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	<title>Ecos del Balón &#187; Wolverhampton Wanderers</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>¿De verdad regatea tanto?</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Jan 2020 02:55:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Adrián Blanco]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><div class="three_fourth"><span class="dropcap">L</span>os datos siempre hay que analizarlos. Y, sobre todo, contextualizarlos. La semana pasada <a target="_blank" href ="https://twitter.com/DistanceCovered/status/1212011554037731555">apareció en Twitter una de esas estadísticas</a> que corre como la pólvora: Adama Traoré viene promediando 13 “regates” por<span id="more-269665"></span> partido, con un 70% de efectividad. Vista la estadística, y el mapa de dispersión que lo acompañaba, cualquier podría pensar que el extremo español del Wolverhampton es uno de los mejores regateadores del momento. Pero la realidad es muy distinta. A nivel táctico, jugando desde la derecha a pie natural, Adama tiene un rol muy importante en el sistema de Nuno Espirito Santo. No cabe duda. En el ataque posicional de su equipo Adama recibe mucho al pie lejos del área rival para fijar, atraer y soltar al carrilero de su mismo lado, en una de las jugadas que más y mejor domina el Wolverhampton: el ataque del intervalo lateral &#8211; central <i>«llegando»</i>, no <i>«estando»</i>.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero la cosa es muy diferente cuando el que debe estirar, con más o menos espacio, es el propio Adama Traoré. A pesar de su evidente crecimiento futbolístico en los últimos meses, el ex canterano del FC Barcelona sigue siendo un jugador con más potencia que control. Habitualmente, en el uno para uno, Adama supera por cualidades que tienen que ver más con lo físico que con lo técnico. Y prueba de ello es la manera que tiene de conducir con el esférico. Todos sus gestos, antes y después de entrar en contacto con el balón, pocas veces le otorgan ventajas reales. Y de ahí que, generalmente, necesite más toques de la cuenta para controlar, dar un pase e incluso regatear. Sería muy interesante saber qué son los “regates” para las matemáticas. Pero, en cualquier caso, cualquiera que haya visto al presente Adama Traoré más allá de YouTube sabrá que esta estadística, como casi todas las estadísticas individuales del fútbol, hay que cogerla con pinzas.</p>
<p style="text-align: justify;"></div></p>
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		<title>El pacto de los lobos</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Oct 2013 01:50:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[no de los episodios más prodigiosos y controvertibles de la historia del fútbol inglés se vivió en mayo de 1938. Inglaterra visitaba Alemania mientras media Europa afilaba la guadaña de la Segunda Guerra Mundial. Ambas selecciones, en medio de un clima de falsa fraternidad, habían concertado un amistoso en el Olímpico de Berlín. Era la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">U</span>no de los episodios más prodigiosos y controvertibles de la historia del fútbol inglés se vivió en mayo de 1938. Inglaterra visitaba Alemania mientras media Europa afilaba la guadaña de la Segunda Guerra Mundial<span id="more-91857"></span>. Ambas selecciones, en medio de un clima de falsa fraternidad, habían concertado un amistoso en el Olímpico de Berlín. Era la Alemania de entreguerras liderada por Fritz Szepan (Schalke 04) y entrenada por Seep Herberger, pero sobre todo era la Alemania del nazismo efervescente. Aunque ya se había producido <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Anschluss">el Anschluss</a>, Inglaterra exigió que aún no jugaran los futbolistas austriacos ese partido que le servía a la selección teutona para preparar la Copa del Mundo de ese año en Francia. El partido, realmente, nos importa poco. Los gobernantes alemanes lo emplearon, en los días previos, como un ejercicio más de su maquinaria de propaganda. La plana mayor nazi, con Goering, Goebbels, Hess y von Ribbentrop presidió el partido, mientras que Hitler no llegó a tiempo de un encuentro con Mussolini. Y entonces pasó lo gordo: las dos selecciones saltaron al césped, formaron frente al palco y, como era norma, extendieron el brazo recto y afilado para el saludo nazi. Los alemanes y los ingleses. Cuando las <a target="_blank" href ="http://i.dailymail.co.uk/i/pix/2010/06/25/article-1289645-0A34CF98000005DC-982_468x286.jpg">fotografías de aquello llegaron</a> al Reino Unido, generaron un revuelo bestial, casi tan bestial como el que se había organizado minutos antes de ese saludo en el vestuario inglés. El embajador británico en Alemania, Neville Henderson, y el federativo Stanley Rous –luego líder de la FIFA- habían forzado, ante las presiones de los dirigentes alemanes,  a los futbolistas a saludar con el brazo estirado hacia los jerarcas nazis. Muchos se negaron y se rozó el conflicto diplomático en el mismo estadio. Pero, al final, la selección inglesa acató la orden. Saludaron todos los que salieron al campo. Pero hubo un futbolista que se quedó en el vestuario, negándose tenazmente. Aquella actitud no le costó el orgullo, pero sí varios partidos fuera de la selección. Ese futbolista era Stan Cullis.</p>
