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	<title>Ecos del Balón &#187; Lev Yashin</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>La hoz, el martillo y los guantes</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Mar 2016 03:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[«Lev Yashin tapaba el arco sin dejar ni un solo agujerito. Este gigante de largos brazos de araña, siempre vestido de negro, tenía un estilo despojado, una elegancia desnuda que desdeñaban la espectacularidad de los gestos que sobran». -Eduardo Galeano- Lev Yashin murió tantas veces como resucitó. En 1962, después de la Copa del Mundo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>«Lev Yashin tapaba el arco sin dejar ni un solo agujerito. Este gigante de largos brazos de araña, siempre vestido de negro,<span id="more-202273"></span> tenía un estilo despojado, una elegancia desnuda que desdeñaban la espectacularidad de los gestos que sobran».  -Eduardo Galeano-</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Lev Yashin murió tantas veces como resucitó. En 1962, después de la Copa del Mundo de Chile, se hundía en el barro de la Unión Soviética, enterrado como héroe nacional después de un atormentado torneo, con pifias inexplicables y tardes nubosas por culpa de goles olímpicos colombianos. Fue acusado de traición con esa ligereza con la que se dictaban las sentencias en la sociedad de Moscú. También más allá del Dniéper. <a target="_blank" href ="http://www.lequipe.fr/">En Francia, L&#8217;Equipe</a> publicó de él que estaba acabado: era el mismo periódico que apenas unos meses después le destinó el título de mejor futbolista del planeta. Apoyado en esa sobrenatural habilidad para resurgir, Yashin levantó toda la majestuosidad de su personaje legendario. Un caso aún aislado en la historia del fútbol: el único portero condecorado con el Balón de Oro y universalmente archivado en las memorias y los libros como el más grande de su posición. No le den más vueltas porque no las tiene. Al contrario que en otras demarcaciones, aquí florece un consenso aplastante: Yashin fue el mejor en lo suyo. </p>
<p style="text-align: justify">Su significado, no obstante, va más allá de lo futbolístico, y su poliédrica figura contiene muchas más caras que las propias de un mito alimentado por la excepcionalidad de su oficio, un portero, raza exclusiva e incomprendida, independiente,<span class="pullquote_right">Yashin contaba con un físico privilegiado: era muy alto y muy móvil</span> vestida con una camiseta distinta, repleta de singularidad y poco dada a los matices. Yashin fue uno de ellos, un <i>&#8216;outsider&#8217;</i> más, pero fue algo más que ellos. La magia de su leyenda es por qué Yashin fue Yashin y por qué lo fue donde lo fue. ¿Que tenía ese portero ante el que una figura totémica en el fútbol mundial como fue el portugués Eusebio debió disculparse por marcarle un gol en 1966? Por ejemplo, tenía todo aquello que ahora se nos asoma indiscutible en un guardameta, pero que entonces escapaba de la ortodoxia. No solo mataba balones en su portería, también definió para siempre los rasgos anatómicos ideales en su posición. Dentro de su estilo sobrio y sereno, destacaban<a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=LcOtCxuVgAc"> la potencia, la agilidad, la estatura y la flexibilidad</a>. Un privilegiado perfil atlético poco frecuente hasta principios de los años 60 y que, desde entonces, fue el biotipo de la posición. La carrocería de los porteros nunca volvió a ser igual.</p>
<blockquote><p>Yashin no se conformaba con ser un bendecido por la genética. También era un estudioso de su oficio.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Más que un revolucionario, Yashin fue un reinventor. A sus condiciones innatas, agregaba una interpretación única de los límites reglamentarios que le imponía su demarcación. Esa inteligencia redibujó la concepción de portero: no solo protegía su arco de vida, sino que también controlaba el área, custodiaba los espacios, se animaba a los despejes extraterritoriales (salía, despejaba de cabeza, una de sus genuinas habilidades, y se volvía a colocar la gorra), estudiaba a los rivales, organizaba la defensa y ponía voz de líder a sus intervenciones sobre el juego. Hasta Yashin, nadie se atrevió con esto. Por eso, se le criticó al principio y se le adoró al final. Uno de sus rivales de la época,<a target="_blank" href ="http://www.futbolypasionespoliticas.com/2011/06/nikolai-starostin-fundador-del-spartak.html"> Nikolai Starostin </a>dijo de él: <i>“Fue el primero de los guardametas que comenzó a organizar contragolpes de su equipo aun en un periodo en el que ningún defensa había pensado todavía en tal posibilidad”</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Hay un punto de partida inequívoco en la historia de la Araña Negra: Yashin solo era posible en Rusia. La figura del portero ya se había infiltrado en el imaginario de la ideologizada sociedad soviética como un <span class="pullquote_right">La leyenda de Yashin se divulgó entre los rusos</span>reverenciado símbolo un par de décadas antes del fenómeno Yashin. Que el linaje de porteros rusos sea exquisito y copioso escapa de lo fortuito. Es, en buena parte, consecuencia de un proceso cultural y popular. En 1927, el fútbol entró en contacto con las letras soviéticas por primera vez en <a target="_blank" href ="http://www.toscanaoggi.it/Vita-Chiesa/7.