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	<title>Ecos del Balón &#187; Vicente Feola</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>El día que se oxidó La Plata</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Jun 2015 01:55:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[«Cada época ha conocido lamentaciones por la corrupción del gusto, la entronización de la mediocridad y la postergación del auténtico mérito». Fernando Savater en &#8216;Lo que Salgari comparte con Shakespeare&#8217;. n dato no excesivamente divulgado, aunque para nada un secreto, es que René Goscinny -guionista y creador de «Astérix el Galo»&#8211; había habitado durante su [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Cada época ha conocido lamentaciones por la corrupción del gusto, la entronización de la mediocridad y la<span id="more-170590"></span> postergación del auténtico mérito». Fernando Savater en &#8216;Lo que Salgari comparte con Shakespeare&#8217;.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">U</span>n dato no excesivamente divulgado, aunque para nada un secreto, es que René Goscinny -guionista y creador de <i>«Astérix el Galo»</i>&#8211; había habitado durante su juventud en Buenos Aires durante el periodo comprendido entre 1928 y 1945. Ese mismo año en el que él llega a la Argentina, se empezaron a publicar en el país <a target="_blank" href ="http://www.clarin.com/sociedad/Patoruzu-cacique-amado-Argentina-cumple_0_1014498663.html">las aventuras de Patoruzú</a>, un sensacional trabajo de Dante Quinterno que por fuerza había debido de leer el joven autor francés. La prensa argentina ha aludido en numerosas ocasiones a las semejanzas entre el archifamoso galo y el indio tehuelche Patoruzú, puesto que ambos tenían un compañero obeso e ingenuo y una fuerza sobrehumana vinculada al consumo de un caldo. El diario <i>«La Nación»</i> hablaba en su momento directamente <a target="_blank" href ="http://www.lanacion.com.ar/463656-cuando-asterix-plagio-a-patoruzu">de plagio</a> y, si bien las influencias son palpables, articulistas menos sensacionalistas, como el bloguero Miguel Dao, han ofrecido una versión más plausible. El verdadero homenaje a Patoruzú lo realiza Goscinny en la historieta <i>«Oum-pah-pah»</i>, obra menor en su producción que contaba las andanzas de un piel roja. Asterix en cambio es tan hijo de la influencia del último cacique de los Tehuelches Gigantes como de <a target="_blank" href ="http://historietas---cine---teatro-por-dao.blogspot.com.es/2010/08/un-predecesor-de-asterix.html"><i>«Alix l’intrépide»</i></a>, una semiolvidada historieta de Jacques Martin sobre la resistencia al imperio romano de un joven esclavo galo. </p>
<p style="text-align: justify">A lo largo de una fantástica entrada titulada <a target="_blank" href ="http://historietas---cine---teatro-por-dao.blogspot.com.es/2006/07/quinterno-y-goscinny-patoruz-y-um-pa-p.html"><i>«Quinterno y Goscinny / Patoruzú y Um-Pa-Pça»</i></a>, Dao carga contra la eterna cantinela de la influencia del indio sobre el galo, no ya por lo que en ello puede haber de ofensivo para la memoria de Goscinny, sino porque lo es para la de Quinterno, quien parece que solo puede ser reivindicado a través del éxito de Asterix y no por la propia valía de su obra. Para Miguel Dao hay algo profundamente argentino en este modo de mirar: <i>«Según mi entender, responde a otra tara argentina: creernos el centro del universo, pero validarnos sólo a través de la mirada del extranjero»</i>. Durante la exposición <a target="_blank" href ="http://publimetro.pe/vida-estilo/noticia-asterix-llega-argentina-cuna-inspiracion-su-autor-rene-goscinny-32720?ref=ecr"><i>“Asterix en Buenos Aires!”</i></a> (2015) Hugo Maradei, director del Museo del Humor de Buenos Aires, pareció ratificar al menos en parte el aserto cuando aseguró que <i>«a nosotros, los argentinos, nos gusta decir que Patoruzú tuvo una influencia en Asterix»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">El fenómeno de la búsqueda argentina de una validación de lo propio a través de un referente europeo también había sido ampliamente recogido por varios de los más eminentes pensadores del fútbol del Río de la Plata. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/dante-panzeri/">Dante Panzeri</a>, por ejemplo, solía ser especialmente ácido con este argumento, puesto que lo consideraba el pecado original que trajo todos los males. A él le causaba aprensión lo que denominaba el <i>«fútbol mecanizado»</i>, que para la corriente panzerista es la expresión que deja en el campo el <i>«fútbol industrial»</i> o industrializado. Según su teoría, enunciada por ejemplo en <i>«Dinámica de lo impensado»</i>, los que introdujeron las <i>«normas de aparente ordenamiento técnico»</i> europeo fueron aquellos futbolistas rioplatenses que habían participado en el campeonato italiano -durante la primera mitad del siglo XX-, y que ante la amenaza de la guerra mundial habían regresado a su tierra natal. El mítico periodista sostenía que estos jugadores, junto a varios técnicos europeos importados para la ocasión [1], procuraron introducir el modelo europeo como una forma de <i>«seguir trabajando en el fútbol»</i>. Según Dante Panzeri la época feliz del fútbol argentino no había necesitado técnicos <i>«en la medida de lo que hoy se supone necesario»</i>, pero la dinámica de la <i>«escuela europea»</i> fue asimilada y, desde entonces, el viejo continente empezó a ser el referente ideológico del fútbol sudamericano en cuanto a <i>«estrategias de juego, tácticas y sistemas de preparación de jugadores»</i>. </p>
<blockquote><p>«Entre las dos (selecciones) nacionales rioplatenses, las hormigas son los uruguayos, y las cigarras los argentinos». Gianni Brera en &#8216;Storia critica del calcio italiano&#8217; (1975).</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Brera siempre comentó que los argentinos se consideraban mejores</span>El afamado periodista italiano <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/historia-del-catenaccio-antecedente/">Gianni Brera</a>, que fue considerado en su tiempo como uno de los mejores exponentes de la interpretación crítica de un partido de fútbol, no tenía una buena opinión del balompié argentino. Hay que matizar que sí que la tenía de sus futbolistas, puesto que a algunos les llegó a dedicar preciosas piezas individuales, pero acostumbraba a deplorar su organización como conjunto. En su solvente <i>«Storia critica del calcio italiano»</i> se recoge la base fundamental de aquella desafección, la consideración de que, pese a jugar un fútbol fantasioso y elegante, la superioridad técnica argentina se veía perennemente lastrada por la <i>«presunción táctica»</i>. Sus lecturas de las tres mayores derrotas albicelestes, aquellas dos finales de 1928 y 1930 -perdidas consecutivamente contra Uruguay-, y la catártica primera fase durante el Mundial de 1958 (aka <i>«El desastre de Suecia»</i>), fueron resumidas en el corpus breriano en un solo concepto: los argentinos eran presuntuosos y se consideraban a sí mismos superiores a todos, por lo tanto nunca se dignaron a estudiar <i>«un módulo táctico adaptado a sus medios reales»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">A Gianni Brera lo que realmente le emocionaba era la gran Uruguay, la epopeya de un pequeño país, por añadidura pobre y latino, esto es <i>«una Italia en miniatura»</i> -según la descripción del especialista breriano <a target="_blank" href ="http://ilmanifesto.info/un-contropiede-sulla-realta/">Massimo Raffaeli</a>-, que vence a todos sus rivales gracias a un módulo de juego que resaltaba sus cualidades (astucia, prudencia) y minimizaba sus fragilidades (atleticismo). Un cuento muy en la línea de <i>«Astérix el Galo»</i> y que él, creyéndolo el modelo más compatible con el carácter nacional, se ocupó de teorizar y divulgar bajo el nombre de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/05/vision-alternativa-accidente-superga-gran-torino-maracanazo-catenaccio-futuro/"><i>«difensivismo»</i></a>, dando lugar a un tipo de obra casi más filosófica que periodística. </p>
