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	<title>Ecos del Balón &#187; Sergio Vilariño</title>
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		<title>Nápoles-Buenos Aires, vuelo directo #yomequedoencasa</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Apr 2020 02:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">H</span>acía apenas 10 días que Francia había ganado la Eurocopa de Naciones en el Parque de los Príncipes <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/03/una-fortiva-lagrima/">ante España</a>. Michel Platini, en la cima de su carrera, había dominado el torneo con mano<span id="more-272046"></span> de hierro, justo como lo llevaba haciendo en la Serie A desde su llegada en el verano del 82. Con el mejor jugador del mundo en ese estado de forma, el panorama del campeonato italiano parecía que poco podía cambiar. Hacía falta algo especial para combatir a esa poderosa Juventus sin rival incluso en la liga más fuerte del planeta.</p>
<p style="text-align: justify">Cuando el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=xL2xAZxDs18">6 de julio de 1984</a> aquel pequeño hombre de cabello rizado, físico chaparro y viva mirada salió por primera vez del túnel de vestuarios de San Paolo tenemos serias dudas de quién estaría más impresionado y sorprendido. Él, que había sido la estrella más deseada y rutilante del fútbol internacional y cuya carrera estaba en un impasse lleno de dudas tras su salida de Barcelona, no pudo dejar de alucinar al ver el estadio lleno para verle dar unos toquecitos al balón y saludarles. No más alucinado que los <i>tifossi</i>, que llevaban años recordando a Sívori y Altafini, saboreando la Coppa del 76 o lamentándose de la ocasión perdida <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=PBVtybhFF4w">en el 81</a>, cuando un holandés volador –Ruud Krol- les hizo luchar por el Scudetto. No más que los chavales que habían bajado desde Chiaiano, San Pietro y Ponticelli, desde Soccavo, la Stella y San Carlo, parecía que todo Nápoles estaba allí. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2009/11/el-diego/">¡¡¡MARADONA!!!</a> Apenas saludó, apenas tocó la pelota y ya Diego se sentía en casa. Había encontrado un pedacito de su Buenos Aires en Europa y pronto comprendió que, así como esa gente se lo daría todo, él debía hacer lo mismo por ellos.</p>
<blockquote><p>Los inicios de la aventura napolitana no fueron fáciles para el astro argentino.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Maradona llegó al sur de Italia buscando redención. Su paso por Barcelona no había acabado bien y el inicio de su carrera europea había quedado bastante empañado por lesiones, incidentes –<a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=tejvf8FA8uQ">final de Copa contra el Athletic de Bilbao</a>&#8211; y polémicas varias. Además, no había brillado especialmente en su primera aparición en el Mundial. En los campos españoles, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=WFl56Nl9zmo">de albiceleste</a> y de blaugrana, dejó detalles de su grandeza, se vio sometido a marcajes feroces, y la decepción y la frustración se convirtieron en sentimientos demasiado comunes en su vida.</p>
<p style="text-align: justify">Nápoles era volver a empezar, casi de manera literal. También financieramente había tenido un revés grande con su anterior representante Jorge Cyterszpiler, que lo había dejado muy tocado. El club partenopeo, por su parte, llevaba ya 15 años bajo el mando de Corrado Ferlaino y seguía buscando salir de la irregularidad a la<span class="pullquote_right">Maradona llegó a un Napoli que competía por no descender a Serie B</span> que se había visto abocado desde los tiempos en que Sívori, Altafini y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/06/carrera-dino-zoff-napoles-juventus-italia/">Zoff</a> lo habían puesto en el mapa. A pesar del reciente buen recuerdo del año 81, el equipo no estaba para luchar por altas cotas. Maradona mismo reconoce en su biografía que no se esperaba lo que encontró. El Napoli se había salvado la campaña anterior por un punto escaso,  y además sus dos jugadores más destacados, Krol y Dirceu, abandonaron el club. Junto a Maradona llegó el también <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=wFtMv52OKNY">argentino Daniel Bertoni</a>, un jugador que se movía por el frente de ataque, que había tenido ya una carrera larga y además, había ganado el Mundial con Argentina. Sería el principal apoyo de un Maradona que sufriría los rigores del Calcio ese primer año. El resto del equipo era de una mediocridad preocupante, si acaso se salvaban el capitán, el veterano Bruscolotti, y Salvatore Bagni, centrocampista internacional. Parecía muy poco en un campeonato al que llegaban también ese verano Rummenigge, Sócrates, Junior o Souness.</p>
<p style="text-align: justify">Conducido por el entrenador Rino Marchesi, y liderado por Maradona y Bertoni (25 goles entre ambos), el Napoli navegó todo el año alejado de aguas peligrosas y luchó por entrar en las competiciones continentales. Es probable que nunca más se vea celebrar los goles y las victorias tan efusivamente a Maradona. Venía de Boca y el Barcelona, equipos hechos para ganar, y fue <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=xGwtEDoYq-0">como volver a su Argentinos</a>, luchando cada punto por la salvación, por arañar un puesto en el medio de la tabla. Volver a los orígenes fue una bendición para Diego, que durante este año desarrolló una comunión con los napolitanos que ya nunca abandonaría. A ello contribuyó el racismo de la gran mayoría de aficiones del norte del Italia, los gritos de <i>«terroni»</i> en Verona o Bérgamo y los <i>«¡lavatevi, lavatevi!»</i> en Turín. Cuanto más le querían dañar, más fuerte se hacía, más disfrutaba quitándoles puntos, más se crecía recibiéndolos en San Paolo junto a su gente. El odio y la persecución que sufrían los napolitanos y él mismo se convertirá en su mayor fuente de energía y en su motivación. Cada año, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=tVMtilsNzeI">Diego</a> querrá robarles un botín más grande a los altivos norteños.  Para completar el cuadro, ese año 85 se proclama campeón de Italia el equipo con la afición más racista del país, el Hellas Verona de Osvaldo Bagnoli, de Elkjaer y de Briegel. </p>
<p style="text-align: justify">Diego no va a parar hasta que pueda ofrecerles lo mismo a los aficionados de San Paolo y, en general, a la gente del sur de Italia. Maradona se involucra en la confección del equipo, exige a Ferlaino buenos jugadores que le ayuden en su empresa. Ese verano llega Claudio Garella, el portero campeón con el Verona, también<span class="pullquote_left">Ferlaino mejoró el equipo con el fichaje, sobre todo, de Giordano</span> Alessandro Renica, uno de los mejores líberos de Italia y Eraldo Pecci, un magnífico centrocampista que no cuajaría finalmente. La adquisición más importante es <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=OsI75cex814">la de Bruno Giordano</a>, un rebelde que había sido sancionado por el caso del <i>Totonero</i>, pero sobre todo un goleador capaz de compenetrarse a la perfección con Maradona y Bertoni. También se cambia el entrenador, llegando Ottavio Bianchi, cuyos planteamientos defensivos le costarán problemas con <i>El Diez</i> más adelante. La mejora en la plantilla es ostensible y así lo será también en la clasificación final. El Napoli termina tercero del campeonato, a seis puntos de la todopoderosa Juve de Trapattoni y Platini. El equipo empieza a derrotar a los grandes, y así es como cae la propia Juventus en la novena jornada en San Paolo, y también el Inter. Por si fuera poco, Maradona regala un <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=M94htIRKAek">aplastante 5-0 contra los campeones del Verona</a> a los aficionados que se congregan el 20 de octubre de 1985 en el estadio partenopeo. Maradona termina el campeonato con once goles –empatado con su compañero de selección/rival Passarella, que juega en la Fiore-, mientras Giordano marca 10. Además, Diego está inmerso en la preparación para el Mundial de México.</p>
<blockquote><p>El verano del 86 cambia definitivamente la vida de Diego Armando Maradona y del Nápoles.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Satisfecho por su buena campaña en la Serie A, Maradona afronta el reto del Mundial liderando a una Argentina que no carbura bajo la dirección de Bilardo. Nada importa, porque bajo el abrasador calor del verano mexicano, Maradona explota y da la <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=tNRXF5FeRdY">mayor exhibición individual</a> que se haya visto en una Copa del Mundo. Nadie duda ya de quien es el mejor jugador del planeta y, cumplido su objetivo con la selección, toca asaltar nuevos retos con su club.</p>
<p style="text-align: justify">Bruscolotti, el veterano capitán, reconoce de facto el indiscutible liderazgo de Diego, y le entrega el brazalete a pesar de que él seguirá jugando. Es el símbolo del cambio, el momento en que el Napoli deja atrás los años de mediocridad y empieza la era de los grandes objetivos. La consolidación de<span class="pullquote_right">Aunque sigue jugando, Bruscolotti le entrega el brazalete al Diego</span>  un <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=vkQiPRxrfAg">joven Ciro Ferrara</a> y de Alessandro Volpecina será una de las noticias de ese año, conformando una línea defensiva que será la red de seguridad que Bianchi teje para proteger a Maradona y Giordano.  El internacional Fernando de Napoli llega del Avellino para consolidar aún más el centro del campo junto a Bagni, y la aparición de Francesco Romano, un centrocampista ofensivo firmado de la Triestina y que llegará a la selección italiana, es también una de las notas positivas en cuanto a la composición de la plantilla. Bertoni, por su parte, abandonó el club, siendo sustituído en el ataque por el corpulento Andrea Carnevale, que venía del Udinese. La temporada se presenta dura ya que, aunque la Juventus parece haber pasado su mejor momento, se produce el desembarco en Milan de Silvio Berlusconi. Además, los fichajes en la mejor liga del mundo son siempre de relumbrón y casi todos los equipos se refuerzan de manera excelente. Donadoni llega a Milan, mientras el Inter firma a Giovanni Trapattoni y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=T3-QejVvKnQ">a Passarella</a>, la Fiorentina a Ramón Díaz y la Sampdoria a Briegel y Toninho Cerezo, por citar algunos.</p>
<p style="text-align: justify">La temporada empieza con decepción para el Napoli, ya que queda eliminado a las primeras de cambio de la Copa de UEFA ante el Toulouse francés, pero eso le permitirá centrarse al cien por cien en las competiciones nacionales. Desde la jornada nueve, merced a un <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=TSfAcgsaLbM">maravilloso 1-3</a> en Turín contra la Juve, los partenopeos se harán con el liderato y lo mantendrán de manera consistente, resistiendo los asaltos de la propia Juventus y del Inter. A las últimas jornadas se llegó con un Napoli dubitativo, que había perdido buena parte de su ventaja, y que apenas tenía dos puntos sobre Juve e Inter. Finalmente, en una inolvidable tarde en San Paolo, los de Ottavio Bianchi fueron capaces de asegurar <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=uNMUsyduv2Q">el punto necesario</a> al empatar con la Fiorentina. Un partido en el que, por cierto, un tal Roberto Baggio anotó su primer gol en la Serie A. Carnevale, que anotó cuatro goles en los últimos cuatro partidos de liga fue el autor del tanto que daba el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=b0devXSzl_w">Scudetto al Napoli</a>. El primero que viajaba al sur de Italia. Maradona había cumplido su promesa. Y no contento aún, regaló a la ciudad un impensable doblete. Tras eliminar a Brescia, Bolonia y Cagliari, los partenopeos derrotaron a doble partido a la Atalanta -otro de los enemigos preferidos de Diego- para firmar el doblete, sólo el tercero de toda la historia del fútbol italiano, tras Torino en 1949 y Juventus en 1960.</p>
<p style="text-align: justify">Maradona era ya dios en Nápoles. Santa Maradona era ya tan venerada como San Gennaro y el pibe de oro aún quería más. Porque cuanto más quería él, más felices eran todos los de su alrededor. Es cierto que los<span class="pullquote_left">Al Diego no le gustaba la visión defensiva del fútbol de su técnico</span> escándalos –reales o inventados- nunca le abandonaron. Desde su presunto –por entonces- consumo de drogas, hasta relaciones con la Camorra, enfrentamientos con el presidente y el entrenador… Con Ferlaino las cosas eran difíciles. Diego era ambicioso, y el presidente también, pero no era fácil llegar a acuerdos. Con Bianchi las relaciones empezaron a enfriarse tras el Scudetto. A Diego no le gustaban sus métodos de entrenamiento, ni su visión defensiva del fútbol, ni mucho menos que Bianchi quisiera que corriese <i> como si fuese uno más</i>. Pero como las cosas iban bien, todo parecía menos grave. Más aún cuando el delantero de la selección brasileña, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=QUhXqq-fGng">Careca</a>, uno de los mejores jugadores del Mundial de Mexico y un atacante codiciado por muchos equipos punteros firmaba con el Napoli. Además, con él, llegaba Giovanni Francini, presto para apuntalar aún más la línea defensiva de Bianchi. La Copa de Europa parecía un objetivo posible, si bien esa campaña de 1988 se presentaba como una de las más fuertes de la década.</p>
<p style="text-align: justify">La aventura europea, que se presumía larga y exitosa, acabó pronto. El bombo, caprichoso como sólo puede serlo uno al que no se le ponen trabas, decidió emparejar en la primera ronda a los campeones de Italia y España. La ida, en un Bernabeu cerrado, midió a Maradona con los miembros de la Quinta del Buitre, reforzados por aquella llamada <i>de los Machos</i> -H.Sánchez, Gordillo, Buyo-, y con veteranos como Camacho, Juanito o Santillana. El partido será recordado como aquel en el que, en expresión de Valdano <i>los pajaritos le dispararon a las escopetas</i>, cuando Chendo le tiró un caño al propio Maradona. El <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=SoNyrh0kAko">2-0 que los blancos consiguieron</a> de renta fue imposible de remontar en San Paolo. Un 1-1 que dejaba sabor amargo de esa primera experiencia en la máxima competición continental.</p>
<p style="text-align: justify">Mientras, en una Italia que recibía a estrellas como Rudi Völler, Ian Rush, Ruud Gullit, Marco Van Basten o Enzo Scifo, el Napoli sigue a un ritmo intratable. Gana sus primeros cinco partidos de liga destacándose en cabeza, liquida a la <a target="_blank" href ="">Sampdoria en Génova</a> cuando era su principal perseguidor, gana el campeonato de invierno y a finales de febrero saca cinco puntos al Milan de Sacchi. Parecía que el segundo Scudetto iba camino  de Napoles bajo las alas de una delantera que hacía las delicias de los aficionados. Una <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=hGF_7TZYMwo">delantera Ma-Gi-Ca</a>, Maradona-Giordano-Careca. Aunque el término ya existía con Carnevale en lugar de Careca.   </p>
<p style="text-align: justify">El 10 de abril, a cinco jornadas del final, el Napoli tenía cuatro puntos de ventaja sobre los <i>rossoneri</i>, que no habían sido capaces de aprovecharse de algunos de los tropiezos de los líderes en los dos meses precedentes. Pero el Milan encandenó un par de victorias que se revelaron decisivas: ganó en Roma mientras los de Maradona perdían en Turín ante la Juve, venció el Derby della Madonnina al mismo tiempo que el Napoli empataba en Verona. Así pues, los milanistas llegaron al enfrentamiento directo en San Paolo a un punto de los partenopeos. En uno de los partidos más famosos de la historia de la Serie A, los hombres de Arrigo Sacchi <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=KzGXPY5dUy4">se impusieron por 2-3</a>, gracias a un doblete de Pietro Paolo Virdis y a otro gol del recuperado Marco Van Basten, que se había pasado más de media temporada lesionado y empezaba ahora a escribir su leyenda milanista. Tras esto el Napoli se desintegró. Un equipo que había perdido apenas dos partidos de los 25 primeros de liga, perdió cuatro de los últimos cinco y, a pesar de una derrota en los despachos por incidentes contra la Roma, al Milan le bastó un empate en Como para ganar el Scudetto. El único, por cierto, que ganará Arrigo Sacchi en toda su carrera.</p>
<blockquote><p>La consagración de Maradona se produce en las dos siguientes temporadas, pero la puerta de salida se va abriendo.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El verano del 88 es tenso, más que nunca. Maradona y Bianchi no se soportan y eso pone las cosas difíciles. El campeonato italiano, además, sigue reforzándose más y más, y la Sampdoria se consolida como un equipo a tener en cuenta bajo la guía de Vujadin Boskov. Los holandeses del Milan se consagran en la Eurocopa y Sacchi trae a Rijkaard. Trapattoni pesca en Alemania a Matthäus y Brehme, también llegan al Inter Díaz y Berti.  Ferlaino, por su parte, no quiere ser menos y firma al <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=9bLTLkqV6gs">centrocampista brasileño Alemao</a>, que llega del Atlético de Madrid. El de Lavras es un medio con muchísimo recorrido y que también distribuye el juego. Junto a él, Luca Fusi y Massimo Crippa compensan la marcha de Bagni. La defensa se mantiene, pero Garella deja paso a Giuliani en la portería.  También abandona el equipo Bruno Giordano, asumiendo Carnevale más cuota de protagonismo.</p>
<p style="text-align: justify">El equipo, como podemos observar, cada año es mejor, más completo y con una rotación mayor, pero esta temporada 88-89 no será recordada por su actuación en la liga. La Serie A ha aumentado hasta 18 equipos, y<span class="pullquote_right">El Napoli no puede con el Inter en Liga, pero va a por todas en la UEFA</span> las cuatro jornadas extra sólo servirán para que la máquina de Trapattoni, el llamado <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=h9No_LGrnvQ"><i>«Inter de los Alemanes»</i></a>, destroce todos los records habidos y por haber en el campeonato italiano. Gana la liga con 11 puntos de diferencia sobre un Nápoles que sólo pierde 5 partidos –pero es que el Inter gana 26-, encaja apenas 19 goles, marca 67, y Aldo Serena marca 22 goles, algo que no se veía desde hacía más de 25 años. Careca y Carnevale tienen una gran temporada anotadora -19 y 13-, pero Maradona arrastra problemas físicos que volverán habitual el hecho de que juegue infiltrado. Sin embargo, en la Copa de la UEFA, el Napoli sí deja su sello. Tras la decepción del año anterior, Maradona está dispuesto a ofrecer un título europeo a la ciudad. Se sufre para eliminar al PAOK de Salónica y al Lokomotiv de Leipzig, y aún más para superar a un talentoso Girondins de Burdeos. Carnevale marcó pronto en el Parc Lescure, pero el resto de la eliminatoria fue cerradísima, los partenopeos pasaron por ese escaso 1-0. </p>
<p style="text-align: justify">Con la liga ya prácticamente perdida, en marzo se jugaron los cuartos, y el emparejamiento con la Juventus tuvo tintes épicos. Entre otras cosas porque los napolitanos necesitaron remontar un 2-0 adverso que se habían traído de Turín. La Juve estaba lejos de su mejor época a inicios de la década, pero aún contaba con grandes jugadores como Laudrup, Rui Barros, Alejnikov, Zavarov o Marocchi. San Paolo reventó cuando, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=WcfvA-SwN0s">en el minuto 119</a>, un gol de Alessandro Renica –uno de los jugadores más injustamente olvidados de ese equipo- hacía valer los de Maradona y Carnevale, y enviaba al Napoli a las semifinales, además de fastidiar a la odiada <i>Vieja Señora</i>. Cabalgando sobre esa euforia consiguió, apenas 15 días después, el cuadro celeste <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=LvyZjxL_oHs">derrotar al Bayern</a> en casa merced a goles de Careca y Carnevale. Un doblete del brasileño selló el empate en tierras muniquesas y la presencia de los napolitanos por primera vez en una final europea.</p>
<p style="text-align: justify">El rival sería el Stuttgart de Jürgen Klinsmann, Fritz Walter o Srecko Katanec. Además, los alemanes comenzarían adelantándose en la ida, merced a un gol del excelente y técnico centrocampista Maurizio Gaudino, que complicaba bastante las cosas por su valor doble. Maradona de penalti y Careca apenas tres minutos antes del final<span class="pullquote_left">Maradona no pudo irse a Marsella, pero a cambio Ferlaino se cargó a Ottavio Bianchi</span>, colocaban una victoria mínima que se confirmaría con un espectacular <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=X36jxuM3uXY">empate a tres</a> en el Neckarstadion. La Copa UEFA viajaba también al sur de Italia y Nápoles seguía viviendo el sueño. La derrota en la <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=saHkpFAAhAk">final de Coppa</a> ante la Sampdoria se le perdona a un equipo que estaba llegando a cotas nunca imaginadas. Ese sueño parecía tornarse pesadilla cuando ese verano Maradona acusaba a Ferlaino de incumplir su promesa de dejarle marcharse a Marsella si daba al Napoli un título europeo. Maradona estaba ya cansado del estrés de su vida en Italia, de estar siempre vigilado y bajo presión. Buscaba algo nuevo y Marsella y el proyecto de Tapie parecían ideales. Pero Ferlaino se negó a traspasarle, sabía que la afición no se lo perdonaría y, además, la Copa UEFA no era el título europeo en el que el presidente pensaba cuando hablaba con Maradona. A cambio, le ofreció la cabeza de Bianchi, que fue sustituído por Albertino Bigon, un entrenador conocido por su <i>laissez faire</i>. Así pues, Maradona se quedó, y con un equipo sin bajas destacables y las adquisiciones del centrocampista Massimo Mauro y de Gianfranco Zola, comenzó una temporada que terminaría con lo que debía ser el cúlmen del fútbol italiano como capital mundial de este deporte: Italia 90.</p>
<p style="text-align: justify">El 17 de septiembre, tras remontar ante la Fiorentina, el Napoli se hace con la cabeza de la clasificación y, consiguiendo grandes resultados en los enfrentamientos directos con sus rivales (<a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=zSIR11R7mDA">2-0 al Inter</a>, 3-1 a la Roma y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=PYCstaEm1EE">3-0 al Milan</a>), los partenopeos se consagraron campeones de invierno. Al inicio de la segunda vuelta el equipo bajó un poco el rendimiento permitiendo la recuperación de sus rivales, especialmente del Milan, que se confirmó como el principal perseguidor y que incluso les devolvió el 3-0 de la primera vuelta. Tras esta dura derrota contra los rossoneri, el Napoli no levantó cabeza y también perdió contra el Inter, momento que el cuadro de Sacchi aprovechó para ponerse líder y mantenerse así hasta el 8 de abril. Lo que se iba a vivir a partir de esa fecha fue algo muy parecido a lo sucedido en 1988, pero a la inversa. Los milanistas empataron en Bolonia mientras el Napoli derrotaba a la Atalanta en los despachos –Alemao fue alcanzado por una moneda-. También sufrieron los de Sacchi una sorprendente derrota ante un Verona que luchaba por no descender. A pesar de empezar ganando, se vieron remontados y perjudicados por tres expulsiones, entre ellas la de Van Basten. Mientras, el Napoli le metía cuatro al Bolonia y se ponía líder, asegurándose el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=UrDaNIioDKA">segundo título</a> de campeón de Italia con una victoria en casa <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=9QVKUUjJlkw">contra la Lazio</a>. Maradona había llegado a final de temporada muy disminuido físicamente, arrastrando problemas en ambos tobillos. Pero no había tiempo para quejarse, aguardaba el Mundial.</p>
<blockquote><p>Italia 90 fue el canto del cisne para el gran Maradona y para el Napoli.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Argentina llegaba a defender su título mundial rodeada de problemas. Lesiones, sanciones y retiradas de jugadores importantes, además de una serie de malos resultados tenían a Bilardo y sus hombres en el alambre. Pero nadie lo estaba más que Maradona, que para aquel entonces se había convertido en el personaje más perseguido<span class="pullquote_right">Maradona llegó al Mundial de Italia como un personaje odiado</span> de Italia, en enemigo de las clases dirigentes y de todos los peces gordos del Calcio. Y Diego estaba dispuesto a cobrarse la mayor venganza posible contra ellos en su Mundial. Italia, por su parte, era <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=zYiAuas76aU">la gran favorita</a> para ganar la Copa del Mundo. Tenía un fantástico grupo de jugadores dirigidos por un entrenador, cuanto menos, mediocre. Los italianos, con una unidad defensiva sideral –Zenga, Bergomi, Baresi, Ferri, Maldini-, las gotas de calidad de Giannini, Berti y Donadoni, la estrella de Baggio y la revelación de Schillacci navegaron por aguas más o menos tranquilas hasta las semifinales. Argentina, por su parte, lidió desde el primer momento con todo tipo de problemas y su camino hasta el penúltimo partido  fue un calvario. Pero Maradona los lideró bien tras la derrota contra Camerún. <i>Echó una mano</i> <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=HJ-KEzL7EDg">contra la URSS</a> -demostrando que dios era realmente ambidiestro- y se sacó de la manga una victoria que sumió a Brasil en una crisis existencial como no se había visto desde 1950.</p>
<p style="text-align: justify">Bien, pues Italia y Argentina, por esas casualidades de la vida, se debían medir en Nápoles. Y para entonces Maradona era el Rey de Nápoles y esta, la capital de Argentina. Y Diego usó todo su poder: les recordó a los napolitanos los gritos de <i>terroni</i> y <i>lavatevi</i> y todas las injusticias que con ellos cometía una Italia que sólo parecía acordarse del sur cuando le convenía. Esto tocó la fibra de muchos y, aunque San Paolo permaneció <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=H1vqEGsWETE">mayoritariamente italiano</a>, ni mucho menos fue un estadio hostil para Argentina. Italia nunca perdonaría eso a Maradona, y más aún cuando la espada con la que Diego les había amenazado mediante sus declaraciones se clavó en el corazón de una Azzurra que se veía en la final. El propio Maradona lo sabía: su etapa italiana estaba acabada. Los pitos al himno durante la final y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=svEx6iCV1s8">los insultos</a> que el Diez dedicó a la cámara, para que todos lo entendieran clarito, sellaron el divorcio.</p>
<p style="text-align: justify">Argentina perdió la final e Italia disfrutó de las lágrimas de capitán albiceleste. Era cuestión de tiempo que Diego desapareciese para siempre de Italia y de Nápoles. Los rumores sobre droga, Camorra y demás asuntos turbios se hacían más y más intensos. Nadie quería creerlo, nadie quería verle caer en Nápoles.</p>
<p style="text-align: justify">El <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=xo1LT6PUPJY">17 de marzo de 1991</a> sucedió. Apareció la <i>blanca mujer</i> de la que hablaba <i>El Potro</i> y Diego voló. El Napoli, de tanto añorarlo, le copió la vida, descendió a los infiernos, estuvo a punto de morir y resurgió de sus cenizas para volver a situarse, no sin sufrimientos, en una posición cómoda.</p>
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		<title>La Francia de «Le Carré»</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Apr 2020 08:06:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span class="dropcap">E</span>n estos tiempos en los que para la selección francesa, tras superar la oscura época de Raymond Domenech, se abre una nueva etapa de esperanza con Laurent Blanc al mando, consideramos interesante volver la mirada atrás y echar un vistazo<span id="more-271978"></span> al estilo que encumbró al fútbol francés entre los más destacados del planeta fútbol.  Después de más de una década de estar en  un lugar preponderante en el plano internacional, habiendo disfrutado de su <i>generación dorada</i> y ganando todo lo ganable, nos preguntamos qué es lo que falla para que el actual y excelente grupo de jugadores no rindiese al nivel que todos esperamos de él. Quizá el problema sea el estilo de juego. La <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/worldcup/archive/edition=1013/overview.html">generación dorada francesa</a> es la de Zidane, Djorkaeff, Henry, Pires, jugadores técnicos en la mejor línea de la escuela francesa. Pero también es la Deschamps, Vieira, Desailly, Makelele, Thuram, Petit, etc, es decir, cemento puro y duro. En ello se sustentó el estilo de juego de toda una década, y en ello intenta basarse la actual selección francesa. Pero los resultados no son tan satisfactorios como debieran, a pesar de la expectación que el conjunto comandado por el ex técnico del Girondins de Burdeos está generando al comienzo de esta Eurocopa.</p>
<p style="text-align: justify;"><a target="_blank" href ="http://www.eurocopa.com/selecciones/francia">El plantel con el que cuenta Blanc</a>, con una buena batería de hábiles centrocampistas (Ribery, Nasri, Cabaye, Ben Arfa, Martin), debería dejar de abusar del músculo que le proporcionan las colonias y volver a los orígenes, al estilo que, desde siempre, ha caracterizado al fútbol francés. El llamado <i>«football champagne»</i>. Este es el estilo que hizo célebres a los franceses, allá por finales de los 70 y comienzos de los 80, y que venían practicando desde hacía más de 30, con mayor o menor resultado, pero siempre fieles a ellos mismos y a la manera de jugar que más les convenía.</p>
<blockquote><p>El estilo lo forja un equipo de leyenda…</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">El primer gran equipo francés a nivel internacional data de  mediados de los 50. Albert Batteux había tomado las riendas del seleccionado galo, a la par que las del mejor conjunto del momento, el Stade de Reims. En torno a los jugadores de su propio club, construyó una selección que jugaba un fútbol de seda y cuya actuación en el mundial del 58, en Suecia, maravilló al mundo. Fueron terceros, solo batidos por el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=upxN8isH0Lc">Brasil de Pelé, Garrincha y Didí</a>, y además Fontaine destrozó todos los récords anotando 13 goles en los 6 partidos del torneo. Tal era el caudal ofensivo de este equipo.</p>
