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	<title>Ecos del Balón &#187; Sadio Mané</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>De nada servirá guardarlo en la memoria</title>
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		<pubDate>Thu, 12 Mar 2020 03:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Vivimos tiempos, ahora mismo, para los que parecemos no estar preparados. Hasta en esto el fútbol es tan inmenso como la propia vida de las personas y las sociedades, por muy grandilocuente y ampuloso que suene. Entendiendo que para lo primero<span id="more-271599"></span> esperemos y logremos estarlo, podemos asegurar que nunca vamos a estar listos para comprender la lógica interna del fútbol como juego transformado en competición, por mucha experiencia que vayamos acumulando. En muchos otros ámbitos y campos, el almacenamiento, organización y consulta de los documentos y hechos se hace con el ánimo y la facultad de recurrir a la historia para poder comprender el presente y el futuro. Pero en el fútbol no es así, no al menos desde la razón. Podremos seguir consultando la historia, y todo lo que un día existió volverá a existir, se reciclará, pero el archivo del fútbol no le va a explicar al que lo consulte por qué Marcos Llorente, nacido al fútbol como mediocentro posicional, marcó dos goles para eliminar a uno de los mejores equipos del siglo actual. Podrán encontrar casos análogos en el archivador pero no encontrarán el porqué sucedió. Nunca habrá descanso ni alivio para los empiristas.</p>
<blockquote><p>El fútbol fue nuevamente una continúa escapatoria de la razón y la lógica</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Otro episodio más, la Champions League, competición que (sus)pende de un hilo, retuerce su naturaleza, entre la correlación de géneros, recursos narrativos, remakes, sagas y todo lo que se nos ocurra a nivel ficción. Pero siempre con un punto de partida. En esta ocasión, el 1-0 del Metropolitano vino dado por una serie de patrones e ideas que le otorgaron la ventaja a Diego Simeone, esa mínima con la que seguir construyendo un lenguaje que sólo a él le pertenece: <i>viajemos a Anfield, que allí todo se da por perdido, como a mi me gusta</i>. Una ventaja que, aquí sí, mantiene unos códigos emocionales que condicionan por completo, llegando a determinar: no marcar fuera de casa es un negocio que nace tambaleante. Así que Klopp debió pensar en hacer un partido de muchos goles, por lo que pudiera ocurrir. Y el Liverpool, un equipo imborrable, que tiene dentro, sin pensar y en sus estándares, en su cotidianidad, un partido de acoso, derribo y victoria, lo va a hacer, lo va a lograr. Aunque sea precisamente ese el estímulo de un Atlético contracultural y aunque no sea suficiente para esta Copa. </p>
<p style="text-align: justify;">En el partido de ida, a modo de breve recordatorio, lo que buscó Simeone es que el Liverpool creyera que su sistema tiene fugas cuando le taponas sus zonas de incorporación, hasta el punto de que se concluyó que el equipo inglés, que no crea ocasiones desde el regate o la creatividad individual sino desde el sistema, una maravilla de la ingeniería futbolística a la que habría que acudir como doctrina de fe, no tenía por donde progresar. Simeone negó espacio a espaldas de su defensa, cerró la línea de pase previa a la incorporación, tras pared, de sus laterales, y ahogó al Liverpool superando en ritmo, sistema de ayudas y artesanía defensiva desde la coordinación de las líneas y el trabajo de las tres, zaga, medular y puntas. Y tras eso, Klopp dijo ayer que no. Que su sistema tiene suficientes recursos colectivos para crear zonas de incorporación, que para eso ha interiorizado variables entre laterales, interiores y extremos con tal de que las asignaciones no sean fijas. Entre una acción y la siguiente, el que fija fuera, el que arrastra y el que acude al área pueden ser unos, pero luego otros.</p>
<blockquote><p>Klopp supo encontrar la zona por donde debía incorporarse un equipo nacido para llegar y no regatear</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, el valor del planteamiento del alemán incide en que los jugadores de mayor envergadura ocupen zona de remate, entendiendo esa virtud física como la del salto en clave Wijnaldum y la del control y disparo en la &#8216;sorpresa&#8217; de la noche, Oxlade-Chamberlain, que quita el sitio a Fabinho y da sentido a los cambios necesarios para el campeón de Europa. Lo que va a lograr Klopp es limpiar constantemente la frontal del área para coronar la ventaja con la llegada de hombres de segunda -Wijnaldum y Oxlade- y tercera línea -Robertson- así como el corazón de un área donde Saúl o Thomas ya no van a ayudar frecuentemente, pues uno de ellos va a ocupar la zona del central que se ha ido fuera a perseguir el desmarque de un &#8216;red&#8217; a la espalda de Lodi. Ese arrastre es la zona de incorporación que va a darle el dominio del partido en el plano táctico. El picaporte con el que Klopp y su memorable obra futbolística van a abrir la puerta, sobre todo en una segunda mitad donde Jan Oblak y Felipe Monteiro trataron de cerrar las ventanas correspondientes.</p>
<p style="text-align: justify;">Y ese acoso va a derivar en un punto: el límite. Todos los síntomas que se suceden en la segunda mitad van a extenuar al Atlético de Madrid. Su defensa ya es por acumulación y resignación, aunque siga salvando centros al área. Pero los flancos caen en dominó y los remates cada vez se producen más cerca de Oblak, que no es sino a quien debe encomendarse, casi por deseo, el Atlético cuando antes de llegar a él, el rival le ha soltado guantazos uno detrás de otro a las zonas de fuelle y respiro. Así que allí va a ir Simeone, a darle aire a su equipo y a darle liturgia a esa resistencia en la que el Liverpool va a encontrar premio, aunque fuese en la prórroga. El Cholo tiene en su presente muchas dificultades, por eso pisa y cruza charcos a 180&#8242; en base a su lugar en el mundo y luego no puede ir con lo mismo cuando ya no encuentra contexto para serlo. Su equipo no tiene piernas, desde hace tiempo. Tiene manos, cabeza, memoria y entrenador, pero no tiene cómo aguantar miradas y amenazar espacios.</p>
<blockquote><p>La entrada de Marcos Llorente le dio aire y piernas, posibilidad, al Atlético más dominado</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Marcos Llorente, a quien Simeone ha tenido que ver de otra forma para ocultar su inquietud defensiva y su irregular gestión técnica del robo en campo propio, viene insistiendo en empoderarle con la medalla de &#8216;mejores piernas de la plantilla&#8217;, sobre todo por zancada y explosividad, mejores que las de Vitolo, Costa o el recién llegado Carrasco. Añadiendo que Simeone así no pierde centímetros a balón parado para situaciones de eliminatoria, la entrada del madrileño hizo subir a Correa un escalón, permitiendo darle el sentido a un Joao Félix que de aquí al futuro viene a ser el rosario de su pastor, pues el último pase del portugués es una reliquia del mismo valor que el de la espera defensiva como plan. Esperando y aguantando, el Atlético se maneja en una lengua que es difícil explicar. Cree más que nadie cuando ha estado a punto de morir, un sentimiento que es la otra cara de una moneda cuyo anverso dice que se está cerca del error cuando ya comienzas a temer perder lo ganado. Adrián fue la cruz de un encuentro que queda almacenado para no ser comprendido, la verdadera adicción de este tremendo invento.</p>
