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	<title>Ecos del Balón &#187; Copa del Mundo 1970</title>
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		<title>«La historia del fútbol»: episodio 43</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Mar 2013 02:50:36 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">E</span>ra el segundo partido de liguilla y la historia todavía parecía algo lejano que estaba por escribir. Sin embargo, aquel Brasil-Inglaterra disputado en Guadalajara en estadio Jalisco iba a pasar a la posteridad.<span id="more-57301"></span> Brasileños e ingleses habían vencido en su debut y parte del nerviosismo por conseguir los puntos se había esfumado. Los sudamericanos vencieron 1-0 con gol de Jairzinho, un tanto que sirvió a la postre para que el extremo lograra la proeza de anotar en todos y cada de uno de los partidos de un Mundial. Pero si algo quedó guardado en la memoria de la gente fue aquella inmensa parada del portero británico, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/jeff-astle-west-brom-albion/"> Gordon Banks</a>, a un gran remate de cabeza de Pelé. La mejor parada de todos los tiempos.</p>
<p><iframe width="460" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/KP8EuQuDfpM" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p style="text-align: justify">Un año después de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/01/francia-brasil-mundial-santos-milan-intercontinental/ "> perder la final de la Copa del Mundo </a> en Francia, Brasil se desquitaba parte del dolor al adjudicarse brillantemente la Copa América disputada en Paraguay. Brasil, con un auténtico equipazo formado por estrellas de la talla de Ronaldo, Rivaldo, Roberto Carlos o un emergente Ronaldinho, se impuso con rotundidad al vencer en los seis encuentros del torneo. A pesar de los cinco goles marcados y de su condición de mejor jugador del mundo, Ronaldo no fue la gran figura brasileña. Rivaldo, autor de otros cinco goles, completó un campeonato maravilloso, que le a la postre le serviría para lograr ese año un merecido Balón de Oro.</p>
<p><iframe width="460" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/arFhVVCSDKY" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
&#8211;<br />
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		<title>Review: La caída de Saldanha</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Feb 2013 02:50:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">L</span>a historia fue así. El general Emilio Garrastazu Medici, presidente del gobierno de Brasil, necesitaba un vehículo de legitimidad popular y se fijó en ellos, en esos mulatos de magia infinita y pies de seda que ya habían inoculado el fútbol<span id="more-30347"></span> como un elemento de la identidad nacional. El fútbol como país. Un estilo de juego para una nación. El <i>jogo bonito</i> como máxima expresión de la cultura del Brasil, del malandro, del arte del engaño, de las felicidades redondas, de la irracional diversión. Dentro del programa político de la <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Em%C3%ADlio_Garrastazu_M%C3%A9dici">dictadura militar de Medici</a>, la selección brasileña (ya dos veces campeona del mundo) componía un caramelo demasiado apetitoso como para no decorar los carteles propagandísticos y rellenar de dulces palabras los seriales radiofónicos. La selección jugaba para el pueblo y la dictadura quería al pueblo. Todo cuadraba, y en esa dirección corrieron los recursos: programas especiales de preparación física, controles alimenticios, tejidos modernos… Brasil crecía a un ritmo galopante. Se había creado una notable clase media, se expandieron las ciudades y se abrió una brecha social dentro de ellas. Así brotaron montañas de cartones, chapas y plásticos, las favelas, la hoguera perfecta para la combustión del talento salvaje. Después de <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/worldcup/archive/edition=26/overview.html">la Copa del Mundo de 1966</a>, el régimen militar que asaltó el poder en 1964 aún era demasiado incipiente, especialmente en su reconocimiento internacional. La selección de fútbol emergía como el cosmético perfecto.</p>
<p style="text-align: justify">Aquel equipo alcanzó la epifanía en el juego. El Brasil 70 fue la apoteosis del jogo bonito, con un juego de naturaleza viva, cuya composición y ensamblaje, sin embargo, nos deja una historia de héroes, villanos, sombras y olvidados. ¿Quién es el padre del <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=drsjxiXGtr0">Brasil 70</a>? ¿Su entrenador Zagallo? ¿O João Saldanha? Posiblemente, ninguno de los dos por separado. O ambos juntos. La caída de Saldanha, los episodios de aquellos tres primeros meses de 1970, se han convertido con el tiempo en una fábula en sí misma. No faltan los mitos: la negativa de juntar a Tostao con Pelé o no apostar por Rivellino, su inestabilidad emocional, su incultura táctica… Saldanha, en realidad, tuvo más enemigos en las redacciones de los periódicos que en los cuarteles. Su caída fue un derrocamiento por la conjunción de varios factores envueltos en un mismo papel de celofán: las razones políticas e ideológicas.</p>
<blockquote><p>La formación de Brasil 70 estuvo marcada por un conflictivo y tenso contexto político.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">A Saldanha no lo echó Pelé, aunque tampoco se opuso y sus discrepancias eran notorias. A Saldanha no lo echaron por no convocar a <a target="_blank" href ="http://masliga.com/analisis/wp-content/uploads/2012/10/Dar%C3%ADo-Maravilha.jpg">Darío Maravilha</a>, el ídolo en Atlético MG del general Medici, aunque aquello aceleró las cosas. A Saldanha no lo echaron por borracho, escandaloso o desequilibrado. Tampoco lo fulminó Havelange ni la Confederación Brasileña de Deportes, aunque eran resortes al servicio de la dictadura. Ni siquiera los ataques frontales de la prensa paulista (él era carioca) ni las férreas críticas de varios entrenadores, como Yustrich, que lo veían como un intruso, le catapultaron del puesto. Todos estos episodios y razones subyacen a los motivos políticos, y nos hacen una idea de cómo de trémulos fueron los 406 días que Saldanha permaneció en el cargo, tiempo suficiente para asentar los cimientos de un equipo maravilloso.</p>