<p style="text-align: justify;">Disfrutaba, en este caso de un <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Nrh6t1mZYt8">frente de ataque de lujo</a> con el genio Raymond Kopa, el implacable goleador Just Fontaine, el hábil extremo Jean Vincent y, la clave del conjunto, los interiores Roger Piantoni y Michel Hidalgo. Todos en algún momento de sus carreras formaron parte del Stade de Reims, doble subcampeón de la Copa de Europa, y este último, en su etapa como técnico y 20 años después,<span class="pullquote_right">Tras la época dorada de Kopa y Fontaine, el fútbol francés entró en crisis</span> plasmó el ideal que buscaba Batteux con la selección del mediocampo mágico.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, tras el abandono de Batteux, el fútbol francés entró en crisis. Durante los 60 sus equipos seguían jugando muy bien y estrellas no faltaban, como el veloz delantero Coussou (un prototipo de Henry) o el goleador Combin, pero faltaba un cerebro del mediocampo. Todo ello se solucionó años más tarde, a mediados de los 70. Y, como ya había pasado con el Reims, al amparo de un poderoso club francés que destaca en Europa, en este caso, el Saint Ettiene. Este club, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Y-bGO51_mnI">subcampeón europeo en 1976</a>, formaba un armazón perfecto para la selección gala con Janvion, Larios, Bathenay, los hermanos Revelli, o el veloz <i>«ange vert»</i> Dominique Rocheteau. A ellos se unió en el XI del Gallo el genial líbero Marius Tresor, del Olympique de Marsella, todo un portento físico y técnico. Además, el veterano atacante Henri Michel del Nantes o el goleador del Lyon Bernard Lacombe. Juntos formaban un esqueleto magnífico para un equipo competitivo, pero faltaban el corazón y el cerebro. Y eso es lo que aportó la nueva generación.</p>
<blockquote><p>La generación de Michel Platini.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Para el mundial del 78, en Argentina, el seleccionador Michel Hidalgo comenzó a contar con una serie de jóvenes que cambiarían el rumbo del, por entonces, acomplejado fútbol francés. Un joven defensa del Metz, Patrick Battiston, un escurridizo y polémico atacante del Lens, Didier Six, un potente carrilero del Nantes, Maxime Bossis y, sobre todo, el número 10 del Nancy que había ganado la Copa de Francia, Michel Platini. El hombre más influyente de la historia del fútbol galo. Los franceses deslumbran con su juego en los campos argentinos, pero caen en un grupo muy complicado con los anfitriones, Italia y la poderosa selección húngara de Nyilasi y Torocsik. Francia se va en primera ronda, pero es señalada como uno de los conjuntos a seguir del Mundial.</p>
<p style="text-align: justify;">Se espera mucho de ellos en la Eurocopa del 80, pero caen en la fase de clasificación. Sin embargo, en esta serie de partidos entran en el equipo otros jugadores que marcarán el destino del combinado nacional. El pequeño cerebro del Girondins Alain Giresse, el potente centrocampista del cuadro bordelés Jean Tiganá y el nº10 (aunque siempre usase el 9), del Sochaux, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=n2i4tllXT-I">Bernard Genghini</a>. Llegador excepcional desde segunda línea y un excelso tirador de libres directos, tan bueno como Platini, y que fue opacado, como todos sus compañeros, por el brillo del astro de Joeuf. Pero aquí reside la grandeza de esta selección:<span class="pullquote_left">Había grandísimas estrellas, pero todos estaban a disposición del colectivo</span> la subordinación al equipo de jugadores que podrían haber sido la <i>«vedette»</i> en cualquier otro.</p>
<p style="text-align: justify;">Francia llega al Mundial de España con su mejor equipo. Una defensa de lujo y un medio del campo espectacular. La portería genera dudas (ni Castaneda, ni Dropsy, ni Baratelli, ni Ettori son guardametas de garantías), y la delantera presenta una fantástica movilidad pero poca contundencia. Aún así, en conjunto la selección francesa promete mucho. Comienza mal, perdiendo contra Inglaterra en Bilbao, pero a partir de ahí, los galos desarrollan un juego de toque, preciso y veloz que les lleva en volandas hacia la segunda fase, donde se enfrentan a Austria e Irlanda del Norte en el Vicente Calderón. Aquí despega definitivamente el <i>«fútbol champagne»</i>. Platini da clinic tras clinic, especialmente en el partido en que <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=B0S9waOQn1g">Francia destruye a los rocosos norirlandeses</a> y, aún sin él –sancionado-, el medio campo francés, liderado por Genghini, avasalla a una buena selección austríaca. <i>«Les bleus»</i> se aseguran el pase a la semifinal de Sevilla donde se enfrentarán a un equipo completamente antagónico: la Alemania más poderosa físicamente que se recuerda.</p>
<p style="text-align: justify;">Y aquí, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&#038;v=bka-sSgADwE">en uno de los mejores partidos del siglo</a>, contra un conjunto que ponía en el campo kilos y kilos con jugadores como Dremmler, Förster, Briegel, Hrubesch, etc… Hidalgo arranca sin medio defensivo. Con cuatro jugadores de toque como eran Tigana, Giresse, Genghini y Platini: tres números 10 más un volante mixto. Osadía total.<span class="pullquote_right">Frente a una poderosa y pesada Alemania, Michel Hidalgo jugó sin medio defensivo</span> Y los franceses dominan totalmente, solamente el fondo físico del equipo alemán les permite seguir el ritmo de un conjunto donde el balón se movía a la velocidad de la luz, donde sus tres números 10 rotaban posiciones con total naturalidad, y sus laterales Amorós y Bossis se comían la banda ellos solos, mientras Tresor y Janvion aseguraban la defensa. Littbarski adelanta a los alemanes, gol rápidamente contestado por Platini. En la segunda parte llega el punto clave del partido, la brutal entrada de Schumacher al recién entrado Battiston. Se llegó a creer que el francés había muerto. El golpe anímico es tremendo, también el táctico. Hidalgo debe gastar una sustitución más que le impide dar aire a su medio del campo. El partido termina 1-1 y se va a la prórroga, donde Francia literalmente arrasa a Alemania. 3-1, con tantos de Giresse y Tresor. Es aquí donde la falta de cambios empieza a afectar a Francia. Y quizá también el mal de altura, el miedo a ganar. Alemania, renacida y liderada un fresco Rummenigge y las acrobacias de Klaus Fischer, empata. En los penaltis, ocurre lo inevitable… La derrota más dolorosa de toda una generación.</p>
<blockquote><p>Caer para levantarse más fuerte.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Quedaba la incógnita de cómo superaría el equipo la derrota, pero el propio Hidalgo lo dejó claro: <i>«Francia no cambiará su estilo de juego, así hemos llegado hasta aquí, donde nunca habíamos estado. No nos estamos equivocando»</i>. En 1984, los franceses organizaban por segunda vez la Eurocopa y el torneo se presentaba como la reválida para el fútbol champagne. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=3Q7NQzVO7HM&#038;feature=results_video&#038;playnext=1&#038;list=PLD0036EE83D790DAE">Francia arrasó</a>, ganando el torneo con el mejor juego que se había visto en el Viejo Continente. El equipo había encontrado un gran guardameta en la figura de Joel Bats, Battiston se había afianzado en la defensa tras superar la rotura de vértebra y los meses en el hospital que le había producido la entrada de Schumacher en el Mundial, Genghini pasó a ser el jugador nº12 y su lugar en el campo lo ocupó Luis Fernández, un centrocampista mixto que se compenetraba a la perfección con Tiganá y permitía a los genios Giresse y Platini crear a su antojo. Estos cuatro formaron el conocido <i>«carré magique»</i>, expresión que haría fortuna para denominar al centro del campo francés. Y arriba, la gran lacra del fútbol francés era no contar con un implacable goleador, pero Bellone y Six se las arreglaban bien.</p>
<p style="text-align: justify;">El caso es que esa supuesta falta de gol la eliminó Platini de un plumazo. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&#038;v=qza4Gn05DRQ#!">Hizo un torneo perfecto</a>, dando la mayor exhibición individual que se recuerda -junto a la posterior de Maradona en el 86-, y demostró que en aquel año 84 era indiscutiblemente el mejor ymás completo jugador del mundo. 9 goles, ¡9!,<span class="pullquote_left">Ante la falta de un delantero goleador, apareció Michel Platini con nueve goles</span>  tres con la derecha, tres con la izquierda y tres de cabeza. PERFECTO.</p>
<p style="text-align: justify;">Ese mismo verano del 84, la selección olímpica -en aquel entonces jugaba jugadores que NO habían disputado nunca una Copa del Mundo-, dirigida por Henri Michel ganaba la <a target="_blank" href ="
http://www.youtube.com/watch?v=KfZrxItkES4">medalla de oro de los JJ.OO. de Los Ángeles</a>, jugando el mismo estilo que la absoluta, y derrotando a la Brasil de Bebeto y Dunga. Tras el éxito de la Euro, el ya veterano Hidalgo dejó la selección, pero su lugar lo tomó el más indicado, el propio Henri Michel. Esos años 84, 85 y 86 son los que culminan un estilo de juego. Francia gana, gusta y se afianza como el mejor equipo del mundo. Aunque los años ya pesan (sobre todo a Giresse, y también a Genghini, que como todos sabemos, es un poco <i>«el D’Artagnan»</i> de este cuarteto, el que nadie nombra pero siempre está ahí), el carré magique sigue maravillando. Llegan a México 86 en un gran estado de forma y con dos jugadores, provenientes del equipo olímpico, que parece pueden solucionar el tema de la delantera: el espigado y veloz Yannick Stopyra y el implacable Jean Pierre Papin.</p>
<p style="text-align: justify;">Francia abre juego contra Canadá en lo que se prevé una goleada por parte de los campeones de Europa. Ni mucho menos, los canadienses se hacen fuertes en torno al guardameta Paul Dolan y su líbero, la leyenda de la NASL Bobby Lenarduzzi, y salen a la contra velozmente con el atacante Igor Vrablic, que juega en Bélgica. Francia domina, asedia durante casi 70 minutos la puerta canadiense sin éxito. Finalmente, Papin rompe su defensa y marca el definitivo 1-0. El segundo partido es contra la poderosa URSS, que venía de destruir a la Hungría de Lajos Detari por 6-0 y que no tarda en adelantarse con un trallazo marca de la casa de Vassili Rats. Francia saca su casta de campeón y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=unNDcYwN-ZE">consigue el empate 1-1</a>. El último partido de grupo lo ganan fácilmente contra los húngaros. Pero la delantera sigue sin funcionar y todo el peso sigue recayendo sobre el cuadrado mágico, que parece cada vez más afectado por el infernal calor mexicano. Sólo el joven Luis Fernández mantiene el ritmo, corriendo de un lado para otro sin parar.</p>
<p style="text-align: justify;">Los octavos de final preparan un plato fuerte. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Y_-3H7Nyadc">Francia vs Italia</a>, a quien los galos no han derrotado oficialmente en 50 años. En este partido <i>«Les Bleus»</i> renacen e imparten otra lección de fútbol. Platini y el cuestionado Stopyra dejan el 2-0 definitivo. Y espera Brasil. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Zio9L3rCUtg">El partido es una oda al fútbol</a>, no puede ser menos dada la acumulación de talento de ambos conjuntos. Además, tiene de todo. Se adelanta Brasil por medio de Careca, empata Francia por medio del inevitable Platini, vuelve a dominar Brasil. La segunda parte pertenece a los galos pero la <i>«canarinha»</i> creó mucho peligro en las contras y, casi al final, Zico dispone de un penalti para ganar el partido. ¡Pero Bats lo detiene! Y aquí comienza el partido de su vida. El guardameta del PSG<span class="pullquote_right">En una verdadera oda al fútbol, Bats frenó a la Brasil de Zico para llegar a la final</span> para todo lo que le echan en una actuación espectacular. Incluídos dos penaltis en la tanda, donde Michel Platini falló el único penalti de su carrera, que envían a Francia a las semis por segundo mundial consecutivo.</p>
<p style="text-align: justify;">El cuadro de partidos de Francia en México es aterrador. Por si fuera poco haberse medido con la URSS, Italia y Brasil, las semis les regalan de nuevo a Alemania y, al fondo en una hipotética final, la Argentina de Maradona. Francia juega en el estadio Jalisco agotada física y mentalmente, Bats falla estrepitosamente en un lanzamiento de falta de Andy Brehme -un poco al estilo de Arconada en la final 84… ¿Justicia poética?- y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=3GPyYbtcnE0">los galos caen 2-0</a>. Adiós al sueño de ganar un mundial para gran parte de sus componentes.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras el mundial, la selección pierde a Platini, Giresse y Genghini. Battiston y Bossis se retiran poco después. Los galos vagan sin rumbo por los campos de Europa. No se clasifican para defender su título europeo en el 88, tampoco acuden a Italia 90. Sí recuperan un poco de su antiguo brillo en las clasificatorias de la Euro 92. Platini está ahora al mando del equipo como seleccionador y el número 10 lo luce un veterano Luis Fernández, el menos brillante del legendario cuarteto. Esto es un signo de cómo van las cosas. <a target="_blank" href ="http://europelotas.wordpress.com/2011/04/20/jean-pierre-papin/">Papin está en el mejor momento de su carrera</a>. ¡Lo que hubiese dado Platini por ese Papin en esas semifinales contra Alemania! Francia arrasa en la clasificación, fieles a su estilo con Papin, Sauzee, Deschamps, Cantoná… pero queda fuera en la primera fase, en un grupo con Inglaterra, Dinamarca y Suecia.</p>
<p style="text-align: justify;">Con la eliminación de USA94 muere definitivamente el futbol champagne. Aimé Jacquet, el creador de un Girondins de Burdeos que representó mejor que nadie ese estilo en los 80, le da el golpe de muerte. Adiós Cantoná, adiós Sauzee, adiós Ginolá, adiós Papin. Hola Karembeu, hola Vieira, hola Petit, hola Djorkaeff, hola Zizou. La transición hacia la nueva Francia, la <i>Francia multicolor</i> era un hecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">Texto publicado el 12 de junio de 2012</p>
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		<title>La Quinta del Buitre: futuro, presente, pasado (I)</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Mar 2020 03:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Pocos momentos provocan en el aficionado al fútbol las sensaciones del camino al estadio. Aun más cuando juegan los dos primeros equipos de la clasificación en un partido altamente anticipado. Ochenta mil personas haciendo el mismo peregrinaje, dirigiéndose a su puerta, abarrotando las gradas, animando al conjunto blanco, líder en la Liga, que se enfrenta [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Pocos momentos provocan en el aficionado al fútbol las sensaciones del camino al estadio. Aun más cuando juegan los dos primeros equipos de la clasificación en un <a target="_blank" href ="https://elpais.com/diario/1983/12/03/deportes/439254003_850215.html">partido altamente anticipado</a>. Ochenta mil personas<span id="more-271947"></span> haciendo el mismo peregrinaje, dirigiéndose a <i>su</i> puerta, abarrotando las gradas, animando al conjunto blanco, líder en la Liga, que se enfrenta a su oponente bilbaíno, segundo y pisándole los talones. Los merengues llevan toda la temporada impresionando con su juego, y los leones no le andan a la zaga. El partido es de poder a poder y el Bernabéu, absolutamente lleno, disfruta a pesar de que los locales no cuentan con dos de sus mejores centrocampistas. Esa temporada es mágica para los madridistas, que a 3 de diciembre no solo son primeros sino que ya han eliminado de la Copa del Rey al Betis. Pocas semanas antes el buen juego de los locales metió 60 mil espectadores en el coliseo blanco para un derbi madrileño. En la eliminatoria contra el Betis y en un partido contra el Deportivo la gente también responde en grandes cantidades. El momento clave llega en un saque de falta cabeceado a la red por el menudo delantero madridista, ese del que todos hablan maravillas y que no hace tanto fue muy alabado en la prensa. El equipo vuela y con él la imaginación de una afición que siempre exige cotas mayores. Estos chicos serán clave en el futuro del primer equipo más pronto que tarde.</p>
<p style="text-align: justify">Efectivamente, el futuro. Porque el presente, ese 3 de diciembre de 1983, es un partido de Segunda División. El filial del Real Madrid, el Castilla, finalista de Copa hace tres años, es ahora líder de la categoría y se enfrenta a un Bilbao Athletic repleto de buenos futbolistas que ya alimenta a su equipo mayor, el conjunto dominante del fútbol español en esa época. El Betis, un <i>primera</i>, había caído ante los castillistas en Copa, y sesenta mil almas se juntaron en el Bernabéu para verles jugar ante el Atlético Madrileño, filial rojiblanco. Faltan dos de los mejores centrocampistas del equipo, Sanchís hijo -pasará un tiempo antes de que pueda deshacerse de la coletilla- y Martín Vázquez, que han viajado a Murcia para debutar con el primer equipo, pero todavía está Míchel en la banda derecha, el diablillo Pardeza en la izquierda -recibiendo entradas criminales de Bolaños- y el autor del gol de la victoria, Emilio Butragueño, el Buitre, en la punta del ataque. Apenas tres semanas antes, el 15 de noviembre, <a target="_blank" href ="https://elpais.com/elpais/2013/11/14/icon/1384450140_310238.html">Julio César Iglesias les había bautizado</a> como la <i>«Quinta del Buitre»</i>. Por aquello de tener todos la misma edad, pero al mismo tiempo refiriéndose a esa quinta velocidad que tenía Emilio. En aquella época casi todos los coches tenían cuatro velocidades, así que la quinta era algo así como un extra. Pero ya habrá tiempo de hablar de ese tema.</p>
<h2>¿DÓNDE SE CRIA LA QUINTA?</h2>
<p style="text-align: justify">Los inicios de los 80 en España fueron una época curiosa e interesante en casi todos los ámbitos. El país daba pasitos de recién nacido en su nueva condición de democracia lo que conllevaba, como con todos los bebés, algún que otro tropezón &#8211;<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=5E6fIfTz2d4">¡se sienten, coño!</a>&#8211; y modelitos cuanto menos señalables, como aquellas <a target="_blank" href ="http://estaticos.elmundo.es/assets/multimedia/imagenes/2014/10/16/14134510153047.jpg ">chaquetas de pana</a> que nuestro flamante presidente socialista lucía con el mismo orgullo con que su segundo al mando llevaba las gafas estilo chica del <i>«Un, Dos, Tres»</i>. Son etapas de la vida y hay que pasar por ellas. Futbolísticamente esos primeros años de la década supusieron también una ruptura con lo anterior, ya que dos equipos vascos, la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao se tornaron dominadores del balompié patrio. Con un fútbol aguerrido, físico -no mucho más que la media española, vamos a romper ya ese mito- y no exentos de calidad, los de Ormaetxea y Clemente firmaron cuatro años de impasse en el tradicional dominio madridista, lo que unido a un Atlético de Madrid que ya no era el mismo que en la década anterior creo, una vez mas, un escenario casi inédito en otro ámbito de la vida española. Caso aparte era el Barcelona, a quien nunca faltó el dinero y que bajo la dirección de su nuevo presidente José Luis Núñez estaba dispuesto a hacer saltar la banca y seguir trayendo a las más rutilantes figuras del fútbol internacional, como era tradicional del club. Así pues, desembarcará Schuster y también Maradona, tomándole el relevo a Krankl y Simonsen. Quini, goleador de categoría, cambiará su amado Molinón por el Camp Nou, pero los resultados en Liga no llegarán hasta el mandato de Terry Venables, un técnico británico sin la cabeza de ladrillo de Weisweiler o Lattek. De entrenadores tampoco fueron nunca faltos los blaugranas. Esta época del fútbol español coincidió <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=xp_1I2YtX8o">con nuestro Mundial</a>, donde esta mezcla de caracteres que iban desde el aguerrido Camacho, hasta el pequeño diablo López Ufarte pasando por Arconada, José Ramón Alexanko, Juanito, Santillana, Quini, el inclasificable fenómeno que era Gordillo y la clase de Zamora en el medio del campo, parecieron abocados al fracaso desde el principio, aplastados por la presión de la cita y su propia falta de nivel en un campeonato en el que, precisamente, sobró calidad y equipos de categoría. </p>
<p style="text-align: justify">En este ambiente el Castilla, equipo filial del Real, vivió sus años dorados. Ya en el año 80 sorprendió a propios y extraños con su extraordinaria andadura en la Copa del Rey. Un equipo en el que sólo Ricardo Gallego -y el portero Agustín en cierto modo- llegaría a hacer carrera en el primer equipo se plantó en la final eliminando a cuatro equipos de Primera División. Y no unos cualquiera, además del Hércules, el Athletic de Bilbao, la Real Sociedad que no tardaría en ganar la Liga dos años seguidos y un Sporting de Gijón que contaba con Quini, Maceda, Cundi o Ferrero, un conjunto de campanillas en la época. Así pues, los castillistas <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=vy7w0wAl4ZU">se plantaron en la final</a>, algo que nunca será igualado, donde sucumbieron ante el primer equipo en una fiesta totalmente blanca en el Bernabéu. Aun así, el gran aporte del Castilla durante la década todavía estaba por llegar. Entre el año 81 y el 85 dará a luz a un grupo de jugadores que cambiará el fútbol español, no solo por su manera de jugar sino también a nivel cultural y mental. </p>
<h2>LA QUINTA, EL FUTURO</h2>
<p style="text-align: justify">En aquel horno a fuego lento que era el filial, ninguno de los componentes de esta generación pasó tanto tiempo como Míchel, nombre futbolístico que será pronunciado de mil maneras por locutores de todo el mundo, y que será el primero en debutar en la máxima categoría del fútbol nacional. Fue en circunstancias especiales, durante una huelga de futbolistas que obligó a los filiales a jugar en una jornada de Liga. Como si tuviese que ir marcando territorio, Míchel anotó el gol de la victoria de su equipo. Tardaría algo más de dos años en volver a pisar esos pastos, algo que le frustró, consciente de la calidad que atesoraba. Su pierna derecha era un guante y se sentía en casa jugando como centrocampista diestro, aunque lo veremos de lateral, de interior e incluso de líbero.</p>
<p style="text-align: justify">Con Míchel llegó al Castilla un menudo delantero centro que se convertiría en el yerno ideal de todas las madres de España. Pelo rubio y rizado, ojos claros y, quiero pensar que olía de maravilla, aunque solo fuese porque su padre tenía una perfumería. Estudiante en un prestigioso colegio madrileño y madridista de cuna. Emilio Butragueño, un as dentro del área, capaz de librarse de sus marcadores en los espacios más cortos y con una habilidad natural para rapiñar goles en el área. Con ese apellido y ese don, el Buitre había nacido y ni él mismo se imaginaba lo que representaría durante la siguiente década. Tras marcar 40 goles en el filial, Alfredo di Stefano <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=r18k7-zpwEg">le dio la alternativa</a> en el primer equipo en la temporada 83-84 y ya nunca miró atrás. A Míchel y el Buitre, ya para la posteridad pareja de baile, dúo artístico, se les unió en el 82 un menudo extremo onubense, rápido como él solo y que iba a recibir las peores patadas de todo el grupo. Miguel Pardeza era el complemento de Butragueño en ataque, el recurso del Castilla cuando no había recursos, como lo había sido Paco Gento décadas atrás para el Madrid de las Copas de Europa. <i>«Si no sabes qué hacer, dásela a Miguel, él se irá por velocidad, inventará algo o recibirá una tarascada y forzaremos una falta»</i>. Pardeza nunca se consolidará en el primer equipo, pero tendrá una destacada carrera como jugador profesional.</p>
<p style="text-align: justify">En la 83-84, pasan fugazmente por el filial madridista los otros dos componentes de la futura Quinta. Como un visto y no visto, Manolo Sanchís hijo y <a target="_blank" href ="http://www.libertaddigital.com/deportes/futbol/2014-05-09/martin-vazquez-me-ire-a-la-tumba-sin-saber-por-que-mendoza-me-abrio-la-puerta-de-salida-1276518084/">Rafael Martín Vázquez</a>, llegan, aportan su tremenda calidad a un Castilla histórico, y suben al primer equipo. El primero un centrocampista que también puede jugar de central, con calidad para jugar la pelota y carácter. Siempre con la camiseta por fuera del pantalón, sus subidas al ataque, en el estilo de los mejores líberos, le verán convertirse en uno de los jugadores que más veces se ha puesto la camiseta blanca -y uno de los más laureados-. Será tan grande que conseguirá algo muy poco común: que su padre, famoso jugador madridista y campeón de Europa, pasase a ser simplemente eso, el padre de Sanchís.  Vázquez, que era su nombre futbolístico por entonces, era el jugador del que todos hablaban maravillas. Joven prodigio del mediocampo, demostró su calidad en torneos internacionales con los juveniles del Madrid y las categorías inferiores de la selección española. Con una visión de juego fantástica, aglutinaba también las características de los clásicos centrocampistas de la década anterior, con un buen despliegue en el campo y capacidad para jugar en corto y en largo. Le costó adaptarse, fue discutido, pero su calidad acabó por darle el status que merecía. En el segundo plano se movía con comodidad y así, en segundo plano, quedó el hecho de que también a él fue el mismo Julio César Iglesias el que le cambió el nombre. El periodista recordó que había habido un torero de nombre Rafael Martín Vázquez y le pareció adecuado incorporar el primer apellido. Rafael pasó a ser nuestro <i>Gigiriva</i>. <i>Martinvázquez</i>.</p>
<blockquote><p>El fútbol nunca fue tan físico como en ese comienzo de la década de los ochenta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Como ya habíamos dicho, estos primeros ochenta fueron años de contradicciones para el club blanco. Corto de dinero y de talento en muchos casos, el club no olió una liga durante la época de dominio vasco y, para colmo, tampoco después porque el Barcelona de Venables se impuso en el campeonato del 85. Pero con un equipo en el que destacaban los jugadores raciales como Camacho, Stielike o Juanito -estos dos últimos muy buenos jugadores, debemos añadir, más allá de lo volcánico de su carácter-, el ariete Santillana y el portero que tocase, fuese Miguel Ángel, fuese García Remón, se las arreglaron para llegar a una <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8MTkNeEgqik ">final de la Copa de Europa</a>, aquella de 1981, donde plantaron cara al gran ogro europeo de la época, el Liverpool de Bob Paisley. El año anterior solo una desafortunada noche en Hamburgo les había privado de disputar la final en el Bernabeu. El Madrid era un noble de buen linaje venido a menos, pero todavía conservaba uno o dos buenos trajes para las grandes ocasiones. Más decepcionante fue la terrible <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jczRWhlh0ls">final de la Recopa del 83</a>, en Goteborg, donde en un partido malísimo fueron batidos por el correoso Aberdeen de Alex Ferguson. Para el inicio de la temporada 84-85, los madridistas competían en la Copa de la UEFA, un torneo de un nivel tremendamente alto, por la cantidad de equipos competitivos y por la duración del torneo, un mata-mata de seis rondas donde errar normalmente se pagaba con la vida. El Madrid, eso sí, se saltará esta máxima varias veces de manera milagrosa en el siguiente bienio.</p>
<p style="text-align: justify">El fútbol de los ochenta era abrasivo. Invadido por los residuos del fútbol total -todavía había equipos que lo perseguían o que lo habían modificado a su manera-, con una importancia capital del juego sin balón y con una preocupación por el poderío físico como no se había visto nunca. El marcaje al hombre seguía vivito y coleando y la violencia era parte inexcusable del juego. Seguramente el dominio inglés, italiano y alemán ayudó, claro. En todo caso la afición se dividía entre los artistas como Zico, Maradona o Platini con sus regates inverosímiles y su excelente toque de balón y los no menos efectivos y espectaculares Rummenigge, Elkjaer Larsen o Briegel, con su velocidad endiablada, sus cañones en cada pierna y sus pulmones para exportar. En el caso de Chamartín, todo solía acabar en la cabeza de Santillana, previo pelotazo o jugada de Juanito –<i>que la prepara y Santillana mete gol</i>, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oxBLr5tuFnE">tonadilla clásica</a> del coliseo blanco-. Y ahí es donde los chavales de la Quinta, aquellos de los ochenta mil en el Bernabéu en Segunda División, hicieron su entrada.</p>
<p style="text-align: justify">Los blancos iniciaron la temporada con una mezcla de veteranos y noveles, nada más propio, y con intención de recuperar el título liguero. Cuatro de los cinco componentes de la Quinta eran ya miembros del primer equipo -aunque Martín Vázquez, junto a Pardeza, se pasó una parte de la temporada haciendo el servicio militar-. Seguían las viejas glorias en el equipo, Chendo ocupaba el lateral derecho, Gallego se había hecho fijo en un medio del campo donde no se acababa de asentar el talentoso Juan Lozano, y arriba llegaba también ese año un espigado delantero argentino <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=9aaFVUnCmbU">llamado Jorge Valdano</a>. En el banquillo Alfredo di Stefano dio paso al padre de la Quinta, Amancio Amaro, que subió del Castilla pero nunca fue capaz de reproducir su éxito del filial. El Madrid empezó mal el año y siguió siendo irregular en el campeonato de Liga, que fue a parar al Barcelona, al que Terry Venables sacó de una sequía de más de una década. El Madrid acabó quinto, incluso superado por un buen Sporting de Gijón. Amancio fue cesado faltando una jornada. Tras un año en el protagonizó unas cuantas anécdotas interesantes, como aquella  de bajarse los pantalones en White Hart Lane, mostrando las cicatrices de las tarascadas que recibió como jugador para infundir valentía a sus jugadores, o el incidente en Milán donde descubrió a Juanito y Butragueño con compañía femenina antes de un partido contra el Inter. El <i>gallego brujo</i> dejó el equipo con la misión cumplida de haber servido de puente para la integración de sus polluelos del Castilla en el primer equipo. El hombre que le sustituyó fue el apagafuegos de la Casa Blanca, Luis Molowny. <i>«El Mangas»</i> llegó a tiempo para levantar el poco prestigioso trofeo de la Copa de la Liga ante el Atlético y también para culminar una histórica trayectoria en la Copa de la UEFA, qué será la gran narrativa de esta temporada merengue.</p>
<blockquote><p>El Real Madrid encontró en la UEFA una forma de revivir y crear sus grandes noches europeas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Tras liquidar al Wacker Innsbruck austríaco y al Rijeka yugoslavo -el día que un jugador mudo fue expulsado del Bernabeu- en los dos primeros cruces, el sorteo puso al Madrid ante un equipo imponente en los octavos de final. El fútbol belga vivía su época dorada y el Anderlecht era su mejor exponente. El Madrid recibió una <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IYt5GQ8D6_g">buena lección en el Parc Astrid</a>, especialmente en la segunda parte, donde fueron incapaces de contener a Frank Vercauteren, que fue un puñal en la banda derecha belga y especialmente a un jovencísimo Enzo Scifo, que había tomado el relevo del madridista Lozano como cerebro de <i>«les mauves» </i> y mandó en el partido como si fuese un veterano de mil batallas. El 3-0 parecía liquidar la eliminatoria y casi casi la temporada blanca.</p>