<blockquote><p>Stan Cullis no sucumbió a las presiones y no realizó el saludo nazi, pagando un precio por ello</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Cullis era el mediocentro del Wolverhampton Wanderers y de esa selección inglesa. Era uno de los mejores futbolistas del país y su negativa a saludar a los nazis y, por lo tanto, a jugar aquel partido de Berlín, a poca gente le resultó extraña. Su carácter era único: fiel a sus ideas, inflexible, pertinaz… Muy inteligente, hablaba varios idiomas, incluso el esperanto. El tiempo convertiría a Cullis en uno de las figuras más influyentes de la historia del fútbol inglés,<span class="pullquote_right">Como técnico, Cullis fue también mito de Wolves</span> en <a target="_blank" href ="http://www.futbolypasionespoliticas.com/2013/10/stan-cullis-la-integridad-de-la.html">un tótem de su pragmática identidad</a>. Pero también el alma y corazón del Wolverhampton, los Wolves, y de su época gloriosa, un esplendor que resultaría determinante para el desarrollo del fútbol europeo. Cullis había nacido en Ellesmere Port en 1916. Siendo adolescente, su padre lo llevó a probar con el Bolton, sin éxito. Mejor fortuna tuvo con los Lobos. Permaneció allí 13 años, aprendiendo del Major Franck Buckley, un ex combatiente de la batalla del Somme durante la Gran Guerra y el entrenador que rigió el equipo desde 1927 a 1944. De él, lo aprendió casi todo. La disciplina en el vestuario, el uso de la psicología, las claves de la cultura de club y de la fidelidad, las primeras notas del fútbol reduccionista, simple y enérgico y de un modelo de gestión económica integrado… Todo imbuido, como no podía ser de otro modo con un Major a los mandos, de un recio espíritu militar. Los Lobos eran hasta entonces uno de los clásicos del fútbol británico. Había sido uno de los 12 fundadores en 1888 de la liga inglesa y fue el primer equipo en chutar un penalti en la historia del fútbol. Con Buckley, rozó un par de ligas y dio guarida al joven Cullis. A su retirada, Cullis quedó muy determinado por esa experiencia como futbolista de Buckley y siguió ese linaje. Dirigiría la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=mfiSQKZR8u8">época más gloriosa de los Lobos</a> desde 1948 a 1964, ganando tres ligas y quedando entre los tres primeros en nueve de las doce temporadas que abarcaron desde 1949 a 1960. Sin embargo, no fueron los éxitos lo que le dio alcance a Cullis en el fútbol inglés, sino el tipo de juego que evolucionó y que convirtió en dogma del país más importante del fútbol, la nación fundadora.</p>
<p style="text-align: justify">Habían pasado los años de alternancia y dominio entre el Arsenal de Herbert Chapman y el Everton durante los 30. En esa Inglaterra de salto de década entre los 40 y los 50, había arraigado ya la cultura del <i>‘winger oriented style’</i> y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/historia-del-catenaccio-antecedente/">la WM de Chapman</a>, con un tercer central, rígido como una estaca, y el viejo mantra de <i>“buscar el camino más corto a la portería rival”</i>. Todos los equipos y la selección inglesa jugaban con extremos veloces y resistentes, interiores atléticos y sin relieves, y un delantero con ambiciones de grúa. A Inglaterra le iba bien así: había ganado en 1948 en Turín a la imponente Italia de Pozzo, Valentino Mazzola y Ezio Loik y mantenía intacta su eficacia como local ante el asalto de las selecciones continentales. El naufragio en la Copa del Mundo de 1950 –la primera en la que participó- y aquellas derrotas contra Estados Unidos y España en el torneo avivaron las primeras sospechas sobre el modelo inglés. El cataclismo no tardó en llegar. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=zAAKmLpkNwk">Hungría arrasó Wembley (3-6) en 1953</a> con su estilo luminoso, rebelde, rompedor y sugerente, y se abrió una profunda crisis de pensamiento en el Reino Unido. A Inglaterra le habían reventado la WM, su juego riguroso, físico, austero, impersonal, individual y reservón, también la vieja doctrina y la arrogancia de sus años de victorias locales, aislacionismo, estatismo federativo, y resistencia a los vientos renovadores que soplaban del fútbol continental, avivados por la corriente danubiana.</p>
<blockquote><p>El modelo de juego imperante en el fútbol inglés se estaba viniendo abajo por los malos resultados</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En aquellos años, Inglaterra carecía de un equipo dominante. Destacaban el  Porstmouth de Bob Jackson, el Blackpool de Matthews y Mortensen, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/historia-matt-busby-manchester-united-best-charlton-law/">el naciente Manchester United de Matt Busby</a> con Edwards, Viollet y Charlton y el Wolverhampton de Stan Cullis. Hasta que a finales de los 50 los Busby Babes se salieron un poco de la línea y se inclinaron por un aperturismo en el estilo, estos equipo representaban el academicismo y los dogmas británicos. La influencia húngara permitió tímidos ensayos de un juego más digerido, fluido, dinámico, con pase raso y corto, más posesión: el <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/el-plan-revie-manchester-city/">Manchester City del Plan Revie</a> y el Tottenham de Artur Rowe y su refrescante <i>‘push and run’</i>, un modelo de fluidas transiciones basado en paredes y triangulaciones que se proclamó campeón de liga de 1951 directamente tras ascender de la Second Division. Ambos equipos, junto al Manchester United post Munich 58, rompieron con los fundamentos británicos. Pero el aparato, el establishment del fútbol inglés, no avaló esos intentos contraculturales y, apenas un par de años después de lo de Wembley, se apagaron.</p>