<p style="text-align: justify">La modernidad futbolística o la falta de ella la determinaba para Gianni Brera la aplicación o no de determinados sistemas de juego (módulo táctico) según las características técnica y étnicas de sus futbolistas. Algo así como <i>«el fútbol de los pueblos»</i>. Por ejemplo, cuando conoció a Helenio Herrera le sugirió el uso del <i>catenaccio</i>, entonces ya practicado por las principales <i>«squadre»</i> italianas, y le expuso su teoría sobre la <i>«deficiente calidad racial»</i> de la estirpe itálica, algo que Helenio Herrera descartó diciendo que todo era <i>«cuestión de entrenamiento»</i>. Aquella aseveración del técnico fue el inicio de la guerra, y la primera vez que Gianni Brera se encontró con el presidente interista Moratti le espetó que el técnico estaba <i>«diez años rezagado respecto a los italianos»</i> sin tener en cuenta que la <i>«vetusta»</i> propuesta futbolística del entrenador era la misma que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/06/partido-imaginario-barcelona-juventus-regalo-moratti/">había goleado</a> un año antes a las dos principales escuadras milanesas. </p>
<p style="text-align: justify">Su discurso podía llegar a estar bastante polarizado en todo lo referido al núcleo duro de su tesis <i>«étnicocultural»</i>, pese a haber sido generalmente un profesional riguroso, objetivo y algunas veces hasta autocrítico. A esto se le añade que Italia solía ser terreno abonado para debates dicotómicos, por ejemplo, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/01/historia-del-catenaccio-sistemista-contra-metodista-genoa-pionero/">metodistas contra sistemistas</a>, defensivistas versus ofensivistas o riveristas contra mazzolistas, una especie de marketing del conflicto, que obligaba a verdaderas filigranas para defender la posición. Así que no puede extrañar que cuando Gianni Brera comparó el fútbol de Argentina con el de Uruguay, los considerase a ambos filosóficamente antagónicos, recurriendo para ilustrarlo a <a target="_blank" href ="http://www.psicologos.org.uy/rss/rss_2012-06-22-Brecha-La%20vida%20escondida%20en%20lo%20inerte%202.pdf">la fábula de la cigarra y la hormiga</a>. Los uruguayos fueron presentados como las hacendosas y recolectoras hormigas, es decir, los estudiosos de un modulo; mientras que a los argentinos les tocó la parte de las despreocupadas y despilfarradoras cigarras. O sea, los que no habían estudiado un módulo adecuado. </p>
<blockquote><p>La autopsia histórica es otra cosa. No puedo hacer una autopsia convencional porque no tengo el cuerpo, pero tengo fotografías que le sacaron al cadáver. Testimonios de unos y otros que dicen cómo lo mataron». Dr. Hugo Rodríguez en &#8216;La Brecha&#8217; (2012).</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">El fútbol sudamericano tenía su cultura propia</span>Lo que Gianni Brera sí le reconocía al fútbol sudamericano -y por extensión al argentino-, es que desde muy temprano había tenido su propia identidad. A su escuela la consideraba una de las tres grandes <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/03/estados-unidos-en-mundial-1930-semifinales-influencia-britancia/">culturas futbolísticas</a>, desarrollada de modo peculiar, pese a una base humana morfológicamente muy similar a la italiana, debido a las particulares condiciones climáticas de los tres países más representativos del modelo: Brasil, Uruguay y Argentina. La característica más definitoria de este juego era el malabarismo, lo que Brera llamaba <i>«bailar fútbol»</i>, y que atribuía a que en aquellos países llovía poco y por lo tanto sus campos de juego rara vez se enfangaban, mientras que en Italia las heladas quemaban la hierba del césped y las lluvias enfangaban el terreno, propiciando un juego menos técnico. Añadía a su descripción un aspecto más, el sociológico. El espectador sudamericano exigía a sus futbolistas jugar con <i>«virtuosismo»</i>. Algo que el periodista transalpino describió usando términos prestados del arte de la tauromaquia como el <i>«ruedo»</i>, el <i>«pase»</i> o la <i>«corrida»</i>. Un tipo de definición que parece sugerir que Gianni Brera consideraba a la interpretación sudamericana del fútbol como una adaptación del espíritu del toreo. </p>
<p style="text-align: justify">El episodio que marca el final de este estilo clásico de juego argentino es, según la opinión general, la abultada derrota (6-1) del conjunto nacional argentino contra el combinado checoslovaco durante el Mundial de 1958. Un gran especialista como Brian Glanville lo llamó <i>«funesto punto de inflexión»</i> y <i>«herida profunda»</i>, además de señalar que supuso que el fútbol argentino renunciase a <i>«sus viejas tradiciones de espectáculo y arte»</i> para pasar a hacerse <i>«mucho más destructivo»</i>. La importancia del suceso como eje de la transformación es indiscutible. Lo que si ofrece mayor discrepancia son las diversas interpretaciones que a lo largo de los años ha concitado el tema. Tanto las que aluden a las causas de aquella derrota como las que se ocupan de los factores sociopolíticos que pueden haber influido en la elaboración y difusión de una cierta mitología de la derrota. </p>
<p style="text-align: justify">La revista <a target="_blank" href ="http://www.efdeportes.com/ref.htm"><i>«Educación Física y Deportes»</i></a>, en su edición de febrero de 2004, afrontó el tema desde la perspectiva de las ciencias sociales. El artículo corría a cargo de Roberto Di Giano, quien ha escrito varios libros sobre la crisis de identidad de la sociedad argentina, por medio del estudio del modelo de relación entre los medios de comunicación, el deporte y el poder político. Desde el principio de la nota el autor deja clara su hipótesis de trabajo. El análisis del <a target="_blank" href ="http://www.efdeportes.com/efd69/suecia.htm">abandono del estilo</a> de juego característico del Río de la Plata no puede separarse del clima cultural de la época en que ocurrió. Tres años antes del episodio sueco el general Perón había sido depuesto por medio de un levantamiento militar. Según Roberto Di Giano los <i>«sectores liberales»</i>, en connivencia con los medios de comunicación, aprovecharon ese momento para organizar <i>«una campaña de desvalorización cultural de lo propio»</i>, a la que contraponían un movimiento <i>«modernizador» y «extranjerizante»</i>. Básicamente, antiperonista. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">La derrota en Suecia se agigantó por política</span>Así que según este enfoque, la tradición futbolística habría sido víctima de una campaña de desacreditación a gran escala que habría incluido a todo tipo de expresiones culturales autóctonas, artistas populares y a aquellas manufacturas nacionales que estaban ligadas a políticas gubernamentales peronistas. Una prueba palpable para Di Giano de que todo el proceso había estado organizado, lo encuentra en la distinta gestión que hizo la prensa del fracaso en el siguiente Mundial. Aunque a Chile &#8217;62 se acudió con un director técnico europeizado (Lorenzo), más una organización científica que incluía un ejercito de médicos, se volvió a caer en la primera fase del torneo. Un dato que hace pensar a Roberto Di Giano que el resultado del Mundial de 1958 había sido sobredimensionado por intereses sociopolíticos. </p>
<p style="text-align: justify">Si bien estas conclusiones quizás están minusvalorando el efecto que pudo tener una debacle tan llamativa como un 6 a 1, lo que es indiscutible es que el mito del desastre de Suecia fue organizado alrededor de una serie de suposiciones que pretendían ubicar las causas de aquellas derrotas ante Alemania Federal y Checoslovaquia. Un resumen de los argumentos más habituales sobre el tema lo podemos encontrar en el libro el <a target="_blank" href ="http://ilusion-mundial.blogspot.com.es/2013/12/plantel-argentino-1958.html"><i>«ABC de los Mundiales»</i></a> (2002) del diario <i>«Olé»</i>, donde se escribía a cuenta de la dirección técnica de Stábile durante el Mundial que este torneo había sido: <i>«El final de las posiciones fijas, de la subestimación del rival y de creer que, si se tenía la pelota, no hacía falta correr»</i>. Esta acotación parece responsabilizar a la preparación del equipo nacional en tres tipos de ámbito: el táctico, el estratégico y el atlético. Aunque algunos críticos de la época, <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/coberturas-historicas/1958-el-desastre-de-suecia-detalle.php">como Borocotó</a>, así como futbolistas del equipo, lo hicieron extensivo al grueso del fútbol argentino. </p>
