peso pesado, el histórico Hierro, una baja polémica que cedió la capitanía a Raúl, aumentando sus distracciones extrafutbolísticas. Y por último, el club prescindió de Del Bosque en favor de Carlos Queiroz, el segundo de Ferguson en el United. Bajo la dirección del portugués, el Madrid completó cinco meses de fútbol primoroso; en términos estéticos, la cúspide <i>galáctica</i> -mención especial a la brillante explosión de Cambiasso, que formó doble pivote con <i>Becks</i>-; pero la falta de banquillo destruyó la temporada. Poco a poco, los titulares se fueron desinflando, siendo Raúl uno de los más penalizados; y si había problemas y no había «7», la victoria se alejaba. El declive del mito blanco se lanzó por una rampa. Nadie lo frenaría. Y sería devastador.</p>
<blockquote><p>Desde 2004 a 2010, Raúl fue un jugador agotado enchufado a la respiración asistida del gol.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Sin su chispa, no podía ser él, y fue otra cosa</span>Raúl perdió la chispa. Su sprint agravó su lentitud, pero el drama residía en su galope, su trote y su caminar. Carecían de la vivacidad que daba sentido a su cerebro. No llegaba adonde quería, no podía solucionar lo que su lectura calificaba de incorrecto, estaba en terreno de nadie sin aportar ninguna cosa. Y lo peor fue lo demasiado en el tiempo que sobrevivió esta versión: nada menos que seis años, el equivalente al 37,5% de su estancia en el Bernabéu. Generaciones de madridistas crecieron confundidas, sin entender cómo un futbolista que parecía luchar por ser uno más, sin disfrutar ni divertir, era el ídolo de la afición. Alcanzado 2008, Schuster respetó su estatus y lo metió en el área, y como el olfato de gol sí lo conservaba todavía, recuperó cifras destacables; si bien el escasísimo ritmo con el que ejecutaba cada gesto le impedía rendir frente a los mejores. Por no apuntar que ralentizaba mortalmente el sistema ofensivo del Real. Tres cuartos de lo mismo sucedería con Juande Ramos; una situación que solo cambiaría cuando, en el verano de 2009,<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/10/cristiano-ronaldo-heroe-similitudes-thor/"> Cristiano Ronaldo </a>fue presentado en Concha Espina. El contraste  reveló lo insostenible. Poco a poco, perdió la titularidad. Y al fin, descansó.</p>
<blockquote><p>En definitiva, Raúl digitalizó la historia del Madrid para que siempre formase parte de su futuro.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El envejecimiento de <i>«La Quinta del Buitre»</i> dejó tras de sí un rastro de nostalgia. Y un estadio desprotegido, lleno de dudas. Pero <a target="_blank" href ="http://pbs.twimg.com/media/BZcnOpuCMAEgX_o.jpg:large">los tiempos del número «7»</a> alejaron cada nube. Raúl inspiró un Real suyo, vencedor y trascendente, que ganó, exactamente, como ganaba en blanco y negro. Hizo que Di Stefano nunca pasase de moda. Su estilo de juego, su carácter indomable, su expresión contundente y sorda. Todo tan parecido a lo de siempre, cuando todo cambiaba por segundos. Su legado es poderoso, imborrable, incorruptible. Sirva este texto para contactar con el futbolista. Porque lo primero, en esta historia, nunca lo olviden, fue el balón.</p>
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<p><a href="http://www.ecosdelbalon.com/2015/12/archivo-articulos-raul-gonzalez-blanco"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/raul/00.jpg"  alt=""  align="left" /></a> <a href="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/analisis-trayectoria-raul-gonzalez-seleccion-espanola/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/raul/02.jpg"  alt=""  align="left" /></a></p>
<hr width="45%" align="center" size="1" color="#c9cac8">
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		<title>15 entrenadores sobre Raúl González Blanco</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Nov 2015 02:50:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Quintana]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Preludio No hay entrenador en el mundo que haya expresado una admiración tan genuina por Raúl González Blanco como lo hacía un día sí y otro también Sir Alex Ferguson, uno de los rivales a los que Raúl más veces demostró que, en su apogeo, la Copa de Europa se regía bajo sus designios. El [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h3>Preludio</h3>
<p><span id="more-188070"></span></p>