<p style="text-align: justify">El pilar maestro de esas rígidas estructuras del fútbol inglés, cómo si se hubiera firmado un pacto, fue el estilo que Stan Cullis había comenzado a desarrollar en esa década de los 50. Su Wolverhampton fue fundamental para la consolidación de la pragmática identidad que durante más de 50 años exhibió el fútbol británico. Muchas convenciones tácticas, poca innovación, un severo retraso técnico, y varias cuestiones tan enfatizadas que casi permiten hablar de un <a target="_blank" href ="http://eurocopadefutbol.com/wp-content/uploads/2012/05/Roy-Hodgson-da-la-lista-de-inglaterra-para-la-eurocopa.jpg">fundamentalismo inglés</a>: juego directo, fortaleza atlética, balones largos, velocidad en los extremos, dominio físico… los ingredientes del viejo estilo británico, el <i>“kick and rush”</i>. Cullis fue un revolucionario al mejorar la preparación física en los entrenamientos. Le ayudó en ello servir en la Segunda Guerra Mundial como instructor físico de las Fuerzas Armadas Británicas.</p>
<p style="text-align: justify">La personalidad férrea, miliciana y ambiciosa de Cullis convirtió ese tipo de fútbol en una bandera de una época y su equipo se convirtió en el mayor exponente del pragmatismo inglés. En las 16 temporadas bajo su mando, los Wolves ganaron tres Ligas y dos FA Cup. Fue un tiempo fundamental en la historia de Inglaterra. Comenzaban a forjarse las viejas y grandes dinastías en multitud de clubes británicos, momento  en el que entre los entrenadores y la institución apenas existía una línea de separación. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/05/despedida-sir-alex-ferguson-old-trafford-swansea/">Los managers eran el club</a>. Esa personificación total incluyó a Matt Busby (Manchester United), Don Revie (Leeds), Bill Shankly (Liverpool), Bill Nicholson (Spurs), Jock Stein (Celtic) y Stan Cullis (Wolves).</p>
<blockquote><p>Los dieciséis años al mando de los Wolves fueron la mejor de la historia del club, con 3 ligas y 2 Copas</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El Wolverhampton ganó las ligas de 1954, 1958 y 1959, más las FA Cup de 1949 y 1960 y fue el mejor club inglés de la década, en una inolvidable rivalidad con el Manchester United estrellado en Múnich en 1958. Era una roca de equipo, cimentado por sus internacionales, el portero Bert Williams; el medio derecho, duro, un avance de Nobby Stiles, Eddie Clamp; el interior o medio ala (en la inalterable WM), Bill Slater, otro vocacional perro de presa; el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=4OrjU42Zotk">ídolo de infancia de George Best y Alex Ferguson</a>, el interior creativo Peter Broadbent; el poderoso Dennis Wilshaw, otro interior, más directo y de fuerte disparo; los dos extremos, las dos piezas de mayor talento ofensivo de los Lobos, Johny Hankock y Jimmy Mullen; y la joya de la corona, el mejor especialista defensivo –era central o mediocentro- que había entonces en el planeta: Billy Wright, casi 500 partidos con los Lobos, el primer internacional centenario de la historia, y capitán  de Inglaterra en los mundiales de 1950, 1954 y 1958.</p>
<p style="text-align: justify">El Wolverhampton expresó perfectamente los ideales aprendidos y madurados por Stan Cullis: severa disciplina táctica, la fuerza física, el pase largo y llegar rápido al área rival para aplicar el principio de porcentaje de gol. Aquí surge el personaje en el que más se apoyó Cullis para afianzar su metodología: Charles Reep, un comandante de la Royal Air Force <span class="pullquote_left">Charles Reep, el primer estadístico del fútbol</span>que ha pasado a la historia como <a target="_blank" href ="http://blogs.thescore.com/counterattack/2012/10/23/the-state-of-analytics-charles-reep-and-the-legacy-of-quackery-in-soccer-performance-analysis/">el primer analista y estadístico</a> del fútbol. Reep fue el bastión del juego directo. Sus teorías y estudios siempre se enfocaron hacia desprestigiar el juego de pase corto y posesión de la escuela húngara. En realidad, no fue más que un extremista de un concepto de juego basado en el pase largo. Su principio fundamental residía en alcanzar la portería rival cuanto antes y esa idea la convirtió en una teoría científica después de explorar entre 1953 y 1967 un total de 578 partidos: cómo se pasaba en ellos, en qué dirección, cuántas veces, desde qué sectores, cuántas jugadas había por partido, cómo se finalizaban… Reep, que había sido un admirador de los postulados de Herbert Chapman, defendía que la mayoría de los goles se producían en jugadas con tres o menos pases. Por eso, era importante empujar el balón hacia adelante con rapidez. Anunció que un tercio de los goles se marcaban después de recuperar en el campo rival y que el resto se fabricaban desde más de 35 yardas de distancia. Y que sólo 2 de cada 9 tantos estudiados procedían de jugadas con cuatro o más pases. Su solución  era clara: colgar balones al delantero o verticalizar rápido hacia los extremos para que estos centraran. Esta corriente iniciada por Reep llegó hasta los años 80, cuando se fundió con las teorías del director técnico de la FA, Charles Hughes, cuya defensa del juego directo expuso en su célebre tesis La Fórmula Ganadora, que tanto impactó en técnicos como Graham Taylor o <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/06/four-four-two/">Roy Hodgson</a>.</p>