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		<title>En el mundo al revés, Simeone</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Feb 2020 09:48:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En el mundo al revés, que bien podría ser el de la Copa de Europa, todo es absolutamente posible, hasta el punto de modificar la percepción de las cosas y la valoración de la realidad. Si esta competición tuviera cuerpo y conciencia<span id="more-270820"></span>, manejaría sus propias redes sociales en lugar de externalizarlas a cualquier agencia de comunicación, escribiría un tuit ilegible, por ejemplo, kjnvwjebjebfvlkebflvhbr, y lo fijaría en su perfil. Y todos lo entenderían. También podría fijar uno más elaborado, universal, que podría servir para encabezar cualquier crónica o análisis, donde explicaría que por más que la tecnología, la metodología, el <i>big data</i> y la tendencia a la tecnificación y lo científico mejore este deporte, el fútbol no tiene explicación. En el mundo al revés, el peor Atlético de la era Simeone podría haberse tirado otros 90 minutos sin recibir disparos ante el campeón de la competición. En el mundo al revés, Lodi se escribe Idol, en inglés. Y esa es una buena manera de recordar la ida de estos octavos de final entre Atlético de Madrid y Liverpool FC que tanta expectación desprendía.</p>
<blockquote><p>El Atlético dominó claramente al Liverpool: le quitó espacios, iniciativa y claridad</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">A Diego Pablo Simeone le salió todo. Seguramente el argentino siga preocupado en mejorar el juego de su equipo en Liga española, porque ha de estar preocupado, pero no hay entrenador en todo el mundo que saque tantísimo crédito y rendimiento de una situación de máxima inferioridad. Ninguno. En una temporada en la que la confección de la plantilla y el desgaste de los años le fue llevando, al menos en el entorno, a virar el rumbo y jugar desde la superioridad, el talento y el despliegue de facultades, la Copa de Europa le concedió un imposible que para él no es más que una oportunidad de volver tras sus pasos y acercarse al fuego de su guarida. Para más gloria personal, el 1-0 cosechado llegó de un modo con el que madurar los jóvenes frutos de los que dispone, pasándolos por el tamiz de la concentración, el sacrificio y la recompensa. El Cholo ayudó a los suyos con un planteamiento preciso y aplicado, y sus jugadores le ayudaron a hacerlo posible, mandando un mensaje correcto a algunos de sus jugadores más inestables en lo competitivo. Sin más remedio y tomando la visita del claro favorito de la eliminatoria, la alineación de Simeone llevaba implícito el deseo de, en el peor de los casos, ganar heridas entre los menos expuestos. Poner a curar y a salar a sus recién llegados. Pero además de eso, ganó el partido. Y sin sufrimiento excesivo. Eso vendrá el 11 de marzo.</p>
<p style="text-align: justify;">La noche arrancó así. A la inmaculada alineación del gigante inglés, Simeone, como ya ha hecho en cada una de las eliminatorias de octavos de Champions desde que habita el banquillo colchonero, jugó con la sorpresa. Hay en sus decisiones en estos partidos un componente, puro y duro, de sorpresa, un porcentaje de cambiar lo establecido, y jugar con lo que se intuía, aunque después los elegidos tuvieran su misión. El argentino dio entrada a Thomas Lemar y a Renan Lodi en la banda de Mohamed Salah y Alexander-Arnold, toda una declaración de intenciones sobre el mensaje a transmitir, al que rodearía de una serie de pautas colectivas muy medidas. Klopp no titubeó ni reservó nada, pero se encontró con un 1-0 tempranísimo que le daba a Simeone la ventaja psicológica y el marco sobre el que comenzar a pintar el encuentro. El balón sería para el conjunto inglés, quien jugaría en campo contrario, con un 72% de posesión de balón. Un escenario que ya conoce pero de máxima exigencia técnica.</p>
<blockquote><p>Simeone nunca dejó incorporarse a los laterales, mientras Salah y Mané nunca jugaron de cara</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">No tuvo que pasar demasiado tiempo para comprobar que el Cholo trabajó mucho la idea de <i>quemar</i> con balón, siendo muy agresivo cuando un atacante tuviera la pelota, buscando la determinación y la frontalidad, mientras sería <i>hielo</i> en campo propio, aunque igualara la determinación sin balón a la que tendría con ella. Visto el encuentro repetido, se observan varias decisiones globales que cubren la defensa organizada rojiblanca, y ambas van unidas y aplicadas sobre los cinco hombres más importantes del ataque &#8216;red&#8217;. De izquierda a derecha: Robertson, Mané, Firmino, Salah y Alexander-Arnold. Al primero y al último, los dos laterales, Simeone los quiere sin incorporar, esperando abiertos y delante. Y para eso va a jugar con las posiciones de Koke y Lemar, como comodines. El Atleti va a bascular simétricamente pero en su lado débil va a pedir mucha concentración a sus volantes para que el cambio de orientación no permita a Arnold y Robertson incorporarse a la espalda de sus pares, Vrsaljko y Lodi. Si uno se fija en los arrastres diagonales de Henderson y Wijnaldum hacia portería para limpiar la línea de pase hacia Alexander y Andy, se ve a Lemar y Koke, a quien le tocara, dejarse caer como falsos laterales y tapar esa subida. Una y otra vez. Una y otra vez.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta insistencia llevó al Liverpool a una serie de consecuencias. A la mencionada ausencia de incorporación de sus laterales, de llegar a línea de fondo en solitario, en arrancada y desmarque, pudiendo ser, solamente, jugadores fijos y estáticos, se produce la otra gran consecuencia del plan rojiblanco: que los tres atacantes del Liverpool nunca jueguen de cara. Ni jueguen ni rematen. Si los aviones exteriores de Klopp no ganan línea de fondo, no pueden dar pases al área o atrás para que el tridente juegue de frente, mientras que en una circulación horizontal y repetida, Mané y Salah vienen dentro, sin perfilar, jugando continuamente de espaldas y con el Atlético logrando una ventaja defensiva importantísima cuando la pelota era filtrada. La reducción de espacios entre las líneas daba la iniciativa a poder meter el pie en las coberturas de cada zona. Salah y Mané apenas podían girarse, y cuando lo hacían, estaban con seis piernas a su alrededor. Laterales sin incorporar y extremos sin jugar de cara es el éxito del plan del Cholo, un maestro orquestando planes defensivos desde lo global a lo esencial.</p>
<blockquote><p>Roberto Firmino, como se esperaba, intentó desatascar el gran plan de Simeone</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Esta disposición entre ambos equipos obtiene una tercera consecuencia: que los centrocampistas del Liverpool tengan más tiempo la pelota y sean obligados a pensar, a crear y a agredir con ella. Mientras la defensa en banda ya parte de una superioridad táctica y posicional del Atleti para frenar cualquier avance, la del carril central, muchas veces algo desprotegido por los rojiblancos al destinar muchas ayudas en los costados, no tiene demasiado peaje. El Liverpool no encuentra pasillos claros para distraer con las diagonales y rupturas de sus interiores, Henderson y Wijnaldum, y si bien su recuperación tras pérdida es inmediata, la respuesta rojiblanca a esa posible frustración de tener apenas salidas, no es considerada un aspecto negativo. El rearme colchonero entre un ajuste defensivo y el siguiente, es encomiable. Defender la ventaja a través de su defensa del área y de la frontal, jugador a jugador, lleva al Liverpool a un escenario psicológico muy incómodo. Como tener el bañador lleno de arena. Sólo, y debe mencionarse, un gran Roberto Firmino, delicadísimo en darle continuidad y ruptura, no al espacio, sino más bien a las cárceles que creaba el Atleti en las bandas, logró romper barreras y conseguir desatascar la inferioridad táctica en la que vivían laterales, centrocampistas y extremos.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero todo ello no fue fabricado solamente para tapar vías de acceso y darle maniobra a sus jugadores para defender dónde y cómo quería la idea, sino para intentar después jugar con esa ansiedad y crear desajustes en la transición defensiva inglesa. Al impresionante ejercicio protector de Koke o Lodi, constan sus decisiones con balón, entre la adrenalina y la reflexión, completando la sensación de que sus características iban a estar plenamente potenciadas. Las salidas de Lodi, interiores, como es rasgo intransferible suyo desde su época en Brasil, rompiendo en conducción por dentro para dividir, o los toques del canterano, goteados pero brillantes, explicaron el gran nivel de activación y determinación que logró el Atlético de Madrid. Aunque se llegó a percibir una aceptación rival por mantener dicho marcador cuando tenían la pelota, la noche se cerró como suele cerrarlas el Atlético casero de las eliminatorias. Sigue siendo un equipo regenerador. Su técnico ha construido una historia de tal magnitud que sigue perdurando cuando todo está en contra. Ahora le toca a Klopp.</p>