<p style="text-align: justify">Pero <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=r0ruiZfGE5U">en el Bernabeu</a>, convertido en una olla a presión, el Madrid salió convencido de la remontada. Atacar, atacar y atacar era la receta y a la media hora la eliminatoria estaba igualada. Sanchís no dio apenas tiempo para asentarse en el campo a los belgas, marcando en el minuto dos. Butragueño, esta noche sí titular, comenzaba su primera gran exhibición con un gol en el 16, mientras Valdano añadía un tercero en el 30. El Bernabéu enmudeció por unos segundos cuando el joven danés Per Frimann marcó el 3-1, dando algo de aire al Anderlecht. Pero apenas cinco minutos más tarde Valdano, que jugaba en un tridente con el Buitre y Santillana, les vacunaba por cuarta vez. En la segunda parte, recital de Butragueño, que añadió dos goles más a su cuenta, cerrando un 6-1 histórico que dio la vuelta a Europa. No es nada exagerado decir que en aquel momento el Anderlecht tenía más caché que el Madrid en Europa y verles caer de esa manera mandó un aviso al resto de conjuntos y al propio vestuario blanco: se podía volver a ganar en Europa. Como ya habíamos dicho, la Copa de la UEFA era un torneo durísimo, y en cuartos de final el campeón en título, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=YQJ4jOQDVGo">los ingleses del Tottenham</a>, con Glenn Hoddle y Osvaldo Ardiles a la cabeza, se cruzaron en el camino del Madrid. Fue una eliminatoria muy cerrada y muy dura, de ahí la anécdota de las cicatrices de Amancio. El Madrid la superó con un solitario gol para llegar a semifinales y medirse con otro hueso, el Inter de Milán. En Italia, los interistas liderados por Rummenigge sometieron al conjunto madridista. Su defensa, con un joven Zenga en la puerta y los rocosos Bergomi, Beppe Baresi, Marini y Mandorlini por delante cerró el partido a cal y canto. Liam Brady y Alessandro Altobelli hicieron el resto. 2-0 y la perspectiva de un cerrojazo en Madrid que había que hacer saltar. Lo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=cbShj4yqJuE">hizo el Madrid</a>, sin Butragueño, y con un Santillana en modo héroe, marcando dos goles con Michel añadiendo el tercero. </p>
<p style="text-align: justify">Tras los últimos cruces, el rival de la final pareció un pequeño regalo. Los húngaros del Videoton, un conjunto sin figuras que se abrió pasó hasta la final -dejando en el camino a Dukla, PSG, Partizan y Manchester United entre otros-, no fueron rivales y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=6sd-WH853lw">el 0-3</a> que el Real Madrid consiguió en la ida en Hungría selló el triunfo en la Copa de la UEFA. El primer título europeo que volaba al Bernabéu desde la lejana Copa de Europa ganada al Partizan.</p>
<p style="text-align: justify">Ese verano de 1985, con Ramón Mendoza ya como presidente, el Madrid da un salto de calidad enorme. El necesario para recuperar la Liga y, viendo la prometedora generación que la cantera le había brindado, aspirar a más en Europa. Con el ascenso de Pardeza al primer equipo, la Quinta jugará completa en Primera y además solo hay una baja importante, la de Uli Stielike. Todos los demás siguen. Pero serán tres fichajes los que acapararán toda la atención: Antonio Maceda, Rafael Gordillo y Hugo Sánchez, tres figurones a los que el mexicano bautizará como la <a target="_blank" href ="http://3.bp.blogspot.com/-LxapSq5KG7U/UzHa12m3fBI/AAAAAAAAAMk/KzHH9qBJDV0/s1600/quintamachos.jpg"><i>«Quinta de los Machos»</i></a>. Sería como fichar hoy a Hummels, Alaba y Lewandowski de una tacada. Maceda venía del Sporting de Gijón, y era un líbero con una clase como había pocos. Se había consagrado en la Euro 84 con su colocación, y su capacidad para sacar el balón jugado e incorporarse al ataque. Estaba llamado a ser el líder de la zaga. Hugo Sánchez venía del Atlético de Madrid y llegó con no poca polémica. Era un goleador de área, genio del remate a un toque. Había comenzado de extremo y le veremos caer hacia esa zona durante el quinquenio mágico del equipo en la segunda mitad de los 80. Tenía una zurda que era un cañón y carácter para enfrentarse a todo y todos. Con él el Madrid completaba un ataque que reunía todos los perfiles imaginables. Sería el mejor complemento para el Buitre. Por último, <i>«el Gordo»</i>, que llegaba del Betis ya con 28 años y mucha experiencia. Un jugador que hizo de la banda izquierda <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=9125X_sgXYA">el salón de su casa</a>. Normalmente catalogado como carrilero izquierdo, podía ocupar cualquier posición en esa banda y será, tácticamente, el jugador más especial y decisivo de ese equipo. Llegaremos a eso.</p>
<blockquote><p>La segunda de la Copa de la UEFA selló el final de la primera etapa de la Quinta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Con Molowny al mando, y con un once tipo en el que Ochotorena y Agustín compartieron la meta, con Chendo, Sanchís, Maceda y Camacho por delante, Gallego, Míchel y Gordillo en el medio y Hugo Sánchez, Butragueño y Valdano arriba, el Madrid arrasa en la Liga. Once puntos de ventaja al Barcelona subcampeón de Europa. Hugo es el máximo goleador, Valdano el mejor jugador y Míchel el mejor jugador español. Martín Vázquez entra poco a poco en un centro del campo en el que las posiciones dejan de ser fijas, con Míchel metiéndose muy al medio y Gordillo haciendo un poco de todo, que es lo que sus pulmones y su clase le permitían. Todavía hay muchísimos minutos para Juanito y Santillana se confirma con el revulsivo. Los tres de arriba le cierran el paso al veterano favorito del Bernabéu, y Hugo, Valdano y el Buitre se entienden a las mil maravillas, intercambian posiciones y aparecen desde todos los frentes. Son una pesadilla.</p>
<p style="text-align: justify">En Europa, el campeón de la UEFA elimina a AEK de Atenas y Chernomorets Odessa en las dos primeras rondas. El equipo funciona muy bien, pero una noche de noviembre en Moenchegladbach se da de bruces con la realidad. El Borussia aplasta 5-1 a un Madrid inusualmente timorato, que salió a no perder y lo perdió casi todo. Ese solitario gol de Gordillo valdrá oro, aunque supo a poco ante tal varapalo. Dos semanas después, con el Bernabéu de nuevo encendido esperando una hazaña como las del año anterior, Molowny <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=j0ut9evL3Zk">no se guardó nada</a>. Incrustó a Juanito en medio campo y lanzó a su equipo al ataque. ¿Los héroes?, los mismos que en la remontada contra el Inter seis meses antes: Valdano y Santillana. Dos goles por cabeza y la histórica imagen de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=VybNV4BIBZ4">Juanito saliendo de campo</a> a botes de pura alegría. Remontar se estaba convirtiendo en tradición. </p>
<p style="text-align: justify">Pero el equipo gustaba de las emociones fuertes y tras golear al Neuchatel suizo en la Castellana a punto estuvo de ser remontado en la vuelta. A un gol se quedaron los helvéticos de igualar el 3-0 de la ida. De nuevo en semis y de nuevo el Inter era el enemigo a batir. Y como el año anterior había salido una buena película, ¿por qué no repetirlo? El Inter había añadido a Riccardo Ferri a su defensa, un jugador que sería un marcador de élite en Europa durante los siguientes seis o siete años. También a Tardelli en el medio del campo. Y allí seguía el tridente formado por Liam Brady, Alessandro Altobelli y Karl-Heinz Rummenigge. Más el veloz Pietro Fanna en el flanco derecho. Un gran equipo que gracias a dos goles de Tardelli y uno de Salguero en propia puerta se llevaba a Madrid un 3-1 muy positivo. Pero el Bernabéu <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=CHbDmUdyWK8">vivió la enésima noche mágica</a>. Costó abrir el cerrojo italiano, pero Hugo Sánchez lo consiguió al borde del descanso. La segunda parte vio llegar el segundo gol, de Gordillo, que unido al que había marcado Valdano en Milán, clasificaba al Madrid. Pero un penalti de Brady volvía a poner las cosas cuesta arriba. Hugo, de nuevo, marcó para igualar la eliminatoria y llevarla a la prórroga. Ahí surgió la figura de Santillana, que empeñado en ser el protagonista de ambas victorias en la UEFA, se marcó un doblete y liquidó los sueños de los nerazzurri. ¡A la final! Allí esperaba el Colonia alemán, que había llegado a esta instancia mostrando una buena capacidad realizadora, peor sin enfrentarse a ningún rival de verdadera categoría. Tenían cinco internacionales alemanes en el once inicial, entre ellos el gran guardameta Schumacher y los atacantes Littbarski y Allofs. Y a un pequeño diablo saliendo del banquillo, Thomas Hässler. Pero se les cayó el mundo encima en el Bernabéu. Como había hecho el año anterior, el Madrid no les dio opción. Tras curtirse durante todo el año en eliminatorias muy duras, la final fue una fiesta. Hugo Sánchez, Gordillo, un doblete de Valdano y Santillana sellaron <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=eFDs2fW_U-Y ">un 5-1</a> que los alemanes no pudieron remontar en la vuelta. El segundo título sella un bienio mágico para el Madrid. No solo porque se vuelve a ganar sino porque deja unos recuerdos y una experiencia que jamás serán olvidados por el club. Pero con ambas Quintas entendiéndose tan bien y una plantilla fantástica, es momento de pedir más. Hay que aspirar a la tan deseada Copa de Europa. Michel y el Buitre disputan su primer Mundial con España en Mexico y el delantero se consagra como una estrella con sus cinco goles y su sonada actuación ante Dinamarca en Querétaro. España queda eliminada en cuartos, pero las perspectivas son brillantes. El futuro es hoy.</p>
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		<title>La Quinta del Buitre: futuro, presente, pasado (II)</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Jan 2018 03:00:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[El Mundial de Mexico había refrendado el estatus de varios de los jugadores madridistas. Especialmente Valdano, que llevaba dos temporadas a muy buen rendimiento, se consagra como un delantero de primer nivel. Sin embargo, el campeonato deja también una consecuencia desastrosa para la plantilla blanca: Antonio Maceda se lesiona de gravedad y no volverá a [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">El Mundial de Mexico había refrendado el estatus de varios de los jugadores madridistas. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=rCRBFJeS5hE">Especialmente Valdano</a>, que llevaba dos temporadas a muy buen rendimiento, se consagra como un delantero de primer nivel.<span id="more-247066"></span> Sin embargo, el campeonato deja también una consecuencia desastrosa para la plantilla blanca: Antonio Maceda se lesiona de gravedad y no volverá a jugar con el club. Así pues, el que estaba llamado a ser pilar defensivo madridista para el siguiente lustro pasa en blanco tres de los cuatro años de su contrato. Se retirará en 1989, incapaz de haber superado su lesión. La búsqueda del sustituto de Maceda será uno de los constantes culebrones para el Madrid cada verano. Hallar un recambio para un jugador de esa categoría no era fácil, y realmente no se encontraría hasta el momento en que Fernando Hierro pasa a la posición de central varios años después. Mino, el primer hombre firmado para acometer esta tarea, decepcionó. Era un central fuerte, pero carente de la calidad del saguntino Maceda, y no triunfaría en el equipo. Junto a Mino, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=z2UTJs_TwUQ">el otro fichaje de ese año es Paco Buyo</a>, un agilísimo portero que pronto se convertirá en ídolo de la afición. Llega del Sevilla para sustituir a los retirados Miguel Ángel y García Remón y su carácter, sus locuras de cuando en cuando y su capacidad para aparecer en los momentos importantes le consagrarán en el Bernabéu.</p>
<h2>LA QUINTA. EL PRESENTE</h2>
<p style="text-align: justify">En todo caso la firma más significativa del verano del 86, aparte de la que convierte a España en miembro de la Comunidad Económica Europea, se da cuando Leo Beenhakker, un holandés con experiencia en el Ajax y el Zaragoza, asume el mando del equipo. Con él, el Madrid alcanzará su juego más brillante en un trienio que <i>debería</i> traer la Copa de Europa a Concha Espina. Había equipo y había juventud para lograrlo. Con Beenhakker el Madrid se convertirá en un equipo con mil caras. Cada cambio, cada jugador que entraba en el equipo hacía variar el esquema. El Madrid empieza a jugar más dependiendo de los roles del jugador que de una formación concreta. Aunque el sistema base será el 4-3-3, los roles de Michel y Gordillo y la presencia de Valdano harán que el Madrid sea un equipo distinto cada vez que salte al césped. Pero la idea era la misma: tener la pelota, ser verticales y atacar.</p>
<p style="text-align: justify">En la Liga, el Madrid no empezó bien y parecía que el Barcelona de Venables le podía ganar la partida. Los culés habían fichado al máximo goleador del Mundial y uno de los futbolistas de moda en Europa, Gary Lineker, y junto a él otro ariete británico de campanillas, el galés Mark Hughes. Con Schuster moviendo al equipo, el conjunto de Venables parecía un sólido candidato a hacerse con el campeonato, que estrenaba un curioso formato, el llamado <i>play-off</i>, que extendería la duración del mismo en diez partidos más, con una mini liguilla entre los seis primeros clasificados. En el plano europeo, el que más atraía al Madrid, el equipo comienza bien, aplastando al Young Boys suizo antes de coronar a Buyo en <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=vM1YWSHwwVk">una eliminatoria victoriosa ante la Juventus</a>. Fue un doble duelo de poder a poder, con un gol de Butragueño dando ventaja al Madrid tras la ida. </p>
<p style="text-align: justify">En Turín, un tempranero gol de Cabrini empató las cosas, y aunque el Madrid realizó un buen partido, falló bastante y ambos equipos se vieron abocados a la tanda de penaltis. Beenhakker hizo que Valdano, que jugaba por la derecha del ataque, retrasase su posición al medio del campo cuando la Juve tenía a pelota, recuperando su posición en el ataque cuando eran los blancos quienes tenían el cuero. Esto obligaba a Manfredonia o Bonini a retrasarse para ayudar a la línea defensiva, dejando al Madrid con superioridad en el medio. Ahí apareció la pausa de Ricardo Gallego y las internadas en los costados de Michel y Gordillo. Esa línea de tres nominal no lo era, como venimos explicando, y tanto el madrileño como el extremeño tenían libertad para incrustarse en el medio, ayudando a Gallego, o para abrirse en las bandas. No era fácil que los italianos les siguiesen de cerca. En la defensa, Sanchís y  Camacho marcaban a Serena y Laudrup, los atacantes <i>bianconeri</i>, mientras Chendo, al igual que en el Bernabéu, fue el encargado de seguir a Michel Platini. Con el lateral murciano marcando al francés, no era raro ver a Michel de vez en cuando ocupando su lugar en el carril derecho, o a Sanchís caer a ese lado mientras Gallego tomaba a Serena temporalmente. De lo que vemos reflejado en las tácticas de futbolín de los periódicos a lo que pasa en el campo media un abismo. Y en pocos casos ha sido esto tan acusado como con el equipo de la Quinta. En los penaltis, la cosa no pintaba bien cuando Hugo Sánchez falló el suyo, algo nada común, pero ahí apareció Buyo para detener dos y dar el pase a su equipo, refrendando de paso el acierto de su fichaje.</p>
<p style="text-align: justify">En cuartos de final, se produjo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=3mx0CIvlI38">un duelo de alto voltaje con el Estrella Roja</a>. En Belgrado, los yugoslavos dieron un recital, derrotando al Madrid por 4-2. El equipo rojiblanco, que empezaba a incubar el proyecto que desembocaría en su victoria europea de 1991 estaba liderado por el joven Stojkovic, de 21 años, y que pertenecía a una fantástica generación de talento que aparecía por el continente en esa época: Scifo, los miembros de la Quinta, Hagi, Laudrup, Giannini, Vialli y Mancini, van Basten&#8230; Gozaba de buena salud el juego en Europa. Al lado de Stojkovic destacó Mitar Mrkela, un extremo velocísimo al que Mendoza echó el ojo -aunque nunca cumpliría con las expectativas generadas- y un centrocampista lento, pero que controlaba el ritmo del juego a su antojo. Milan Jankovic fue uno de esos directores de juego que hacían lo que debían en los 80 pero que nunca fueron valorados en su justa medida porque su fútbol no era el que imperaba en la época. Si hubiese jugado veinte años más tarde no tendría precio. En el Bernabéu, el Madrid fue capaz de remontar, siguiendo con la tradición de anteriores años, pero Jankovic había comprado su billete para Madrid. El yugoslavo, recién cumplidos los 27 años, recibió el visto bueno de las autoridades de su país para abandonar el fútbol nacional en enero de ese mismo año. Poco podía imaginarse que, apenas un mes después de jugar contra el Madrid, se vestiría de blanco.</p>
<blockquote><p>El Real Madrid fue aprendiendo a competir sobre la marcha en la Copa de Europa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Durante el invierno el Madrid comenzó a apretar el acelerador, lo que le permitió disputar el título con el Barcelona. Con la base creada por Molowny y las ideas de Beenhakker, el equipo recuperó el tono y el fútbol comenzó a fluir. Pero un contratiempo alteró los planes del madridismo cuando Jorge Valdano contrajo hepatitis. Su último partido con el Madrid fue precisamente aquel partido de vuelta ante el Estrella Roja. No volvería a vestirse de corto. Milan Jankovic llegó para sustituirle, ocupar su plaza de extranjero y hacerse con los mandos del centro del campo del Madrid. Las piezas para la mejor versión de esa generación estaban sobre el tapete. Pero la andadura en Copa de Europa ese año se acabará en semifinales. El Madrid debe enfrentarse al Bayern y, como prácticamente cada vez que viaja a Alemania, el partido es un completo desastre. Empezando por la incapacidad de Mino en el centro de la defensa y siguiendo por el lamentable -y célebre- pisotón de Juanito a Matthäus tras una tremenda falta de este a Chendo. Tarjeta roja y posterior sanción de la UEFA. El último partido del ídolo madridista en Europa. El Madrid, para colmo, perdió 4-1 y ni siquiera la reciente buena racha de remontadas europeas en la caldera del Bernabéu influyó en los bávaros. Tan cómodos se sintieron que <a target="_blank" href ="http://as01.epimg.net/futbol/imagenes/2014/04/22/album/1398179546_728028_1398186106_album_grande.jpg">Augenthaler regaló una mítica imagen</a>, haciendo los cuernos a la grada. Los teutones pasaban a la final, que perderían ante el sorprendente Oporto de Paulo Futre y Rabah Madjer. Para el Madrid había sido una buena primera experiencia en la máxima competición continental. <i> Había tiempo</i>. Liberados de la tensión europea, el conjunto de Beenhakker ganó la liga con tres puntos de ventaja sobre el Barcelona.</p>
<p style="text-align: justify">En ese verano del 87 el Madrid sigue con su búsqueda del sucesor de Maceda y del Valencia llega Miguel Tendillo, un defensa internacional con buen pie y experiencia. Es, sin ninguna duda, un recambio mucho más adecuado que Mino, y Tendillo se convertirá en un comodín para el equipo, jugando de central y de lateral con mucha solvencia. <a target="_blank" href ="http://www.jotdown.es/2013/10/guillermo-ortiz-paco-llorente-o-la-ultima-jugarreta-de-ramon-mendoza-a-vicente-calderon/">También llega Paco Llorente, sobrino del mítico Paco Gento</a>. Llorente se desvincula del Atlético de Madrid mediante la cláusula de rescisión, convirtiéndose en el primer futbolista español en hacerlo. El rapidísimo extremo se convertirá en el arma secreta del Madrid durante esta temporada y aportará al equipo lo que se suponía que Mrkela haría de haber fichado. Sin Valdano, Beenhakker opta por dejar el ataque a Hugo Sánchez y Butragueño. El mexicano, que venía jugando un poco escorado a la izquierda empieza a ocupar el centro y el Buitre tiene libertad para venir a recibir y moverse por el frente de ataque. Formarán una pareja que se compenetrará a las mil maravillas. El madrileño estaba ya plenamente asentado como una estrella europea. Ese año quedaría tercero en la votación del Balón de Oro, al igual que había hecho el año anterior. El premio Bravo al mejor jugador joven de Europa lo había ganado los dos años antes, lo cual dice mucho de su categoría, ya que hemos repasado en este artículo quienes eran sus compañeros de generación. Con Hugo en el equipo, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ipp-C5240uQ">el Buitre se convirtió en un asistente de lujo</a>, un jugador que atraía marcajes y hacía más fácil la vida de sus compañeros. También marcaba, por supuesto, y era especialmente hábil en los espacios cortos dentro del área. Butragueño se paraba y amagaba sin amagar -amago neutro-. Arrancaba y ya no podías pararlo. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=BvhIKP_4aeg">Así marcó uno de sus goles de cabecera, al Cádiz en febrero del 87</a>, subiendo la línea de fondo a base de pura calidad y picardía.</p>
<blockquote><p>Michel y Hugo Sánchez realizaron, a su manera, lo que en la NBA estaban haciendo Stockton y Malone.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Por su parte, Míchel también era una figura consolidada, clave en el mediocampo del Madrid y la selección. Su extraordinario despliegue le permitía jugar más como interior o también pegado a la cal, donde sus centros con la derecha estaban entre la élite mundial.<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=v4Tj9iNrA-k"> <i>Michel para Hugo</i> </a>se convirtió en el <i>Stockton to Malone</i> del fútbol. Sanchís estaba en la misma posición, indiscutible en su interpretación del rol de defensa central. No era muy fuerte, ni especialmente rápido, pero era tremendamente inteligente, leía bien los espacios y medía los tiempos de manera excelente. Subía con criterio y era siempre un recurso para mover la pelota en el mediocampo. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=gac1kmlojNw">¿Y Martín Vázquez? Para el centrocampista, el miembro más joven del grupo</a>, esta será la temporada de su consolidación. Ya había jugado regularmente los años anteriores, pero el esquema con tres centrocampistas y la presencia de veteranos con más galones le restaba protagonismo a su indudable calidad. Sin Valdano y sin Juanito, una cuarta plaza de centrocampista se abrió y ahí es donde Martín Vázquez va a entrar y brillar. Con Michel más en la derecha y Gordillo más en la izquierda, Jankovic se hará con el timón del equipo y Rafael será su acompañante. Llegará con claridad a zona atacante, caerá incluso a la izquierda en ciertos momentos y se convertirá, paso a paso, año a año, en la mejor fuerza creativa del Madrid. Una vez más, es el tipo especial de jugador que eran Gordillo y Michel el que permite al equipo blanco tener amplitud en las bandas -sin tener unos laterales especialmente atacantes- y ser fuerte en el medio.</p>
<p style="text-align: justify">La Liga será un paseo, ganado con once puntos de ventaja sobre el más inmediato perseguidor, la Real Sociedad, que vivirá una pequeña resurrección de sus ilustres veteranos, estando dirigida por uno de los entrenadores de moda en España, John Benjamin Toshack, el galés ex delantero del Liverpool. El Madrid oirá más sobre él y su fútbol simplón en el futuro. El Barcelona, que otros años había dado guerra, quedó sexto, hundido entre problemas internos. Los madridistas arrasaron en un campeonato que nunca estuvo en duda, marcando 95 goles y encajando solo 26. Este es seguramente el mejor Madrid de todo el ciclo, y su trayectoria durante el año se puede considerar impecable. Es por ello que cuando el bombo de la Copa de Europa decidió ponerle a prueba, el Madrid respondió como el campeón europeo que todo el mundo pensaba que iba a ser.</p>
<blockquote><p>Los partidos ante Diego Armando Maradona fueron la primera bomba de aquella Copa de Europa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Las emociones fuertes empezaron bien pronto, ya que en primera ronda tocó ni más ni menos que el Nápoles de Maradona, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=vmQ3Y19qg3E">flamante ganador de la poderosa Serie A</a>. Para más inri, el Madrid tuvo que jugar su partido de ida en el Bernabéu a puerta cerrada, debido a una sanción de la UEFA por incidentes en la eliminatoria contra el Bayern el año anterior. Allí se produjo uno de los momentos más conocidos de toda la historia de este equipo, cuando Chendo fue encargado de marcar personalmente a Maradona. El murciano era un habitual de estas lides, pero Maradona eran palabras mayores y se temía que este duelo desequilibrase la balanza. Y lo hizo. El de Totana realizó un trabajo perfecto sobre el astro argentino y hasta se permitió el lujo de tirarle un caño. <i>El día en que los pajaritos dispararon a las escopetas</i>, dijo Valdano. Michel y Fernando de Napoli en propia puerta sellaron un 2-0 esperanzador. Pero faltaba ir a San Paolo, en un ambiente muy caldeado, y contra un equipo que tenía todo para ser un aspirante al título europeo. Esta prueba de fuego la superó bien el Madrid, a pesar del tempranero gol de Francini para los partenopeos. El Buitre empató justo antes del descanso y calmó los ánimos. A pesar de la presión italiana en la segunda parte, el equipo aguantó bien. Beenhakker cambió a una defensa de tres centrales con la entrada de Mino por Gallego en el descanso usando a Chendo y Solana como carrileros de marcado carácter defensivo. También Jankovic sustituyó a Martin Vázquez para matar el ritmo del partido y que no se jugase más -¿suena familiar esto?-. El Madrid pasaba de ronda, y <a target="_blank" href ="http://<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=xLvjhi21xWg">allí esperaba el campeón en título, el Oporto</a>. Y como un campeón cayeron los portugueses, haciendo sufrir lo indecible al conjunto merengue. Se adelantaron en Madrid con un gol de Madjer, su gran ídolo y héroe de la Copa de Europa el año anterior. Solo un arreón en los últimos 20 minutos del Madrid pudo obrar la remontada. El técnico holandés tuvo que recurrir a Santillana, el viejo guerrero, y también a Paco Llorente que entró sustituyendo a Martín Vázquez -este todavía era el primer cambio casi siempre, no importa lo que quisiese hacer el entrenador-. Llorente mostró indicios de que iba a ser una pesadilla para la defensa portuguesa y con goles de Hugo Sánchez y Sanchís el Madrid llevó a As Antas una mínima ventaja. En Portugal se sufrió un calvario, con un Porto dominante que de nuevo se adelantó y una vez más tuvo que recurrir Beenhakker a Paco Llorente. Retiró a Solana en el descanso e introdujo al sobrino de <i>la Galerna del Cantábrico </i> para jugar de extremo izquierdo. Gordillo pasó a jugar de lateral, posición a la que mucha gente lo asocia pero que rara vez ocupó en el Madrid. Y ahí empezó el show de Paco Llorente, que con su velocidad supersónica pareció más Gento que nunca y martirizó a la defensa portuguesa con su desborde, sus internadas y sus centros al área. Míchel, otro que hizo un partidazo opacado por las heroicidades de Llorente, asestó dos golpes que tumbaron definitivamente al campeón de Europa.</p>
<p style="text-align: justify">Hacía su aparición el Bayern de Munich, subcampeón europeo, viejo enemigo del Madrid. El bombo ya estaba claro que no iba a soltar ninguna perita en dulce. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Xk3tq58l7E8">La pesadilla del año anterior parecía repetirse en Munich</a> cuando diez minutos fatídicos colocaban a los alemanes tres a cero. El Madrid fue capaz de capear el temporal y en un esfuerzo final marcar dos veces gracias a Butragueño y Hugo. Se salía vivo de Munich y se había dado una lección de serenidad y madurez. Pero había que rematar en el Santiago Bernabéu. Con una de las alineaciones más fácilmente situables en el campo de todo el ciclo -Buyo; Chendo, Sanchís, Tendillo, Camacho; Míchel, Gallego, Jankovic, Gordillo; Butragueño, Hugo Sánchez-, el Madrid dio matarile también a ese fantasma alemán. No había dudas de que ese año debía caer la Orejona. Quedaban en el bombo el Madrid, el Benfica, el Steaua de Bucarest y el PSV Eindhoven. Parecía escrito, todos buenos equipos, todos con calidad, pero ninguno con los argumentos del Madrid. <i>Este era el año</i>.</p>
<blockquote><p>La eliminación más dolorosa de su historia. El partido que la Quinta no podía perder.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">No pasaba por la cabeza del Madrid el ser superado en lo técnico. De hecho, podemos afirmar que no hubo equipo abrumadoramente superior a los blancos en el plano técnico en todo el ciclo. Pero el plano táctico era otra cosa. La libertad con la que jugaba este equipo, la fluidez con la que interpretaban sus posiciones, la confianza ciega en su capacidad para marcar, todo lo que los convertía en intocables en España, los acercaba a la derrota un poquito más en Europa. Eran tiempos de equipos férreos, tremendamente disciplinados donde el talento se abría camino para decidir, no al revés -que era la manera en que jugaba el Madrid-. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ou7TldUcnhE">Contra el PSV en el Bernabéu</a> el Madrid se ve superado por un equipo que tiene un plan. Lo tiene desde siempre y lo va a imponer a cualquier costa. Que le pregunten a Jean Tigana, renqueante, al que Gillhaus remató de un patadón para liquidar la eliminatoria contra el Girondins. Esto le costará una sanción al jugador cuando se descubra la jugarreta &#8211;<a target="_blank" href ="https://elpais.com/diario/1988/04/03/deportes/576021616_850215.html">y otra a Koeman, por contarla</a>-. Pero les daba igual. A carácter y a mala leche había pocos que les ganasen. Estaba van Breukelen, un portero tocado por una varita mágica y Soren Lerby, un centrocampista danés de ida y vuelta, con mucha calidad y con aún más mala sangre. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=qf73TO9FNCo&#038;t=17s">Y estaba Ronald Koeman, un defensa que podía jugar de pivote</a>, con un desplazamiento en largo como se había visto pocas veces y con un disparo a puerta como no se había visto nunca. En la Castellana empataron pronto el gol de Hugo Sánchez y nunca miraron atrás. Ese gol valía doble, valía oro y, con el Madrid en un estado de aturdimiento, el PSV pudo hacer aún más daño. Su planteamiento defensivo se basó en tres marcajes individuales a Butragueño, Míchel y Gordillo por parte de van Aerle, Heintze y Gerets, y el resultado fue que al Madrid, excelente durante toda la temporada, le faltó fluidez. Aun así, pudo haber ganado el partido merced a un cabezazo del ariete mexicano que van Breukelen salvó espectacularmente. Había que ir a Eindhoven y el resultado no era desastroso, pero moralmente el Madrid salió tocado del Bernabéu. </p>
