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	<title>Ecos del Balón &#187; Howard Kendall</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>Anfield y la transición silenciosa (I)</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Dec 2016 03:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[No hay muchos hombres en el mundo del fútbol que estén viviendo un desafío como el que ha asumido Jürgen Klopp. El Liverpool FC busca desesperadamente poner fin a la racha de 26 temporadas sin ganar el título liguero inglés y el entrenador alemán aceptó el reto, la nómina -asumimos que generosa- y los dolores [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">No hay muchos hombres en el mundo del fútbol que estén <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/10/jurgen-klopp-nuevo-entrenador-liverpool-relevo-brendan-rodgers/">viviendo un desafío</a> como el que ha asumido Jürgen Klopp. El Liverpool FC busca desesperadamente poner fin a la racha de 26 temporadas sin ganar el título liguero inglés y el entrenador<span id="more-222732"></span> alemán aceptó el reto, la nómina -asumimos que generosa- y los dolores de cabeza resultantes de tratar de poner orden en un barco que hace tiempo perdió el rumbo. Ni siquiera con Rafa Benítez, quien añadió una histórica Copa de Europa a las vitrinas de Anfield, estuvo el club cercano a retomar las aguas que surcó durante más de veinte años, cuando era la entidad más exitosa del mundo. Ni que decir tiene que Klopp, además, lo está intentando con un estilo que encanta a la parroquia <i>red</i>, con personalidad, juego atacante e intentando <i>pasar la pelota</i>, algo que en Anfield Road siempre ha sido un mantra, pero que no se veía a menudo desde los tiempos en que <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8Ta9HXhU7II">Roy Evans</a>, el último miembro de la tradición del <i>«Boot Room»</i>, estaba al mando del equipo. </p>
<p style="text-align: justify">Devolver el título de campeón inglés al Liverpool Football Club es una obsesión, pero es en realidad, una vez ahí, cuando el proyecto a largo plazo comienza. Controlar la transición entre jugadores, entre plantillas ganadoras, ha sido siempre un arte, perdido ahora, en la parte roja de la ciudad de los Beatles. Introducir nuevos elementos sin que se note, la clave de la época más exitosa de la entidad. Evolución constante de hombres -y nombres- sin la sensación de estar viviéndola. Un arte que empezó en una final de copa y que terminó en una rueda de prensa.</p>
<h3>El paso de amigo a jefe</h3>
<p><i>«Tenía que irme. La alternativa era volverme loco […] Incluso si hubiéramos ganado 4-0 habría dimitido al día siguiente. Podía mantener mi trabajo o mi salud mental, nunca los dos. Tenía que irme»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Las angustiadas palabras de Kenny Dalglish explicando lo que pasaba por su cabeza cuando <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=K2K4U6W1goc">dimitió en febrero de 1991</a>, con su equipo primero en la clasificación, dejan entrever no solo el estrés al que un entrenador se somete día a día, sino también la particular situación que vivía en el Liverpool. Dalglish había tomado el mando del equipo tras la retirada de Joe Fagan, y lideró exitosamente uno de los períodos más turbulentos de la historia del Liverpool. No sólo vivió en primera persona los desastres de Heysel y Hillsborough, sino que también fue actor protagonista en el proceso de cambio del fútbol inglés. Dalglish sentía que el Liverpool estaba perdiendo poco a poco, casi imperceptiblemente, no solo la hegemonía en las Islas sino también el tren del fútbol moderno. El dinero empezaba a escasear, el organigrama del club estaba quedándose obsoleto, y los jugadores más importantes se hacían mayores mientras la imposibilidad de sustituirlos con hombres a su altura se hacía cada vez más patente. Y para todo la respuesta era Dalglish, para todas las responsabilidades, para dar la cara ante la prensa, para convencer a los jugadores de fichar por el equipo y no por los renacidos Manchester United, Arsenal e incluso Leeds o Aston Villa. La <a target="_blank" href ="https://en.wikipedia.org/wiki/Foundation_of_the_Premier_League">Premier aparecía en el horizonte</a>, y la vuelta del fútbol europeo -del que el club había estado alejado desde la final de Heysel- también. Y esos partidos contra el Everton, encuentros locos, con muchos goles, con errores groseros por parte de jugadores que no daban la talla, con veteranos arrastrándose o intentando dar la cara como buenamente podían, colmaron el vaso de un Dalglish que llevaba un lustro siendo el chico para todo -jugador, entrenador, manager, incluso todo a la vez durante varios años- y al que la liderar una nueva transición se le hizo demasiado.</p>
<p style="text-align: justify">Nadie esperaba que <i>«King Kenny»</i>, como ya era apodado en todo el fútbol británico, arrancase su carrera como entrenador con semejante éxito. Había asumido la posición a los 34 años, tomando el relevo de un Joe Fagan al que el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=v50STmvf1AQ">episodio de Heysel</a> empujó al retiro, pero sin renunciar a vestirse de corto. Dalglish era jugador-entrenador, un cargo no tan raro en el fútbol inglés. Pero su caso era especial, ya que al contrario de la mayoría de casos, el escocés seguía siendo uno de los mejores jugadores del fútbol inglés. Muchas veces el giro táctico que cambiaba partidos drásticamente consistía, básicamente, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=fFNxm0Dbxdg">en ponerse a sí mismo</a>. Su pareja de ataque con Ian Rush seguía sin tener rival y, Dalglish prolongó su carrera varios años con esta fórmula. </p>