<p style="text-align: justify">Saldanha estaba despedido prácticamente desde que se sentó en el banquillo. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Jo%C3%A3o_Havelange">Lo eligió Havelange</a> pese a su escasa experiencia como entrenador por una razón con tanta diplomacia que acabó mordiéndole las manos. El fútbol brasileño vivía días de fractura entre los centros de poder de Sao Paulo y Río de Janeiro.<span class="pullquote_right">Pese a ser periodista, la prensa criticaba a João Saldanha por su origen y su ideología</span> Esa fisura amenazaba la paz del camino hacia México 70. Saldanha era periodista y como tal, pensó Havelange, los colegas de las redacciones jamás lo azotarían a críticas. Havelange no iba mal, pero se quedó a medias. La prensa paulista afiló las plumas más que nunca. Y la prensa afín al régimen no tardaría en hacerlo. Saldanha había sido corresponsal en la Segunda Guerra Mundial, crítico deportivo, especialista en fútbol y era un personaje con una potente consideración popular. Había nacido en tierra de gauchos, al sur de Brasil. Su padre, Gaspar Saldanha, había sido un líder local del Partido Libertador y João asumió ese activismo político. Abrazó las doctrinas leninistas y marxistas, se adscribió al censurado <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Partido_Comunista_Brasile%C3%B1o">Partido Comunista de Brasil</a>, participó en huelgas, fue arrestado en 1946, recibió un balazo en 1949, operó desde la clandestinidad y, durante la dictadura, denunció torturas, desapariciones y represiones. Saldanha, pues, lo tenía todo para escocer en un gobierno militar de derechas y neofascista. Solo le faltaba el poder popular, y el poder se lo dio la selección.</p>
<p style="text-align: justify">Pelé había regresado a la <i>canarinha</i> después de dos años de ausencia y Saldanha comenzó a erigir su equipo. Llevaba 12 años sin entrenar, pero conocía mejor que nadie las esencias del futbolista brasileño. Fue un autodidacta que absorbió el legado de las principales corrientes del fútbol nacional: la influencia de <i>‘La Diagonal’</i> de Flavio Costa como paso hacia el 4-2-4 y la <i>‘zona’</i> de Zezé Moreira o Fleitas Solich, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/04/de-muchos-uno/">el impacto de Bela Guttman</a> y la profesionalización impulsada por Vicente Feola… Su experiencia se limitaba al Botafogo de 1957, donde había jugado testimonialmente. Garrincha, Didí, Nilton Santos y Zagallo lideraban un equipo que conquistó el carioca a Flamengo y que alimentó de talento un año después al Brasil campeón del mundo en Suecia.</p>
<blockquote><p>Saldanha levantó a Brasil del fracaso del 66 con su carisma, su fútbol y sus impolutos resultados.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La selección de Saldanha arrasó en aquel año 1969. Hizo pleno de victorias en la clasificación mundialista, marcando 23 goles y recibiendo solo 2. Saldanha era plenamente consciente del arsenal que manejaba. Bastaron esos meses para devolverle a Brasil <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=8QouiPzeIi4">la autoestima perdida en Inglaterra 66</a> y robustecer la selección con la idea de bloque. Para ello, estableció un modelo basado en tres equipos principales: Botafogo, Santos y Cruzeiro, algo que tampoco terminaba de convencer al régimen, quien prefería una selección más variada en representación popular, con futbolistas de clubes de todos los rincones del país. Su siguiente preocupación fue la preparación física. Saldanha conocía bien los emergentes métodos de trabajo de Europa, especialmente en Alemania, Italia y Holanda, y potenció el perfil atlético de sus futbolistas.</p>
<p style="text-align: justify">Brasil  alcanzó un prestigio sobresaliente en ese camino hacia México 70. El carisma de Saldanha, el entusiasmo de sus discursos y su arrolladora personalidad le acercaron al pueblo, reavivaron el fervor popular y la gente tomó la selección como suya, bautizando a João como <i>«Juan Sin Miedo»</i>. La popularidad de Saldanha ya era un problema<span class="pullquote_left">Asociar la victoria de Brasil al comunismo de Saldanha era algo que la dictadura militar no podía permitir</span> para el régimen. Una intervención suya en la prensa europea acabó por alertar a los militares. Saldanha denunció los abusos, presos políticos y torturas de la tiranía brasileña y en los ministerios se activó el plan para demolerlo. Saldanha era un elemento incómodo. A los militares les aterraba que un comunista implacable pudiera regresar meses después a Brasil con la copa Jules Rimet en la mano y entregársela al pueblo. Desde fuera de Brasil sería interpretado como un triunfo de la oposición al régimen. En su libro <a target="_blank" href ="http://www.livrosdefutebol.com/catalogo_detail.asp?cod_produto=297"><i>«Quién derribó a João Saldanha»</i></a>, el periodista Carlos Ferreira Vilarinho profundiza en la historia: <i>“Los militares tenían decidida desde la clasificación la caída de Saldanha. El Comité de Deportes del Ejército fue el encargado de prepararla”</i>. Dicen que fue el ministro Jarbas Pasarinho el encargado de orquestar el plan de acoso y derribo. El objetivo era fustigar a Saldanha, arrinconarlo y dejarlo sin apoyos. Desde dentro de la selección, el jefe de la preparación