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		<title>Simeone ante Klopp, &#8216;memento mori&#8217;</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Feb 2020 03:00:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Diego Pablo Simeone está más que acostumbrado a medirse a los mejores equipos del mundo. De ello sacó una ventaja en la Champions League, pues cada temporada gozaba del privilegio de medirse cuatro veces como mínimo a Fútbol Club Barcelona y Real Madrid, permitiendo utilizar semejantes retos para que sus jugadores adoptaran el plan que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Diego Pablo Simeone está más que acostumbrado a medirse a los mejores equipos del mundo. De ello sacó una ventaja en la Champions League, pues cada temporada gozaba del privilegio de medirse cuatro veces como mínimo a Fútbol Club Barcelona y Real<span id="more-270560"></span> Madrid, permitiendo utilizar semejantes retos para que sus jugadores adoptaran el plan que él ideó. Así, se hizo acreedor de una tercera vía en el fútbol español, preparadísimo, mental y tácticamente, para salir fuera del país y medirse a un Bayern, un Chelsea, una Juventus o mismamente ante los dos grandes de la Liga, gigantes en realidad, igualando fuerzas a 180 minutos a base de conocer cada rincón y centímetro de sus rivales. Por este motivo, el Atlético tiene dentro, sin tener que inventárselo, un plan con el que adaptarse a un equipo teóricamente superior. Lo que no ha enfrentado nunca el técnico argentino es una situación como la que en 2020 se le presenta, una en la que hubiese tanta distancia en cuanto a momentos de juego entre su equipo y su rival y que la diferencia de estilos entre su oponente en octavos de final con todos los equipos a los que se ha enfrentado hasta hoy sea tan grande. El Liverpool es para el Atleti un equipo ubicado en las antípodas, tanto mental como estilísticamente. Por eso, seguramente, en ese viaje imaginario que vaya a realizar el Atlético de Madrid, tenga que sufrir un <i>jet lag</i> y una desorientación general de los que deberá salir vivo hasta que pueda después acercarse al cuerpo a cuerpo con Jürgen Klopp.</p>
<blockquote><p>Simeone buscará un escenario en el que recortar distancias y que el 1-0 esté más cerca que el 0-1</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">A nivel defensivo hay varias situaciones generales y otras más específicas o individualizadas que crean el marco general de la eliminatoria. En este sentido, para el Atlético de Madrid surge como necesidad imperiosa o bien conseguir el 1-0 de forma temprana para no partir desde muy abajo, o bien controlar el ritmo ofensivo del Liverpool hasta dar con un 0-0 en el que pueda ofrecer alguna variante defensiva que no exponga su retaguardia y abra espacios a quienes mejor los explotan. Si asumimos como idea básica que el Atlético ha de tener escalonada su defensa y proteger su campo para no dar espacios a Mané, Salah y Firmino, entendemos que la defensa organizada y poblada muy cerca de Jan Oblak será la opción defensiva más utilizada durante los 180 minutos por Diego Pablo Simeone. Con este escenario, como punto de partida, vamos a imaginar de qué manera podría desarrollarse el encuentro y qué impacto tendría en las opciones de ambos equipos de solucionar el desafío: el Atlético controlando a los ingleses, rapídísimos en la arrancada y la combinación; los ingleses creando ocasiones y abriendo el marcador a su favor para jugar con espacios y sobre ellos crear intranquilidad a los colchoneros.</p>
<p style="text-align: justify;">Si en el primer párrafo aludíamos al hecho de que el Atlético de temporadas pasadas sí estaba preparado para enfrentar a un Real Madrid, un Barcelona u otro conjuntos poderosos de las grandes ligas, surgen muchas más dudas de estarlo ante el actual campeón de Europa. Tan solo en un punto concreto de su defensa tiene el Atlético capacidad de resistencia al máximo nivel: su área. Jan Oblak, José María Giménez y Felipe Monteiro sí podrían erigirse como grandes individualidades en una noche exigida. Pero lo importante es lo que sucederá hasta llegar a ellos tres, donde la ventaja técnica y táctica corre a cargo del destacado líder de la Premier League. El sistema de ayudas y ajustes rojiblanco ha perdido mucha identidad en las últimas temporadas, mientras la capacidad de concentración y sufrimiento de sus jugadores, en banda y en zona de pivotes, está lejos de su mejor versión, la de 2014 y 2016. Aquí tendrán que enfrentar a las múltiples amenazas ofensiva del Liverpool, que no son únicamente las de los nombres de Mohamed, Sadio y Roberto, sino varias amenazas tácticas que ha ido construyendo Klopp año tras año, y que han convertido al equipo en uno casi perfecto.</p>
<blockquote><p>Una de las grandes claves de la eliminatoria es cómo defenderá el Atleti el 2-3-5 de Klopp con balón</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">La primera reside en la autonomía que los atacantes han adquirido para interpretar a sus compañeros y al sistema en su totalidad desde su posición. Una de las grandes claves ofensivas del Liverpool es su habilidad para jugar con la posición de Salah y Mané, a veces abiertas e influyendo sobre laterales o a veces cerrada para crear espacio fuera, influir sobre centrales encarándolos y atacándolos para meter a sus laterales e interiores arriba y dominar hasta someter sin piedad. Cuando los dos africanos se meten dentro, entre centrales y laterales del rival, el Liverpool genera una superioridad aplastante en la última línea, pues sobre la línea de cuatro del oponente mete a cinco futbolistas (5vs4) donde fija a los laterales con los laterales y tiene un tres contra dos en el área en la que el rival suele ser girado hacia línea de fondo y empotrado contra su portería. Esta situación de juego obliga al Atlético a destinar muchos efectivos tanto en la zona del balón como en la contraria. Y su defensa organizada está mucho menos capacitada para oscurecer zonas intermedias y tapar espacios al poseedor de la pelota.</p>
<p style="text-align: justify;">Simeone, por tanto, tendrá que perseguir dos escenarios defensivos concretos: uno para aguantar y otro para atacar. En el primero, es fundamental para su supervivencia que pueda ralentizar el ritmo de la circulación de Klopp implicando a sus puntas, el delantero centro y su acompañante. Si los involucra en el esfuerzo defensivo, podrá entorpecer la conexión de los defensas y los medios con los puntas y los laterales, con tal de que sean los centrocampistas del Liverpool -Wijnaldum, Henderson, Milner, Fabinho, Oxlade- los que más tiempo tengan la pelota. Estos, poco creativos y necesitados de movimientos agresivos para abrir espacios, cuando el ritmo es medio o bajo, sufren más con balón, haciendo que las ocasiones de gol del Liverpool se distancien en el tiempo. En lo referente a lo segundo, el escenario defensivo rojiblanco con el que poder atacar, consta, cómo no, la presión adelantada como arma puntual y vital para buscar el robo arriba y crear discontinuidad en el rival. Es aquí donde Simeone, que históricamente siempre midió los riesgos, tendrá que tomarlos. Simeone tendrá que asumir que en el partido de ida, en el Wanda Metropolitano, tenga que arriesgar para poder competir. Aunque esto abra el campo y cree espacios intermedios y sobre la espalda de Giménez y Felipe, el Atlético necesita partir en algún momento de una situación de riesgo para crear ocasiones y marcar el 1-0, pues la calidad del Liverpool hará difícil que Klopp salga del cruce con pocos goles.</p>