<blockquote><p>Los ideales de Cullis eran la disciplina táctica, la fuerza física, balón largo y llegar mucho y rápido arriba</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El contenido analítico de Reep lo aplicó Cullis en sus Wolves y acabó por determinar la esencia del fútbol británico para varias décadas, una naturaleza influenciada por dos hombres de clara formación militar. No faltaron los críticos. Jimmy Hogan, padre del movimiento danubiano y enfrentado con el centro de poder del fútbol inglés, se opuso y anticipó que, a largo plazo, esa identidad <a target="_blank" href ="http://elrincondelfutbolinternacional.blogspot.com.es/2012/07/los-fracasos-de-la-seleccion-inglesa.html">acabaría por estancar a Inglaterra</a> hasta involucionarla, limitándola en los escenarios internacionales. El tiempo le ha dado la razón. Aunque era un defensor del estilo húngaro, advertía que lo relevante no es si el pase va corto o largo, sino que sea correcto.</p>
<p style="text-align: justify">Por entonces, se produjo un episodio fundamental. Molineux, el estadio de los Wolves, fue iluminado con luz artificial (1953). La instalación de esos focos tuvo consecuencias en todo el fútbol continental. Jugar partidos al final del día permitió al Wolverhampton organizar una tanda de amistosos nocturnos en miércoles y jueves contra<span class="pullquote_right">La victoria ante el mito húngaro, una epopeya</span> varios de los mejores clubes de los años 50. Los Wolves lo ganaban todo en casa: Real Madrid, los campeones soviéticos de Spartak de Moscú, los campeones argentinos de Racing Club… Pero hubo una victoria diferente. Era diciembre de 1954 y apenas había pasado un año del 3-6 húngaro de Wembley y la posterior y humillante réplica de Budapest (7-1), y sólo unos meses de la derrota magiar en Berna en la final de la Copa del Mundo contra Alemania. El Honved visitaba Molineux. Lo componía el grueso de esos Magiares Mágicos. Era un equipo casi invencible, vibrante, con Budai, Czibor, Puskas, Lorant y Koscis. Cullis, alérgico a ese estilo, sabía bien cómo frenarlos. Se había pegado cuatro días lloviendo, pero el entrenador de los Lobos ordenó a tres aprendices del club, uno de ellos un jovencísimo de 15 años llamado Ron Atkinson (tiempo después técnico del Manchester United y el Atlético), que sacaran las bocas de riego al césped y lo remojaran más. El terreno se puso pesado, pero el Honved, más virtuoso y técnico, impuso su manual: se adelantó 0-2. Pero el césped se fue enfangando, impracticable. Comenzaron a volar pelotas… y así, con el <i>“kick and rush”</i>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/magiares-magicos-honved-wolves-creacion-copa-de-europa/">los Wolves le dieron la vuelta: 3-2 y la BBC emitiendo</a>. El monstruo húngaro había caído, por fin. Aquel triunfo de los Lobos se alzó a categoría de epopeya. El sensacionalismo inglés abrillantó su orgullo y reavivó el entusiasmo nacional, consumido por las despiadadas derrotas contra Hungría, y decretó al Wolverhampton <i>“Campéon del Mundo»</i>. <i>“El mejor equipo de Europa”</i>, sentenció el columnista del Daily Mail, David Wynne-Morgan. <i>”Tuvieron el espíritu de Nelson”</i>, apostilló el Daily Mirror.</p>
<blockquote><p>La victoria ante el Honved de Puskas, Czibor, Kocsis y compañía, un triunfo legendario para los Wolves</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La contestación llegó de la pluma del periodista francés Gabriel Hanot, editor de L’Equipe: <i>“Antes de declarar que el Wolverhampton es invencible, deberían jugar en Budapest. Además, hay otros clubes de renombre internacional: AC Milan y Real Madrid, por citar solo dos. Un campeonato mundial de clubes, o por lo menos, europeo -más grande, más significativo y de mayor prestigio que la Copa Mitropa y más original que una competición de selecciones nacionales- debería ponerse en marcha”</i>. Esta sentencia fue la semilla de la que nació unos meses después, en 1955, bajo el auspicio de la UEFA, la Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify">En la edición de 1958-1959, debutaba en el torneo el Wolverhampton. Tras el desastre de Múnich y la tragedia del Manchester United, había quedado como tirano del fútbol británico, dominante y poderoso en las Islas. Sin embargo, en su primera eliminatoria continental, contra el Schalke 04, se despidió. Al año siguiente, sufrieron para eliminar a los alemanes orientales del ASK Vowarts, pasaron por encima del Estrella Roja… hasta que el Barcelona les dijo que aquello era Europa: 4-0 en el Camp Nou y 2-5 en Molineux, en <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=USHMYRYRg14">una exhibición tras la que los futbolistas ingleses hicieron el pasillo</a> a los de Helenio Herrera. Así se despidieron para siempre de la Copa de Europa el Wolverhampton  y Stan Cullis, resignados a saborear su <i>“kick and rush”</i> dentro de las fronteras británicas. Jimmy Hogan se lo había avisado al Viejo Lobo. Europa no miraba al cielo, sino al césped. Y así se quedó Inglaterra, con su juego directo y el mismo orgullo de siempre, tan blindado y febril como el de aquel osado lobo que negó el saludo a los nazis.</p>
