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	<title>Ecos del Balón &#187; Amancio</title>
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		<title>La Quinta del Buitre: futuro, presente, pasado (I)</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Dec 2017 03:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Pocos momentos provocan en el aficionado al fútbol las sensaciones del camino al estadio. Aun más cuando juegan los dos primeros equipos de la clasificación en un <a target="_blank" href ="https://elpais.com/diario/1983/12/03/deportes/439254003_850215.html">partido altamente anticipado</a>. Ochenta mil personas<span id="more-246506"></span> haciendo el mismo peregrinaje, dirigiéndose a <i>su</i> puerta, abarrotando las gradas, animando al conjunto blanco, líder en la Liga, que se enfrenta a su oponente bilbaíno, segundo y pisándole los talones. Los merengues llevan toda la temporada impresionando con su juego, y los leones no le andan a la zaga. El partido es de poder a poder y el Bernabéu, absolutamente lleno, disfruta a pesar de que los locales no cuentan con dos de sus mejores centrocampistas. Esa temporada es mágica para los madridistas, que a 3 de diciembre no solo son primeros sino que ya han eliminado de la Copa del Rey al Betis. Pocas semanas antes el buen juego de los locales metió 60 mil espectadores en el coliseo blanco para un derbi madrileño. En la eliminatoria contra el Betis y en un partido contra el Deportivo la gente también responde en grandes cantidades. El momento clave llega en un saque de falta cabeceado a la red por el menudo delantero madridista, ese del que todos hablan maravillas y que no hace tanto fue muy alabado en la prensa. El equipo vuela y con él la imaginación de una afición que siempre exige cotas mayores. Estos chicos serán clave en el futuro del primer equipo más pronto que tarde.</p>
<p style="text-align: justify">Efectivamente, el futuro. Porque el presente, ese 3 de diciembre de 1983, es un partido de Segunda División. El filial del Real Madrid, el Castilla, finalista de Copa hace tres años, es ahora líder de la categoría y se enfrenta a un Bilbao Athletic repleto de buenos futbolistas que ya alimenta a su equipo mayor, el conjunto dominante del fútbol español en esa época. El Betis, un <i>primera</i>, había caído ante los castillistas en Copa, y sesenta mil almas se juntaron en el Bernabéu para verles jugar ante el Atlético Madrileño, filial rojiblanco. Faltan dos de los mejores centrocampistas del equipo, Sanchís hijo -pasará un tiempo antes de que pueda deshacerse de la coletilla- y Martín Vázquez, que han viajado a Murcia para debutar con el primer equipo, pero todavía está Míchel en la banda derecha, el diablillo Pardeza en la izquierda -recibiendo entradas criminales de Bolaños- y el autor del gol de la victoria, Emilio Butragueño, el Buitre, en la punta del ataque. Apenas tres semanas antes, el 15 de noviembre, <a target="_blank" href ="https://elpais.com/elpais/2013/11/14/icon/1384450140_310238.html">Julio César Iglesias les había bautizado</a> como la <i>«Quinta del Buitre»</i>. Por aquello de tener todos la misma edad, pero al mismo tiempo refiriéndose a esa quinta velocidad que tenía Emilio. En aquella época casi todos los coches tenían cuatro velocidades, así que la quinta era algo así como un extra. Pero ya habrá tiempo de hablar de ese tema.</p>
<h2>¿DÓNDE SE CRIA LA QUINTA?</h2>
<p style="text-align: justify">Los inicios de los 80 en España fueron una época curiosa e interesante en casi todos los ámbitos. El país daba pasitos de recién nacido en su nueva condición de democracia lo que conllevaba, como con todos los bebés, algún que otro tropezón &#8211;<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=5E6fIfTz2d4">¡se sienten, coño!</a>&#8211; y modelitos cuanto menos señalables, como aquellas <a target="_blank" href ="http://estaticos.elmundo.es/assets/multimedia/imagenes/2014/10/16/14134510153047.jpg ">chaquetas de pana</a> que nuestro flamante presidente socialista lucía con el mismo orgullo con que su segundo al mando llevaba las gafas estilo chica del <i>«Un, Dos, Tres»</i>. Son etapas de la vida y hay que pasar por ellas. Futbolísticamente esos primeros años de la década supusieron también una ruptura con lo anterior, ya que dos equipos vascos, la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao se tornaron dominadores del balompié patrio. Con un fútbol aguerrido, físico -no mucho más que la media española, vamos a romper ya ese mito- y no exentos de calidad, los de Ormaetxea y Clemente firmaron cuatro años de impasse en el tradicional dominio madridista, lo que unido a un Atlético de Madrid que ya no era el mismo que en la década anterior creo, una vez mas, un escenario casi inédito en otro ámbito de la vida española. Caso aparte era el Barcelona, a quien nunca faltó el dinero y que bajo la dirección de su nuevo presidente José Luis Núñez estaba dispuesto a hacer saltar la banca y seguir trayendo a las más rutilantes figuras del fútbol internacional, como era tradicional del club. Así pues, desembarcará Schuster y también Maradona, tomándole el relevo a Krankl y Simonsen. Quini, goleador de categoría, cambiará su amado Molinón por el Camp Nou, pero los resultados en Liga no llegarán hasta el mandato de Terry Venables, un técnico británico sin la cabeza de ladrillo de Weisweiler o Lattek. De entrenadores tampoco fueron nunca faltos los blaugranas. Esta época del fútbol español coincidió <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=xp_1I2YtX8o">con nuestro Mundial</a>, donde esta mezcla de caracteres que iban desde el aguerrido Camacho, hasta el pequeño diablo López Ufarte pasando por Arconada, José Ramón Alexanko, Juanito, Santillana, Quini, el inclasificable fenómeno que era Gordillo y la clase de Zamora en el medio del campo, parecieron abocados al fracaso desde el principio, aplastados por la presión de la cita y su propia falta de nivel en un campeonato en el que, precisamente, sobró calidad y equipos de categoría. </p>
<p style="text-align: justify">En este ambiente el Castilla, equipo filial del Real, vivió sus años dorados. Ya en el año 80 sorprendió a propios y extraños con su extraordinaria andadura en la Copa del Rey. Un equipo en el que sólo Ricardo Gallego -y el portero Agustín en cierto modo- llegaría a hacer carrera en el primer equipo se plantó en la final eliminando a cuatro equipos de Primera División. Y no unos cualquiera, además del Hércules, el Athletic de Bilbao, la Real Sociedad que no tardaría en ganar la Liga dos años seguidos y un Sporting de Gijón que contaba con Quini, Maceda, Cundi o Ferrero, un conjunto de campanillas en la época. Así pues, los castillistas <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=vy7w0wAl4ZU">se plantaron en la final</a>, algo que nunca será igualado, donde sucumbieron ante el primer equipo en una fiesta totalmente blanca en el Bernabéu. Aun así, el gran aporte del Castilla durante la década todavía estaba por llegar. Entre el año 81 y el 85 dará a luz a un grupo de jugadores que cambiará el fútbol español, no solo por su manera de jugar sino también a nivel cultural y mental. </p>
<h2>LA QUINTA, EL FUTURO</h2>
<p style="text-align: justify">En aquel horno a fuego lento que era el filial, ninguno de los componentes de esta generación pasó tanto tiempo como Míchel, nombre futbolístico que será pronunciado de mil maneras por locutores de todo el mundo, y que será el primero en debutar en la máxima categoría del fútbol nacional. Fue en circunstancias especiales, durante una huelga de futbolistas que obligó a los filiales a jugar en una jornada de Liga. Como si tuviese que ir marcando territorio, Míchel anotó el gol de la victoria de su equipo. Tardaría algo más de dos años en volver a pisar esos pastos, algo que le frustró, consciente de la calidad que atesoraba. Su pierna derecha era un guante y se sentía en casa jugando como centrocampista diestro, aunque lo veremos de lateral, de interior e incluso de líbero.</p>
<p style="text-align: justify">Con Míchel llegó al Castilla un menudo delantero centro que se convertiría en el yerno ideal de todas las madres de España. Pelo rubio y rizado, ojos claros y, quiero pensar que olía de maravilla, aunque solo fuese porque su padre tenía una perfumería. Estudiante en un prestigioso colegio madrileño y madridista de cuna. Emilio Butragueño, un as dentro del área, capaz de librarse de sus marcadores en los espacios más cortos y con una habilidad natural para rapiñar goles en el área. Con ese apellido y ese don, el Buitre había nacido y ni él mismo se imaginaba lo que representaría durante la siguiente década. Tras marcar 40 goles en el filial, Alfredo di Stefano <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=r18k7-zpwEg">le dio la alternativa</a> en el primer equipo en la temporada 83-84 y ya nunca miró atrás. A Míchel y el Buitre, ya para la posteridad pareja de baile, dúo artístico, se les unió en el 82 un menudo extremo onubense, rápido como él solo y que iba a recibir las peores patadas de todo el grupo. Miguel Pardeza era el complemento de Butragueño en ataque, el recurso del Castilla cuando no había recursos, como lo había sido Paco Gento décadas atrás para el Madrid de las Copas de Europa. <i>«Si no sabes qué hacer, dásela a Miguel, él se irá por velocidad, inventará algo o recibirá una tarascada y forzaremos una falta»</i>. Pardeza nunca se consolidará en el primer equipo, pero tendrá una destacada carrera como jugador profesional.</p>
<p style="text-align: justify">En la 83-84, pasan fugazmente por el filial madridista los otros dos componentes de la futura Quinta. Como un visto y no visto, Manolo Sanchís hijo y <a target="_blank" href ="http://www.libertaddigital.com/deportes/futbol/2014-05-09/martin-vazquez-me-ire-a-la-tumba-sin-saber-por-que-mendoza-me-abrio-la-puerta-de-salida-1276518084/">Rafael Martín Vázquez</a>, llegan, aportan su tremenda calidad a un Castilla histórico, y suben al primer equipo. El primero un centrocampista que también puede jugar de central, con calidad para jugar la pelota y carácter. Siempre con la camiseta por fuera del pantalón, sus subidas al ataque, en el estilo de los mejores líberos, le verán convertirse en uno de los jugadores que más veces se ha puesto la camiseta blanca -y uno de los más laureados-. Será tan grande que conseguirá algo muy poco común: que su padre, famoso jugador madridista y campeón de Europa, pasase a ser simplemente eso, el padre de Sanchís.  Vázquez, que era su nombre futbolístico por entonces, era el jugador del que todos hablaban maravillas. Joven prodigio del mediocampo, demostró su calidad en torneos internacionales con los juveniles del Madrid y las categorías inferiores de la selección española. Con una visión de juego fantástica, aglutinaba también las características de los clásicos centrocampistas de la década anterior, con un buen despliegue en el campo y capacidad para jugar en corto y en largo. Le costó adaptarse, fue discutido, pero su calidad acabó por darle el status que merecía. En el segundo plano se movía con comodidad y así, en segundo plano, quedó el hecho de que también a él fue el mismo Julio César Iglesias el que le cambió el nombre. El periodista recordó que había habido un torero de nombre Rafael Martín Vázquez y le pareció adecuado incorporar el primer apellido. Rafael pasó a ser nuestro <i>Gigiriva</i>. <i>Martinvázquez</i>.</p>
<blockquote><p>El fútbol nunca fue tan físico como en ese comienzo de la década de los ochenta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Como ya habíamos dicho, estos primeros ochenta fueron años de contradicciones para el club blanco. Corto de dinero y de talento en muchos casos, el club no olió una liga durante la época de dominio vasco y, para colmo, tampoco después porque el Barcelona de Venables se impuso en el campeonato del 85. Pero con un equipo en el que destacaban los jugadores raciales como Camacho, Stielike o Juanito -estos dos últimos muy buenos jugadores, debemos añadir, más allá de lo volcánico de su carácter-, el ariete Santillana y el portero que tocase, fuese Miguel Ángel, fuese García Remón, se las arreglaron para llegar a una <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8MTkNeEgqik ">final de la Copa de Europa</a>, aquella de 1981, donde plantaron cara al gran ogro europeo de la época, el Liverpool de Bob Paisley. El año anterior solo una desafortunada noche en Hamburgo les había privado de disputar la final en el Bernabeu. El Madrid era un noble de buen linaje venido a menos, pero todavía conservaba uno o dos buenos trajes para las grandes ocasiones. Más decepcionante fue la terrible <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jczRWhlh0ls">final de la Recopa del 83</a>, en Goteborg, donde en un partido malísimo fueron batidos por el correoso Aberdeen de Alex Ferguson. Para el inicio de la temporada 84-85, los madridistas competían en la Copa de la UEFA, un torneo de un nivel tremendamente alto, por la cantidad de equipos competitivos y por la duración del torneo, un mata-mata de seis rondas donde errar normalmente se pagaba con la vida. El Madrid, eso sí, se saltará esta máxima varias veces de manera milagrosa en el siguiente bienio.</p>
<p style="text-align: justify">El fútbol de los ochenta era abrasivo. Invadido por los residuos del fútbol total -todavía había equipos que lo perseguían o que lo habían modificado a su manera-, con una importancia capital del juego sin balón y con una preocupación por el poderío físico como no se había visto nunca. El marcaje al hombre seguía vivito y coleando y la violencia era parte inexcusable del juego. Seguramente el dominio inglés, italiano y alemán ayudó, claro. En todo caso la afición se dividía entre los artistas como Zico, Maradona o Platini con sus regates inverosímiles y su excelente toque de balón y los no menos efectivos y espectaculares Rummenigge, Elkjaer Larsen o Briegel, con su velocidad endiablada, sus cañones en cada pierna y sus pulmones para exportar. En el caso de Chamartín, todo solía acabar en la cabeza de Santillana, previo pelotazo o jugada de Juanito –<i>que la prepara y Santillana mete gol</i>, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oxBLr5tuFnE">tonadilla clásica</a> del coliseo blanco-. Y ahí es donde los chavales de la Quinta, aquellos de los ochenta mil en el Bernabéu en Segunda División, hicieron su entrada.</p>