<h3>El capitán entre la tempestad</h3>
<p style="text-align: justify"><i>Grobbelaar; Nicol, Hansen, Lawrenson, Beglin; Johnston, Molby, McMahon, Whelan; Dalglish, Rush.</i></p>
<p style="text-align: justify">Obviamente Dalglish había jugado con todos ellos y él mismo reconoce que, aún recibiendo la ayuda de Bob Paisley, tuvo que reestructurar todas sus interacciones en el vestuario. Más aún cuando en plantilla todavía estaban grandes veteranos como Phil Neal o Phil Thompson -que habían llegado al club antes incluso que él- o Alan Kennedy y Sammy Lee, compañeros de fatigas por todo el mundo. El equipo estaba en plena transición y los seis años de sanción por Heysel no iban a ayudar. Afortunadamente para el escocés, en la defensa la renovación había ocurrido sin prisa pero sin pausa durante el mandato de Fagan, con lo que él se centró en dar simples retoques al conjunto. Flojea el lateral izquierdo y la zona derecha del centro del campo. Y también era hora de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=LB2nwwFgZy4">encontrar un nuevo Dalglish</a>, un nuevo Keegan, la figura capaz de focalizar el ataque Red con sus movimientos y su creatividad. Rush no lo era: él se dedicaba a marcar goles, necesitaba ese suministrador. Encontrar a un jugador de ese tipo nunca es fácil, así que no podemos ni imaginar la hercúlea tarea de que ese jugador al que tienes que encontrar tenga que sustituirte a ti mismo. Dalglish también variará por primera vez en casi 20 años los roles creados por Bill Shankly y en los que el club iba simplemente añadiendo, quitando, intercambiando jugadores. Esos jugadores aportaban su propio estilo o personalidad, pero el rol principal era fijo y para triunfar en Anfield, esos jugadores debían adaptarse como la plastilina de los niños. Ser una estrellita si el molde quiere que seas una estrellita, ser un cubo si el molde quiere que seas un cubo. Ahí estaba la mayor herencia de Shankly. Bien, pues Dalglish añadió un nuevo molde usando muchas veces a Jan Molby, el gran centrocampista danés, como líbero.</p>
<blockquote><p>Poco a poco, el Manchester United iría recuperando su sitio para opositar la liderazgo del Liverpool.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Mientras el equipo y Dalglish se adaptaban el uno al otro, el Manchester United de Ron Atkinson volaba. Empezaron la liga <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jy6xly3yL6c">con diez victorias</a> en diez partidos y parecían imparables. Los <i>«Diablos Rojos»</i> llevaban casi 20 años sin ganar el título, y Big Ron, tras un lustro de trabajo, había ensamblado un magnífico conjunto. Paul McGrath era la roca que lideraba la defensa y el talento en el centro del campo lo ponía la combinación de Gordon Strachan, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ZBilBa5n2wY">Bryan Robson</a>, Norman Whiteside y Jesper Olsen. Arriba, la dinamita corría a cargo de Mark Hughes acompañado de Frank Stapleton. Por un momento, parecía que la hegemonía del Liverpool había terminado. Dalglish tenía problemas para ponerse a sí mismo en el equipo, más preocupado de ser una figura de liderazgo en el banquillo. Y el equipo todavía echaba de menos la energía de un Graeme Souness que se había ido a jugar a la Sampdoria tras ganar la Copa de Europa en el 84. El descabezado Liverpool comenzó a reaccionar cuando Dalglish asumió que su sitio todavía estaba en el terreno de juego. El entrenador comenzó a jugar más y más minutos, sus números ya no impresionaban como antaño, pero su presencia y su inteligencia fueron decisivas en el despegar del equipo. Y sobre todo Ian Rush le recibió con los brazos abiertos. Conforme el Liverpool crecía, el United se desinflaba -tan flagrantemente que será el último año de Atkinson antes de que un tal Alex Ferguson tomase el mando-, y a finales de mayo, increíblemente, los <i>reds</i> volvían a ganar la liga, precisamente con <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=_jgvs9GlsGU">un gol de Dalglish</a> en Stamford Bridge. No contentos con esto, disputaron en Wembley una de las finales de Copa más especiales que se recuerdan: un Liverpool-Everton que hizo las delicias de todos los aficionados. </p>
<p style="text-align: justify">El <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=kVnVI2xov5g">Everton de Howard Kendall</a> venía creciendo exponencialmente a mediados de los 80. Ya habían ganado la copa en 1984, y la liga y la Recopa en 1985. Contaban con un grupo de jugadores muy fuerte, comandados en ambas áreas por Neville Southall y Gary Lineker. Y eran favoritos en <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=EXUTR1OWsgE">aquella final</a> all-Scouser. Lineker no faltó a su cita con el gol -idilio que venía durando todo el año y se prolongaría en el Mundial de Mexico- pero tampoco lo hizo Ian Rush, que marcó dos goles -completado por un tercero de Johnston-, para dar el doblete al Liverpool. Y acto seguido voló a emprender la aventura italiana en la Juventus.</p>
<h3>Cambiar para mantenerse</h3>