<p style="text-align: justify">No hay entrenador en el mundo que haya expresado una admiración tan genuina por Raúl González Blanco como lo hacía un día sí y otro también <a target="_blank" href ="http://masdeporte.as.com/masdeporte/2003/04/10/polideportivo/1049948151_850215.html">Sir Alex Ferguson</a>, uno de los rivales a los que Raúl más veces demostró que, en su apogeo, la Copa de Europa se regía bajo sus designios. El escocés jamás pudo dirigirle, pese a que él mismo ha reconocido que se lo intentó llevar a Old Trafford hasta en tres ocasiones, la última de ellas tras abandonar el Real Madrid en 2010, pero como suele suceder en estos casos, quienes sufren a una estrella son más conscientes de su grandeza que quienes la disfrutan. Y es que en la época de Rivaldo, Henry, Zidane y Ronaldo, a quién más temía Sir Alex era al <i>«Siete»</i>. A Raúl.</p>
<blockquote><p>«Es un orgullo haber jugado contra Raúl, el mejor jugador del mundo». (2002) «Es uno de mis jugadores favoritos. Siempre he preferido a los delanteros que pueden dejarse caer a los espacios, como hacíamos con Eric Cantona. Raul lleva haciendo eso toda su carrera. Tiene un cerebro maravilloso para el fútbol. No es un relámpago corriendo, pero tiene un cerebro rapidísimo con el que compensa cualquier carencia y, además, es un finalizador maravilloso». (2002) «El Madrid ha fichado a grandes jugadores, pero el mejor es Raúl y lo tenían en su cantera. Ojalá no le dejen viajar a Inglaterra&#8230; o no le dejen entrar». (2003)</p></blockquote>
<h3>Sus inicios en el Real Madrid</h3>
<p style="text-align: justify">El técnico que sí que pudo disfrutar en primera persona del mejor Raúl fue <a target="_blank" href ="http://www.casadellibro.com/libro-raul-el-triunfo-de-los-valores/9788444102535/1703413">Vicente Del Bosque</a>. Y lo hizo desde sus inicios en la antigua Ciudad Deportiva, porque mucho antes de que juntos llevasen al Real Madrid a lo más alto en París y Glasgow, el actual seleccionador, por entonces jefe de la cantera blanca, fue uno de los primeros testigos directos del talento que tenía el de la Colonia Marconi.</p>
<blockquote><p>«Estaba en Alcudia en un torneo juvenil Sub-20 oficioso, pero muy importante, como el de Toulon en Francia. Estaba sentado con Pasieguito, un sabio del fútbol, que entonces trabajaba para el Valencia, y como veterano que era tenía mucha retranca. Estábamos viendo jugar a Raúl, que entonces estaba en el equipo de Tercera. Rercuerdo que me dijo: &#8216;Ese chaval tan delgadito, tan poca cosa, con tan poca chicha, tiene que ser muy bueno para que lo tengáis jugando ahí. Si juega con esa pinta en el Madrid es que tiene que ser muy bueno&#8217;. Y lo era. De hecho, fue el máximo goleador de ese torneo». (2010)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Contaba José Antonio Camacho en el libro de Enrique Ortego dedicado a la figura de Raúl que, cuando se cruzó con el famoso tándem formado por Jorge Valdano y Angel Cappa en un hotel de Nyon en la pretemporada de 1994, había visto a los argentinos muy preocupados con el tema de los delanteros. <i>«Necesitaban algo más arriba»</i>, decían. Pero Camacho, en aquel momento en el Rayo, les comentó que <i>«no se volvieran locos»</i> porque <i>«tenían a un chaval en el C que iba a derribar las puertas de dos en dos»</i>. La celeridad con la que dicha predicción se hizo cierta impactó a <a target="_blank" href ="http://deportes.elpais.com/deportes/2015/10/16/actualidad/1445014453_113810.html">Angel Cappa</a>. Pero no por el nivel del futbolista en cuestión, sino por la forma en la que Raúl asumió galones sin ni siquiera pedir permiso.</p>
<blockquote><p>«La exigencia máxima de la competencia hacía crecer sus cualidades al punto de sorprenderme siempre. Amagues que abrían huecos imposibles, taconazos elegantes, toques sutiles, goles maravillosos que burlaban a los porteros más encumbrados, solo eran posibles en los partidos más importantes y en las circunstancias más comprometidas. [&#8230;] Era un goleador, es verdad. Pero era mucho más que un goleador. Era un gran jugador que además hacia goles, que es muy diferente. Sabía jugar porque a lo que traía de la cuna le fue agregando conocimiento. Siempre se preocupó por aprender los secretos más íntimos de este juego, tan sencillos y evidentes que no todo el mundo es capaz de verlos. Ese conocimiento del juego le permitió desenvolverse con naturalidad en distintas funciones, y también y sobre todo, interpretar cada partido de forma admirable y certera. Me recordaba en ese sentido a un jugador argentino, desconocido para el público, que al inicio de cada partido les decía a sus compañeros “dame 10 minutos a ver como viene la mano”, y a partir de entonces indicaba dónde estaban las debilidades del rival y cuáles eran sus puntos fuertes que había que evitar». (2015)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Tan importante como su aparición, fue su consolidación tras el verano de 1996. En en aquel mercado de traspasos cuando llegan Roberto Carlos, Clarence Seedorf, Davor Suker y Pedja Mijatovic, entre otros grandes nombres, para reforzar el equipo que debía liderar <a target="_blank" href ="http://www.casadellibro.com/libro-raul-el-triunfo-de-los-valores/9788444102535/1703413">Fabio Capello</a>. Es decir, nuevo entrenador, nuevo proyecto y dos delanteros consagradísimos para dos puestos. El futuro de la joven perla blanca podía encallarse por esta sucesión de circunstancias, pero Fabio Capello, el entrenador más admirado por Raúl, iba a inventarse una demarcación y un rol específico para el <i>«Siete»</i> blanco.</p>