<blockquote><p>Sacar de zona a Van Dijk, un &#8216;imposible&#8217; que Correa o Costa, cada uno a su modo, podrían conseguir</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Expuesto y razonado el decorado principal, en los nombres propios estará la eliminatoria. Por un lado Roberto Firmino como factor más creativo si el Atlético cierra todos los espacios y defiende cerca de Oblak. El brasileño siempre crea desconcierto en las asignaciones con los centrales o los pivotes, y distrae a la estructura defensiva rival para intimidar desde su recepción en la mediapunta. Del otro lado, Thomas Partey, como mediocentro para estar pendiente de cerrar la frontal si el balón va a banda y el Liverpool centra atrás, una de las debilidades tácticas del mediocentro ghanés, y también como responsable de salir jugando ante la presión tremenda de los de Klopp, será otro nombre a destacar. Por último, Ángel Correa, el delantero más instintivo del Atlético, y a la vez más escurridizo, especialista en crear espacio con su ruptura entre central y lateral, y que podría sacar de zona a Virgil van Dijk para crear espacio a la entrada de Morata en ventaja. En definitiva, una eliminatoria apasionante, donde Simeone tendrá que arriesgar. Sin mayor remedio. Enfrente, una máquina que viste de rojo.</p>
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		<title>Colorín, colorado&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Dec 2019 10:09:04 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[En el fútbol todo puede pasar pero la lucha por la Premier League ya no entra en el terreno de lo probable, sino de lo posible: el campeonato ha quedado visto para sentencia, pues pendía de un hilo y éste se rompió ayer con la visita del Liverpool al King Power Stadium. La victoria, el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En el fútbol todo puede pasar pero la lucha por la Premier League ya no entra en el terreno de lo probable, sino de lo posible: el campeonato ha quedado visto para sentencia, pues pendía de un hilo y éste se rompió ayer con la visita del Liverpool<span id="more-269420"></span> al King Power Stadium. La victoria, el desarrollo y el resultado han separado la realidad del conjunto de Klopp de la de Brendan Rodgers, dos equipos que compiten por objetivos muy diferentes, porque muy diferentes son sus niveles de calidad, maduración de proyecto y capacidades competitivas. El &#8216;Boxing Day&#8217; de 2019 sirvió para constatar justamente todo eso, que el líder y segundo clasificado de la Premier no aspiran al mismo trono, y así se lo hizo ver el campeón de Europa a un Leicester City incapaz de competir sobre la marcha cuando el partido iba exigiéndole cosas que ahora mismo no puede alcanzar. En un duelo de resistencia mental y futbolística, la noche nació como se preveía: el Liverpool defendiendo en campo contrario, Leicester sin renunciar a su salida en corto pero con intención de atacar vertiginosamente, con un plan particular que no tuvo el rendimiento esperado para los locales.</p>
<blockquote><p>El Leicester City planteó una salida de balón muy particular, sin extremo izquierdo y dos puntas</p></blockquote>
<p><a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/alterblog/wp-content/uploads/2019/12/Captura-de-pantalla-2019-12-26-a-las-22.04.54.png"><img class="alignleft" src="http://www.ecosdelbalon.com/alterblog/wp-content/uploads/2019/12/Captura-de-pantalla-2019-12-26-a-las-22.04.54.png" alt="" width="460" height="220" /></a>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Para lograr generar espacio para tus puntas a espalda de la última línea defensiva es necesario atraer y distraer a las primeras líneas para lograr separarlas. Y a ello se dedicó Brendan Rodgers con su planteamiento. El técnico norirlandés activó una salida de balón asimétrica, en la que Maddison, extremo izquierdo, haría de segundo mediapunta junto a Praet, a espaldas de Henderson, con Tielemans y Ndidi a espaldas del trío atacante, en una ocupación del campo que, como se ve en la foto, dejaba la banda izquierda sin extremo y sobrecargaba la contraria para después atacar con cierta ventaja el último batallón &#8216;red&#8217;. Con Schmeichel como primer pasador en línea de tres con los centrales, las intenciones del Leicester pasaban por tener dos receptores a espaldas de cada línea, con el objetivo de sujetar las líneas defensivas del rival y crear dudas en quien se atreviera a saltar y anticipar. La escapatoria se dibujaría a través de Pereira, con Barnes, falso extremo derecho, como segundo delantero. Un 4-2-2-2 que no logró el efecto deseado, al menos en dominio y creación de ocasiones.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que sí logró esta idea fue mantener sujetas las posiciones con las que el Liverpool defiende en campo contrario y pasa de defender a presionar. Un termómetro de esa primera media hora estuvo en cómo Alexander-Arnold y Andy Robertson apenas podían ir a buscar a sus pares arriba, atados por la amenaza de los puntas a su espalda y de los mediapuntas entre líneas. Así, el Liverpool tuvo que esperar y centrarse en el segundo escalón, el de Ndidi y Tielemans, si Schmeichel decidía superar línea por dentro en lugar de salir por fuera. Ahí, Wijnaldum y Henderson tratarían de acosar a quien recibiera de espaldas. Lo cierto es que poco trabajo tuvo Allison, como casi siempre, y el Liverpool comenzó a entrar en un terreno de dominio psicológico que hizo ver la diferencia de calidad individual y competitiva en la mayoría de sus piezas. Si los de Klopp habían salido inmaculados del plan más vertical y desbordante del Leicester, el tiempo jugaba a su favor, porque en el paso del tiempo aparecen las variables, los registros y la toma de decisiones.</p>
<blockquote><p>El Liverpool castigó por pura resistencia y jerarquía, demoliendo en la segunda parte a través de sus laterales</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Ocurre en el 100% de los partidos de este Liverpool ya histórico en el que va llevar al límite a su rival. Hay un componente boxístico en su manera de interpretar la defensa, el ataque, el ritmo y el partido. Reconociendo el lenguaje que le transmite su presa, se va a por ella, más todavía si es con 1-0 a favor, después de que Alexander-Arnold pusiera un centro calculado a la cabeza de Roberto Firmino. Tras la reanudación, llegó el K.O. Agotado mentalmente, el Leicester, que ha encadenado dos test ante los dos grandes, hincó la rodilla en todo sentido. El Liverpool, que ni había gastado un 20% del tanque, aprovechó el abanico y abrió una escapada en la que el Leicester claudicó. Con los puntas por dentro para entregar un espacio infinito para sus laterales, Klopp juntó a seis hombres en área. </p>
<p style="text-align: justify;">Una fotografía que explica su dominio insólito en la Premier League.</p>
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		<title>Anfield Road, Escape Room</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Nov 2019 09:25:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La etapa adulta del Liverpool de Klopp, la que ya le ha visto levantar un título y mantener su estatus como un equipo hipercompetitivo en el día a día, con innumerables momentos donde lucir su piel curtida y poner sobre la mesa los matices<span id="more-268199"></span> futbolísticos sumados por el camino, tuvo en el día de ayer una oportunidad más para mostrarlo todo junto, teniendo que afrontar un duelo ante el Manchester City de Pep Guardiola desde el favoritismo. No hizo un partido redondo ni impecable pero sí se valió de su extraordinaria y exclusiva versatilidad táctica y capacidad ofensiva para imponerse en el tramo donde mejor sabe aturdir la consistencia y las particulares debilidades del vigente campeón inglés. Fue un choque notable, digno de los dos equipos más capaces de crear situaciones desde todos los ángulos.</p>