<p style="text-align: justify">Los blancos iniciaron la temporada con una mezcla de veteranos y noveles, nada más propio, y con intención de recuperar el título liguero. Cuatro de los cinco componentes de la Quinta eran ya miembros del primer equipo -aunque Martín Vázquez, junto a Pardeza, se pasó una parte de la temporada haciendo el servicio militar-. Seguían las viejas glorias en el equipo, Chendo ocupaba el lateral derecho, Gallego se había hecho fijo en un medio del campo donde no se acababa de asentar el talentoso Juan Lozano, y arriba llegaba también ese año un espigado delantero argentino <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=9aaFVUnCmbU">llamado Jorge Valdano</a>. En el banquillo Alfredo di Stefano dio paso al padre de la Quinta, Amancio Amaro, que subió del Castilla pero nunca fue capaz de reproducir su éxito del filial. El Madrid empezó mal el año y siguió siendo irregular en el campeonato de Liga, que fue a parar al Barcelona, al que Terry Venables sacó de una sequía de más de una década. El Madrid acabó quinto, incluso superado por un buen Sporting de Gijón. Amancio fue cesado faltando una jornada. Tras un año en el protagonizó unas cuantas anécdotas interesantes, como aquella  de bajarse los pantalones en White Hart Lane, mostrando las cicatrices de las tarascadas que recibió como jugador para infundir valentía a sus jugadores, o el incidente en Milán donde descubrió a Juanito y Butragueño con compañía femenina antes de un partido contra el Inter. El <i>gallego brujo</i> dejó el equipo con la misión cumplida de haber servido de puente para la integración de sus polluelos del Castilla en el primer equipo. El hombre que le sustituyó fue el apagafuegos de la Casa Blanca, Luis Molowny. <i>«El Mangas»</i> llegó a tiempo para levantar el poco prestigioso trofeo de la Copa de la Liga ante el Atlético y también para culminar una histórica trayectoria en la Copa de la UEFA, qué será la gran narrativa de esta temporada merengue.</p>
<blockquote><p>El Real Madrid encontró en la UEFA una forma de revivir y crear sus grandes noches europeas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Tras liquidar al Wacker Innsbruck austríaco y al Rijeka yugoslavo -el día que un jugador mudo fue expulsado del Bernabeu- en los dos primeros cruces, el sorteo puso al Madrid ante un equipo imponente en los octavos de final. El fútbol belga vivía su época dorada y el Anderlecht era su mejor exponente. El Madrid recibió una <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IYt5GQ8D6_g">buena lección en el Parc Astrid</a>, especialmente en la segunda parte, donde fueron incapaces de contener a Frank Vercauteren, que fue un puñal en la banda derecha belga y especialmente a un jovencísimo Enzo Scifo, que había tomado el relevo del madridista Lozano como cerebro de <i>«les mauves» </i> y mandó en el partido como si fuese un veterano de mil batallas. El 3-0 parecía liquidar la eliminatoria y casi casi la temporada blanca.</p>
<p style="text-align: justify">Pero <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=r0ruiZfGE5U">en el Bernabeu</a>, convertido en una olla a presión, el Madrid salió convencido de la remontada. Atacar, atacar y atacar era la receta y a la media hora la eliminatoria estaba igualada. Sanchís no dio apenas tiempo para asentarse en el campo a los belgas, marcando en el minuto dos. Butragueño, esta noche sí titular, comenzaba su primera gran exhibición con un gol en el 16, mientras Valdano añadía un tercero en el 30. El Bernabéu enmudeció por unos segundos cuando el joven danés Per Frimann marcó el 3-1, dando algo de aire al Anderlecht. Pero apenas cinco minutos más tarde Valdano, que jugaba en un tridente con el Buitre y Santillana, les vacunaba por cuarta vez. En la segunda parte, recital de Butragueño, que añadió dos goles más a su cuenta, cerrando un 6-1 histórico que dio la vuelta a Europa. No es nada exagerado decir que en aquel momento el Anderlecht tenía más caché que el Madrid en Europa y verles caer de esa manera mandó un aviso al resto de conjuntos y al propio vestuario blanco: se podía volver a ganar en Europa. Como ya habíamos dicho, la Copa de la UEFA era un torneo durísimo, y en cuartos de final el campeón en título, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=YQJ4jOQDVGo">los ingleses del Tottenham</a>, con Glenn Hoddle y Osvaldo Ardiles a la cabeza, se cruzaron en el camino del Madrid. Fue una eliminatoria muy cerrada y muy dura, de ahí la anécdota de las cicatrices de Amancio. El Madrid la superó con un solitario gol para llegar a semifinales y medirse con otro hueso, el Inter de Milán. En Italia, los interistas liderados por Rummenigge sometieron al conjunto madridista. Su defensa, con un joven Zenga en la puerta y los rocosos Bergomi, Beppe Baresi, Marini y Mandorlini por delante cerró el partido a cal y canto. Liam Brady y Alessandro Altobelli hicieron el resto. 2-0 y la perspectiva de un cerrojazo en Madrid que había que hacer saltar. Lo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=cbShj4yqJuE">hizo el Madrid</a>, sin Butragueño, y con un Santillana en modo héroe, marcando dos goles con Michel añadiendo el tercero. </p>
<p style="text-align: justify">Tras los últimos cruces, el rival de la final pareció un pequeño regalo. Los húngaros del Videoton, un conjunto sin figuras que se abrió pasó hasta la final -dejando en el camino a Dukla, PSG, Partizan y Manchester United entre otros-, no fueron rivales y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=6sd-WH853lw">el 0-3</a> que el Real Madrid consiguió en la ida en Hungría selló el triunfo en la Copa de la UEFA. El primer título europeo que volaba al Bernabéu desde la lejana Copa de Europa ganada al Partizan.</p>
<p style="text-align: justify">Ese verano de 1985, con Ramón Mendoza ya como presidente, el Madrid da un salto de calidad enorme. El necesario para recuperar la Liga y, viendo la prometedora generación que la cantera le había brindado, aspirar a más en Europa. Con el ascenso de Pardeza al primer equipo, la Quinta jugará completa en Primera y además solo hay una baja importante, la de Uli Stielike. Todos los demás siguen. Pero serán tres fichajes los que acapararán toda la atención: Antonio Maceda, Rafael Gordillo y Hugo Sánchez, tres figurones a los que el mexicano bautizará como la <a target="_blank" href ="http://3.bp.blogspot.com/-LxapSq5KG7U/UzHa12m3fBI/AAAAAAAAAMk/KzHH9qBJDV0/s1600/quintamachos.jpg"><i>«Quinta de los Machos»</i></a>. Sería como fichar hoy a Hummels, Alaba y Lewandowski de una tacada. Maceda venía del Sporting de Gijón, y era un líbero con una clase como había pocos. Se había consagrado en la Euro 84 con su colocación, y su capacidad para sacar el balón jugado e incorporarse al ataque. Estaba llamado a ser el líder de la zaga. Hugo Sánchez venía del Atlético de Madrid y llegó con no poca polémica. Era un goleador de área, genio del remate a un toque. Había comenzado de extremo y le veremos caer hacia esa zona durante el quinquenio mágico del equipo en la segunda mitad de los 80. Tenía una zurda que era un cañón y carácter para enfrentarse a todo y todos. Con él el Madrid completaba un ataque que reunía todos los perfiles imaginables. Sería el mejor complemento para el Buitre. Por último, <i>«el Gordo»</i>, que llegaba del Betis ya con 28 años y mucha experiencia. Un jugador que hizo de la banda izquierda <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=9125X_sgXYA">el salón de su casa</a>. Normalmente catalogado como carrilero izquierdo, podía ocupar cualquier posición en esa banda y será, tácticamente, el jugador más especial y decisivo de ese equipo. Llegaremos a eso.</p>
<blockquote><p>La segunda de la Copa de la UEFA selló el final de la primera etapa de la Quinta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Con Molowny al mando, y con un once tipo en el que Ochotorena y Agustín compartieron la meta, con Chendo, Sanchís, Maceda y Camacho por delante, Gallego, Míchel y Gordillo en el medio y Hugo Sánchez, Butragueño y Valdano arriba, el Madrid arrasa en la Liga. Once puntos de ventaja al Barcelona subcampeón de Europa. Hugo es el máximo goleador, Valdano el mejor jugador y Míchel el mejor jugador español. Martín Vázquez entra poco a poco en un centro del campo en el que las posiciones dejan de ser fijas, con Míchel metiéndose muy al medio y Gordillo haciendo un poco de todo, que es lo que sus pulmones y su clase le permitían. Todavía hay muchísimos minutos para Juanito y Santillana se confirma con el revulsivo. Los tres de arriba le cierran el paso al veterano favorito del Bernabéu, y Hugo, Valdano y el Buitre se entienden a las mil maravillas, intercambian posiciones y aparecen desde todos los frentes. Son una pesadilla.</p>
<p style="text-align: justify">En Europa, el campeón de la UEFA elimina a AEK de Atenas y Chernomorets Odessa en las dos primeras rondas. El equipo funciona muy bien, pero una noche de noviembre en Moenchegladbach se da de bruces con la realidad. El Borussia aplasta 5-1 a un Madrid inusualmente timorato, que salió a no perder y lo perdió casi todo. Ese solitario gol de Gordillo valdrá oro, aunque supo a poco ante tal varapalo. Dos semanas después, con el Bernabéu de nuevo encendido esperando una hazaña como las del año anterior, Molowny <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=j0ut9evL3Zk">no se guardó nada</a>. Incrustó a Juanito en medio campo y lanzó a su equipo al ataque. ¿Los héroes?, los mismos que en la remontada contra el Inter seis meses antes: Valdano y Santillana. Dos goles por cabeza y la histórica imagen de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=VybNV4BIBZ4">Juanito saliendo de campo</a> a botes de pura alegría. Remontar se estaba convirtiendo en tradición. </p>
<p style="text-align: justify">Pero el equipo gustaba de las emociones fuertes y tras golear al Neuchatel suizo en la Castellana a punto estuvo de ser remontado en la vuelta. A un gol se quedaron los helvéticos de igualar el 3-0 de la ida. De nuevo en semis y de nuevo el Inter era el enemigo a batir. Y como el año anterior había salido una buena película, ¿por qué no repetirlo? El Inter había añadido a Riccardo Ferri a su defensa, un jugador que sería un marcador de élite en Europa durante los siguientes seis o siete años. También a Tardelli en el medio del campo. Y allí seguía el tridente formado por Liam Brady, Alessandro Altobelli y Karl-Heinz Rummenigge. Más el veloz Pietro Fanna en el flanco derecho. Un gran equipo que gracias a dos goles de Tardelli y uno de Salguero en propia puerta se llevaba a Madrid un 3-1 muy positivo. Pero el Bernabéu <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=CHbDmUdyWK8">vivió la enésima noche mágica</a>. Costó abrir el cerrojo italiano, pero Hugo Sánchez lo consiguió al borde del descanso. La segunda parte vio llegar el segundo gol, de Gordillo, que unido al que había marcado Valdano en Milán, clasificaba al Madrid. Pero un penalti de Brady volvía a poner las cosas cuesta arriba. Hugo, de nuevo, marcó para igualar la eliminatoria y llevarla a la prórroga. Ahí surgió la figura de Santillana, que empeñado en ser el protagonista de ambas victorias en la UEFA, se marcó un doblete y liquidó los sueños de los nerazzurri. ¡A la final! Allí esperaba el Colonia alemán, que había llegado a esta instancia mostrando una buena capacidad realizadora, peor sin enfrentarse a ningún rival de verdadera categoría. Tenían cinco internacionales alemanes en el once inicial, entre ellos el gran guardameta Schumacher y los atacantes Littbarski y Allofs. Y a un pequeño diablo saliendo del banquillo, Thomas Hässler. Pero se les cayó el mundo encima en el Bernabéu. Como había hecho el año anterior, el Madrid no les dio opción. Tras curtirse durante todo el año en eliminatorias muy duras, la final fue una fiesta. Hugo Sánchez, Gordillo, un doblete de Valdano y Santillana sellaron <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=eFDs2fW_U-Y ">un 5-1</a> que los alemanes no pudieron remontar en la vuelta. El segundo título sella un bienio mágico para el Madrid. No solo porque se vuelve a ganar sino porque deja unos recuerdos y una experiencia que jamás serán olvidados por el club. Pero con ambas Quintas entendiéndose tan bien y una plantilla fantástica, es momento de pedir más. Hay que aspirar a la tan deseada Copa de Europa. Michel y el Buitre disputan su primer Mundial con España en Mexico y el delantero se consagra como una estrella con sus cinco goles y su sonada actuación ante Dinamarca en Querétaro. España queda eliminada en cuartos, pero las perspectivas son brillantes. El futuro es hoy.</p>
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Próxima entrega:<br />
&#8211; La Quinta del Buitre: futuro, presente, pasado (II) &#8211; 10-01-2018</p>
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		<title>Historia de la camiseta mágica</title>
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		<pubDate>Wed, 10 May 2017 01:50:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David Mata]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Según contó Alfredo di Stefano en su autobiografía del año 2000, la camiseta número nueve original que llevaba durante su etapa cómo jugador era tan grande que le sobraba tela por todos los lados. Cómo estaba harto de tener que arremangarse durante los partidos, un día decidió cortar por lo sano, se armó con unas [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Según contó <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/alfredo-di-stefano/">Alfredo di Stefano </a>en su autobiografía del año 2000, la camiseta número nueve original que llevaba durante su etapa cómo jugador era tan grande que le sobraba tela por todos los lados. Cómo estaba harto<span id="more-231824"></span> de tener que arremangarse durante los partidos, un día decidió cortar por lo sano, se armó con unas tijeras y recortó los puños para ajustarse las mangas a la altura de sus muñecas. </p>