física, capitán de artillería Claudio Coutinho, ejercería su papel estratégico. Y desde fuera, la prensa controlada por la dictadura desató una campaña contra Saldanha, acusándolo de inestable, depresivo… El asesinato de un amigo de João en noviembre de 1969 dejó la sombra de la sospecha. Y la CBD de Havelange comenzó a postular a sustitutos. Entre quienes codiciaban el puesto <a target="_blank" href ="http://www.flamengo.com.br/site/perfil/detalhe/65/yustrich">se encontraba Dorival Knipel</a>, conocido como Yustrich, entrenador del Flamengo. Vanidoso y polémico, después de ganar en un entrenamiento a la selección, llamó incompetente, invasor y cobarde a Saldanha. João se presentó en la sede del Flamengo con su Colt 32 en busca de Yustrich. No era la primera vez que el ímpetu de Saldanha tomaba las armas. Ya había disparado al dueño de una farmacia por abusar de su empleada o al portero Manga, del Botafogo, por acusarlo de venderse. Yustrich declaró: <i>“Que el ejército intervenga en la selección”</i>. Por entonces, João ya sabía que estaba sentenciado.</p>
<blockquote><p>El carácter y la ideología de Saldanha marcaron su camino, su relación con Pelé lo sentenció.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El desgaste de Saldanha lo acentuó su convulsa relación con Pelé. O Rei siempre fue un hombre apegado al poder, ya fuera económico, político o federativo, y le volvió la espalda al seleccionador. Había razones futbolísticas, pero también políticas. Lo cierto es que Pelé no alcanzaba su brillo con Saldanha.<span class="pullquote_right">Pelé nunca alcanzó su mejor versión con Saldanha, quien dio el peso a Tostao</span> Le exigía esfuerzos defensivos y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Fgwf9ulYvuA&#038;list=LPyj_xeMZhVHc&#038;index=3&#038;feature=plcp">prefería a Tostao</a>, un chico humilde del sur y de ideología progresista que se había atrevido a no posicionarse con la dictadura. <i>“Yo le dije un día que todos los entrenadores me veía únicamente como reserva de Pelé y él me dijo: ‘Se acabó. Usted es el primer nombre del equipo. Por delante de Pelé’”</i>, cuenta Tostao en una entrevista en The Blizzard. Tostao fue el máximo goleador de esa fase de clasificación. Sin embargo, en agosto de 1969 en un amistoso en Colombia ante Millonarios sufrió un golpe en un ojo. Inicialmente, no pareció nada, pero, en noviembre, un nuevo impacto le causó un desprendimiento de retina que lo apartó del fútbol durante cinco meses, justo hasta antes de <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/worldcup/archive/edition=32/overview.html">la Copa del Mundo</a>. Los problemas con Pelé seguían. En una derrota ante Argentina en un amistoso, Pelé corrigió una observación táctica sobre un futbolista rival. Saldanha enfureció y comenzó a propagar la información de que Pelé era miope, que se estaba quedando tan ciego que no podría jugar. Cuenta Mario Zagallo en The Blizzard que ese es el origen de uno de los momentos célebres de la historia del fútbol: <i>“El famoso disparo de Pelé desde el centro del campo en el saque inicial del primer partido de la Copa del Mundo ante Checoslovaquia fue la forma de Pelé de decirle a Saldanha y al mundo que su vista estaba perfecta”</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Entre septiembre de 1969 y marzo de 1970, la canarinha no jugó, pero la posición de Saldanha se había debilitado. Él era consciente de que cualquier error le serviría una justificación al régimen. El 4 de marzo, Garrastazu Medici le exige a Havelange que su futbolista favorito, el delantero Darío Maravilha (Atlético MG), sea el sustituto de Tostao en unos amistosos de preparación. Havelange se lo transmite a Saldanha, quien se niega, blindado ante las intromisiones gubernamentales: <i>“El presidente cuida de sus ministerios, de la selección me encargo yo”</i>. Con la desobediencia, las aguas se embravecieron y se llevaron por delante a Saldanha unos días después, el 14 de marzo, después de empatar a uno en un partido de entrenamiento contra el Bangú. <a target="_blank" href ="http://www.netvasco.com.br/mauroprais/images/resporte167_brito.jpg">Brito, uno de sus centrales,</a> aglutinó a todo el equipo para impedir la destitución. Toda la plantilla se opuso y protestó, menos Pelé. Así cayó Saldanha.</p>
<blockquote><p>Mario Zagallo juntaría a los cinco mejores futbolistas del país, todos portaban el «10» en su club.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">De la terna de posibles sustitutos, Dino Sani y Otto Gloria no prosperaron. Quedaba quien más lo ambicionaba de los tres, tanto desde la misma fecha de la designación de Saldanha, también el más legendario, <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/classicfootball/coaches/coach=61571/bio.html">Mario Zagallo</a>. El Lobo había sido futbolista del Botafogo de Saldanha, afín a su manual del fútbol. Nada más ser nombrado convocó a Dadá.<span class="pullquote_left">Zagallo, una figura sin tintes políticos, fue el elegido para comandar a Brasil 70 en México</span> Representaba una figura más dócil al régimen, sin adhesiones ideológicas públicas y con una estrecha relación con varios de los futbolistas de la selección, algunos de los cuales habían sido sus compañeros de vestuario. Quedaba establecido así otro de los puntales en la formación del Brasil 70: la autogestión. Pelé, Carlos Alberto y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=5UtIRBz_OG0">Gerson</a> fueron voces de mando dentro de ese equipo. Zagallo optó por no generarse ninguno de los problemas que acabaron con Saldanha. Futbolísticamente, el equipo no terminaba de cuajar en aquella primavera. Aunque la base era la misma, le separaban de Saldanha algunos conceptos y prioridades. El mayor reconocimiento de Zagallo fue juntar a los cinco mejores futbolistas