<blockquote><p>«Cuando llegué a Madrid por primera vez, él tenía veinte años. Era, creo, su tercera temporada en el primer equipo y cuando hablé con los más veteranos, sobre todo con Hierro, con Redondo, todos me dijeron que a pesar de su edad se podía confiar en él. Me decían que tenía «nariz de gol», y claro que la tenía. [&#8230;] Era joven, pero ya era importante y por eso intenté desde el primer momento cuidarle lo máximo posible. Me encontré que tenía a Mijatovic y Suker, y entonces pensé que podía jugar en la banda izquierda para, desde ahí, partir hacia el área. Yo le decía que él tenía que acabar siempre en el área, y así acababa. Me gustaba su seriedad entrenándose y que todo lo que se le decía, lo hacía. Le expliqué bien lo que quería de él y lo entendió rápido». (2010)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La temporada siguiente, la de <a target="_blank" href ="http://deportes.elpais.com/deportes/2011/03/08/actualidad/1299572529_850215.html">Juup Heynckes</a>, pudo suponer, vista en perspectiva, un gran punto de inflexión tanto para Raúl González Blanco como para el club merengue. El desenlace final, con el recordado gol de Pedja Mijatovic en Amsterdam, convirtió en histórico un curso que pintaba realmente mal. De ahí que Juup, quien abandonó Madrid a los pocos días de levantar la <i>«Séptima»</i>, pareciera valorar más lo que Raúl comenzaría a hacer desde su marcha que lo que hizo durante su etapa.</p>
<blockquote><p>«Raúl es una mezcla de todo, chispa, lucha&#8230; Su instinto futbolístico lo tienen pocos. Eso no se aprende, se tiene. Se anticipa a la jugada. No se rinde nunca en el campo. Siempre quiere más, marcar y ganar. Tiene un gran olfato de gol». (2008) «Una de las cosas que me ha enseñado la vida es que no debes subestimar a Raúl. Nunca. Es impresionante cómo se comporta, cómo se entrena, cómo juega&#8230; El Schalke, al principio, no funcionaba, pero ahora ya lo hace y Raúl está jugando muchísimo mejor. Y con una entrega y un oficio&#8230; Ese es el Raúl de tantos años en el Madrid. Si no tienes esas virtudes, nunca puedes lograr lo que ha logrado él en el mundo del fútbol. Poco a poco, se ha adaptado al fútbol alemán. Se le ve con alegría, aunque está teniendo que trabajar mucho más que en sus últimos años». (2011)</p></blockquote>
<h3>Su dominio de la Champions League</h3>
<p style="text-align: justify">Aunque el paso del tiempo no ha borrado los registros ni las numerosas hazañas deportivas de Raúl González Blanco, sí que ha logrado difuminar bastante su figura futbolística. Sea por lo engañoso de su naturaleza, por sus particularidades estéticas o por sus últimos años en el Real Madrid, donde ya era otra historia, ha quedado la impresión de que Raúl era un <i>«simple goleador»</i> con mucho instinto, una gran convicción y un gen ganador que le hacía luchar ante todo y ante todos. Y, en realidad, nada de eso es incierto, como se sobrentiende por las declaraciones de todos sus entrenadores, pero como dice <a target="_blank" href ="http://futbol.as.com/futbol/2008/05/28/mas_futbol/1211956052_850215.html">José Antonio Camacho</a>, también había mucho más. Por eso dominó la Champions League.</p>
<blockquote><p>«Era completísimo de medio campo para arriba. Goleador y, de alguna manera, ha sido un futbolista moderno. Raúl tiene más calidad que garra. Él define el gol como nadie, pero se junta que tiene un tremendo carácter ganador». (2008) «Cuando Raúl no jugaba el equipo lo notaba porque era un referente. Cuando estuvo en forma y sin problemas físicos su aportación era grandísima. Aunque ha jugado en muchas posiciones, yo creo que donde más rendimiento se le podía sacar era cerca del área o en el área porque sabe finalizar la jugada. Tiene imaginación donde uno no se puede parar a pensar. Si juega de mediapunta o en la banda es porque es generoso en el esfuerzo». (2010)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Es entre 2001 y 2003 cuando Raúl González toca techo. La proyección de su figura es internacional, su importancia en el Real Madrid