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	<title>Ecos del Balón &#187; Pity Martínez</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>El miedo escénico para Juan Fernando Quintero</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Dec 2018 12:18:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Entre Antonio Chenel &#8216;Antoñete&#8217; y Gabriel García Márquez, conversando con el primero y leyendo al segundo, el argentino Jorge Valdano elaboró y acuñó, allá por los años 80, el término miedo escénico para asociarlo al Santiago Bernabéu, el estadio en el que River Plate se coronó ayer campeón de la Copa Libertadores de América al [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Entre Antonio Chenel &#8216;Antoñete&#8217; y Gabriel García Márquez, conversando con el primero y leyendo al segundo, el argentino Jorge Valdano elaboró y acuñó, allá por los años 80, el término <i>miedo escénico</i> para asociarlo al Santiago Bernabéu, el estadio en el que River Plate<span id="more-258879"></span> se coronó ayer campeón de la Copa Libertadores de América al derrotar a Boca Juniors por tres goles a uno. El torero y el escritor hacían referencia al miedo que sentían, no tanto al toro y a la escritura, sino al público; a enfrentar el rumor, la vigilancia, el runrun, la crítica o el desdén. Ese miedo les llevaba a moverse hacia la dirección que cualquier otro entendería como un riesgo -el asta; la espesura ante el folio- y que por medio del miedo al público, alejándose de él, lograban enfrentar con la naturalidad que caracteriza al diferente lo que para otros era el auténtico pánico. </p>
<blockquote><p>River y Boca saltaron presos del pánico, sin apenas intervenir ni acertar con balón</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">A lo desconocido, a la soledad, al futuro, a la enfermedad, a los demás, a la autoridad, al fracaso. A perder y a vivir después. El miedo no se cansa de manifestarse, principalmente porque su victoria nace de no enfrentarlo. En el fútbol, no muchas veces se han conocido los condicionantes y las connotaciones que esta inédita final, por los equipos, por las circunstancias, ha vivido y protagonizado. El fútbol, que conecta con lo social, y con lo mental, y que le vuelve todo de vuelta, se ve afectado por lo que sus actores traen en la mochila. Y así pasó. River y Boca saltaron al desconocido césped del Santiago Bernabéu, con la necesidad de un partido largo, en el que sólo el tiempo consumiéndose les obligaría a afrontar la carga que la posible derrota pesaba sobre la valentía de vencerla. </p>
<p style="text-align: justify;">De entrada, una confirmación y alguna sorpresa: River alineaba cinco centrocampistas, con Ponzio, Enzo Pérez, Pity Martínez, Exequiel Palacios y Nacho Fernández, mientras Barros Schelotto dejaba a Wanchope Ábila en el banco para darle a Benedetto la recepción solitaria, la descarga en apoyo y la responsabilidad del gol. Las consideraciones de índole táctica, que podían constar con valor propio, pronto quedaron relegadas por las dificultades que encontraron ambos colectivos para sentirse con la libertad y la fluidez mental necesarias para hacer visible lo positivo que ambos planteamientos tenían dentro. Ocurrió que River tuvo constantemente la pelota, pero cualquier pase diferente, mezcla de riesgo y miedo en lugar de natural en toda circulación de balón, se vio como una locura. Y no sólo un pase, sino toda clase de movimiento que llevara al receptor a controlar de espaldas y a tomar decisiones, a darle temple al balón sintiendo el pie hecho un flan. El más sencillo de los envíos era entendido como una potencial pérdida. A poco que uno de los dos equipos hubiera actuado con la mente libre, todo hubiera sido completamente diferente.</p>
<blockquote><p>Darío Benedetto fue, además del autor del gol, el más certero y preclaro de los xeneizes</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por su parte, Boca armó su 4-5-1 en campo propio, pero si bien le terminó saliendo a cuenta tener menos la pelota y esperar un fallo que generara aún más zozobra en los últimos zagueros millonarios, lo cierto es que también contribuyó a todo lo que el partido fue. Solo un vibrante y calibrado Nahitán Nández equilibró los excesos y la ansiedad de Barrios y Pablo Pérez, los dos perdiendo su sitio aún sin notar amenaza alguna a su espalda. La hubo momentáneamente, sí, pero fue más intermitente que otra cosa, pues activar ese espacio a los costados de Wilmar, pareció cosa de revolucionarios. Ni Pity, ni Exequiel ni Enzo se atrevían a perder la posición de partida, de darle una opción al balón y generar sosiego. El pasador, directamente, fuera quien fuera, se vio con los pies redondos. Pero llegó el gol. El que transformó la final y obligó a intervenir.</p>
<p style="text-align: justify;">No es de extrañar que el futbolista que mejor comprendió el ritmo y el sentimiento generalizado fuera el siempre templado en el juego Darío Benedetto. Él y Buffarini fueron los únicos xeneizes que transmitieron un temple propicio para, simplemente, tratar de jugar y relacionarse con la pelota o el compañero. Cada toque del &#8216;Pipa&#8217; tuvo sentido y completó con un soberbio gol una primera parte en la que las tres ocasiones más o menos claras llegaron a balón parado. Nadie filtró un pase, pocos se adaptaron al raso verde europeo, y pocos se movieron para generar dinámica y naturalidad en torno al balón. El miedo se lo estaba comiendo prácticamente todo. Con 1-0 se llegó al descanso. Y tras doce minutos de niebla, llegó el minuto 57.</p>