del país, cada uno de ellos portador del número <i>«10»</i> en sus equipos: Pelé (Santos), Jairzinho (Botafogo), Gerson (Sao Paulo), Tostao (Cruzeiro) y Rivellino (Corinthians). Todos ellos habían sido figuras capitales para Saldanha, excepto Rivellino. João proponía el talento libre, dio largo vuelo a los laterales, no fijaba posiciones, defendía la circulación interna de la pelota, pero prefería jugar con los extremos más abiertos, más puros, era más racional en la ocupación de espacios de lo que lo sería Zagallo. Pegaba a <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Y4Jg3ZmM1_U&#038;feature=fvst">Jairzinho mucho más a la derecha</a> de lo que se vería en México y en la izquierda insertaba un especialista de banda, Edu (Sao Paulo), más vertical, rápido y habilidoso que Rivellino. La mano de Zagallo se notó especialmente en su apuesta por <i>«Patada Atómica»</i>, aunque en un principio el Lobo trató de encajar, como Saldanha, un hombre puro de banda, el puntero izquierdo del Botafogo, Paulo César Caju. Siete partidos tardó Zagallo en apostar por Rivellino, hasta un amistoso previo al Mundial contra Austria en abril.</p>
<p style="text-align: justify">Rivellino ya había jugado varios partidos como pareja de Gerson en el mediocampo en la época de Aymore Moreira, pero con Saldanha siempre fue un secundario. Zagallo le habilitó un lugar en la zona izquierda del ataque pensando en el mecanismo que él mismo <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/worldcup/archive/edition=15/overview.html">había desempeñado en 1958</a> con Nilton Santos y Didí: un organizador creativo escorado a la izquierda, que apoyara la continuidad del juego cerca de Gerson y aireará la zona, pero que también diera amplitud y se desplegara por ese flanco. Gerson era un <i>«10»</i>, pero solo desde hacía un año, tras su marcha a Sao Paulo desde Botafogo, donde hacía de 8, con Jairzinho delante, en la <i>punta de lanza</i>. La gran diferencia entre Saldanha y Zagallo residió en la apreciación de Tostao. Ni su recuperación, conforme se acercaba el Mundial, era una garantía, ni Zagallo terminaba de convencerse. Su idea original era jugar con un delantero más específico, Roberto Miranda, el goleador de Botafogo. Tenía a Darío en la recámara (aunque el protegido de Medici no jugaría ni un minuto en México). Otra pieza, muy usada por Saldanha mientras se recuperaba Tostao, era su compañero Dirceu Lopes, el verdadero artillero del Cruzeiro.</p>
<p style="text-align: justify">El proceso hacia el equipo definitivo fue una mezcla de decisiones de Zagallo y sucesos fortuitos. Primero, la apuesta definitiva por Rivellino. Segundo, ya con Tostao recuperado y fiable, la idea de un sistema para que ejerciera de falso delantero centro, dejándose caer al medio, al área de influencia en la media punta de Gerson y Pelé, quien basculaba muchas veces a la izquierda <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=hRsvwOrNC9k">cuando Rivellino retrasaba</a>. El espacio liberado por Tostao lo percutía desde la derecha Jairzinho, extremo sobre el plano, pero el futbolista del equipo con más presencia en la zona del delantero centro. Todos ellos, los cinco dieces, no jugaron juntos hasta dos semanas antes de debutar contra Checoslovaquia. Solo 16 días antes. Fue el 17 de mayo de 1970, ya en México, en un amistoso contra un combinado de la ciudad de León. Pero ni siquiera ese día jugó por primera vez al completo la selección de ensueño. Tambaleaba el lateral izquierdo. Marco Antonio (Fluminense), más ofensivo y brillante, perdió el puesto finalmente ante el quizá peor futbolista de la alineación mítica, Everaldo (Gremio), mejor defensor, justo la semana antes del Mundial. Antes, Zagallo había reajustado algunas de las herencias de Saldanha. La lesión del central Fontana (Cruzeiro) provocó que Piazza (Cruzeiro), compañero de Gerson en el mediocentro en la etapa de João, retrasara su posición. En su lugar, ya se había abierto un hueco <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=J37mh36wA6s">el joven y eficiente Clodoaldo (Santos)</a>, la pareja perfecta para liberar a Gerson como cerebro principal gracias a su dominio del juego sin balón y la anchura de sus coberturas. Su papel defensivo fue vital, perdiendo cinco kilos en México. Zagallo terminó la obra: cuajó las asociaciones interiores acercando las distancias entre sus futbolistas, mantuvo la filosofía del movimiento inspirada por Saldanha y ordenó mejor el talento libre de sus cinco dieces con el ajuste del falso nueve de Tostao, la tecla de Rivellino como ventilador por la izquierda y el dibujo en la pizarra de la afilada diagonal desde la derecha de Jairzinho. Este sistema levantó una estatua al fútbol: <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=q07Jdgsbiug">el Brasil 70</a>. Félix, Carlos Alberto, Brito, Piazza, Everaldo, Clodoaldo, Gerson, Jairzinho, Tostao, Pelé, Rivellino. Un equipo memorable en cuya construcción cayó un entrenador, pero en la que nació un monumento. ¿El padre? El padre. El padre fue Brasil. El arte. La magia. El fútbol infinito.</p>