es ya histórica y la magnitud de sus logros comienzan a hablar por sí mismos. Sin embargo, el Balón de Oro se le terminaría resistiendo. Segundo en 2001 (Owen), séptimo en 2002 (Ronaldo) y otra vez séptimo en 2003 (Nedved), su ausencia en lo más alto de la lista provocó, irónicamente, un aluvión de alabanzas de compañeros de profesión (Paolo Maldini, Pavel Nedved, Ronaldo Nazario, Thierry Henry, Francesco Totti&#8230;) y, sobre todo, de grandes figuras del fútbol (José Mourinho, Marco van Basten, Hristo Stoikov, Sir Alex Ferguson&#8230;), entre las que se alzaba por su contundencia la de <a target="_blank" href ="http://as.com/?xref=20030225dasdai_102&#038;type=Tes&#038;anchor=daspor&#038;d_date=20030225">Johan Cruyff</a>. Ninguno de ellos tenía dudas: Raúl no sólo era uno de los mejores jugadores del mundo, sino que en varios momentos y fases también fue el más destacado.</p>
<blockquote><p>«Para mí, Raul González Blanco está por encima de todos los demás. Por su finura, por su habilidad y por sus cualidades físicas, Raúl es mi jugador número uno. ¿Si merecía el Balón de Oro más que Ronaldo? Sí. Para mí un premio como este debe valorar toda una temporada, y ahí Raúl ha estado por encima de él en esta pasada temporada». (2003)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Su última gran noche como madridista en Europa la dejó, como no podía ser de otra manera, ante el Manchester United de Ferguson. Fue en la ida de los cuartos de final de la Champions 2002/2003. Raúl marcó dos goles, pero en realidad eso fue lo de menos. Y no es un decir. Ni es un tópico. Aquella noche, Raúl dejó una exhibición para el recuerdo que fascinó especialmente a <a target="_blank" href ="http://www.diariodeleon.es/noticias/deportes/carlos-queiroz-ferguson-yo-descubrimos-nuevo-raul_76220.html">Carlos Queiroz</a>, que por entonces se encargaba de analizar a los rivales. Tanto él como Sir Alex, evidentemente, conocían a la perfección el juego del Real Madrid en general y de Raúl en particular, pero el <i>«Siete»</i> demostró ser indescifrable. Unos días después, una apendicitis aguda se interpondría en su trayectoria, evitando así que estuviera presente en el gran día de Ronaldo en Old Trafford&#8230; y, quizás, en más grandes noches.</p>
<blockquote><p>«Conocemos bien a Raúl, pero Ferguson y yo descubrimos ayer a un nuevo Raúl, a un Raúl distinto. ¿Por qué? Porque no es fácil leer tan bien un partido, exhibir tanta inteligencia. Su capacidad para desarrollar su fútbol al lado de tanta gente con creación como Figo, Zidane y Ronaldo sólo está al alcance de un elegido. Y ese es él. [&#8230;] Los movimientos de Raúl son fantásticos. A mí, aparte de los dos goles y de su entrega, me fascinó, reitero, y creo que es la gran novedad de este año, su interpretación del juego. Su dominio del juego le permite saber elegir siempre la opción precisa, la elección idónea. Por ejemplo: sabe ver a Figo. Si Luis se cambia de banda, él se va a la otra, si Ronaldo entra, él sale, y su entendimiento con Zidane es formidable. Su virtud estriba en estar siempre cerca de todos, con lo que el Madrid mantiene el equilibrio y la eficiencia. Y eso no es sencillo. En el primer tiempo nos dio un curso de magia». (2003)</p></blockquote>
<h3>Su presencia en la Selección</h3>
<p style="text-align: justify">Al igual que logró ser uno de los grandes protagonistas del cambio de paradigma del Real Madrid, en España se chocó contra el mismo muro que había frenado el avance de sus predecesores. Raúl fue el último en hacerlo, de hecho. Su penalti fallado ante Francia, su lesión en el Mundial de 2002 y su delicada despedida componen las últimas imágenes de una España acostumbrada a la decepción pese a sus esfuerzos. <a target="_blank" href ="http://www.casadellibro.com/libro-raul-el-triunfo-de-los-valores/9788444102535/1703413">Javier Clemente</a>, quien le hizo debutar con 19 años, hablaba así de su dedicación.</p>
<blockquote><p>«Podría estar bien o mal, pero se entregaba al máximo. Podía fallar un penalti como en la final de los Sub-21 contra Italia en Montjuic o en aquel partido contra Francia en la Eurocopa de Bélgica y Holanda, pero nunca tenía duda de que iba a trabajar para el equipo desde el minuto cero al noventa. Era fiel. Era listo, constante y agobiaba a los rivales con su constancia. No era de filigranas, de buscar el lucimiento personal. Era un jugador de intuición, de posición, buenísimo. No tiene unas condiciones técnicas fuera de lo normal, pero es un buen jugador con unas virtudes desarrolladas a un nivel máximo. Llega al remate porque intuye donde le va a meter el balón el compañero. Siempre se movía por esos lugares donde si le dabas el balón