<p style="text-align: justify;">En ese momento, a poco más de media hora para caer ante su eterno rival, Marcelo Gallardo dio entrada a Juan Fernando Quintero. El resto es historia y toca contarla. </p>
<p style="text-align: justify;">El talentosísimo genio colombiano tuvo un impacto tan instantáneo como profundísimo en la dinámica del encuentro. El esqueleto táctico del mismo siguió siendo muy parecido, pero aquel cuadro fue abordado con la agresividad y la brocha que han caracterizado los pases que mismamente dio el de Medellín a las órdenes de José Pekerman en el pasado Mundial. A dos alturas, haciendo progresar el esférico, Quintero fue tensando pases como si fuera repasando con el dedo cada camiseta de River Plate sudada en la grada; desde el hombro izquierdo hasta la cintura, donde pone la mano cuando bota cada golpeo, y en rojo diagonal, Quintero inventó toques propios y originales, uniendo las piezas que ya se estaban moviendo. El jugador comenzó a fluir y a dominar el campo de Boca, cuyos miembros no llegaban a cada primer toque y a cada pase combinado. El ritmo y el garbo se transformaron y dieron la igualada a un River que había conectado con su versión más desbordante. </p>
<blockquote><p>Juan Fernando Quintero se convirtió en una leyenda en 62 minutos de juego.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">El encuentro llegó a una prórroga que iba a encontrar un desenlace aún más trascendental en la relevancia que el colombiano tuvo en el encuentro. Producto de su trance, fruto de su poder sobre la pelota y sobre el rival, Quintero coronó su hora de fútbol con un pelotazo, violento, visualizado medio segundo antes, rodeado por tres jugadores de Boca que sólo dieron tiempo a un disparo de corto armado que se estrelló con el larguero para acabar dentro de la portería. Basta ver el contacto previo suyo al tiro para comprender la mordiente agresividad que significó la sola presencia de Quintero en la psique de compañeros y rivales. Así, su incalculable inconsciencia le permitió dar 47 pases en una hora de juego, completar los nueve envíos largos intentados, dar una asistencia y meter el gol de su vida. </p>
<p style="text-align: justify;">Torero como Antoñete, donde anoche nadie lo fue, y colombiano como Gabriel García Márquez, quien tenía terror al público cuando tocaba dar un discurso, incluso siendo leído, Juan Fernando Quintero ganó su final, derrotando a esa oscura nada que paralizó a todos, que amagó con dejar la gloria para los once metros y que encontró en su zurda una lección para los restos. </p>
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		<title>El motor de RIver Plate</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Dec 2018 02:50:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David De la Peña]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El positivo cambio de dinámica de River Plate después del descenso a la segunda división del fútbol argentino se ha sustentado sobre varios pilares. Uno de ellos ha sido sin duda poder juntar el que probablemente sea el elenco de centrocampistas más<span id="more-258862"></span> versátil de todo el fútbol sudamericano, por supuesto apoyado por una calidad media superior a los rivales que se ha ido encontrando enfrente en este proceso.</p>
<p style="text-align: justify;">Entre el trayecto que se dibuja entre las figuras de Enzo Pérez y Ponzio, los medios que suelen jugar a menor altura, y Quintero y Pity Martínez, los que lo hacen más cerca de los delanteros, aparecen los nombres de Nacho Fernández y el de Exequiel Palacios, los dos centrocampistas más dinámicos del cuadro millonario, y especialmente la figura de este último está llamando la atención por el potencial que presenta.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">El elenco de centrocampistas de River Plate es, probablemente, el más completo del fútbol sudamericano</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Aunque Gallardo suele variar el dibujo con bastante regularidad, Exequiel Palacios tiene generalmente reservado el papel de interior izquierdo, desde donde está dibujando un perfil de futbolista que, y esto es importante para contextualizar el escenario de una futura llegada al fútbol europeo, no aporta a su equipo contextos de control. Palacios no es eso.</p>
<p style="text-align: justify;">Jugador de trazos muy largos, lo que define su movilidad cuando River Plate tiene la pelota, por lo general sus pasos por una jugada producen aumentos de ritmo en los ataques de su equipo, con sus pros y sus contras. Si el plan de juego es transitar con premura al ataque, o es necesario que uno de los centrocampistas se despegue para dar espacio a un organizador o meter un jugador entre líneas, Palacios es una pieza utilísima, y de hecho bajo estas premisas <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2018/11/habr-paz-para-los-malvados/">ha encajado francamente bien en el plan de Gallardo.</a></p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Aunque Exequiel Palacios tiene calidad para ayudar en las circulaciones, su mentalidad es más agresiva</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Si en cuanto a movilidad ya estamos hablando de un jugador que desprende energía y agresividad, cuando tiene la pelota los comportamientos son muy parecidos. Exequiel Palacios no es un centrocampista para garantizar control y sumar en una circulación pausada que junte al equipo, más allá de que su pie, bastante fino, le permita devolver y controlar el cuero con acierto. Sus intenciones se dividen entre envíos verticales a líneas posteriores -generalmente bastante precisos porque su toque de balón y la tensión de sus envíos son de gran nivel-, y superar marcas a través de la conducción. Sus primeros metros son potentes y sabe cambiar de dirección con la pelota pegada al pie, así que genera ventajas a partir de esta circunstancia.