<p style="text-align: justify">El astro argentino quedó satisfecho con el resultado, pero no así el utillero del equipo, Peris, que según parece mandaba bastante en la institución. Peris se quejó a <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/04/preparacion-fisica-real-madrid-alfredo-di-stefano-luis-carniglia-helenio-herrera/">Santiago Bernabéu</a> y este fue a pedirle explicaciones a la Saeta rubia: <i>“Me dicen que estás rompiendo los juegos de la equipación”</i>, dijo Bernabéu. Al principio Alfredo protestó diciendo que ya podrían haber hecho las mangas más cortas, pero entonces cayó en la cuenta de un dato: <i>“Pero bueno, ¿es que aquí hay otro nueve que no sea yo?”</i>. La camiseta no era por tanto propiedad del Real Madrid, sino de Di Stefano.</p>
<p style="text-align: justify">Y esto era tan así que durante años el diario bilbaíno <i>«La Gaceta del Norte»</i> se pudo permitir boicotear el nombre del jugador argentino sin renunciar a su función informativa, limitándose a escribir en la alineación <i>«El Nueve»</i> o <i>«el delantero centro de costumbre»</i>. Algo que seguramente sólo podía funcionar con tan pasmosa efectividad con <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/07/historia-carrera-jugador-alfredo-di-stefano-river-plate-millonarios-real-madrid-estrella/">Alfredo Di Stefano</a>. </p>
<blockquote><p>“Y el Santiago Bernabéu, me quedé mirando preguntándome si era de verdad. Lo mismo me pasó con Alfredo di Stefano, para mí era Dios”, Sandro Mazzola.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Dos años después de que Di Stefano y <a target="_blank" href ="http://blogs.elpais.com/memorias-blanco-negro/2013/04/la-gaceta-declara-non-grato-a-di-st%C3%A9fano.html"><i>«La Gaceta del Norte»</i></a> firmasen la paz se produjo en el vestuario blanco otra reacción furibunda del futbolista, similar a la que le había metido en un lío con los del diario norteño. En aquel día se jugaba contra el Zurich suizo, y Alfredo Di Stefano aprovechó el descanso para meter las muñecas en agua fría porque le dolían. Entonces, el vicepresidente Saporta entró en el vestuario acompañado por un chico joven, muy alto y rubio, al que Di Stefano no hizo ni caso, pero cómo al salir el chaval oyó que este le decía a los jugadores: <i>“Hay que seguir sudando la camiseta”</i>. El argentino se volvió hacia él y le contestó: <i>“Ché, andate a cagar”</i>. </p>
<p style="text-align: justify">El chico se llamaba Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, y luego le harían Rey de España.</p>
<p style="text-align: justify">A aquellas alturas de la película, la camiseta con el número nueve, la de Di Stefano, parecía estar imbuída de algún poder sobrenatural, pues todo el mundo la quería. <i>“Lo que más me emocionó fue que Don Alfredo Di Stéfano me regaló su camiseta”</i>, <a target="_blank" href ="http://futbol.as.com/futbol/2007/04/04/mas_futbol/1175668059_850215.html">dijo Eusebio</a>, el del Benfica, ya en su vejez y refiriéndose a la final de Copa de Europa de 1962. Y otro tanto intentó el también rival Sandro Mazzola, aunque éste tras la final de Copa de Europa de 1964. </p>
<p style="text-align: justify">Se ve que al pobre Di Stefano, además de ganarle aquellas dos finales, parecía que todos querían quitarle hasta la camiseta, aunque el bueno de Mazzola al final se quedó con las ganas. Por el camino le interceptó otro mito del Real Madrid, <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2010/04/19/deportes/1271628017_850215.html/">Ferenc Puskas</a>, que le ofreció la suya propia diciéndole: <i>“Yo jugué contra tu padre. Tú eres digno de él. Te regalo mi camiseta”</i>. Y ahora esa zamarra del húngaro es <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/live-scores/news/y=2008/m=3/news=sandro-mazzola-inter-una-segunda-familia-707429.html">la favorita</a> de la colección del italiano.</p>
<p style="text-align: justify">Es algo bonito, porque nos podríamos atrever a asegurar que tanta pasión por la camiseta tenía algo de reencuentro con el padre desde el principio. Después de todo, cuando Sandro quiere explicar el cómo jugaba su padre siempre acaba diciendo: <i>“Era más o menos como Di Stéfano”</i>. Incluso el gesto que caracterizaba a Valentino Mazzola <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/live-scores/news/y=2008/m=3/news=sandro-mazzola-inter-una-segunda-familia-707429.html">era arremangarse</a> la camisa cuando iban mal dadas, así que lo del padre y la camisa siempre fue algo que había ido junto.</p>
<blockquote><p>“Para llevar este escudo hay que sudar la camiseta. Di Stefano”. Pancarta enarbolada por la grada de animación del Real Madrid.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Al final con la camiseta de Di Stefano pasó lo que quería Peris: que se la quedó el club. Y los que vinieron a sustituirle, cómo el gallego Amancio, empezaron a decir que Di Stefano les había contado que el secreto estaba en la transpiración; porque según Amancio, si no sudabas la camiseta Di Stefano no te dejaba ponerte una con el <a target="_blank" href ="http://futbol.as.com/futbol/2013/02/23/primera/1361586393_481480.html">escudo del club</a>. Pero estos dos, Di Stefano y Amancio, nunca se ponían de acuerdo sobre esta anécdota, y el argentino le replicaba que lo que había pasado es que Amancio le había tirado un pase al linier -que en aquella época también iba de blanco-, y Di Stefano a voz en grito le había dicho que sus compañeros eran los que llevaban el escudo.</p>
<p style="text-align: justify">Pero ya fuese por efecto del sudor o por darle bien los pases a los compañeros, lo cierto es que la camiseta parecía seguir siendo mágica. Los periodistas hablaban y hablaban sobre la mejoría que experimentaban los jugadores que se la ponían (y que pasaban luego un par de días en el vestuario). Y esas habladurías hoy podrán sonar a cuento chino, pero había algún fondo de verdad en ello. Cuando el jugador <a target="_blank" href ="https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Antonio_Camacho">José Antonio Camacho</a> se lesionó en 1978 y se lo llevaron para operarse en París con el doctor Judet, recibió la visita de un corresponsal español que se sorprendió mucho al verlo, porque decía que le encontraba mucho más pequeño y frágil que cuando le había visto en el campo. </p>
<p style="text-align: justify"><i>“¿Le parezco más grande en el campo?”</i>, dijo Camacho. <i>“Sí, debe ser una impresión”</i>, contestó el periodista. <i>“No es una impresión. Es la verdad. Todos somos más grandes vestidos del Real Madrid”</i>. Y el periodista quizás no se lo creyó del todo, pero se quedó con la copla, y 10 años después cuando le escuchó al entrenador del Oporto decir que del Madrid lo que le preocupaba era su camiseta le empezaron a encajar todas las piezas. La camiseta funcionaba en dos direcciones. Le daba algún tipo de seguridad a los que la llevaban y, de algún modo, también intimidaba a sus contrincantes. </p>
<p style="text-align: justify">Quizás a un nivel inconsciente todos creían que aún la vestía Alfredo Di Stefano. </p>
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		<title>Los hijos de la leyenda</title>
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		<pubDate>Thu, 26 May 2016 02:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Superar a un padre que lo ha sido todo en su campo es una tarea hercúlea. Oír los comentarios despectivos, las constantes comparaciones y la lista de éxitos de tu progenitor cada día, en cada momento que tú practicas la misma actividad, no es fácil. Más cuando tu padre no ha sido sólo bueno, sino [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Superar a un padre que lo ha sido todo en su campo es una tarea hercúlea. Oír los comentarios despectivos, las constantes comparaciones y la lista de éxitos de tu progenitor cada día, en cada momento que tú practicas la misma<span id="more-208962"></span> actividad, no es fácil. Más cuando tu padre no ha sido sólo bueno, sino el mejor.  ¿Qué presión soportaban Edinho o <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=J8w2YNND78Y">Jordi </a>cada vez que pateaban un balón? ¿Qué más prueba de carácter hay que el hecho de que siguiesen haciéndolo aún a sabiendas de que la etiqueta de “hijo de” nunca los abandonaría? Esa misma presión la vivió toda una generación de jugadores españoles a mediados de los 60, sucesores del equipo más exitoso de la historia de la Copa de Europa. Un grupo de chavales que, a pesar de su aspecto serio y maduro, apenas tenía experiencia y se tenía que vestir con las legendarias y pesadas camisetas blancas del Real Madrid C.F., teniendo la responsabilidad de pasearlas por Europa sin manchar la leyenda de sus <i>padres</i>.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Bernabéu, Chamartín, la Champions y Di Stefano</span>El Real Madrid, sombrío y mediocre club de la posguerra española, había crecido a finales de los 50 en base al genio de un presidente adelantado a su tiempo, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/04/preparacion-fisica-real-madrid-alfredo-di-stefano-luis-carniglia-helenio-herrera/">Don Santiago Bernabéu</a>, y de la valentía que su figura irradiaba. Bernabéu asentó el renacimiento del club en base a una faraónica estructura de hormigón que pronto llevaría su nombre. De las repletas gradas del enorme estadio de Chamartín, donde más de cien mil fieles se agolparían religiosamente cada domingo y fiesta de guardar en los siguientes 50 años, salió el oxígeno que permitió al club respirar y recuperarse de las miserias de la guerra, la autarquía y un Régimen que prefería hacer ojitos a <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ogFC9Z0UxAI">equipos de aviadores</a> y de fugados del Telón de Acero. </p>
<p style="text-align: justify">Otro personaje que arrimó el hombro, y de qué manera, fue un tal <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IOcbxP2-mdc">Alfredo Di Stefano</a>, argentino, futbolista total, amante del dinero y no tanto de los contratos firmados. Tras la saga que trajo a Di Stefano a Madrid después de darle todas las vueltas posibles al <a target="_blank" href ="http://es.tinypic.com/a/a1pggp/4">Pacto de Lima</a>, la Saeta Rubia lideró con mano de hierro a un equipo que jugaría siete de las primeras nueve finales de la Copa de Europa, competición nacida de la soberbia de unos Lobos ingleses, la cabeza de un periodista francés y los arrestos de, entre otros <i>popes</i> del fútbol europeo, Don Santiago Bernabéu. Bernabéu, como poco tenía que perder, decidió arriesgar todo.</p>
<blockquote><p>La renovación del equipo Pentacampeón de Europa fue un reto formidable.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Lo cierto es que tras ganar las cinco primeras ediciones de la Copa de Europa, el Madrid vivió el primer lustro de la década de los 60 con la angustia de ver a sus más rutilantes figuras, Di Stefano, Puskás o Santamaría ganar kilos y años. El resto del fútbol europeo les había pillado y, ora <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=BOAIYoxYp3Y">Eusébio</a>, ora <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=VlKDzKgKBSg">Mazzola</a>, los viejos monstruos madridistas ya no tenían gasolina suficiente para volver a ganar la Copa de Campeones. Poco a poco, exprimiendo unas arcas que se iban quedando vacías, Bernabéu fue trayendo savia nueva, y sobre esta nueva generación caía la responsabilidad de mantener al club en el trono al que se había aupado durante la década anterior.</p>
<p style="text-align: justify">La cabeza visible de la nueva camada llegó de La Coruña, era extremo derecho y se llamaba <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=a2gXFOrT7DU">Amancio Amaro</a>. Con las medias a media tibia, valga la redundancia, hasta que sus marcadores se las bajaban a la altura del tobillo, el gallego brujo compartirá los últimos años de  Di Stefano en el Madrid y hará diabluras desde su costado. Amancio será referencia antes de la salida de la Saeta, ganará la Eurocopa del 64 con España y también los galones que los perros viejos le habían instado a merecer antes de <a target="_blank" href ="http://www.realbernabeu.com/2015/10/amancio-el-gallego-habilidoso.html">lucir el escudo del club en la camiseta</a>. <i>“Ante la duda, pelota a Amancio”</i>, se convirtió en un mantra del madridismo, que sabía que en la banda derecha tenía un seguro de vida. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Pirri fue una absoluta referencia del fútbol español y del Madrid</span>Junto al coruñés aparecerán un ceutí, José Martínez –al que Bernabéu se negaba a llamar Pirri- y un navarro, Ignacio Zoco. Los tres se convertirán en las referencias no solo futbolísticas, sino también anímicas del Real Madrid. Zoco se convertirá en el sucesor de Santamaría por su tranquilidad en la zona defensiva. Será capitán del club y baluarte de la retaguardia blanca por una década. Poco tiempo si se compara con el volcánico Pirri, que llegó como interior y acabó siendo lo que él quisiese. Futuro doctor, hizo sus primeros pinitos en el Granada antes de dar el salto, y sería el líder del equipo hasta su salida camino del fútbol mexicano tres lustros más tarde. Pirri actuaba como interior, como mediocentro y hasta como líbero, tenía un despliegue físico fuera de serie y no iba corto de técnica. En un período bastante oscuro para el fútbol español, el que va desde el Mundial del 66 hasta el del 78, Pirri es una referencia del balompié europeo, ganándose incluso el apodo de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=FR_x8OEvqHc"><i>«Capitán Coloso»</i></a> a mediados de los 70 por sus grandes actuaciones de la Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify">Tras la derrota en la final de Viena de 1964, contra un Inter de Milan que fue muy superior al veterano cuadro madridista, la renovación se aceleró. Sin Di Stefano mandando en el campo –y el vestuario-, la sangre joven comenzó a correr por el Bernabéu: Pedro de Felipe, rocoso central, Manuel Sanchís, tragamillas inclasificable, la clase de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=XzLIZbbCGak">Manuel Velázquez</a> y la finura de Ramón Moreno Grosso, que heredó un número nueve que hubiese aplastado a muchos otros. Todavía seguía Gento, perfecto nexo de unión entre ambas generaciones, y aún en plenitud de facultades, y también el abuelo de todos, el incomparable <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=rZfCDHegItE">Puskás</a> que seguía estirando su <i>segunda</i> carrera en la capital de España. Con estos mimbres el Madrid completó su primer quinquenio de títulos de liga, prolongando su estadía en la Copa de Europa por más de diez años ya a esas alturas.</p>