<blockquote><p>«El partido terminó en el primer tiempo. Y no por el score 3 a 0 sino por la diferencia de planteamiento, individual y colectivo». Borocotó. No es cuestión de hombres. Revista &#8216;El Gráfico&#8217; (1958)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La cuestión sobre si estas derrotas se debieron a un problema de competencia táctica, estructural en el fútbol argentino, que es lo que parece que plantea la teoría dominante descrita por <i>«Olé»</i> y otros, es algo que presenta pocos visos de credibilidad. Apenas un año antes de que se disputase el campeonato mundial de 1958, la selección nacional Argentina había vencido brillantemente el Sudamericano de Lima contra la que iba a ser la campeona del mundo. Basta con cotejar los conceptos manejados en el comentario de <i>«Olé»</i>, que habían reseñado la actuación del combinado argentino en el exitoso Sudamericano de 1957, para darnos cuenta de que aquella referencia a un fútbol de «posiciones fijas» no cuadra. </p>
<p style="text-align: justify">Así tenemos que Humberto Bisi (<i>«Anuario futbolístico»</i> 1957), había descrito la actuación de <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/coberturas-historicas/1957-los-carasucias-de-lima-ganan-el-sudamericano.php">los llamados <i>«Carasucia»</i></a>, como la mejor que jamás había realizado un seleccionado argentino en la historia del país. <i>«Equipo perfecto, sincronización admirable»</i>, se podía leer. Además aquel Anuario era un documento que lejos de prestarse a la inmediatez, pretendía recopilar el fútbol realizado desde 1867 hasta 1957. Lo que Humberto Bisi si que reconocía era que habían existido en el país numerosas individualidades superiores a las de aquel conjunto. De hecho, ninguno de sus integrantes le parecía digno aspirante a ocupar el primer puesto en un ranking histórico por posiciones. No obstante, también consideraba que jamás en la historia de los torneos se había ganado <i>«con tanta holgura»</i>. A la hora de describir el juego planteado el autor habla de <i>«entendimiento, movilidad instintiva, temperamento e impecables virtudes técnicas»</i>, así como de <i>«flexibilidad»</i>, lo que casa mal con el argumento de Olé sobre <i>«posiciones fijas»</i>. Es decir, paradójicamente lo que estaba destacando en la albiceleste era su juego como equipo. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">En su momento, lo que destacó en la Argentina del 1957 es la ausencia de posiciones fijas</span>Otro escritor argentino, Alejandro Marti (<i>«Las grandes hazañas del deporte»</i>, 1971), consideró que aquella performance de 1957 fue <i>«la última representación de un estilo de juego brillante, intuitivo, hábil, goleador, que fue característico de los argentinos antes que el mito de la planificación, el estudio, los esquemas y el trabajo lo invadieran todo»</i>. Sin embargo, a pesar de que aquel equipo acabó venciendo el campeonato <i>«sin dudas, sin reparos»</i>, según definió Humberto Bissi, y con <i>«todo el continente y los propios vencidos reconociendo la indiscutibilidad de la derrota»</i>, aquel seleccionado había despertado muchas suspicacias en Argentina. Incluso después de <a target="_blank" href ="http://www.rsssf.com/tablesa/argclubargnatteam.html">haberle endosado un 12 a 1</a> a la primera de Atalanta en un partido de preparación, seguía generando dudas [2]. Néstor Pipo Rossi lo describió diciendo que aquel era un equipo que había aparecido <i>«casi de casualidad»</i>, pero que acabó siendo una apisonadora. A su vez cuando Alejandro Marti quiso dar a conocer a las nuevas generaciones <i>«la mecánica del team»</i>, dibujó un equipo fundamentado <i>«en la habilidad de la mayoría de sus integrantes y en la ausencia de puestos o misiones fijas»</i>. Es decir, otro autor contemporáneo de aquel periodo desacredita la leyenda de que el fútbol argentino hubiese adolecido de ser estático (posiciones fijas). Justamente su idiosincrasia había sido la contraria. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Y Brasil, precisamente, no había sido derrotada con un mal conjunto</span>Añadía quilates al asunto que los brasileños, pese a perder por 3 a 0, habían acudido a ese torneo con una selección muy relevante. La componían jugadores de primerísimo orden como el portero Gilmar, los laterales Djalma y Nilton Santos, el interior Didí, el ya veterano Zizinho, o los extremos Joel, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=FZXoE0pWLAs">Garrincha</a> y Pepe. El propio Pipo Rossi dijo posteriormente que <i>«al fin de cuentas tenían casi el mismo equipo que después ganó el Mundial, no eran ningunos mancos»</i>. Quizás por eso una buena forma de medir la dimensión de aquella hazaña de Lima la podríamos encontrar en los propios titulares que la prensa brasilera le dedicó al suceso. Así descubriríamos que la revista brasileña <i>«Manchete Esportiva»</i>, en su número 73 (1957), catalogaba el varapalo sufrido contra Argentina como <i>«o maior derrota do futebol brasileiro»</i> y que su articulista estrella, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/05/historia-futbol-mulato-racismo-origenes-futbol-brasil-perros-callejeros/">Nelson Rodrigues</a>, lo bautizó como <i>«A tragédia de Lima»</i>. Otra gaceta del país, la revista <i>«Mundo ilustrado»</i> (17-07-1957), les ofreció a sus lectores, tres meses después del torneo, una entrevista a cuatro páginas con el seleccionador argentino Guillermo Stabile, en donde se le interrogaba por el estado del fútbol nacional. Stábile apuntó a que no creía que existiese una <i>«superioridad»</i> del fútbol argentino, sino que los sistemas impuestos por los técnicos <i>«europeizantes»</i> estaban estrangulando el juego brasileño. </p>
<p style="text-align: justify">Durante el campeonato de Lima, la selección brasileña, dirigida por Osvaldo Brandão, ya había utilizado <a target="_blank" href ="http://www.rsssf.com/miscellaneous/braz-lineup-sachamp.html">la formación 4-2-4</a> con la que iba a conquistar el Mundial. Lo contó Carlos Peucelle, que fue testigo directo, en un artículo titulado <i>«Táctica y estrategia»</i>, un trabajo en el que recogía y ejemplificaba todas las posibles maneras de jugar. A la hora de clarificar porqué dicho ordenamiento no había sido tan efectivo como luego resultaría en territorio sueco, Peucelle habló de un mal empleo del sistema. Aquel 4-2-4 se había ejecutado de manera estática, con rigidez, que es más que posiblemente a lo que se había referido Stábile cuando habló en <i>«Mundo ilustrado»</i> de excesiva disciplina táctica y corsé mental. </p>
<p style="text-align: justify">Llama la atención que exista una discrepancia notable entre este artículo y la versión que aportó Gianni Brera sobre el mismo torneo, en su <i>«Storia critica del calcio italiano»</i>. Según el autor italiano aquella selección brasileña habría afrontado el campeonato de 1957 utilizando aún el módulo en WM, lo que él supuso que fue la principal causa de la derrota. Aquí sospechamos que la defensa ultranza de sus tesis le jugó una mala pasada a Brera, quien seguramente martilleó la información hasta darle una forma homogénea con su propia teoría. El corolario breriano para este episodio es que el Brasil consiguió alcanzar la victoria final gracias al liderazgo del futuro técnico, el oriundi salertiano don Vicente Feola, que habría conseguido implementar un módulo táctico más moderno y apropiado (italianizado), amén de librarse de elementos ya excesivamente gastados como Zizinho. La realidad es que el sistema en 4-2-4 llevaba años siendo popular en Brasil debido al éxito que le había reportado a sus supuesto creador, el técnico Martim Francisco. Sobre la supuesta <i>«organización»</i> atribuida a Feola, huelga decir que el Napoleón que creyó ver Gianni Brera fue descrito por <a target="_blank" href ="http://edant.clarin.com/diario/2002/06/29/d-01601.htm">periodistas argentinos</a> y brasileños como un <i>«gordito bonachón»</i>.</p>