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		<title>«La historia del fútbol»: episodio 31</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Feb 2013 02:55:35 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[ttmar Hitzfeld iniciaba su historia de amor con el Borussia Dortmund al clasificar a la entidad alemana para la final de la Copa de la UEFA de la campaña 1992-1993. Sin embargo, allí esperaba la poderosa Juventus de Trapattoni, con figuras como Roberto Baggio, Vialli, Jurgen Kohler, Andreas Moller o Dino Baggio, autor de tres [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">O</span>ttmar Hitzfeld iniciaba su historia de amor con el Borussia Dortmund al clasificar a la entidad alemana para la final de la Copa de la UEFA de la campaña 1992-1993. Sin embargo, allí esperaba la poderosa Juventus<span id="more-48111"></span> de Trapattoni, con figuras como Roberto Baggio, Vialli, Jurgen Kohler, Andreas Moller o Dino Baggio, autor de tres goles en la eliminatoria. Los de Turín pasaron por encima del Borussia, endosándoles un inapelable 6-1. Prácticamente todo quedó decidido en el choque de ida, donde los italianos se impusieron por 1-3, con dos tantos del <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/francia-argentina-mundial-cronologia/">gran Roberto Baggio</a>, nombrado Balón de Oro pocos meses despúes.</p>
<p><iframe width="460" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/AY95KiiMZow" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p style="text-align: justify">Era como si Europa estuviera pidiendo una nueva competición. La Copa de Campeones y la Recopa de Europa albergaban solo a aquellos conjuntos que habían tenido la dicha de levantar trofeos la temporada anterior. Escuadras de gran nivel de todo el continente merecían exhibir su calidad. Para ello, en 1971 se funda la novedosa <a target="_blank" href ="https://www.facebook.com/ecosdelbalon/timeline/story?ut=32&#038;wstart=73551600&#038;wend=76229999&#038;hash=242353912540835&#038;pagefilter=3&#038;ustart=1">Copa de la UEFA</a>. 64 equipos comenzaron el torneo, pero serían dos ingleses, Tottenham y Wolverhampton, los que alcanzasen una final disputada a doble partido. Los de Bill Nicholson, tras vencer en el partido de ida por 1-2 gracias a dos goles de Martin Chivers, se llevaban el título por un marcador global de 3-2.</p>
<p><iframe width="460" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/_cEFVSCfLH8" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
&#8211;<br />
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		<title>Los últimos coletazos del fútbol romántico</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Sep 2012 01:33:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Bela Guttman]]></category>
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		<description><![CDATA[primeros de los 50, Europa hervía en partidos amistosos. Los equipos del Este de Europa, por aquello del Telón de Acero, eran todo un acontecimiento cuando viajaban por Europa occidental, y, sin lugar a dudas, la gran estrella de aquel ir y venir de encuentros era la selección húngara, una poderosa máquina de golear que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">A</span> primeros de los 50, Europa hervía en partidos amistosos. Los equipos del Este de Europa, por aquello del Telón de Acero, eran todo un acontecimiento cuando viajaban por Europa occidental, y, sin lugar a dudas, la gran estrella de aquel ir y venir<span id="more-25533"></span> de encuentros era la selección húngara, una <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=vJFQ5wB9jns">poderosa máquina de golear</a> que exhibía su fútbol, mitad arte, mitad precisión inexorable, por todas partes.</p>
<p style="text-align: justify">Entre 1950, cuando reunió a su -segunda- gran generación de jugadores, y 1956, cuando los tanques de la Unión Soviética entraron en Budapest porque a los comunistas soviéticos les pareció que los comunistas húngaros no eran todo lo comunistas que a ellos le gustaría que fueran, aquella tremenda selección encadenó una serie de resultados casi irrepetible: 49 partidos, 42 victorias, 6 empates y una sola derrota. Bien es verdad que la derrota vino a producirse en el partido menos conveniente: <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Fr9Emwh7aEc&#038;feature=related">la final de la Copa del Mundo</a> contra Alemania en el Wankdorf Stadion de Berna. Pero fue considerada un accidente. De hecho, tras ella, los Magiares Mágicos siguieron apisonando a sus rivales como lo hacían antes de la trágica final contra los hombres capitaneados por Fritz Walter, mientras estos seguían vomitando y sufriendo de hepatitis e ictericia por lo que quiera que fuese el contenido de las <a target="_blank" href ="http://www.smh.com.au/articles/2004/04/01/1080544635018.html?from=storyrhs">jeringuillas</a> encontradas por Walter Brönnimann –delegado del estadio- en su vestuario tras la final.</p>
