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	<title>Ecos del Balón &#187; Vicini</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>Baggio bajo sospecha</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Mar 2017 03:50:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo José Ustaritz]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">La coleta entrecana y el adriático de la mirada lleno de melancolía; como una canción que se perdió en el viento y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=zDBpYD51G_0">llegó a Brescia</a> cuando ya nadie la quería escuchar, pero terminó sonando en un vinilo gastado entre sombras y vino, suspiros<span id="more-226849"></span> y risas. Dijo <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/archivo-articulos-espresso-historias-futbol/">Gianni Brera</a>, el hombre que los vio a todos, a Meazza, Mazzola padre y Gianni Rivera, el del fútbol erótico como diría <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/author/david-mata/">David Mata</a>, que Baggio fue el mejor. El dieciséis de mayo del 2004, ante un San Siro repleto y jugando contra el Milan, el chico de Caldogno dijo adiós ante una ovación general y merecida. Italia lo despidió rendida ante sus pies. <i>Il più bello, il più grande</i>&#8230; sí, pero jugando por la salvación.</p>
<blockquote><p>Baggio terminó jugando en el pequeñísimo Brescia</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">A Baggio lo quisieron retirar dos veces. Eran las semanas posteriores al <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=fpbkRApq9qY">incidente de Pasadena</a>, ese que se fijó en su historia como una cruz eterna. Roberto Baggio era el mejor futbolista del planeta y jugaba en el gigantesco club de la FIAT: la Juventus de Turín. Aquel verano, Marcello Lippi hacía su arribo a la entidad bianconera con un slogan que marcaría su trayectoria: quería hacer que la Juventus no fuese tan «Baggio-dependiente». Las lesiones, esas que lo acompañaron fielmente durante sus más de veinte años de carrera, y la ascensión de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=l_dFeh3vu3Y">Mercurio renacido, Alessandro Del Piero</a>, fueron la excusa perfecta para que el club le pidiese que para renovar se rebajase su sueldo a la mitad. ¿Cómo iban a hacerle eso a él? Decidió abandonar Turín y mudarse a Milan, seducido por el poderío del equipo de Berlusconi. Allí, enfrentado a Capello, <a>Savicevic</a>, Boban y las malditas lesiones, nunca encontró su lugar. Tampoco lo haría con Óscar Wasington Tabárez. El mítico entrenador uruguayo diría que en el fútbol «no había lugar para poetas». Tenía tan solo treinta años.</p>
<p style="text-align: justify">Fuera de la selección italiana, con la que solo había jugado 130 minutos en casi tres años, y <a target="_blank" href ="http://www.football-italia.net/41550/ancelotti-crazy-reject-baggio">rechazado por el Parma</a> porque Carlo Ancelotti dijo que no tenía hueco en su sistema 4-4-2 para el genial fantasista, Baggio fichó por el Bologna, un equipo de medio tabla. Allí, cobijado por la pasión de los <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Gjf0lguqYCY">hinchas del Renato dall&#8217;Ara</a>, &#8216;Il Codino&#8217; alcanzó su mejor cifra de goles anotados en una temporada de liga, 22, superando los 21 que había conseguido en la temporada 92-93, año en el que ganó el Balón de Oro. Su equipo terminó octavo en la Serie A y el Milan&#8230; décimo. Los viejos rockeros nunca mueren y la poesía es el fútbol mismo, Óscar.</p>
<blockquote><p>En el Milan, Baggio nunca encontró la confianza de sus entrenadores</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Su grandísima temporada lo devolvió a la élite. &#8217;10&#8217; en la espalda, jugando de trecuartista y el mejor Ronaldo con Zamorano por delante. El Inter de Milán. Y la suerte, como a todo lo que ocurre en el lado neroazzurro de Milán, lo maldijo. Entre lesiones, jugó y dejó muestras de su innegable clase, sobre todo en un trepidante <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=KG1kan_sQu4">4-5 ante la Roma</a> en que él y Ronaldo parecieron el mejor ataque del mundo. Quizá lo eran. Pero Lippi, el villano original, no pensó lo mismo. Cuando se hizo cargo del equipo en 1999, envió a Baggio al ostracismo. Es <a target="_blank" href ="http://thesefootballtimes.co/2016/01/17/baggio-versus-lippi-the-anatomy-of-a-feud/">famosa la anécdota</a> en la que Marcello reunió a la plantilla en un entrenamiento para decirle que Roberto ya no era lo suficientemente bueno para jugar en el Inter. Tenía treinta y dos años. </p>