<p style="text-align: justify"><i>Grobbelaar; Nicol, Hansen, Gillespie, Abblett; Houghton, McMahon, Molby, Barnes; Bearsley y Aldridge</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Sin Rush, Dalglish vivió momentos difíciles al año siguiente, y el Liverpool se quedó con las manos vacías por tercera vez en quince años. Con el galés en la Serie A y él mismo rozando los 36 años, estaba bastante claro que Dalglish tenía que reconstruir el ataque, así que afrontó su primera transición al mando del equipo. Firmó a John Aldridge a mitad de temporada, y en verano del 87 se trajo al escurridizo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=yLdRuLZNvgg">Peter Beardsley</a>, del Newcastle, y a John Barnes, del Watford. No pudo haberlo hecho mejor el escocés. Acertó de pleno con los tres fichajes y, con la defensa renovada por Fagan más su ataque, podía planificar los retoques con tranquilidad. El Liverpool no va a perder en liga hasta marzo, marcando goles sin dificultad y apenas encajando una docena. La combinación de los tres fichajes causa sensación y Rambo -el valiente Aldridge-, Sambo -el no muy correcto apodo de Barnes- y Quasimodo -el poco agraciado Beardsley-, dominan el campeonato. </p>
<p style="text-align: justify">El pequeño Peter se mueve por todo el ataque, regatea con facilidad y es el perfecto sustituto para el rol que Dalglish había desempeñado desde su llegada. Aldridge hace olvidar a Rush, ya que es mortífero en balones al espacio, como el galés, pero también fortísimo en el aire. Y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=R2Zpf6lPb6Y">Barnes se convierte</a> en el mejor jugador de Inglaterra. Partiendo desde la banda izquierda se convierte en la fuente de inspiración de un Liverpool que honra al passing game instaurado por Shankly y perfeccionado por Paisley. Barnes regatea, crea, asiste y marca goles y, en definitiva, asume el manto de <i>«King Kenny»</i>, como gran figura del club. Este era un equipo diferente a cualquier otro: más ofensivo que el de Fagan, más vertical que el de Paisley y con más talento individual que el de Shankly. La cúspide de este equipo es la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jy-uQT3AqyI">goleada por 5-0</a> ante el Forest de Brian Clough -que terminaría tercero en la liga-. El único revés del año viene con una sorprendente derrota en la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=U9Kk3C_8sEE">final de la FA Cup</a> ante el Wimbledon de Vinnie Jones y Dennis Wise, auténticos representantes del fútbol <i>kinki</i>. Volaba el segundo doblete.</p>
<p style="text-align: justify">El cuarto año de Dalglish estuvo marcado por el regreso del hijo pródigo, Ian Rush retornó tras su experiencia italiana, y el entrenador tuvo que lidiar con la presencia del galés junto al irlandés Aldridge. Fue un año lleno de emociones, no todas buenas. La tensión entre Rush y Aldridge acabaría con el irlandés abandonando el equipo y firmando por la Real Sociedad. Además, en las semifinales de copa contra el Forest, se produce la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=0yIAGkOpzSk">tragedia de Hillsborough</a>, donde 96 seguidores del Liverpool perderán la vida. Este es un incidente que estará presente en el día a día del club hasta la actualidad y en el que Dalglish se involucró personalmente, añadiendo aún más tensión nerviosa a una situación personal que, como ya hemos visto, no era más que un caldo de cultivo perfecto para lo que pasó en 1991. Para culminar esta extraña temporada, el Liverpool perdió la liga en la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=0yIAGkOpzSk">última jornada contra el Arsenal</a>. No fue un desenlace común tampoco, ya que ambos equipos se enfrentaron en Anfield, con los londinenses necesitando ganar por dos goles para proclamarse campeones. Nadie daba un duro por ellos, pero los de George Graham -un equipo en alza que ganaría bastantes títulos- dieron la sorpresa.</p>
<blockquote><p>Cuando Dalglish estalló no hubo vuelta atrás. Sería el momento de Graeme Souness, el principio dle fin.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><i>Grobbelaar; Nicol, Hansen, Gillespie, Staunton; Houghton, McMahon, Molby, Barnes; Bearsley y Rush.</i> </p>
<p style="text-align: justify">Dalglish seguía tocando piezas aquí y allí, incorporando algunos jóvenes valiosos que no acababa de cuajar y sus principales jugadores iban ganando años. Especialmente en el caso de Steve Nicol y Alan Hansen, así como Houghton o McMahon. Pero en ese año 89-90 el equipo se recuperó de las tragedias y sinsabores del año anterior. Fue el canto de cisne, que se selló al final de temporada, con el título de liga número 18 y con Kenny votado Manager del Año por tercera vez en cinco temporadas. Lo que siguió ya lo contamos: toda la tensión acumulada durante ese lustro de locos alcanzó a Dalglish, que hizo lo posible por desaparecer. Él mismo reconoció que fue demasiado radical, que solo necesitaba un descanso, pero que cuando quiso volver se <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=trDP0RZSX9E">encontró a Graeme Souness</a>, su viejo compinche, un tipo de una personalidad completamente opuesta a la suya, sentado en el banquillo de Anfield. Dispuesto a comenzar una transición que Kenny no había tenido fuerzas para iniciar y que jamás se completaría para bien. Era el principio del fin para el modelo de Bill Shankly.</p>
<h3>Llegaron para quedarse</h3>