<blockquote><p>La aparición del fútbol socialista revolucionó un mundo dominado por la WM inglesa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Tenían los húngaros un equipo repleto de talento, con jugadores excepcionalmente dotados para jugar en cada una de las posiciones  del campo. Casi casi contaban con el mejor jugador del globo en cada posición, y ninguno de ellos estaba considerado por debajo de los 5 mejores, desde el guardameta hasta el centrodelantero.<span class="pullquote_right">Los hungaros no sólo eran los mejores, sino también fueron los más innovadores gracias a Gusztav Sebes</span> Eran además innovadores, gracias a un visionario como <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/classicfootball/coaches/coach=61688/index.html">su entrenador Gusztav Sebes</a>, y entrenaban de una manera que nadie había visto hasta entonces. Todo estaba controlado al milímetro, y en definitiva, eran lo más parecido a un equipo invencible que había existido hasta la fecha y por unas cuantas décadas más. Sebes, que no era un entrenador al uso, sino más bien una especie de Comisionado General del deporte húngaro, organizó todo el fútbol magiar en función de la selección. Cualquier jugador susceptible de ser seleccionado para el equipo nacional debería vivir en Budapest y jugar en un equipo de la capital. Así fue como equipos como <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=AXOTS2Nnrs8">el Kispest (renombrado Honved)</a>, el Ferencvaros, el Vasas o el MTK (renombrado Vörös Lobogó, <i>Bandera Roja</i>), aglutinaron a gran parte de los mejores jugadores del país. Esto fue así porque, gracias a la mediación del poderoso Sebes, todos estos jugadores que estaban en la órbita de la selección entrenaban 4 días por semana, entre 4 y 6 horas, con el equipo nacional, y sólo regresaban a sus clubes para las jornadas de liga en el fin de semana. Obviamente, dado el carácter <i>amateur</i> del fútbol en el mundo comunista, estos horarios de entrenamientos exigían que los jugadores fuesen también dispensados de sus diferentes ocupaciones laborales. Todo muy entre comillas, entendámonos. Además, no contento con esto, Sebes contaba en el organigrama de la selección nacional con algunos de los mejores entrenadores del campeonato local, como Marton Bukovi. Duros entrenamientos a nivel físico, jugadas y movimientos preconcebidos, inicios de las estrategias a balón parado… los Magiares Mágicos iban 10 o 15 años por delante allá en los 50.</p>
<p style="text-align: justify">Esta línea de innovación y talento comienza ya desde la portería. <a target="_blank" href ="http://quefuede.blogia.com/2010/041401-quien-fue...-gyula-grosics.php">Gyula Grosics</a> era un guardameta excepcionalmente ágil, con un físico privilegiado y que gustaba jugar fuera de su área, al contrario de lo que se estilaba en la época. Fue el precursor del portero-líbero. Poseía un juego con los pies más que aceptable, y la manera en que su defensa jugaba, con laterales muy ofensivos y centrales adelantados no le dejaba muchas más opciones. Los enormes defensores eran Geno Buzansky, Gyula Lorant y Mihaly Lantos, tres hombres de tremenda corpulencia, especialmente el primero,  siendo Lantos una especie de carrilero con cuerpo de central -¿Briegel?- que marcó muchos goles para la selección. Les acompañaba, como central nominal, Jozsef Zakarias, que era un jugador que partía desde la defensa, pero al que era habitual ver paralelo a Bozsik en el centro del campo. Sería una de las claves del equipo húngaro, ya que cuando Hidegkuti bajaba al medio había 3 hombres, de tres perfiles totalmente diferentes, que le permitían al equipo de Sebes controlar la zona ancha. En el mediocentro contaban con el <a target="_blank" href ="http://www.myfootballfacts.com/JozsefBoszik.html">número 1 del mundo, Jozsef Boszik</a> (sólo Pipo Rossi, el argentino que dirigía a “La Máquina” de River y posteriormente al famoso Millonarios de Bogotá –Pedernera, Di Stefano-, podía disputarle el puesto), un jugador de excepcional visión de juego y físico de acero, capaz de dominar él solo el medio campo.</p>
<p style="text-align: justify">La delantera contaba con el genio y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=qU7LzHoCspU">la dinamita de Ferenc Puskas</a>, el mejor goleador del siglo (84 goles en 85 partidos internacionales), el prodigioso remate de cabeza de <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=y_TS2a1rYHo">Sandor Kocsis</a>, el regate de Zoltan Czibor, la calidad y velocidad<span class="pullquote_left">La gran movilidad de su delantera desarbolaba cualquier defensa o esquema táctico</span> de hombres como los hermanos Budai y Peter Palotas, y sobre todo con el prototipo de delantero centro moderno, que se mueve por todo el frente de ataque, baja a recibir, etc, que sería clave en el estilo de juego de la escuela del Danubio: Nandor Hidegkuti. Era un conjunto de ataque al estilo del Fútbol Total de veinte años después, tan pronto aparecían como Budai-Kocsis-Hidegkuti-Puskas-Czibor (sus posiciones lógicas), como Czibor-Budai-Puskas-Kocsis-Hidegkuti, lo que en una época en la que se estilaba el marcaje al hombre, desarbolaba cualquier defensa y cualquier esquema táctico. Ni que decir tiene que el movimiento más devastador para los equipos contrarios era aquel en el que Hidegkuti, como ya hacía en el MTK a las órdenes de Bukovi, retrasaba su posición hasta el centro del campo, sembrando la confusión entre los hombres que, en la rígida WM, debían marcarle.</p>