<blockquote><p>El reto para la nueva generación era hacerse respetar en Europa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Mantenido el trono en España, había que dar el do de pecho en la competición europea, donde los mayores de edad realmente demostraban su talla. En aquel momento el continente estaba dominado por los italianos, que enlazaba ya tres entorchados consecutivos. Primero el Milan y posteriormente, en el 64 y el 65, el Inter de Helenio Herrera, que era la auténtica bicha del concierto europeo.</p>
<p style="text-align: justify">El primer obstáculo sería el Feyenoord holandés, que en Rotterdam fue capaz de dar la vuelta al tanto inicial de Puskás, poniendo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=kUUzQzMJKOY">un marcador de 2-1</a> que sembraba dudas sobre la competitividad del equipo. Pero el húngaro, como queriendo proteger a sus jóvenes discípulos, dejó en la vuelta su última exhibición antes de dar paso a la nueva camada. A la tierna edad de 38 años, Puskás destrozó a los campeones holandeses con cuatro goles, opacando la gran actuación de un Grosso que, luciendo la 9, bajaba al medio campo a asociarse con Velázquez y Pirri, creando el caldo de cultivo perfecto para que el veterano magiar gozase de espacios para machacar las redes contrarias. Fue esta una ronda eliminatoria en la que los grandes favoritos no tuvieron piedad de sus humildes rivales, como bien lo atestiguan los dieciocho goles del Benfica al Dudelange luxemburgués, los diez del Werder Bremen al APOEL chipriota o los nueve del Manchester United al HJK finlandés.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Eusebio y el Inter iban avanzando en el cuadro</span>La segunda ronda, y sin el caprichoso bombo europeo haciendo de las suyas, dejó como enfrentamientos más importantes el del <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IbDUq_a-KlY">Partizan y el Werder Bremen</a> y el duelo entre dos de los mejores atacantes de Europa, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=s3-q483iLSs">Georgi Asparukhov</a> con su Levski de Sofía contra Eusébio y su Benfica. Del primero salieron vencedores los yugoslavos, que empezaban a ser considerados como un claro outsider al título. La agilidad de Soskic en la puerta, la seguridad y experiencia de Jusufi y el líbero Velibor Vasovic en defensa y el poderío de Hasanagic y Galic en el centro del ataque les convertía en un rival peligroso para cualquier equipo. Por su parte, los benfiquistas arrancaban un empate en Sofía para rematar la faena en casa, ganando por un total de 5-4. Eusébio y Asparukhov dejaban su duelo en tablas, con tres goles cada uno en la eliminatoria. </p>
<p style="text-align: justify">Por su parte, el Inter empezaba la defensa de su título sufriendo una derrota en Bucarest contra el Dinamo, que remontaría en los últimos instantes del partido de San Siro. Susto grande, pero los de HH seguían adelante, como también lo hacía el United, los talentosos húngaros del Ferencvaros –con Florian Albert al mando de las operaciones- o el Anderlecht de Paul van Himst, sensación del fútbol europeo. No hubo mayores problemas para el Madrid, que tras un empate a dos en tierras escocesas, le metía cinco al Kilmarnock en el Bernabeu.</p>
<blockquote><p>Los cuartos de final van a ser un choque total de estilos.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Mientras seguía progresando en Europa, el Madrid estaba metido totalmente en la lucha por el título de liga en España. Su rival era el Atlético de Madrid, que trataba de evitar el sexto entorchado madridista consecutivo. La lucha se prolongará hasta el final de temporada, con el Atlético lanzado gracias a los goles de un Luís Aragonés que terminará como Pichichi, ganando el título por un solo punto. Estrenarían su flamante nuevo estadio al año siguiente en Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">El Madrid era una rara unión de finura y garra</span>Para entonces el estilo de juego del Madrid ya estaba bien definido, con <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Ldh4QocaGq8">Grosso</a> ejerciendo de falso nueve y sin un delantero centro de referencia una vez Puskás dejó de jugar.  Velázquez, que era el cerebro del equipo se había asentado con la camiseta número diez, con Gento y Amancio en los costados –aunque este también jugó bastante como interior, intercambiado con Serena- y Pirri guardando el medio del campo y llegando desde segunda línea a la zona de gol. Atrás, Zoco y De Felipe, con Sanchís y Pachín formaban la línea de cuatro delante del guardameta. El Madrid era una rara mezcla de finura y garra, de individualismo y trabajo colectivo, no siempre en ese orden, no siempre en las mismas proporciones.</p>
<p style="text-align: justify">Para los cuartos de final el rival sería el Anderlecht. Campeón de Bélgica, había eliminado al Madrid varios años antes, en una eliminatoria en que el fuera de juego tirado por los de Pierre Sinibaldi fue un enigma que los madridistas no supieron resolver. Ahora, con el joven <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=lkYk8bMjxZY">Paul van Himst</a> como máxima figura, los de Bruselas se veían con opciones de dar la campanada. Y fue el brillante van Himst, un torbellino que aparecía por todo el frente de ataque, muy rápido, habilidoso y con gran sentido del gol, el que marcó la diferencia en el Emile Versé. Una victoria fuera de casa eran palabras mayores en la Copa de Europa, toda una odisea. Cómo han cambiado los tiempos. La vuelta supuso la gran confirmación de Amancio como figura europea, autor de dos goles que remontaban la eliminatoria para el Madrid, a los que se sumó un tercero de Gento casi al final del encuentro. Pero los belgas eran duros de pelar y tenían dinamita arriba. Con van Himst bien marcado por la defensa española –imaginamos que se pasaría un par de noches con sacos de hielo en las tibias, aunque lo mismo pudo decir Amancio-, fueron Puis y Jurion, internacionales belgas, quienes recortaron en el 87 y el 90, metiendo el miedo en el cuerpo a la parroquia madridistas, que suspiró aliviada cuando Monsieur Barbéran pitó el final y confirmó el billete de los blancos a semis.</p>
<p style="text-align: justify">Esa misma noche de marzo el Partizan destrozaba al Sparta de Praga por <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oEPhlUr7yHk">5-0 en Belgrado</a>, sellando la remontada del 4-1 recibido en tierras checoslovacas. Fue una eliminatoria caliente, con los yugoslavos clamando venganza por el trato recibido en la ida. Mientras el equipo del ejército yugoslavo culminaba su hazaña ante sus homónimos checos, una bomba atómica estallaba en Lisboa. Se llamaba <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jkAmpIvMOvk">George Best</a>, tenía diecinueve años y acaba de tomar al asalto el Estadio da Luz. Lideró a un United desmelenado que le hizo cinco goles en su templo al altivo campeón portugués. Así pues, el panorama no pintaba demasiado bien para el Madrid, que no pasaba de ser un equipo ordenado y con ciertas individualidades ante el poderío del Machester United de la Santísima Trinidad, el inabordable Inter campeón y los talentosos yugoslavos del Partizán.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Amancio sería decisivo en cada eliminatoria de la Copa de Europa 1966</span>Para el Madrid quedaría el desafío de acabar con el reinado de los italianos, mientras los ingleses pasarían el mal trago de volver a Belgrado ocho años después de la tragedia vivida tras jugar en la capital yugoslava. Helenio Herrera declaró temer al Madrid como a la peste, y los blancos le dieron la razón, crecidos, ya que hasta la lesión de su portero Betancort atacaron sin tregua la meta defendida por Sarti. Un caudal de ocasiones de gol de las que solo una materializada por el omnipresente Pirri subió al marcador. Tras ello, el Madrid contemporizó guiado por la batuta de un Manolo Velázquez magistral. En los últimos minutos, viendo que el Inter no buscaba crear peligro, Miguel Muñoz tocó a rebato en busca del segundo gol, pero este no llegó. Faltaba la vuelta en el Giuseppe Meazza, lo que suponía la encerrona más grande de Europa en aquella época. Muñoz no se cortó diciendo que el Madrid <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=kvUd30KANs0"><i>«jugaría a la italiana»</i></a>, obligando al Inter a salirse de su guión más habitual. Así lo hizo: férreos en defensa –controlando la violencia, que podía dejarte con varios jugadores menos en aquel estadio- y saliendo como diablos al contragolpe. Y así llegó el gol de Amancio, decisivo una vez más. El Inter estaba muerto y sólo tras el gol de Facchetti inquietó la meta de Araquistáin. Contra todo pronóstico, el Madrid había matado a la bicha.</p>
<p style="text-align: justify">En la otra semifinal, con Charlton, Foulkes y Gregg atenazados por los recuerdos, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=nAdq_QyZlfE">el Partizan cimentó su victoria en la ventaja conseguido en casa</a>. El dos a cero fue suficiente para defender en Old Trafford. El United estaba sin Best, lesionado en la rodilla, y el Partizan sin Kovacevic y Galic, quienes estaban cumpliendo el servicio militar y no obtuvieron permiso para poder viajar al partido –una vez más, otros tiempos-. Ingleses y yugoslavos se pegaron de lo lindo, pero fueron estos quienes se salieron con la suya. Tocaba viajar a Bruselas.</p>
<blockquote><p>Bruselas esperaba a Inter e United, pero se encontró a dos invitados sorpresa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El Madrid volvía a Bruselas, donde ya había jugado ese año contra el Anderlecht, y donde ya los padres del invento habían ganado la Tercera Copa de Europa ante el Milan ocho años antes. Sin Best presente, los once españoles que conformaban el equipo más habitual de los blancos pasaron a la historia al fotografiarse con pelucas estilo Beatles. Nacían así <a target="_blank" href ="http://as01.epimg.net/futbol/imagenes/2016/05/19/primera/1463617214_041909_1463617289_noticia_normal.jpg"><i>«los Ye-yes»</i></a>, apodo que haría fortuna y les acompañaría por el resto de sus carreras. Eran un grupo de amigos, jóvenes, que por casualidades de la vida habían hecho una gira por Europa todo ese año. Faltaba el gran concierto. El once sería el habitual, con Amancio ya asentado en el centro del ataque junto Grosso y Serena ocupando la banda derecha. A cada partido intercambiaban menos sus posiciones. Gento estaría en la izquierda, jugando su octava final, mientras Araquistáin seguía siendo titular en la portería tras la lesión de Betancort. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Vasovic fue clave en el Ajax de Johan Cruyff</span>Los yugoslavos, que habían entrado en la competición sin hacer ruido, pero que avanzaron rondas a ritmo de carga, sí contaban esta vez con Kovacevic y Galic, a quien los generales habían dado un permiso para viajar a Bruselas. Allí estarían, en el mediocentro y la delantera respectivamente. También estaba Soskic, portero de nivel mundial que había jugado con el XI FIFA en el Centenario de la Federación inglesa y por supuesto estaban también Jusufi, que intentaría controlar a Amancio y uno de los mejores líberos de todos los tiempos, Velibor Vasovic. Este era un jugador de tremenda inteligencia, que tras la final fichará por el Ajax y se convertirá, junto a Cruyff, en la piedra angular en la construcción del <i>«Fútbol Total»</i>. Casi nada. </p>
<p style="text-align: justify">Soskic, que ya se había enfrentado a Gento diez años antes, en la primera edición de la Copa de Europa, tuvo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=QqADeZSHjTQ">una primera parte plácida</a>. Ambos equipos se medían y había bastante miedo. El guardameta yugoslavo solo tenía que estar atento a los balones colgados sobre su área, algo en lo que era muy bueno. Kovacevic, seguramente por no perder sus costumbres castrenses, aplicó todo un curso de llaves y técnicas cuerpo a cuerpo al pobre Velázquez, que hubiese disfrutado de su compañía incluso si hubiera decidido ir al baño. Galic fue un dolor de muelas para De Felipe y Zoco, pero la primera parte acabó sin goles. Poco duró, ya que apenas empezado el segundo tiempo, Galic ganaba el enésimo duelo aéreo y Vasovic, quien si no, adelantaba al campeón de Yugoslavia y ponía las cosas muy cuesta arriba para el Madrid. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Gentó dejó su último gran acción en el Real</span>El gol pareció aturdir al conjunto blanco, que tardó varios minutos en reaccionar, mientras los yugoslavos se venían arriba. Alrededor del minuto 70, y aprovechando un córner lanzado por el Partizan, Manolo Sanchís se hacía con la pelota y la enviaba para Grosso, quien habilita a Amancio. El gallego, asumiendo la responsabilidad como llevaba haciendo todo el año, avanzó con el esférico hacia dos defensas yugoslavos, superando al primero y volviendo del revés al segundo con dos recortes en medio metro y batió a Soskic, que había iniciado la salida, con un disparo raso y cruzado. Era el golpe que el Madrid necesitaba para cambiar el encuentro. Apenas sin tiempo para retomar su ritmo, Gento protagoniza la enésima internada por su banda, su centro lo despeja de puños Soskic, pero el balón cae al borde del área, donde Serena lo recoge y suelta un zapatazo que se cuela por la escuadra del equipo de Belgrado. </p>
<p style="text-align: justify">Era la Sexta. La única para esa generación. </p>
<p style="text-align: justify">Suficiente para tener al menos una copa para brindar con papá.</p>