<blockquote><p>La desorganización incluía lo futbolístico. Nosotros no sabíamos nada de nada sobre nuestros rivales. Amadeo Carrizo. El Libro de Oro del Mundial. &#8216;Clarín&#8217; (1998)</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El diario <i>«Olé»</i> propuso un canon de causas para entender el fracaso del &#8217;58. El desglose de su propuesta lo podemos resumir en: 1º) Los ocho años de aislamiento del fútbol mundial; 2º) La emigración de los jóvenes talentos <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=72BNyaQ3Fqg">como Sívori</a>, Maschio y Angelillo; 3º) El seleccionador Guillermo Stábile, que solo jugaba torneos sudamericanos y que según <i>«Olé»</i> hizo lo de siempre: convocó a veteranos pasados de años y a algunos jóvenes. 4º) La improvisación organizativa y la preparación física inadecuada para aquella competencia. Los primeros que extendieron estas teorías fueron varios de los miembros del plantel del equipo nacional. Uno de los más activos en el turno de réplica fue el portero del equipo, Amadeo Carrizo, que directamente responsabilizó a los técnicos y a los dirigentes, pero que exculpó a los jugadores, puesto que según él simplemente les había tocado <i>«hacer de conejitos de Indias»</i>. Algo similar ha contado Sanfilippo, que acusó al seleccionador de dejarse hacer el equipo por la prensa y también <a target="_blank" href ="http://www.elgrafico.com.ar/2014/05/30/C-5306-95-historias-de-la-seleccion-en-los-mundiales.php">por el Pipo Rossi</a>, aunque matiza que tampoco existía un buen ambiente por las habituales disputas entre la plantilla y el técnico. La anécdota estrella de Sanfilippo, cuando se trata de ilustrar el caos de expedición que había organizado la AFA, es que el dinero para los pasajes de regreso había salido del bolsillo de un amigo suyo, puesto que los directivos se había gastado toda la plata en el escaso tiempo que permanecieron en Europa.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Stábile no era ajeno a la evolución que estaba viviendo el fútbol</span>Según los diarios y estos jugadores, Stábile era parcialmente responsable de la falta de estrategia, puesto que <i>«no le conocíamos ni el color de la camiseta a los rivales. Ni hablar de cómo jugaban»</i>, según dijo Sanfilippo. El dato es curioso porque Stábile había sido el espía de la selección italiana campeona del mundo en 1938. Así que aquel hombre que, supuestamente, no se preocupaba por recabar información, había sido escogido por Vittorio Pozzo precisamente para esa función. Además, gracias a <a target="_blank" href ="http://ilusion-mundial.blogspot.com.ar/2013/11/testimonios-iii.html">una cita</a> contenida en el <i>«ABC de los Mundiales»</i>, a cuenta de una charla suya con Foni, deducimos que tenía competencias dentro del equipo nacional italiano. Y no solo eso, Stábile también había acudido como observador (espía) al Mundial de 1954 según recoge la revista <a target="_blank" href ="http://ilusion-mundial.blogspot.com.ar/2013/11/testimonios-1954.html"><i>«El Gráfico»</i></a> en un especial dedicado al Mundial (Septiembre de 1977). A su regreso presentó un informe detallado sobre el fútbol observado, analizándolo comparativamente tanto respecto al de otros mundiales, como en relación con el fútbol argentino. Las conclusiones son similares a las que ofrecería tres años después en la revista brasileña <i>«Mundo ilustrado»</i>. El juego estaba siendo excesivamente disciplinado con tácticas y sistemas, lo que él consideraba que no tenía sentido en Argentina por la abundancia de <i>«elementos de extraordinarias condiciones»</i>. La opinión era bastante ricas en matices, porque también alude a defectos característicos del jugador platino (exhibicionismo), aunque se muestra predispuesto a no quitar al jugador la <i>«libertad necesaria para mostrar personalidad y creación»</i>. Según Stábile <i>«lo que se impone es insistir en que tales recursos sean empleados en la proporción justa (&#8230;) como un medio para llegar a un fin, que es el gol y nunca como fin exclusivamente»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">El seleccionador por tanto estaba muy al tanto de lo que pasaba en el fútbol europeo. Además de aquel viaje de estudio de 1954, el equipo nacional había jugado, tras el Mundial de Brasil del &#8217;50, varios encuentros tanto en América como en Europa con países del viejo continente de fuerte tradición como Inglaterra, Irlanda, España, Portugal o Italia. El intervalo de estos partidos va de 1951 a 1954 -aun bajo la presidencia de Perón- lo que empaña el tradicional argumento del aislacionismo peronista como causa del desconocimiento del nivel del fútbol europeo. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Stábile era consciente de lo difícil del reto</span>Los verdaderos problemas para Stábile comenzaron a raíz del golpe militar de 1955. La AFA fue intervenida políticamente, los clubes depurados (Armando y Liberti) y, según el periodista Antonio Domínguez, se nombró una nefasta comisión técnica, con el presidente de River Enrique Pardo a la cabeza, que empezó a tomar decisiones sobre quien debía acudir a la selección. El último torneo en el que realmente el mítico director técnico pudo confeccionar el plantel a su gusto fue el exitoso Sudamericano de Lima. A partir de ahí llegaron las ventas multimillonarias de los mejores jugadores contra la opinión de Stábile que quería presentar aquel grupo en el Mundial. Un amigo suyo, Fioravanti, gran periodista radiofónico, defendió años después al seleccionador, que ya había fallecido, explicando que él había sido muy consciente de que el equipo de 1958 no estaba en condiciones de realizar un desempeño digno. A sus amigos les confesaba en privado su temor a fracasar, pero pese a que le fue aconsejado que abandonase la empresa, se negó. Quizás fuese por puro patriotismo y sentido de la responsabilidad, aunque Antonio Domínguez también ha apuntado a que en el contrato que el técnico tenía con la AFA se especificaba que el que rompiese la relación contractual debería indemnizar a la otra parte. Así que Stábile era además presa de un grillete económico. </p>
<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/carlos-desiderio-peucelle/">Carlos Peucelle</a> escribió una vez que la táctica es el arte que enseña a poner orden y la estrategia el arte de conducir. Lo que sucede es que el jugador de la década de las luces argentina, así como el futbolista <i>«carasucia»</i>, saltaba a la cancha dotado de una serie de atributos, físicos y técnicos [3], que permitían que su <i>«personalidad creadora»</i> prevaleciese frente cualquier sistema. El equipo estaba capacitado no solo para jugar, sino para interpretar al adversario y adaptarse sobre la marcha.</p>
<p style="text-align: justify">Mientras se permitió a Stábile contar con su equipo de gala, el mismo país que luego iba a ser goleado en Suecia quedó con el arco invicto ante Italia, Brasil y ¡ante la propia Checoslovaquia!, que había perdido 1-0 en Buenos Aires el 19/08/1956. El desastre de Suecia se empezaría en realidad a fraguar cuando contraviniendo el deseo expreso del seleccionador, se dio permiso al traspaso con dirección a Europa de la tripleta central del equipo campeón en Lima, formada por Maschio, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=o6os0oYRpK0">Angelillo</a> y Sivori (los <i>«Carasucias»</i>) [4]. A partir de este momento el equipo nacional pasó a estar intervenido por la comisión técnica, llegando a ser muy evidente el sesgo de sus decisiones. El equipo campeón fue desmontado de cabo a rabo, y si durante el Sudamericano de Lima la base de la convocatoria la habían formado jugadores de Racing, para las eliminatorias del Mundial pasaron a convocarse jugadores de River, que era el equipo del cual era dirigente el mismísimo líder de la <i>«comisión técnica»</i> don Enrique Pardo. </p>
<p style="text-align: justify">La conclusión que extrae el especialista Antonio Domínguez es que, visto el volumen de negocio que había significado el traspaso de los <i>«Carasucias»</i>, se organizó una selección <i>«escaparate»</i> para tratar de revalorizar el producto que quedaba. Los jugadores que estaban en el extranjero no fueron citados ni para ese Mundial, ni para el siguiente, porque <a target="_blank" href ="http://ilusion-mundial.blogspot.com.ar/2013/12/testimonios-1958-iii_14.html">según Colombo</a>, presidente de la AFA: <i>«En la Argentina tenemos mejores jugadores que los que hay en Italia»</i> (sic). Suecia en cambio consiguió alcanzar la final del Mundial tras recuperar para la ocasión a los jugadores que militaban en el campeonato transalpino. </p>
<blockquote><p>Nadie nos sugirió la manera en que teníamos que salir a jugar, nadie nos advirtió que los europeos eran veloces. Amadeo Carrizo. Selecciones de Fútbol de Argentina. Revista &#8216;Siete Días Ilustrados&#8217; (1974).</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La victoriosa selección del Sudamericano de 1957 no llevaba preparador físico. Al llegar a Lima los jugadores se limitaron a repetir los ejercicios que acostumbraban a realizar en sus respectivos clubes, según una anécdota recogida en <i>«Las grandes hazañas del deporte»</i> (1971). Alejandro Marti lo resumió diciendo que hicieron <i>«apenas (algo de) gimnasia, trotes y furibundos picados»</i>. Curiosamente el combinado que acude al Mundial de 1958 si llevaba consigo un prestigioso preparador físico, <a target="_blank" href ="http://www.pickandroll.com.ar/noticias/00016896/a-60-anos-de-la-gloria-mundial/">Jorge Borau</a>, que venía precedido de gran fama por haber sido campeón mundial de basquetbol (1950) con la selección argentina, ejerciendo funciones de coordinador de la preparación física. Además el cuerpo técnico se había reforzado también con la presencia del kinesiólogo (fisioterapeuta) <a target="_blank" href ="http://www.actiweb.es/plantillasbarbu/">Ildefonso Martínez</a>. </p>