<p style="text-align: justify"><i>Lawrence; Lawler, Byrne, Strong, Yeats; Stevenson, Smith, Callaghan, Thompson; Hunt y St. John</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Esos son los jugadores que confirmaron la vuelta del Liverpool a la élite. Para quedarse. Los once hombres de rojo que derrotaron al Leeds United de Don Revie en la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=u59t5QpcoMk">final de la FA Cup de 1965</a>. El cabezazo de Ian St. John selló el triunfo, pero la imagen es la de Gerry Byrne jugando 80 minutos con una clavícula rota y siendo uno de los destacados del equipo de Bill Shankly, ante un Leeds que traía una trayectoria muy parecida a la suya. Habían ascendido el año anterior y ya en este primer año en la élite, con unos sellos de identidad que los harían famosos, fueron subcampeones de liga y de copa. En la liga, había aparecido un <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=C_peTI2dbnk"><i>genio norirlandés</i></a> en Manchester, y los de Matt Busby fueron mejores que el Leeds, tomando el relevo del Liverpool, que la había ganado el año anterior, apenas dos temporadas después de ascender de Segunda. Porque ahí recogió Bill Shankly al Liverpool, en la segunda división del fútbol inglés, con unas instalaciones en ruínas y sin apenas dinero. Y hasta aquí, recibiendo la FA Cup por primera vez en la historia del club, los había traído. </p>
<p style="text-align: justify">Esos once hombres son la base sobre la que comienza el sistema de transiciones que hará del Liverpool el club de referencia en los próximos 25 años. Recuerden sus nombres. La gran mayoría provenientes de los Reservas, donde sí había calidad cuando el entrenador llegó -al contrario que el primer equipo, que languidecía lejos de la élite-. Shankly limpió el equipo de jugadores veteranos o mediocres, ahorró dinero, firmó al enorme defensor Ron Yeats y al habilidoso delantero Ian St. John, subió chavales jóvenes y asaltó primero el título de Segunda y luego el de Primera.  La vieja Football League -y estamos hablando hasta la llegada de la Premier- permitía que un campeón de Segunda pudiese afrontar su primera temporada en la máxima categoría con ciertas aspiraciones de hacer algo más que mantenerse. Por reglas, por sueldos, por igualdad, es algo que no se verá ya nunca más. Y ya con estos hombres viajó por Europa, llevándose sus primeras decepciones, como aquella polémica semifinal contra el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=_eFNtCN6AqM">todopoderoso Inter</a> o, un par de años más tarde <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=EfnjmeuUiCg">contra un Ajax</a> en el que ya despuntaban los jóvenes Cruyff y Keizer, y que dan a los <i>reds</i> un tantarantán interesante.</p>
<blockquote><p>Shankly instauró un modelo reconocible a todos los niveles: estructural, deportivo y futbolístico.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Shankly no fue solo exitoso desde el inicio. Quería ser competitivo pero no a cualquier costa. Quería serlo y ser reconocible, instauró un estilo de juego alejado del <i>«kick and rush»</i>, más cercano al <i>«push and run»</i> del Tottenham campeón del doblete en 1961. El equipo era muy físico, con carácter, racial en muchos de sus elementos, pero también técnico y con gusto por el fútbol jugado a ras de suelo. Una de las contribuciones más importantes del técnico escocés fue no solo crear una cultura del club sino también un entramado táctico sobre el que trabajar a largo plazo. Shankly creo los moldes, los roles ideales sobre los que organizar su juego. Y el equipo evolucionó desde ahí. Portero heterodoxo, laterales muy largos -que estaban muy de moda gracias a la selección brasileña-, un central muy potente y el otro con capacidad para mover la pelota, dos centrocampistas centrales con un gran despliegue físico -uno de ellos más estático y el otro más llegador-, en las bandas un extremo más clásico y un interior con capacidad para jugar por dentro, y en el ataque un delantero rápido y habilidoso y uno con presencia física, un cazagoles. Esos son los carnets de identidad del equipo del Liverpool en 1965, en 1977, en 1984 y en 1990. Con Shankly y sin Shankly.</p>
<p style="text-align: justify">Pero el escocés, a pesar de todo esto, tampoco era perfecto. De hecho, tras haber creado el sistema, cometió el error de aferrarse a este grupo de jugadores. El Liverpool gana la liga de nuevo en el 66, y llega a la final de la Recopa ese mismo año, aunque la pierde contra el Borussia Dortmund. El equipo sigue siendo regular, pero envejece y no vuelve a ganar el campeonato durante esa década. Además, vivimos una época de oro para los clubes ingleses, con bastantes equipos destacados y destacables, muchos de los cuales practican un fútbol de alto nivel. El renacido Manchester United de Matt Busby es un gran ejemplo, pero también el fútbol técnico del Tottenham de Jimmy Greaves y Dave McKay, y de la Academia del West Ham con Bobby Mooren, Martin Peters y Geoff Hurst. Emerge el poderoso <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=EfnjmeuUiCg">Leeds de Don Revie</a>, que creará una plantilla larga y llena de internacionales, lo cual le permitirá rotar y no verse afectado por las sanciones y lesiones. Revie crea el primer <i>superclub</i> inglés en ese aspecto. Y no debemos olvidarnos del brillante <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/10/historia-legado-malcolm-allison-entrenador-manchester-city-joe-mercer/">Manchester City de Joe Mercer y Malcolm Allison</a>, con Colin Bell, Francis Lee y Mike Summerbee como trío estrella. </p>