<p style="text-align: justify;">Para Guardiola existe un espacio de tiempo donde su rótula tiembla y termina cediendo hasta doblar la rodilla, y no es sino su entrada a los partidos cuando enfrente sonríe el alemán. Los primeros 20 o 25 minutos del Liverpool en Anfield, si le va la vida en ello, son el <i>escape room</i> del fútbol continental, y así quedó demostrado nuevamente en dos acciones súbitas, propias del fútbol sala a pesar de desplegarse en un campo de más de 100 metros. Uno no deja de sentir cierto pudor cuando reconoce una metodología que hace al futbolista acompasar movimientos precisos y memorizados con detalles técnicos -controles orientados, salidas predefinidas en su primer contacto con el balón- que ni se ven en otro equipo ni parecen posibles por el talento innato, no al menos en la amplísima mayoría de jugadores, elegidos a un lado. Klopp inventa equipos originales y lo más importante, replicantes duros como el acero cuando toca resistir atrás y ganar desde la madurez competitiva.</p>
<blockquote><p>El primer tramo del encuentro volvió a salirle cara a un Liverpool que intimida como nadie más en Europa</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Cabe decir que una vez se sucedieron los dos goles, el Manchester City recuperó la iniciativa y ganó los picos del área con su habitual preclaridad. En ese segundo tramo del encuentro apareció el Kun Agüero para comenzar a jugar. El argentino se ha convertido en un profesor ya sin tanta juventud ni explosividad, que detecta espacios e ideas con las que meter a su equipo arriba, obligando a los extremos &#8216;reds&#8217;, Salah y Mané, a desempeñar tareas defensivas, siempre necesarias cuando el City conforma su fase ofensiva estándar: sin sumar el mismo número de efectivos por detrás de balón, es muy complicado que el City no se haga con el dominio espacial y la posterior creación de ocasiones. Así, Sterling logró llevar a A-Arnold a línea de fondo, mientras De Bruyne gozaba de un punto de mayor libertad horizontal para, en parado o en transición, castigar la espalda de Fabinho y estirar al Liverpool. </p>
<p style="text-align: justify;">Un párrafo propio y aparte merece siempre la asignación de marcas y vigilancias en salida de balón y en presión adelantada. En ambas áreas, esa colocación de las piezas se ha convertido en parte fundamental para las posteriores jugadas que se puedan dar. Dadas las características tan singulares de Salah y Mané cuando el Liverpool roba en una franja en la que después estos están por delante de balón, es decir, robando en las bandas o en zona de centrocampistas, para Guardiola es muy importante, como leyó brillantemente nuestro amigo Albert Morén en &#8216;Twitter&#8217;, que el emparejamiento que se pueda dar ante una hipotética pérdida de balón no haga que los centrales tengan que medirse con el egipcio o el senegalés a campo abierto, lo que lleva a pensar que los laterales han de estar por delante de ellos o lograr, a través del portero o el mediocentro, generar una superioridad sobre la primera línea que permita a Walker y Angeliño subir su posición y avanzar el juego hasta campo rival.</p>
<blockquote><p>El segundo tiempo fue &#8216;skyblue&#8217;, aunque hace falta una versión superior para doblar al LFC en su área</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">No obstante, para lo que no estuvo preparado Pep, o al menos no logró reducir, fue la habilidad de los interiores de Klopp, Henderson y Wijnaldum, para implicarse en los movimientos ofensivos por más que estos les obliguen a abandonar su posición. El Liverpool es un equipo que no conserva sus posiciones de origen sino que constantemente las suelta para generar progresiones no previstas por el rival. El sistema se mueve tan mecanizado y a tanta velocidad que sus protagonistas no van por carriles, sino por prados. Henderson cayendo a banda como extremo, Wijnaldum haciendo lo propio o superando la posición de Firmino, los laterales conduciendo o rompiendo con paredes interiores cuando Mané o Salah se reparten la amplitud. El sistema y los jugadores sincronizan relojes para ocupar espacios de diversas formas para que el rival tenga que igualar en concentración y velocidad&#8230; o habrá perdido.</p>
<p style="text-align: justify;">Pasado el ecuador, el City activó su circulación más fugaz mientras el Liverpool retrasó finalmente sus líneas hasta el bloque más bajo, entendiendo que alguna contra cazaría. De igual modo fue también sorprendente que solo realizara un cambio, el de Gabriel Jesús por Agüero. Sin embargo, sí dominó la segunda mitad hasta el punto de no conceder demasiado a su espalda ante la velocidad del rival. Acostumbrado en partidos grandes a resistir cerca de Allison, el Liverpool ganó a su principal competidor sin la necesidad de hacer un partido sobresaliente, gestionando las diferentes situaciones, luciendo una pegada indudablemente enorme en sus dos primeras llegadas y dando un golpe en la mesa de una Premier para la que nuevamente se postula como principal candidato a levantar.</p>
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		<title>Ritmo, regularidad y peligro</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Oct 2019 02:55:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Adrián Blanco]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El Liverpool acabó remontando ayer ante el Tottenham por más convicción que juego. Es una obviedad que, al margen de los seis puntos de diferencia que mantiene con el Manchester City, el cuadro de Jürgen Klopp no atraviesa por su mejor momento sobre<span id="more-267740"></span> el campo. Sin ir más lejos, ayer, ante los de Mauricio Pochettino, el equipo de Anfield pecó en ciertos momentos de la primera mitad de una timidez impropia de los clubes que ha dirigido el alemán. La cual, vista en perspectiva, deja entrever que el sistema y sus hombres <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2018/05/la-presion-del-liverpool-y-la-respuesta-madridista-final-champions-league/">no gozan de la salud -física, mental, anímica- más óptima</a>.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Robertson le dio mucha profundidad al Liverpool por izquierda</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Después de empezar perdiendo, viéndose superado por el buen inicio del Tottenham en el encuentro, el Liverpool de Klopp acusó una falta de atrevimiento un tanto extraña. Dejando a hasta cuatro futbolistas al mismo tiempo por detrás de la divisoria, a donde llegaba con bastante facilidad dado que el Tottenham (ya con el 1-0) no presionó muy arriba sino que prefirió esperar a media altura, el Liverpool se encontró con bastantes problemas para profundizar por dentro, y el envío a Robertson, que esperaba siempre muy abierto por izquierda, se convirtió en el mejor recurso para girar al Tottenham de una forma tan controlada -porque la otra opción era buscar en largo a Firmino y Salah- como continua. Algo que el lateral escocés, al que su equipo le permitió recibir en todo momento con el tiempo y espacio suficiente para llegar hasta arriba y levantar la cabeza, aprovechó para convertirse -por ritmo, regularidad y peligro- en <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2019/04/las-alas-de-klopp/">&#8216;la gran individualidad&#8217;</a> de la primera mitad.</p>
