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	<title>Ecos del Balón &#187; FC Metz</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>El Pjanic de la Juventus</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jul 2016 02:00:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Abel Rojas]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Miralem Pjanic empezó a llamar la atención con 17 años en el FC Metz de la Ligue 1 francesa. Se trataba de un mediapunta muy ligero con un fantástico control del balón y una velocidad gestual francamente impactante. Gracias a ello, se movía entre líneas como pez en el agua, y como su repertorio se [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Miralem Pjanic empezó a llamar la atención con 17 años en el FC Metz de la Ligue 1 francesa. Se trataba de un mediapunta muy ligero con un <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=y_9R0qOWhlI">fantástico control</a> del balón y una velocidad gestual francamente impactante.<span id="more-213574"></span> Gracias a ello, se movía entre líneas como pez en el agua, y como su repertorio se veía colmado por un golpeo de primer orden, se le presumió un futuro de estrella internacional.</p>
<p style="text-align: justify">Embelesado por la grandeza del Olympique de Lyon, aceptó el reto de convertirse en el sucesor de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/a-balon-parado-analisis-abp/">Juninho Pernambucano</a>. Entraba dentro de la lógica, el brasileño era un mito en su país de adopción y Miralem, la promesa más especial. Pero quizá no acertó eligiendo destino. Para un futbolista de sus condiciones, emigrar a una Liga que diese importancia al segundo escalón del centro del campo hubiera sido más beneficioso.</p>
<blockquote><p>Pjanic no era Juninho, pero, «por desgracia», lo acabó siendo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Siendo brutos, podría dividirse la zona de la medular en dos alturas diferentes, la que corresponde a los mediocentros y la que corresponde<span class="pullquote_right">Francia desvió su crecimiento</span> a los mediapuntas. O sea, la de los que participan ante la mirada del centro del campo del rival y la de los que participan a la espalda del mismo. Encontrar especialistas haciendo lo segundo cuesta mucho trabajo y esto es algo que se topa de bruces con el hecho de que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/category/blog/entrenadores/">casi todos los modelos de juego</a> actuales precisan de ese perfil. Y la Liga francesa, por lo que sea, es una de las que no lo potencian. En esta, incluso los mediapuntas tienden a bajar para recibir el balón en el espacio típico de los pivotes y proponer desde ahí. Normalmente, desarrollando una visión panorámica y un pase largo de altos niveles. Y justo eso acabó sucediendo con Pjanic, que extravió por el camino la esencia que, como adolescente, puso el fútbol a sus pies.</p>
<blockquote><p>La Roma y la Serie A le pidieron lo mismo que el Lyon y la Ligue 1.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Su siguiente parada fue el Calcio italiano; la otra Liga doméstica que ignora el <i>«entre líneas» </i> y manda la creatividad al círculo central o a una de las dos bandas. Puede que sea herencia de aquella década bajo el mandato primero de Platini y después de Maradona. O, aunque resulte un poco menos romántico, la consecuencia del brutal <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/05/andrea-pirlo-ojo-de-halcon-parecidos-heroes/">impacto cultural de Pirlo</a> en el fútbol transalpino. El caso fue que, durante su periplo en Roma, Pjanic no recuperó su perfil original, sino que fue puliendo y potenciando su versión de organizador retrasado. Y así hasta que, entre el curso 2014/15 y el recién acabado 2015/16, se consagró como uno de los mejores futbolistas del torneo en dichos menesteres. ¿El premio? Fichar por el campeón.</p>
<p style="text-align: justify">Lo interesante de la llegada de Pjanic a la Juventus reside en que, aunque continúe en Italia y, además, en el equipo que más ha colaborado en definir la identidad de esta Liga, el biotipo que más necesita Massimiliano Allegri es el del Pjanic del FC Metz. La reconversión de Marchisio al mediocentro se califica de exitosa sin ningún género de dudas, tanto en términos de equilibrio como en términos de dirección, y la aportación de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/03/analisis-tactico-bayern-munich-4-juventus-2-alvaro-morata-douglas-costa/">Khedira como box-to-box</a> justificó con creces su muy generoso contrato. El gran pero de la Juventus derivó de la falta de creatividad en tres cuartos y, sobre todo, de la ausencia de un futbolista que recibiese la pelota en esa zona con cierta constancia. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/06/analisis-paul-pogba-estrella-juventus-final-champions/">Paul Pogba, el interior más adelantado</a>, adoleció de regularidad, y sólo Paulo Dybala en sus noches más inspiradas pudo compensar el déficit. Habrá que esperar a ver si Pjanic ha arribado para corregirlo desde la raíz y, en el caso de que sí, si conserva la agilidad que un día tuvo para bailar cómodo donde todo el mundo choca.</p>