<p style="text-align: justify">Es en 1970, tras ser eliminado de la copa por el Watford, cuando Shankly entiende la inevitabilidad del cambio y que nuevos mimbres tenían que llegar para que el Liverpool siguiese arriba. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=WIzFeICl4gQ">Emlyn Hughes</a> llega a finales de los 60 y será un éxito total. Un lateral izquierdo infatigable, que se propone en ataque continuamente y tiene un buen disparo. Además, va al choque como pocos. Será capitán y referencia del club durante más de diez años. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8pQr5ASTrZU">Ray Clemence</a> se hará con el puesto en la portería. Ágil y valiente, prototipo de portero reactivo, siempre sin guantes. Larry Lloyd será la roca en la defensa, el nuevo Ron Yeats. John Toshack, la torre en ataque. Steve Heighway hará suya la banda izquierda de Anfield. Y por último, un ratonil atacante que llega del Scunthorpe, y al que su ambición y capacidad de trabajo le convertirán en leyenda. El primer futbolista británico que vivirá como una auténtica super estrella, el hombre que hizo explotar el dinero para el profesional inglés: <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8NtyDsd3WB4">Kevin Keegan</a>. El duro Tommy Smith e Ian Callaghan, el cerebro del mediocampo, sobrevivirían a sus compañeros de quinta y seguirían siendo clave hasta bien entrados los 70. Shankly había comenzado la transición de una manera más abrupta de lo que sería ideal, pero esta ya nunca pararía. Cuenta Keegan que la manera en que Shankly los motivaba era clave en las mejores actuaciones del equipo. Una anécdota muy conocida es que el técnico dijo a Keegan, justo antes de jugar por primera vez ante Bobby Moore, que el famoso central inglés había estado bebiendo la noche anterior y estaba de resaca. Confiado ante las malas condiciones del capitán de Inglaterra, el joven Keegan dio una exhibición. <i>«Bobby Moore no bebe. Y tú no vas a jugar contra nadie mejor que él»</i>, fueron sus palabras posteriores al partido. Había convencido a Keegan de que podía dominar a cualquier defensor del mundo.</p>
<h3>Los 70 empezaron en el 73</h3>
<p style="text-align: justify">Clemence; Lawler, Lloyd, Hughes, Lindsay; Smith, Cormack, Callaghan, Heighway; Keegan y Toshack. </p>
<p style="text-align: justify">Este equipo tardó un año en arrancar, pero sería tremendamente exitoso. Ya en 1973 <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=JIq9jGbzDi4 ">volvía a caer</a> el título de liga y, aún más importante para Shankly, el primer entorchado europeo. El Liverpool derrotaba en la final de la Copa de la UEFA al brillante Borussia Moenchengladbach alemán, que había arrasado en su camino a la final, incluyendo nueve goles al Aberdeen, cinco al Colonia, cinco al Twente y otros nueve al Kaiserslautern. No sin sufrimiento para los rojos, ya que a una sólida victoria local en Anfield <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Yp9mtHTiME4 ">por 3-0</a> -merced a un doblete del inevitable Keegan y a un tercer gol de Larry Lloyd-, respondió en Bökelberg el Borussia con un 2-0 -cortesía de Jupp Heynckes- que se quedó corto, pero metió el miedo en el cuerpo al cuadro inglés. La táctica de incluír a Emlyn Hughes en el centro del campo para marcar a Netzer no fue del todo exitosa, pero al final del partido, el Liverpool se convertía en el primer equipo inglés en ganar la liga y un torneo continental en el mismo año.</p>
<p style="text-align: justify">La temporada 73-74 sería una de las más decisivas de la historia del Liverpool. Comenzó con el equipo aspirando por méritos propios a la Copa de Europa. El reinado del Ajax llegaba a su fin y el conjunto inglés era uno de los favoritos para suceder a los holandeses. Ni que decir tiene que la Orejona era el gran objetivo de Shankly. Pero la máxima competición continental, implacable como siempre, le fue esquiva al técnico escocés. El Liverpool fue emparejado con el Estrella Roja de Belgrado, equipo entrenado por Miljan Miljanic, quien tenía fama de ser uno de los mejores y más innovadores técnicos europeos. En la ida, jugada en octubre del 73, el Liverpool sucumbió ante los yugoslavos en el Pequeño Maracaná de Belgrado. El resultado fue un 2-1 que no disgustó a Shankly, ya que estaba convencido de que se remontaría en Anfield. Miljanic planteó en Anfield un partido basado en <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=q7wYwXWjtqQ">la retención de la posesión</a>, amparándose en la gran capacidad técnica de sus jugadores y en sus destacadas dotes físicas.  Ciertamente Shankly no se esperaba este escenario, y durante buena parte del partido el equipo inglés se vio superado y a merced de un conjunto que contaba con jugadores como Stanislav Karasi, Vladislav Bogicevic, Jovan Acimovic y el joven fenómeno <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oyig2qPi2bo">Vladimir Petrovic</a>, todos grandes pasadores de la pelota. Además, como casi todos los conjuntos del Este, contaba con excepcionales tiradores, un concepto muy valorado en Inglaterra. Los efectos, la manera de golpear la pelota, la precisión que mostraron en esa tarde jugadores como Vojin Lazarevic o Slobodan Stankovic maravillaron al público de las Islas. Pero, a pesar del arreón final que permitió al Liverpool recortar distancias, los yugoslavos, con sus dos tantos iniciales, pusieron la eliminatoria muy lejos del alcance de los chicos de <i>Shanks</i>. </p>