<p style="text-align: justify;">Aprovechando que Eriksen, abierto por derecha, no le seguía casi nunca en el repliegue, el Liverpool encontró el modo de que su lateral izquierdo recibiese siempre con ventaja. Juntando pases sobre el perfil derecho, con Alexander-Arnold bastante involucrado en la fase de iniciación de su equipo, para después, con el Tottenham basculado sobre este lado, cambiar la orientación del juego y activar las subidas de Robertson por el costado, el Liverpool consiguió compensar su escasa profundidad interior a través de las bandas. Ni Henderson -derecha- ni Wijnaldum -izquierda- le aseguraron metros a su equipo por dentro; incapaces de recibir por detrás de Sissoko y Dele Alli, los dos interiores rivales. Y de ahí que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2019/04/las-alas-de-klopp/">todo el volumen ofensivo &#8216;red&#8217;</a> en el primer tiempo llegase por fuera.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Gazzaniga y Son Heung-min fueron los mejores del Tottenham</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Las recepciones de Fabinho en la segunda mitad acularon aún más al Tottenham contra su propio campo. A diferencia de los primeros 45’, el mediocentro del Liverpool empezó a recibir de cara y no girado y encimado. Y ese escenario, desde el cual Fabinho pasó a organizar el juego de su equipo en campo contrario, le permitió al Liverpool soltarse más y mejor en ataque. Los dos interiores fueron completando los movimientos de Firmino, que se acercaba a la pelota dentro del carril central, y Mané, más enfocado a la ruptura, y Salah, más pendiente del apoyo interior-, brindaron la profundidad en el último tercio. Un guion que Pochettino quiso cambiar desde el banquillo. Primero con Ndombélé, que entró para jugar en la base, y después con Lucas Moura -que acabó en la derecha, como extremo- y Lo Celso -que acompañó al francés en el doble pivote-. Aunque para entonces, si bien es cierto que el Tottenham <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2019/03/tottenham-mauricio-pochettino-champions-league/">mejoró considerablemente con los cambios</a>, ya se le hizo demasiado tarde.</p>
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		<title>Arnold fue la diferencia</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Sep 2019 01:55:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Adrián Blanco]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[El Chelsea de Frank Lampard se rige en estos momentos bajo una única certeza: mejor corriendo por delante de la pelota que no por detrás de su rival. Entre ambos escenarios, como resulta evidente, hay muchas diferencias. En el primero de los casos, como ocurrió ayer ante el Liverpool de Jürgen Klopp, el conjunto londinense [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El Chelsea de Frank Lampard se rige en estos momentos bajo una única certeza: mejor corriendo por delante de la pelota que no por detrás de su rival. Entre ambos escenarios, como resulta evidente, hay muchas diferencias. En el primero de los casos, como ocurrió<span id="more-266761"></span> ayer ante el Liverpool de Jürgen Klopp, el conjunto londinense es un equipo ideado para competir sin la necesidad de tener mucho más tiempo el balón que su rival. Mientras que en el segundo, como se vio esta misma semana ante la visita del Valencia, el cuadro de Lampard está menos capacitado para esconder una serie de limitaciones que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2019/09/analisis-tactico-chelsea-0-valencia-1-champions-league/">se le acaban haciendo bola antes de atacar el área</a>.</p>
<blockquote><p><em>Alexander-Arnold se mostró muy activo por derecha</em></p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">En ese limbo, entre tener menos cuota de balón que su oponente y ocupar una parcela de campo mucho más ambiciosa, tal y como sucedió en la segunda mitad, este Chelsea de los Abraham, Mount, Tomori y compañía tuvo contra las cuerdas al actual campeón europeo durante largas fases del encuentro. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2018/04/analisis-tactico-liverpool-3-manchester-city-0-otra-vez-en-anfield/">Impidiendo que pudiera desplegarse con absoluta rotundidad al espacio</a>, encimando los toques de Salah con las coberturas hacia fuera del propio Tomori, vigilando muy de cerca a Firmino con el canadiense y su pareja de zaga y desplegándose a través de los carriles exteriores, llegando por fuera con César Azpilicueta y Marcos Alonso para acabar rellenando el área con Batshuayi, el cuadro de Lampard estuvo cerca de hacerle pagar al Liverpool su baja correlación en el campo.</p>
<blockquote><p><em>Tammy Abraham sigue siendo el ‘9’ titular del Chelsea</em></p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Porque el Liverpool venció en Stamford Bridge como ganan muchas veces los grandes fuera de Inglaterra: exhibiendo su pegada, en una versión más efectiva que efectista en los últimos 25 metros del campo. Con Firmino, Salah y Mané ciertamente desconectados del juego; lejos de dominar a su rival a través de su imponente dinamismo para moverse en los tres carriles sin llegar a estorbarse nunca, el cuadro de Klopp encontró en sus dos laterales, sobre todo en el derecho, Alexander-Arnold, un filón para castigar al Chelsea arriba y abajo. Atacando hasta línea de fondo, congeniando con el interior y el extremo de su mismo lado para aparecer en situaciones de aclarado con su mejor pie para cargar el área; a balón parado, como en la acción del 1-0; y mostrándose bastante seguro en lo defensivo, que es donde siempre ha cojeado más, el joven lateral inglés fue el mejor de su equipo ante el Chelsea. Un Chelsea que si continuó creyendo hasta el final no fue por el 1-2 de Kanté, que también, sino porque cuenta con un 9 con una autoestima muy alta. <a target="_blank" href ="https://twitter.com/AdrianBlanco_/status/1175816329435197442">&#8216;Porque nadie cree tanto en Abraham como el mismísimo Abraham&#8217;</a>.</p>
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		<title>Nicolas Pepé entre tinieblas rojas</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Aug 2019 01:45:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Unai Emery visitó Anfield Road con una idea clara: jugársela a sufrir en el área mientras dejaba subir a los laterales lo más arriba posible con tal de facilitar todo su volumen ofensivo. En cierto modo, un 2&#215;1: que Jürgen Klopp chocara con su modo de defender y a la vez le diera hecho su [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Unai Emery visitó Anfield Road con una idea clara: jugársela a sufrir en el área mientras dejaba subir a los laterales lo más arriba posible con tal de facilitar todo su volumen ofensivo. En cierto modo, un 2&#215;1: que Jürgen Klopp<span id="more-265844"></span> chocara con su modo de defender y a la vez le diera hecho su modo de atacar, aprovechando el ímpetu <i>red</i>. Un planteamiento de contragolpe puro y duro, habilitando espacios para que su rival progrese por donde uno quiere y atacar los espacios que el oponente deja libres. En la práctica, un encuentro interesantísimo en la disputa táctica por encontrar el valiosísimo 1-0, la principal razón que explicó el posterior desarrollo, con dos pruebas satisfactorias. Una, enésima: el Liverpool es un equipo demoledor. Otra, primeriza: Nicolás Pepé pinta de maravilla. </p>
<blockquote><p>Emery formó un 4-4-2 en rombo, dejando entrar a los laterales &#8216;reds&#8217; con la intención de que le dieran el ataque hecho: espacios a la contra y carriles exteriores liberados tras robo</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Profundizando en la idea introducida, el técnico vasco apostó por aceptar un vendaval exterior con tal de que su superioridad numérica en el carril central, tanto en el área como en la frontal, le permitiera rechazar múltiples centros y contragolpear por fuera en un dos contra dos -Joel Matip y Virgil Van Dijk vs Nicolás Pepé y Pierre-Emerick Aubameyang- ante los centrales &#8216;reds&#8217;, mientras Ceballos, coronando un rombo en mediocampo -Ghendouzi, Xhaka, Willock-, retenía la pelota en pos de ganar segundos para salir con espacios. La idea, como todas ante el Liverpool (sic), contenía sus contrapartidas, pues el campeón de Europa fluye con naturalidad cuando cierra con dos y muerde con tres la pérdida mientras arriba suma cinco jugadores incidiendo sobre la última línea del rival. </p>