<p style="text-align: justify">En la vuelta el Madrid salió con un 3-5-2 destinado a tener la pelota y dominar. Chendo, Sanchís y Tendillo jugaban en el fondo, mientras Michel, Martín Vázquez, Gallego, Jankovic y Gordillo lo hacían en el medio, con la delantera habitual. El PSV, sin Koeman sancionado por el affaire Gillhaus, dio entrada al veteranísimo Willy van de Kerkhof como líbero. Su 3-5-2 era el mismo que el madridista, pero sus intenciones las contrarias. Defender ordenadísimos y tratar de cazar una contra. El Madrid salió a tener la pelota, con calma, buscando sus opciones y procurando no quedar expuesto, y así fue como llegaron las primeras ocasiones, especialmente una de Butragueño que elevó la pelota por encima de van Breukelen, perdiéndose esta por encima del larguero. En las demás el portero holandés estuvo soberbio. Conforme pasaban los minutos, el Madrid empezaba a desesperarse ante un gol que no llegaba y el PSV contó con dos buenas ocasiones: un disparo al palo de Lerby y un uno contra uno desperdiciado por Vanenburg. Tras estos sustos, el Madrid tocó a rebato. Santillana y Paco Llorente entraron y los blancos dejaron solo a Chendo y Sanchís como defensas. Las ocasiones se sucedieron, especialmente un cabezazo de Butragueño y una chilena de Hugo Sánchez, pero el gol nunca llegó. Cuando Bruno Galler pitó el final algo decía a los madridistas que, aunque el equipo entraba en plenitud en ese momento, la gran oportunidad para ganar la Copa de Europa se había esfumado.  <a target="_blank" href ="https://elpais.com/diario/1988/04/22/deportes/577663208_850215.html">El vestuario era un mar de lágrimas y las críticas arreciaron</a>, especialmente para Beenhakker y para Buyo, desafortunado en el gol holandés en Madrid. Por su parte, Santillana se retiraba y lo hacía con el terrible sabor de boca que dejaba el ser el mejor equipo del año en Europa pero no haber sido capaz de alcanzar el claro objetivo de la temporada. Se avecinaba un verano movidito, con cambios que pretendían insuflar nuevas energías en el proyecto pero que, en el fondo, cavaron un hoyo más hondo.</p>
<blockquote><p>Aquel verano se producirían varios cambios. El más importante: la llegada de Bernd Schuster.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El más importante de estos cambios, <a target="_blank" href ="https://elpais.com/diario/1988/07/31/deportes/586303201_850215.html">uno muy impopular en el vestuario madridista, fue la salida de Milan Jankovic</a>. El yugoslavo era el metrónomo del equipo, pero Mendoza, ya embarcado en una política paternalista con los miembros de la Quinta &#8211;<a target="_blank" href ="https://elpais.com/diario/1989/08/29/deportes/620344807_850215.html">renovaciones millonarias</a> para evitar la amenaza de la siempre pujante Serie A-, decidió no dejar pasar la oportunidad de incorporar a Bernd Schuster, que había salido del Barcelona y seguía siendo un centrocampista de la máxima categoría. El alemán tenía una visión de juego privilegiada y su capacidad con la pelota parecía encajar perfectamente con la filosofía del equipo. Pero era menos trabajador que Jankovic y el equipo se resintió defensivamente. Además, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=FNAzVpoiKNQ">el alemán comenzó a aglutinar todo el juego de los blancos</a>, se convirtió en la torre de control del equipo, algo que antes no ocurría, ya que la pelota se compartía entre los muchos y talentosos centrocampistas merengues. El Madrid se convirtió en una versión más radical del que tan buen trabajo había hecho en los anteriores tres años, una apuesta total por la pelota y el ataque, casi sin plan B, más allá de las clásicas carreras de Paco Llorente. Se profundizó hasta el límite en un estilo de fútbol que estaba a punto de morir y que el Madrid, al final de este año, se llevó a la tumba. La sensación, más allá de la terrible decepción de Eindhoven es que todavía al Madrid le quedaría algún intento serio de asaltar el cetro europeo. Poco sabían que en el horizonte asomaba un monstruo que iba a cambiar el fútbol para siempre.  </p>
<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=30nXo1P8tp0">La Liga, un año más, es un paseo</a>. El Madrid la gana con cinco puntos de ventaja sobre el Barcelona de Johan Cruyff que, recién llegado, se pasa más tiempo peleándose con el <i>establishment</i> culé para intentar imponer sus ideas que haciendo cualquier otra cosa. Los blancos pierden un solo partido en todo el campeonato y, como pasaría durante todo el lustro, usan la liga simplemente como esos partidos que se juegan entre eliminatorias de Copa de Europa. La obsesión era tan enorme que el título se celebra tibiamente. Un trámite. Otro día en la oficina.</p>
<p style="text-align: justify">La competición europea ve al Madrid deshacerse sin problemas del Moss oruego y pasar un susto terrible contra los polacos del Gornik Zabrze. Los blancos habían ganado 0-1 en Polonia y salieron relajados en la vuelta. Los polacos, jugando a una velocidad sorprendente se adelantan y llegan a remontar la eliminatoria, antes de quedarse sin fuelle y perder 3-2. Cuando el Madrid apretó el acelerador en la última media hora hizo lo que quiso, pero sin dar el 100% pasó por momentos muy apurados. Algo que obviamente sonará familiar a los madridistas actuales. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=H46seKBjhyQ">En cuartos de final se obtuvo la deseada revancha ante el PSV, lo que insufló moral al conjunto blanco</a>. Fue esta la eliminatoria en que Beenhakker se atrevió a sentar a Butragueño en la vuelta. La reprimenda de Mendoza es bien conocida. <i>Butragueño es patrimonio del Real Madrid. No vuelva usted a jugar con él</i>. Mientras, el ogro milanés no lo parecía tanto. Habían sufrido lo indecible ante el Estrella Roja. Incluso habían sido beneficiados por la decisión de repetir un partido suspendido por la niebla. Tras empatar 1-1 en San Siro, el Estrella Roja iba ganando 1-0 y el Milan estaba con diez hombres cuando el árbitro suspendió el partido por la niebla. La UEFA ordenó repetir el partido entero de nuevo y empezando a cero. El Milan consiguió empatar y pasar en los penaltis. Luego, en cuartos los italianos apenas habían ganado 1-0 al Werder alemán.</p>
<blockquote><p>El Milan representaba un futuro que todavía no había llegado y que revolucionaría el fútbol.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La ida en el Bernabéu dejó entrever detalles ya familiares. El Madrid empezó con seriedad y hasta se adelantó con un gol de Hugo Sánchez al borde del descanso. Pero, al igual que había pasado el año anterior con el PSV, el partido se juega en los términos que quería el otro equipo. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=nT9jUA4LUSM&#038;t=3s">El Milan, jugando su novedosa y asfixiante presión</a>, además de una casi infalible trampa del fuera de juego, ahogaba al Madrid. Los <i>rossoneri</i> tuvieron ocasiones que fallaron, pero al final, un espectacular cabezazo en plancha de van Basten, conectando con el esférico a una altura bajísima batió a un nuevamente desafortunado Buyo. Los fantasmas de Eindhoven reaparecían, y la cantidad obscena de fueras de juego en los que incurrió en Madrid -prácticamente a voluntad de un Baresi que levantaba la mano y daba por cerrada esa jugada madridista- hacían ver ya la frustración e impotencia blanca.</p>
<p style="text-align: justify">En la vuelta en Milán, el partido se empezó a ganar desde antes incluso del pitido inicial. Gullit siempre comenta que vio el miedo en los jugadores madridistas. Quizá algo se olían. Pero no se puede achacar lo visto en San Siro a una mala planificación táctica del Madrid. De hecho, su planteamiento es de una lógica abrumadora, aunque muy <i>naïve</i>. Y <i>naïve</i> es lo último que la Copa de Europa te permitía ser. Beenhakker sentó a Miguel Tendillo y decidió jugar con Gordillo de lateral. Como ya hemos dicho, en el Madrid <i>el Gordo</i> hizo de muchas cosas pero de lateral no era como más brillaba. Junto a él, Chendo en la derecha, Sanchís y Gallego en el centro de la defensa. Por delante Schuster, con Michel y Martín Vázquez. Este planteamiento solo puede responder a la intención, a la necesidad de tener la pelota que tenía el Real Madrid. Arriba Hugo y Butragueño, este con movilidad, y Paco Llorente ocupando la banda izquierda, para dar amplitud al ataque madridista. Tener la pelota y percutir, especialmente con la velocidad de Llorente, el hombre que con esas características podía hacer daño a la línea de cuatro defensas de Sacchi. El Madrid comenzó de manera correcta, serio y bien plantado en el campo. Pero al contrario que en Madrid, el Milan no perdonó sus primeras ocasiones y con el 2-0 comenzó la pesadilla. Salieron a flote todas sus debilidades de carácter. Hugo y el Buitre estaban aislados en ataque, Michel y Martín Vázquez devorados por el agresivo centro del campo de Sacchi, Llorente corriendo como un pollo sin cabeza y Gordillo superadísimo en su posición de lateral. El tercer gol cayó antes del descanso y, por pura caridad, el Milan decidió dar por finiquitado el encuentro a la hora de juego. Cinco goles en las redes de Buyo. La última media hora fue oscura y triste, con un Milan que jugueteaba con un Madrid en estado de absoluto shock. Fue la victoria de la confianza y del hambre ante un equipo que, técnicamente no tenía nada que envidiar a ningún otro, pero al que sus fantasmas y su visión del juego condenaron. Lo habíamos dicho, el Madrid apostó todo por el fútbol en el que creían, el ataque, la pelota. Un juego que estaba a punto de morir y que se los llevó a la tumba, atropellados por un Milan que representaba el nuevo paradigma. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=JMRyFdrO8d8">La Quinta, apenas dos años después de aquella semifinal contra Bayern que despertaba la ilusión del madridismo, estaba muerta en Europa</a>. Y con ella murió Beenhakker, que perdió su puesto en detrimento de John Toshack.</p>
<p style="text-align: justify">Bajo la dirección del galés, y con la inercia de un equipo que jugaba de memoria, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=5tDzwtuidPY">el Madrid destrozó la liga 89-90</a>. Como si toda la rabia contenida por Eindhoven y Milan se pudiese traducir en goles, un alud de ellos aplastó a los competidores en el campeonato doméstico. Nueve puntos de ventaja sobre el segundo, 107 goles marcados, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=MfzoLxi_ltw">Hugo Sánchez Bota de Oro con 38 goles</a>, Martín Vázquez mejor jugador -algo que le valdría un suculento contrato en Italia-. Cinco ligas seguidas. Nada servía. El Milan había vuelto a cruzarse con el Madrid en octavos de la Copa de Europa. De nuevo derrota en Milan, esta vez por 2-0, pero a pesar de ganar 1-0 en Madrid gracias a un gol del Buitre, los blancos estaban fuera de nuevo. Esa generación no iba a ganar la Séptima.</p>
<h2>LA QUINTA. EL PASADO</h2>
<p style="text-align: justify">Casi sin darse cuenta, el quinquenio mágico había pasado. Cinco campeonatos ligueros consecutivos y dos Copas de la UEFA eran el bagaje, imposible de alcanzar en los mejores sueños de la mayoría de clubes, pero la sensación de fracaso era evidente. Tras el Mundial de Italia, el que inició la nueva década y selló el advenimiento de una nueva era para el fútbol, la situación del equipo era de estar en tierra de nadie. Michel, Butragueño y Sanchís apenas llegaban a los 27 años, pero las experiencias del lustro pasado les dejaban marcados como jugadores que ya habían pasado su mejor momento. Gordillo tenía ya 33 y su forma física era mala. Las lesiones empezaron a llegar a un plantel que había jugado cinco años a un ritmo infernal. Martín Vázquez había dejado el club. Parecía impensable que un miembro de la Quinta se fuese, a tenor de los suculentos contratos que Mendoza les había firmado, pero el centrocampista, siempre el patito feo entre los cuatro hijos predilectos del madridismo, había decidido emprender la aventura italiana. El Torino le ofreció un gran contrato y la posibilidad de probarse en la mejor liga del mundo, especialmente tras su gran temporada anterior y su buen Mundial en tierras italianas. También se había ido Ruggeri, tras solo un año intentando apuntalar la zaga para que los atacantes volasen. Fernando Hierro se asentaba como una opción en el centro del campo y también en la defensa. Con la caída del comunismo el talento proveniente del otro lado del Telón de Acero inundó Europa occidental, y a Madrid llegaron Predrag Spasic, un rocoso defensor yugoslavo que había hecho un gran marcaje a Butragueño en el Mundial, y sobre todo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=GfW7zLztQdQ">Gica Hagi, el genio rumano llamado a tomar el relevo de Martin Vázquez</a>. Hagi llevaba tres años a un nivel tremendo en el Steaua de Bucarest y había sido serio candidato al Balón de Oro antes de que el Milan destrozase sus ilusiones y las de su equipo como había hecho con las del Madrid. Pero Hagi no era el conductor de juego que era Martín Vázquez, sino un jugador más individualista, más de chispazos, con mucha más llegada a gol, pero menos constante que el madrileño. El Madrid todavía tendría su pequeña excursión europea, que acabó en una desastrosa eliminación contra el Spartak de Moscú, pero ya había un nuevo sheriff en la ciudad. El Barcelona de Cruyff arrasó ese año en la liga con un fútbol muy del estilo de la Quinta del Buitre. Con obsesión por la pelota y el ataque, pero más radical en su propuesta si cabe. Ese sería el nuevo status quo en España para el siguiente lustro. Un Barcelona brillante, con capacidad económica para traer grandes extranjeros y buenos jugadores nacionales, y un Madrid renqueante, a lomos de sus viejos rockeros y haciendo apuestas por jugadores de talento que no acabaron de rendir lo que se esperaba, como Robert Prosinecki. La grave lesión de Hugo Sánchez añadió solo un nuevo problema a un equipo al que le crecían los enanos y que no se contentaba con esperarlos, sino que además se creaba nuevos problemas él solito. Como cuando Radomir Antic fue cesado cuando era líder de la Liga porque el juego que practicaba su equipo no cumplía con los estándares a los que el Bernabéu se había -mal-acostumbrado a finales de los 80. Aun así, bien cerca estuvieron los madridistas de levantar <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=tFyArl3GpqE">dos nuevos títulos ligueros, perdidos en increíbles circunstancias en Tenerife</a>. Jorge Valdano, técnico tinerfeñista, se convertiría en una pesadilla para el Madrid en el ámbito nacional, al igual que lo haría el PSG en el internacional. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8Pa9fP33BBw">Incluso el Torino de Martín Vázquez</a> se permitió eliminar a los blancos en una semifinal europea, la misma noche en que Juanito, ídolo de ídolos, se mataba en la carretera tras ver jugar al Madrid.</p>
<p style="text-align: justify">Martín Vázquez volvería al Bernabéu para vestir de blanco y la Quinta siguió jugando, con más o menos continuidad, hasta que este se fue al Deportivo y el Buitre y Michel volaron a Mexico para acabar sus carreras en Celaya. Se puede decir que el fútbol sonrió un poco a esta generación cuando el último miembro de la misma, Manolo Sanchís, levantó l<a target="_blank" href ="http://estaticos03.marca.com/albumes/2013/10/21/madrid_juve/1382352169_extras_albumes_0.jpg">a Séptima Copa de Europa en Amsterdam ante la Juventus</a>. En ese momento se cerró un ciclo, se pasó de ser pasado a ser leyenda.</p>
<p style="text-align: justify">Fue una manera poética de cerrar un capítulo que marcó como pocos al Real Madrid. La Quinta del Buitre fue una excepcional generación de futbolistas y también un fenómeno social muy en la onda de la España que les tocó vivir. A través del fútbol practicado por esta generación se cambió la visión y el gusto por el juego en la afición española. La furia dejó de bastar y se empezó a reclamar técnica, inventiva, ataque y una cierta personalidad. La Quinta abrió las puertas a las siguientes generaciones de futbolistas españoles, especialmente a los centrocampistas técnicos. Abrió conceptos que luego el Barcelona de Cruyff mejoró e implantó en el subconsciente colectivo y creó, en definitiva, el fútbol moderno en España. Su manera de interpretar la táctica, más en torno al rol del jugador que en torno a su posición fue pionera. Era y es difícil posicionar a ese equipo en el campo y serían un excelente sujeto de estudio para los actuales mapas de calor y pass maps. Los jugadores pasaron a ser fenómenos sociales, no meros deportistas. Creó una ola de optimismo con respecto al deporte y sobre todo nos dejó una increíble cantidad de partidos divertidísimos. Porque si algo supo hacer la Quinta, para bien y para mal, fue entretener y hacer disfrutar a la gente.</p>
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&nbsp;</p>
<p style="text-align: right">Foto: David Leah/Allsport/Getty Images</p>
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		<title>La Quinta del Buitre: futuro, presente, pasado (I)</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Dec 2017 03:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Pocos momentos provocan en el aficionado al fútbol las sensaciones del camino al estadio. Aun más cuando juegan los dos primeros equipos de la clasificación en un <a target="_blank" href ="https://elpais.com/diario/1983/12/03/deportes/439254003_850215.html">partido altamente anticipado</a>. Ochenta mil personas<span id="more-246506"></span> haciendo el mismo peregrinaje, dirigiéndose a <i>su</i> puerta, abarrotando las gradas, animando al conjunto blanco, líder en la Liga, que se enfrenta a su oponente bilbaíno, segundo y pisándole los talones. Los merengues llevan toda la temporada impresionando con su juego, y los leones no le andan a la zaga. El partido es de poder a poder y el Bernabéu, absolutamente lleno, disfruta a pesar de que los locales no cuentan con dos de sus mejores centrocampistas. Esa temporada es mágica para los madridistas, que a 3 de diciembre no solo son primeros sino que ya han eliminado de la Copa del Rey al Betis. Pocas semanas antes el buen juego de los locales metió 60 mil espectadores en el coliseo blanco para un derbi madrileño. En la eliminatoria contra el Betis y en un partido contra el Deportivo la gente también responde en grandes cantidades. El momento clave llega en un saque de falta cabeceado a la red por el menudo delantero madridista, ese del que todos hablan maravillas y que no hace tanto fue muy alabado en la prensa. El equipo vuela y con él la imaginación de una afición que siempre exige cotas mayores. Estos chicos serán clave en el futuro del primer equipo más pronto que tarde.</p>
<p style="text-align: justify">Efectivamente, el futuro. Porque el presente, ese 3 de diciembre de 1983, es un partido de Segunda División. El filial del Real Madrid, el Castilla, finalista de Copa hace tres años, es ahora líder de la categoría y se enfrenta a un Bilbao Athletic repleto de buenos futbolistas que ya alimenta a su equipo mayor, el conjunto dominante del fútbol español en esa época. El Betis, un <i>primera</i>, había caído ante los castillistas en Copa, y sesenta mil almas se juntaron en el Bernabéu para verles jugar ante el Atlético Madrileño, filial rojiblanco. Faltan dos de los mejores centrocampistas del equipo, Sanchís hijo -pasará un tiempo antes de que pueda deshacerse de la coletilla- y Martín Vázquez, que han viajado a Murcia para debutar con el primer equipo, pero todavía está Míchel en la banda derecha, el diablillo Pardeza en la izquierda -recibiendo entradas criminales de Bolaños- y el autor del gol de la victoria, Emilio Butragueño, el Buitre, en la punta del ataque. Apenas tres semanas antes, el 15 de noviembre, <a target="_blank" href ="https://elpais.com/elpais/2013/11/14/icon/1384450140_310238.html">Julio César Iglesias les había bautizado</a> como la <i>«Quinta del Buitre»</i>. Por aquello de tener todos la misma edad, pero al mismo tiempo refiriéndose a esa quinta velocidad que tenía Emilio. En aquella época casi todos los coches tenían cuatro velocidades, así que la quinta era algo así como un extra. Pero ya habrá tiempo de hablar de ese tema.</p>
<h2>¿DÓNDE SE CRIA LA QUINTA?</h2>
<p style="text-align: justify">Los inicios de los 80 en España fueron una época curiosa e interesante en casi todos los ámbitos. El país daba pasitos de recién nacido en su nueva condición de democracia lo que conllevaba, como con todos los bebés, algún que otro tropezón &#8211;<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=5E6fIfTz2d4">¡se sienten, coño!</a>&#8211; y modelitos cuanto menos señalables, como aquellas <a target="_blank" href ="http://estaticos.elmundo.es/assets/multimedia/imagenes/2014/10/16/14134510153047.jpg ">chaquetas de pana</a> que nuestro flamante presidente socialista lucía con el mismo orgullo con que su segundo al mando llevaba las gafas estilo chica del <i>«Un, Dos, Tres»</i>. Son etapas de la vida y hay que pasar por ellas. Futbolísticamente esos primeros años de la década supusieron también una ruptura con lo anterior, ya que dos equipos vascos, la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao se tornaron dominadores del balompié patrio. Con un fútbol aguerrido, físico -no mucho más que la media española, vamos a romper ya ese mito- y no exentos de calidad, los de Ormaetxea y Clemente firmaron cuatro años de impasse en el tradicional dominio madridista, lo que unido a un Atlético de Madrid que ya no era el mismo que en la década anterior creo, una vez mas, un escenario casi inédito en otro ámbito de la vida española. Caso aparte era el Barcelona, a quien nunca faltó el dinero y que bajo la dirección de su nuevo presidente José Luis Núñez estaba dispuesto a hacer saltar la banca y seguir trayendo a las más rutilantes figuras del fútbol internacional, como era tradicional del club. Así pues, desembarcará Schuster y también Maradona, tomándole el relevo a Krankl y Simonsen. Quini, goleador de categoría, cambiará su amado Molinón por el Camp Nou, pero los resultados en Liga no llegarán hasta el mandato de Terry Venables, un técnico británico sin la cabeza de ladrillo de Weisweiler o Lattek. De entrenadores tampoco fueron nunca faltos los blaugranas. Esta época del fútbol español coincidió <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=xp_1I2YtX8o">con nuestro Mundial</a>, donde esta mezcla de caracteres que iban desde el aguerrido Camacho, hasta el pequeño diablo López Ufarte pasando por Arconada, José Ramón Alexanko, Juanito, Santillana, Quini, el inclasificable fenómeno que era Gordillo y la clase de Zamora en el medio del campo, parecieron abocados al fracaso desde el principio, aplastados por la presión de la cita y su propia falta de nivel en un campeonato en el que, precisamente, sobró calidad y equipos de categoría. </p>
<p style="text-align: justify">En este ambiente el Castilla, equipo filial del Real, vivió sus años dorados. Ya en el año 80 sorprendió a propios y extraños con su extraordinaria andadura en la Copa del Rey. Un equipo en el que sólo Ricardo Gallego -y el portero Agustín en cierto modo- llegaría a hacer carrera en el primer equipo se plantó en la final eliminando a cuatro equipos de Primera División. Y no unos cualquiera, además del Hércules, el Athletic de Bilbao, la Real Sociedad que no tardaría en ganar la Liga dos años seguidos y un Sporting de Gijón que contaba con Quini, Maceda, Cundi o Ferrero, un conjunto de campanillas en la época. Así pues, los castillistas <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=vy7w0wAl4ZU">se plantaron en la final</a>, algo que nunca será igualado, donde sucumbieron ante el primer equipo en una fiesta totalmente blanca en el Bernabéu. Aun así, el gran aporte del Castilla durante la década todavía estaba por llegar. Entre el año 81 y el 85 dará a luz a un grupo de jugadores que cambiará el fútbol español, no solo por su manera de jugar sino también a nivel cultural y mental. </p>
<h2>LA QUINTA, EL FUTURO</h2>
<p style="text-align: justify">En aquel horno a fuego lento que era el filial, ninguno de los componentes de esta generación pasó tanto tiempo como Míchel, nombre futbolístico que será pronunciado de mil maneras por locutores de todo el mundo, y que será el primero en debutar en la máxima categoría del fútbol nacional. Fue en circunstancias especiales, durante una huelga de futbolistas que obligó a los filiales a jugar en una jornada de Liga. Como si tuviese que ir marcando territorio, Míchel anotó el gol de la victoria de su equipo. Tardaría algo más de dos años en volver a pisar esos pastos, algo que le frustró, consciente de la calidad que atesoraba. Su pierna derecha era un guante y se sentía en casa jugando como centrocampista diestro, aunque lo veremos de lateral, de interior e incluso de líbero.</p>
<p style="text-align: justify">Con Míchel llegó al Castilla un menudo delantero centro que se convertiría en el yerno ideal de todas las madres de España. Pelo rubio y rizado, ojos claros y, quiero pensar que olía de maravilla, aunque solo fuese porque su padre tenía una perfumería. Estudiante en un prestigioso colegio madrileño y madridista de cuna. Emilio Butragueño, un as dentro del área, capaz de librarse de sus marcadores en los espacios más cortos y con una habilidad natural para rapiñar goles en el área. Con ese apellido y ese don, el Buitre había nacido y ni él mismo se imaginaba lo que representaría durante la siguiente década. Tras marcar 40 goles en el filial, Alfredo di Stefano <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=r18k7-zpwEg">le dio la alternativa</a> en el primer equipo en la temporada 83-84 y ya nunca miró atrás. A Míchel y el Buitre, ya para la posteridad pareja de baile, dúo artístico, se les unió en el 82 un menudo extremo onubense, rápido como él solo y que iba a recibir las peores patadas de todo el grupo. Miguel Pardeza era el complemento de Butragueño en ataque, el recurso del Castilla cuando no había recursos, como lo había sido Paco Gento décadas atrás para el Madrid de las Copas de Europa. <i>«Si no sabes qué hacer, dásela a Miguel, él se irá por velocidad, inventará algo o recibirá una tarascada y forzaremos una falta»</i>. Pardeza nunca se consolidará en el primer equipo, pero tendrá una destacada carrera como jugador profesional.</p>
<p style="text-align: justify">En la 83-84, pasan fugazmente por el filial madridista los otros dos componentes de la futura Quinta. Como un visto y no visto, Manolo Sanchís hijo y <a target="_blank" href ="http://www.libertaddigital.com/deportes/futbol/2014-05-09/martin-vazquez-me-ire-a-la-tumba-sin-saber-por-que-mendoza-me-abrio-la-puerta-de-salida-1276518084/">Rafael Martín Vázquez</a>, llegan, aportan su tremenda calidad a un Castilla histórico, y suben al primer equipo. El primero un centrocampista que también puede jugar de central, con calidad para jugar la pelota y carácter. Siempre con la camiseta por fuera del pantalón, sus subidas al ataque, en el estilo de los mejores líberos, le verán convertirse en uno de los jugadores que más veces se ha puesto la camiseta blanca -y uno de los más laureados-. Será tan grande que conseguirá algo muy poco común: que su padre, famoso jugador madridista y campeón de Europa, pasase a ser simplemente eso, el padre de Sanchís.  Vázquez, que era su nombre futbolístico por entonces, era el jugador del que todos hablaban maravillas. Joven prodigio del mediocampo, demostró su calidad en torneos internacionales con los juveniles del Madrid y las categorías inferiores de la selección española. Con una visión de juego fantástica, aglutinaba también las características de los clásicos centrocampistas de la década anterior, con un buen despliegue en el campo y capacidad para jugar en corto y en largo. Le costó adaptarse, fue discutido, pero su calidad acabó por darle el status que merecía. En el segundo plano se movía con comodidad y así, en segundo plano, quedó el hecho de que también a él fue el mismo Julio César Iglesias el que le cambió el nombre. El periodista recordó que había habido un torero de nombre Rafael Martín Vázquez y le pareció adecuado incorporar el primer apellido. Rafael pasó a ser nuestro <i>Gigiriva</i>. <i>Martinvázquez</i>.</p>
<blockquote><p>El fútbol nunca fue tan físico como en ese comienzo de la década de los ochenta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Como ya habíamos dicho, estos primeros ochenta fueron años de contradicciones para el club blanco. Corto de dinero y de talento en muchos casos, el club no olió una liga durante la época de dominio vasco y, para colmo, tampoco después porque el Barcelona de Venables se impuso en el campeonato del 85. Pero con un equipo en el que destacaban los jugadores raciales como Camacho, Stielike o Juanito -estos dos últimos muy buenos jugadores, debemos añadir, más allá de lo volcánico de su carácter-, el ariete Santillana y el portero que tocase, fuese Miguel Ángel, fuese García Remón, se las arreglaron para llegar a una <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8MTkNeEgqik ">final de la Copa de Europa</a>, aquella de 1981, donde plantaron cara al gran ogro europeo de la época, el Liverpool de Bob Paisley. El año anterior solo una desafortunada noche en Hamburgo les había privado de disputar la final en el Bernabeu. El Madrid era un noble de buen linaje venido a menos, pero todavía conservaba uno o dos buenos trajes para las grandes ocasiones. Más decepcionante fue la terrible <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jczRWhlh0ls">final de la Recopa del 83</a>, en Goteborg, donde en un partido malísimo fueron batidos por el correoso Aberdeen de Alex Ferguson. Para el inicio de la temporada 84-85, los madridistas competían en la Copa de la UEFA, un torneo de un nivel tremendamente alto, por la cantidad de equipos competitivos y por la duración del torneo, un mata-mata de seis rondas donde errar normalmente se pagaba con la vida. El Madrid, eso sí, se saltará esta máxima varias veces de manera milagrosa en el siguiente bienio.</p>
<p style="text-align: justify">El fútbol de los ochenta era abrasivo. Invadido por los residuos del fútbol total -todavía había equipos que lo perseguían o que lo habían modificado a su manera-, con una importancia capital del juego sin balón y con una preocupación por el poderío físico como no se había visto nunca. El marcaje al hombre seguía vivito y coleando y la violencia era parte inexcusable del juego. Seguramente el dominio inglés, italiano y alemán ayudó, claro. En todo caso la afición se dividía entre los artistas como Zico, Maradona o Platini con sus regates inverosímiles y su excelente toque de balón y los no menos efectivos y espectaculares Rummenigge, Elkjaer Larsen o Briegel, con su velocidad endiablada, sus cañones en cada pierna y sus pulmones para exportar. En el caso de Chamartín, todo solía acabar en la cabeza de Santillana, previo pelotazo o jugada de Juanito –<i>que la prepara y Santillana mete gol</i>, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oxBLr5tuFnE">tonadilla clásica</a> del coliseo blanco-. Y ahí es donde los chavales de la Quinta, aquellos de los ochenta mil en el Bernabéu en Segunda División, hicieron su entrada.</p>