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegados a este punto, aparecen dos posibles escenarios cuando Exequiel Palacios está en el campo. El primero y positivo es el de dotar a su equipo de profundidad con esos movimientos agresivos que estiran a los defensas rivales y provocan ocasiones para los suyos. No sólo por los espacios que descubren sus compañeros, sino por su propia capacidad para finalizar jugadas, y es que dentro de las características del argentino quizás la más destacada es su golpeo a puerta. El centrocampista de River tiene una técnica depuradísima para golpear: orientación del cuerpo, talento para colocar el pie de apoyo y buen contacto con la pelota, lo que produce una suma que le permite ser una auténtica amenaza desde la frontal del área.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">El fantástico disparo de Palacios le invita a intentar acabar siempre en la corona del área, y jugar acostado sobre el perfil izquierdo le permite, al ser diestro, activarlo de forma más natural</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, el segundo de esos escenarios que provoca su presencia -y Palacios es además un jugador, y más en este <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2018/12/el-campen-de-la-copa-libertadores/">River Plate</a>, con gran peso- tiene que ver con el descontrol. Acelerar por sistema las acciones ofensivas del equipo estira en muchas ocasiones las distancias entre sus compañeros, de modo que no finalizar jugada supone esfuerzos defensivos más amplios.</p>
<p style="text-align: justify;">El hecho de que River necesite que sea él mismo en todo momento para darle forma a su sistema de juego provoca que aún no haya sido posible medirle en un escenario que demande decisiones más cerebrales de forma más constante, probablemente innegociable en un posible salto al fútbol europeo de élite, si bien es cierto que hay dos cuestiones que son muy positivas: en un plan de juego que se adapte a él, hablamos de un jugador para sumar en alta exigencia, mientras que sus condiciones técnicas en cuanto a pase, disparo y conducción, permiten adaptarle a otros planes.</p>
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		<title>Un nuevo partido cada cinco minutos</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Nov 2018 09:10:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Seguramente ni todo el hielo del mundo podría controlar una sola de las emociones que un jugador de River Plate o Boca Juniors puede sentir hoy. Movido por la trascendencia de un hecho desconocido en la historia, hasta el más experimentado tendrá difícil reconocer en su pasado de su currículum vital cualquiera de los momentos [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Seguramente ni todo el hielo del mundo podría controlar una sola de las emociones que un jugador de River Plate o Boca Juniors puede sentir hoy. Movido por la trascendencia de un hecho desconocido en la historia, hasta el más experimentado tendrá difícil<span id="more-258408"></span> reconocer en su pasado de su currículum vital cualquiera de los momentos que pueden darse esta noche. «Es la final más importante de mi carrera», acertó a decir el jugador, de largo, más curtido de la vuelta de la final de la Copa Libertadores 2018, Carlos Tévez. Las circunstancias, marcadas en la previa por no comparecer valor doble de los goles y quedar empate en la ida, derrocha condición de única y límite. Y por lo visto en la ida, ambos equipos tienen con qué atraparla, sabiendo que el partido puede cambiar cada cinco minutos.</p>
<blockquote><p>El partido contó en la ida con suficientes alicientes para cambiar constantemente</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Con esa exigencia mental acuden y se citan Boca Juniors y River Plate. Si en la ida ambos entendieron que deben dar salida a todo tipo de arrebatos momentáneos, que no condicione el miedo que puede suponer guardar un marcador con excesiva precaución, el ritmo del encuentro parece que querría tener continuidad en esta segunda velada. Y es que los dos colectivos mostraron espíritu y atrevimiento. Puede quedar condicionada la calidad en determinados parámetros, pero por lo observado en el primer envite, hay argumentos que hacen pensar que nada más comenzar o más avanzado el partido, Gallardo y Schelotto tienen con que intimidar y cruzarse lejos de la orilla. La defensa de tres centrales habilitada por el &#8216;Muñeco&#8217; y la doble punta y posterior entrada del Apache por parte del &#8216;Mellizo&#8217; conformaron un escenario en el que tanto la táctica como el talento individual pudieron marcar momentáneas diferencias.</p>
<blockquote><p>La baja de Borré necesitará de otras piezas que compensen en la última línea</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Por el lado millonario, la ausencia de Rafael Santos Borré es más sensible de lo que parece. Cuando River logró fijar fuera con los carrileros a los laterales locales, Gallardo halló un espacio de superioridad tanto numérica como posicional en el que caían Borré en el apoyo, o ruptura si se daba un contragolpe, y el Pity Martínez a la espalda de Pablo Pérez. Esa circunstancia otorgó a River una ventaja para encerrar a Boca, más tras la baja de Pavón por lesión. </p>