<p style="text-align: justify">A priori esto puede resultar disparatado, puesto que teóricamente la preparación de aquel infausto torneo Mundial, aparentaba ser más <i>«científica»</i>. A pesar de esto varios autores han confirmado que la forma física del combinado durante el torneo no era la más adecuada. A Brian Glanville, de hecho, le llamó poderosamente la atención que los argentinos pareciesen tan <i>«lentos y obsoletos»</i> jugando contra los checoslovacos. Le resultaba llamativo porque precisamente el combinado checo solía recibir críticas por ser un equipo <i>«con talento pero lento»</i>. Además, aunque el torneo lo ganó un equipo <i>«inmensamente distinguido»</i>, no consideraba que el torneo hubiese sido <i>«una competición brillante»</i>. Lo que significa que él no había entendido que aquel Mundial supusiese, en su conjunto, un salto de calidad respecto al fútbol que habíamos podido ver hasta esa fecha. </p>
<p style="text-align: justify">Cabe además puntualizar que independientemente del estado físico que tuviese el equipo nacional que se presentó en el Mundial de 1958, afirmar que en el fútbol argentino de estilo tradicional <i>«no hacía falta correr»</i> carece de cualquier viso de credibilidad y se puede aportar una ingente cantidad de pruebas que lo demuestran. Sirva como ejemplo una edición de la revista <i>«Racing»</i> del año 1944 en donde el técnico del Corinthians brasileño, João Chiavone, quien tenía amplia experiencia internacional, dijo que <i>«el fútbol que se practica en la Argentina es el más veloz del mundo»</i>. A esto podemos agregar que ya en aquellos años se había consolidado una <a target="_blank" href ="http://www.apeffa.com/es/noticia.php?id=83">escuela de preparación física</a> nacional, que habría de dejar durante las décadas de los 50&#8242; y los 60&#8242; muchos grandes nombres. Sin animo de exhaustividad, citando solo algunos de los casos más relevantes, tenemos a los preparadores Pablo Amándola y Adolfo Mogilevsky, que fueron pioneros en la importación de las novedades que iban apareciendo en el fútbol italiano. Al recordado <a target="_blank" href ="http://www.lacapitalmdp.com/noticias/Deportes/2009/01/27/133535.htm">Jorge Everardo Kistenmacher</a>, brazo armado de Osvaldo Zubeldia en Estudiantes de La Plata. O al doblemente campeón, como preparador físico y como director técnico, José D’Amico. </p>
<p style="text-align: justify">El defensor internacional Pedro Dellacha, que fue un protagonista destacado de la década de los &#8217;50 y participó en aquel Mundial de Suecia, lo resumió en una entrevista diciendo: <i>«Yo me acuerdo que tuve excelentes preparadores físicos que permanentemente nos hacían entrenar bien»</i>. Una vez leído esto quizás no nos quede más opción que plantearnos si Jean-François Revel tenía razón cuando dijo que la fuerza más importante de las que mueven el mundo es la mentira. </p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>[1] Hirschl, Garay, Marinetti, Pascucci o Platko.<br />
[2] No las generaba entre todo el mundo, claro. Renato Cesarini, por ejemplo, fue de los que predijo que «con este equipo, allá tienen que matar».<br />
[3] Se citan «conocimiento del juego», «dominio del balón», «precisión en el pase», «ubicación», «acoplamiento», «sentido del desprendimiento de la pelota» y «estado atlético».<br />
[4] También se traspasó ese mismo año a Ernesto Grillo y Ernesto Cucchiaroni, con destino a Milan, y a Rogelio Domínguez dirección Madrid. Los tres se encontraron en la final de Copa de Europa.</p></blockquote>
]]></content:encoded>
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		<title>El camino de los gigantes</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Dec 2013 03:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[ada pueblo tiene su catástrofe nacional, algo así como su Hiroshima. Nuestra catástrofe nacional, nuestro Hiroshima fue la derrota frente a Uruguay en 1950&#8243;. La frase del autor brasileño Nelson Rodrigues resumen perfectamente el sentimiento que invadió al pueblo brasileño tras el Mundial de 1950. Aquel Waterloo provocado por los goles de Schiaffino y Ghiggia, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«C</span>ada pueblo tiene su catástrofe nacional, algo así como su Hiroshima. Nuestra catástrofe nacional, nuestro Hiroshima fue la derrota frente a Uruguay en 1950&#8243;</i>. La frase del autor brasileño Nelson Rodrigues resumen<span id="more-103057"></span> perfectamente el sentimiento que invadió al pueblo brasileño tras el Mundial de 1950. Aquel Waterloo provocado por los goles de <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=6pMmRFKKZfk">Schiaffino y Ghiggia</a>, por el <i>«los de afuera son de palo»</i> de Obdulio Varela y por la tarde más negra de Bigode, Juvenal y Barbosa, borró de un plumazo todos los avances del fútbol brasileño en más de 50 años. Mientras los celestes levantan casi a escondidas la Copa Jules Rimet, Ary Barroso, el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=C5pvdIf50Ag">locutor</a> más famoso del país se retiraba –aunque no fue definitivo-, el seleccionador Flávio Costa se disfrazaba de mujer para salir vivo de Maracaná, muchos brasileños se suicidaban y millones de periódicos impresos con <i>«Brasil campeao mundial»</i> se iban a enormes pilas para quemar. La samba <i>«Brasil vitoriosa»</i> nunca se tocaría y, en Tres Coraçoes, un niño de nueve años prometía a su desolado padre que él ganaría la Copa del Mundo para Brasil. ¿Quién sabe cuántas veces se hizo esa promesa a lo largo del país tras la tragedia?</p>
<p style="text-align: justify">Esa victoria en el Mundial quedaba más lejos que nunca en el verano de 1950. Brasil se había ido afianzando poco a poco como uno de las selecciones más fuertes del mundo antes de la guerra. Especialmente en el campeonato <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=xTJcfzPNzy4">disputado en Francia</a> se presentó como uno de las favoritas. De la mano del genio <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Om5GFSBlNOU">Leónidas</a> llegaron a unas semifinales donde se medían a los campeones, Italia. En un ejercicio de soberbia pocas veces igualado, Brasil hizo descansar a muchos de sus mejores jugadores, entre ellos el propio <i>Diamante Negro</i>, y los envió a París desde Marsella para que estuviesen descansados para la eventual final. Partido que nunca jugarían ya que los hombres de Vitorio Pozzo les vencieron y acabaron con su trayectoria mundialista.</p>
<p style="text-align: justify">Tras doce años, y no habiendo sufrido las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, Brasil fue el único país que presentó candidatura para el certamen de 1950. Construyó un estadio faraónico en Rio de Janeiro, para unos doscientos mil espectadores, y reunió a un fantástico equipo que aglutinaba a los<span class="pullquote_right">Brasil llegaba a su cita como máximo favorito</span> mejores jugadores de Brasil. Algo no tan habitual hasta entonces, por las continuas disputas entre Río y Sao Paulo. La selección brasileña, que por entonces vestía de blanco principalmente, venía de ganar la Copa América de 1949, y contaba con el longilíneo atacante de Vasco da Gama <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=S8MtldObH7Q">Ademir como estilete</a>. Por detrás de él, Jair y, sobre todo, Zizinho eran los creadores de juego. Friaça por la derecha y Chico por la izquierda eran dos diablos en las bandas. Carlos Bauer imponía su jerarquía en el medio junto a Danilo Alvim  y, aunque la defensa flojeaba, contaba con jugadores fiables como el capitán Augusto, Bigode y Juvenal, además de un portero ágil y elástico, como era Moacyr Barbosa. Amparada en los goles de Ademir, la magia de <i>Mestre Ziza</i>, las diabluras de Chico y el impresionante ambiente de Maracaná, Brasil llegó al último partido de la liguilla final necesitando sólo un empate para ganar el Mundial. Lo que siguió fue una de las <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=t29i1CdHdNM">tardes más dantescas</a> de la historia del fútbol, la tarde del <i>silencio atronador</i>, como lo definiría el propio Rimet, la tarde en que, cuando más necesitaba la selección su aliento, Maracaná se quedó mudo.</p>