<p style="text-align: justify;">Así pudo poner en práctica su renovado ataque posicional, ya conocido desde la temporada pasada, el que involucra a sus laterales por fuera, mientras su tridente ataca el área. Cuando el Liverpool incorpora a sus laterales -y el rombo de Emery les dio todo el espacio del mundo-, la atracción que Mané y Salah originan llevándose a sus laterales al área trastoca por completo el plan del rival en campo propio, porque no hay opción buena. En el pasado, el ataque del Liverpool abría a uno de sus atacantes de banda, haciendo que los laterales del rival defendieran vigilancias más ortodoxas -laterales con extremos-. Sin embargo, una vez Klopp mandó a Mohamed y Sadio entre central y lateral, con dos tipos tan determinantes como Robertson y Alexander-Arnold centrando desde los flancos, la duda es un continuo en el contrincante.</p>
<blockquote><p>Pepé es una grandísima noticia para el Arsenal. Su primera parte es justo lo que busca Emery ante los equipos más dominantes</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">En ese tablero, el Liverpool insistió sin parar. Generó multitud de saques de esquina y encontró algunos remates de sus mejores hombres, que encontraban rutas interesantes para encarar o acelerar. Por contra, el Arsenal, que para ello decidió arriesgar liberando a su mediapunta y sus dos puntas de las tareas defensivas más exigentes, sí encontró salidas dañinas. El fichaje del delantero costamarfileño, ofreciendo un perfecto resumen de su capacidad para crear peligro desde muy atrás, guardando la pelota de espaldas y/o armando la pierna en el pico del área, fue la mejor noticia en la primera apuesta &#8216;gunner&#8217; ante el asedio de un &#8216;top-2&#8242;. Del otro lado, el golpe que puso al Liverpool, balón parado mediante, de cara para sumar otro triunfo desde su descomunal gama de recursos atacando espacios y necesidades del rival.</p>
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		<title>El Liverpool siempre se miró al espejo</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Jun 2019 09:28:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Fue un desenlace extraño, seguramente áspero y demasiado paralizado para todo lo que sucedió en la competición de las competiciones desde febrero, donde ni el mejor de los guionistas hubiera anticipado semejante capacidad<span id="more-263855"></span> para impactar al espectador. La final que disputaron Liverpool y Tottenham sirvió para saldar una cuenta con el mejor equipo de la competición y con el técnico que decidió, en 2015, cuando el conjunto <i>red</i> daba vueltas en mitad del mar, embarcarse allí donde sólo el más capacitado podría haberse inventado en cuatro años un doble finalista de la Champions. La sexta corona continental del Liverpool, entrenado hoy por Jürgen Klopp, llegó desde un registro completamente diferente a su esencia y mucho más característico de los ritmos competitivos de la orejona. El campeón tumbó a su rival únicamente administrando la ventaja, con la certeza y el semblante del que se siente capaz y superior de hacerlo así. </p>
<p style="text-align: justify;">Sin más preámbulo, casi antes de vislumbrar qué quería hacer Pochettino para controlar cualquier fuga que comprometiera su defensa y potenciara el vértigo de su oponente, Salah convirtió el penalti cometido por Sissoko. La circunstancia articuló un escenario estricto y excesivamente escueto para la fecha. El caso es que, con desventaja en el marcador, Pochettino tenía que mover ficha. El reloj no era un problema así que tampoco se apresuró para cambiar el guion de la noche. De hecho, por lo que se pudo ver hasta el descanso, el argentino procuró mantener las constantes que le interesaban por encima de llevar el encuentro a una paridad en la que hubiera salido mal situado. En las áreas, llevando el partido a una cuestión de calidad, hubiese sido extraño salir ganador salvo metiendo la primera generada. Así visto, el Tottenham extremó precauciones con decisiones que pudieran darle un dos por uno: posibilidades ofensivas que también frenaran el avance de Klopp.</p>
<blockquote><p>Pochettino abrió Son en banda para minimizar las incorporaciones de Alexander-Arnold</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Los londinenses prepararon un plan interesante y limitado a partes iguales. En lo concerniente a la salida de balón y el <i>pressing</i> <i>red</i>, que tampoco fue atosigante, Pochettino ubicó a Trippier y a Rose en la línea divisoria prácticamente. Abriendo y subiendo sus posiciones, obligaba a interiores y/o extremos <i>red</i> a alternarse y repartirse esa línea de pase, mientras Winks y Sissoko se ubicaban en paralelo. Si por raso no encontraba escapatoria, que rara vez la encontró con seguridad y ventaja, balón largo y a esperar otra oportunidad o un posible espacio ofensivo más claro. Más adelante sobre el campo, el 4-2-3-1 <i>spur</i> se alineaba con Son muy abierto en banda izquierda, Eriksen en la derecha y Alli en la mediapunta, todos influyendo entre líneas o, como en el caso del surcoreano, fijando continuamente a Trent Alexander-Arnold, que apenas se incorporó al ataque. La posición de Son fue una medida habilitada para reducir el impacto del juego en los costados, mientras la amplitud de los laterales, a la vez y sin descanso, obligaban a Salah y Mane a descender unos metros y ensanchar la defensa para que los interiores, Wijnaldum y Henderson, pudieran concentrarse en tapar las líneas de pase interiores que podía activar Harry Winks. Explicado el entramado, el partido se paralizó. </p>
<p style="text-align: justify;">El Liverpool se mostró como ese equipo capacitado para vivir y competir sin la necesidad de atacar por atacar, un barniz que ha ganado esta temporada para reducir el azar e insensibilizar los encuentros, haciendo que pasen muy pocas cosas y que no sea necesario que sus mejores jugadores formen parte activa de la victoria. Con la iniciativa, al menos con balón, llevada a cabo por el Tottenham, el mediocampo <i>red</i> se dio cuenta de que la ausencia de creatividad de su rival en la zona más ancha y vital ataba de pies y manos la creación de ocasiones, exponiendo parte de sus carencias. El Tottenham es un equipo que basa la creación de ventajas en ataques posicionales a través de acciones agresivas y del talento de sus futbolistas para moverse hacia espacios descubiertos, en su mayoría, por Harry Kane. El cerebro de Pochettino, presente en cuerpo pero ausente en ritmo, descubre de por sí espacios con cada uno de sus movimientos pero el ritmo de sus intervenciones estuvo bajo cero. Sin el movimiento inicial, sólo las contadas diagonales de Son hacían aparecer metros para explotar. Ante la falta de creatividad en la base de la jugada del Tottenham, Fabinho, Henderson y Wijnaldum nunca saltaban a por el poseedor, dando lugar a una parálisis total. Nadie dividía la defensa <i>red</i>, con Eriksen en la derecha, alejado de la creación, y Kane ausente en el movimiento de apoyo o en el envío directo.</p>
<blockquote><p>El Liverpool defendió a la perfección su propio campo, el último registro de una evolución impecable</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Algo muy similar ocurrió en el lado contrario, con un Roberto Firmino muy alejado de su ritmo de intervención, sin contactos con la pelota ni dinámica de movimientos propia de su nivel. Sin agitadores ni pasadores, el juego se resintió enormemente. No habían llegado aún las prisas pero Pochettino tenía que dar por amortizado un plan que controló, en parte, pues aparecieron algunas incursiones de Andrew Robertson, pero que facilitaba enormemente las tareas defensivas y organizativas del Liverpool. Nadie, salvó Son, provocaba inquietud o la toma de decisiones comprometidas. El Liverpool estaba ampliamente cómodo. Klopp sonreía, contemplando cómo en la quietud y en la paciencia, su equipo respondía. Pochettino tenía que sacudir la escena. Y acto seguido al pitido inicial de la segunda mitad, Eriksen pasó a ocupar uno de los interiores, y además, lo hizo con gran libertad horizontal para comenzar a arriesgar con sus pases, moviendo las vigilancias del rival e intentando crear situaciones donde poder elevar el ritmo ofensivo. Con Kane limitado y Dele Alli sin aportar soluciones, el Tottenham se encomendó al golpeo del danés como única vía de verticalidad&#8230; pero no fue suficiente.</p>