podía hacer daño». (2010)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">A lo largo de su trayectoria, Raúl estableció una gran amistad con Pep Guardiola. <i>«Si me tuviera que quedar con un rival me quedaría con Guardiola, que en el campo ya era entrenador. Pensaba: &#8216;no puede hablar tanto, no puede mandar tanto'»</i>, decía el madrileño sobre Pep. <i>«En mi opinión, Raúl es el jugador español más importante de todos los tiempos»</i>, hacía lo propio el catalán, ya como técnico culé en 2012. Pero más allá de esta admiración mutua desde la rivalidad, que es obvia, resulta interesante recuperar una explicación de <a target="_blank" href ="http://www.diariodeleon.es/noticias/deportes/carlos-queiroz-ferguson-yo-descubrimos-nuevo-raul_76220.html">Pep Guardiola</a> que parte de una pregunta de Cappa sobre la moda del doble pivote y que se fundamenta en los que momentos que jugó junto a Raúl con la Selección.</p>
<blockquote><p>«Yo creo que los dos mediocentros los ponen para defender, pero si uno de los dos tiene claro que debe desenganchar para ir arriba, pues está bien. El problema es cuando está uno al lado del otro. En la selección española lo hacíamos muy bien con Juan Carlos Valerón. Cuando defendíamos, él se ponía a mi lado; pero cuando teníamos el balón, se juntaba con Raúl, no conmigo. Y como Raúl también bajaba (al centro del campo), ahí nos juntábamos para tocar el balón los tres». (2009)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El final de Raúl en España derivó directa o indirectamente en una confrontación con Luis Aragonés que marcó el día a día de la Selección hasta el triunfo en la Eurocopa. Sin embargo, ninguno de los dos estaba condenado a no entenderse. Incluso se podría decir que la Historia fue injusta con ambos. En aquel momento, ni Raúl era ya el gran Raúl ni Luis era todavía el gran Luis en la Selección. El fútbol es así. Momento, lugar y situación. Y no se puede corregir. Pero lo cierto es que no cuesta imaginar que, de coincidir en unas circunstancias más amables, Raúl hubiera sido tantísimo para <a target="_blank" href ="http://www.casadellibro.com/libro-raul-el-triunfo-de-los-valores/9788444102535/1703413">Luis Aragonés</a> como éste lo podría haber sido para el madridista. A fin de cuentas, compartían grupo sanguíneo.</p>
<blockquote><p>«Lo que más he valorado siempre de Raúl es su carácter ganador. Juega para ganar, lo da todo, nunca se queda nada. Es donante de sangre, como yo suelo decir. Yo que también me considero donante de sangre sé exactamente lo que significa el término. Como futbolista era listo. En el área se las sabía todas. Sabía anticiparse, sabía colocarse. Las carencias que pudiera tener las superaba con su voluntad y su habilidad para que se notasen mucho más sus virtudes que sus defectos». (2010)</p></blockquote>
<h3>Sus últimas temporadas</h3>
<p style="text-align: justify">Después de pasar varias temporadas en las que sus registros futbolísticos y goleadores habían tocado fondo, Raúl se recuperó a nivel numérico en la temporada y media que estuvo a las órdenes de <a target="_blank" href ="http://futbol.as.com/futbol/2008/05/28/mas_futbol/1211956052_850215.html">Bernd Schuster</a>. En aquellos días, aunque al uso se convirtió en un especialista del área pequeña, el capitán madridista siguió mostrando que su cabeza le llevaba a zonas donde sus piernas ya no respondían.</p>
<blockquote><p>«Es que a Raúl no se le puede exigir que espere en el área porque él siempre quiere ayudar al equipo y por eso baja entre líneas a echar una mano para presionar al pivote rival o para salir a cerrar una banda. Él sabe que bajando alimenta la agresividad del resto de los compañeros. Se ha vuelto a sentir importante en el Madrid y eso ha sido decisivo. Hemos recuperado a Raúl definitivamente». (2008)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Es en estos cursos donde la figura de Raúl se difumina bajo la imagen combativa, luchadora y aguerrida de un futbolista que, en aquellos instantes, no era más que un superviviente de sí mismo. Le quedaba el hambre, las ganas de seguir ganando, aunque ya se hubiera quedado sin la mayoría de esas virtudes que le habían ayudado a ser todo lo que fue. Al final le quedó el instinto, como decía <a target="_blank" href ="http://www.casadellibro.com/libro-raul-el-triunfo-de-los-valores/9788444102535/1703413">Rafa Benítez</a>.</p>