<p style="text-align: justify;">La no comparecencia por tanto del punta colombiano, añadida a la de Ignacio Scocco, demandará un trabajo más versátil de Pratto y probablemente mucha mayor presencia, por autonomía y galones, de Exequiel Palacios. En las fases con balón, River, con casi total seguridad, encontrará muchos momentos en los que Boca garantice la defensa del ancho y de los espacios interiores. Schelotto tomó nota de las posibilidades que le asegura su 4-4-2 cuando configura la medular con un centrocampista de corte más posicional. De ahí que River trate de igualar con buen pie, desborde y, no es nada descartable, repetir la defensa de cinco para generar desajustes en zona de mediapuntas. </p>
<blockquote><p>Gallardo: «Lo que buscamos es imponer nuestro juego. Contra Gremio se nos dio por cómo fue el partido y contra Boca se dio durante la primera media hora o más: impusimos cómo queríamos jugar el partido, imponer nuestras condiciones (&#8230;). Sobre los tres centrales&#8230; la idea es siempre crear una idea o plan de juego que le vaya bien a nuestros jugadores y después acoplarlo a lo que le puede venir mal al rival. Decidimos jugar así con la idea de imponer nuestras condiciones.»</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">La manera con la que Boca, por tanto, supo dar la vuelta a este escenario táctico incide por completo en cerrar el espacio interior con tal de ganar continuidad defensiva y minutos de solidez, generar incomodidad en las recepciones interiores del rival y poder salir de dos formas: directo con Ábila y/o Benedetto o con la ayuda de Tévez como segundo punta. Y es que Schelotto tiene claras diez piezas. Le falta una que sume equilibrio y capacidad de transitar. Así, Boca acude al Monumental con la duda de reemplazar, de modos muy diferentes, la baja de Cristian Pavón, el jugador más autosuficiente y potente una vez se recupera la pelota. Su baja manda un mensaje directo a la vertiente más agresiva de Boca, una que seguro Schelotto no puede reproducir.</p>
<blockquote><p>Schelotto sobre Tévez: «Para su inclusión tuve en cuenta su pasado, su nombre, su trayectoria, su experiencia. Creí que se iba a meter rápido en el partido y lo hizo. Y que iba a sacar ese plus que tiene por su relación con Boca. Creí que lo mejor era que entrara él y me parece que lo hizo muy bien».</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Sabido que sin balón dispone de efectivos que muerden incondicionalmente, sin lagunas de calado en campo propio, caso de Nández, Pérez y Barrios, parece que Tévez ha de tener un peso relevante en la ofensiva xeneize. Ante la falta de velocidad, la creatividad y la identidad que suma el veterano delantero argentino es una carta que Schelotto deba de usar, seguramente, desde el primer momento. El impacto de su figura a los lados del mediocentro, a una altura diferente a Benedetto o Ábila, es un desahogo de primer nivel para Boca si River y Gallardo hacen suyo el ritmo del choque. Los toques, la protección de balón de espaldas al arco y su intimidación cerca del área serán una de las razones por las que la final de hoy sume todo el atractivo que se le presuponía.</p>
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		<title>De primeras, un motivo para ambos</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Nov 2018 03:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La ida de la final de la Copa Libertadores 2018, la que desde cualquier prisma y desde todos a la vez se anticipaba como una suma de dificultades para coger vuelo, generar detalles tácticos de valor y una emoción acorde a la cita, fue un notable partido de fútbol. Si bien los dos equipos tuvieron [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">La ida de la final de la Copa Libertadores 2018, la que desde cualquier prisma y desde todos a la vez se anticipaba como una suma de dificultades para coger vuelo, generar detalles tácticos de valor y una emoción acorde<span id="more-257930"></span> a la cita, fue un notable partido de fútbol. Si bien los dos equipos tuvieron motivos para salir con la cara torcida de La Bombonera, pues tuvieron que ajustarse constantemente, también la tuvieron para soñar con que el desenlace, el fundido a negro, podrá ser el último suspiro y que el pitido final que se oirá en el Monumental podrá ser agónico y no un formalismo que habrá visto una sentencia y un dominio que explique una gran superioridad. En los primeros 90 minutos de la final de las finales, el fútbol fue su actor principal, una sensacional noticia que tuvo lugar de los hechos, titulares, encabezados, reporteros y lectores a la altura. Buenos Aires, el mundo entero, vio un buen espectáculo.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">En lo estrictamente futbolístico, el camino tuvo innumerables paradas en las que detenerse a ver las cosas de muchas formas. La primera gran razón para hacerlo la argumentó Marcelo Gallardo. El técnico de River saltó al campo con una disposición novedosa, pues dio entrada a Martínez Quarta como tercer central, retirando de partida a un centrocampista. Intuyendo una posible presión alta de Boca y una dificultad para defender zonas interiores una vez los carrileros fijaban hombres exteriores en el ancho del terreno, River armó el primer plató de la ida de la final. Aunque esto tendría un efecto posterior, en el arranque se jugó a un ritmo muy alto. La intención de los dos equipos descansaba en no descansar. Pases largos, al espacio, conducciones tras recuperación, incursiones individuales&#8230; y muchísimas pérdidas de balón.</p>