<blockquote><p>Brasil quiso hacer borrón y cuenta nueva tras el doloroso Maracanazo de 1950 frente a Uruguay</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Como dijimos anteriormente, la derrota contra Uruguay sumió al país en una depresión y eliminó de un plumazo todo lo logrado por el equipo nacional. Incluso se le cambió el uniforme a la selección, pasando del blanco y azul a uno que representase los colores de la bandera.<span class="pullquote_left">Después del «desastre» nació la canarinha</span> Nacía la mundialmente famosa <i>canarinha</i>. Incluso los miembros del equipo de 1950 fueron sustituídos con la mayor celeridad posible. Augusto, Juvenal y Bigode, tres de los más señalados nunca más jugaron con Brasil, al igual que Chico. Jair desapareció de la misma hasta 1956. Friaça y Ademir aguantaron hasta 1952, Danilo y <a target="_blank" href ="http://en.wikipedia.org/wiki/Moacir_Barbosa_Nascimento">Barbosa</a> hasta 1953. Bauer fue uno de los supervivientes para la siguiente Copa del Mundo. Básicamente, la losa de esa derrota nunca les abandonaría, siendo el caso de Barbosa uno de los más trágicos, constantemente señalado y repudiado –se le prohibió visitar a la selección de USA 94 porque le consideraban gafe-, e incluso llegó a quemar los palos de la portería de Maracaná en su casa. Zizinho fue un caso especial, era un maestro, una figura reverenciada, y siguió apareciendo en la selección de manera irregular. Además, protagonizaría un increíble <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=X5OVN0ZkbRY">retorno a la élite</a>, avanzada la década, con el Sao Paulo de Bela Guttmann.</p>
<p style="text-align: justify">El caso es que el fútbol brasileño debía renacer de sus cenizas. La primera señal de recuperación fue el segundo puesto en la Copa América de 1953, donde Ademir y Zizinho todavía eran figuras importantes. Claro que para ser segundo hay que perder, en este caso un desempate ante Paraguay, así que el mito de que Brasil era <i>incapaz</i> de ganar se mantuvo un poco más. Es curioso como los dos países que más Mundiales han ganado soportaron durante gran parte de su historia la etiqueta de <i>no saber ganar</i>. Italia lo sufrió tras la guerra y hasta que consiguieron el título europeo en 1968.</p>
<p style="text-align: justify">Para el Mundial celebrado en Suiza en 1954 la renovación de la selección ya era total. Entre los 22 hombres que viajaron a Europa, sólo  cinco habían estado en 1950 –Baltazar, Nilton Santos, Castilho, Ely y Bauer-, y sólo el capitán Bauer había estado en el césped ante Uruguay. Había nuevas figuras, como el lateral Djalma Santos, fuerte y siempre dispuesto a proyectarse al ataque, el mariscal del mediocampo Didí, un jugador lento, pero de absoluto dominio del juego, y el fantástico extremo derecho <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=cDBjtMJjQZc">Julinho Botelho</a>, que haría fortuna en Europa con la Fiorentina y el motivo por el que Garrincha tardó tanto en despuntar con la selección. El equipo de Zezé Moreyra –hermano de Aymoré, que ganará para Brasil el segundo Mundial-, como vemos, contaba con destacados jugadores, pero todavía no era un conjunto capaz de ganar el Mundial. Brasil <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=1Gx3Adcw6Fo">aplastó a Mexico</a> en la primera fase y logró un empate ante una gran Yugoslavia. Pasó primera de grupo con un Didí espectacular, pero los cuartos de final deparaban un impresionante enfrentamiento en Berna contra los grandes favoritos, la Hungría de los Magiares Mágicos. </p>
<p style="text-align: justify">El partido, que posteriormente sería recordado como la <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=p9yJFpbcgcE">Batalla de Berna</a>, hizo honor a su apodo. Competido y violento. Hungría, aún sin Puskas, se puso 2-0 antes de los diez minutos, en su típico arranque en tromba. Brasil respondió a los goles de Kocsis e Hidegkuti gracias a un penalti transformado por Djalma Santos. Tras el descanso, Gyula Lorant, que ya estaba sufriendo en defensa ante Julinho, transformó un penalti colocando el 3-1, lo cual llevó a<span class="pullquote_right">La derrota ante los húngaros junto a la influencia de Guttman tuvieron consecuencias</span> una invasión de campo por parte de los periodistas y miembros del staff brasileño que tuvo que ser desalojada por la policía. Este fue el momento en el que el partido empezó a degenerar en una sucesión de faltas violentas y marrullerías varias. En medio del caos, un gol de Julinho ponía el 3-2. El brasileño estaba martirizando a Lorant, algo que ni Stanley Matthews, ni Bernard Vukas, ni Alfred Schaefer habían conseguido hasta la fecha. Tras este gol, Boszik recibió una criminal falta de un Nilton Santos fuera de sí. Ambos se enzarzaron a golpes y fueron expulsados. Boszik jugaría las semis igualmente, porque, sorprendentemente, argumentó que siendo miembro del Parlamento Húngaro tenía inmunidad diplomática y la FIFA no podía castigarle. La FIFA se lavó las manos en todo este asunto y no sancionó a nadie. Poco después, Kocsis marcó el cuarto y definitivo gol húngaro. Los últimos momentos fueron, básicamente, una <a target="_blank" href ="http://www.fifa.com/classicfootball/matches/world-cup/match=1248/">batalla campal</a> en la que, casualmente, a veces había un balón de por medio. El atacante Humberto Tozzi también fue expulsado por una patada al omnipresente Lorant y el partido terminó con un enfrentamiento a botellazos en los vestuarios. Curiosamente fue Puskas, cojo, el que lanzó el primer proyectil. La aventura mundial del nuevo Brasil terminaba con otra vergonzosa imagen.</p>
<p style="text-align: justify">Los cuatro años que pasaron desde la Batalla de Berna hasta la siguiente cita mundialista supusieron, ahora sí, un significativo cambio en el fútbol brasileño. A pesar del lamentable espectáculo vivido ante los húngaros, Brasil sacó en limpio que su 3-2-5 necesitaba una revisión y ellos mismos habían comprobado, al igual que el resto del mundo, que el <a target="_blank" href ="http://www.fifa.com/classicfootball/matches/world-cup/match=1248/">4-2-4 funcional</a> de los húngaros podía ser la solución. Los magiares combinaban de manera excepcional las bajadas de Zakarias desde el medio a la defensa y de Hidegkuti en la posición de falso 9 –de hecho era más bien un centrocampista ofensivo-, para contar con superioridad en todas las zonas del campo y destrozar los sistemas rivales. Con Zakarias incrustándose en la línea defensiva, esta pasaba a tener 4 hombres y esto se traducía en menos espacio para los extremos rivales, que pasaban a ser casi inefectivos –salvo actuación excepcional como la de Julinho en Berna-. Además, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/09/magiares-magicos-honved-wolves-creacion-copa-de-europa/">Hidegkuti</a> operaba en la zona de mediapuntas, arrastrando a sus marcadores u moviéndose libremente porque estos no se atrevían a salir de su posición. Fuese cual fuese la decisión tomada por los rivales, el resultado era terrible, ya que Hidegkuti llegaba desde atrás, te castigaba con su fantástico disparo de media distancia y filtraba pases para los interiores Puskas y Kocsis –que eran realmente los delanteros del equipo- que entraban en superioridad ante la línea defensiva, especialmente cuando los extremos Budai y Czibor fijaban a sus pares.</p>
<p style="text-align: justify">La influencia húngara en Brasil durante estos años tuvo el nombre de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/05/historia-benfica-campeon-europa-guttmann-eusebio/ ">Bela Guttmann</a>, que hizo del Sao Paulo uno de los mejores equipos del país, y recuperó a Zizinho, que ya tenía 36 años, como el cerebro de su formación. Esto le valió al <i>Mestre Ziza</i> una vuelta a la selección nacional, donde destacó en la <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=791M3gn-mos">Copa América de 1957</a>, combinando excelentemente con Didí. Las ascensión del Santos, gracias a una gran generación de jugadores, entre los que estaba un jovencísimo Pelé, aportó también mucho a este período del fútbol canarinho. Brasil fue de nuevo segunda en esa Copa América, por detrás de la Argentina de los Carasucias, pero presentaba otra vez credenciales para el Mundial que se celebraría en Suecia.</p>