<p style="text-align: justify">En el velatorio que era el <i>«Boot Room»</i> en el post-partido fue donde Shankly, acompañado de unas cervezas y sus inseparables Bob Paisley, Joe Fagan y Ronnie Moran, descubrió la importancia de la posesión como método para controlar los partidos. El Liverpool ya no sería nunca el mismo. Shankly vivió el resto de la temporada obsesionado con el concepto, y muchas de las bajas que planteó eran basadas en la capacidad o no de cierto jugador para dominar la pelota y pasarla con precisión. El primero en caer fue el tosco Larry Lloyd, quien obviamente no era Bogicevic, y eso fue más que suficiente para Shankly. Lloyd volvería a la gran escena europea con el Nottingham Forest de Brian Clough en apenas un lustro. ¡Y de qué manera!</p>
<blockquote><p>La posesión del balón comenzó a ser clave en la configuración táctica del Liverpool.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Tras la lección aprendida de los yugoslavos, el Liverpool continuó la temporada buscándose a sí mismo, y no se encontró particulamente cómodo en la liga, mientras el Leeds United batía records y ganaba el segundo título con Don Revie. Pero alcanzó la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=V3uH9lJJJ_Q">final de copa</a> ante un Newcastle que llegó crecidísimo, con un Malcolm McDonald en estado de gracia y que tuvo palabras muy soberbias antes del partido. McDonald era la nueva estrella atacante del fútbol inglés, un delantero con movilidad y potente remate, un rebelde al mejor estilo de los años 70 británicos, un pequeño bocazas. Pero las Urracas no sabían lo que se les venía encima. Durante 90 minutos el baño fue casi embarazoso para la gente que acudió al estadio. Un dominio total y absoluto por parte del Liverpool y de Keevin Keegan, que mostraron su nuevo y <i>continentalizado</i> estilo. El 3-0 no dejó lugar a las dudas. Otro título a la vitrina. Pero el gran hombre estaba cansado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">_<br />
Próxima entrega:<br />
31-12-2016: Anfield y la transición silenciosa (II)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right">Foto: Aubrey Hart/Evening Standard/Getty Images</p>
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		<title>Estilo Athletic Club de Bilbao</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Jan 2014 02:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Miguel Quintana]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span class="dropcap">D</span>ecía Andoni Goikoetxea que para poder decidir hacia donde debe ir el Athletic Club de Bilbao primero hay que saber de dónde viene. Seguramente <a target="_blank" href ="http://www.eldesmarquebizkaia.com/athletic-club/30560-libro-rivas-">esta reflexión</a> sería igual de certera si cambiáramos el nombre del club por el de<span id="more-105121"></span> cualquier otro, pero no son tantos los casos en los que cumplir esta premisa es necesaria e imprescindible. El Athletic es una institución con una identidad muy arraigada, una personalidad muy fuerte, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/02/ultimo-derbi-athletic-bilbao-real-sociedad-san-mames/">un entorno genuino</a> y una historia de la que continuamente se retroalimenta. Causa o consecuencia de ello, probablemente un poco de ambas, el estilo de juego no es un asunto baladí en Bilbao. Los debates son recurrentes, las comparaciones odiosas y los falsos mitos abundan, por lo que para mirar al espejo del pasado hemos conversado con Eduardo Rodrigálvarez y Jon Rivas, dos de los periodistas que más y mejor han contribuido a retratar <i>“de dónde viene”</i> el club bilbaíno.</p>
<blockquote><p>La influencia británica marcó los inicios del Athletic Club en todos los sentidos posibles.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;"><i>“El estilo del Athletic hay que entenderlo por la actitud, por el coraje, por la entrega… Esto es lo que tiene que permanecer, independientemente de que juegue <a target="_blank" href ="http://www.bdfutbol.com/j/j3804.html">Txetxu Rojo</a> o Ramón Senarriaga”</i>, arrancaba Rodrigálvarez. Estableciendo esta filosofía como una cuestión innegociable sea cual sea el tipo de fútbol que se practique, no resulta complicado relacionarla con la idea de juego que marcó los primeros años del club: el <i>“kick and rush”</i>. Importado desde Inglaterra como las camisetas rojiblancas que <a target="_blank" href ="http://www.miathletic.com/wiki/athletic%3a_el_titanic_y_la_zamarra">Juan Elorduy</a> compró un día en Southampton, el tradicional estilo británico fue la obvia consecuencia de que, como en la mayoría de clubes españoles, los primeros entrenadores fueran ex-jugadores de la pionera First Division.</p>
<p style="text-align: justify;"><i>“En los años 20 o en los años 30 en Bilbao se jugaba con mucho barro y en Madrid, por ejemplo, se jugaba con un campo durísimo donde la pelota botaba muchísimo, lo que por supuesto condicionaba la forma de jugar de cada equipo”</i>, apunta Jon como un factor a tener muy en cuenta. <a target="_blank" href ="http://www.canalathletic.com/noticias/2009-04-26/mimbres-mister-barnes-20090426.html">William Barnes</a> (1914-1916, 1920-1921) aprovechó esta circunstancia<span class="pullquote_right">Con su forma de ser, Pentland se convirtió en un ejemplo a seguir en los años venideros</span> para acabar con el <i>“passing game”</i> escocés reinante durante los años de autogestión de los jugadores, cambió los métodos de trabajo e instauró <i>“el juego rápido y de pases largos, llevando el balón de ala a ala y con chutadores rápidos en el centro”</i>. Con esta idea, el Athletic ganó las tres Copas