<p style="text-align: justify">En definitiva, este equipo es el embrión del 4-2-4 que luego aplicaría tan exitosamente la selección brasileña, gracias a Vicente Feola. Un entrenador que aprendió mucho durante el paso de Bela Guttmann por Brasil. Un Bela Guttmann que, antes de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/04/de-muchos-uno/">convertirse en leyenda con el Benfica</a>, trabajó para el Sao Paulo en Brasil y, efectivamente, viajó muchas veces a su país –entrenaba en el extranjero- para trabajar en la concentración de la selección húngara durante esas interminables semanas laborales en Budapest. Sin olvidar que fue el descubridor de Puskas, y entrenador del Honved.</p>
<blockquote><p>La consagración internacional del Aranycsapat –equipo de oro- llegó en su visita a Wembley.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Con estos mimbres y este estilo de juego, los húngaros impusieron su calidad en los Juegos Olímpicos de Helsinki, en 1952, tras derrotar a una gran selección yugoslava, y pasearse durante el resto del torneo. Los objetivos propagandísticos de Sebes y el gobierno húngaro empezaban a cumplirse. Pero nada fue tan decisivo para su paso a la historia como el 25 de noviembre de 1953. Los húngaros estaban ya metidos en una racha de 3 años sin perder, y su fama empezaba a cobrar tintes legendarios. Un poco al estilo de lo que había sucedido con <a target="_blank" href ="http://www.elenganche.es/2009/10/equipos-historicos-el-wunderteam-austriaco.html">el Wunderteam austríaco 20 años antes</a>. Así que, para completar el paralelismo, los ingleses, altivos inventores del juego se habían atrevido a desafiar a Hungría en su Empire Stadium de Wembley (ese que entregaron sin piedad a la piqueta no hace tanto). Hasta entonces, desde el comienzo del fútbol, ninguna selección continental o americana había logrado derrotar a los <i>pross</i> en su propio campo. Además, contaban con un gran grupo de jugadores como Stanley Matthews, Billy Wright, Stan Mortensen, Nat Lofthouse, Tom Finney, Alf Ramsey… un equipazo sin duda, pero sobre el que ya se cernían ciertas dudas de su dominio, tras el ridículo espantoso que había hecho en el Mundial de Brasil &#8217;50.</p>
<p style="text-align: justify">Esa gris tarde-noche de noviembre –cuál no lo es en Inglaterra-, Hungría los derrotó. ¡Vaya si lo hizo! <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/wembley-1953-inglaterra-hungria/">Los Magiares Mágicos pasaron como un ciclón por Wembley</a> y desde el primer minuto, cuando anotaron el 0-1 –merced a un maravilloso amago de Hidegkuti, seguido de un cañonazo a la escuadra- hasta el 90,<span class="pullquote_right">«El partido del Siglo», así tituló The Times a la brillante goleada de Hungría a Inglaterra en su amado Wembley</span> no hubo dudas de quién mandaba en el fútbol mundial. 3-6, a pesar de un arbitraje compasivo que salvó a los ingleses de un descalabro mayor. Hidegkuti arrastraba a su marcador por todo el campo –o no, lo cual era aún peor, ya que nadie sabía quién debía acudir a cubrirle-, los húngaros aparecían por todas partes, entrando como cuchillo en mantequilla en la </i>sólida</i> defensa inglesa y los goles caían como churros en la red de un desesperado Gil Merrick. La culminación de esta lección fue el primer gol de Puskas: recibiendo el balón en la esquina del área pequeña, pisó la bola burlando la entrada del considerado mejor central del mundo y capitán inglés, Billy Wright, y con esa misma pierna sacó un cañonazo ante el que el guardameta inglés nada pudo hacer. The Times tituló a la mañana siguiente a toda página: <i>“THE MATCH OF THE CENTURY”</i>. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=m3Oy10qBkEc">El partido del siglo</a>, vaya. Los demás partidos del siglo, que a razón de media docena por año y país hemos ido conociendo, son falsificaciones. El viaje de vuelta de los húngaros desde la estación de Victoria en Londres hasta la capital húngara fue un homenaje contínuo: en Holanda, en Suiza, en cada estación de tren debían bajarse, saludar, firmar autógrafos, recibir flores… ¡¡¡Europa les amaba!!!</p>
<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=R1HDNHXpzXU&#038;feature=player_embedded">Los ingleses, heridos en su orgullo</a>, pidieron la revancha, y los húngaros, aceptaron. Sería poco después, pero esta vez en el Nepstadion de Budapest, la guarida del lobo. La revancha fue de todo menos eso. Uno tras otro los goles cayeron en el saco, hasta un 6-0 que humillaba aún más al equipo de los Tres Leones, al que un penalti inexistente permitió marcar el gol del honor, por medio del delantero Ivor Broadis. Como la cosa no podía quedar así, los irrespetuosos magiares añadieron aún otro gol más. 13 goles se habían llevado los <i>maestros</i> en dos partidos. Una pesadilla. Tras estos dos partidos, hubo aún dos más donde el <i>futbol socialista</i>, como lo había bautizado Sebes, demostró su hegemonía. Viajaron a Hampden Park para meterle 4 a los orgullosos escoceses y luego el Honved recibía en Budapest al fantástico <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=--xBaK8czRM">Botafogo brasileño</a>, donde jugaban Garrincha y Nilton Santos, al que agasajó con 6 goles.</p>