<blockquote><p>Marcelo Gallardo sorprendió con línea de tres centrales</p></blockquote>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">En esos primeros compases, el Pity Martínez constó en el choque, ubicándose a la espalda de Pablo Pérez y rompiendo en conducción cuando tenía oportunidad. Con la ayuda de Montiel en ruptura y de Pratto fijándole un central, Martínez volaba libre, distrayendo a Barrios, que basculaba y dejaba la zona del pivote abierta para la llegada de la segunda línea millonaria. El resultado de ese primer quinto de encuentro tuvo un claro protagonista: Agustín Rossi, autor de cuatro paradas de gran valor que certificaron la mayor productividad visitante, atisbo de un duelo que no discurrió por un discurso dominante de cualquiera de los dos. </p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">De ahí, tardó el partido en asentarse y lo hizo cuando Boca recibió el primer varapalo: Cristian Pavón se rompía en un esprint y cedía el testigo a Darío Benedetto. Alrededor de esa circunstancia, River y Boca &#8216;pactaron&#8217; bajar el ritmo de los primeros 15&#8242; y todo se jugó en cancha bostera. River sacaba partido de su superioridad en salida, su anchura en campo contrario y su presión tras pérdida, pero había perdido la sorpresa al espacio, la posibilidad de imponer la calidad en el ida y vuelta. Boca se quedó sin salida exterior, un problema serió en su estructura, pues sus laterales van escasos de calidad y conceptos ofensivos, lo que dejó todo al corazón y determinación de su doble punta, Benedetto-Ábila. Nández cerraba un costado, Villa el otro y Boca encontraba orden en campo propio, reducción de espacios y una transición más directa, menos versátil pero del todo peligrosa.</p>
<blockquote><p>Benedetto y Martínez representaron la mayor dificultad para sus rivales</p></blockquote>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">De lo individual a lo colectivo, Pity y Benedetto representaban historias relevantes. Al primero no se le podía dejar suelto; su velocidad demanda defensa escalonada y ayudas en los intervalos de la jugada. El gol que dio la igualada a River, anotado por Pratto, vino de un grandísimo envío de Martínez. El segundo protagonista es una mezcla de fundamentos, pundonor, diferencial físico y una innata capacidad para materializar lo producido o producir para que materialicen. La locura se narró en La Bombonera en apenas dos minutos. Boca y River gritaron sus primeros goles de la final sin tiempo para asimilar cada uno de ellos. Dos éxtasis para seguir igual. Como Boca había entrado en planteamientos de mínimos, pues no gozaba de figuras exteriores y veloces ni de centrocampistas de finura e inspiración, su plan pasaba por seguir ordenado y esperar a que su doble punta castigara futuros acercamientos. Así pasó, que el &#8216;Muñeco&#8217; pasó a la acción.</p>
<p style="font-weight: 400; text-align: justify;">Tras todo lo visto en esa primera mitad, Gallardo volvió a los orígenes: línea de cuatro defensas, un medio más y la intención de vivir con balón ante el armado Boca Juniors. No tendría esto un significado correlativo y consecuente, pero como pasa en el fútbol, River empató a balón parado y desde ahí, entraron dos ideas personificadas que costó poner en práctica: Carlitos Tévez y Juan Fernando Quintero. Nacidos para encender luces, sólo constó la que tuvo Benedetto a pase del &#8216;Apache&#8217;. Se moría el partido y un recepción del venerado <i>xeneize</i> escapó a espaldas de Pinola y cedió a Darío, que si bien trazó al centro el disparo, chocó con una acción extraordinaria de Armani en tiempos, colocación y postura, salvando a River de la derrota. Intermitentes, bosteros y millonarios se verán las caras el próximo día 24 habiendo dejado la sensación de reconocerse y extrañarse a partes iguales al mirarse al espejo. Gran igualdad que pospone la decisión para el último momento.</p>
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		<title>No habrá paz para los malvados</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Nov 2018 03:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David De la Peña]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Normalizar la derrota es quizás la cuestión que tengo más presente cuando escribo sobre fútbol. Ponerse en la piel del profesional, tratar de entender sus procesos, la dificultad de construir a partir de la diversidad que provocan tantas<span id="more-257854"></span> personalidades chocando en un día a día. Sin embargo, quizás es la primera vez que me pongo delante de un folio y entiendo que no, que en esta ocasión la derrota no se puede normalizar, porque, justo o no, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2018/11/conversando-con-david-len-sobre-la-final-bocariver/">marcará de por vida a los que la sufran</a>. No habrá paz para ellos desde el momento en el que el colegiado decrete el final del partido de vuelta.</p>
<p style="text-align: justify;">La primera final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors deja un regusto de que pesa más el miedo a la derrota, que la ilusión que supondrá para el ganador conseguir el título. El escenario futbolístico a partir de esta consideración deja obviamente la primera lectura sobre la gran posibilidad de que los nervios encojan los pies, pero esto sólo se explica desde un choque de trenes que no dejará vencedores y vencidos, sino héroes y malvados. Así es el fútbol argentino, para lo bueno y para lo malo.</p>