<blockquote><p>«Hay que insistir en su mentalidad ganadora. Es tal vez lo que más destacaba de él, aunque no lo único. Le faltaba quizás algo de fuerza, pero lo suplía con sus excelentes movimientos y un enorme talento. Era muy inteligente y sabía lo que hacer en cada momento puntual del partido. Por su determinación resolvía situaciones que otros no eran capaces siquiera de calibrar y, además, contagiaba y lideraba». (2010)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Hasta su última eliminatoria europea, Raúl González Blanco se comportó como un animal competitivo que se elevaba por encima del resto cuando más complicado resultaba. Así sucedió ante el Athletic Club de Marcelo Bielsa en la Europa League 2011/2012. Los vascos se llevarían el triunfo final pese a los tres goles de Raúl, pero hubo un momento en el partido de ida (2-4) en el que el Schalke tuvo contra las cuerdas a uno de los equipos de moda en Europa. Al acabar el emocionante choque, se produjo un encuentro entre <a target="_blank" href ="https://books.google.es/books?id=wjbCAAAAQBAJ&#038;pg=PT51&#038;lpg=PT51&#038;dq=Lo+viste?+a+quien+Raul+oli%C3%B3+la+sangre&#038;source=bl&#038;ots=KIHcwCY65E&#038;sig=tNyb5Uh5w8j14pvCMN04ZTeAaCw&#038;hl=es&#038;sa=X&#038;ved=0CB8Q6AEwAGoVChMI_s_74rOTyQIVBdcaCh1h7w7z#v=onepage&#038;q=Lo%20viste%3F%20a%20quien%20Raul%20oli%C3%B3%20la%20sangre&#038;f=false">Marcelo Bielsa</a> y Jorge Valdano que este último recuerda de la siguiente manera.</p>
<blockquote><p>«En su último enfrentamiento internacional en Europa, jugando en las filas del Schalke 04 y frente al Athletic Club, Raúl también demostró que la pasión es la mejor detectora de oportunidades que existe. Al comienzo de la segunda parte del partido de ida, el conjunto alemán se puso por delante en el marcador (2-1). Fue en ese momento cuando Raúl, que había marcado los dos goles, detectó la debilidad del rival y entró en combustión. Corrían, presionaba y le gritaba a sus compañeros como si estuviera ante una última oportunidad. me resultó emocionante ser testigo de esa exhibición de inteligencia y esfuerzo que tantas veces había visto con el Real Madrid. Al terminar el partido, me crucé con Marcelo Bielsa, un gran admirador de Raúl, y aún le duraba el impacto de esa imagen: ‘¿Viste a Raúl? Olió la sangre’». (2012)</p></blockquote>
<h3>Epílogo</h3>
<p style="text-align: justify">Al igual que ningún rival ha hablado jamás tan bien de Raúl como Ferguson, ningún entrenador propio ha hablado más y mejor del <i>«Siete»</i> de lo que lo ha hecho <a target="_blank" href ="http://www.elmundo.es/elmundodeporte/2001/12/18/futbol_internacional/1008702723.html">Jorge Valdano</a>, su descubridor. Aunque él se quita tal mérito siempre que puede, el argentino fue el encargado de abrir las puertas del Real Madrid a un chico que apenas había disputado unos pocos minutos en el filial blanco. El resto ya es Historia.</p>
<blockquote><p>«Raúl es un futbolista austero, no se adorna, siempre busca la vía más directa, el camino más corto para beneficiar a su equipo y acuchillar al contrario. Todo lo que hace tiene sentido, y los que más agradecen su estilo y su presencia son sus compañeros. Esa austeridad es la que puede alejarle a veces de los focos de las estrellas, por supuesto de forma injusta». (2001) «El fútbol es técnica, táctica, profesionalidad, solidaridad, pero si es un bien espiritual, se puede decir que Raúl es el alma del Real Madrid. De todas las imágenes que conservo con él, me quedo con una, muy íntima, que viví siendo Director General. Bajé al vestuario tras un partido que exigió un esfuerzo tremendo, sobre todo para él. Recuerdo que le vi en la camilla, cubierto de mantas y temblando de frío. Era la imagen de un jugador que había desafiado los limites y éstos se habían revelado. Fue una imagen de un impacto tremendo, que pinta al Raúl que llega siempre hasta los límites de lo posible. Tres días después estaba jugando». (2004)</p></blockquote>
<blockquote><p>«En el día de su debut le dije: &#8216;En unos minutos daré la alineación y tu estarás en el equipo titular. Te lo digo para que no te asustes&#8217;. A lo que Raúl me contestó: &#8216;Usted sabrá. Póngame si quiere ganar y si quiere perder, no me ponga&#8217;. [&#8230;] En aquellos primeros días, cuando yo tenía un pie y medio en la calle, me venía a dar consejos, soluciones drásticas. Fue hombre cuando era niño, y capitán sin serlo todavía. Siempre iba por delante.  Y esa mirada no la ha perdido en toda su carrera deportiva». (2015)</p></blockquote>
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<p><a href="http://www.ecosdelbalon.com/2015/11/analisis-raul-gonzalez-etapa-schalke-04-alemania/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/raul/03.jpg"  alt=""  align="left" /></a> <a href="http://www.ecosdelbalon.com/2010/02/en-el-nombre-del-numero-el-buda-blanco/"><img src="http://www.ecosdelbalon.com/media/origen/raul/05.jpg"  alt=""  align="left" /></a></p>