<p style="text-align: justify;">El equilibrio posicional del Liverpool, la superioridad del siempre imposible Virgil van Dijk y la falta de resolución desde el banquillo <i>spur</i> languidecieron la final. Constó un arrebato londinense, sí, pero la puntualidad inesperada de Divock Origi en esta edición de la Liga de Campeones cercenó el intento de prórroga. La final fue el espejo en el que Klopp se miró para confirmar que si bien la Premier se escapó, la evolución de su equipo ha tenido su recompensa. El Liverpool se autoexaminó tras el término de la temporada pasada, la del despegue definitivo de su arrebatador tridente y de su extraordinaria presión adelantada, para saber detectar la parcela que cubrir y el margen desde el que maniobrar. Más adulto y rocoso en su propio campo, dominante desde la templanza y consciente del salto táctico que le faltaba por dar, su título describe las dos líneas que han terminado por unirse, la del sistema principal, pletórico e intacto en su capacidad para pasar por encima de cualquiera, y la línea del ensayo-error que deja por legado un equipo campeón. Por obra y gracia de un entrenador absolutamente memorable.</p>
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		<title>Allí, donde no alcanza la razón</title>
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		<pubDate>Thu, 02 May 2019 08:56:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Leo Messi es la derrota del cronista. Mejor dicho, Leo Messi es una derrota paradójica, pues es la solución para empezar y titular todo texto, un truquito para no frustrarse y poder arrancar, que no ha quedado obsoleto ni facilón, pero también es la perdición de quien empieza pisando terreno seguro y termina en un [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Leo Messi es la derrota del cronista. Mejor dicho, Leo Messi es una derrota paradójica, pues es la solución para empezar y titular todo texto, un truquito para no frustrarse y poder arrancar, que no ha quedado obsoleto ni facilón<span id="more-263013"></span>, pero también es la perdición de quien empieza pisando terreno seguro y termina en un callejón sin salida: no hay argumento ni estilo que logre condensar su figura. Como ocurre con otros grandes fenómenos del deporte mundial, de este siglo y a nivel histórico, como puede ocurrir con Roger Federer o Muhammad Ali, Messi está por encima de la propia capacidad humana de alcanzar su altura desde la palabra; la literatura o el periodismo no puede glosar ni hacer honor, por más que Foster Wallace lo intentara. Pero aún peor, Leo Messi está por encima de la capacidad crítica y analítica de cualquier teclado, de la mayor inspiración de una crónica y un análisis. Messi es una trampa que contiene la razón más importante y la sinrazón más evidente. Y así lo sintió Klopp, durante 90&#8242;.</p>
<blockquote><p>Klopp no pudo contar con Firmino, ubicando a Wijnaldum en su lugar</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Fue una noche de muchísimo valor. Por muchas razones. El fútbol de la Copa de Europa hizo brotar la enésima oportunidad de ofrecer imágenes no preestablecidas. La correlación de fuerzas no terminó siendo lo más imaginado, haciendo del Liverpool el equipo más propositivo y al Barça el más capacitado para esperar un momento demoledor mientras activaba su propio campo, plagado de intensidad, presión y cambios de ritmo por parte del rival, con una defensa posicional preparada para resistir, no conceder un sólo segundo de freno ni desconcentración y mantener una continuidad defensiva, entre lance y lance, propias de un campeón. El escenario, por más que no se lograra revertir para el Barça, fue el que le permitió mandarle el mensaje a Messi de que su aparición sería doblemente ganadora. De entrada, Klopp y Valverde se midieron las hechuras. Esto fue lo que pasó.</p>
<p style="text-align: justify;">La cita arrancó con la confirmación de una ausencia fundamental, la del brasileño Roberto Firmino, un jugador insustituible para su equipo, abanderado y transformador del juego colectivo abonado por su técnico, relevado por un Wijnaldum alejado de todas las posibilidades que ofrece el sudamericano. Para completar una inesperada previa, Valverde decidió sentar a Arthur Melo y a Nelson Semedo, habilitando un 4-4-2 muy marcado, con Vidal y Roberto ocupando el sector derecho. Así, arrancaron y se vislumbraron las primeras hostilidades, basadas en una presencia &#8216;red&#8217; en los primeros y/o segundos pases del cuadro culé. Klopp fue más fiel que negociador con su idea y propuso una defensa en campo contrario que alternaba ahogo sobre centrales con acoso sobre centrocampistas. Esta idea, una vez Arthur esperaba su turno desde la banca, estiraba al Barcelona, medio condenando a no poder construir una fase posicional prolongada que pusiera un valor sus jugadas más clásicas, difícilmente reproducibles, en tiempo y forma, sin Melo sobre el césped. El partido, por tanto, en clave Barça, sería muy diferente, sí, pero esa distinción acabó concediéndole oportunidades de máximo valor.</p>
<blockquote><p>El Liverpool dominó en presencia y presión durante gran parte del partido</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Valverde imaginó un encuentro de muchísima concentración, de ayudas ante las combinaciones veloces. El extremeño entendió en todo momento que su equipo no podía medirse en el cuerpo a cuerpo sin estar preparado para sentirse inferior, necesitando piezas y conceptos mucho más prosaicos, medidos por la capacidad mental y técnica en lo defensivo de muchos de sus jugadores a la hora de tomar una decisión e inmediatamente reiniciar su mente y prepararse para desbaratar una acción límite, aunque la pelota estuviera todavía lejos de Ter Stegen o con varios jugadores por superar. El Liverpool, además, encontró momentos de gran inspiración de la mano de Mané y Salah, quienes, sin Firmino, entendieron que no podían apoyarse en nadie ni frenar el ataque; debían recibir al pie y agredir en el uno contra uno para forzar en ritmo a un Barça que genera ventajas defensivas más por la posición del bloque y la experiencia y talento de sus defensores que por despliegue y carrocería.</p>
<p style="text-align: justify;">Más latente fue toda esta sensación en la segunda mitad, donde al Barça le costó un mundo poder revertir la dinámica desde lo colectivo. El Liverpool seguía percutiendo con pases y recuperaciones, fruto de su impresionante nivel como equipo y sistema, acordonando a un Barcelona que no hincaba la rodilla por más que fuera forzado en las caderas de sus centrales o en la concentración de Alba y Vidal, absolutamente inconmensurables en términos de continuidad, cuidado y responsabilidad por impedir, frenar, tapar y disputar. Fue por eso que la noche sólo pudo revertirse desde el concurso de un Messi que dio síntomas tan preclaros de dureza e intención como de imposibilidad en las arrancadas.</p>
<blockquote><p>Messi obró un último tramo prodigioso, coronado con un gol para la historia</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">El Liverpool, que hizo casi todo bien en su plan de partido, no dejó de mirar a Messi en lo táctico, pero sí lo hizo en la concesión de nuevas oportunidades. Klopp obró y encontró un plan que buscó derrotar mentalmente al Barça en su casa. Una vez no consiguió la razón principal para articularlo, respondiendo Valverde con su esencia como constructor de equipos, la puntería y el paso del tiempo es por donde el Liverpool se olvidó de Messi. Lionel, que sólo completó bien el 51 % de sus pases, sigue estando muy por encima de cualquier acierto estratégico del oponente porque él es para los demás la constante derrota en un juego de errores. La razón última que nada puede explicar.</p>
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