<h2 style="text-align: justify;">GALLARDO PARA DEVOLVER LA MEMORIA</h2>
<p style="text-align: justify;">El comienzo de la década de los 2000 provocó una brecha entre River Plate y Boca Juniors que derivó en una profunda frustración entre la hinchada millonaria. La etapa de Carlos Bianchi se tradujo en tres Copas Libertadores en cuatro años, un idilio con la competición reina del fútbol sudamericano que trasladó un 6-2 en el cómputo global a favor de Boca difícil de soportar para el aficionado de River.</p>
<p style="text-align: justify;">Una burla que alcanzó su punto álgido cuando el equipo de la franja roja descendió a segunda división en junio de 2011, después de 108 años ininterrumpidos en la máxima categoría del fútbol argentino. ‘El fantasma de la B’ iba a acompañar a River de forma inevitable desde entonces, pero no sólo en sentido figurado, sino incluso de forma literal, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=E3gwKTbuhyA">cuando un drone con una sábana sobrevoló la Bombonera</a> en mayo de 2015 para recordar a River su descenso.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Marcelo Gallardo, desde la llegada al banquillo en 2014, ha devuelto una proyección internacional constante a River Plate,  ganado una Copa Libertadores, una Copa Sudamericana, y dos Recopas Sudamericanas</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El Siglo XXI, por tanto, comenzó a empinar tanto la cuesta para el aficionado millonario que lo que está sucediendo desde la llegada de Marcelo Gallardo -un triunfo en la Copa Sudamericana, otro en la Copa Libertadores, y la posibilidad de recortar las distancias con su gran rival hasta un 6-4 que cambiaría radicalmente el panorama- no sólo transmite felicidad, sino también venganza.</p>
<p style="text-align: justify;">El trabajo del ‘muñeco’, por tanto, ha comprendido no sólo una aportación táctica notable, también una psicológica que ha permitido a toda la familia de River Plate recuperar una autoestima perdida <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/12/analisis-historia-river-plate-copa-intercontinental/">durante demasiado tiempo en un club tan gigantesco</a>. La calidad de su plantilla y por supuesto, esa mentalidad recuperada después de la etapa de Carlos Bianchi en Boca, serán sin duda los dos grandes argumento del equipo millonario en la final.</p>
<h2 style="text-align: justify;">RIVER, MEJOR PIE Y VERSATILIDAD</h2>
<p style="text-align: justify;">El camino de River Plate en esta Copa Libertadores ha estado marcado por la versatilidad en la disposición de las piezas elegida por Gallardo, pero a nivel de concepto hay algunas cuestiones que han solido repetirse con frecuencia, y que teniendo en cuenta ese contexto del ‘miedo a la derrota’ que está englobando toda la previa del encuentro, puede dar ciertas pistas con respecto a la forma de afrontar la gran final.</p>
<p style="text-align: justify;">En contexto ‘Copa’, Gallardo ha sabido poner trampas para generar espacios que luego han sido muy bien ocupados por sus atacantes. River Plate agrede al poseedor de balón, pero en zonas muy definidas y estudiadas previamente, para después aprovechar lo bien (y de forma muy diferente) que interpretan el juego vertical los jugadores encargados de producir y finalizar las jugadas ofensivas.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">River Plate tiene jugadores de gran calidad, que explotan mejor sus virtudes si pueden realizar ataques verticales y eléctricos</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Quintero con pases a los espacios abiertos, Martínez conduciendo con el rival despegado, o Santos Borré con sus diagonales sin balón, han sido patrones sobre los que River Plate ha fluido en ataque cuando ha tomado la decisión de verticalizar con premura. A partir de ahí nombres dinámicos como Exequiel Palacios para acompañar jugada, o por supuesto Casco y Montiel, dos laterales que partiendo de posiciones intermedias tienen una gran facilidad para trazar movimientos largos y profundos, han completado la propuesta.</p>
<p style="text-align: justify;">Ha sido una medida inteligente por parte de Gallardo, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Wm4LkR8Vbj4">teniendo en cuenta que Leo Ponzio</a> -que no jugará en La Bombonera- ha sido siempre importante, un futbolista que aunque no muestra soltura para organizar ataques, en esta fase de su carrera domina la posición de &#8216;5&#8217; en un escenario en el que su equipo decide apretar al poseedor, compensando ese tipo de propuesta. River se ha adaptado bien a sus piezas, y ha permitido lucir a unos futbolistas que completan la que quizás es, en este momento, la plantilla con mejores soluciones desde lo técnico de todo el fútbol sudamericano.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo en una final de la Copa Libertadores ante Boca Juniors se va a priorizar la reducción del fallo, y ese buen pie que muestra River Plate se muestra sobre todo en acciones donde el riesgo es alto. Palacios abandona su posición para finalizar en la frontal del área, Martínez pone en juego el balón en su intento de desequilibrio en uno para uno, y sobre todo, Juan Fernando Quintero, seguramente el jugador con más talento de la plantilla, entiende el juego desde la conclusión de jugadas y no desde la conservación de la pelota, lo que podría reservarle un rol de revulsivo, y no de titular, en la gran final.