<p style="text-align: justify">Los blancos iniciaron la temporada con una mezcla de veteranos y noveles, nada más propio, y con intención de recuperar el título liguero. Cuatro de los cinco componentes de la Quinta eran ya miembros del primer equipo -aunque Martín Vázquez, junto a Pardeza, se pasó una parte de la temporada haciendo el servicio militar-. Seguían las viejas glorias en el equipo, Chendo ocupaba el lateral derecho, Gallego se había hecho fijo en un medio del campo donde no se acababa de asentar el talentoso Juan Lozano, y arriba llegaba también ese año un espigado delantero argentino <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=9aaFVUnCmbU">llamado Jorge Valdano</a>. En el banquillo Alfredo di Stefano dio paso al padre de la Quinta, Amancio Amaro, que subió del Castilla pero nunca fue capaz de reproducir su éxito del filial. El Madrid empezó mal el año y siguió siendo irregular en el campeonato de Liga, que fue a parar al Barcelona, al que Terry Venables sacó de una sequía de más de una década. El Madrid acabó quinto, incluso superado por un buen Sporting de Gijón. Amancio fue cesado faltando una jornada. Tras un año en el protagonizó unas cuantas anécdotas interesantes, como aquella  de bajarse los pantalones en White Hart Lane, mostrando las cicatrices de las tarascadas que recibió como jugador para infundir valentía a sus jugadores, o el incidente en Milán donde descubrió a Juanito y Butragueño con compañía femenina antes de un partido contra el Inter. El <i>gallego brujo</i> dejó el equipo con la misión cumplida de haber servido de puente para la integración de sus polluelos del Castilla en el primer equipo. El hombre que le sustituyó fue el apagafuegos de la Casa Blanca, Luis Molowny. <i>«El Mangas»</i> llegó a tiempo para levantar el poco prestigioso trofeo de la Copa de la Liga ante el Atlético y también para culminar una histórica trayectoria en la Copa de la UEFA, qué será la gran narrativa de esta temporada merengue.</p>
<blockquote><p>El Real Madrid encontró en la UEFA una forma de revivir y crear sus grandes noches europeas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Tras liquidar al Wacker Innsbruck austríaco y al Rijeka yugoslavo -el día que un jugador mudo fue expulsado del Bernabeu- en los dos primeros cruces, el sorteo puso al Madrid ante un equipo imponente en los octavos de final. El fútbol belga vivía su época dorada y el Anderlecht era su mejor exponente. El Madrid recibió una <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IYt5GQ8D6_g">buena lección en el Parc Astrid</a>, especialmente en la segunda parte, donde fueron incapaces de contener a Frank Vercauteren, que fue un puñal en la banda derecha belga y especialmente a un jovencísimo Enzo Scifo, que había tomado el relevo del madridista Lozano como cerebro de <i>«les mauves» </i> y mandó en el partido como si fuese un veterano de mil batallas. El 3-0 parecía liquidar la eliminatoria y casi casi la temporada blanca.</p>
<p style="text-align: justify">Pero <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=r0ruiZfGE5U">en el Bernabeu</a>, convertido en una olla a presión, el Madrid salió convencido de la remontada. Atacar, atacar y atacar era la receta y a la media hora la eliminatoria estaba igualada. Sanchís no dio apenas tiempo para asentarse en el campo a los belgas, marcando en el minuto dos. Butragueño, esta noche sí titular, comenzaba su primera gran exhibición con un gol en el 16, mientras Valdano añadía un tercero en el 30. El Bernabéu enmudeció por unos segundos cuando el joven danés Per Frimann marcó el 3-1, dando algo de aire al Anderlecht. Pero apenas cinco minutos más tarde Valdano, que jugaba en un tridente con el Buitre y Santillana, les vacunaba por cuarta vez. En la segunda parte, recital de Butragueño, que añadió dos goles más a su cuenta, cerrando un 6-1 histórico que dio la vuelta a Europa. No es nada exagerado decir que en aquel momento el Anderlecht tenía más caché que el Madrid en Europa y verles caer de esa manera mandó un aviso al resto de conjuntos y al propio vestuario blanco: se podía volver a ganar en Europa. Como ya habíamos dicho, la Copa de la UEFA era un torneo durísimo, y en cuartos de final el campeón en título, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=YQJ4jOQDVGo">los ingleses del Tottenham</a>, con Glenn Hoddle y Osvaldo Ardiles a la cabeza, se cruzaron en el camino del Madrid. Fue una eliminatoria muy cerrada y muy dura, de ahí la anécdota de las cicatrices de Amancio. El Madrid la superó con un solitario gol para llegar a semifinales y medirse con otro hueso, el Inter de Milán. En Italia, los interistas liderados por Rummenigge sometieron al conjunto madridista. Su defensa, con un joven Zenga en la puerta y los rocosos Bergomi, Beppe Baresi, Marini y Mandorlini por delante cerró el partido a cal y canto. Liam Brady y Alessandro Altobelli hicieron el resto. 2-0 y la perspectiva de un cerrojazo en Madrid que había que hacer saltar. Lo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=cbShj4yqJuE">hizo el Madrid</a>, sin Butragueño, y con un Santillana en modo héroe, marcando dos goles con Michel añadiendo el tercero. </p>
<p style="text-align: justify">Tras los últimos cruces, el rival de la final pareció un pequeño regalo. Los húngaros del Videoton, un conjunto sin figuras que se abrió pasó hasta la final -dejando en el camino a Dukla, PSG, Partizan y Manchester United entre otros-, no fueron rivales y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=6sd-WH853lw">el 0-3</a> que el Real Madrid consiguió en la ida en Hungría selló el triunfo en la Copa de la UEFA. El primer título europeo que volaba al Bernabéu desde la lejana Copa de Europa ganada al Partizan.</p>
<p style="text-align: justify">Ese verano de 1985, con Ramón Mendoza ya como presidente, el Madrid da un salto de calidad enorme. El necesario para recuperar la Liga y, viendo la prometedora generación que la cantera le había brindado, aspirar a más en Europa. Con el ascenso de Pardeza al primer equipo, la Quinta jugará completa en Primera y además solo hay una baja importante, la de Uli Stielike. Todos los demás siguen. Pero serán tres fichajes los que acapararán toda la atención: Antonio Maceda, Rafael Gordillo y Hugo Sánchez, tres figurones a los que el mexicano bautizará como la <a target="_blank" href ="http://3.bp.blogspot.com/-LxapSq5KG7U/UzHa12m3fBI/AAAAAAAAAMk/KzHH9qBJDV0/s1600/quintamachos.jpg"><i>«Quinta de los Machos»</i></a>. Sería como fichar hoy a Hummels, Alaba y Lewandowski de una tacada. Maceda venía del Sporting de Gijón, y era un líbero con una clase como había pocos. Se había consagrado en la Euro 84 con su colocación, y su capacidad para sacar el balón jugado e incorporarse al ataque. Estaba llamado a ser el líder de la zaga. Hugo Sánchez venía del Atlético de Madrid y llegó con no poca polémica. Era un goleador de área, genio del remate a un toque. Había comenzado de extremo y le veremos caer hacia esa zona durante el quinquenio mágico del equipo en la segunda mitad de los 80. Tenía una zurda que era un cañón y carácter para enfrentarse a todo y todos. Con él el Madrid completaba un ataque que reunía todos los perfiles imaginables. Sería el mejor complemento para el Buitre. Por último, <i>«el Gordo»</i>, que llegaba del Betis ya con 28 años y mucha experiencia. Un jugador que hizo de la banda izquierda <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=9125X_sgXYA">el salón de su casa</a>. Normalmente catalogado como carrilero izquierdo, podía ocupar cualquier posición en esa banda y será, tácticamente, el jugador más especial y decisivo de ese equipo. Llegaremos a eso.</p>
<blockquote><p>La segunda de la Copa de la UEFA selló el final de la primera etapa de la Quinta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Con Molowny al mando, y con un once tipo en el que Ochotorena y Agustín compartieron la meta, con Chendo, Sanchís, Maceda y Camacho por delante, Gallego, Míchel y Gordillo en el medio y Hugo Sánchez, Butragueño y Valdano arriba, el Madrid arrasa en la Liga. Once puntos de ventaja al Barcelona subcampeón de Europa. Hugo es el máximo goleador, Valdano el mejor jugador y Míchel el mejor jugador español. Martín Vázquez entra poco a poco en un centro del campo en el que las posiciones dejan de ser fijas, con Míchel metiéndose muy al medio y Gordillo haciendo un poco de todo, que es lo que sus pulmones y su clase le permitían. Todavía hay muchísimos minutos para Juanito y Santillana se confirma con el revulsivo. Los tres de arriba le cierran el paso al veterano favorito del Bernabéu, y Hugo, Valdano y el Buitre se entienden a las mil maravillas, intercambian posiciones y aparecen desde todos los frentes. Son una pesadilla.</p>
<p style="text-align: justify">En Europa, el campeón de la UEFA elimina a AEK de Atenas y Chernomorets Odessa en las dos primeras rondas. El equipo funciona muy bien, pero una noche de noviembre en Moenchegladbach se da de bruces con la realidad. El Borussia aplasta 5-1 a un Madrid inusualmente timorato, que salió a no perder y lo perdió casi todo. Ese solitario gol de Gordillo valdrá oro, aunque supo a poco ante tal varapalo. Dos semanas después, con el Bernabéu de nuevo encendido esperando una hazaña como las del año anterior, Molowny <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=j0ut9evL3Zk">no se guardó nada</a>. Incrustó a Juanito en medio campo y lanzó a su equipo al ataque. ¿Los héroes?, los mismos que en la remontada contra el Inter seis meses antes: Valdano y Santillana. Dos goles por cabeza y la histórica imagen de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=VybNV4BIBZ4">Juanito saliendo de campo</a> a botes de pura alegría. Remontar se estaba convirtiendo en tradición. </p>
<p style="text-align: justify">Pero el equipo gustaba de las emociones fuertes y tras golear al Neuchatel suizo en la Castellana a punto estuvo de ser remontado en la vuelta. A un gol se quedaron los helvéticos de igualar el 3-0 de la ida. De nuevo en semis y de nuevo el Inter era el enemigo a batir. Y como el año anterior había salido una buena película, ¿por qué no repetirlo? El Inter había añadido a Riccardo Ferri a su defensa, un jugador que sería un marcador de élite en Europa durante los siguientes seis o siete años. También a Tardelli en el medio del campo. Y allí seguía el tridente formado por Liam Brady, Alessandro Altobelli y Karl-Heinz Rummenigge. Más el veloz Pietro Fanna en el flanco derecho. Un gran equipo que gracias a dos goles de Tardelli y uno de Salguero en propia puerta se llevaba a Madrid un 3-1 muy positivo. Pero el Bernabéu <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=CHbDmUdyWK8">vivió la enésima noche mágica</a>. Costó abrir el cerrojo italiano, pero Hugo Sánchez lo consiguió al borde del descanso. La segunda parte vio llegar el segundo gol, de Gordillo, que unido al que había marcado Valdano en Milán, clasificaba al Madrid. Pero un penalti de Brady volvía a poner las cosas cuesta arriba. Hugo, de nuevo, marcó para igualar la eliminatoria y llevarla a la prórroga. Ahí surgió la figura de Santillana, que empeñado en ser el protagonista de ambas victorias en la UEFA, se marcó un doblete y liquidó los sueños de los nerazzurri. ¡A la final! Allí esperaba el Colonia alemán, que había llegado a esta instancia mostrando una buena capacidad realizadora, peor sin enfrentarse a ningún rival de verdadera categoría. Tenían cinco internacionales alemanes en el once inicial, entre ellos el gran guardameta Schumacher y los atacantes Littbarski y Allofs. Y a un pequeño diablo saliendo del banquillo, Thomas Hässler. Pero se les cayó el mundo encima en el Bernabéu. Como había hecho el año anterior, el Madrid no les dio opción. Tras curtirse durante todo el año en eliminatorias muy duras, la final fue una fiesta. Hugo Sánchez, Gordillo, un doblete de Valdano y Santillana sellaron <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=eFDs2fW_U-Y ">un 5-1</a> que los alemanes no pudieron remontar en la vuelta. El segundo título sella un bienio mágico para el Madrid. No solo porque se vuelve a ganar sino porque deja unos recuerdos y una experiencia que jamás serán olvidados por el club. Pero con ambas Quintas entendiéndose tan bien y una plantilla fantástica, es momento de pedir más. Hay que aspirar a la tan deseada Copa de Europa. Michel y el Buitre disputan su primer Mundial con España en Mexico y el delantero se consagra como una estrella con sus cinco goles y su sonada actuación ante Dinamarca en Querétaro. España queda eliminada en cuartos, pero las perspectivas son brillantes. El futuro es hoy.</p>
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&nbsp;<br />
Próxima entrega:<br />
&#8211; La Quinta del Buitre: futuro, presente, pasado (II) &#8211; 10-01-2018</p>
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		<title>Persiguiendo sombras</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Jun 2017 01:55:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Cuál es la mejor manera de defender? ¿Cómo parar a ese jugador brillante que nos trae de cabeza? ¿Qué hacemos para mejorar nuestra defensa sin perder efectividad en ataque? Estás preguntas son tan viejas como el mismo juego. Las respuestas, sin embargo, van a variar tanto como las fechas en que las formulemos. En 2017 [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">¿Cuál es la mejor manera de defender? ¿Cómo parar a ese jugador brillante que nos trae de cabeza? ¿Qué hacemos para mejorar nuestra defensa sin perder efectividad en ataque? Estás preguntas son tan viejas como el mismo juego<span id="more-233397"></span>. Las respuestas, sin embargo, van a variar tanto como las fechas en que las formulemos. En 2017 es casi impensable la existencia de un marcaje individual, no ya específico, sino en casi cualquier circunstancia del juego. Pero, ¡ay si preguntásemos en los 60 en Italia! O en una tarde nublada de noviembre a las afueras de Wembley. O en esa tarde nublada de noviembre a las afueras de Wembley <i>después</i> del partido. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ezx0aJ6s66I">O durante el Inglaterra-Escocia que lo inició casi todo</a>. Nadie tiene una respuesta definitiva. El marcaje es puro fútbol. Cuestión de opinión, pero sobre todo de evolución.</p>
<h3>Al principio fue la zona</h3>
<p style="text-align: justify">Es habitual relacionar el fútbol <i>clásico</i> con marcajes individuales, pero si nos vamos al inicio del juego descubriremos, no demasiado sorprendentemente, que la zona se utilizaba desde el comienzo del juego. Con aquellas delanteras pobladísimas y las exiguas <i>líneas</i> defensivas, la posibilidad de marcar al hombre ni se discutía. La zona, aunque parezca increíble por ser símbolo de modernidad, es el estado natural del marcaje en el fútbol. Así se empezó a jugar en el siglo XIX y así se volvería, con más o menos reticencias, durante el siglo siguiente. Hemos usado la palabra <i>natural</i> de manera intencionada, por cierto. Piénsalo, cuando estás jugando un partido con tus amigos, si un tipo pasa cerca de donde tú estás, lo natural es echarle un ojo. Si tienes que seguirlo hasta cuándo va a echar un trago de Gatorade es, generalmente, porque hay alguien influyendo en tu forma de jugar. Ese alguien suele ser el entrenador. O llegado a ciertos niveles un periodista. El marcaje al hombre, pues, viene por influencia de los que están fuera del rectángulo de juego.</p>
<p style="text-align: justify">Con la evolución del fútbol y los esquemas táctico las líneas de los equipos, aunque permanecen predominantemente atacantes, se tienden a equilibrar. Y cuando en los años 30 el entrenador de uno de los mejores equipos del mundo decide retrasar a su mediocentro hasta convertirlo en un tercer central dando inicio al famoso W-M, el advenimiento de la era del marcaje individual se confirma. Hablábamos del entrenador y la prensa como los mayores ejemplos de injerencia en la naturalidad del fútbol. Y en esa época, nadie tenía más poder que <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=45lLlx7rpmw">Herbert Chapman, entrenador y arquitecto del Arsenal</a>. Chapman creo un módulo a su estilo y, como todos los ganadores, creó escuela. Y esa escuela ganadora captó adeptos, especialmente en los medios de comunicación y en las directivas. De repente, la W-M era innegociable. Se jugaba así o no se jugaba, y la uniformización del juego, sobre todo en las Islas Británicas -que al fin y al cabo eran las que cortaban el bacalao a nivel mediático y en los despachos- alcanzó niveles insospechados. El marcaje individual había llegado casi sin hacer ruido. Todo el mundo jugaba igual, los equipos encajaban como un guante, y cada jugador tenía su rival asignado en el campo. Era una constante batalla uno contra uno. El lateral derecho buscaba a su extremo, el mediocentro a su centrocampista ofensivo, el central a su delantero centro. Ni que decir tiene que cuando los dorsales hicieron su aparición el emparejamiento fue aún más automático. Y los futbolistas se convirtieron en autómatas. Dejaron de pensar a tales niveles que un simple cambio de dorsal, descuadraba a un equipo. ¿Quiénes eran esos transgresores, esos tramposos, que ponían el 9 a un central y el 4 a un delantero centro? <i>«¿Voy a arriesgarme yo a cometer un error saliendo a buscar al jugador que lleva el número que supuestamente debería perseguir? No, nunca. Que lo decida el míster»</i>.</p>
<blockquote><p>Una vez se atacó la W-M, los que decidieron innovar obtuvieron una ventaja histórica.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Así es como en una <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=YBk82pNWAwk">nublada tarde de noviembre</a> los húngaros reventaron a los ingleses. Así es como un pequeño equipo de la frontera entre Italia y Yugoslavia, la Triestina, revolucionó el Calcio. Así fue como una selección centroeuropea, Suiza, cansada de ser apaleada por los grandes se protegió con un candado, al igual que lo hacía el club de las fuerzas aéreas soviéticas en otras latitudes. Cambiando jugadores de lugar, reforzando zonas débiles, usando espacios baldíos, renovando roles. Fútbol.</p>
<h3>El auge de nuevas visiones del juego</h3>
<p style="text-align: justify">Mientras los británicos se enrocaban en sus tradiciones, el resto del mundo se movía. Ya hemos visto que la zona y el intercambio de posiciones danubiano va a crear problemas que alguien debería resolver. Los italianos habían tomado la vía abierta por Karl Rappan en Suíza, con la adaptación del famoso candado o cerrojo. Gipo Viani y Nereo Rocco van a ser los grandes adalides del Catenaccio, antes del advenimiento de Helenio Herrera y su <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=60b3uSUXkN0">Grande Inter</a>. La gran novedad es la del <i>battitore libero</i> -Ivano Blason es el primer gran nombre-. Situado a la espalda de los marcadores al hombre, el líbero va a ser la red seguridad que sus equipos tenderán ante posibles errores de la línea defensiva. Los líberos serán figuras de corte cavernario hasta bien entrados los 70, aunque algunos como Armando Picchi harán de ello un arte. Ser líbero es casi practicar un deporte distinto al que todos los demás jugadores de fútbol están jugando, pues requiere de un control espacial y una inteligencia posicional como pocos otros roles futbolísticos. Mientras el resto de jugadores libran batallas individuales, el líbero participa de las batallas de todos, pero sin la posibilidad de ser herido. </p>
<p style="text-align: justify">Un líbero que falla mata a su equipo. Un líbero inteligente y astuto da vidas extra a sus aguerridos marcadores. Picchi será uno de estos, Cesare Maldini también, como lo será Scirea más adelante. El líbero italiano hará de defensores rugosos como Tagnin, Bugnich, Rosato o Gentile jugadores de culto. Para <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=isGtWdcLFmc">Gianni Brera</a>, el gran adalidad del juego defensivista italiano, la combinación de líbero y marcadores aporta una solidez defensiva superior y compensa una supuesta carencia física del futbolista italiano de la época. Rocco irá incluso más allá que Herrera, añadiendo muchas veces una línea de tres centrocampistas de marca -mediani- para proteger <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=yO5eaSaBzzU">al cerebro Rivera</a>, cuya clase genera prácticamente todo el caudal ofensivo de un Milan que gana títulos en Italia y Europa de la mano de Rocco y el <i>«Bambino d’oro»</i>. Rivera tenía permitido fallar, se le pedía que arriesgase siempre en sus pases -si uno ve un partido de Rivera con ojos actuales se sorprenderá de que siempre juegue en vertical y buscando el espacio fallando, por tanto, muchos pases-, porque Rocco sabía que acertaría los suficientes para que los Altafani, Prati, Sormani, Hamrin o Combin tuviesen su buena ración de oportunidades cada partido.</p>
<blockquote><p>El fútbol en Sudamérica tomaba otros derroteros diferentes por la técnica.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Mientras, en Sudamérica, la zona va tomando forma. En un fútbol más técnico e individualista, los marcajes al hombre -casi siempre con la consabida complacencia arbitral- pierden su sentido. Es peligroso reducir el juego a un constante uno contra uno cuando tu adversario puede superarte casi siempre. Vigilar una parcela de campo, buscar ayudas e intentar crear superioridades en ciertas zonas del campo -ya sea con un falso 9 o un wing-ventilador- se convierten en el pan de cada día al otro lado del charco. Así <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=rkUE1GuH2o0">se mantendrá en Brasil</a>, en parte gracias a la época de éxitos que vivirán durante la era de Pelé. La línea de cuatro defensores permanecerá inalterada hasta prácticamente la actualidad -experimentos de Lazaroni y Scolari aparte-, los laterales larguísimos se convertirán en seña de identidad, y la defensa con balón será siempre la mejor defensa para el fútbol canarinho. Argentina, por su parte, se verá arrastrada en una espiral de violencia en los años 60 de la que nunca se librará totalmente -viejos fantasmas checoslovacos y un clima social cambiante por el ascenso de los militares y nuevos valores-, y algo parecido sucederá en la otra orilla del Río de la Plata.</p>
<h3>El pressing y la muerte del fútbol clásico</h3>
<p style="text-align: justify">Con el advenimiento de los años 70 el fútbol cambia para siempre. Habíamos visto a Brasil ganar el Mundial en color en México con lo que se suponía que era la cúspide de la evolución futbolística pero este sueño se fue tan rápido como apareció. Brasil 70 duró un mes, aquel del calor asfixiante y la altitud azteca, pero fue una ilusión. El fútbol caminaba en otra dirección más rápida, más física y más agresiva. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=1MSyqyTFKcE&#038;t=51s">En Holanda</a> y al otro lado del Telón de Acero se trabajaba en visiones parecidas de la misma idea. El intercambio de posiciones, la presión, la circulación de la pelota a velocidades vertiginosas y la trampa del fuera de juego. Nada de esto era humanamente posible en México, pero cuando el planeta fútbol acabó con el cigarro post-climax en verano de 1970, la pelota ya nunca volvería a ser la misma. </p>
<p style="text-align: justify">El <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=6Df0FpXBdaw">Fútbol Total</a> ha llegado y de repente ya no hay lugar para otra cosa. El Ajax fulmina a los catenaccistas del Inter y la Juve con su presión asfixiante, su inacabable tanque de combustible, su falso 9 que dejaba a los legendarios marcadores italianos persiguiendo sombras y su batería de recursos inagotable. La zona innegociable, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=hfqTy2bJzmU ">la línea del fuera de juego</a> tirada a alturas suicidas, los laterales larguísimos y con capacidad para jugar, las diagonales de los extremos que se convierten en goleadores, lo cañones de artillería llamados Arie Haan y Johan Neeskens. Si marcas al hombre, no hay hombre que marcar. Si aguantas atrás, te matan con disparos lejanos. Si sales a atacar, te dejan en fuera de juego. Lo tienen todo y todos les copian. Pero nadie más los tiene a ellos -Brasil se pierde en su búsqueda del Santo Grial precisamente por esta razón aunque Claudio Coutinho lo niegue-. Quienes triunfan son los que crean su propia versión. Los polacos, con una fantástica generación, adaptan los conceptos de movilidad en ataque y cuentan con un excepcional director de juego en Kazimierz Deyna, los soviéticos desarrollan patrones predefinidos que son capaces de realizar casi de manera instintiva, con Blokhin como estilete y los alemanes mezclarán un poco de todo. Jugadores totales como Hoeness y Breitner aparecen por todo el campo creando superioridades, Overath es la torre de control perfecta en la base de la juega, mientras Netzer convierte en oro todo lo que toca en zona de aceleración. Y cuando este no está es su espacio vacío el que es aprovechado por los demás para crear una zona de libre circulación de jugadores que será decisiva en su conquista mundial. Pero sobre todo es la figura de Franz Beckenbauer la que le da un lavado de cara al fútbol defensivo a nivel mundial. </p>
<blockquote><p>Franz Beckenbauer toma el relevo de Cruyff. El Bayern Munich toma el relevo del Ajax.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Centrocampista de formación, hombre libre por convicción. El Kaiser retrasa su posición pasando de ser uno de los mejores medios del planeta a ser el jugador más decisivo de su generación. Con él, la figura del líbero deja atrás ese halo siniestro y oscuro. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=YbXq8ntNkxw">Beckenbauer</a> crea desde atrás y cubre a su fiel escudero, el marcador Schwarzenbeck. También sube hacia el medio del campo y toma la batuta del equipo, combina con Overath, llega arriba y manda a todo campo. Es el equivalente defensivo de Cruyff. Y está rodeado de jugadores totales y de élite en cada posición. Alemania Federal, en el bienio 1972-74 mezcla estilos con una eficacia que nadie más podría. Y todavía les da para mantener la sana y vieja costumbre de marcar al hombre a esos jugadores <i>especiales</i> que pudiesen tener los demás. Berti Vogts era un marcador de clase mundial, y de ello pueden dar fe Johan Cruyff o Dragan Dzajic.</p>
<p style="text-align: justify">Europa marca la pauta en esta época y quien se queda atrás tendrán que renovarse. Brasil y Argentina lo harán mirando a la zona más que nunca, con Cesar Luis Menotti y Telé Santana, que producirán equipos destacables gracias a dos generaciones de futbolistas fantásticas. Especialmente Telé producirá maravillas con su Brasil que, aunque no gane nada, dejará la imprenta de lo que será el fútbol del futuro. Un equipo totalmente zonal, con muy pocos puestos asignados y de un nivel técnico como habrá pocos. Un jugador clave de ese equipo será Falcao, que también sentará cátedra en Italia junto a Niels Liedholm, adalid de la zona pura -casi un sacrilegio en el país transalpino-, pero que abrirá las puertas a la modernidad en el Calcio.</p>
<h3>Italia, elcentro del ingenio táctico mundial en los 80</h3>
<p style="text-align: justify">Los italianos van a reaccionar a los tiempos duros de los 70 con la reinvención de su sistema defensivista. La <i>zona mista</i> va a combinar el viejo módulo de los dos marcadores -a veces tres- y el líbero con un centro del campo de marcaje zonal donde al menos dos jugadores van a necesitar de un despliegue físico fuera de lo común. Estos dos jugadores van a ser el mediocentro, representado en la figura de Oriali o Benetti, más posicional y atento a las coberturas, y un centrocampista de ida y vuelta que va a encontrar su mejor ejemplo en el gran Marco Tardelli. El regista -Antognoni, Platini, Beccalossi-, va a tener más libertad para buscar su espacio en el campo, desde donde generar peligro. </p>
<p style="text-align: justify">El espíritu de Rocco y Rivera seguía muy vivo. No podía ser de otra manera, porque el primero había sido la mayor influencia del gran Papa de la <i>zona mista</i>, Giovanni Trapattoni. <I>Il Trap</i> va a crear una Juventus poderosísima, que será embrión de la selección campeona Mundial de Enzo Bearzot -mismos jugadores, mismo módulo- y que dominará el fútbol italiano durante una década. Sin embargo, la Juve será aquí ejemplo de las debilidades de la <i>zona mista</i> más que de sus virtudes, por todos conocidas. En 1983, Trapattoni conjuntó un equipo con seis campeones del mundo -Zoff, Gentile, Cabrini, Scirea, Tardelli y Rossi-, más Roberto Bettega, Michel Platini y Zbigniew Boniek. Esta constelación de estrellas llegó a la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=poWBes_O_U8">final de la Copa de Europa</a> con la misión de llevarse por primera vez la Orejona a Turín y era favoritísima ante un buen equipo del Hamburgo. Poco podía contar Trapattoni con que el zorro austríaco Ernst Happel daría una de las mayores exhibiciones tácticas de todos los tiempos aquella noche. El técnico italiano planteó el partido cegado por su obsesión por la movilidad del excelente punta danés Lars Bastrup. Había aprendido mucho de la selección italiana en el Mundial 82. El constante movimiento de ciertos jugadores había provocado grandes problemas a la <i>zona mista</i> de Bearzot, conformada en gran parte por juventinos, aunque <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=iOwRx3DK2Xw">un colosal Scirea</a> había sido capaz de minimizar casi cada fallo de sus compañeros. No es exageración si decimos que el Mundial del líbero italiano es quizá el torneo más difícil al que se haya enfrentado un jugador, ya que tuvo que resolver situaciones muy complicadas, hacer coberturas y subsanar fallos de marcaje casi de manera intuitiva ante algunos de los mejores jugadores de todos los tiempos. Trapattoni no quería ese nivel de estrés para su líbero. Así que envió a su mejor perro de presa, Claudio Gentile, a marcar a Bastrup. Pero Happel cambió al danés de lado, sacándolo de la zona de Gentile -que lo siguió por todo el campo-, acumulando hombres en la zona izquierda de la defensa de la Juve -impidiendo que Cabrini pudiese subir, liberando así a Kaltz- y creando un boquete espectacular en la derecha que Magath podía aprovechar. Si Tardelli basculaba para tapar el hueco dejado por Gentile, el boquete se abría en el centro donde el propio Magath o alguno de los llegadores alemanes, como Groh o Milewski, creaba peligro. </p>
<blockquote><p>El marcaje especial sobre Platini mostró otro de los problemas inherentes a la zona mista.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Este era uno de los mayores puntos débiles de la <i>zona mista</i>, y ni Scirea podía solucionarlo. El otro era su dependencia en el cerebro del equipo. Y Happel lo aprovechará también. Para anular <a target="_blank" href ="https://soundcloud.com/radio-38ecos/codigo-cambridge-1x05-michel-platini">a Michel Platini</a> no manda a ningún jugador sobre él. El austríaco instruye a Jürgen Milewski, un centrocampista internacional famoso por su constante ida y vuelta, para que marque el espacio donde Platini genera peligro. Milewski va a atacar al francés sólo si pisa esa zona. Cuando está muy retrasado o escorado <i>Platoche</i> no es una amenaza y Milewski puede permitirse atacar -generalmente usando el boquete que Tardelli, en sus mil coberturas, ha dejado en el centro del campo Juventino-. Cuando esto sucede es otro tragamillas, Jürgen Groh, quien se encarga de patrullar el centro del campo. Platini pasa desapercibido, Rossi queda desconectado del juego, y Bettega y Boniek pierden a su mejor socio. El Hamburgo gana la Copa de Europa y la Juventus vuelve a quedarse con la miel en los labios. La <i>zona mista</i> no es inabordable.</p>
<h3>La era de la zona llega sin avisar</h3>