del Rey que disputó dirigido por el técnico londinense, incrementando la cifra a los ocho títulos y potenciando esa relación tan especial que aún mantiene con la competición. Sin embargo, el hombre que condujo el club al profesionalismo fue <a target="_blank" href ="http://www.canalathletic.com/noticias/2010-04-25/futbol-segun-pentland-20100425.html">Fred Pentland</a> (1925-1926, 1929-1933), una de las figuras más representativas e importantes de su historia. Cuenta Jon Agiriano que, por entonces, el <i>“kick and rush”</i> de Barnes se había <i>“deformado por la falta de calidad”</i>, ayudando a malinterpretar la verdadera esencia de este estilo. Fue la primera vez que ocurrió, pero desde luego no sería la última en la que, por ejemplo, se confundiría un balón en largo con un <i>“patadón”</i>. Sea como fuere, la influencia de Mr. Pentland fue más allá de mejorar los entrenamientos, la organización del club o las nociones tácticas de sus futbolistas. Fue más allá de ganar <a target="_blank" href ="https://sites.google.com/site/iratzar01/inicio/historia/lascopas/1932">dos Ligas</a> y otras cinco Copas. Fue más allá de ser el <i>“Valdano de la época”</i>, como lo compara Rodrigálvarez por su <i>“intención de trascender”</i> y su propensión a escribir artículos de fútbol en prensa. Mr. Pentland instauró una manera de ser, de hacer y de comportarse. <i>“Cuando se pierde un partido no se debe decir nada. Cuando se gana, menos”</i>, <a target="_blank" href ="http://sinborceguiesnohayfutbol.blogspot.com.es/2013/11/mister-pentland-y-mister-oconnell-los.html">rezaba</a> una de sus frases más recordadas. El Athletic aprendió a ganar con y cómo él.</p>
<blockquote><p>Conforme los años fueron pasando, la identidad del Athletic se reforzó y su estilo evolucionó.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Aunque <i>“El Noticiero Bilbaíno”</i> señalaba en <a target="_blank" href ="https://sites.google.com/site/iratzar01/inicio/historia/lascopas/1932">su crónica</a> de la penúltima Copa de Pentland (1932) que <i>“una vez más la furia vasca venció a la táctica y serenidad catalanas”</i>, lo cierto es que el técnico inglés estaba, en <a target="_blank" href ="http://www.canalathletic.com/noticias/2010-04-25/futbol-segun-pentland-20100425.html">palabras</a> de Agiriano, <i>“obsesionado con la correcta ocupación de los espacios, primero en torno al 2-3-5 y luego con el 2-5-3″</i>. Es decir, su Athletic <span class="pullquote_left">A San Mamés le costó ser capaz de valorar el fútbol distinto al suyo</span> era un equipo trabajado y ordenado según su pizarra, pero por lo que llamaba la atención y recibía elogios era por la convicción, fuerza y garra con la que desplegaba su juego sobre el campo. Los durísimos años que estaban por llegar para toda España y, en especial, para Euskadi, no hizo sino reforzar la ligación emocional entre el público de San Mamés y un estilo de juego que, además de ser exitoso, reafirmaba una identidad guerrera que se encontraba silenciada. Tal era ese sentimiento que a jugadores históricos <a target="_blank" href ="http://www.eldesmarquebizkaia.com/athletic-club/26035-panizo">como Panizo</a>, un adelantado a su época, le costó ganarse al respetable de La Catedral. Así nos lo cuenta Jon Rivas: <i>“La gente estaba acostumbrado a ese juego hasta que en los años 40-50 llegó un jugador llamado Panizo que jugaba distinto, que se daba la vuelta, que pasaba el balón atrás y que combinaba. A la gente de San Mamés no le gustaba demasiado, pero un día vino a jugar <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/cerca-de-dios-historia-san-lorenzo-almagro/">San Lorenzo de Almagro</a>, le dio un baño al Athletic, y la frase que todos repetían al salir del campo era ‘joer, si juegan todos como Panizo’. A partir de ahí comenzaron a apreciar el fútbol distinto”</i>.</p>
<p style="text-align: justify;">En un <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=LxD7S_AZssA">documental de la ETB</a>, Carmelo Cedrún contaba cómo en aquellos años 50 aún intentaban jugar con un balón que potenciase su fortaleza física (en casa, metían el balón de cuero en un barreño de agua para que pesase más; fuera, como el rival siempre estrenaba balones, Cedrún los pinchaba hasta encontrar el más viejo), pero esos factores externos comenzaron<span class="pullquote_right">El Athletic de Clemente recuperó el juego más directo y vertical a través de la intensidad</span> a mejorar. Los balones o los campos siguieron teniendo su relevancia, sólo hay que pensar en Atotxa o San Mamés en la <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=TikIYPuMLxQ">era triunfal</a> del fútbol vasco, pero cada vez se reducían más las diferencias. A su vez, el estilo del Athletic seguía evolucionando. <i>“Hay que tener en cuenta que si el fútbol británico ha cambiado, pues tendrá que cambiar también el Athletic. Por el club han pasado futbolistas de una grandeza absoluta. Ya me dirás qué tiene que ver <a target="_blank" href ="http://harrobi.com/un-jugador-de-muchos-kilates/">Sarabia</a> con el fútbol británico de su época”</i>, reflexionaba Rodrigálvarez. En ese escenario surge Javier Clemente (1981-1986, 1990-1991, 2005-2006), un técnico que aún hoy genera debate tanto dentro como fuera de Bilbao. Etiquetado como muy defensivo por la mayoría y catalogado como ofensivo por Pep Guardiola, se puede decir que para muchos fue el regreso más purista al estilo con el que el Athletic se había convertido en un grande. Este