<hr width="45%" align="center" size="1" color="#c9cac8">
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		<title>La locomotiva imparable</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Aug 2014 01:58:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo José Ustaritz]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Futbolistas]]></category>
		<category><![CDATA[América de Cali]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
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		<category><![CDATA[Valdano]]></category>

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		<description><![CDATA[a sola idea encandiló al universo futbolístico colombiano. Una colosal masa de músculo ébano se prodigaba por los campos de fútbol del país casi que sin caber en ellos. Parecía un gigante jugando en canchas para niños pequeños. Freddy Rincón ocupaba todo el campo con una dinámica singular: un expreso rojo que jugando desde la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">L</span>a sola idea encandiló al universo futbolístico colombiano. Una colosal masa de músculo ébano se prodigaba por los campos de fútbol del país casi que sin caber en ellos. Parecía un gigante jugando en canchas para niños pequeños.<span id="more-135359"></span> Freddy Rincón ocupaba todo el campo con una dinámica singular: un expreso rojo que jugando desde la primera línea de mediocampistas llegaba al área rival con la fuerza de un toro en estampida y, con el mismo entusiasmo y poderío, aterrizaba en el otro lado del campo a batallar en la recuperación del balón. Y tenía gol. No sólo pisaba la zona de aceleración con mucha frecuencia, sino que anotaba goles de todas las facturas. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ws17OHYLg_8">Era un espectáculo</a>.</p>
<blockquote><p>Rincón causó conmoción en Colombia por su estilo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Rincón, aunque un adelantado a su tiempo, llegó tarde muchas veces. No sólo aparecía el último en el área para embestir el balón, sino que su carrera fue todo lo contrario a la precocidad. Con veinte años estaba jugando en el Atlético Buenaventura, un equipo de bajo vuelo de su ciudad natal, mientras varios de sus compañeros de generación ya eran nombres sonados en Colombia. Dos años después, llegó al Santa Fe de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/jorge-luis-pinto/">Jorge Luis Pinto</a> y ahí comenzó el estrellato. Su fútbol era algo innovador, inesperado. Seis años antes de que Desailly aterrorizara el fútbol europeo<span class="pullquote_right">F. Rincón era un adelantado a su tiempo</span>, en Colombia habían encontrado un mulato que iba de arriba a abajo sin cansarse gracias a su poderosa zancada y que tenía dotes de mediocentro y delantero. Aunque en un primer momento, Maturana no le encontró un cupo claro en su equipo, el ruido de sus galopadas, ya en el América de Cali, alcanzó los decibeles suficientes para convencer al seleccionador. Fue en el último suspiro del partido más difícil del mundial de Italia 90&#8242; que Rincón se ganó para siempre la idolatría de su nación con <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=P-9G6XORjtU">aquel gol a Alemania</a>; y fue en las postrimerías del verano de 1995, cuando ya la juventud lo iba dejando, que Rincón recibió la que sería la gran oportunidad de su vida y la gran cruz de la misma: el Real Madrid.</p>
<p style="text-align: justify">Su historia es la de un futbolista impresionante que dejó un buen recuerdo en todos lados donde estuvo, menos en el pedestal más alto en el que fue avistado. Antes del equipo merengue, el &#8216;Coloso de Buenaventura&#8217;, como era llamado, ya tenía una trayectoria consolidada como <a target="_blank" href ="http://www.eltiempo.com/archivo/documento-2013/MAM-289757">puntal del fútbol mundial</a>. En la <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2011/06/las-cerezas-mas-perfectas/">selección Colombia de Valderrama</a>, Rincón encontró el hábitat perfecto. Como aquel equipo era pausado y horizontal, su interminable desmarque de ruptura y movilidad aportaban profundidad sistemática al equipo por cualquiera de los tres carriles. Además, infatigable, corría los kilómetros defensivos que los otros hombres de ataque no corrían, y, fuerte como un roble, chocaba con los rivales e invencible recuperaba el balón. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=T3rC8x9OCg8">Cuando lo tenía en los pies</a>, era un pasador rápido, amigo de la pared y con una técnica más que afortunada para un tipo de su planta. No era un gran regateador, ni siquiera muy rápido, pero su control de balón, unido a su larguísimo tranco, le permitían superar contrarios en el uno contra uno en carreras largas; mientras que en espacios cortos tenía una colección de amagues y pisadas que le daban tiempo y espacio para sacar a relucir su disparo de látigo.</p>