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		<title>«La historia del fútbol»: episodio 78</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Jul 2013 01:50:13 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[n Heysel, el Real Madrid ampliaba su reinado continental al levantar la sexta Copa de Europa de su historia tras vencer por un ajustado marcador de 2-1 al Partizan de Belgrado. Los de Miguel Muñoz, ya sin Alfredo Di Stefano pero con futbolistas históricos como Paco Gento sufrieron para derrotar a su rival. Los yugoslavos [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">E</span>n Heysel, el Real Madrid ampliaba su reinado continental al levantar la sexta Copa de Europa de su historia tras vencer por un ajustado marcador de 2-1 al Partizan de Belgrado. Los de Miguel Muñoz, ya sin <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/madrid-di-stefano-manchester/">Alfredo Di Stefano</a><span id="more-76776"></span> pero con futbolistas históricos como Paco Gento sufrieron para derrotar a su rival. Los yugoslavos de adelantaron con un de Vasovic  al poco de iniciarse la segunda mitad, pero dos goles de Amancio y Serena en apenas 6 minutos dieron la vuelta al resultado. Con este triunfo, Gento batía el record de Copas de Europa ganadas, con seis, record todavía vigente.</p>
<p><iframe width="460" height="300" src="//www.youtube.com/embed/D2ThxsZt1vs" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p style="text-align: justify">La octava edición de la por entonces joven Copa de la UEFA tuvo claro color alemán. Tres clubes teutones alcanzaron las semifinales del torneo: el Hertha de Berlin, el Duisburgo y el Borussia <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/05/historia-juup-heynckes-futbolista-entrenador-bayern-munich/">Monchengladbach de Udo Lattek</a>, a la postre campeón tras derrotar por un marcador global de 2-1 al Estrella Roja de Belgrado. Los visitantes obtuvieron un valioso empate a uno en tierras yugoslavas, tanto obra de Jurisic. En la vuelta, el gol de Allan Simonsen, Balón de Oro en 1977, daba la segunda Copa de la UEFA al prestigioso club germano, campeón del torneo cuatro años antes.</p>
<p><iframe width="460" height="300" src="//www.youtube.com/embed/fTAICt9Etxs" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
&#8211;<br />
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		<title>Desde el corazón</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Apr 2013 02:05:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[ou cannot stop, you cannot stop, you cannot stop CHARLIE GEORGE!!!!». El goleador inglés, pelo largo, patillas imposibles, andar desgarbado, look setentero a más no poder, se retiraba a los vestuarios sonriendo. El viejo Baseball Ground retumbaba en cánticos hacia su nuevo héroe. Charlie George era el estilete que llevaría al Derby County a la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«Y</span>ou cannot stop, you cannot stop, you cannot stop CHARLIE GEORGE!!!!»</i>. El goleador inglés, pelo largo, patillas imposibles, andar desgarbado, <a target="_blank" href ="http://i44.tinypic.com/10d9umg.jpg">look setentero a más no poder</a>, se retiraba a los vestuarios sonriendo<span id="more-65387"></span>. El viejo Baseball Ground retumbaba en cánticos hacia su nuevo héroe. Charlie George era el estilete que llevaría al Derby County a la cima de Europa. Nunca lo podría haber imaginado, especialmente cuando había provocado a los aficionados de Derby haciéndoles el gesto de la <i>“V”</i> de victoria apenas 3 años antes.</p>
<blockquote><p>Carneros y merengues, el duelo entre lo nuevo y lo viejo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En 1975-76, el Derby County, campeón de Inglaterra, volvía a disputar la máxima competición continental, y los <i>carneros</i>, aunque ya estaban sin el mítico técnico <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=_T1FUBw_poI">Brian Clough</a>, eran uno de los favoritos de la competición. No era para menos. Clough había abandonado el club dos años antes, pero su herencia de fútbol ofensivo y agresivo permanecía indeleble en el Baseball Ground. Desde su ascenso a la First Division con el lenguaraz técnico y su histórico primer título inglés, seguido por la presencia en las semis de Copa de Europa, el equipo del presidente Sam Longson se había consolidado como referencia en Inglaterra. Cuando Clough y Peter Taylor abandonaron el club, el hombre que había sido fichaje fundamental en su ascenso a la cumbre, el racial escocés Dave McKay, asumió el mando del equipo, y los carneros ganaron un nuevo campeonato liguero en 1975.</p>
<p style="text-align: justify">Un grupo de jugadores técnicos y atléticos componían la plantilla del Derby, varios de ellos presentes desde el inicio de la epopeya en Segunda división. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=_H4_IYoXwW4">Roy McFarland</a> se contaba entre los mejores defensas ingleses de su época<span class="pullquote_right">El Derby County fichó a Charlie George para coronar su gran equipo</span>, Alan Hinton, uno de los mejores extremos izquierda de los últimos años, Alan Durban, un clásico box to box británico y Kevin Hector, delantero que venía jugando muy bien desde hacía 5 ó 6 años, internacionales también. Junto a ellos, uno de los centrocampistas más técnicos del país, con capacidad de desplazamiento en corto y en largo, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=8uqfHEzDPKE">Colin Todd</a> y el interior Archie Gemmill, un habitual de su país. Además de Francis Lee, un explosivo extremo derecha que había triunfado en el gran Manchester City de Malcolm Allison y había sido mundialista en Mexico 70. No contentos con esa magnífica pléyade de jugadores, el Derby firmó en verano a la gran estrella del Arsenal, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=1TW41P5KQGg">Charlie George</a>, un atacante explosivo, combativo y técnico, con un disparo salvaje desde media distancia. El ídolo total de Highbury, que se enroló en un equipo que contaba con él como guinda para el asalto a la Orejona. No es exagerado decir que era el equipo de moda del fútbol europeo junto al Borussia Moenchengladbach. Nada que envidiar, por tanto, al Dortmund que este año deslumbra a Europa.</p>
<p style="text-align: justify">Su andadura europea comenzó sin sobresaltos contra el Slovan de Bratislava checoslovaco y cuando el bombo les emparejó con el Real Madrid, toda Europa quería comprobar si el nuevo favorito del continente tenía lo que había que tener para marcar su territorio ante un gigante. Ya lo habían hecho en el 73 aplastando al <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=0VrfPx7e3fo">Benfica de Eusebio</a>. El Real Madrid en ese año 75 guardaba bastantes similitudes con el que venimos conociendo en los últimos años. El reinado de Muñoz en el banquillo había terminado apenas un año antes, y el equipo había estado luchando contra un Barcelona liderado por el mejor jugador del mundo. Un equipo moderno, que incluso se había permitido el lujo de aplastar al Madrid sin contemplaciones en su templo del Bernabeu. Un <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=0o02FeYogQo">0-5</a> que, para la prensa catalana, certificaba la defunción del viejo Real y el cambio de guardia por el moderno Barcelona. Nada más lejos de la realidad. </p>
<p style="text-align: justify">Santiago Bernabeu firmó a uno de los entrenadores más respetados del Continente, Miljan Miljanic y este le respondió arrasando en la Liga al Barcelona que parecía invencible. Un año después de <i>sellar</i> su defunción, el Real volvía a estar<span class="pullquote_left">Miljanic había llegado al Real Madrid con la gran experiencia de la selección yugoslava</span> en la Copa de Europa. En su competición. Porque el Madrid siempre vuelve. A Miljanic, y esto nos resultará conocido, la prensa le criticaba su falta de mano en el vestuario de la selección yugoslava durante la segunda fase del Mundial alemán. Un vestuario en el que se juntaban los jugadores de los clubes más nacionalistas de Croacia, Bosnia y Serbia: un polvorín. El mundo del fútbol, empero, le reconocía el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=wFaSECNIm98">magnífico trabajo</a> y el gran fútbol que había realizado su selección <i>plavi</i> antes de que el vestuario, inevitablemente, reventase. El yugoslavo había formado un buen equipo en Madrid, con la presencia estelar de los internacionales germanos <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=T-k5Wt0cFGY">Netzer</a> y Breitner, el argentino Roberto Martinez en el extremo izquierdo, la calidad de Velázquez en el centro del campo, la contundencia de Santillana en el centro del ataque, la templanza de Juan Cruz Sol en el lateral derecho y la raza de Benito, Pirri y Camacho en defensa. Y el gallego Miguel Ángel, junto al <i>Gato de Odessa</i> García Remón como rotación en la portería. Además, todavía estaba <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=BQberQT9rmI ">Amancio</a>, un lujo de jugador como extremo derecha y el nexo que unía a este equipo con el de Di Stefano.</p>
<blockquote><p>La gran noche de Charlie George en la Copa de Europa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Esperaba con ganas el joven Derby County al legendario Real Madrid en su vetusto estadio del Baseball Ground. Era el momento de demostrar a Europa que venían a por todas. El Real Madrid llevaba diez años sin ganar la Copa de Europa y su leyenda envejecía. Además, durante estas temporadas, parecía que  sólo había quedado para que las emergentes nuevas fuerzas del Viejo Continente, como el United o <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=9J__GFmB-bw">el Ajax</a>, le utilizasen para hacerse un nombre. Y en esas estaban también los carneros. </p>
<p style="text-align: justify">La noche es fría en el condado de Derbyshire, pero el estadio es un hervidero. El cuadro local <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=0KJLrwfjZG4">sale con todo</a>, con una delantera en la que destacan Charlie George y Francis Lee. Por supuesto, no faltan Todd, Gemmill o McFarland.<span class="pullquote_right">En la ida, el Derby se impuso 5-1 tras un partido arrollador</span> A pesar de la oposición, los carneros realizan un partido arrollador. Sus jugadores se emplean con una agresividad destacable y permitida por el inclasificable trencilla soviético Tofik Bakhramov –aquel que concedió el famoso gol de Hurst en la final del Mundial-. Charlie George, en su noche más grande marcó un golazo y transformó dos penalties para completar un increíble hattrick. Pirri había recortado distancias, pero Nish, el lateral izquierdo, se aprovechó de un grosero fallo de Miguel Ángel –a quien el balón se le cuela por debajo del cuerpo- para colocar el 4-1. Bakhramov completó su desastroso y casero arbitraje anulando un más que dudoso segundo tanto de <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=T9Td2E0ABEo">Pirri</a> –que era un fenómeno llegando desde atrás al área contraria-, decisión que despertó las iras del siempre irascible Paul Breitner. A pesar de la derrota, y con la sonrisa aún en la cara, Charlie George reconocía el gran partido que había jugado el veterano Amancio. Europa hizo caso omiso y aplaudía al nuevo grande que surgía de las cenizas del gigante caído. Aún era muy pronto.</p>
<blockquote><p>El Bernabeu iba a vivir la primera de sus noches de <i>miedo escénico</i>.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El partido de vuelta levantó una expectación inusitada. El llenazo en el Bernabéu es de época y en la reventa las entradas de 400 pesetas se venden a 1500. Se confía en la hazaña y la parroquia madridista acude con sus banderas y prendas blancas que tiñen el coliseo madridista del único color del que debe teñirse. Más de cien mil almas crean un ambiente impresionante. La gente, de pie, anima sin parar. Los cimientos del estadio tiemblan cuando los jugadores del equipo inglés saltan al campo. Solos. Porque el Madrid les deja 5 minutos a solas con su gente, un elemento más de juego psicológico. </p>
<p style="text-align: justify">El Bernabéu es una caldera en aquella fría noche de noviembre, que se convertirá en el punto de partida de las famosas <i>eurorremontadas</i>. Miguel Ángel; Sol, Benito, Pirri, Camacho; Del Bosque, Netzer, Breitner;<span class="pullquote_left">La vuelta ante el Derby sería el inicio histórico del miedo escénico</span> Amancio, Santillana y Roberto Martínez fueron los héroes en aquella noche inenarrable. El <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=FR_x8OEvqHc">miedo escénico apareció pronto</a> en el ánimo inglés. A los tres minutos, Roberto Martinez abrió el marcador, pero hubo que esperar al segundo tiempo para que el marcador volviese a moverse a favor del Madrid. La primera mitad transcurre con un Madrid que domina pero con el Derby saliendo bien en peligrosas contras –no muchas-. Las soberbias intervenciones de Boulton, y la acertada retaguardia inglesa mantienen a raya a los blancos. El partido de los alemanes Netzer y Breitner en el centro del campo es de lujo. El <i>abisinio</i>, que en Madrid dejaba el lateral para Camacho, aportaba una creatividad y un conocimiento del juego como pocos en Europa. Nunca más abandonaría esa posición, ni siquiera cuando regresó a Alemania. En los minutos 51 y 55, de nuevo Martinez y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=92TOHCkv6pI">Santillana</a> pusieron el 3-0 que daba la clasificación al Madrid por el gol conseguido en campo contrario. Pero un tanto de Charlie George a los 62, con un espectacular derechazo a la escuadra de Miguel Ángel, obligaba al Madrid a volver a empezar. </p>