<p>&nbsp;<br />
&nbsp;</p>
<p style="text-align: right">Foto: SAEED KHAN/AFP/Getty Images</p>
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		<title>Robert Pirès: el punto de partida de una revolución</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Oct 2015 01:57:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo José Ustaritz]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[De niño, a Fumito Ueda le obsesionaba el movimiento, particularmente el de los animales salvajes. De grande, Ueda revolucionó no sólo la industria de los videojuegos sino el mundo del arte. El punto de partida fue aquella vieja obsesión por las cosas que se movían y una sensibilidad artística temprana que lo llevó a tratar [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">De niño, a <a target="_blank" href ="http://www.theguardian.com/technology/2015/jun/19/the-last-guardian-fumito-ueda-sony">Fumito Ueda le obsesionaba el movimiento</a>, particularmente el de los animales salvajes. De grande, Ueda revolucionó no sólo la industria de los videojuegos sino el mundo del arte. El punto de partida<span id="more-184242"></span> fue aquella vieja obsesión por las cosas que se movían y una sensibilidad artística temprana que lo llevó a tratar de ganarse la vida como un artista tradicional. Afortunadamente, en 1997 Ueda entró a formar el equipo de Sony. Unos años más tarde presentaría al público el juego que lo cambió todo. Cuando se discute sobre la facultad artística de los videojuegos, sobre si estos pueden o no llegar a ser formas de arte como el cine, la pintura o la fotografía, puede que aparezcan ejemplos incipientes de características propias del arte en videojuegos, pero es en ICO dónde los defensores de la “articidad” de los juegos de vídeo comulgan está la primera obra de arte del medio. La opera prima de Ueda es un juego minimalista que rompió con los paradigmas de lo que era un videojuego en aquel momento. Se trata de la historia de ICO, un niño con cuernos que intenta salvar a Yorda, la hija de la reina del castillo en el que ambos son cautivos y que no habla su idioma, defendiéndola de las sombras que la acechan y de su propia madre, sin mucha más ayuda que un garrote y eventualmente una espada. Para quienes lo han jugado, ICO se convierte en una experiencia personal, de conexión íntima con ICO y Yorda, en la que el usuario es testigo de cómo afloran sentimientos mientras avanza la partida. Era, de una maravillosa e inesperada manera, arte, y así ha sido defendido por la crítica de la industria y por artistas de otras disciplinas. El legado de ICO cambió la forma en la que se diseñan <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=V3tb0NXWUoI">los videojuegos</a> y los creadores de los grandes títulos de los últimos años han confesado la influencia tanto de ICO como de Shadow of the Colossus en sus productos. El videojuego de Ueda fue el primero de muchos.</p>
<blockquote><p>G. Del Toro: «Los únicos videojuegos que son obras maestras son ICO y Shadow of the Colossus»</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Unos meses antes de la salida de ICO al mercado, a Londres llegó proveniente de Marsella el francés Robert Emmanuel Pirès. Llegaba al Arsenal del también galo <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/09/archivo-programas-la-aventura-original-reportaje-historias/">Arsène Wenger</a>, que ya llevaba un par de años haciendo una revolución a su manera. Wenger, que llegó a Highbury tras un peculiar paso por un naciente fútbol japonés, vio el fútbol moderno hace veinte años. Cambió las costumbres británicas fuera del campo y, ya en el césped, venía confeccionando un fútbol rompedor con el modelo establecido en las islas, aunque más tarde demostraría haberse anticipado a varias de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/ecos/2008/07/08/la-eurocopa-profetica/">las tendencias que estarían en boga</a> diez años después. Wenger fue un pionero y el fichaje de Pirès sería el último impulso que necesitaría para forjar uno de los primeros equipos del siglo XXI que hacían fútbol puramente del nuevo milenio. Lo del Arsenal de Wenger entre 2000 y 2004 fue un poco lo de Ueda con ICO.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Pirès representó una nueva estirpe</span>Aunque quizá no haya sido el primero, porque ya en la <a target="_blank" href ="http://backpagefootball.com/conventional-wingers-a-dying-breed/37308/">época de Chapman</a> este abogaba por que los atacantes de banda produjeran más pases interiores que centros laterales, sin duda sí fue uno de los más influyentes, especialmente si tenemos en cuenta que tras él se destaparía una sucesión de nuevos futbolistas que respondían precisamente al perfil que, de una u otra forma, en el año 2000 era bastante único. Robert Pirès no era un jugador de banda cualquiera, sino que su fútbol encontraba convergencia en las virtudes del extremo, el enganche y el segunda punta. Podía jugar en cualquiera de las tres posiciones, pero su juego no respondía al comportamiento típico de cada puesto. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=tyyV1HjSzgc">Lo combinaba todo</a>: si jugaba por dentro caía a banda y sumaba acciones de desborde y asistencia más normales en un extremo que en un jugador interior; si lo hacía en la banda, tiraba para dentro jugando hasta a pie natural. De extremo y de segunda punta, además, asumía labores creativas y de gestión atípicas para cualquier que jugara en esas zonas. Simplemente, se trataba de una estirpe nueva de futbolista que cazaba a la perfección con el también nuevo fútbol dinámico, técnico y veloz que buscaba Wenger. Durante seis años, Pirès fue un representante modelo de la cultura Arsenal; un futbolista de máxima calidad que resumía el cambio de cosmovisión que implantó el club en los albores del siglo. Sin embargo, la aventura futbolística de Pirès es mucho más que esos seis años en Londres.</p>
<blockquote><p>Robert Pirès: ni mediapunta, ni delantero, ni extremo. Un híbrido</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Pirès había debutado a los veinte años en el FC Metz y desde 1996, después del proceso Olímpico de aquel año, había comenzado a ser parte de la selección absoluta de Francia que trataba de dejar atrás los últimos años de fracasos estrepitosos entregándose a los pies de una nueva generación liderada por Zinedine Zidane, con miras al Mundial en el que ‘Les Blues’ serían locales en 1998. Corría la temporada previa y Pirès ya era un nombre importante en el fútbol francés jugando como <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=GzIDcTcEHPk">delantero en el Metz</a>. Aunque habitual en las convocatorias, Robert era reubicado en el campo por el seleccionador ya que como delantero no tenía cabida en el sistema. Así, Pirès se vio obligado a luchar por un puesto en el once titular primero con Bernard Diomède o <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Fw0owtl7bCc">Ibrahim Ba</a> y luego con Thierry Henry, quien terminaría relegándolo al banquillo, amén de ser el reemplazo natural de Zidane, la estrella del equipo. A pesar de haber jugado en los siete amistosos previos a Francia 98’, durante el Mundial sólo jugó en tres ocasiones, una de titular (y cambiado por Henry en la segunda parte) y dos entrando desde el banquillo en lugar de Henry, siempre como extremo. Aunque jugó poco tiempo, su buen hacer en el torneo llamó la atención de grandes equipos europeos y terminó fichando por el Marsella, donde sería reconvertido finalmente a mediocampista. Ya había una revolución en marcha.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">De Overmars a Pirès; cambio de paradigma</span>Tras dos buenos años en el Olympique, más el primero que el segundo, del que sólo se recuerda <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=3j7z9bA_mWg">este golazo</a>, Pirès aterriza en el Arsenal. El matrimonio entre club, entrenador y jugador fue perfecto. Robert recuerda a Wenger como <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/world-match-centre/news/newsid/266/803/8/">“un segundo padre”</a> y le agradece haber potenciado sus virtudes para llevarlo a lo más alto. En efectos prácticos, el trabajo de Wenger sobre Pirès se trató de una prolongación de lo que habían hecho Rolland Courbois en el Marsella, Aimé Jacquet con Francia en el Mundial y Roger Lemerre en la Eurocopa. Para el torneo continental, ya Pirès estaba asentado como un mediocampista, pero en el sistema de Lemerre no había cabida para él más que como suplente de Zinedine Zidane, pues el mediocampo estaba formado por el entonces jugador de la Juventus y tres mediocentros que le cuidaban la espalda, o como repulsivo para jugar en banda entrando por Petit. A diferencia de en el Mundial, las participaciones de Pirès en la Euro fueron jugando por la izquierda, a pie cambiado. Wenger tomó nota de aquello y esa fue la posición que le dio a su llegada al equipo, ocupando el puesto que había dejado libre Marc Overmars. Aquí es necesario contextualizar la decisión de Wenger. Era el año 2000 y el universo esférico vivía el último auge de los extremos/volantes de banda puros. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=lKiqzLoxEvg">Marc Overmars había sido importante</a> en los últimos años en el club y sensación tanto el Mundial de Francia como en la Eurocopa de los Países Bajos, hasta el punto que se convirtió ese verano del 2000 en uno de los futbolistas más caros de la historia con su traspaso al Barcelona. Por otro lado, el equipo dominante en Inglaterra era el Manchester United de Giggs por la izquierda y Beckham por derecha, mientras que en España también rendían culto al extremo clásico, y lo seguirían haciendo hasta la <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/09/analisis-carrera-joaquin-regreso-betis/">Eurocopa de 2004</a>, con Luis Figo, Balón de Oro de aquel año, regateando y centrando desde la cal derecha. Poner a un futbolista como Pirès desde la izquierda era una apuesta que se desvinculaba totalmente del fútbol de la década de los 90’s.</p>