hecho, sumado a que durante casi treinta años de cierta evolución sólo habían conquistado tres Copas, llevó a despertar un sentimiento de nostalgia que perduraría en el tiempo adaptando el recuerdo de ese conjunto al discurso de cada uno. Como contrapeso a esto, Jon Rivas remarcaba la calidad de aquel Athletic: <i>“En los <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=F1fcL_BqRfw">últimos títulos</a> de Clemente jugaban futbolistas como Sarabia, Dani, Argote, Sola… Jugadores que lo que hacían era tocar la pelota. El primer año en que ganó la Liga el Athletic fue el máximo goleador y se veían goleadas todas las semanas. Repasas los partidos de aquella época y ves como Gallego o Urtubi eran unos jugadorazos, lo que pasa es que tenían ese plus de entrega y de esfuerzo que igual no se daba en otros equipos”</i>. Siendo así, la lectura que queda es que el equipo de Clemente no recordaba al de Fred Pentland por su <i>“kick and rush”</i>, sino por su carácter.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces, ¿es posible que se haya malentendido la esencia del estilo del Athletic? Quizás el fútbol vertical, vertiginoso e intenso no era clave porque ganara partidos, sino porque expresaba la indomable actitud del club que ganaba campeonatos. Es cierto que los debates de estilo continuarán y que San Mamés ha tenido siempre una línea muy marcada, la cual al asociativo Jupp Heynckes (1992-1994, 2001-2003) le costó alguna que otra pitada hasta realizar <a target="_blank" href ="http://www.canalathletic.com/noticias/2010-03-13/partido-perfecto-20100313.html"><i>“el partido perfecto”</i></a>, pero también lo es que no ha tenido ningún problema para negociarla. Si el Athletic les representaba con orgullo, dar más o menos pases es secundario. Si el Athletic reafirmaba su identidad con el balón, poco importaba si éste vuela o es raseado.</p>
<blockquote><p>Tras una mala época, Marcelo Bielsa y Ernesto Valverde han vuelto a despertar el orgullo de Bilbao.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">De ahí que entrenadores tan diferentes en las formas como pueden ser <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/06/marcelo-bielsa-abandona-athletic-club-bilbao/">Marcelo Bielsa</a> y Ernesto Valverde no lo parezcan en la práctica. Sus Athletics son emocionales. Pasionales. Ven el fútbol de cara, lo afrontan con intensidad y atacan de forma vertical. Así <span class="pullquote_left">La conexión entre club y ciudad es clave para todos los técnicos</span>despiertan el sentimiento de pertenencia de la gente de Bizkaia. Axel Torres suele <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=RL1qa1izlWY">comentar</a> que, en el estilo de cada equipo, hay un poco de la ciudad que representan, y en el caso de Bilbao es un hecho innegable. El Athletic es el orgullo de su gente, porque el Athletic Club son ellos. <i>“Yo creo que hay muy poca gente que no interiorice el Athletic como una parte fundamental de Bilbao. Hay mucha gente en la ciudad a la que el fútbol no le importa ni lo más mínimo, pero siempre está atento al Athletic. La ciudad es colateral al club y el club es colateral a la ciudad”</i>, considera Eduardo Rodrigálvarez. Precisamente por esto, los técnicos extranjeros que llegan sienten que una parte indispensable de su trabajo es sumergirse en la ciudad. <i>“Pido a los jugadores que pongan el corazón en el juego por el honor de su hermosa tierra, por sus directores, prensa y público, y por el gran juego del foot-ball”</i>, <a target="_blank" href ="http://sinborceguiesnohayfutbol.blogspot.com.es/2013/11/mister-pentland-y-mister-oconnell-los.html">decía</a> Mr. Pentland. Él fue el primer entrenador bilbaíno que no nació en Bilbao, pero no fue el único (Howard Kendall, Jupp Heynckes, Luis Fernández o Marcelo Bielsa) que convirtió la necesidad en virtud.</p>
<p style="text-align: justify;"><i>“Hay mucha inmediatez en el fútbol. La gente recuerda, como mucho, lo que pasó ayer. Pero para ser del Athletic yo creo que hay que conocer la historia y saber qué pasó desde 1898 hasta estos tiempos”</i>, opina Jon recordando la frase de Goikoetxea. En parte, para Rodrigálvarez, recordar y reinterpretar esa historia fue la clave del <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/carpe-diem/">éxito de Bielsa</a>: <i>“Yo creo que Marcelo logró una cosa muy importante que es que les hizo pensar a los jugadores que eran tan terriblemente importantes como para conseguir grandes metas, que era algo que estaba un poco olvidado desde las últimas ligas en los 80″</i>. Les recordó quienes debían ser. O, mejor dicho, quienes eran. Porque el futuro del club, como cada remontada del equipo de Valverde, ya está escrito en los libros de historia. Por eso mismo, Jon Rivas cree muy certera <a target="_blank" href ="http://www.marca.com/2013/06/30/futbol/equipos/athletic/1372626667.html">la nota que dejó</a> Bielsa cuando se marchó, la cual cerraba así: <i>“Finalmente quiero recordar con cariño a los niños de Bizkaia, porque con su ingenuidad transmiten de forma natural lo que significa el sentimiento por el Athletic y garantizan que el vínculo seguirá siendo masivo, duradero e indestructible”</i>. Ése es, ése es el estilo Athletic Club de Bilbao.<br />
 &nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><i>“El Athletic ha ganado muchos partidos por los jugadores, y otros tantos por el club”</i>.<br />
Eduardo Rodrigálvarez.<br />
&nbsp;</p>
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