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		<title>Hail the King!</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Sep 2012 01:55:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[nglaterra ha disfrutado de más fútbol que el resto del mundo por razones obvias, y es por ello que en las Islas se han creado más figuras icónicas que en ningún otro lugar del mundo. Todos amamos a los torrenciales box to box ingleses, desde Bobby Charlton a Frank Lampard, pasando por Bryan Robson. Y [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">I</span>nglaterra ha disfrutado de más fútbol que el resto del mundo por razones obvias, y es por ello que en las Islas se han creado más figuras icónicas que en ningún otro lugar del mundo. Todos amamos a los torrenciales box to box ingleses,  desde Bobby Charlton<span id="more-27654"></span> a Frank Lampard, pasando por <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=ZBilBa5n2wY">Bryan Robson</a>. Y difícil es también no adorar al gigantón atacante que ha sido tan habitual en el fútbol británico durante más de un siglo. El hombre del que se colgaban las esperanzas de muchos equipos cuando de buscar el gol se trataba, el jugador capaz de los remates más inverósimiles y cuya cabeza es un arma de destrucción masiva. Entre los más recordados siempre estará <i><a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=8hzEDuHvwYA">“El Rey de Birmingham”</a></i>, Jeff Astle, icono del West Brom y uno de mis personajes favoritos de la historia de las Copas del Mundo. </p>
<p style="text-align: justify">Protegido del mítico Tommy Lawton, Astle, oriundo de Nottingham, con su metro ochenta y su poderoso juego aéreo llevó al WBA a grandes cotas. Histórico fue su gol decisivo en la final de Copa del 68 ante el Everton (marcó en todas las rondas del torneo), y dos años más tarde se convirtió en el primer hombre en marcar en finales de Copa y Copa de la Liga (aunque esta la perdió contra el Manchester City). Y fue máximo goleador del campeonato inglés, al tiempo que se quiso nombrar un puente en su honor. </p>
<blockquote><p>¿Y si Brasil hubiese compartido eliminatorias con Alemania e Italia? Astle tuvo la respuesta a esta pregunta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Alf Ramsey lo seleccionó en el mejor conjunto que haya reunido el fútbol inglés, para la Copa Mundial de Mexico. El número 22, en un equipo que reunía a muchos campeones del mundo y a lo mejor de la savia nueva del fútbol inglés (principalmente de Everton y Manchester City). Astle era, teóricamente, el último delantero del equipo, pero se conviritó en el jugador nº 13 de la selección. Contra el equipo más mítico de la historia, en un partido que vió la mejor parada (Banks a Pelé) y el mejor tackle (Moore a Jairzinho), Astle fue protagonista de uno de los mayores <i>“what if”</i> de la historia, cuando, con 0-0, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=2siL0-JPq2Y ">falló una oportunidad</a> clarísima ante la gran Brasil de los cinco dieces. Era un gol que habría enviado a los brasileños a la parte opuesta del cuadro de eliminatorias: la de Alemania e Italia. Nunca fue un virtuoso, nadie se lo pidió. Era una bola de demolición, un ariete, un hombre que desde su atalaya marcó diferencias en la siempre exigente First Division, pero que nunca salió de su club de segundo nivel para ir a un grande. Cada tarde de sábado, entre el habitual barro de los terrenos ingleses la pelota volaba buscando el testarazo salvador de Astle. 168 veces consiguió su objetivo. Y más lo intentó. Y, paradójicamente, lo que mejor hacía <a target="_blank" href ="http://barbadasbase.blogspot.com.es/2011/12/jeff-astle-el-jugador-que-murio-por.html">acabó costándole la vida</a> a los 59 años, dejándonos el último gran episodio de un bombardero <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=bza9qadSYXw&#038;feature=related">de leyenda</a>, al que el paso del tiempo comienza a sepultar.</p>
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		<title>Por la supremacía europea…</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jun 2012 02:00:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">A</span>unque parezca mentira, nunca a estas alturas de Eurocopa se habían encontrado las dos mayores potencias europeas (7 Mundiales y 4 Eurocopas entre ambas). También es cierto que el campo de batalla europeo no es el favorito de los italianos<span id="more-17879"></span>, pero aún así nos resulta extraño que los mayores representantes de la competitividad extrema nunca hayan medido armas en una semifinal europea. Dos empates en primera fase es su bagaje en la Eurocopa. Un empate a uno en tierras alemanas en 1988, protagonizado por dos equipos que estaban en transición hacia el Mundial de 1990, y un empate a cero en 1996, que propiciaba la salida de Italia –<a target="_blank" href ="http://www.futbolofensivo.com/2012/03/el-milan-de-arrigo-sacchi-construccion-de-un-sistema-y-modelo-de-juego-%E2%80%9Cinnovo-creo-y-vencio%E2%80%9D/">y de Arrigo Sacchi</a>&#8211; por la puerta de atrás del torneo inglés. Por el contrario, sus grandes duelos en la arena mundialista han pasado a la historia por su trascendencia y sus tintes épicos. Dos semifinales y una final de la Copa del Mundo han sido protagonizadas por la <i>«Squadra Azzurra»</i> y la <i>«Mannschaft»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Todavía todos tenemos reciente esa semifinal de Dortmund en 2006. Los alemanes afrontaban el Mundial en su país tras dos años de trabajo a marchas forzadas por parte de Jürgen Klinsmann –y Joachim Löw-<span class="pullquote_right">Tras el fracaso en la Eurocopa de Portugal, Alemania reorganizó todo su fútbol</span> para renovar a una selección decrépita y poco competitiva. A pesar de su subcampeonato en el Mundial del 2002, Alemania había hecho el ridículo en la Euro de Portugal, y el ex delantero del Stuttgart asumió el reto de introducir nuevos jugador, y un nuevo estilo de juego. Más o menos lo consiguió, aunque ni mucho menos el cambio fue radical. Su obra la continuaría Löw tras el Mundial, pero durante este torneo en casa se sentaron las bases para la actual Alemania. Se trabajó desde todos los estratos del fútbol alemán, reorganizando todo el fútbol base, <a target="_blank" href ="http://en.wikipedia.org/wiki/Germany_national_football_B_team">creando el <i>Team 2006</i></a>, un equipo sombra del combinado nacional donde foguear a los nuevos valores antes de lanzarlos a competir internacionalmente, y en definitiva, se lavo la cara de un fútbol estancado. La apuesta salió bien, ya que la selección demostró competitividad durante el torneo, avanzando rondas sin excesivo esfuerzo y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=ME70nTlDov4">batiendo a Argentina</a> en los cuartos de final en un partido memorable, especialmente por la tanda de penalties en la que Lehmann fue gran protagonista.</p>