<p style="text-align: justify">Veinte minutos de desesperados ataques sin suerte hacían temer lo peor a los aficionados. Pero apareció Amancio y McFarland sólo pudo detener al <i>gallego brujo</i> haciéndole penalti. Se pronunció entonces una de aquellas frases que han ido escribiendo la leyenda del Real Madrid. Amancio, totalmente roto por el cansancio y el envite de McFarland, miró a Pirri, su viejo compañero de los <i>Ye-yes</i> y le dijo: <i>«Tíralo tú, Pepe. Yo no puedo»</i>. A Pepe se le paró el corazón, pero bravo como él había sido siempre, agarró el cuero, puso el 4-1 y abrió la puerta a la prórroga. Pirri siempre cuenta que un segundo antes de emprender la carrerilla para golpear oyó como el infierno se callaba, solo para retumbar como nunca antes cuando el balón besó la red. El Madrid había olido la sangre, los ingleses estaban muertos de miedo y en el tiempo extra los madridistas vuelan sobre el césped. Un balón cruzado de por Breitner desató el éxtasis en el minuto 100; <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=crFpvmDkA8Q">Santillana</a> recibió, se deshizo de su defensor con un sombrero y tal como caía la pelota fusiló a Boulton de un derechazo. Nadie habla de cómo reaccionó el Bernabéu tras ese gol, pero tuvo que ser indescriptible. No eran unas semifinales como las de hoy, eran unos octavos, y al Madrid aún le esperarían el poderoso Borussia Moenchengladbach y el campeón Bayern Munich, que finalmente pondría un triste final –el famoso incidente del <a target="_blank" href ="http://www.abc.es/hemeroteca/historico-20-02-2007/abc/Deportes/el-loco-del-bernabeu-abrio-la-leyenda-negra_1631577135812.html"><i>Loco del Bernabeu</i></a> y el colegiado Linemayr- a la andadura del Madrid y del gran Amancio en la Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify">Esta noche quizá el Bayern vuelva a esperar al Madrid, pero antes de ello, los blancos deben encontrar el camino de salida del infierno al que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/04/analisis-borussia-dortmund-real-madrid-champions-league/">Lewandowski</a> y sus compañeros, como Charlie George en aquel noviembre del 75, les envió hace una semana. No sería la primera vez. El Real Madrid nunca muere.</p>
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		<title>MattBusby United</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Mar 2013 02:48:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[att Busby es el hombre más importante de la historia del club, porque sin él no existiría la leyenda del Manchester United y este club no seguiría siendo prestigioso tras casi 20 de años de malos resultados». No es la frase exacta, pero resume lo que decía Alex Ferguson durante su primer día en la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><i><span class="dropcap">«M</span>att Busby es el hombre más importante de la historia del club, porque sin él no existiría la leyenda del Manchester United y este club no seguiría siendo prestigioso tras casi 20 de años de malos resultados»</i>.<span id="more-53264"></span> No es la frase exacta, pero resume lo que decía <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/03/sir-alex-ferguson-manchester-united/">Alex Ferguson</a> durante su <i>primer día en la oficina</i>, el 6 de noviembre de 1986. Obviamente ni siquiera el propio Ferguson imaginaba lo que iba a conseguir en los más de 25 años posteriores a esta frase, pero lo cierto es que, a pesar de que el ex del Aberdeen es en términos de títulos el más exitoso de la historia del United, es su compatriota escocés, Busby, el que estableció a los <i>Diablos Rojos</i> como un club de referencia europea.</p>
<blockquote><p>Tras la Segunda Guerra Mundial, Busby construyó su primer equipo campeón.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Matt Busby nació en Orbiston, en el condado de Lancashire, pero fue un extremo internacional escocés durante su carrera en Manchester City y Liverpool. Aún como jugador siempre mostró interés en las labores de entrenador<span class="pullquote_right">Cuando Busby llegó la situación no era buena</span> e, inmediatamente después de la guerra, le fue ofrecida la posición de asistente en el Liverpool. Sin embargo, a los 36 años, Busby prefirió irse al <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=r-_ENtRW4Os">Manchester United</a> como entrenador principal. Corría febrero de 1945. Hacía casi 40 años que el United no ganaba la liga inglesa y la guerra le había puesto en una situación comprometida: su estadio de Old Trafford había sido bombardeado y completamente destruido, así que el club tuvo que trasladarse temporalmente a la casa de su vecino, en Maine Road. Las deudas, además, eran bastante altas para la época, así que Busby tenía mucho trabajo en donde poner las manos. </p>
<p style="text-align: justify">Quizá el atributo más importante del escocés fue su habilidad para entender a la gente y darle la libertad para trabajar con tranquilidad, aprovechando sus mejores cualidades. Aunque eso no significa que sus modales fuesen los más suaves y amables del mundo. Y sabía reconocer el talento, de eso no había duda. Su primer descubrimiento fue el del luego llamado <i>Busby galés</i>, Jim Murphy, ex futbolista como Busby, que se convirtió en su ayudante  y mano derecha. En Manchester, además, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=PsG6RH_JWII">había buenos jugadores</a>: desde los defensores John Carey, John Aston y Allenby Chilton a los delanteros Stan Pearson, Charles Mitton y Jack Rowley. Buenos jugadores, no figuras, así que obviamente el equipo necesitaba mejorar y podía reforzarse, especialmente en el centro del campo.</p>
<p style="text-align: justify">Busby siempre insistió en buscar jugadores con un físico privilegiado, que les permitiese ayudarse mutuamente allí donde fuese necesario. No era un genio de la táctica, siempre se movió sobre <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/historia-del-catenaccio-antecedente/">el clásico WM</a>, pero gustaba de buscar la polivalencia en sus jugadores, tratando de que, al menos, jugasen bien en un par de posiciones. El club no tenía mucho dinero, así que un jugador que juega en dos sitios suele ser más barato que dos jugadores especialistas. Sin duda, la línea más potente del equipo era el ataque, por calidad y potencia. El equipo trataba de que la pelota llegase lo más pronto posible arriba, aprovechándose en el área de la fuerza física de sus atacantes. </p>
<p style="text-align: justify">El incansable trabajo de Busby dio sus frutos pronto. En 1947 el United fue subcampeón de liga tras el Liverpool, al igual que en 1948. Sin embargo, ese mismo año, consiguió un gran éxito derrotando al Blackpool<span class="pullquote_left">Busby buscó reclutar talento por todo el país</span> de Stanley Matthews en la final de la FA Cup por 4-2. Los buenos resultados supusieron mejores ingresos económicos y el club pudo reconstruír Old Trafford, pagar las deudas y empezar a sacar beneficios. La primera parte de la hercúlea tarea de Busby estaba completada.  A partir de entonces, organiza una extensiva red de ojeadores que peinaron Inglaterra sin descanso en busca de talento joven. Un trabajo que dio réditos casi inmediatos. En 1952 el equipo ganó la liga y para mediados de la década el incansable Busby ya había conseguido crear un verdadero gran club, reclutando y ensamblando a notables jóvenes promesas y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Q84wAAv3Z_E">jugando un fútbol alegre y ofensivo</a> que cautivaba a toda Inglaterra. </p>
<blockquote><p>«La transición necesaria cuando un equipo campeón envejece es el mayor reto de un manager».</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La transición de la que hablaba el entrenador se había hecho de manera realmente suave. Los veteranos de 1948 habían ido dejando paso a jóvenes talentos llegados de todos los puntos del Reino Unido. Entre ellos estaban el centelleante extremo Bobby Charlton, el medio centro Eddie Colman, el interior David Pegg, el ariete Tommy Taylor y, sobre todos, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=pr75rgusNJU">Duncan Edwards</a>. Él era, sin duda alguna, la gran figura del equipo. Centrocampista genuíno representante de lo que en la actualidad conocemos como <i>box-to-box</i>, con capacidad para poner la pelota en largo y con un físico inigualable para la época. Era además un jugador ejemplar y un líder fuerte y carismático. De él siempre <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=ADOqaqXjbDk">dice Sir Bobby Charlton</a> que era el único jugador ante el que se sintió inferior. Seguramente el hecho de que Edwards fuese una referencia para todos los jóvenes que llegaban al primer equipo influye en su proverbial admiración, pero esas palabras no son vacías o gratuítas, eso seguro.</p>
<p style="text-align: justify">Liderado por esta excelente camada, el United ganó las ligas del 56 y el 57, y fue sorpresivamente derrotado por el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Ce-RMQy3eK4">Aston Villa en la final de Copa</a> de ese año, lo que hubiese supuesto un histórico doblete. Para aquel entonces, en la Europa continental, había nacido un torneo que medía a los mejores equipos<span class="pullquote_right">La eliminatoria ante el Real Madrid en 1957, al Manchester le llegaba demasiado pronto</span> y, tras la negativa de la FA de permitir a su campeón –el Chelsea- participar en la primera edición, el United fue el primer representante inglés en la máxima competición continental. Ciertamente su actuación no defraudó, superando rondas en 1957 y desplegando un fútbol de ataque que le permitió aplastar por un global de 12-0 al Anderlecht, superar al potente campeón alemán, el Borussia Dortmund por 3-2, y que nos dio una gran eliminatoria <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=kg-ad_jCPGw">contra el Athletic de Bilbao</a> –que venía de eliminar y liquidar al todopoderoso Honved de Budapest-, llegando a las semifinales. Allí se midieron al campeón, el Real Madrid, un equipo ganador, rodado y con hombres en su mejor momento. La palabra hombres, entendida de forma literal, ya que los <i>niños</i> del United fueron dominados <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=JOUMjA7AF-c">en Madrid por 3-1</a> y se vieron <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=upBhZOaYTO0">0-2 en Old Trafford</a>, donde solo su pundonor les permitió rascar un empate hacia el final. No había caso en ese año 57, los blancos eran los mejores, pero el United empezaba a ser señalado como la mayor amenaza para el reinado madridista.</p>
<p style="text-align: justify">Así parecía ser en la edición del 58, cuando los chicos de Busby eliminaron al Shamrock Rovers irlandés, el Dukla de Praga checoslovaco y el poderoso Estrella Roja yugoslavo. Esperaba el potentísimo Milan en las semifinales y un hipotético reencuentro con las huestes de Di Stefano en la final de Bruselas. Nunca sucedería. En el aeropuerto de Munich, durante una escala técnica en su vuelo de vuelta a Inglaterra, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=OkvmDfW_Q08">la tragedia se cernió sobre el joven grupo de Matt Busby</a>. Su avión, tras sucesivos intentos de despegue, se estrelló en la pista del aeródromo bávaro matando a 8 de los jugadores del club y a 3 miembros del cuerpo técnico –además de 8 periodistas- y dejando gravemente heridos, entre otros, a Harry Gregg –el portero titular-, Charlton y el propio Matt Busby. </p>
<p style="text-align: justify">Geoff Bent, Roger Byrne, Eddie Colman, Mark Jones, David Pegg, Tommy Taylor y Liam Whelan murieron en el accidente. El gran Duncan Edwards sufrió una agonía de gigante que tuvo en vilo a toda la Europa futbolística durante 15 largos días. Nadie quería creerlo, todos confiaban en su formidable fuerza física para salir de ese trago. Pero no pudo ser, y el fútbol británico perdió a su mayor talento. Además, Jackie Blanchflower y Johnny Berry nunca más volvieron a jugar, mientras que Gregg, Charlton, Viollet, Foulkes, Morgans, Scanlon y Wood pasaron por recuperaciones más o menos largas.</p>
<p style="text-align: justify">Sin saber el trágico destino de su equipo, el propio Matt Busby <a target="_blank" href ="http://www.elperiodico.com/es/noticias/deportes/20080206/tragico-6-f-del-manchester/print-16902.shtml">se debatió entre la vida y la muerte</a>, sufrió varias operaciones quirúrgicas y hasta recibió dos veces la extremaunción. Eso no le impidió mandar un emotivo mensaje radiado a todo Old Trafford desde Munich, pidiendo unión y apoyo a todos los estamentos del club y negándose a retirar al equipo de las competiciones. Los chavales y los supervivientes que fuesen recuperándose afrontarían la ardua tarea de mantener al club con vida.</p>
<blockquote><p>Ante la desgracia, llegó el aleteo del ave fénix.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Decía Busby que la tarea más difícil para un entrenador era afrontar la necesaria transición cuando un equipo campeón envejecía, basta imaginar lo difícil que puede llegar a ser cuando ese equipo campeón, aún mejorando cada día, te es arrebatado por una desgracia como la que aconteció en Munich.</p>
<p style="text-align: justify">El único alivio que el destino concedió al United fue el hecho de que el asistente de Busby, Jim Murphy, no estaba  en el avión en Munich, sino entrenando a la selección galesa. Durante la larga convalecencia de Busby<span class="pullquote_left">Durante la transición, Jim Murphy fue clave</span>, él lideró al equipo. Juntó a los mejores juveniles del club, unos niños a los que convirtió en hombres, firmó algunos jugadores –Ernie Taylor, Stan Crowther- y fue, poco a poco, recuperando a los supervivientes de Munich. Harry Gregg, el atlético y fornido portero norirlandés fue el primero en incorporarse –incluso había sacado fuerzas para rescatar a unos cuantos pasajeros entre el amasijo de hierros del avión en Munich-, y poco después el defensor Bill Foulkes y también Charlton volvieron. Increíblemente, este equipo de retales <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Oi0vi76zWso">llegó a la final de Copa</a>, aunque fue <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=13prB-g5fDU">derrotado</a> por el Bolton Wanderers de Nat Lofthouse. </p>
<p style="text-align: justify">La siguiente temporada fue increíble. Con Charlton, Viollet y Scanlon recuperados para el fútbol, reforzó al equipo con el fichaje de Albert Quixall, del Sheffield Wednesday, el golden boy de la época y firmó al mejor internacional inglés amateur: el profesor Warren Bradley. Era sin duda una combinación extrañísima, pero para sorpresa de muchos, el equipo fue subcampeón de liga, tras los Wolves. Charlton, además, jugando en una posición cada vez más centrada, marcó 29 goles, su mejor registro en toda su carrera.</p>