<p style="text-align: justify">Como ya habíamos dicho, cada vez había más voces que señalaban los defectos del marcaje individual. Nils Liedholm se había hecho un nombre en Italia por predicar la zona pura, aquella sin líbero a la italiana. El sueco alineará una línea de cuatro que marcará en zonalmente, con un jugador como Di Bartolomei, antiguo centrocampista, liderándola. El capitán romano dirigirá la línea en sus salidas para hacer la trampa del fuera de juego y proveerá al equipo de una salida de balón muy limpia que facilitará el trabajo de Falcao y Prohaska o Cerezo. Los éxitos de la Roma solo serán un pequeño adelante de la revolución de Arrigo Sacchi. El técnico de Fusignano, un mitómano del Fútbol Total, ejecutará en Milán una propuesta tan radical como la de Rinus Michels quince años antes. La línea Tassoti-Baresi-Costacurta-Maldini se convertirá en un mantra repetido por los futboleros en las décadas venideras y la famosa presión ejercida por los rossoneri les reportará tremendos éxitos a nivel nacional e internacional. El fútbol se reduce <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=3Dnx16-tEF4">a escasos 30 metros</a> y la regla del fuera de juego -el posicional también lo es- le beneficia. El Milan, al grito de Baresi, tira la línea como lo hacían los holandeses, estrechando el campo a niveles nunca vistos. Asfixia a sus rivales con dos líneas de cuatro perfectamente coordinadas que cortan pases y generan dos contra uno continuos. El Milan no caza en pequeños grupos como los chicos de Michels. El Milan caza en manada. Y a partir de Sacchi se cazará en manada o no se cazará. </p>
<p style="text-align: justify">Nada pasa de la noche a la mañana, pero la sentencia de muerte del marcaje al hombre viste de rojinegro. Italia resistirá, fiel a su vieja tradición e incluso en la época de <i>su</i> Mundial, el mundo parece caer enamorado del 5-3-2/3-5-2 que populariza Bilardo, y que pregona la presencia de un líbero por detrás de dos marcadores, pero es el último brillo de una estrella que se apaga. Alemania y sus clubes seguirán <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=a7KeFOdpRPY">jugando así</a> casi toda la década, pero la zona avanza a pasos agigantados. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=9sVbDI-TsSE&#038;t=156s ">Johan Cruyff</a> es otro de sus adalides, como no podía ser de otra manera, aunque incluso él recurre al viejo marcaje individual de vez en cuando. Ejemplos famosos son el de Ferrer sobre Vialli y el -fantasma- de Juan Carlos sobre Lombardo en la final de Wembley o el de Popescu sobre Laudrup en un Barça-Real Madrid. Pero incluso el gran genio de la intuición futbolística era incapaz de eliminar todos los peligros de la marca al hombre. Ese ejemplo de Juan Carlos y Lombardo es paradigmático, con el lateral blaugrana persiguiendo a un hombre que no juega <i>donde debería</i> y creando más problemas a su equipo que al contrario.</p>
<blockquote><p>La defensa en zona parece haber llegado para quedarse mucho, pero que mucho tiempo&#8230;</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Así pues, hemos vuelto al inicio. La zona lo domina todo, incluso hasta la defensa a balón parado, donde el marcaje al hombre parecía tener un dominio indiscutible. Ya nadie piensa en el marcaje al hombre como algo viable aunque de vez en cuando haga un cameo exitoso para recordarnos que sigue ahí. Así fue en <a target="_blank" href ="www.youtube.com/watch?v=wZDHLltOeVc">verano de 2004</a>, cuando la selección griega, jugando prácticamente un Catenaccio moderno -tres marcadores y líbero no se veían en un torneo de gran perfil internacional desde 1982- dio la sorpresa del siglo y se proclamó ganadora de la Eurocopa. El mundo se había olvidado de cómo lidiar con algo que consideraba muerto y enterrado. Pero ninguna vacuna es eterna y, quizá, en algunos años vivamos un nuevo cambio de paradigma. La cantidad de información que se maneja en la actualidad hace difícil pensar que el viejo marcador individual vuelva, pero cosas más raras se han visto. Que se lo pregunten a aquellos que estaban en Wembley en un nublado día de noviembre.</p>
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		<title>Anfield y la transición silenciosa (II)</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Dec 2016 03:00:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tras ganar la Copa, cuenta Shankly que se dio cuenta de que el final de su carrera estaba próximo cuando por fin se sentó a descansar en el vestuario de Wembley ese mismo día. Los quince años de tensión le habían cazado. Eso es lo que había en Bill Shankly y ya no quedaba nada [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/12/historia-liverpool-fc-anfield-transicion-entrenadores-estrellas/">Tras ganar la Copa</a>, cuenta Shankly que se dio cuenta de que el final de su carrera estaba próximo cuando por fin se sentó a descansar en el vestuario de Wembley ese mismo día. Los quince años de tensión le habían cazado. Eso es lo que había en Bill Shankly<span id="more-222875"></span> y ya no quedaba nada más que ofrecer. Anunció su retirada durante el verano y su ayudante más cercano, Bob Paisley, asumió el mando de la nave Red. Como ocurriría con Dalglish posteriormente, al mes de dejarlo Shankly sentía de nuevo el gusanillo del banco, pero era demasiado tarde. Aparecía regularmente por Melwood, tanto que Paisley pidió que le prohibiesen entrar para que dejase al equipo trabajar en paz. Ese mismo verano los banquillos del Leeds United y el Manchester City quedaron libres y quizá hubieran sido una buena manera de empezar con energías renovadas. Al fin y al cabo sólo tenía 60 años, pero Shankly fue fiel al club de sus amores, y nunca más se sentó en el banquillo. Solo se concedió el placer de liderar la entrada de su equipo, como entrenador campeón de copa, en la Charity Shield de ese año. A su lado, curiosamente, estaba Brian Clough, que había tomado posesión del cargo en Leeds poco tiempo antes. Ninguno de los dos era el verdadero entrenador de los hombres que venían detrás: unos seguían añorando a Revie y otros eran ya chicos de Paisley.</p>
<p style="text-align: justify">El Liverpool, sin embargo, con las bases sentadas por Shankly y el equipo formado en los años posteriores entraría en la mejor época de su historia. Paisley hereda la estructura de Shankly, lo cual era en cierto modo una bendición, pero también hereda el peso del personaje. Él no es Shanks, es mejor tácticamente, más dialogante, peor motivador pero seguramente más dotado para el asalto al trono europeo y mantener una hegemonía duradera en el frente inglés. Ciertamente no fue fácil, ya que en su primer año Keegan se perdió bastante partidos por su expulsión al pegar un puñetazo a Billy Bremner <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Zcl0wWR3QSc">en la Charity Shield</a>, y Tommy Smith fue sancionado por fingir una lesión cuando un objeto le alcanzó en el partido de Copa de Europa ante el Ferencvaros. Y para colmo el Liverpool quedó fuera en esa segunda ronda. Sin Europa y sin títulos domésticos, la primera temporada post-Shankly se catalogó de decepcionante. Pero, visto lo visto, el pasito atrás fue para coger impulso. Bob Paisley era el cerebro táctico del <i>Boot Room</i>. Y como tal empezó a actuar en su segunda temporada, una vez se quitó de encima la presión de no cambiar nada del legado de Shankly. Uno de sus mayores aciertos fue cambiar la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Ekk-XnYCoeo">posición de Ray Kennedy</a>, que pasó a jugar de centrocampista en lugar de en la delantera, como acostumbraba en el Arsenal.</p>
<h3>Paisley nunca dejó de mover piezas</h3>
<p style="text-align: justify"><i>Clemence; Neal, Thompson, Hughes, Smith; Case, Kennedy, Callaghan, Heighway; Keegan y Toshack</i>. </p>
<p style="text-align: justify">La transición continuaba, con Phil Neal apareciendo como el larguísimo lateral derecho, un trotón incansable que tendrá llegada a gol en las jugadas a balón parado y también será el lanzador de penaltis del equipo. Phil Thompson se había consolidado como ese central con capacidad para jugar que quería Shankly y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=zOnsEqCfCBU">Jimmy Case</a>, un centrocampista creativo -y no exento de garra- se había hecho con el costado derecho. Case es el gran centrador que hará las delicias de John Toshack. En el banquillo aparece ya Terry McDermott, un dinámico centrocampista que no tardará en abrirse hueco en el once y David Fairclough, el super suplente, un hombre que hará de sus 20 minutos saliendo desde el banco el período más fructífero y efectivo del fútbol mundial. En la Copa de la UEFA el equipo superó con suficiencia a la Real Sociedad y sobrevivió la eliminatoria contra el Dinamo de Dresde merced a dos soberbias actuaciones de Ray Clemence y a un Keegan siempre decisivo. Ante el Barcelona, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=dZTesxZ4r8A">en el Camp Nou</a>, el equipo dio una de sus mayores exhibiciones en el plano defensivo -una de los puntos débiles del conjunto- y John Toshack marcó el único gol. En Anfield, de nuevo Clemence y Phil Thompson fueron clave, manteniendo el resultado de empate. La final se disputaría contra el sorprendente Brujas de Ernst Happel. Entre ambos partidos de la final el Liverpool se jugaría la liga.</p>
<p style="text-align: justify">La final <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=vmWE3Fz4z8U">empezaría sorprendentemente mal</a>, con el Brujas adelantándose 0-2 en Anfield. Pero la entrada de Jimmy Case en lugar de Toshack liberó espacio para los movimientos de Ray Kennedy. Fue una jugada maestra de Paisley, ya que Case reforzaba el medio del campo metiéndose hacia adentro, liberando la banda para Phil Neal y cubriendo las espaldas de un Kennedy desatado. Un tiro de larga distancia suyo acortó distancias, y un gol de Case a pase del propio Kennedy empataba el partido. Poco después, Keegan transformaba un penalti sobre Steve Heighway. Antes de jugar la vuelta, el Liverpool se aseguró el campeonato liguero en Wolverhampton, y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=vk4XMGUJQJU">tras empatar en Brujas</a> también la Copa de la UEFA se iba a las vitrinas de Anfield. Se repetía la hazaña del 73 y ya nadie sospechaba de Paisley.</p>
<h3>El asalto a la Orejona</h3>
<p style="text-align: justify">El Liverpool se había asentado por méritos propios entre la élite del fútbol europeo en los años 70, pero seguía sin poder echarle el guante a la Copa de Europa. El verano de 1976, Paisley siguió cambiando algunos elementos de su equipo y mejorando zonas que parecían débiles. La llegada de Joey Jones, un robusto lateral izquierdo bastante similar a Phil Neal, permitó que Paisley pudiese asentar a Emlyn Huhges con Phil Thompson en el centro de la defensa, usando al veterano Tommy Smith como comodín en cualquier puesto. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=QFa6Wk2WiFc>Terry McDermott</a> se hizo con un lugar en el centro del campo al lado de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=AT8b7Jg3-os">Ian Callaghan</a>. Jimmy Case es ya un fijo en la derecha y Ray Kennedy comienza a aparecer en la izquierda una vez Steve Heighway empieza a acompañar a Keegan en la delantera. Es una temporada difícil para John Toshack. El equipo supera sin sobresaltos al Crusaders y al Trabzonspor -más allá de las horribles condiciones del estadio turco, algo típico en la vieja Copa de Europa-.  En liga el equipo vuela. Visitar Anfield se convierte en la peor pesadilla de todos los equipos y normalmente el compromiso se salda con los visitantes mareados ante centelleantes combinaciones de pases.</p>
<p style="text-align: justify">Así pues, el gran choque de la temporada llega en Europa, cuando el bombo empareja a los Reds con <i>les Verts</i> del Saint Etienne, a la sazón campeón francés. Este va un reto mayúsculo para el Liverpool, ya que los de Robert Herbin representan el verdadero juego de toque y posesión que se jugaba en el Continente. Finalistas derrotados el año anterior contra el Bayern -ay, esos postes cuadrados de Glasgow-, los franceses vuelven aún más fuertes. Osvaldo Piazza sigue siendo un auténtico cacique en el centro de la defensa, Christian López, el rey del tackle, es su compañero perfecto. Por delante de ellos, Domique Bathenay es un bulldozer en el centro del campo, Jean Michel Larqué el cerebro del equipo y el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=H0_kJjvH3GI">brillante Dominque Rocheteau</a> es, seguramente, el mejor jugador joven de Europa. Un extremo muy veloz y habilidoso al que las lesiones irán reconvirtiendo en delantero conforme pasen los años.</p>
<p style="text-align: justify">En un ambiente muy hostil en Francia, el Saint Etienne <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=pY6ybFJg0_U">presiona al Liverpool</a> desde el principio y domina buena parte del encuentro, pero tiene dificultades para marcar -algo que siempre acompañó a este brillante conjunto-. Jimmy Case dispara al poste mediada la segunda parte, en lo que podría haber sido un tremendo golpe psicológico, pero es Bathenay quien se sale con la suya al marcar el único gol del partido. En Anfield, con 60 mil almas dispuestas a <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=vZdpzXXKpp8">devolver la encerrona</a> del Geoffrey Guichard, el Liverpool empató la eliminatoria a los dos minutos. Parecía que iba a ser otra noche mágica, pero fue necesario que Clemence estuviese en su mejor forma para mantener a los franceses a raya. Hasta que un disparo espectacular de Bathenay, con mucho efecto, puso el 1-1 en el marcador. Un gol muy importante por su valor doble. Ray Kennedy añadió un tanto más a la cuenta de los Reds. Casi sin tiempo, Paisley usó su arma secreta: Fairclough entró por Toshack y marcó el gol que daba la victoria en la eliminatoria a su equipo. Fue un momento de éxtasis, ya que se había batido a un fantástico adversario, un auténtico gatekeeper. Fue la noche en que Anfield se creyó por fin que podían ganar la Copa de Europa. Especialmente cuando el rival en semis, el sorprendente Zurich, fue barrido por un Liverpool crecido. En la otra semifinal, Borussia Moenchengladbach y Dinamo de Kiev se daban cera por un billete a la final de Roma que finalmente recaería en los brillantes alemanes.</p>
<blockquote><p>Liverpool y M&#8217;Gladbach se volvían a cruzar, aunque de una forma muy diferente a años atrás.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Brillantes y viejos enemigos, el Borussia había sufrido su pequeña transición a lo largo de la década. Ya no estaba Netzer, pero sí el brillante extremo Allan Simonsen, que se coronaría Balón de Oro al final de ese mismo año, también un nuevo volante llamado Uli Stielike, y con ellos seguían los viejos rockeros como Berti Vogts, Rainer Bonhof, Herbert Wimmer y <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/05/historia-juup-heynckes-futbolista-entrenador-bayern-munich/">Jupp Heynckes</a>. El Olímpico de Roma, sin embargo, era Red. La afición del Liverpool se volvió loca ante su primera final de Copa de Europa y llegó en oleadas a la Ciudad Eterna, copando gran parte del estadio. Para los jugadores fue una sensación indescriptible, y ciertamente salieron reforzados ante un rival temible. Los alemanes tuvieron la primera gran oportunidad con un tiro al poste de Bonhof, pero el Liverpool golpeó primero cuando Terry McDermott, llegando desde segunda línea, remachó un centro de Heighway. Pero apenas se había asentado el equipo tras el subidón del gol cuando Simonsen, driblando desde la zona izquierda puso el empate con un gran gol. Clemence tuvo que emplearse a fondo para salvar un remate de Stielike que hubiera puesto en ventaja a los alemanes. Fue decisivo, ya que poco después Tommy Smith, el veteranísimo, marcó tras la salida de un corner, antes de que Phil Neal remachase el resultado de penalti. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Dayq5OiPcNM">¡Campeones de Europa!</a></p>
<h3>Cambiar para mantenerse</h3>
<p style="text-align: justify">La defensa del título europeo es siempre más difícil que llegar a la cima, por eso pocos equipos ha logrado hacerlo. Más difícil aún cuando tras la final de Roma Kevin Keegan anunció que había firmado un lucrativo contrato con el Hamburgo y abandonaba el equipo. A eso debemos unir la edad de Emlyn Hughes, Tommy Smith e Ian Callaghan. ¿Cómo se iba a recomponer el equipo? Paisley, ante semejante reto, miró al Norte. Tres escoceses llegaron que serían decisivos en la historia del club. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=trDP0RZSX9E">Graeme Souness</a>, un centrocampista de gran despliegue físico, nacido para ser un box to box, a pesar de problemas iniciales sería una leyenda del club. Alan Hansen, el defensor central capaz de mover la pelota con criterio e incluso preparado para jugar como mediocentro y, sobre todo, Kenny Dalglish. Pocos podían imaginar que Dalglish, ya una estrella consagrada en el Celtic de Glasgow -era uno de los miembros más reputados de la fantástica generación conocida como <a target="_blank" href ="https://en.wikipedia.org/wiki/Quality_Street_Gang_(Celtic_F.C.)">Quality Street Gang</a>-, estuviese comenzando la parte más brillante de su carrera. Cuando decimos que Dalglish es la transición del Liverpool hecha hombre no lo decimos sólo por sus logros como manager, sino también por lo que contribuyó a ella como jugador. Asumió el número 7 de Kevin Keegan sin despeinarse, y mejoró sus prestaciones. Tanto que, a final de año, nadie se acordaba de <i>Super Ratón</i>, que a su vez estaba triunfando en Alemania. Dalglish dio al juego del Liverpool aún más matices que Keegan, especialmente porque su inteligencia en el balcón del área es casi única. Dalglish fue un mediapunta que solo aparecía en esa posición para hacer daño, fue un segunda punta con una visión de juego clarividente, y fue un goleador de categoría, además de ser un jugador de partidos grandes.</p>
<p style="text-align: justify">A pesar de verse sorprendidos por el Nottingham Forest en la liga, el Liverpool dio lo mejor de sí en Europa. Arrasó al Dynamo Dresde y al Benfica antes de enfrentarse al Moenchengladbach por enésima vez, esta vez en las semifinales. Una sufrida derrota en Düsseldorf -donde el Borussia había movido el partido-, presagiaba un tenso partido de vuelta en Anfield. Nada más lejos de la realidad. Dalglish dominó el encuentro y el Liverpool se plantó en la final ganando 3-0. Una final que les mediría a otro enemigo familiar, el Brujas de Ernst Happel, en un escenario aún más familiar, Wembley. Los belgas, con muchísimas bajas, se atrincheraron y se dedicaron a impedir que el Liverpool jugase con comodidad. Pero el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=JEY7SIVnYy8">maravilloso gol</a> de Dalglish, con su pierna mala, retuvo la Copa de las grandes orejas para los Reds. Clemence; Neal, Hansen, Thompson, Hughes; Case, McDermott, Souness, Kennedy; Dalglish y Fairclough. La temida transición estaba completada. Y con honores.</p>
<blockquote><p>El mítico e histórico Forrest de Clough se cruzó en su camino varias veces.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Pero mientras el Liverpool conquistaba Europa surgía en Inglaterra un equipo que sería la horma de su zapato. El <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/12/brian-clough-carrera-entrenador-leeds-nottingham-forest-exitos/">Forest de Brian Clough</a> ganaba la liga del 78 un año después de ascender, y lo hacía jugando un fútbol atractivo y ofensivo, pero también físico, que parecía tener tomada la medida del Liverpool. Así fue cuando ambos equipos se encontraron en la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=6sdvoqb3JnU&#038;t=441s">primera ronda de la Copa de Europa</a> del 79 y el Forest acabó con el reinado del conjunto Red. Ellos mismos repetirían la hazaña de los de Paisley, ganando la máxima competición continental dos años seguidos. Mientras, el Liverpool arrasó en la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=goCzUxElxQk">liga de 1979</a> con el que seguramente sea su mejor conjunto de la Historia. Una combinación de veteranos dando su último esfuerzo, superestrellas en plenitud y jovenzuelos que se asientan. Ya no están Callaghan ni Smith, es el último año de Emlyn Hughes y el primero de Sammy Lee. Y hay un Kenny Dalglish imperial. Y unos diésel de lujo en el mediocampo con Souness y McDermott. Y la calidad de Jimmy Case. Y la confirmación de Alan Hansen y David Johnson. Y la llegada de Alan Kennedy, que competirá en pulmones con Ray. Un campeonato perfecto, que se retendrá al año siguiente -a pesar de la nueva decepción europea, donde el Dinamo Tblisi les propina la lección continental de cada cinco o seis años-.</p>
<h3>Gold Rush</h3>
<p style="text-align: justify">Este equipo se mantendrá unos tres años sin mayores cambios y en 1981 retomarán el trono europeo tras <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=i814lcwVXlk">derrotar al Real Madrid</A> en una final marcada por el miedo en París. Alan Kennedy, quizá el jugador más tosco del equipo, marcó el gol de la victoria en una de sus subidas al ataque. Los laterales larguísimos de Bill Shankly seguían dando réditos. Y la transición seguía siendo constante, con elementos como Sammy Lee -plenamente integrado en el equipo- y los recién llegados Ian Rush y Ronnie Whelan debutando. Grandes cosas les aguardaban en el futuro cercano, ya que ambos se harían habituales del equipo en la siguiente temporada. Rush como delantero centro, el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=QxXick-8jIk">perfecto acompañante</A> para Dalglish. El galés era un jugador que leía muy bien los balones al espacio, y un gran definidor en carrera. Un sueño para un segundo punta como Dalglish. Su conexión será la mejor de Europa durante la primera parte de los 80. Ronnie Whelan, el irlandés, por su parte se hará con el puesto de Ray Kennedy y será pilar del centro del campo Red por más de una década. Además de estos dos elementos, Ray Clemence se fue al Tottenham, dejando el camino abierto para uno de los personajes más pintorescos de la historia del club: <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=NfoIurDhtOI">Bruce Grobbelaar</A>. El excéntrico portero de Zimbabwe, irregular como pocos, hacía parecer académico a Clemence. </p>
<p style="text-align: justify">Sus inicios fueron durísimos, ya que la afición no confiaba en él y sus continuos errores de bulto no ayudaban a corregir la situación. Pero poco a poco se fue asentando y llegaría a ser indiscutible durante una década en Anfield. Durante estos dos años posteriores a la tercera Copa de Europa, donde el Liverpool es incapaz de llegar lejos en la competición continental pero gana holgadamente la liga, se asienta también el irlandés Mark Lawrenson como pareja de Alan Hansen en el centro de la defensa. Se ha dado un paso más en la evolución que pedía Shankly y ahora ambos centrales son jugadores muy dotados con el balón en los pies. El equipo se transforma, es menos técnico y más físico, más directo -tanto Hansen como Lawrenson son muy buenos desplazando la pelota en largo-, más vertical. A ello contribuye el incansable ritmo de Souness y la necesidad de Ian Rush de ser lanzado al espacio entre los defensores. Estéticamente es un equipo más feo, pero renace como fuerza competitiva. Además, estos jugadores demuestran un carácter indomable que les hará no sentir la presión y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Sk589dCx23U">ganar la Copa de Europa de 1984</A> en Roma y contra la Roma, ya bajo el mando de Joe Fagan y con nuevos elementos como John Wark, uno de los favoritos de Fagan, y Steve Nicol.</p>
<p style="text-align: justify"><i>Grobbelaar, Neal, Hansen, Lawrenson, Alan Kennedy; Lee, Wark, Souness, Whelan; Dalglish y Rush</i>.  </p>
<p style="text-align: justify">Parecía que, gracias a esta transición constante, a esta puerta giratoria de jugadores que se adaptan a un estilo y esquema ya preconcebidos, el dominio del Liverpool se prolongaría indefinidamente. Ni siquiera la edad parecía afectar demasiado, ya que los nuevos elementos hacían olvidar a los viejos a una velocidad record. El equipo de Fagan se movía gracias a una inercia ganadora, que duraba ya casi 15 años. Pero tuvo que aparecer un elemento externo, el horror de los hooligans, para detener esta inercia. El tiempo se paró en Anfield durante más de un lustro. Una tormenta que solo el capitán ideal podía capear. Hasta ahí duró esa transición mágica de Shankly, ya que el capitán estaba en casa. Pero, como vimos al inicio de esta historia, hasta el Rey de Anfield tenía un límite.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">_<br />
Primera entrega: <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2016/12/historia-liverpool-fc-anfield-transicion-entrenadores-estrellas/">Anfield y la transición silenciosa (I)</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right">Foto: Allsport/Getty Images</p>
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		<title>Anfield y la transición silenciosa (I)</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Dec 2016 03:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[No hay muchos hombres en el mundo del fútbol que estén viviendo un desafío como el que ha asumido Jürgen Klopp. El Liverpool FC busca desesperadamente poner fin a la racha de 26 temporadas sin ganar el título liguero inglés y el entrenador alemán aceptó el reto, la nómina -asumimos que generosa- y los dolores [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">No hay muchos hombres en el mundo del fútbol que estén <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/10/jurgen-klopp-nuevo-entrenador-liverpool-relevo-brendan-rodgers/">viviendo un desafío</a> como el que ha asumido Jürgen Klopp. El Liverpool FC busca desesperadamente poner fin a la racha de 26 temporadas sin ganar el título liguero inglés y el entrenador<span id="more-222732"></span> alemán aceptó el reto, la nómina -asumimos que generosa- y los dolores de cabeza resultantes de tratar de poner orden en un barco que hace tiempo perdió el rumbo. Ni siquiera con Rafa Benítez, quien añadió una histórica Copa de Europa a las vitrinas de Anfield, estuvo el club cercano a retomar las aguas que surcó durante más de veinte años, cuando era la entidad más exitosa del mundo. Ni que decir tiene que Klopp, además, lo está intentando con un estilo que encanta a la parroquia <i>red</i>, con personalidad, juego atacante e intentando <i>pasar la pelota</i>, algo que en Anfield Road siempre ha sido un mantra, pero que no se veía a menudo desde los tiempos en que <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8Ta9HXhU7II">Roy Evans</a>, el último miembro de la tradición del <i>«Boot Room»</i>, estaba al mando del equipo. </p>
<p style="text-align: justify">Devolver el título de campeón inglés al Liverpool Football Club es una obsesión, pero es en realidad, una vez ahí, cuando el proyecto a largo plazo comienza. Controlar la transición entre jugadores, entre plantillas ganadoras, ha sido siempre un arte, perdido ahora, en la parte roja de la ciudad de los Beatles. Introducir nuevos elementos sin que se note, la clave de la época más exitosa de la entidad. Evolución constante de hombres -y nombres- sin la sensación de estar viviéndola. Un arte que empezó en una final de copa y que terminó en una rueda de prensa.</p>
<h3>El paso de amigo a jefe</h3>
<p><i>«Tenía que irme. La alternativa era volverme loco […] Incluso si hubiéramos ganado 4-0 habría dimitido al día siguiente. Podía mantener mi trabajo o mi salud mental, nunca los dos. Tenía que irme»</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Las angustiadas palabras de Kenny Dalglish explicando lo que pasaba por su cabeza cuando <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=K2K4U6W1goc">dimitió en febrero de 1991</a>, con su equipo primero en la clasificación, dejan entrever no solo el estrés al que un entrenador se somete día a día, sino también la particular situación que vivía en el Liverpool. Dalglish había tomado el mando del equipo tras la retirada de Joe Fagan, y lideró exitosamente uno de los períodos más turbulentos de la historia del Liverpool. No sólo vivió en primera persona los desastres de Heysel y Hillsborough, sino que también fue actor protagonista en el proceso de cambio del fútbol inglés. Dalglish sentía que el Liverpool estaba perdiendo poco a poco, casi imperceptiblemente, no solo la hegemonía en las Islas sino también el tren del fútbol moderno. El dinero empezaba a escasear, el organigrama del club estaba quedándose obsoleto, y los jugadores más importantes se hacían mayores mientras la imposibilidad de sustituirlos con hombres a su altura se hacía cada vez más patente. Y para todo la respuesta era Dalglish, para todas las responsabilidades, para dar la cara ante la prensa, para convencer a los jugadores de fichar por el equipo y no por los renacidos Manchester United, Arsenal e incluso Leeds o Aston Villa. La <a target="_blank" href ="https://en.wikipedia.org/wiki/Foundation_of_the_Premier_League">Premier aparecía en el horizonte</a>, y la vuelta del fútbol europeo -del que el club había estado alejado desde la final de Heysel- también. Y esos partidos contra el Everton, encuentros locos, con muchos goles, con errores groseros por parte de jugadores que no daban la talla, con veteranos arrastrándose o intentando dar la cara como buenamente podían, colmaron el vaso de un Dalglish que llevaba un lustro siendo el chico para todo -jugador, entrenador, manager, incluso todo a la vez durante varios años- y al que la liderar una nueva transición se le hizo demasiado.</p>
<p style="text-align: justify">Nadie esperaba que <i>«King Kenny»</i>, como ya era apodado en todo el fútbol británico, arrancase su carrera como entrenador con semejante éxito. Había asumido la posición a los 34 años, tomando el relevo de un Joe Fagan al que el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=v50STmvf1AQ">episodio de Heysel</a> empujó al retiro, pero sin renunciar a vestirse de corto. Dalglish era jugador-entrenador, un cargo no tan raro en el fútbol inglés. Pero su caso era especial, ya que al contrario de la mayoría de casos, el escocés seguía siendo uno de los mejores jugadores del fútbol inglés. Muchas veces el giro táctico que cambiaba partidos drásticamente consistía, básicamente, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=fFNxm0Dbxdg">en ponerse a sí mismo</a>. Su pareja de ataque con Ian Rush seguía sin tener rival y, Dalglish prolongó su carrera varios años con esta fórmula. </p>
<h3>El capitán entre la tempestad</h3>
<p style="text-align: justify"><i>Grobbelaar; Nicol, Hansen, Lawrenson, Beglin; Johnston, Molby, McMahon, Whelan; Dalglish, Rush.</i></p>