<p style="text-align: justify">Aunque parezca absurdo, Baggio siempre estuvo bajo sospecha. No de los aficionados, que lo adoraban, ni de los directivos, que suspiraban por él, ni de sus compañeros, que vivían en fascinación perpetua con su fútbol, <a target="_blank" href ="http://www.jotdown.es/2012/10/los-renglones-torcidos-de-roberto-baggio-y-ii/">sino de los entrenadores</a>. Y si lo ocurrido con Lippi en Juventus e Inter, y Capello, Tabárez y Sacchi en el Milan, no es muestra suficiente, nada más hay que recordar su trayectoria por la nazionale.</p>
<blockquote><p>Con Lippi, Baggio tuvo muchísimos altercados</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Era 1990 y Roberto Baggio ya era el jugador más caro de la historia. La Juventus había roto todos los récords y maneras para arrebatárselo a la Fiorentina. Y aun así, aunque seguramente era el sucesor de Maradona como <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=CSyrnV2RBSM">mejor futbolista del Calcio</a> y del mundo, Baggio era suplente para Vicini. A pesar de su <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=_OQhQiGB1Rc">gol a Holanda</a>. A pesar del destrozo que le <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=7icU5h9itys">hizo a Checoslovaquia</a>. A pesar de todo, Baggio solo jugó un partido completo en ese mundial y solo entró hasta el 73&#8242; en el partido decisivo contra Argentina. Cuatro años más tarde, Italia había perdido el primer partido del mundial contra Irlanda y a los veintiún minutos del primer tiempo del segundo juego, contra Noruega, fue expulsado Pagliuca. Ante la perplejidad de todos, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=FLtoBDMb0N4">Sacchi sustituyó a &#8217;10&#8217;</a> para dar entrada al portero suplente, a pesar de que se jugaban la clasificación. Meses después, Arrigo borraría a Baggio de las convocatorias italianas y no lo llamaría para la Eurocopa de Inglaterra. Sí iría al Mundial de Francia con Maldini en el banco, pero no sería titular, en enfrentamiento directo con Del Piero pues «solo podía jugar uno». Algo similar a lo que ocurriría en la Eurocopa 2000, cuando Dino Zoff lo acusó de no estar en forma y apuntó que ya tenía a Del Piero, Totti y Fiore, y en 2002, cuando Trapattoni no sucumbió al clamor popular y dijo exactamente lo mismo que su antecesor dos años antes.</p>
<blockquote><p>A pesar de su recorrido con la selección, Baggio no fue indiscutible</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Cuando se le preguntó a Baggio, después de su retiro, porque encontró tanto recelo en tantos entrenadores, los acusó de estar celosos de él, del amor que despertaba en los fans y de que ellos creían que él les estaba robando el show. Vicini, Lippi, Sacchi, Capello, Tábarez, Maldini, Zoff y Trapattoni. Ocho entrenadores que nunca confiaron en el hechizante fútbol de &#8216;La Coleta Divina&#8217;. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jj7eR9ocNxo">La condición del genio</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right">Foto: Grazia Neri/ALLSPORT</p>
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		<title>Lo que Italia nos dio</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Jun 2012 01:58:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[n esta Eurocopa en la que el ideal de muchos de los seleccionadores presentes es parecerse a la selección española, debemos preguntarnos: ¿quién es para nosotros el sinónimo de competitividad por excelencia en el mundo de fútbol? Supongo que las respuestas podrían ser variadas, pero no creo que me equivoque si digo que, para el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span class="dropcap">E</span>n esta Eurocopa en la que el ideal de muchos de los seleccionadores presentes es parecerse a la selección española, debemos preguntarnos: ¿quién es para nosotros el sinónimo de competitividad por excelencia en el mundo de fútbol?<span id="more-14175"></span> Supongo que las respuestas podrían ser variadas, pero no creo que me equivoque si digo que, para el fútbol español, el ejemplo más citado sería el de Italia. Sí, los brasileños tienen estrellas y filigranas, los argentinos tienen a su genio de todas las décadas y años de <i>potrero</i>, los alemanes son implacable cañones de artilleria, pero a todos estos los consideramos normales. Todos tienen <i>algo</i>.</p>
<p style="text-align: justify;">Italia no. A Italia cuesta más reconocerle cosas. Saben lo que quieren y cómo lo quieren, su estilo es rácano, empiezan los torneos fatal para acabar derrotando a los mejores, son mezquinos, no la tocan. El antifútbol. Poco más da que haya equipos o selecciones italianas que no cumplan con esas premisas,<span class="pullquote_right">Atraviesan los campos de minas con una sonrisa, teniendo la seguridad de que no les va a tocar a ellos</span> todos lo llevan en la sangre. Qué más dará que España a duras penas haya producido Riveras, Mazzolas, Tottis, Contis o Baggios. Son catenaccistas y nada más. Son competidores natos, atraviesan los campos de minas con una sonrisa, con la seguridad de que no les va