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">River Plate puede producir ocasiones en diferentes escenarios, y a esto hay que añadir que tiene un gran dominio en ambas áreas</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">En cualquier caso y pareciendo claro que se va a pintar un escenario donde se busque reducir al máximo la pérdida del balón y por tanto las medidas en cuanto a soltar piezas sea muy conservadora, parece que River, si es capaz de aguantar mejor la tremenda presión psicológica que va a tener lugar en ambos encuentros, está más capacitado para construir ataques estables en campo rival. Por un lado, porque su pareja de laterales, Casco y Montiel, son balas para aparecer por sorpresa y producir si los jugadores de dentro sueltan un pase hacia fuera, y por otro, porque futbolistas como Martínez o Palacios están más capacitados para superar líneas y obligar a una ayuda posterior por parte de un contrario que a la postre puede generar desequilibrio.</p>
<p style="text-align: justify;">Dentro de toda esta variante de recursos con los que cuenta Marcelo Gallardo, hay que dejar claro que River Plate tiene un argumento competitivo clave para afrontar el choque: el dominio de las áreas. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/07/atletico-nacional-campeon-copa-libertadores-2016-proceso/">Armani ha dejado claro en los últimos años que es el mejor portero de Sudamérica</a>, Maidana y Pínola son una pareja de zagueros con experiencia y que interpreta muy bien cómo achicar para juntar al equipo, y Scocco o Pratto son la guinda a los generadores de juego en los últimos metros. El &#8216;muñeco&#8217; ha construido un buen equipo en lo colectivo, pero es indiscutible que su plantilla tiene respuestas en lo individual de primer nivel.</p>
<h2 style="text-align: justify;">BOCA Y LA MÍSTICA</h2>
<p style="text-align: justify;">Los vasos colindantes que son River Plate y Boca Juniors no dejan lugar a otro escenario: este buen lustro del equipo millonario ha significado un período de dudas para el xeneize. La confianza asentada en los tiempos de Juan Román Riquelme, Martín Palermo y Carlos Bianchi y el descenso de su gran rival, se ha ido apagando después de que Marcelo Gallardo haya conseguido revertir la dinámica en el último lustro.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizás, precisamente por esa proyección internacional que ha logrado River Plate recientemente, Guillermo Barros Schelotto ha matizado una idea que le ha llevado a ser campeón de forma consecutiva en las últimas dos temporadas del fútbol argentino, precisamente para ajustar piezas de cara a competir en la Copa Libertadores, donde desde la final perdida frente a Corinthians en 2012 no ha conseguido llegar al lugar que, gracias a lo mostrado en el comienzo de siglo, era considerado como terreno dominado.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">La Copa Libertadores del Siglo XXI es terreno de Boca Juniors: ha conseguido, desde el año 2000 hasta nuestros días, cuatro títulos y un subcampeonato</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El Boca ‘copero’ de Bianchi construyó una estructura pensada en Juan Román Riquelme, pero no desde los parámetros que hoy en día se piensan para una estrella de primera fila de sus características, que encajaría en un equipo de posesión y probablemente su técnico buscase pasadores que le alimentasen de forma constante, sino dándole piernas detrás para robar y obligándole a construir, construir y construir. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/07/en-alma-cuerpo/">El gran Riquelme</a> de Boca Juniors se cimentó bajo una capacidad inverosímil de inventar contextos de control para su equipo sin que éste le preparase en absoluto el terreno.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizás Battaglia era el jugador más preparado para pasar la pelota, sin ser aquel cinco de Boca un organizador puro y constante. Además de él, jugadores como Serna, Traverso, Basualdo o Villarreal completaban el medio campo, en una estructura muy concreta que permitía a al equipo hacerse pegajoso en zonas interiores, encontrar a Riquelme para la gestión ofensiva, y machacar en el área gracias a Martín Palermo, bien suministrado siempre por laterales con buen recorrido como Arruabarrena o Ibarra. Por supuesto sin el gran Román, pero es una medida que Schelotto, miembro importante de aquel equipo, ha adaptado en este Boca finalista.</p>
<h2 style="text-align: justify;">SCHELOTTO RECURRE AL PASADO</h2>
<p style="text-align: justify;">El medio campo campeón de Boca en 2016, en el que Gago y Bentancur tuvieron un papel predominante, dejó paso a una estructura que ha definido el juego equipo en la actualidad, formada -también por las exigencias derivadas de los problemas físicos de Fernando Gago- por un medio armado con Wilmar Barrios, inamovible en la posición de ‘5’, y Pablo Pérez y Naitán Nández como escuderos. No se descubre América: es un claro regreso al pasado, concretamente a ese inicio de la década de los 2000 que cambió la historia de Boca Juniors. Piernas para apretar en medio campo y robar y encuentros realmente incómodos para los rivales. Es importante dar mucha importancia a este escenario para poder hablar del recorrido del proyecto de Guillermo Barros Schelotto, ya que algunas de las piezas más importantes del equipo serían poco viables en otro contexto.</p>