<blockquote><p>El viaje hacia la Copa del Mundo de Suecia supuso para la selección brasileña una revolución táctica</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El camino hacia el Mundial empezaba por las clasificatorias. Brasil fue encuadrada en un grupo con Perú y Venezuela, con sólo una plaza para el Mundial en juego. Con la retirada de los venezolanos, la cosa se quedó en una liguilla de dos partidos contra los peruanos. La ida<span class="pullquote_left">La preparación para afrontar el Mundial de Suecia fue muy estricta</span> en Lima terminó con un 1-1, gracias a un gol de Índio, delantero del Flamengo. Faltaba el partido de Maracaná y Osvaldo Brandao, seleccionador brasileño, sacó al mismo equipo que en Lima. El partido fue cerradísimo pero se resolvió de manera legendaria. Didí, la indiscutible figura de Brasil, marcó el gol de la victoria gracias a una falta directa en la que se presentó al mundo su <a target="_blank" href ="http://3.bp.blogspot.com/-CvqvSkCXX9I/TnJjL_l8SaI/AAAAAAAACLU/nuKikMNQbIw/s400/vvv.jpg">famosa <i>folha seca</i></a>. Brasil viajaba a Suecia, pero todavía quedaba muchísimo trabajo por hacer. Brandao fue sustituído por Vicente Feola, que había trabajado con Guttmann en el Sao Paulo. Feola, fuertemente influenciado por el húngaro, trabajó en pos de adaptar a la selección a un sistema similar al utilizado en su club, uno más parecido a aquel que los Mágicos Magiares habían usado en el Mundial de 1954. Feola sabía que, tras ser incluído en un grupo con la URSS, Austria e Inglaterra, Brasil debería llegar perfectamente preparada a la cita. Todo se preparó al milímetro, desde el lugar de concentración hasta la alimentación, los vuelos, etc. Brasil implantó el modelo que hoy siguen la gran mayoría de selecciones del mundo ante un campeonato de estas características.</p>
<p style="text-align: justify">Los rivales eran formidables. Los soviéticos participaban por primera vez en un Mundial, tras romper su aislamiento con el torneo. Eran los <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=5J00MaMHDtw">campeones olímpicos de 1956</a> y contaban con un excepcional conjunto en el que destacaban el guardameta Lev Yashin, el cerebro del centro del campo Igor Netto y un fabuloso atacante joven, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=c3EU_fVpTZ4">Eduard Strelsov</a>, quien sería apodado el <i>Pelé ruso</i>. Rápido, técnico y muy goleador, el del Torpedo de Moscú estaba llamado a ser una de las mayores figuras del Mundial sueco. Austria, por su parte, venía de quedar tercera en el Mundial de Suiza y contaba con un grupo de veteranos  como Alfred Körner –uno de los máximos goleadores de aquella Copa del Mundo-, Karl Koller, uno de los mejores centrocampistas del mundo y los legendarios Ernst Happel y Gerhard Hannappi, dos jugadores de categoría mundial en multitud de puestos. Dos monstruos en peligro de extinción. Por su parte, Inglaterra contaba con una nueva generación liderada por los Busby Babes del Manchester United,  los veteranos Billy Wright y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=JFFcgJx3f0Y">Tom Finney</a>, y el brillante genio del Fulham Johnny Haynes.</p>
<p style="text-align: justify">Así pues, Feola dejó fuera a Zizinho, Julinho y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=NPJoV-zI8wE">Canhoteiro</a> –letal extremo zurdo del Sao Paulo, el Garrincha de la banda izquierda- entre otros y comenzó a trabajar con un 4-2-4 nominal, al estilo del que utilizaba en el Sao Paulo. Evidentemente, no muchos jugadores podían asumir los roles de Zakarias<span class="pullquote_right">Brasil no tendría ni a Zakarias ni a Hidekguti</span> e Hidegkuti –los que realmente hacían especial el sistema húngaro-, así que el brasileño optó por usar a Mario Zagallo, el extremo del Botafogo, conocido por su sacrificio y capacidad de trabajo en el campo, para que actuase como <i>wing ventilador</i> -como lo llamaban en Argentina-. Zagallo bajaba hasta el medio campo, pasando la formación a un 4-3-3 que daba superioridad en esa parte del terreno de juego. Además, los laterales Nilton de Sordi –le ganó el puesto a Djalma Santos- y Nilton Santos se proyectaban al ataque al más puro estilo de Lorant. Feola, además, incluyó por primera vez un psicólogo en la expedición que llevó a Suecia. Este personaje se convertiría en una celebridad, al argumentar que tanto Pelé como <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=MYKP4aAknT0">Garrincha</a> eran demasiado infantiles como para aguantar la presión del torneo y que, por ello, debían ser dejados fuera del equipo. Feola no le hizo caso, pero ambos estuvieron en el banquillo durante los dos primeros partidos de la competición.</p>
<p style="text-align: justify">Contra <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=VxkFxymglas">Austria</a>, Feola reforzó aún más el medio del campo. La inclusión de Dino Sani, un centrocampista que ejercía como <i>regista</i> y que haría carrera en el Milan, además de un De Sordi más defensivo que Djalma Santos, las bajadas de Zagallo, la presencia de Didí y el rol de Dida como enganche. La jugada le salió perfecta y Brasil ganó holgadamente gracias a un gol de Nilton Santos y un doblete de Mazzola, a quien todos conoceríamos posteriormente por sus hazañas en Europa bajo el nombre de <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=U_J4f-s23Ro">Altafini</a>. El segundo partido del torneo mediría a Brasil contra Inglaterra. El enemigo formidable que pintaba un año antes había quedado reducido a cenizas, al igual que el avión que transportaba al United en el aeropuerto de Munich. La tragedia de los Busby Babes mermó sensiblemente a la <i>Three Lions</i>, especialmente con las muertes del todoterreno Duncan Edwards y el gran goleador Tommy Taylor. Con <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Yv3efEdaXOw">Johnny Haynes</a> como principal figura, apoyado por su compañero del Fulham Bobby Robson, Inglaterra puso las cosas muy difíciles a una selección brasileña que, repitiendo once, no estuvo tan brillante como contra Austria. El empate a cero hacía que Brasil se jugase el primer puesto contra la URSS en el último partido. </p>
<p style="text-align: justify">Los soviéticos habían pegado un <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=j6kJLYuXviQ">baño a Inglaterra</a> –a pesar del empate a dos- y derrotado a Austria. Estaban dando muy buena imagen en su primera participación en un Mundial, pero aún así se echaba de menos la presencia del que era su mayor atracción antes del campeonato. Eduard Streltsov,<span class="pullquote_left">En Brasil se comenzó a pedir la titularidad de Garrincha y de Pelé</span> un genio irreverente y que se salía de los estándares de la <i>corrección</i> para la Nomenklatura soviética, se había negado a abandonar el Torpedo para unirse al club del ejército –CSKA- o al de la policía secreta –Dinamo-. Poco después, en una fiesta, faltó al respeto a una miembro del Politburó. No pasó mucho tiempo hasta que fue acusado de violación. Cuando como medida para permitirle ir al Mundial le exigieron que reconociese su culpabilidad, Streltsov cayó en la trampa de las <i>confesiones</i> soviéticas. Fue enviado al gulag ocho años y su sueño mundialista se acababa. Su puesto en el equipo durante el campeonato lo ocupaba una bola de demolición armenia, el legendario y veterano Nikita Simonyan, más ortodoxo, más adepto y más querido por el Partido, indudable categoría futbolística aparte. Brasil, mientras, vivía una pequeña revuelta interna. Los jugadores más veteranos exigieron a Feola la presencia de Garrincha y Pelé en el equipo. Ellos sabían que ambos serían clave para romper a los físicamente poderosos y organizados soviéticos. Garrincha era conocido un driblador imparable, mientras el jovencísimo Pelé, con 17 años, ya había debutado un año antes con la selección y era una figura indiscutible de un gran equipo del Santos. Además de ellos, también entró en el equipo Vavá, sustituyendo a Mazzola en la punta del ataque.</p>
<p style="text-align: justify">Lo que se vio en Goteborg esa tarde fue una aparición milagrosa. El <a target="_blank" href ="http://www.thehardtackle.com/2011/tht-rewind-brazil-vs-ussr-1958-the-greatest-three-minutes-of-footballing-history/">inicio del partido</a> es recordado como <i>“los tres minutos más grandes de la historia del fútbol”</i>. La consigna era darle el balón a Garrincha tanto como se pudiese. Y este haría el resto. El genio de Pau Grande no decepcionó. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=ovbU5HrciCU">Destrozó a su par</a>, a las ayudas que recibía, llegó a línea de fondo y envió un cañonazo sin ángulo al poste que dejó a Yashin temblando y sirvió el primer gol a Vavá. En esos tres minutos Brasil demostró que lo suyo era otro fútbol. El resto del partido fue un dominio absoluto de Garrincha, de Pelé –que no marcó pero dejó una impresión imborrable-, de Didí en el medio campo y de Vavá, autor de un doblete. Brasil pasaba a cuartos de final sin perder y sin encajar ningún gol. La URSS eliminaría a Inglaterra en el desempate.</p>