a tocar a ellos. Eso es lo que el fútbol español odia. Eso es lo que el fútbol español envidia. O envidiaba. No hay duda de que <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=fser8knw8Ws&#038;feature=related">el Mundial celebrado en España marcó la conciencia colectiva</a> de nuestro país. Italia tenía un buen equipo, pero venía marcado el escándalo del <i>«Totonero»</i>, que había salpicado a algunas de sus estrellas y jugadores importantes (Paolo Rossi, Bruno Giordano, Lionello Manfredonia…), y a sus clubes (Milan, Lazio). El seleccionador estaba enfrentado con una prensa que le discutía todo. Confiaba en jugadores en dudosa forma (Rossi, Antognoni) en lugar de otros a su máximo nivel (Beccalossi, Pruzzo), optaba por jugadores bisoños como Bergomi, limitados como Collovatti y descartaba a jugadores con clase como Baresi. <a target="_blank" href ="http://es.uefa.com/memberassociations/association=ita/news/newsid=1760685.html">Y su portero tenía 40 años</a>. Todo problemas. Y más aún tras una primera fase dantesca.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero, como Italia es Italia –expresión que todos habremos oído a un aficionado español-, se recuperaron, crecieron y ganaron el Mundial derrotando a equipos que se suponían superiores. Y eso a los españoles nos marcó. Contra ningún país tuvo España más complejo de inferioridad que contra Italia. Porque daba igual lo bueno que fueses, lo bien que llegases tú y lo mal que llegasen ellos, lo bien que jugases, lo mucho que los embotellases… podían ganarte. Y lo peor es que la inmensa mayoría de las veces lo hacían. Odio eterno. ¿Por qué no podíamos ser nosotros como ellos? Aunque fuera una vez…</p>
<blockquote><p>No bastó nuestra mejor generación en años para poder batir a Italia.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">En el año 88, durante la Eurocopa de Alemania, la suerte nos deparó un grupo con los anfitriones, nuestros amigos los daneses e Italia. Un grupo duro, por nombres, pero que en la teoría podría darle a España un pase como segunda sin mediar grandes sorpresas. <a target="_blank" href ="http://es.uefa.com/uefaeuro/season=1988/matches/round=212/match=6/index.html">España ganó sufriendo a una Dinamarca</a> ya de vuelta de todo. Fue el último torneo de hombres míticos de la <i>Dinamita Danesa</i> como Elkjaer, Lerby o Morten Olsen. Los inicios son siempre difíciles y sumar la victoria daba confianza. Además, los buques insignia de Miguel Muñoz, Butragueño y Michel, marcaron y jugaron bien.</p>
<p style="text-align: justify;">Se venía el partido contra los italianos, que atravesaban un proceso de renovación tras la etapa de Bearzot y estaban inmersos en la preparación de su <i>Mondiale Novanta</i>. <a target="_blank" href ="http://en.wikipedia.org/wiki/UEFA_Euro_1988_squads">Vicini había incluído a muchos de sus jugadores de la Sub 21</a> y sólo cinco jugadores de los veinte convocados superaban los 25 años.<span class="pullquote_left">España tenía al Buitre y a Míchel en su momento culmen. Era un equipo sólido y con clase</span> Eran hombres importantes de la poderosa Serie A, pero no había luminarias. Era básicamente el equipo que sería semifinalista dos años después en el Mundial, pero con menos rodaje. España venía de dejar un buenísimo sabor de boca en el Mundial de México. Tenía al Buitre y a Míchel en su momento culmen, un equipo sólido con Víctor Muñoz y Tomás Reñones, la clase con Gallego y Sanchís&#8230; Oficio y calidad, había que meterles mano a esos italianos que ni la típica barba de gran torneo se habían dejado. El partido fue igualado, pero el oficio de los italianos bloqueaba la creatividad española y conforme pasaban los minutos se iba llegando al punto en que los italianos se encontraban cómodos y los españoles un poco desesperados. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=A3W4bK9vTPY">Minuto 73, gol de Vialli</a>. Fin del partido. <i>«Otra vez lo mismo. No hay manera con estos tíos»</i>, frases repetidas por millones a la salida de cualquier bar español. Tras este mazazo, partido decisivo contra unos anfitriones que apenas sufrieron. Dos goles de Rudi Völler liquidaron las aspiraciones de un estilo, el de Miguel Muñoz, que abogaba por la furia, pero con grandes dosis de calidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Tanto influyó lo italiano que el sucesor de Muñoz fue <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=SPSdX-odTxc">Luis Suárez, excelso futbolista</a>, pero firme representante del estilo italiano que le hizo crecer hasta sus más altas cotas como jugador. España se acostumbró a vivir con un líbero y dos marcadores. Y ese líbero no era Sanchís, que sería lo ideal -con su valentía y sus incursiones en campo contrario-, era un <i>uomo scopa</i> como Górriz.</p>