<p style="text-align: justify;">El nombre quizás más representativo es el del colombiano Wilmar Barrios, el mediocentro inamovible para ‘el mellizo’. Ni siquiera el ‘industrial’ equipo liderado por Juan Román Riquelme construyó sus ataques bajo un pivote con tan poca creatividad y rango de pase. Ya se ha expuesto que Battaglia, con sus limitaciones, fue un centrocampista capaz de dar dirección a las circulaciones de Boca, mientras que en la Copa Libertadores vencida por el equipo en 2007 tras el regreso de Román, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/05/analisis-trayectoria-ever-banega-valencia-sevilla-argentina-messi/">el director de orquesta fue Banega</a>, un futbolista que al menos desde la conservación de la pelota generaba escenarios radicalmente distintos para el equipo.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Wilmar Barrios es un centrocampista de perfil concreto que marca el juego de Boca Juniors: poco acertado en la distribución pero un auténtico motor en la recuperación y ayudas defensivas</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Sirva un dato para resumir el juego de Barrios: en esta edición de la Copa Libertadores, su porcentaje de acierto en el pase es del 68%. Hablamos del jugador que ve el juego de cara, que retrasa su posición para encontrar la recepción cerca de los centrales y que por tanto, más se aleja por lo general de la presión del rival. Sin embargo ha conseguido hacerse indiscutible para Schelotto, y se hace prácticamente imposible entender la presencia de Boca en la final si él no hubiera sido titular. Lo cierto es que Barrios encaja en la idiosincrasia del club, la que permitió a Bianchi ganar tres Copas Libertadores: representa algo en lo que creen sus hinchas. El colombiano es un auténtico pulmón, llega a las coberturas defensivas con una facilidad pasmosa y gana duelos individuales con mucha facilidad. Para rodearle, Schelotto tomó la decisión de apostar de forma regular por Pablo Pérez y Naitán Nández. el segundo con algo más de vuelo y el primero con un punto superior en cuanto a técnica para, al menos, conservar la pelota, pero en cualquier caso jugadores que no agilizan los ataques desde su participación.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos tres nombres y un aumento de nivel en el centro de la zaga con la llegada de Carlos Izquierdoz, un defensa central que tras abandonar el fútbol mexicano se ha asentado en las alineaciones de Schelotto, puede explicar la mejora competitiva de Boca Juniors en los escenarios más exigentes. Izquierdoz, además de experiencia, ha compensado un movimiento del dinámico Barrios, ya que el zaguero tiene una gran lectura para acompañar el apoyo del punta rival a la espalda del colombiano, así que ha hecho de ‘pegamento’ si Barrios salía a robar o a hacer una ayuda cerca de la cal, algo habitual en su juego.</p>
<p style="text-align: justify;">Definido este escenario, hay que destacar cómo ha conseguido Schelotto compensarlo, sacrificando para ello a quizás los dos futbolistas con más calidad técnica de la plantilla: Edwin Cardona y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/07/carlos-tevez-regreso-boca-juniors/">Carlos Tévez</a>. Ese 68% de acierto en el pase de Wilmar Barrios y el hecho de que Nández y Pérez, a nivel de ritmo para mover la pelota, no ayudaba a que el equipo desbordase al rival, se completaba además con la certeza de que Cardona y Tévez no suponían una marcha superior en el último tercio. A Boca le quedaba echar la pelota a un costado y que Pavón, muchas veces en desventaja de dos o tres para uno, generase el desequilibrio.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Juntar a Nández, Pérez, Barrios, Tévez y Cardona espesaba mucho el ataque de Boca Juniors</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Así que Boca ha acabado derivando en un equipo que espera la progresión del rival, aprovecha su gran capacidad de robo en medio campo, y después ataca espacios abiertos utilizando a tres elementos capaces de hacer daño en ese escenario, incluso si, como es el caso de Pavón y Villa, tienen que arrancar la carrera desde muy atrás, ya que están obligados a llegar en defensa a la altura de los tres medios para que estos no tengan que despegarse demasiado haciendo ayudas en bandas. Ahí, con la presencia de Ábila, un delantero centro de brega que es capaz de anticipar a centrales y ganar ese tiempo clave para que sus compañeros corran, los dos extremos de Boca consiguen intimidar con transiciones rápidas y verticales, escenario que presumiblemente se buscará frente a River Plate, ya que limita los riesgos con balón, cuestión importante teniendo en cuenta los problemas de construcción que muestra el equipo de Schelotto.</p>
<p style="text-align: justify;">El plan A parece, por tanto, definido, y es para cambiar de discurso, sobre todo ante una situación límite en la que el rival obligue a atacar espacios reducidos, donde el equipo xeneize encuentra soluciones en el banquillo que pueden marcar la diferencia. Por supuesto, gracias a la figura de Benedetto, el gran héroe de las semifinales, si es que finalmente no llega a ser titular, un delantero con gran tacto para finalizar pero también para jugar fuera del área. Un perfil diferente al de Ábila que además ya se ha ganado su espacio en la historia de Boca Juniors en la Copa Libertadores, cuestión decisiva llegados a este punto. A la figura de Benedetto es incuestionable sumar las de Cardona y Tévez, ases en la manga bajo esa posible exigencia.</p>
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