<p style="text-align: justify">A pesar de un decepcionante noveno puesto el año siguiente, el equipo siguió jugando el fútbol de ataque que había sido siempre el sello de Busby como entrenador, con Dennis Viollet marcando 32 goles, cifra que durante muchos años ha sido record del club. Este equipo jugaba con una velocidad y una pasión -tratando de igualar a aquel anterior a Munich-<span class="pullquote_right">Busby mantuvo la esencia ofensiva de su Manchester previo al trágico accidente</span>, que era casi dolorosa de ver para su afición. Fue una temporada mediocre en resultados, pero rica en emociones en Old Trafford. El United era, en este momento, demasiado irregular para ganar la liga, pero Busby, ya recuperado, seguía siendo el mismo manager ambicioso de siempre, y se movía en el mercado como pez en el agua. Antes de pegar el verdadero golpe de efecto, compró la fuerza de Maurice Setters y la habilidad de David Herd, del Arsenal. Nada comparado con el hecho de <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=mHGsqQvJ_xo">traerse desde Turín a Denis Law</a> pagando 115 mil libras. El volcánico ex atacante del City no se adaptó a la Serie A y estaba encantado de volver a Inglaterra. Con el fichaje del lateral Pat Crerand, Busby completó el armazón de un equipo campeón. Así que en ese 1963 los <i>Diablos Rojos</i> volvieron a la senda del triunfo. Y fue en la Copa, tras batir al Leicester, donde los fantasmas de Munich comenzaron a difuminarse. Habían pasado cinco años. </p>
<blockquote><p>Tras recuperar el sabor de la victoria, el United enfiló el objetivo europeo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Durante esta época, a pesar de que Busby peinaba el mercado con mucho acierto, los jóvenes fenómenos no dejaban de surgir de los equipos inferiores del club. Johnny Giles y Nobby Stiles comenzaron poco a poco a ser habituales en el primer equipo, que ya contaba con una rotación muy respetable. Es cierto que el irlandés salió poco después rumbo a Leeds para convertirse en <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=2NTObP0WON0">leyenda del equipo de Don Revie</a> y en referencia del fútbol británico por más de una década, pero el pequeño inglés, criado en un negocio de pompas fúnebres y que jugaba sin sus dientes frontales postizos, se convirtió en la amalgama que mantenía unido el centro del campo. Sería un mito del club y también de la selección inglesa.</p>
<p style="text-align: justify">Por si no fuera poco, la aparición de <i>un pequeño genio encontrado en Belfast</i>, George Best, causó sensación y dio lugar al triunvirato que formaría junto a Charlton y Law. La <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=y4iBYiAoEy0"><i>Santísima Trinidad</i></a>, una línea que llegaría<span class="pullquote_left">Charlton, Denis Law y George Best disiparon totos los fantasmas</span> a acumular tres Balones de Oro. Fue esta formidable combinación de ataque, con el inglés partiendo desde más atrás, el norirlandés en ambas bandas y el escocés en el centro la que disipó todos los fantasmas de Munich. Los tres, cada uno en su estilo, honraban el legado de los <i>Busby Babes</i>. Best convirtiéndose en <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=eViPwPpt6xA">figura de culto y en estrella pop</a>, Charlton con su casi corinthiano –referente a los inmaculados amateurs Corinthians de principio de siglo- estilo, un caballero en el terreno de juego, para contrastar con el diabólico y fiero estilo de Denis Law, un auténtico depredador. Con todo este potencial era cuestión de tiempo que el United comenzase a mirar a Europa, hacia el objetivo que una vez se habían marcado los chavales de Busby y a los que el destino robó incluso la posibilidad de luchar por él.</p>
<p style="text-align: justify">Era cuestión de tiempo, como decimos, y así cayeron dos ligas más, las primeras tras el Desastre, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=DDQEpXHmHDA">en 1965 y 1967</a>. Y en 1968, diez años después de aquella nevada tarde de Munich<span class="pullquote_right">Con un gol de Faulkes, el United derrotó al Real Madrid en el 68</span>, el mismo destino que nubló las ilusiones de todos los mancunianos, les había situado ante el Real Madrid en las semifinales de la Copa de Europa. No era el gran Real Madrid de los 50, pero era una nueva generación que ya había sido campeona de Europa en 1966 y que buscaba un segundo entornchado. Y aún estaba el eterno Gento, que había peleado contra los Busby Babes en 1957. Y con él, el elegante Velázquez, exquisito número 10 y el maravilloso Amancio, un extremo de talla mundial. La eliminatoria fue de poder a poder, y, aunque el United salió indemne de la ida en Old Trafford gracias al gol de Best, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=zXImi89BLiI">la vuelta en el Bernabeu</a> se le hizo muy larga. Tanto que, a 20 minutos del final estaba más que eliminado. Sólo un arreón en el último tramo de encuentro les permitió salvar la clasificación. Clasificación lograda, quizá por justicia poética, gracias al gol de uno de los Busby Babes, Bill Foulkes. </p>
<p style="text-align: justify">Poco después llegó el climax de esta historia iniciada en un aeropuerto de Baviera, el momento donde la tristeza y la alegría se entremezclaron en los rostros de toda la familia del Manchester United cuando el equipo superó al Benfica en la prórroga de <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=B-miJBBb5eA">la final por 4-1</a>. Bobby Charlton y George Best habían sido los heroes goleadores, pero también debemos destacar la inconmensurable parada del joven portero Alex Stepney en un mano a mano ante el poderoso Eusebio a pocos instantes del final de los 90 minutos. Recibió un cañonazo de la <i>Pantera Negra</i> sin dar rebote, llevando a su equipo a un tiempo extra que lo coronaría campeón. Imposible imaginar mejor tributo a aquellos que dejaron su vida en el intento que las imágenes de Charlton, Foulkes y Busby abrazados en torno al Grial que, diez años antes, habían comenzado a buscar. </p>
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		<title>Fotos en sepia</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Jul 2012 02:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">D</span>esde 2008 a esta parte, con la edad de oro que vive la selección española, plena de títulos, victorias de prestigio y halagos a nivel mundial, el fútbol patrio, nunca muy dado a respetar el pasado, lo es menos que nunca.<span id="more-18418"></span> No hace falta porque se debe disfrutar el presente y, si acaso, se echa la mirada hacia atrás para ver cuán pringados éramos los españoles hasta que esta generación de superhombres invencibles acudió al rescate. Ni tanto ni tan calvo, obviamente, pero sí es cierto que da la impresión de que la historia de España comenzó en los campos de Austria hace 4 años, y que como mucho se mira con simpático desdén al oro de Barcelona 92 o a la cantada de Arconada en París.</p>
<p style="text-align: justify">Pero es que el tradicional <i>«nunca ganamos nada»</i> es la mayor y más repetida mentira del fútbol español. ¡Por supuesto que ganamos algo! ¿Nadie recuerda aquella noche en el Bernabeu? Sólo los más viejos nombran a unos hombres cuyo recuerdo está siendo sepultado por las arenas del tiempo –y del éxito-. Es una injusticia que <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Eurocopa_1964">la Eurocopa de 1964</a> se esté adentrando peligrosamente en el olvido. Y qué mejor día que hoy, la jornada en la que el sueño de la hegemonía española puede seguir creciendo hasta ser los más laureados de la Eurocopa –junto a Alemania-, o<span class="pullquote_right">Ahora casi olvidada, España ganó su primera Eurocopa en 1964 en el Santiago Bernabéu</span> comenzar el descenso justo donde empezó –frente a Italia-, para recordar a los héroes que dieron a España su primer torneo internacional.</p>
<p style="text-align: justify">En el verano de 1964, Europa vivía días intensos. La Guerra Fría estaba en su apogeo, el muro de Berlín acababa de cernirse sobre la antigua capital alemana, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=DfpKYWY_zg8">Khruschev había <i>sido dimitido</i></a> hace no mucho y Breznev estaba poniéndole nueva cara a la URSS –que no era sino una cara ya vista, más tradicional, más estalinista, más ortodoxa-, las alianzas que gobernaban el mundo bipolar aún estaban en estado de shock por la muerte de JFK, y España estaba más metida que nunca en su papel de <i>Centinela de Occidente</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Esto no era algo secundario para el fútbol español, dado que el <i>miedo rojo</i> que rodeaba a la política del Régimen de Franco había impedido que un magnífico equipo español disputase siquiera una eliminatoria de cuartos de final de la Eurocopa de 1960 contra los soviéticos. Así pues, un equipo con Di Stefano, Suárez, Gento o Kubala ni pudo viajar a Moscú para medirse a sus homólogos de la URSS. Se perdió una buena ocasión, y los soviets acabaron por ganar el torneo ante Yugoslavia. Además, quizá se desperdició la última oportunidad de contar con esos fenómenos nacionalizados, en un gran momento de forma, ya que para <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=iRvlc-JUcwQ">el Mundial de Chile 62</a>, con Helenio Herrera en el banco, Di Stefano estuvo lesionado, Kubala ya muy viejo, los nuevos como Puskas y Santamaría no demasiado afortunados, y nuevas figuras como Amancio ni siquiera viajaron. Tras el fracaso de verse apeados en la primera fase, España comenzó una nueva etapa, con José Villalonga como entrenador. Era un tipo curioso este hombre, se decía que no entendía nada de fútbol y que sus conocimientos se limitaban a la condición física –tenía pasado militar-,<span class="pullquote_left">Villalonga realizó el cambio generacional que España requería tras el Mundial de 1962</span> pero increíblemente triunfó en el Atlético y en el Madrid, y sigue siendo el hombre más joven en haber ganado la Copa de Europa -dos en su caso- y la Eurocopa. Algo tendría.</p>
<p style="text-align: justify">Villalonga comenzó el camino a la Eurocopa con una lista que prescindía de 14 de los 22 expedicionarios al Mundial de Chile. Faltaban Di Stefano, Carmelo Cedrún, Santamaría, Garay, Segarra, Puskas, Araquistain y los <i>italianos</i> Del Sol, Peiró y Suárez, entre otros. Se mantenía Gento, y no se echó de menos a nadie, ya que en la ida, con un espectacular Guillot se ganó 6-0 en el Bernabeu. Los problemas y posterior derrota 3-1 en Bucarest dejaron claro que las cosas tampoco iban a ser tan fáciles para España. Pero se pasó, y eso era lo que contaba, más si cabe tras tamaña revolución.</p>
<p style="text-align: justify">En las otras eliminatorias, sorprendía la eliminación ante Francia de la Inglaterra que Alf Ramsey había garantizado como campeona mundial en el 66. Portugal, en la que ya se alineaban la base del Benfica con <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=vSxSKvKiQZQ">el gran Eusebio a la cabeza</a>, cayó eliminada ante la siempre rocosa Bulgaria, con su célebre central Dimitar Penev y el atacante Georgi Asparaukhov, por el que Nereo Rocco viajaba cada verano a Sofía para llevárselo a Milan. En vano, ya que las autoridades comunistas prohibían su traspaso. No lo permitirían hasta 1970, tras el Mundial de México y, para desgracia del fútbol europeo, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=s3-q483iLSs">expectante por ver a Asparaukhov en Occidente</a>, este murió en un accidente de coche, poco tiempo después de regresar de tierras mexicanas. Italia arrolló a Turquía, los húngaros pasaron cómodamente contra Gales y Yugoslavia, liderada por el joven Josip Skoblar –al que pronto veríamos en el Olympique de Marsella- eliminaba a una Bélgica prometedora con Van Himst, Puis y Jurion.</p>
<blockquote><p>La segunda eliminatoria hizo que Villalonga tuviese que rectificar sus planes iniciales.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Villalonga siguió con su plan en la segunda ronda, ya que el rival era la floja Irlanda del Norte, en la que aún no había hecho aparición George Best. Se jugó en Bilbao la ida, y, como concesión a la grada, el seleccionador llamó a unos cuantos <i>leones</i>. Se jugó horrible en San Mamés y a pesar de que el debutante Amancio marcó, un error de Vicente Traín, el portero español, propició el empate norirlandés. Este fracaso debió motivar serias dudas en Villalonga, porque rectificó sus decisiones anteriores sobre la gente joven y tiró de experiencia y calidad con los veteranos. Suárez y Del Sol volvieron al equipo, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=IDSt-eAOrZg">así como Gento</a>. Ocho cambios con respecto a San Mamés. Se sufrió en Windsor Park, pero el extremo izquierdo del Madrid jugó un gran partido y anotó el gol de la clasificación. España alcanzaba así la misma ronda en la que en 1960 fue eliminada por… Franco.</p>
<p style="text-align: justify">Por Europa adelante, se sucedieron bastantes sorpresas, con Holanda siendo eliminada por Luxemburgo o Yugoslavia por los amateurs suecos. Francia, que tenía un equipo terriblemente técnico liderado por los centrocampistas Herbin, Douis y Ferrier parecía estar superando aceptablemente bien la caída en desgracia<span class="pullquote_right">Gracias a un Yashin portentoso, la URSS batió a Italia en el gran duelo de octavos</span> del Stade de Reims, y daba buena cuenta de los búlgaros, así como Hungría tenía más dificultades de las esperadas para superar a los alemanes del Este. Sin embargo, la eliminatoria estrella de estos octavos era la que medía a Italia con la URSS. Los soviéticos, campeones y exentos de la primera ronda,  eran una magnífica piedra de toque para una Italia que empezaba a recuperar su lustre merced al auge de su campeonato doméstico –Milan, Inter, Juve, Fiorentina y Roma estaban a gran nivel-, y de su cada vez más extendido catenaccio. Los italianos salieron al césped del Estadio Lenin con solo dos delanteros, asistidos por Corso, Rivera y Bulgarelli –cerebro del Bolonia que ejercía de <i>Luis Suárez</i> en la Nazionale-. La URSS, sin Yashin, abrió el marcador a los 20 minutos y casi inmediatamente Italia se quedó con 10. A duras penas salieron vivos con <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=339htl4WnUc">un 2-0 en contra</a>. <a target="_blank" href ="http://es.uefa.com/uefaeuro/season=1960/history-maker/index.html">Viktor Ponedelnik</a> fue una auténtica bola de demolición en el frente de ataque soviético. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=ToVu2FglhbU">En la vuelta</a>, Italia sacó un equipo de lujo, que unía la fortaleza defensiva del Inter de Herrera –Sarti, Guarneri, Facchetti, Burgnich-, el mejor marcador italiano –Trapattoni-, la clase de Bulgarelli, Mazzola y Rivera y la velocidad de Domenghini y Menichelli. Ni por esas, Yashin había regresado y cuajó una actuación excepcional –incluído un penalti blocado a Mazzola- que no hizo más que refrendar su candidatura al Balón de Oro de 1963, que finalmente se acabaría llevando. Los soviéticos empataron a uno y pasaron a cuartos. Una ronda mucho más descafeinada, con los soviéticos dominando sin problemas a los suecos, y Hungría dando una auténtica lección de clase en Colombes para asegurar el pase ante una Francia en la que aparecían sus tres nuevas perlas: los extremos Di Nallo y Coussou y el ariete Nestor Combin, que se haría célebre en el Milan.</p>