<p style="text-align: justify">Italia, por su parte, llegaba al torneo envuelta en el escándalo del <i>«Calciopoli»</i>, por el cual la Juventus (base de la selección como casi siempre que Italia es competitiva), daría con sus huesos en la Serie B y perdería dos Scudetti. Ambiente enrarecido, seleccionador y ciertos jugadores discutidos, problemas extrafutbolísticos… Todo recordaba sospechosamente a 1982, y así, entre las dudas de una primera fase bastante penosa, y el refuerzo que le suponía al grupo ir pasando partidos de eliminatorias, se llegó al partido de Dortmund. Alemania debía ser favorita, por localía, y porque Italia había llegado trabajosamente a estas instancias. Pero trabajosamente es <i>the italian way</i>, no podían estar más cómodos con ese papel. En un Westfalensatadion abarrotado, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=GXBVvg9u8qI">ambos equipos se midieron de poder a poder</a>. Alemania basaba su fuerza en la pareja Klose-Podolski –el máximo goleador y el mejor joven del campeonato-, y en la capacidad de Schweinsteiger, Ballack y Frings para comerse ellos solitos kilómetros y kilómetros en el centro del campo. Y además, fue el torneo de la explosión de un carrilero de clase mundial como Philip Lahm. Los italianos, amparados en la seguridad de unos Buffon y Cannavaron inconmensurables –murió el futbolista y nació la leyenda para ambos durante este torneo-, la revelación de Fabio Grosso en el lateral izquierdo, la dirección de Andrea Pirlo y el trabajo de Mauro Camoranesi en el medio y la cambiante inspiración de alguno de sus atacantes –había para elegir: Totti, Del Piero, Toni, Inzaghi, Iaquinta, Gilardino-, plantaban cara y estaban cómodos.</p>
<p style="text-align: justify">Conforme pasaban los minutos, a los alemanes se les veía más cansados, física y mentalmente, mientras que los italianos estaban cada vez más metidos en su papel y el partido más suyo con el correr del tiempo. A pesar del empate a cero, la prórroga prometía no bajar en intensidad –¿reminiscencias de 1970?-<span class="pullquote_left">Pese a que Italia había tenido más desgaste, conforme pasaba el tiempo más superior era</span> , y aquí es donde Marcello Lippi dio un golpe de efecto. Italia salió a matar en el tiempo extra. Del Piero, Iaquinta y Gilardino renovaron totalmente el frente de ataque italiano y la <i>«Azzurra»</i> se hizo con los mandos del encuentro. Aún así, parecía que los penalties eran cada vez más posibles, y la sombra de Lehmann, con su papelito salvador de los cuartos de final, se agigantaba. Pero llegó el minuto 119 y de repente todos vimos aparecerse en nuestras televisiones a Marco Tardelli, como en aquella final del 82. Evidentemente no era él, era Fabio Grosso, la gran sorpresa italiana del Mundial, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=CWujLMH1N8w">el hombre que hizo suya aquella carrera</a> (puños cerrados y grito salvaje al viento) que el gran Marco había patentado en el Mundial de España. Tras un corner, la pelota  llegó a Pirlo, que con un pase magistral habilitó Grosso y este la puso en el ángulo donde Lehmann jamás podía llegar. ¡Italia en ventaja! Alemania, consciente de que necesita un milagro, y consciente de que ya lo habían encontrado muchas veces, tocó a rebato, pero Italia no se limitó a subir la guardia y esperar llegar viva al toque de campana final. Contragolpeó. Y en la jugada más memorable de todo el Mundial, con Cannavaro, Totti, Del Piero, Gilardino y de nuevo del Piero ponía el 0-2 que mataba a Alemania y situaba a Italia en su  sexta final mundialista, donde derrotarían a la Francia de Zidane y Cannavaro levantaría la cuarta Copa del Mundo italiana.</p>
<blockquote><p>El mazazo de Del Piero confirmaba a Italia como la bestia negra de Alemania.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">2006 tuvo muchas reminiscencias de 1982, desde el escándalo italiano previo al Mundial, hasta la andadura titubeante de la Nazionale por el torneo, pasando por el grito de Tardelli al darle la estocada final a los alemanes. Así podrían resumirse ambos enfrentamientos, pero es que en España 82, los italianos arrebataron directamente la Copa a los alemanes. Era la final del Santiago Bernabeu, y ambos equipos habían sufrido como perros para alcanzarla. Italia con jugadores como Paolo Rossi metidos en escándalos –Totonero-, el seleccionador criticado por su manera de escoger el equipo, dejando fuera a jugadores muy en forma para llamar a otros más de su gusto pero cuyo rendimiento sería dudoso, una primera fase horrenda, para luego ir creciendo exponencialmente, y liquidar a la <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=bEvFa-CzPZY ">Argentina de Maradona</a>, el favoritísimo <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=qgRpRTbk1oo">Brasil de Telé Santana</a> y la <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=BS_WMXwrQHY ">sorprendente Polonia</a> que, una vez más, se metía entre los tres primeros. Había Italia alcanzado la final amparándose en la fiabilidad de Dino Zoff –que hacía su último servicio a la causa, a los 40 años-, la clase de Scirea cerrando la defensa, los salvajes marcajes de Claudio Gentile, la garra de Marco Tardelli, la clase de Antognoni en el medio, la ubicuidad del gran Bruno Conti y el renacimiento de Paolo Rossi, verdugo de Brasil y Polonia.</p>