<p style="text-align: justify">Obviamente Dalglish había jugado con todos ellos y él mismo reconoce que, aún recibiendo la ayuda de Bob Paisley, tuvo que reestructurar todas sus interacciones en el vestuario. Más aún cuando en plantilla todavía estaban grandes veteranos como Phil Neal o Phil Thompson -que habían llegado al club antes incluso que él- o Alan Kennedy y Sammy Lee, compañeros de fatigas por todo el mundo. El equipo estaba en plena transición y los seis años de sanción por Heysel no iban a ayudar. Afortunadamente para el escocés, en la defensa la renovación había ocurrido sin prisa pero sin pausa durante el mandato de Fagan, con lo que él se centró en dar simples retoques al conjunto. Flojea el lateral izquierdo y la zona derecha del centro del campo. Y también era hora de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=LB2nwwFgZy4">encontrar un nuevo Dalglish</a>, un nuevo Keegan, la figura capaz de focalizar el ataque Red con sus movimientos y su creatividad. Rush no lo era: él se dedicaba a marcar goles, necesitaba ese suministrador. Encontrar a un jugador de ese tipo nunca es fácil, así que no podemos ni imaginar la hercúlea tarea de que ese jugador al que tienes que encontrar tenga que sustituirte a ti mismo. Dalglish también variará por primera vez en casi 20 años los roles creados por Bill Shankly y en los que el club iba simplemente añadiendo, quitando, intercambiando jugadores. Esos jugadores aportaban su propio estilo o personalidad, pero el rol principal era fijo y para triunfar en Anfield, esos jugadores debían adaptarse como la plastilina de los niños. Ser una estrellita si el molde quiere que seas una estrellita, ser un cubo si el molde quiere que seas un cubo. Ahí estaba la mayor herencia de Shankly. Bien, pues Dalglish añadió un nuevo molde usando muchas veces a Jan Molby, el gran centrocampista danés, como líbero.</p>
<blockquote><p>Poco a poco, el Manchester United iría recuperando su sitio para opositar la liderazgo del Liverpool.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Mientras el equipo y Dalglish se adaptaban el uno al otro, el Manchester United de Ron Atkinson volaba. Empezaron la liga <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jy6xly3yL6c">con diez victorias</a> en diez partidos y parecían imparables. Los <i>«Diablos Rojos»</i> llevaban casi 20 años sin ganar el título, y Big Ron, tras un lustro de trabajo, había ensamblado un magnífico conjunto. Paul McGrath era la roca que lideraba la defensa y el talento en el centro del campo lo ponía la combinación de Gordon Strachan, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ZBilBa5n2wY">Bryan Robson</a>, Norman Whiteside y Jesper Olsen. Arriba, la dinamita corría a cargo de Mark Hughes acompañado de Frank Stapleton. Por un momento, parecía que la hegemonía del Liverpool había terminado. Dalglish tenía problemas para ponerse a sí mismo en el equipo, más preocupado de ser una figura de liderazgo en el banquillo. Y el equipo todavía echaba de menos la energía de un Graeme Souness que se había ido a jugar a la Sampdoria tras ganar la Copa de Europa en el 84. El descabezado Liverpool comenzó a reaccionar cuando Dalglish asumió que su sitio todavía estaba en el terreno de juego. El entrenador comenzó a jugar más y más minutos, sus números ya no impresionaban como antaño, pero su presencia y su inteligencia fueron decisivas en el despegar del equipo. Y sobre todo Ian Rush le recibió con los brazos abiertos. Conforme el Liverpool crecía, el United se desinflaba -tan flagrantemente que será el último año de Atkinson antes de que un tal Alex Ferguson tomase el mando-, y a finales de mayo, increíblemente, los <i>reds</i> volvían a ganar la liga, precisamente con <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=_jgvs9GlsGU">un gol de Dalglish</a> en Stamford Bridge. No contentos con esto, disputaron en Wembley una de las finales de Copa más especiales que se recuerdan: un Liverpool-Everton que hizo las delicias de todos los aficionados. </p>
<p style="text-align: justify">El <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=kVnVI2xov5g">Everton de Howard Kendall</a> venía creciendo exponencialmente a mediados de los 80. Ya habían ganado la copa en 1984, y la liga y la Recopa en 1985. Contaban con un grupo de jugadores muy fuerte, comandados en ambas áreas por Neville Southall y Gary Lineker. Y eran favoritos en <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=EXUTR1OWsgE">aquella final</a> all-Scouser. Lineker no faltó a su cita con el gol -idilio que venía durando todo el año y se prolongaría en el Mundial de Mexico- pero tampoco lo hizo Ian Rush, que marcó dos goles -completado por un tercero de Johnston-, para dar el doblete al Liverpool. Y acto seguido voló a emprender la aventura italiana en la Juventus.</p>
<h3>Cambiar para mantenerse</h3>
<p style="text-align: justify"><i>Grobbelaar; Nicol, Hansen, Gillespie, Abblett; Houghton, McMahon, Molby, Barnes; Bearsley y Aldridge</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Sin Rush, Dalglish vivió momentos difíciles al año siguiente, y el Liverpool se quedó con las manos vacías por tercera vez en quince años. Con el galés en la Serie A y él mismo rozando los 36 años, estaba bastante claro que Dalglish tenía que reconstruir el ataque, así que afrontó su primera transición al mando del equipo. Firmó a John Aldridge a mitad de temporada, y en verano del 87 se trajo al escurridizo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=yLdRuLZNvgg">Peter Beardsley</a>, del Newcastle, y a John Barnes, del Watford. No pudo haberlo hecho mejor el escocés. Acertó de pleno con los tres fichajes y, con la defensa renovada por Fagan más su ataque, podía planificar los retoques con tranquilidad. El Liverpool no va a perder en liga hasta marzo, marcando goles sin dificultad y apenas encajando una docena. La combinación de los tres fichajes causa sensación y Rambo -el valiente Aldridge-, Sambo -el no muy correcto apodo de Barnes- y Quasimodo -el poco agraciado Beardsley-, dominan el campeonato. </p>
<p style="text-align: justify">El pequeño Peter se mueve por todo el ataque, regatea con facilidad y es el perfecto sustituto para el rol que Dalglish había desempeñado desde su llegada. Aldridge hace olvidar a Rush, ya que es mortífero en balones al espacio, como el galés, pero también fortísimo en el aire. Y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=R2Zpf6lPb6Y">Barnes se convierte</a> en el mejor jugador de Inglaterra. Partiendo desde la banda izquierda se convierte en la fuente de inspiración de un Liverpool que honra al passing game instaurado por Shankly y perfeccionado por Paisley. Barnes regatea, crea, asiste y marca goles y, en definitiva, asume el manto de <i>«King Kenny»</i>, como gran figura del club. Este era un equipo diferente a cualquier otro: más ofensivo que el de Fagan, más vertical que el de Paisley y con más talento individual que el de Shankly. La cúspide de este equipo es la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jy-uQT3AqyI">goleada por 5-0</a> ante el Forest de Brian Clough -que terminaría tercero en la liga-. El único revés del año viene con una sorprendente derrota en la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=U9Kk3C_8sEE">final de la FA Cup</a> ante el Wimbledon de Vinnie Jones y Dennis Wise, auténticos representantes del fútbol <i>kinki</i>. Volaba el segundo doblete.</p>
<p style="text-align: justify">El cuarto año de Dalglish estuvo marcado por el regreso del hijo pródigo, Ian Rush retornó tras su experiencia italiana, y el entrenador tuvo que lidiar con la presencia del galés junto al irlandés Aldridge. Fue un año lleno de emociones, no todas buenas. La tensión entre Rush y Aldridge acabaría con el irlandés abandonando el equipo y firmando por la Real Sociedad. Además, en las semifinales de copa contra el Forest, se produce la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=0yIAGkOpzSk">tragedia de Hillsborough</a>, donde 96 seguidores del Liverpool perderán la vida. Este es un incidente que estará presente en el día a día del club hasta la actualidad y en el que Dalglish se involucró personalmente, añadiendo aún más tensión nerviosa a una situación personal que, como ya hemos visto, no era más que un caldo de cultivo perfecto para lo que pasó en 1991. Para culminar esta extraña temporada, el Liverpool perdió la liga en la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=0yIAGkOpzSk">última jornada contra el Arsenal</a>. No fue un desenlace común tampoco, ya que ambos equipos se enfrentaron en Anfield, con los londinenses necesitando ganar por dos goles para proclamarse campeones. Nadie daba un duro por ellos, pero los de George Graham -un equipo en alza que ganaría bastantes títulos- dieron la sorpresa.</p>
<blockquote><p>Cuando Dalglish estalló no hubo vuelta atrás. Sería el momento de Graeme Souness, el principio dle fin.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><i>Grobbelaar; Nicol, Hansen, Gillespie, Staunton; Houghton, McMahon, Molby, Barnes; Bearsley y Rush.</i> </p>
<p style="text-align: justify">Dalglish seguía tocando piezas aquí y allí, incorporando algunos jóvenes valiosos que no acababa de cuajar y sus principales jugadores iban ganando años. Especialmente en el caso de Steve Nicol y Alan Hansen, así como Houghton o McMahon. Pero en ese año 89-90 el equipo se recuperó de las tragedias y sinsabores del año anterior. Fue el canto de cisne, que se selló al final de temporada, con el título de liga número 18 y con Kenny votado Manager del Año por tercera vez en cinco temporadas. Lo que siguió ya lo contamos: toda la tensión acumulada durante ese lustro de locos alcanzó a Dalglish, que hizo lo posible por desaparecer. Él mismo reconoció que fue demasiado radical, que solo necesitaba un descanso, pero que cuando quiso volver se <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=trDP0RZSX9E">encontró a Graeme Souness</a>, su viejo compinche, un tipo de una personalidad completamente opuesta a la suya, sentado en el banquillo de Anfield. Dispuesto a comenzar una transición que Kenny no había tenido fuerzas para iniciar y que jamás se completaría para bien. Era el principio del fin para el modelo de Bill Shankly.</p>
<h3>Llegaron para quedarse</h3>
<p style="text-align: justify"><i>Lawrence; Lawler, Byrne, Strong, Yeats; Stevenson, Smith, Callaghan, Thompson; Hunt y St. John</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Esos son los jugadores que confirmaron la vuelta del Liverpool a la élite. Para quedarse. Los once hombres de rojo que derrotaron al Leeds United de Don Revie en la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=u59t5QpcoMk">final de la FA Cup de 1965</a>. El cabezazo de Ian St. John selló el triunfo, pero la imagen es la de Gerry Byrne jugando 80 minutos con una clavícula rota y siendo uno de los destacados del equipo de Bill Shankly, ante un Leeds que traía una trayectoria muy parecida a la suya. Habían ascendido el año anterior y ya en este primer año en la élite, con unos sellos de identidad que los harían famosos, fueron subcampeones de liga y de copa. En la liga, había aparecido un <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=C_peTI2dbnk"><i>genio norirlandés</i></a> en Manchester, y los de Matt Busby fueron mejores que el Leeds, tomando el relevo del Liverpool, que la había ganado el año anterior, apenas dos temporadas después de ascender de Segunda. Porque ahí recogió Bill Shankly al Liverpool, en la segunda división del fútbol inglés, con unas instalaciones en ruínas y sin apenas dinero. Y hasta aquí, recibiendo la FA Cup por primera vez en la historia del club, los había traído. </p>
<p style="text-align: justify">Esos once hombres son la base sobre la que comienza el sistema de transiciones que hará del Liverpool el club de referencia en los próximos 25 años. Recuerden sus nombres. La gran mayoría provenientes de los Reservas, donde sí había calidad cuando el entrenador llegó -al contrario que el primer equipo, que languidecía lejos de la élite-. Shankly limpió el equipo de jugadores veteranos o mediocres, ahorró dinero, firmó al enorme defensor Ron Yeats y al habilidoso delantero Ian St. John, subió chavales jóvenes y asaltó primero el título de Segunda y luego el de Primera.  La vieja Football League -y estamos hablando hasta la llegada de la Premier- permitía que un campeón de Segunda pudiese afrontar su primera temporada en la máxima categoría con ciertas aspiraciones de hacer algo más que mantenerse. Por reglas, por sueldos, por igualdad, es algo que no se verá ya nunca más. Y ya con estos hombres viajó por Europa, llevándose sus primeras decepciones, como aquella polémica semifinal contra el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=_eFNtCN6AqM">todopoderoso Inter</a> o, un par de años más tarde <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=EfnjmeuUiCg">contra un Ajax</a> en el que ya despuntaban los jóvenes Cruyff y Keizer, y que dan a los <i>reds</i> un tantarantán interesante.</p>
<blockquote><p>Shankly instauró un modelo reconocible a todos los niveles: estructural, deportivo y futbolístico.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Shankly no fue solo exitoso desde el inicio. Quería ser competitivo pero no a cualquier costa. Quería serlo y ser reconocible, instauró un estilo de juego alejado del <i>«kick and rush»</i>, más cercano al <i>«push and run»</i> del Tottenham campeón del doblete en 1961. El equipo era muy físico, con carácter, racial en muchos de sus elementos, pero también técnico y con gusto por el fútbol jugado a ras de suelo. Una de las contribuciones más importantes del técnico escocés fue no solo crear una cultura del club sino también un entramado táctico sobre el que trabajar a largo plazo. Shankly creo los moldes, los roles ideales sobre los que organizar su juego. Y el equipo evolucionó desde ahí. Portero heterodoxo, laterales muy largos -que estaban muy de moda gracias a la selección brasileña-, un central muy potente y el otro con capacidad para mover la pelota, dos centrocampistas centrales con un gran despliegue físico -uno de ellos más estático y el otro más llegador-, en las bandas un extremo más clásico y un interior con capacidad para jugar por dentro, y en el ataque un delantero rápido y habilidoso y uno con presencia física, un cazagoles. Esos son los carnets de identidad del equipo del Liverpool en 1965, en 1977, en 1984 y en 1990. Con Shankly y sin Shankly.</p>
<p style="text-align: justify">Pero el escocés, a pesar de todo esto, tampoco era perfecto. De hecho, tras haber creado el sistema, cometió el error de aferrarse a este grupo de jugadores. El Liverpool gana la liga de nuevo en el 66, y llega a la final de la Recopa ese mismo año, aunque la pierde contra el Borussia Dortmund. El equipo sigue siendo regular, pero envejece y no vuelve a ganar el campeonato durante esa década. Además, vivimos una época de oro para los clubes ingleses, con bastantes equipos destacados y destacables, muchos de los cuales practican un fútbol de alto nivel. El renacido Manchester United de Matt Busby es un gran ejemplo, pero también el fútbol técnico del Tottenham de Jimmy Greaves y Dave McKay, y de la Academia del West Ham con Bobby Mooren, Martin Peters y Geoff Hurst. Emerge el poderoso <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=EfnjmeuUiCg">Leeds de Don Revie</a>, que creará una plantilla larga y llena de internacionales, lo cual le permitirá rotar y no verse afectado por las sanciones y lesiones. Revie crea el primer <i>superclub</i> inglés en ese aspecto. Y no debemos olvidarnos del brillante <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/10/historia-legado-malcolm-allison-entrenador-manchester-city-joe-mercer/">Manchester City de Joe Mercer y Malcolm Allison</a>, con Colin Bell, Francis Lee y Mike Summerbee como trío estrella. </p>
<p style="text-align: justify">Es en 1970, tras ser eliminado de la copa por el Watford, cuando Shankly entiende la inevitabilidad del cambio y que nuevos mimbres tenían que llegar para que el Liverpool siguiese arriba. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=WIzFeICl4gQ">Emlyn Hughes</a> llega a finales de los 60 y será un éxito total. Un lateral izquierdo infatigable, que se propone en ataque continuamente y tiene un buen disparo. Además, va al choque como pocos. Será capitán y referencia del club durante más de diez años. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8pQr5ASTrZU">Ray Clemence</a> se hará con el puesto en la portería. Ágil y valiente, prototipo de portero reactivo, siempre sin guantes. Larry Lloyd será la roca en la defensa, el nuevo Ron Yeats. John Toshack, la torre en ataque. Steve Heighway hará suya la banda izquierda de Anfield. Y por último, un ratonil atacante que llega del Scunthorpe, y al que su ambición y capacidad de trabajo le convertirán en leyenda. El primer futbolista británico que vivirá como una auténtica super estrella, el hombre que hizo explotar el dinero para el profesional inglés: <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8NtyDsd3WB4">Kevin Keegan</a>. El duro Tommy Smith e Ian Callaghan, el cerebro del mediocampo, sobrevivirían a sus compañeros de quinta y seguirían siendo clave hasta bien entrados los 70. Shankly había comenzado la transición de una manera más abrupta de lo que sería ideal, pero esta ya nunca pararía. Cuenta Keegan que la manera en que Shankly los motivaba era clave en las mejores actuaciones del equipo. Una anécdota muy conocida es que el técnico dijo a Keegan, justo antes de jugar por primera vez ante Bobby Moore, que el famoso central inglés había estado bebiendo la noche anterior y estaba de resaca. Confiado ante las malas condiciones del capitán de Inglaterra, el joven Keegan dio una exhibición. <i>«Bobby Moore no bebe. Y tú no vas a jugar contra nadie mejor que él»</i>, fueron sus palabras posteriores al partido. Había convencido a Keegan de que podía dominar a cualquier defensor del mundo.</p>
<h3>Los 70 empezaron en el 73</h3>
<p style="text-align: justify">Clemence; Lawler, Lloyd, Hughes, Lindsay; Smith, Cormack, Callaghan, Heighway; Keegan y Toshack. </p>
<p style="text-align: justify">Este equipo tardó un año en arrancar, pero sería tremendamente exitoso. Ya en 1973 <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=JIq9jGbzDi4 ">volvía a caer</a> el título de liga y, aún más importante para Shankly, el primer entorchado europeo. El Liverpool derrotaba en la final de la Copa de la UEFA al brillante Borussia Moenchengladbach alemán, que había arrasado en su camino a la final, incluyendo nueve goles al Aberdeen, cinco al Colonia, cinco al Twente y otros nueve al Kaiserslautern. No sin sufrimiento para los rojos, ya que a una sólida victoria local en Anfield <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Yp9mtHTiME4 ">por 3-0</a> -merced a un doblete del inevitable Keegan y a un tercer gol de Larry Lloyd-, respondió en Bökelberg el Borussia con un 2-0 -cortesía de Jupp Heynckes- que se quedó corto, pero metió el miedo en el cuerpo al cuadro inglés. La táctica de incluír a Emlyn Hughes en el centro del campo para marcar a Netzer no fue del todo exitosa, pero al final del partido, el Liverpool se convertía en el primer equipo inglés en ganar la liga y un torneo continental en el mismo año.</p>
<p style="text-align: justify">La temporada 73-74 sería una de las más decisivas de la historia del Liverpool. Comenzó con el equipo aspirando por méritos propios a la Copa de Europa. El reinado del Ajax llegaba a su fin y el conjunto inglés era uno de los favoritos para suceder a los holandeses. Ni que decir tiene que la Orejona era el gran objetivo de Shankly. Pero la máxima competición continental, implacable como siempre, le fue esquiva al técnico escocés. El Liverpool fue emparejado con el Estrella Roja de Belgrado, equipo entrenado por Miljan Miljanic, quien tenía fama de ser uno de los mejores y más innovadores técnicos europeos. En la ida, jugada en octubre del 73, el Liverpool sucumbió ante los yugoslavos en el Pequeño Maracaná de Belgrado. El resultado fue un 2-1 que no disgustó a Shankly, ya que estaba convencido de que se remontaría en Anfield. Miljanic planteó en Anfield un partido basado en <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=q7wYwXWjtqQ">la retención de la posesión</a>, amparándose en la gran capacidad técnica de sus jugadores y en sus destacadas dotes físicas.  Ciertamente Shankly no se esperaba este escenario, y durante buena parte del partido el equipo inglés se vio superado y a merced de un conjunto que contaba con jugadores como Stanislav Karasi, Vladislav Bogicevic, Jovan Acimovic y el joven fenómeno <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oyig2qPi2bo">Vladimir Petrovic</a>, todos grandes pasadores de la pelota. Además, como casi todos los conjuntos del Este, contaba con excepcionales tiradores, un concepto muy valorado en Inglaterra. Los efectos, la manera de golpear la pelota, la precisión que mostraron en esa tarde jugadores como Vojin Lazarevic o Slobodan Stankovic maravillaron al público de las Islas. Pero, a pesar del arreón final que permitió al Liverpool recortar distancias, los yugoslavos, con sus dos tantos iniciales, pusieron la eliminatoria muy lejos del alcance de los chicos de <i>Shanks</i>. </p>
<p style="text-align: justify">En el velatorio que era el <i>«Boot Room»</i> en el post-partido fue donde Shankly, acompañado de unas cervezas y sus inseparables Bob Paisley, Joe Fagan y Ronnie Moran, descubrió la importancia de la posesión como método para controlar los partidos. El Liverpool ya no sería nunca el mismo. Shankly vivió el resto de la temporada obsesionado con el concepto, y muchas de las bajas que planteó eran basadas en la capacidad o no de cierto jugador para dominar la pelota y pasarla con precisión. El primero en caer fue el tosco Larry Lloyd, quien obviamente no era Bogicevic, y eso fue más que suficiente para Shankly. Lloyd volvería a la gran escena europea con el Nottingham Forest de Brian Clough en apenas un lustro. ¡Y de qué manera!</p>
<blockquote><p>La posesión del balón comenzó a ser clave en la configuración táctica del Liverpool.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Tras la lección aprendida de los yugoslavos, el Liverpool continuó la temporada buscándose a sí mismo, y no se encontró particulamente cómodo en la liga, mientras el Leeds United batía records y ganaba el segundo título con Don Revie. Pero alcanzó la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=V3uH9lJJJ_Q">final de copa</a> ante un Newcastle que llegó crecidísimo, con un Malcolm McDonald en estado de gracia y que tuvo palabras muy soberbias antes del partido. McDonald era la nueva estrella atacante del fútbol inglés, un delantero con movilidad y potente remate, un rebelde al mejor estilo de los años 70 británicos, un pequeño bocazas. Pero las Urracas no sabían lo que se les venía encima. Durante 90 minutos el baño fue casi embarazoso para la gente que acudió al estadio. Un dominio total y absoluto por parte del Liverpool y de Keevin Keegan, que mostraron su nuevo y <i>continentalizado</i> estilo. El 3-0 no dejó lugar a las dudas. Otro título a la vitrina. Pero el gran hombre estaba cansado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">_<br />
Próxima entrega:<br />
31-12-2016: Anfield y la transición silenciosa (II)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right">Foto: Aubrey Hart/Evening Standard/Getty Images</p>
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		<title>Los hijos de la leyenda</title>
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		<pubDate>Thu, 26 May 2016 02:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Superar a un padre que lo ha sido todo en su campo es una tarea hercúlea. Oír los comentarios despectivos, las constantes comparaciones y la lista de éxitos de tu progenitor cada día, en cada momento que tú practicas la misma actividad, no es fácil. Más cuando tu padre no ha sido sólo bueno, sino [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Superar a un padre que lo ha sido todo en su campo es una tarea hercúlea. Oír los comentarios despectivos, las constantes comparaciones y la lista de éxitos de tu progenitor cada día, en cada momento que tú practicas la misma<span id="more-208962"></span> actividad, no es fácil. Más cuando tu padre no ha sido sólo bueno, sino el mejor.  ¿Qué presión soportaban Edinho o <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=J8w2YNND78Y">Jordi </a>cada vez que pateaban un balón? ¿Qué más prueba de carácter hay que el hecho de que siguiesen haciéndolo aún a sabiendas de que la etiqueta de “hijo de” nunca los abandonaría? Esa misma presión la vivió toda una generación de jugadores españoles a mediados de los 60, sucesores del equipo más exitoso de la historia de la Copa de Europa. Un grupo de chavales que, a pesar de su aspecto serio y maduro, apenas tenía experiencia y se tenía que vestir con las legendarias y pesadas camisetas blancas del Real Madrid C.F., teniendo la responsabilidad de pasearlas por Europa sin manchar la leyenda de sus <i>padres</i>.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Bernabéu, Chamartín, la Champions y Di Stefano</span>El Real Madrid, sombrío y mediocre club de la posguerra española, había crecido a finales de los 50 en base al genio de un presidente adelantado a su tiempo, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/04/preparacion-fisica-real-madrid-alfredo-di-stefano-luis-carniglia-helenio-herrera/">Don Santiago Bernabéu</a>, y de la valentía que su figura irradiaba. Bernabéu asentó el renacimiento del club en base a una faraónica estructura de hormigón que pronto llevaría su nombre. De las repletas gradas del enorme estadio de Chamartín, donde más de cien mil fieles se agolparían religiosamente cada domingo y fiesta de guardar en los siguientes 50 años, salió el oxígeno que permitió al club respirar y recuperarse de las miserias de la guerra, la autarquía y un Régimen que prefería hacer ojitos a <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ogFC9Z0UxAI">equipos de aviadores</a> y de fugados del Telón de Acero. </p>
<p style="text-align: justify">Otro personaje que arrimó el hombro, y de qué manera, fue un tal <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IOcbxP2-mdc">Alfredo Di Stefano</a>, argentino, futbolista total, amante del dinero y no tanto de los contratos firmados. Tras la saga que trajo a Di Stefano a Madrid después de darle todas las vueltas posibles al <a target="_blank" href ="http://es.tinypic.com/a/a1pggp/4">Pacto de Lima</a>, la Saeta Rubia lideró con mano de hierro a un equipo que jugaría siete de las primeras nueve finales de la Copa de Europa, competición nacida de la soberbia de unos Lobos ingleses, la cabeza de un periodista francés y los arrestos de, entre otros <i>popes</i> del fútbol europeo, Don Santiago Bernabéu. Bernabéu, como poco tenía que perder, decidió arriesgar todo.</p>
<blockquote><p>La renovación del equipo Pentacampeón de Europa fue un reto formidable.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Lo cierto es que tras ganar las cinco primeras ediciones de la Copa de Europa, el Madrid vivió el primer lustro de la década de los 60 con la angustia de ver a sus más rutilantes figuras, Di Stefano, Puskás o Santamaría ganar kilos y años. El resto del fútbol europeo les había pillado y, ora <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=BOAIYoxYp3Y">Eusébio</a>, ora <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=VlKDzKgKBSg">Mazzola</a>, los viejos monstruos madridistas ya no tenían gasolina suficiente para volver a ganar la Copa de Campeones. Poco a poco, exprimiendo unas arcas que se iban quedando vacías, Bernabéu fue trayendo savia nueva, y sobre esta nueva generación caía la responsabilidad de mantener al club en el trono al que se había aupado durante la década anterior.</p>
<p style="text-align: justify">La cabeza visible de la nueva camada llegó de La Coruña, era extremo derecho y se llamaba <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=a2gXFOrT7DU">Amancio Amaro</a>. Con las medias a media tibia, valga la redundancia, hasta que sus marcadores se las bajaban a la altura del tobillo, el gallego brujo compartirá los últimos años de  Di Stefano en el Madrid y hará diabluras desde su costado. Amancio será referencia antes de la salida de la Saeta, ganará la Eurocopa del 64 con España y también los galones que los perros viejos le habían instado a merecer antes de <a target="_blank" href ="http://www.realbernabeu.com/2015/10/amancio-el-gallego-habilidoso.html">lucir el escudo del club en la camiseta</a>. <i>“Ante la duda, pelota a Amancio”</i>, se convirtió en un mantra del madridismo, que sabía que en la banda derecha tenía un seguro de vida. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Pirri fue una absoluta referencia del fútbol español y del Madrid</span>Junto al coruñés aparecerán un ceutí, José Martínez –al que Bernabéu se negaba a llamar Pirri- y un navarro, Ignacio Zoco. Los tres se convertirán en las referencias no solo futbolísticas, sino también anímicas del Real Madrid. Zoco se convertirá en el sucesor de Santamaría por su tranquilidad en la zona defensiva. Será capitán del club y baluarte de la retaguardia blanca por una década. Poco tiempo si se compara con el volcánico Pirri, que llegó como interior y acabó siendo lo que él quisiese. Futuro doctor, hizo sus primeros pinitos en el Granada antes de dar el salto, y sería el líder del equipo hasta su salida camino del fútbol mexicano tres lustros más tarde. Pirri actuaba como interior, como mediocentro y hasta como líbero, tenía un despliegue físico fuera de serie y no iba corto de técnica. En un período bastante oscuro para el fútbol español, el que va desde el Mundial del 66 hasta el del 78, Pirri es una referencia del balompié europeo, ganándose incluso el apodo de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=FR_x8OEvqHc"><i>«Capitán Coloso»</i></a> a mediados de los 70 por sus grandes actuaciones de la Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify">Tras la derrota en la final de Viena de 1964, contra un Inter de Milan que fue muy superior al veterano cuadro madridista, la renovación se aceleró. Sin Di Stefano mandando en el campo –y el vestuario-, la sangre joven comenzó a correr por el Bernabéu: Pedro de Felipe, rocoso central, Manuel Sanchís, tragamillas inclasificable, la clase de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=XzLIZbbCGak">Manuel Velázquez</a> y la finura de Ramón Moreno Grosso, que heredó un número nueve que hubiese aplastado a muchos otros. Todavía seguía Gento, perfecto nexo de unión entre ambas generaciones, y aún en plenitud de facultades, y también el abuelo de todos, el incomparable <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=rZfCDHegItE">Puskás</a> que seguía estirando su <i>segunda</i> carrera en la capital de España. Con estos mimbres el Madrid completó su primer quinquenio de títulos de liga, prolongando su estadía en la Copa de Europa por más de diez años ya a esas alturas.</p>
<blockquote><p>El reto para la nueva generación era hacerse respetar en Europa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Mantenido el trono en España, había que dar el do de pecho en la competición europea, donde los mayores de edad realmente demostraban su talla. En aquel momento el continente estaba dominado por los italianos, que enlazaba ya tres entorchados consecutivos. Primero el Milan y posteriormente, en el 64 y el 65, el Inter de Helenio Herrera, que era la auténtica bicha del concierto europeo.</p>