<blockquote><p>Con Valderrama se entendía a la perfección.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Lo cierto es que para la época resultaba formidable y casi ciencia ficción. Años después, <a target="_blank" href ="http://www.estadiosantome.com/2011/07/cambio-una-demarcacion-que-no-era-suya.html">Patrick Vieira</a> y Yaya Touré, aunque en formas y niveles distintos, dominaron la Premier League con un rol y características suficientemente similares para alimentar el recuerdo. Luego de la Copa América de 1993, fue adquirido por Parmalat y fue ubicado en el Palmeiras, una especie de Dream Team de la época, con la promesa de jugar después del mundial en la Serie A. Lo haría en el Napoli, y no el Parma, <a target="_blank" href ="http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-294656">jugando bastante bien el difícil fútbol transalpino</a>. El Real Madrid campeón de Jorge Valdano fijó sus ojos en él y lo fichó a mediados de Agosto por 400 millones de pesetas. El equipo blanco se llevaba a uno de los nombres más apetecidos del mercado, petición expresa de su entrenador, acostumbrado a jugar en un sistema de asociación y pases cortos como el de su nuevo equipo y con experiencia en una liga puntera de Europa. Nada podía anticipar que la contratación sería negativa, pero el pasar de los meses sellaron el fracaso de Rincón en España.</p>
<p style="text-align: justify">Las razones detrás del revés son fáciles de identificar. En primer lugar, el volante colombiano <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=lJOwRZv5BEk">nunca estuvo cómodo en la capital</a>, atacado desde el primer día por facciones racistas del club e incluso teniendo problemas con la dieta ibérica. Asimismo, llegó a una semana del primer partido oficial, en el que fue titular, sin ritmo alguno de competición. Su adecuación al equipo fue traumática no sólo por eso, sino también por lo que demandó Valdano de él. <span class="pullquote_left">En el R. Madrid jugaba fuera de posición</span>El argentino <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/1995/08/24/deportes/809215214_850215.html">lo enfrentó a Laudrup</a> por un puesto como corona superior del rombo, posición desde la que Rincón podía explotar su ruptura y su llegada al gol, pero que lo obligaba a tener una cuota de balón y funciones creativas que nunca le habían sido exigidas, en adición a jugar de espaldas y sin un compañero cerca con el que tirar paredes. El rol que Valdano le dio en el Madrid expuso su cada vez más decreciente agilidad, las pocas imperfecciones técnicas y su ritmo demasiado lento. La otra opción que le quedaba al colombiano era la de jugar en una de las bandas, pero con su velocidad perdida, nunca compitió por el puesto.</p>
<p style="text-align: justify">Después de un año oscuro en el Bernabeú, Rincón se fue por donde vino y recaló en el Palmeiras. En Brasil, y con treinta años, comenzó el proceso que lo convertiría en uno de los <a target="_blank" href ="http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1288946">mejores mediocentros del Brasileirao</a> en los últimos veinticinco años. En Madrid había quedado claro que el poderoso tractor que le anotó dos goles a Argentina en el Monumental ya tenía engranajes oxidados, pero como se trataba de un mediocampista que no sólo sabía correr sino que también jugaba, centralizó su posición, dejó de recorrer metros y se asentó como <i>&#8216;segundo volante&#8217;</i>, la posición histórica de Falcão y Socrãtes. Desde allí, su facilidad para pasar rápido, fortaleza en la marca y lectura del juego le dieron relevancia a su fútbol, jugando cada vez más alejado del área, aunque manteniendo aventuras esporádicas.</p>
<blockquote><p>En Brasil, Rincón supo reinventarse.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Poco tiempo antes del retiro, Rincón tendría su momento de redención en el mundial de clubes del año 2000, marcando el gol que eliminaría al Real Madrid de la competición. Llegando de último al área, en los minutos finales del encuentro, una de sus clásicas rupturas desembocó en <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=qotdKbrQs1s">un remate seco</a> que venció la resistencia del portero del Al Nasr. El Corinthians en el que militaba ganaría aquel campeonato. Freddy Rincón llegó al fútbol como una promesa goleadora y se fue de él como mediocentro de escuela. Entre medias, una <i>&#8216;locomotiva&#8217;</i> imparable.</p>
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