<p style="text-align: justify">Alemania, que había sufrido una vergonzosa derrota contra Argelia al comienzo del torneo, tuvo que pactar un aún más vergonzoso empate con Austria en Gijón para solventar la situación y plantarse en segunda fase. En un grupo con Inglaterra –soso empate a cero- y España –solvente victoria por 2-1-, habían conseguido plantarse en las semis, donde les esperaba la nueva favorita del público, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=DY8O9qhFbj4">la Francia de Michel Platini</a>. Como Alemania –y más aún esta de Jupp Derwall- de sentimientos iba más bien cortita, eliminó a los poetas franceses de la manera más cruel posible, entre remontadas, penalties e intentos de homicidio por parte de Harald Schumacher. Fue uno de los mejores partidos jamás jugados, un <i>thriller</i> con todo lo necesario para el espectador, como el Francia-Brasil del 86 o el Alemania-Italia del 70.</p>
<p style="text-align: justify">A estas alturas de torneo la gente ya no sabía muy bien con quien ir, con los catenaccistas italianos, que habían molido a palos a Maradona y se habían cargado al <i>equipo de todos</i> o con los malencarados alemanes-Breitner, Stielike, Schumacher, Kaltz o Dremmler no eran lo más simpático del mundo-, que también habían matado un poco al fútbol en la semifinal de Sevilla, y además habían inspirado el sarcástico <i>«¡que se besen, que se besen!»</i> del público gijonés en el partido contra Austria.</p>
<p style="text-align: justify">Italia no dejó mucho tiempo para dudar. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=7O0zIXDcfHI ">Jugaron un partido impecable</a>, aún con la ausencia de su cerebro Antognoni y con la rápida pérdida de Graziani, al que su maltrecho hombro redujo su final del Mundial a escasos 10 minutos. Alemania, que contaba con un Rummenigge renqueante, parecía fuera de lugar en la final<span class="pullquote_right">Paolo Rossi anotó su sexto gol consecutivo para poner en ventaja a Italia en la final</span>. Se esperaba que la estrella del Bayern pudiese obrar un pequeño milagro, pero fue aplastado por un jovencito de 18 años con un bigote señorial. Beppe Bergomi se convertiría en un mito del <i>calcio</i> en este Mundial, que sería la primera piedra de una magnífica carrera. Los alemanes apenas inquietaron a Zoff, e Italia incluso dispuso de un penalti que Antonio Cabrini lanzó fuera. Cerocerismo al descanso. Era el mejor resultado posible para los alemanes, pero les duró poco la alegría. Escasos diez minutos del segundo tiempo le bastaron a Rossi para anotar su sexto gol consecutivo en el Mundial y abrir la lata alemana. Fue un centro al área que formó un barullo en frente de la portería de Schumacher, del que sólo podía salir un ganador. Y ese era Paolo Rossi, oportunista como pocos ha habido, que merced a su heroica actuación mundialista acabaría el año como Balón de Oro. Tras el gol, Derwall decidió retirar al decepcionante Rummenigge, pero ya nada podía contrarrestar el subidón moral que impulsaba a los hombres de Enzo Bearzot. Una increíble jugada dentro del área alemana entre ¡Bergomi y Scirea!, culminó con un balón a las inmediaciones de la frontal donde Marco Tardelli, con varios jugadores alemanes encima, resolvió para marcar el segundo gol y dar al mundo una de las celebraciones más emocionantes de la historia del fútbol. Corrió, incrédulo, con los puños apretados, gritando con todas sus fuerzas, cabello al viento, sacando toda la tensión que había vivido durante ese mes en España. ¿Cuántas veces habría visto Fabio Grosso esas imágenes?</p>
<p style="text-align: justify">Alemania era ya un cadáver cuando Alessandro Altobelli anotó el tercero. A partir de ahí hubo momentos para el homenaje, como la presencia de uno de los favoritos de Bearzot, Franco Causio, en el terreno de juego. Alemania marcó, por medio de Breitner, pero no fue más que una anécdota que sirvió <a target="_blank" href ="http://www.corazonblanco.com/paul_breitner_el_germano_abisinio-itemap-117-9230-1.htm">al gran <i>Abisinio</i></a> para formar parte del selecto grupo de jugadores que han marcado en dos finales de Copa del Mundo –Vavá, Pelé, Breitner, Zidane-.</p>
<blockquote><p>El mejor partido de la historia del Mundial también tuvo a italianos y alemanes como protagonistas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La Italia envuelta en polémicas, que sufre en la primera fase y que crece conforme avanza el torneo, como ya habréis podido comprobar, es una de las figuras más clásicas de la historia del los Mundiales. Como Naranjito, las Torres de Wembley, Pelé o la mano del Diego. Mexico 70 no iba a ser menos. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=zFoLXj2tsiY">Los italianos venían como campeones de Europa</a>, tras ganar el torneo en su país dos años antes. Pero lo ganaron de manera especial, pasando las semis contra la URSS por el lanzamiento de una moneda, y venciendo la final en un partido de desempate contra Yugoslavia, que sufrió un arbitraje infame por parte de un árbitro español, y a una Italia que había cambiado su alineación completamente con respecto a <i>la primera</i> final. En aquel año 68, ya era Dino Zoff el portero de la selección.</p>