<p style="text-align: justify">Y fue todo un éxito. Con la ayuda de Wenger, Pirès rápidamente se convirtió en un futbolista no sólo distinto sino diferencial. Su zancada marcaba diferencias corriendo tanto por fuera como dentro; su visión de juego activaba a los <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/01/thierry-henry-homenaje-gran-partido-final-eurocopa-2000-italia/">demoledores Henry</a> y Bergkamp, e incluso Ljunberg gozó de sus finos pases interiores; su golpeo de balón creaba goles con centros precisos y remates venenosos desde la punta del área; y su movilidad y talante creativo proponían problemas a los que ningún equipo de la Premier League estaba acostumbrado. Las sociedades que creó con Bergkamp, receptor de muchos de sus pases por dentro como en aquel <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IicmCu47pMo">mítico gol al Newcastle</a>, con Henry, con quien se repartía el espacio de la izquierda al centro y viceversa, y con Ashley Cole, al que supo convertir en un lateral de élite antes de que llegase su madurez, consumaron las bases ofensivas del Arsenal de ‘Los Invencibles’. Movían el balón muy rápido y con agresividad, siempre por el piso, y ocupaban los espacios como lo haría un equipo de hoy. El ‘shock’ fue potente. El Arsenal se transformó en fenómeno global y su juego en un sello estilístico que marcó a una generación. Habían conseguido jugar al fútbol como nadie más y muy pronto los conceptos de ese Arsenal comenzarían a reproducirse. Wenger se había adelantado a muchos y Pirès era uno de los hombres que ejemplificaban eso.</p>
<blockquote><p>Pirès era una de las piezas claves del Arsenal, un equipo vanguardista</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Robert Pirès sustituyó a Riquelme como gran estrella del Villarreal</span>En 2006, habiéndolo alcanzado casi todo con el Arsenal, aunque con el sinsabor de no poder demostrar ese nivel con la selección francesa en un gran torneo, en parte por culpa de la lesión que sufrió previo al Mundial de 2002, Pirès terminó su andadura en los ‘Gunners’ para sumarse a otro proyecto que desde muy temprano había decidido avanzar sin los extremos clásicos y jugando un fútbol vanguardista. Sin la velocidad de otrora, el francés aterrizó en Vila-real el año siguiente a la gran campaña europea del ‘Submarino’. En su último año en el Arsenal, Pirès ya no era el mismo futbolista potente y veloz de las primeras temporadas sino que se había convertido en uno <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=3iolfu5NPjQ">mucho más cerebral y pasador</a>. Apunto de cumplir los treinta y tres años tuvo la mala suerte de lesionarse de los ligamentos en pleno agosto y se perdió siete meses de competición. En ese lapso, Juan Román Riquelme abandonó la institución, acabando así con el sueño de juntar al argentino con el francés. Aun así, Pirès asumió el reto y el rol de estrella y supo como llenar el vacío emocional y futbolística dejado tras la marcha de Riquelme. No deja de ser curioso que haya sido precisamente Pirès, el epítome del nuevo mediocampista ofensivo, quien reemplazase a Román, el enganche clásico por excelencia. Los tres años restantes de Pirès en España fueron especiales. Dio clases magistrales de fútbol como uno de los mediapuntas del 4-2-2-2 de Pellegrini, acompañado por Cani, Cazorla, Ibagaza o Matías Fernández. El Villarreal <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=lV-NyMsdoOQ">bordó el fútbol</a> esos años, haciendo gala de un juego ágil, asociativo, libre, sólido y creativo. Pirès, sin necesidad de imprimir velocidad física a sus acciones, partía de la banda, pero jugaba por todos lados. Destiló clase. Fueron unos últimos años de servicio ideales y que el aficionado al fútbol disfrutó a rabiar.</p>
<p style="text-align: justify">El ocaso de su carrera fue breve y poco sonado. No dio tiempo a que el fútbol lo viera languidecer por el campo. Apenas nueve partidos en el Aston Villa antes de retirarse del fútbol de élite. Volvió a jugar hace un año en la curiosa Liga de la India y a muchos les sacó una sonrisa verlo nuevamente de corto. Robert Pirès fue el protagonista de una aventura de diez años en los que el fútbol dejó de invertir en los Diomède y Ba con los que luchaba por un puesto en 1998 para poner en primera línea a los “ciudadanos del mundo”, como le gusta llamar a este tipo de futbolistas a nuestro amigo Adrián Cervera. En menos de una década, los enganches, extremos y segundas puntas tradicionales vieron <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/06/marko-marin-jairo-rabello-sustitutos-jesus-navas-sevilla-de-emery-y-monchi-fichajes/">como sus lugares</a> comenzaron a ser ocupados por híbridos como Pirès. Los Iniesta, Mata, Cazorla o Silva en España; los Valbuena o <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=RHZ4o__3l0o">Nasri en Francia</a>; los Özil, Götze o Reus en Alemania. Todo tuvo germen en Robert Pirès, el punto de partida de revolución.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">_<br />
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