<blockquote><p>La travesía con Suárez y Miera no fue muy positiva, y llegó el rubio de Barakaldo…</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Si aquel partido del 88 marcó 3 o 4 años de selección española, el siguiente gran enfrentamiento con los italianos fue una puñalada total. Venía España de recuperar su autoestima con Clemente, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=76k3J3beZPU">jugando algunos partidos sólidos</a>, especialmente aquel de Dublin ante la Irlanda de Jack Charlton y eliminando a la campeona de Europa, como era la Dinamarca de Schmeichel y los Laudrup. Italia, a estas alturas, había licenciado a la generación que liquidó a España en el 88. La fase clasificatoria de la Euro 92 significó el final de Vicini y, con la llegada de Sacchi, el adiós de una generación a la que le quedaba fútbol (Vialli, Mancini, Giannini, Bergomi, Zenga…). El Milan y el Parma eran ahora la base de la selección. No parecía un equipo con mucho lustre, <span class="pullquote_right">Italia no parecía un equipo con mucho lustre, pero Baggio era el Balón de Oro</span>pero Roberto Baggio había crecido tanto que podía decidir (y lo hizo), torneos enteros. Era el Balón de Oro, además.</p>
<p style="text-align: justify;">Clemente, fiel a su estilo de no casarse con nadie, planteó su típica defensa de 5 con hombres correosos en el medio y donde un enorme Caminero (gran Mundial el suyo) y Luis Enrique ponían la calidad. Se desconfiaba de Italia, que venía un poco dando tumbos, pero la España de Clemente tenía solidez para plantar cara. Había esperanzas, vaya.  Pero Italia respiró cuando vio que  <i>l’uomo di ferro</i>, Fernando Hierro, que había jugado un gran Mundial se quedaba en el banco. Hierro era el hombre que equilibraba aún más a España, una roca en defensa y con capacidad para jugar en el medio, e incluso llegada arriba. </p>
<p style="text-align: justify;">El partido fue la viva imagen de aquellos que se jugaban en el patio del colegio. Cuando los chicos de sexto dominábamos a los grandullones de octavo. Cuando entre litros de sudor (que luego repercutían en el ambiente de clase), conseguías recuperarte de los golpes que te daba un rival al que considerabas superior. Cuando a ti te parecía que estabas escalando la montaña más alta mientras ellos estaban totalmente confiados en su manera jugar. Cuando faltando poco tiempo aparecía el típico crack, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Sh7yMfjdmJ4">con sus pintas raras y su coletita</a>, y te dejaba claro que no podías competir con ellos. Cuando, lleno de rabia intentabas revolverte y aún te llevabas alguna colleja. Y, sobre todo, cuando sonaba el timbre y tenías que volverte a las aburridas y poco emocionantes matemáticas con la cabeza baja y rumiando la frustración hasta el siguiente recreo en que la suerte te permitiese compartir campo con los mayores.</p>
<blockquote><p>La mayoría de edad llegó en Viena&#8230; y de que manera lo hizo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Catorce largos años pasaron hasta que España se cruzó las caras con su némesis. Daba igual que ellos llegasen en un mar de dudas y España estuviese realizando el mejor juego del torneo. Ellos acababan de añadir la cuarta estrella a su pecho y los españoles, hablando en plata, estaban <i>cagados</i>. Los cuartos de final, la barrera maldita. Y los <i>«carabinieri»</i> guardando la única puerta hacia las dorada<span class="pullquote_left">Cuartos de final. Italia. Pero España sabía lo que quería&#8230; y lo quería aún con más fuerza</span>s semifinales, terreno casi virgen para el futbolista que vestía la camiseta roja a lo largo de toda la historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Se luchó y se sudó en el Ernst Happel. Pero, por primera vez en años, España sabía también lo que quería. Y lo quería más fuerte que Italia. No se dudaba entre la furia y la calidad. Supongo que, como se demostró en los momentos que se pasó mal (ese pie de Casillas…), la furia se lleva en la sangre -no en los pies- y sale cuando se necesita. Nunca más patente quedó el aplomo italiano, eso que tanto envidiaba España, que en los instantes previos a esa tanda de penalties. Sonrisas, caras de suficiencia, el símil del campo de minas y el tranquilo italiano, con su barbita de gran campeonato, atravesándolo con tranquilidad.Afortunadamente, y como ya dijimos, la furia se lleva en la sangre y no está reñida con otras virtudes. En el duelo entre los dos guardametas más dominantes del siglo XXI, por fin, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Uq8CA0oWvFc">el español le ganó la partida al italiano</a>. </p>
<p style="text-align: justify;">Viena, penaltis, De Rossi, Casillas, Güiza, Buffon, Di Natale, Cesc, la victoria, el fin de los complejos, las ansiadas semifinales, la gloria… EL MOMENTO DE HACER HISTORIA.</p>
<p>&nbsp;<br />
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