<p style="text-align: justify">España, por su parte, volvía a Irlanda para medirse esta vez a la EIRE de un joven Johnny Giles. A estas alturas, en marzo del 64, Iríbar había tomado ya la portería de España, y una gran camada de jugadores hizo su aparición con la camiseta nacional: los Magníficos del Zaragoza, sensación del fútbol español y europeo de la época eran parte integral del ataque de España. Marcelino, Villa y Lapetra fueron titulares en las <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=ns7_4i3quhM&#038;feature=related">victorias por 5-1</a> y 0-2 que daban al equipo de Villalonga el ansiado pase a las semifinales.</p>
<blockquote><p>La UEFA decidió que España fuese el organizador de la fase final.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Como fue costumbre hasta 1976, de entre los cuatro semifinalistas se escogía al que se consideraba más apropiado para albergar los partidos finales. A pesar del importantísimo apoyo que supusieron para el despegue del torneo, la UEFA seguía negándose a conceder la organización a países de más allá del Telón de Acero, así que esta <a target="_blank" href ="http://images.suite101.com/566865_net_uefaeuro64.png">recayó en España</a>. No podía ser de otra forma, ya que el cuarto país era la sorprendente Dinamarca.</p>
<p style="text-align: justify">Sorprendente a todas luces, ya que era un conjunto eminentemente amateur y al que la maravillosa magia de los sorteos puros había deparado un camino con Malta, Albania y Luxemburgo. Casi casi la diosa Fortuna les obligó a estar presentes en la cita española. Durante las eliminatorias se reveló como un gran jugador el atacante Ole Madsen, autor de 11 goles, jugador danés del año en 1964 y a quien sus actuaciones internacionales le valieron un contrato con el Sparta de Rotterdam en una liga holandesa en la que empezaba a nacer el profesionalismo.</p>
<p style="text-align: justify">Así pues, como la vida es caprichosa, el país que se había retirado por miedo a recibir a los soviéticos en 1960 iba a tener que albergarlos en su territorio por una semana. ¡Quién sabe cuántos espías del KGB traerían en sus filas! El hecho de que, además, los comunistas pudiesen llevarse una victoria de suelo español no<span class="pullquote_left">España se enfrentó en semifinales a una Hungría plagada de calidad en ataque</span> hacía sino aumentar la presión sobre la selección española. En todo caso, primero había que llegar a la final. La URSS jugaría y aplastaría a Dinamarca en Barcelona por 3-0. El Camp Nou presentó apenas 40 mil espectadores, curiosos por ver a la legendaria <i>«Araña Negra»</i>, que además se fueron decepcionados ya que Yashin ni siquiera tuvo que intervenir. Mientras, en el Bernabeu, España se enfrentaba a una Hungría que había conseguido recuperarse de la pérdida de sus <i>«Mágicos Magiares»</i> y había conjuntado un equipo magnífico. Sandor Matrai y Kalman Meszoly eran un muro en el centro de la defensa, y la presencia del expeditivo Ferenc Sipos por delante de ellos apuntalaba aún más esta línea. Arriba, lo clásico en el fútbol húngaro: calidad, calidad y calidad. Ferenc Bene y Mate Fenyvesi eran dos extremos con un fuera-dentro mortal, goleadores consumados, Lajos Tichy era un interior creativo de primer orden europeo y Florian Albert lo mismo te daba un pase entre líneas como te resolvía en el área. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=q7Rb0BZZA3I&#038;feature=related">Llegaría a ser Balón de Oro</a>. En definitiva, que había que sudar.</p>
<p style="text-align: justify">Villalonga, además, había dado una lista de convocados un tanto polémica, en la que no aparecían ni Collar ni, sobre todo, Gento, que había jugado muy bien durante las eliminatorias. Del Sol, una referencia total en Italia, tampoco pisó el terreno de juego durante la fase final. El entrenador se la jugó con Amancio en la derecha, Pereda como interior, Suárez como cerebro, Marcelino como nueve y en la izquierda Lapetra.</p>
<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=dvLLGrnY6WI">El partido fue de poder a poder</a>, pero España dominó claramente la primera parte, merced a la maestría de Suárez. Una de las claves para que el del Inter se sintiese cómodo era el hecho de que jugaba muy protegido en las labores defensivas. Se le exigía menos que en el Inter en este aspecto. Zoco se reveló como un excepcional hombre escoba, que cerraba el medio del campo y también se incrustaba en el centro de la defensa junto a Olivella. Fusté se complementaba a las mil maravillas con el navarro y también creaba con facilidad. En ataque, Suárez tenía socios de todos los cortes, desde el diabólico dribbling de Amancio a la calidad de Lapetra, o el inteligente juego posicional y la llegada a gol de Pereda. Fue precisamente este quien abrió el marcador, empatado agónicamente por Bene a dos minutos del final, merced a un error de Iríbar. Esto llevó a una prórroga que podría haber sido contraproducente, ya que la URSS, como dijimos, había ganado facilísimamente a Dinamarca y estaría más fresca. En la primera parte de la prórroga, los húngaros venían crecidos –como sucede habitualmente con los equipos que vienen desde atrás en el marcador- e Iríbar tuvo que sacar a relucir toda su clase para mantener a España en el partido. Gracias a ello, y a siete minutos del final, un córner lanzado por Lapetra fue cabeceado por Fusté y remachado por Amancio, haciendo imposible el esfuerzo de Szentmihalyi por llegar al balón. ¡A la final!</p>
<blockquote><p>Cumplido el primer objetivo, la derrota contra la URSS no era una opción.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Una vez superada la tensión futbolística de la dura semifinal frente a los húngaros, llegó otro tipo de tensión, peor si cabe: la política. Nadie era ajeno a que la final contra los soviéticos tenía mucho de político y propagandístico. Las autoridades se encargaron de teñirlo aún más, e incluso España jugó de azul, dejando a los comunistas el color rojo. Era propio, el Régimen estaba interesadísimo en que en el Bernabeu se viviese otra representación de esa guerra ideal que Franco y los suyos vendían al pueblo desde hacía más de 25 años. Y, como todos sabemos, en la <i>Cruzada</i>, los rojos no ganan. Los jugadores eran conscientes y Villalonga también lo era.</p>
<p style="text-align: justify">Contaba Pereda que un día antes de la final, el grupo al completo salió a dar un paseo por las inmediaciones de La Berzosa, donde se concentraba la selección. En un alto, Villalonga los reunió, dibujó un campo de fútbol en la tierra y con unas piñas de árbol les expuso cómo era el esquema de la URSS, cómo jugaban, cómo se movían. Acto seguido, cogió once piedras y las situó en el esquema que jugaría España. Lo hizo así porque <i>las piedras siempre son más fuertes que las piñas</i>, y acto seguido <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2008/06/29/deportes/1214690408_850215.html">aplastó una piña con una de las piedras</a>. Todos los jugadores de la selección sonríen al recordar esa anécdota, que por lo visto les quitó mucha presión. A mí me gusta pensar que la piedra era Zoco y la piña Ponedelnik.</p>
<p style="text-align: justify">Así pues, el 21 de junio de 1964, y ante 120 mil enfervorecidos seguidores, Franco y sus acólitos entre ellos, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=BJkxBX6y9YY">España salió al encuentro de una Unión Soviética</a> que había alcanzado un grado de precisión en su juego y de ascendencia sobre el fútbol europeo que parecía augurar décadas de dominio.<span class="pullquote_right">Katchalin mantuvo la base de la exitosa URSS del 60, pero ganó en potencia física</span> Los soviets seguían siendo entrenados por el viejo zorro que era Gavril Katchalin, y a su equipo campeón de 1960 habían añadido más potencia física y, si cabe, más calidad. Faltaba Netto, la torre de control soviética, pero Katchalin había añadido al soberbio central Schesternev, y al cerebro del Torpedo de Moscú, Shustikov –padre de aquel que fuera jugador del Racing-, aunque astutamente Katchalin lo situaba en el lateral derecho. Esto creó problemas a la selección en un principio, pues no estaban acostumbrados a que el generador de juego de un equipo estuviese en una posición tan extraña. Voronin seguía siendo un puñal en la derecha, Ivanov había sido reconvertido a un interior con excepcional llegada al área, Ponedelnik seguía siendo un tanque en el centro del ataque y había un nuevo extremo zurdo, Khusainov  que, como veremos, sería una pesadilla para Rivilla. Y además estaba el monstruo Yashin. El ganador del Balón de Oro, mejor portero mundial y hombre sobre el que recaían mil leyendas, a cada cual más impresionante. La más extendida esos días en España, curiosamente, era la que decía que era un niño de la Guerra Civil, al que por supuesto, habían lavado el cerebro y ahora venía como enemigo de la Patria. Aún así, se decía que realmente tenía poco apego por la URSS, y el hecho de que <a target="_blank" href ="http://ep00.epimg.net/deportes/imagenes/2012/06/29/eurocopa_futbol/1340988563_471036_1341001472_noticia_normal.jpg">Yashin jugase esa tarde-noche en Madrid con su camiseta del Dinamo de Moscú</a>, y no la de la selección, parecía dar alas a las paparruchas del Régimen.</p>
<p style="text-align: justify">Llovía en el Bernabeu, y cuando aún los espectadores estaban acomodándose tras la ovación de rigor al Generalísimo, Pereda hizo el primer gol para España. Un gran comienzo apagado casi de inmediato por la respuesta soviética. Error clamoroso de Iríbar –que comenzaba a mostrar su cara más habitual en las grandes citas con la selección-, y Khusainov empataba menos de dos minutos después del <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=hlbvDSqjLuY">gol inicial de Pereda</a>. España no se vino abajo y siguió controlando el juego, merced a un fantástico Suárez, que pareció un hombre jugando entre niños durante todo el torneo. La calidad, viveza y capacidad de combinación españolas encontraba respuesta en el poderío físico, el orden y las automatizadas combinaciones de los soviéticos. Yashin tuvo alguno intervención de las que cortan la respiración del espectador, y una especialmente mostró lo moderno que era el guardameta soviético a esas alturas de los años 60: una salida muy fuera de su área, anticipándose a Marcelino y mirando a su alrededor antes de golpear la pelota con criterio hacia sus compañeros. Yashin no dominaba solo su área, dominaba el campo entero. Todos los demás jugaban en SU jardín, y lo dejaba claro en cada acción.</p>
<p style="text-align: justify">Lo cierto es que el partido no fue un partido excesivamente lírico, sino más bien épico. Era evidente que los nervios y el miedo a perder estaban presentes, pero gracias a lo parejo de los equipos, fue intenso y emocionante.<span class="pullquote_left">Con un tinte épico, a falta de pocos minutos Marcelino anotó el gol español del triunfo</span> Una vez Villalonga logró desentrañan la pequeña trampa que le había tendido Katchalin con la posición de Shustikov, España estuvo más cómoda. Y por fin, cuando la posibilidad de una nueva prórroga –en la que España estaría en evidente inferioridad física- se vislumbraba en el horizonte, un centro de Pereda, omnipresente a lo largo de todo el ciclo, lo remato de manera sorprendente, en un escorzo extrañísimo y con una potencia y colocación bárbaras, Marcelino. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=z6oKOQkgDRY">La pelota se coló pegada al poste de un Yashin</a> que no pudo sino hacer la estatua. Un remate diabólico, imposible de detener incluso para un genio. Un remate seguramente irrepetible. Y que daba a España un triunfo de un prestigio internacional tremendo, difícil de calibrar con ojos de 2012.</p>
<p style="text-align: justify">Para el Régimen fue el triunfo de su sistema frente al de los odiados comunistas, para Villalonga el punto culminante de su carrera, así como para la mayoría de miembros de la selección. Franco <a target="_blank" href ="http://javierbarreiro.files.wordpress.com/2012/02/marcelino-con-su-volvo.jpg">regaló a Marcelino un Volvo rojo</a>, único en España, del que por lo visto el delantero del Zaragoza se había enamorado en un viaje durante la Copa de Ferias. Una Copa de Ferias que el club maño ganó merced a un gol del gallego sólo tres días después de la final de la Eurocopa, tres días en los que Marcelino había estado desaparecido por el asunto del dichoso coche. Cuando reapareció, el día de la final y acompañado por el Marqués de Villaverde –yerno de Franco-, les prometió a sus enfurecidos compañeros que marcaría. Hombre de palabra.</p>
<p style="text-align: justify">La Euro significó también la consagración para el, para muchos, mejor jugador de la historia de España. En ese 1964 <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Ah8j3uUOnfY">Luís Suárez fue una fuerza imparable en el fútbol europeo y mundial</a>: ganó la Serie A, la Copa de Europa y la Intercontinental con el Inter, y la Eurocopa con España. Y en los cuatro torneos fue el mejor jugador. El Balón de Oro lo ganó… Dennis Law, en la decisión más ilógica y lamentable nunca tomada por France Football. A su alrededor se formó una selección joven, con garra y calidad, trabajadora y capaz de superar sus complejos. En cierto modo, una pequeña representación de los españoles de la época.</p>
<p style="text-align: justify">Como nuestros abuelos. Guardémosles respeto. Se lo han ganado.</p>
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