<blockquote><p>La fase final del Mundial de Suecia iba a suponer un cambio de era en todo el fútbol mundial</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Gales fue un rival mucho más rocoso de lo esperado en cuartos de final. Definitivamente los equipos británicos se les atragantaban a los brasileños.  Los galeses se atrincheraron en torno al magnífico guardameta del Arsenal, Jack Kelsey y al creativo interior Ivor Allchurch, uno de los jugadores más destacados del campeonato. Brasil recuperó a Mazzola en este partido, pero la actuación de Pelé lo ensombreció.  El joven de 17 años se volvió a salir y marcó <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=sQbIdyg9LM4">su primer gol</a> –golazo- en un Mundial. Brasil ganaba unos cuartos de final con dos chavales de 19 y 17 años en punta, pero este partido dejó claro que ambos jóvenes no se entendían bien. La sentencia de muerte de Mazzola como internacional brasileño. Poco después viajaría a Italia para firmar por el Milan y adoptar la nacionalidad para jugar con la Azzurra.</p>
<p style="text-align: justify">Las semifinales del Mundial enfrentaron a <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=LStkSa_DiWM ">Suecia y Alemania</a>, por una parte y a Francia y Brasil por otra. En la primera los anfitriones suecos dieron buena cuenta de los actuales campeones, una Alemania envejecida de la que seguían tirando Helmut Rahn, Hans Schaefer y Fritz Walter -38 años- y en la que hacía su primera aparición mundialista un delantero de 21 años llamado<span class="pullquote_right">El partido ante Francia sería un duelo Didí-Kopa hasta que apareció Pelé</span> Uwe Seeler. Francia, por su parte, había llegado a estas instancias jugando un fútbol espectacular. Supervivientes de un grupo con los siempre potentes yugoslavos, los sorprendentes paraguayos y un flojo equipo escocés, también habían eliminado fácilmente a Irlanda del Norte en los cuartos de final. La selección gala estaba formada con la base de jugadores del poderoso Stade Reims de la época y su seleccionador Albert Batteux era también el entrenador de ese club. En <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=CbXlsCoXQvc/">Raymond Kopa</a> tenía un excelente organizador de juego, seguramente el mejor de Europa, mientras que Robert Joncquet aportaba jerarquía en la fase defensiva y Roger Piantoni era un complemento perfecto para la creatividad de Kopa. En la banda, Jean Vincent era un diabólico extremo izquierdo, y se entendía a la perfección con el mayor activo atacante del equipo, un Just Fontaine que había comenzado el torneo como suplente, pero que a estas alturas llevaba ya ocho goles. El <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=lhimTK3RB6k">partido</a> se jugó en el Rasunda Stadion de Estocolmo, y los espectadores suecos asistieron a una demostración de fútbol de más alto nivel. Brasil recuperó a Vavá y este respondó a la confianza rápido, adelantando a su selección a los dos minutos. Pero Fontaine no tardó en hacer aparición y a antes de los diez minutos ya había regateado a Gilmar y empatado el partido para Francia.</p>
<p style="text-align: justify">Tras este inicio fulgurante, el ritmo del partido bajó un poco, y se convirtió en un duelo de creadores <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=bUu72xdSyHk">entre Kopa y Didí</a>, durante gran parte del primer período. Fue el brasileño quien rompió la igualdad con un cañonazo impresionante a la escuadra poco antes del descanso. En la media parte, a pesar de la ventaja brasileña, el resultado no estaba nada claro. Ambos equipos estaban muy parejos. Se necesitaba algo especial para decantar la balanza. Y en esas, con apenas cinco minutos jugados de la segunda parte, hizo aparición <i>O Rei</i>. Su explosión durante los 25 minutos siguientes es un momento de los que cambian la historia del fútbol. Edson Arantes do Nascimento dejó de existir y en su lugar <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=NokfaCdVCV8">se alzó Pelé</a>. Tres goles sin respuesta: el primero tras aprovechar un error del guardameta Abbes, el segundo tras jugada de Garrincha, sombrerito mediante a Joncquet y remate con el exterior del pie derecho, y el tercero tras el enésimo destrozo de Mané, controlando su centro con el pecho y rematando de volea. 5-1 para Brasil. El tardío gol de Piantoni no ensombreció el gran día del fútbol brasileño. Francia quedaba fuera, pero aún le quedaban fuerzas para meterle seis goles a Alemania por el tercer puesto. Una Alemania a la que Suecia había remontado en Goteborg, para ganar por 3-1 y lograr una plaza en la final de su Mundial.</p>
<p style="text-align: justify">Así pues, el 28 de junio de 1958, Brasil se volvía a citar con la historia. Llegaba el momento de demostrar que los brasileños sí sabían ganar. Los suecos habían completado un torneo fantástico. George Raynor, su seleccionador británico, había vuelto a lograr que Suecia fuese competitiva. Ya habían ganado los Juegos Olímpicos del 48 con él gracias a la<span class="pullquote_left">Suecia tenía en el trío Gre-No-Li a su gran aval</span> célebre delantera Gre-No-Li, y también habían sido terceros en el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=f_JcazKkXdA">Mundial 50</a> con un equipo totalmente renovado. El fútbol sueco sólo permitía ser internacionales a los jugadores amateurs y que jugasen en Suecia. Así pues, las figuras que se iban a ganar dinero –a Italia especialmente-, tenían que renunciar a la selección. Para este Mundial, Raynor consiguió que se pudiesen llamar a profesionales. Ya no estaba Nordahl y Gren y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=2VmLZSep-KE">Liedholm</a> tenían ya 37 y 35 años. Pero el gran central Bergmark y el portero Svensson seguían en el equipo, el centrocampista Bengt Gustavsson volvió desde Italia para ser clave durante el torneo. Además, jóvenes talentos que también estaban en la Serie A, como Hamrin, Selmosson y Skoglund, unidos al delantero centro Agne Simonsson formarán el grueso del equipo nacional. Quedaba por ver cómo aguantarían el centro del campo Liedholm y Gren, junto a Gustavsson y Parling. Feola, sorpresivamente, dio entrada a Djalma Santos en lugar de De Sordi. Con Nilton y Djalma, dos superdotados físicamente, buscaba contrarrestar a los centelleantes Hamrin y Skoglund.</p>
<p style="text-align: justify">El <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=3f3qSwJdmTQ">partido</a> no comenzó bien para los intereses de Brasil, ya que Liedholm abrió el marcador a los cuatro minutos. Aunque Vavá empató pronto, a los nueve. Estos arranques fulgurantes son una característica del fútbol de los 50. Es el momento del cambio de tácticas, en el que cualquier ligero retoque puede destruir todo un planteamiento. Así pues, mientras los equipos se ajustan al esquema del rival, el marcador no suele salir intacto. Tras este inicio, bastante en la línea del partido contra Francia, el juego se igualó, ya con los equipos bien plantados ante la propuesta del contrario. Una vez más, el duelo Didí-Liedholm fue clave para el devenir del partido, y su dominio sobre el mismo propició el gol de Vavá a la media hora, llegando con ventaja Brasil al entretiempo.</p>
<p style="text-align: justify">La segunda parte fue, de nuevo, el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=3f3qSwJdmTQ">show de Pelé</a>, que marcó un golazo impresionante al hacer un sombrero sobre su defensor, recibir una durísima entrada con los tacos en el muslo, aguantarla y remachar con una volea inapelable. Fue el golpe que demostró la superioridad de la canarinha. El titulo mundial estaba muy cerca y más aún cuando Zagallo marcó el cuarto gol. Era un gran premio para el hombre que, cumpliendo a la perfección con su decisivo rol, había sido capital en el buen funcionamiento del equipo. A los 80 minutos, Simonsson dio algo de emoción al partido, pero Pelé, con un gol de cabeza en el último minuto, certificó la victoria por 5-2. Diez goles entre las semis y la final de un Mundial. Una demostración impresionante de que Brasil sí podía ganar. Una nueva era comenzaba en el fútbol mundial, la de Brasil y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=KnZR_eW2IIM">su Rey</a>.</p>
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