<p style="text-align: justify">Así pues, en Mexico, lo italianos se presentaban con la polémica entre quién debía jugar entre <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=TqcQJgb8_gg">Gianni Rivera</a> y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=JvhmqcNJpLw">Sandro Mazzola</a>, los dos genios del fútbol transalpino de la época. Valcareggi<span class="pullquote_left">Un catenaccista como Valcareggi sólo admitía a un genio: Gianni Rivera o Sandro Mazzola</span>, el seleccionador, era un catenaccista declarado, con lo cual no había espacio para ambos en el equipo. Además, Zoff había perdido el puesto contra Albertosi, portero del Cagliari que sorprendentemente había ganado la Serie A ese año. Precisamente del Cagliari había varios jugadores más, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=serhkTENZKQ">el principal Gigi Riva</a>, un extremo izquierdo con una capacidad goleadora soberbia y un cañón en sus botas. Seguramente el jugador más amado de Italia en aquel momento y sobre el que no pesaba ninguna polémica o duda. Debía ser el estilete de la selección. El caso es que durante la primera fase Riva estuvo absolutamente decepcionante, y con él el equipo entero. Italia pasó por los pelos un grupo fácil, marcando poco y encajando aún menos. Concretamente había marcado un gol y encajado ninguno. Así era esta Italia. Había despertado el equipo en los cuartos de final contra Mexico, guiado por un Riva autor de un doblete y un Rivera que también había anotado. Valcareggi había llegado a la conclusión de que hacer jugar una parte a Mazzola y otra a Rivera era lo justo. Así era esta Italia también.</p>
<p style="text-align: justify">Alemania, subcampeona del Mundial 66, empleó su primera fase para consagrar al Torpedo Müller –un gol a Marruecos, tres a Bulgaria y tres a Perú-, asentar a la pareja Beckenbauer-Overath como la más completa del torneo y redescubrir la faceta de centrocampista de Uwe Seeler. Además de eso, había saldado viejas cuentas con los hombres de Sir Alf Ramsey, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=munBdTn5iLQ">eliminando a Inglaterra</a> en un apasionante partido en León, a 45 grados de temperatura.</p>
<p style="text-align: justify">¿Quién era la favorita para esta semifinal en el Estadio Azteca? Sencillo: no la había. Pero sí había morbo por ver como Müller podía burlar la férrea táctica de don Ferruccio. Italia salía con Mazzola de titular, Riva en la izquierda, el sorprendente Domenghini en la derecha y el ariete del Inter Roberto Boninsegna como referencia atacante. Atrás, cemento del bueno con Burgnich, Facchetti, Cera y Rosato, con Bertini haciendo de cortacésped en la medular y Giancarlo de Sisti ejerciendo de <i>tornante</i>, lo que, en lenguaje catenaccistico, es ser un poco el <i>chico para todo</i>. Los alemanes no variaron mucho, con Maier, que no estaba teniendo un torneo brillante, en la portería, Willi Schulz como líbero y Schnellinger-que por entonces jugaba en el Milan- como hombre clave en la defensa; Beckenbauer, ya convertido en el <i>Kaiser</i> a nivel internacional tras el partido de cuartos, y Overath eran el eje en el centro del campo, Grabowski le había ganado la partida a Libuda tras destrozar a Terry Cooper contra Inglaterra, y arriba estaban Hennes Löhr y Uwe Seeler apoyando a Müller.</p>
<p style="text-align: justify">El partido, durante el tiempo reglamentario, se movió por los <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=sb5tGOmFlhA&#038;feature=related">parámetros que todos esperaban</a>: igualdad máxima y Alemania dominando algo más la posesión, atacando con más variantes y los italianos<span class="pullquote_right">Italia se puso rápido en ventaja, lo que facilitó su repliegue y salida ante el ataque alemán</span> agazapados y saliendo en rápidas contras gracias a la dirección de Mazzola –luego Rivera tras el descanso, como siempre- y De Sisti más la velocidad de Domenghini, Riva y Boninsegna. A todo esto ayudó el hecho de que Italia estaba en ventaja desde el minuto 8. Cuando parecía que Italia estaba ya celebrando el triunfo, el hombre que mejor les conocía, Schnellinger –Helmut Haller, también con muchos años en la Serie A, estaba en el banquillo-, empató en el minuto 90, enviando el partido a la prórroga. Una prolongación que sería histórica y que, según muchos, costó gran parte de las posibilidades de ganar la final al equipo que saliese ganador. Media hora extra, en la altura de la Ciudad de Mexico y con una temperatura abrasadora, era un peaje enorme. Pero tanto alemanes como italianos lo pagaron gustosos, y nos brindaron la mejor prórroga jamás jugada. </p>
<p style="text-align: justify">Apenas habían transcurrido cuatro minutos cuando por fin Gerd Müller se libraba de sus marcajes y hacía su décimo gol del torneo. Italia debía ahora abrirse un poco, y finalmente veíamos a Facchetti subiendo la banda como en el Inter, en vez de tan pendiente de cerrarse hacia el centro como habíamos visto durante el torneo. Los frutos fueron inmediatos cuando Burgnich empataba a los 98 minutos. Riva, apenas 6 minutos después, en una fantástica jugada de contrataque, quebraba a su defensor y ponía el 3-2 para Italia. El partido había tomado tintes legendarios ya, y más aún cuando Müller, cinco minutos después, lo empataba a tres, ante la desesperación de un Enrico Albertosi bastante desafortunado. En este momento, ya estaba <a target="_blank" href ="http://3.bp.blogspot.com/-0EztUhq9urI/Thn1lr635JI/AAAAAAAAAV8/A8YspBbHOg0/s1600/4462269437_3e7ca84a2d_o.jpg">Beckenbauer jugando con el brazo en cabestrillo</a>, tras haber sido parado en seco por el poderoso Facchetti en una internada del <i>Kaiser</i> en campo italiano. Apenas un minuto después del gol de Müller, apareció la figura de Gianni Rivera, brillante en el tiempo que había estado en el campo, para llegar desde la segunda línea para batir a Sepp Maier, ante la mirada de un Beckenbauer en clara inferioridad física.</p>
<p style="text-align: justify">Aún hubo tiempo para más ataques alemanes, pero la leyenda había puesto el punto final. No habría más goles, ni más vuelcos al corazón, ni más remontadas épicas. Italia era el candidato europeo para asaltar al <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=3_3nRplehGk">inabordable Brasil de los cinco dieces en la final</a>. Y, tras esta semifinal, sería partícipe de otro partido memorable, aunque no tanto como a ellos les gustaría.</p>
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