<p style="text-align: justify">Por todo esto, cuando en diciembre del 54, el Wolverhampton Wanderers -los Wolves para los amigos-, campeón inglés,  recibía en su estadio de Moulineaux Grounds al Honved (el equipo madre de los Magiares Mágicos), toda Inglaterra vio la oportunidad<span class="pullquote_left">Tras ganar al Spartak de Moscú, Inglaterra esperaba la revancha frente al Honved</span> de sacudirse un poco ese complejo que los húngaros le habían inculcado a base de goles. Poco antes, los Wolves, como preparación para este partido, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=c5mzKOxKGk4">habían derrotado al reputado Spartak de Moscú</a>, a la sazón, campeón del potente campeonato Soviético. Ya esta victoria contra el Spartak fue vista como una pequeña venganza y demostración de fuerza, porque diez años antes, el Dinamo de Moscú que tenía como estrellas a Konstantin Beskov –otro de los precursores de la figura del falso 9, y posteriormente seleccionador soviético- y a Alexei <i>el Tigre</i> Komich -un porterazo que mantuvo años a su sombra a Lev Yashin-, había hecho una gira demostrando grandes cosas a los mejores equipos ingleses, especialmente al Chelsea. De todos modos, no convenía lanzar las campanas al vuelo, porque lo que se venía era el Honved, y la cosa podía acabar con una enorme callada de boca.</p>
<p style="text-align: justify">Ese 13 de diciembre, cuando el Honved saltó al estadio inglés y se puso 0-2 en ventaja, Inglaterra contuvo la respiración. ¿Una nueva humillación? No podrían resistirlo. Era una ocasión especial, se estrenaba la iluminación artificial en el estadio, los Wolves vestían camisetas de una tela brillante para dar una imagen casi celestial en televisión –en combinación con el resplandor de los focos-… Algo había que hacer… y lo que se hizo fue un manguerazo histórico. Así, en  una segunda parte apoteósica, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=CxoI4AjgokU">los Wolves de Billy Wright remontaron y ganaron 3-2</a>. <i>Kick and rush, kick and rush</i>. La prensa inglesa reventaba en titulares a la mañana siguiente: <i>“WONDERFUL WOLVES DO IT AGAIN!”, “WOLVES THE  GREAT!”, “THEY HAD THE NELSON SPIRIT”, “NEVER A GAME LIKE IT”</i>… A raíz de las declaraciones post-partido del presumido Wright, el Daily Mirror proclamó al Wolverhampton como el campeón de Europa -y del mundo-, ya que había vencido sucesivamente al Spartak y sobre todo al invencible Honved, que a equipos de todo el globo derrotaba.</p>
<blockquote><p>Nadie suponía que aquel bendito manguerazo y aquellos focos alumbrarían el nacimiento de la más bella de las competiciones.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Pero al otro lado del Canal de la Mancha, <a target="_blank" href ="http://cuatro33.files.wordpress.com/2011/11/articulo.png">Grabiel Hanot, el director de L’Equipe</a>, escribió un artículo de respuesta en el que, además de demostrar su respeto a la hazaña del Wolverhampton, le recordaba que sus victorias habían sido en casa, y que no estaba tan seguro de que fuera de su estadio fuesen igual de fuertes. El artículo tuvo éxito, y el propio Hanot siguió desarrollando su idea en escritos posteriores: una competición entre campeones de liga a doble partido, entre semana y en festivos, siempre nocturnos,  para que la gente pudiese acudir y una final a un solo partido y muchos otros aspectos, que, poco a poco, configuraron la Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify">Se realizaron sucesivas reuniones, con periodistas, con presidentes de clubs europeos y con la propia UEFA, que vio inmediatamente que no se podía quedar fuera de tamaño proyecto. Bernabeu fue decisivo al dar un paso al que nadie se atrevía: el reparto mitad y mitad de las taquillas. Él, que tenía el estadio más grande de Europa, y evidentemente salía perdiendo, decidió sacrificar algo de dinero a favor de una gloria futura que el patriarca de Almansa parecía oler. Tras diversas negociaciones, algunas de ellas complicadas, ya que hubo federaciones como la FA inglesa que no permitió a su campeón –el Chelsea- participar,  se llevó a cabo el primer campeonato, en 1956, que acabaría, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=maC5WoYrFbI">como los 5 primeros</a>, con victoria del Real Madrid, y con un éxito brutal a ambos lados del Telón de Acero.</p>
<p style="text-align: justify">A pesar de que en principio la UEFA también organizó una competición paralela entre selecciones de ciudades con grandes ferias comerciales, la <a target="_blank" href ="http://europaenjuego.wordpress.com/historia-de-la-copa-de-ferias/">Copa de Ferias</a>, cerrada, excesivamente larga y mal organizada, aunque bastante atractiva, la idea de L’Equipe y algunos de los grandes clubes europeos, fue la que triunfó y se convirtió en la más importante competición del Viejo Continente, mientras la Copa de Ferias se acabaría transformando en la Copa de la UEFA. Así, gracias a una serie de circunstancias, de casualidades y de rivalidades, se llegó a la <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=QBeFCfzlmyQ">competición de clubs que más expectación levanta</a>. En un tiempo difícil sirvió para ayudar a la vertebración de una Europa que aún sufría las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y que unía por igual a democracias y dictaduras, repúblicas, monarquías y regímenes comunistas en la pasión por el balón. Además, con el paso de los años, nos ha descubierto a equipos, ciudades, jugadores, estadios, etc que siempre permanecerán en nuestras memorias y abrió, definitivamente, las puertas al fútbol de competición, profesionalizado y serio que conocemos actualmente.</p>
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<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/el-plan-revie-manchester-city/">El Plan Revie, cuando el City sacudió Inglaterra</a></p>
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