<p style="text-align: justify">El primer obstáculo sería el Feyenoord holandés, que en Rotterdam fue capaz de dar la vuelta al tanto inicial de Puskás, poniendo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=kUUzQzMJKOY">un marcador de 2-1</a> que sembraba dudas sobre la competitividad del equipo. Pero el húngaro, como queriendo proteger a sus jóvenes discípulos, dejó en la vuelta su última exhibición antes de dar paso a la nueva camada. A la tierna edad de 38 años, Puskás destrozó a los campeones holandeses con cuatro goles, opacando la gran actuación de un Grosso que, luciendo la 9, bajaba al medio campo a asociarse con Velázquez y Pirri, creando el caldo de cultivo perfecto para que el veterano magiar gozase de espacios para machacar las redes contrarias. Fue esta una ronda eliminatoria en la que los grandes favoritos no tuvieron piedad de sus humildes rivales, como bien lo atestiguan los dieciocho goles del Benfica al Dudelange luxemburgués, los diez del Werder Bremen al APOEL chipriota o los nueve del Manchester United al HJK finlandés.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Eusebio y el Inter iban avanzando en el cuadro</span>La segunda ronda, y sin el caprichoso bombo europeo haciendo de las suyas, dejó como enfrentamientos más importantes el del <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IbDUq_a-KlY">Partizan y el Werder Bremen</a> y el duelo entre dos de los mejores atacantes de Europa, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=s3-q483iLSs">Georgi Asparukhov</a> con su Levski de Sofía contra Eusébio y su Benfica. Del primero salieron vencedores los yugoslavos, que empezaban a ser considerados como un claro outsider al título. La agilidad de Soskic en la puerta, la seguridad y experiencia de Jusufi y el líbero Velibor Vasovic en defensa y el poderío de Hasanagic y Galic en el centro del ataque les convertía en un rival peligroso para cualquier equipo. Por su parte, los benfiquistas arrancaban un empate en Sofía para rematar la faena en casa, ganando por un total de 5-4. Eusébio y Asparukhov dejaban su duelo en tablas, con tres goles cada uno en la eliminatoria. </p>
<p style="text-align: justify">Por su parte, el Inter empezaba la defensa de su título sufriendo una derrota en Bucarest contra el Dinamo, que remontaría en los últimos instantes del partido de San Siro. Susto grande, pero los de HH seguían adelante, como también lo hacía el United, los talentosos húngaros del Ferencvaros –con Florian Albert al mando de las operaciones- o el Anderlecht de Paul van Himst, sensación del fútbol europeo. No hubo mayores problemas para el Madrid, que tras un empate a dos en tierras escocesas, le metía cinco al Kilmarnock en el Bernabeu.</p>
<blockquote><p>Los cuartos de final van a ser un choque total de estilos.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Mientras seguía progresando en Europa, el Madrid estaba metido totalmente en la lucha por el título de liga en España. Su rival era el Atlético de Madrid, que trataba de evitar el sexto entorchado madridista consecutivo. La lucha se prolongará hasta el final de temporada, con el Atlético lanzado gracias a los goles de un Luís Aragonés que terminará como Pichichi, ganando el título por un solo punto. Estrenarían su flamante nuevo estadio al año siguiente en Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">El Madrid era una rara unión de finura y garra</span>Para entonces el estilo de juego del Madrid ya estaba bien definido, con <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Ldh4QocaGq8">Grosso</a> ejerciendo de falso nueve y sin un delantero centro de referencia una vez Puskás dejó de jugar.  Velázquez, que era el cerebro del equipo se había asentado con la camiseta número diez, con Gento y Amancio en los costados –aunque este también jugó bastante como interior, intercambiado con Serena- y Pirri guardando el medio del campo y llegando desde segunda línea a la zona de gol. Atrás, Zoco y De Felipe, con Sanchís y Pachín formaban la línea de cuatro delante del guardameta. El Madrid era una rara mezcla de finura y garra, de individualismo y trabajo colectivo, no siempre en ese orden, no siempre en las mismas proporciones.</p>
<p style="text-align: justify">Para los cuartos de final el rival sería el Anderlecht. Campeón de Bélgica, había eliminado al Madrid varios años antes, en una eliminatoria en que el fuera de juego tirado por los de Pierre Sinibaldi fue un enigma que los madridistas no supieron resolver. Ahora, con el joven <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=lkYk8bMjxZY">Paul van Himst</a> como máxima figura, los de Bruselas se veían con opciones de dar la campanada. Y fue el brillante van Himst, un torbellino que aparecía por todo el frente de ataque, muy rápido, habilidoso y con gran sentido del gol, el que marcó la diferencia en el Emile Versé. Una victoria fuera de casa eran palabras mayores en la Copa de Europa, toda una odisea. Cómo han cambiado los tiempos. La vuelta supuso la gran confirmación de Amancio como figura europea, autor de dos goles que remontaban la eliminatoria para el Madrid, a los que se sumó un tercero de Gento casi al final del encuentro. Pero los belgas eran duros de pelar y tenían dinamita arriba. Con van Himst bien marcado por la defensa española –imaginamos que se pasaría un par de noches con sacos de hielo en las tibias, aunque lo mismo pudo decir Amancio-, fueron Puis y Jurion, internacionales belgas, quienes recortaron en el 87 y el 90, metiendo el miedo en el cuerpo a la parroquia madridistas, que suspiró aliviada cuando Monsieur Barbéran pitó el final y confirmó el billete de los blancos a semis.</p>
<p style="text-align: justify">Esa misma noche de marzo el Partizan destrozaba al Sparta de Praga por <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oEPhlUr7yHk">5-0 en Belgrado</a>, sellando la remontada del 4-1 recibido en tierras checoslovacas. Fue una eliminatoria caliente, con los yugoslavos clamando venganza por el trato recibido en la ida. Mientras el equipo del ejército yugoslavo culminaba su hazaña ante sus homónimos checos, una bomba atómica estallaba en Lisboa. Se llamaba <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jkAmpIvMOvk">George Best</a>, tenía diecinueve años y acaba de tomar al asalto el Estadio da Luz. Lideró a un United desmelenado que le hizo cinco goles en su templo al altivo campeón portugués. Así pues, el panorama no pintaba demasiado bien para el Madrid, que no pasaba de ser un equipo ordenado y con ciertas individualidades ante el poderío del Machester United de la Santísima Trinidad, el inabordable Inter campeón y los talentosos yugoslavos del Partizán.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Amancio sería decisivo en cada eliminatoria de la Copa de Europa 1966</span>Para el Madrid quedaría el desafío de acabar con el reinado de los italianos, mientras los ingleses pasarían el mal trago de volver a Belgrado ocho años después de la tragedia vivida tras jugar en la capital yugoslava. Helenio Herrera declaró temer al Madrid como a la peste, y los blancos le dieron la razón, crecidos, ya que hasta la lesión de su portero Betancort atacaron sin tregua la meta defendida por Sarti. Un caudal de ocasiones de gol de las que solo una materializada por el omnipresente Pirri subió al marcador. Tras ello, el Madrid contemporizó guiado por la batuta de un Manolo Velázquez magistral. En los últimos minutos, viendo que el Inter no buscaba crear peligro, Miguel Muñoz tocó a rebato en busca del segundo gol, pero este no llegó. Faltaba la vuelta en el Giuseppe Meazza, lo que suponía la encerrona más grande de Europa en aquella época. Muñoz no se cortó diciendo que el Madrid <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=kvUd30KANs0"><i>«jugaría a la italiana»</i></a>, obligando al Inter a salirse de su guión más habitual. Así lo hizo: férreos en defensa –controlando la violencia, que podía dejarte con varios jugadores menos en aquel estadio- y saliendo como diablos al contragolpe. Y así llegó el gol de Amancio, decisivo una vez más. El Inter estaba muerto y sólo tras el gol de Facchetti inquietó la meta de Araquistáin. Contra todo pronóstico, el Madrid había matado a la bicha.</p>
<p style="text-align: justify">En la otra semifinal, con Charlton, Foulkes y Gregg atenazados por los recuerdos, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=nAdq_QyZlfE">el Partizan cimentó su victoria en la ventaja conseguido en casa</a>. El dos a cero fue suficiente para defender en Old Trafford. El United estaba sin Best, lesionado en la rodilla, y el Partizan sin Kovacevic y Galic, quienes estaban cumpliendo el servicio militar y no obtuvieron permiso para poder viajar al partido –una vez más, otros tiempos-. Ingleses y yugoslavos se pegaron de lo lindo, pero fueron estos quienes se salieron con la suya. Tocaba viajar a Bruselas.</p>
<blockquote><p>Bruselas esperaba a Inter e United, pero se encontró a dos invitados sorpresa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El Madrid volvía a Bruselas, donde ya había jugado ese año contra el Anderlecht, y donde ya los padres del invento habían ganado la Tercera Copa de Europa ante el Milan ocho años antes. Sin Best presente, los once españoles que conformaban el equipo más habitual de los blancos pasaron a la historia al fotografiarse con pelucas estilo Beatles. Nacían así <a target="_blank" href ="http://as01.epimg.net/futbol/imagenes/2016/05/19/primera/1463617214_041909_1463617289_noticia_normal.jpg"><i>«los Ye-yes»</i></a>, apodo que haría fortuna y les acompañaría por el resto de sus carreras. Eran un grupo de amigos, jóvenes, que por casualidades de la vida habían hecho una gira por Europa todo ese año. Faltaba el gran concierto. El once sería el habitual, con Amancio ya asentado en el centro del ataque junto Grosso y Serena ocupando la banda derecha. A cada partido intercambiaban menos sus posiciones. Gento estaría en la izquierda, jugando su octava final, mientras Araquistáin seguía siendo titular en la portería tras la lesión de Betancort. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Vasovic fue clave en el Ajax de Johan Cruyff</span>Los yugoslavos, que habían entrado en la competición sin hacer ruido, pero que avanzaron rondas a ritmo de carga, sí contaban esta vez con Kovacevic y Galic, a quien los generales habían dado un permiso para viajar a Bruselas. Allí estarían, en el mediocentro y la delantera respectivamente. También estaba Soskic, portero de nivel mundial que había jugado con el XI FIFA en el Centenario de la Federación inglesa y por supuesto estaban también Jusufi, que intentaría controlar a Amancio y uno de los mejores líberos de todos los tiempos, Velibor Vasovic. Este era un jugador de tremenda inteligencia, que tras la final fichará por el Ajax y se convertirá, junto a Cruyff, en la piedra angular en la construcción del <i>«Fútbol Total»</i>. Casi nada. </p>
<p style="text-align: justify">Soskic, que ya se había enfrentado a Gento diez años antes, en la primera edición de la Copa de Europa, tuvo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=QqADeZSHjTQ">una primera parte plácida</a>. Ambos equipos se medían y había bastante miedo. El guardameta yugoslavo solo tenía que estar atento a los balones colgados sobre su área, algo en lo que era muy bueno. Kovacevic, seguramente por no perder sus costumbres castrenses, aplicó todo un curso de llaves y técnicas cuerpo a cuerpo al pobre Velázquez, que hubiese disfrutado de su compañía incluso si hubiera decidido ir al baño. Galic fue un dolor de muelas para De Felipe y Zoco, pero la primera parte acabó sin goles. Poco duró, ya que apenas empezado el segundo tiempo, Galic ganaba el enésimo duelo aéreo y Vasovic, quien si no, adelantaba al campeón de Yugoslavia y ponía las cosas muy cuesta arriba para el Madrid. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Gentó dejó su último gran acción en el Real</span>El gol pareció aturdir al conjunto blanco, que tardó varios minutos en reaccionar, mientras los yugoslavos se venían arriba. Alrededor del minuto 70, y aprovechando un córner lanzado por el Partizan, Manolo Sanchís se hacía con la pelota y la enviaba para Grosso, quien habilita a Amancio. El gallego, asumiendo la responsabilidad como llevaba haciendo todo el año, avanzó con el esférico hacia dos defensas yugoslavos, superando al primero y volviendo del revés al segundo con dos recortes en medio metro y batió a Soskic, que había iniciado la salida, con un disparo raso y cruzado. Era el golpe que el Madrid necesitaba para cambiar el encuentro. Apenas sin tiempo para retomar su ritmo, Gento protagoniza la enésima internada por su banda, su centro lo despeja de puños Soskic, pero el balón cae al borde del área, donde Serena lo recoge y suelta un zapatazo que se cuela por la escuadra del equipo de Belgrado. </p>
<p style="text-align: justify">Era la Sexta. La única para esa generación. </p>
<p style="text-align: justify">Suficiente para tener al menos una copa para brindar con papá.</p>
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		<title>PSV, la clave de la victoria</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2016 02:57:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[No hay duda que en este mundo globalizado donde las escuelas futbolísticas y el carácter propio de cada país cada día están más difuminados, el ofensivo y atractivo estilo de juego holandés de los últimos 40 años –con excepciones-, es una de las marcas más reconocidas y prestigiosas del fútbol. Una de las cabezas visibles [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">No hay duda que en este mundo globalizado donde las escuelas futbolísticas y el carácter propio de cada país cada día están más difuminados, el ofensivo y atractivo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=AGyxPi9HdiE">estilo de juego holandés</a> de los últimos 40 años –con excepciones-, es una de las marcas<span id="more-198926"></span> más reconocidas y prestigiosas del fútbol. Una de las cabezas visibles de esta filosofía fue Johan Cruyff, el elegante <i>«hombre del Renacimiento del Ajax»</i>, quien, además de todo esto, era un jugador con una capacidad de liderazgo indiscutible. Cruyff es seguramente el hombre de fútbol más importante de la Historia, y uno de los <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Zk4F48_x4dM">más influyentes</a>, por lo que hizo en el campo –como jugador y entrenador- y también fuera de él –innovador, estrella mediática, filósofo-. Sin duda, tener a Cruyff en el equipo nacional fue una bendición para Rinus Michels.</p>
<p style="text-align: justify">¿O quizá no tanto? La presencia de Cruyff, y sobre todo el poder que amasaba en la sombra, le costaron caro a Holanda. Para ser más exactos, con mayor o menor incidencia, ¡DOS Copas del Mundo! Se puede decir que, en el campo, Cruyff era una de las mejores cosas que le podían pasar a un entrenador, pero fuera de él, el Maestro Holandés era todo lo contrario.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Jan van Beveren fue un gran portero, pero era enemigo de Cruyff&#8230;</span><a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=DG1as1EAr8c">Jan van Beveren</a>, el genial portero del PSV, era un hombre al que la afición adoraba. Un auténtico mago, capaz de hacer auténticos trucos dignos de David Copperfield entre los palos. El mejor portero que ha tenido Holanda, lo cual es una buena referencia cuando sacamos a colación los nombres de otros <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=GhdlsnbfSjE">grandes como Hans van Breukelen y Edwin van der Sar</a>. Van Beveren era un portero con una envergadura y una agilidad muy destacables. Sentó las bases de un modelo de guardameta que triunfaría en Holanda. Alto, aunque más fuerte que sus sucesores. Lenguaraz, siempre en contacto con sus defensores. Su posicionamiento, excelente, le convertía en un guardameta que siempre estaba bien situado para salvar los disparos rivales. Sus increíbles reflejos hacían el resto. ¡Volaba! Una tremenda capacidad de salto que resultaba especialmente útil para llegar a esos endiablados lanzamientos de falta por encima de la barrera.</p>
<p style="text-align: justify">Pero Cruyff y Van Beveren no se tragaban. Se odiaban, y esto trajo dramáticas consecuencias. Fueron enemigos desde el primer día. Ambos son de la misma generación y llegaron a la selección más o menos al mismo tiempo. Cruyff en el 66 y van Beveren, aún portero del Sparta de Rotterdam, en el 67. Nunca le asustó la competencia, de hecho, eso es precisamente lo que le convirtió en un portero de élite. Ya desde el equipo Sub-19 del Sparta venía compitiendo con otro buen portero, que sería internacional también, Pim Doesburg. Y durante sus primeros años como internacional, apenas cumplidos los 20 y siendo ya titular de la selección, mostró abiertamente su descontento ante la falta de motivación de sus compañeros de Ajax y Feyenoord. Tras <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=N0hhm0tnbwk">quedar fuera del Mundial de Mexico 70</a>, Van Beveren pegó una rajada de las que hacen época, acusando a los jugadores de ambos equipos de no arriesgar su físico cuando jugaban para su país, evitando perder así sus lucrativos contratos. <i>«Sólo saben hablar de dinero. Cuando juegas por tu país ¿a quién mierda le importa el dinero?»</i>, dijo.</p>
<blockquote><p>El fútbol holandés viviría su época dorada a comienzos de los setenta.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Producto de toda una <a target="_blank" href ="http://footballthisweekend.blogspot.cl/2010/12/brilliant-orange-review.html">evolución no sólo futbolística</a>, sino política, social y cultural, el fútbol holandés alcanzó la mayoría de edad a comienzos de la década de los 70. Feyenoord y Ajax encadenaron 4 Copas de Europa seguidas, y el nuevo estilo predicado por los de Amsterdam abrumaba al mundo. Era una época de rebeldía, radical y rompedora. Fútbol con piernas de acero, velocidad inusitada, patillas imposibles y melenas dignas de rockstars. Porque ese era el status de los <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=1MSyqyTFKcE">jugadores del Ajax</a>. Eran dioses del Olimpo, intocables. Ninguno, claro estaba, más que Johan Cruyff. Pero Van Beveren, que había hecho el camino hacia el estrellato casi de la mano con Johan, se oponía radicalmente a todos sus privilegios dentro de la selección: desde llegar tarde a los entrenamientos hasta el poder renunciar a jugar por compromisos publicitarios, pasando por fumar en el vestuario. El problema, como muy comúnmente ha ocurrido en el seno de la Oranje posteriormente, era el dinero. Van Beveren nunca se cortó de hacer frente a los ricos jugadores del Ajax. En cierto modo, el guardameta del PSV era la voz de los demás jugadores del vestuario holandés. Todos estaban en el mismo barco, cada uno tenía que hacer bien su trabajo para lograr el éxito colectivo, por lo que, obviamente, todos debían tener los mismos derechos y deberes. Todos debían ser iguales.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Van Beveren no era el único que discutía el gran poder de Johan</span>¿Todos? Obviamente no. Cruyff era igual a todos, pero siempre <i>“un poquito más igual”</i>. Ello, unido al apoyo que le daban los numerosos compañeros y amigos del Ajax (Rep, Keizer, Hulshoff, Suurbier, Krol, Muhren, etc…), le otorgaba una <a target="_blank" href ="https://enunabaldosa.com/2010/06/19/en-el-placard-cruyff-anti-adidas-1974/">cuota de libertad y poder</a> que no podía ser contrarrestada por ningún otro hombre. Esto causaba un malestar evidente entre otras figuras de la selección, siempre opacadas por el clan <i>Ajacied</i>, jugadores de carácter indómito como Wim van Hanegem, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=B-AtG6e8TpY">Rinus Israel</a> o Willy van der Kuylen. Los problemas de egos relacionados con Cruyff, como sabemos, no escaparán a los hombres del Ajax, y poco a poco todos acabarán teniendo roces en mayor o menor medida. Empezando por su amigo Keizer, el genial extremo, el primer profesional de la liga holandesa y terminando por el rebelde Johnny Rep, quien tras hacer una aparición fulgurante con 20 años empezó a negarse a aceptar los privilegios de Cruyff, convencido de que su calidad no tenía nada que envidiarle a la de Johan. No se equivocaba el bueno de Johnny, quien a principios de los 70 era el mejor jugador joven de Europa, un talento abrumador, con un carácter, una velocidad y un olfato de gol que le presagiaban un brillantísimo futuro.</p>
<p style="text-align: justify">Pero la gran lucha siempre fue la de Johan y Jan. Y cuando Van Beveren se lesionó gravemente en 1973, Cruyff vio rápidamente la posibilidad de eliminar a ese otro polo de poder que amenazaba su liderazgo único. El Flaco utilizó su enorme influencia para situar a su amigo, el veterano portero del DWS Amsterdam Jan Jongbloed como guardameta titular de cara a Alemania’74. Jongbloed era un mediocre. No hay otra palabra que lo defina mejor. Hasta aquel momento, solo había jugado una vez con la selección, en 1962 y entrando como suplente del guardameta del Feyenoord Pieters-Graafland. Se encontró con una oportunidad que jamás había soñado y, obviamente, aceptó de buen grado estar a la sombra de Cruyff. Una sombra de la que Van Beveren quería salir, ganando el título mundial y mostrando al mundo lo grandísimo portero que era. Con Cruyff y Van Beveren en el equipo, habría que ver quien sería considerado la mayor estrella del equipo. Obviamente, Cruyff llevaba todas las de ganar: era el mejor jugador del mundo en discusión con Beckenbauer, había ganado títulos europeos y era muy famoso fuera de Holanda. Pero dentro del vestuario y del fútbol holandés, la gente sabía que Van Beveren era un jugador imprescindible. Aún así, Cruyff no podía aceptar <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=MpN94DcMQbs">a otro <i>Superman</i></a> jugando a su lado, y de ahí su presión sobre Michels para que seleccionase a Jongbloed.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">El Mundial se le escapó a Holanda por 2 goles cuanto menos evitables</span>De todos modos, Van Beveren aún pudo llegar a jugar el Mundial, ya que se recuperó de su lesión en mayo, un mes antes del comienzo del campeonato. Necesitaba una o dos semanas para recuperar la forma, pero Michels le obligó a jugar un amistoso intrascendente contra el Hamburgo, o en caso contrario, quedarse en casa. Otros jugadores, también dudosos por su estado físico, tuvieron la oportunidad de probarse una semana antes del Mundial. El guardameta del PSV no, a pesar de que habría estado en plena forma los partidos de la liguilla de primera fase, en la que Uruguay, Bulgaria y Suecia aguardaban a la Oranje. Obviamente, había otras razones detrás, ninguna más importante que el dinero, el motivo de todos los problemas del vestuario holandés de la época. El motivo que volvía loco a Van Beveren al ver como sus compañeros descuidaban el beneficio del equipo para centrarse solamente en el individual. Así pues, cuando la Federación decidió que Cruyff, Keizer, Van Hanegem y <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8nADjyl1Vzw">Neeskens</a> recibiesen un porcentaje de primas mucho más alto que el resto, el guardameta explotó. Y Cruyff, aprovechando la coyuntura, lo limpió. El resto, como comúnmente se dice, es Historia. Holanda perdió el título, recibiendo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=DsnK_4IWBWc">dos goles</a> cuanto menos evitables. </p>
<blockquote><p>La diferencia de nivel entre Jan van Beveren y Jan Jongbloed se notaría de forma muy evidente.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El mundo había visto a Van Beveren hacer fantásticas paradas antes del Mundial, y todas estas dudas se refrendarían en los años posteriores, cuando el guardameta alcanzó el pico de su carrera, liderando al PSV a tres campeonatos holandeses y la <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=qnndP1za8mo">Copa de la UEFA</a>. No sólo eso, en el año 76, el club de la Philips se quedó a un partido de la final de la Copa de Europa, al perder contra <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=uCiJdjp_LiA ">el brillante Saint Etienne francés</a>. La eliminatoria no pudo ser más igualada, y se resolvió con un solitario gol a los 4 minutos de comenzar. Van Beveren se vio sorprendido por un lanzamiento de falta raso. Luego plantó un muro de hormigón ante su portería y esperó durante 176 minutos a que sus compañeros consiguiesen el empate. Nunca sucedió. </p>
<p style="text-align: justify">Entre 1974 y 1978, Cruyff consiguió mantener a su gran rival fuera del equipo. Enfadado tras lo ocurrido antes del Mundial, Van Beveren renunció a la selección en 1975, justo cuando estaba en su mejor forma, pero regresó poco después. Aun así, llegó solo para ser suplente de varios porteros diferentes, todos netamente inferiores a él, incluyendo a los favoritos de Cruyff, Jan Jongbloed y Piet Schrijvers. Cuando Van Beveren le preguntó a Jan Zwartkruijs (el entrenador de porteros de la selección y posterior seleccionador), por qué lo llamaban si estaba claro que no iba a jugar, este le contestó: <i>«Jan, no te enfades. Me manipulan. No tengo otra opción»</i>. Había llegado el momento en que los jugadores del PSV eran considerados rebeldes y poco a poco sus pesos pesados fueron desapareciendo de la selección. Van Beveren se negó en un principio, pero <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=znJM0AeYm1o">Van der Kuylen</a>, el jugador más carismático, el bombardero del PSV, no tuvo ni fuerzas ni ganas para pelear. Días antes de un partido de clasificación con Polonia, Cruyff y Neeskens llegaron tarde desde Barcelona. <i>«Vaya, aquí llegan los reyes de España»</i>, les espetó Van der Kuylen al verles. No había vuelta atrás. Cruyff había amenazado con no jugar con Holanda nunca más si Van Beveren y otros miembros del PSV estaban en el equipo. Y, obviamente, la afición no perdonaría al entrenador que dejase a Cruyff abandonar el equipo. Van Beveren, cansado del asunto, renunció a la selección con 32 partidos como internacional. Fue en 1977 y el, para muchos, mejor portero del mundo (en competencia con Zoff y Maier), tenía solo 29 años.</p>
<blockquote><p>Van Beveren no fue la única víctima de las luchas de egos y clanes dentro del fútbol holandés. </p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En definitiva, Jan van Beveren fue un enorme guardameta, pero jamás será reconocido como tal porque internacionalmente no tuvo jamás una aparición en el Mundial o la Eurocopa. Y obviamente, no era miembro del clan del Ajax que tanta celebridad acumuló a inicios de los 70. Ni siquiera del Feyenoord, que contaba con grandes jugadores como Wim Van Hanegem, Rinus Israel -fantástico líbero con su propia historia de ostracismo relacionada con Cruyff-, el veterano guardameta Pieters Graafland o el genial extremo Coen Moulijn, otro de los desplazados por el clan del Ajax. El gran logro de van Beveren, como dijimos, fue ganar con el PSV la final de la UEFA con una serie de grandes partidos. Y aquellas semis de Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Van der Kuylen no tuvo tampoco la presencia que merecía su calidad</span>En ese equipo del PSV también estaba la otra pata del banco en toda esta historia. El cañonero <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=_HHhiwuW1Xk">Willy Van der Kuylen</a>, el mayor goleador de la historia del fútbol holandés. Aún hoy, el máximo realizador histórico de la Primera División de los Países Bajos, un jugador con un disparo de media y larga distancia tremebundo. EL (así en mayúsculas), delantero titular de Holanda. El hombre que debía haber sido la punta de lanza del Fútbol Total pero que, como Van Beveren, fue rechazado por su enemistad con Cruyff. Si el del PSV hubiese estado en la Copa del Mundo, Michels no tendría que romperse la cabeza viendo a Cruyff de delantero centro ni moviendo hacia el centro del área a los extremos Rep y Rensenbrink, sino que estos fenómenos le servirían balones al artillero legítimo del equipo. Pero también era cierto que sería un fútbol <i>“menos total”</i>.</p>
<p style="text-align: justify">El gusto por un fútbol más ortodoxo, menos total, fue otro de los motivos de la división interna del vestuario Oranje. <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=052Br-b6_Gc">Van Hanegem,</a> la estrella del Feyenoord, tampoco soportaba seguir las órdenes de Cruyff, mas cuando estas habían supuesto que el mejor líbero holandés, su compañero Israel, chupase banquillo a favor de jugadores que ni siquiera jugaban en su posición. O que <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=XQUhno_Omik">Ruud Geels</a>, un fantástico delantero centro jamás acabase de tener todas las oportunidades que merecía su talento en la selección. Y lo de Van der Kuylen. Pero a Van Hanegem, como ya vimos, la Federación lo callaba con dinero. Sabían bien de qué pie cojeaba.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Alemania representaba el caso 100% opuesto</span>El caso es que, analizando a los dos finalistas del Mundial, vemos lo grave de la caída en desgracia de los dos baluartes del PSV. Mientras Alemania contaba con uno de los mejores porteros del mundo, Maier, Holanda, que podría haberle contrapuesto a Van Beveren, contaba con el mediocre Jongbloed. Al líbero de clase mundial Beckenbauer, Holanda contraponía al inexperto Rijsbergen -aunque debemos ser justos con él y destacar su muy buena actuación en el Mundial-, cuando tenía en el banco a otro líbero de lujo, Israel, quien era considerado de los mejores del mundo, junto al propio Beckenbauer, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=FPGHAr2QVUo">el brasileño Luiz Pereira</a> o el austríaco Edi Krieger. Y mientras Alemania usaba como cerebro a Overath (con el lujo de Netzer en el banquillo, pudiendo rotar en cualquier momento), con la ayuda de un Beckenbauer que se incorporaba al medio cuando quería, Holanda lo igualaba con Van Hanegem, pero también lo obligaba a trabajar en defensa, lo cual acababa por agotar al jugador del Feyenoord. Para estas labores, los alemanes usaban a Bonhof, mediocentro específico, y a dos jugadores con recorrido como Hoeness y Breitner, mientras los naranjas solo tenían a Neeskens.</p>
<blockquote><p>Al final, por una cosa o por otra, aquella gran generación holandesa no ganó el Mundial.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Johan Cruyff, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=-v6lMerCYCI">que con su libertad total para moverse por el campo creaba tantas ventajas</a>, también condicionaba la confección del equipo y la búsqueda de variantes. Mientras los alemanes utilizaban extremos clásicos –incluso sacrificando a un gran Heynckes en el proceso-,  ue suministraban balones de gol a su gran goleador Müller, plaza que en Holanda debería haber ocupado Van der Kuylen pero que, como vimos, estaba vacante y en la que rotaban diferentes jugadores. ¿Cuántas variantes podría haber manejado Michels de haber contado con los mejores jugadores de los tres grandes clubes? Muy pocas veces ha tenido un entrenador la despensa de talento que él tuvo a su disposición, y que nunca utilizó al 100%. Con Van Beveren y los demás excluídos, quizás Holanda fuese ahora mismo el campeón de 1974 y 1978 (al menos habría presentado mejores credenciales aún). Cruyff también quiso ser campeón del mundo, pero sólo si era la única estrella. Y el tiempo demostró que eso no era suficiente. Que la clave de la victoria era un simple código de tres letras: P.S.V.</p>
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