-INVIDIA-Quel-sentimento-doloroso-figlio-della-frustrazione">una novela titulada <i>‘La Envidia’</i></a>. Su escritor, Jurij Olessa, un poeta que había jugado como centrocampista en sus años del liceo, interpretó ese movimiento que, poco a poco, se había despojado de ciertos prejuicios ideológicos (el fútbol como producto burgués e individualista) y de sus radicales fines propagandísticos hasta transformarse en una experiencia de las clases obreras.  </p>
<blockquote><p>«La Envidia», sostenida por la rivalidad entre un portero ruso y un «9» alemán, contenía carga política</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En <i>‘La Envidia’</i>, Olessa construye un relato de disimulada carga política      utilizando como lienzo un partido entre una selección moscovita y un equipo alemán. El conflicto narrativo se plantea sobre las tensiones entre el portero ruso, un joven estudiante de 18 años llamado Volojda Makarov, y el delantero alemán, Hoetzke, descrito en la novela como un atacante <i>«famoso»</i> y <i>«peligroso»</i>, una némesis temible y voraz de Makarov [<i>«Hoetzke aceleraba hacia la portería, dejando a nuestros defensores abatidos, y disparaba a puerta. Volojda abraza el balón a una altura tal que habría que decir que era matemáticamente imposible»</i>].</p>
<p style="text-align: justify">La narración se adentra en este juego de contraposiciones entre Makarov y Hoetzke: el portero le frena todas las acometidas, incluida la decisiva, el desenlace final, una parada <i>«que escapaba lentamente de su</i><span class="pullquote_left">La novela idealizó la figura del portero ante la sociedad soviética</span><i> trayectoria de vuelo, infringiendo las leyes de la física»</i>. Sobre esta descripción de la proeza de Makarov, se desvela por primera vez la naturaleza heroica del portero ruso, convertido ya en <i>‘La Envidia’</i> en una figura relacionada con la épica nacional. La lucha entre Makarov y Hoetzke no es más que la representación de una antitesis social: el portero es exhibido como alguien para quien <i>«lo importante era la victoria de su equipo y el resultado final»</i>, mientras que al delantero germano le importaba ante todo <i>«la demostración de su propia maestría»</i>. En su trasfondo, <i>‘La Envidia’</i> no fue más que un ejercicio de la dialéctica anticapitalista de la Unión Soviética que exaltó al portero como figura entregada al sacrificio por el bien común. Makarov, al fin y al cabo, como expone Mario Alessandro Curletto en su obra <a target="_blank" href ="http://mondocalciomagazine.it/105/"><i>‘I piedi dei Soviet’</i></a>, representaba el proyecto de <i>‘hombre nuevo’</i> propugnado por la educación socialista: un autómata desprovisto de capacidad crítica y sentimientos complejos al que solo el fútbol devolvía las pasiones humanas. </p>
<blockquote><p>La industria del cine ruso también ayudó a agrandar el mito del portero de la Unión Soviética.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Las artes continuaron alimentando la idealización de la figura del portero soviético. La expansión del cine entregó en 1937 al pueblo ruso la película<i> ‘El portero’</i>, basada en la novela <i>‘El portero de la república’</i>, de Lev Kassil. Obra fílmica dirigida por Semën Timosenko, director reconocido por su dramas revolucionarios, <i>‘El portero’</i> fue un fenómeno social en la Unión Soviética en pleno corazón de la batalla ideológica con el nazismo. Su protagonista es Anton Kandidov, un chaval de Astracán, una ciudad a orillas del Volga, que trabaja cargando sandías en una camioneta. Esa habilidad en el manejo manual de la esfera lo convierte en un portero prometedor, en el mejor del país. Pero a Kandidov la vida le reserva golpes: abandona su equipo y lo cambia por otro superior, hasta que un día, un compañero, Karasik, le mete un gol en propia puerta. Kandidov cae abatido, deprimido, arrojado al alcohol y la desilusión. Este descenso a los infiernos comparte trazos con una historia real: la del mismo Lev Yashin. Sus comienzos fueron inciertos. Durante una gira amistosa en el Cáucaso en 1950, sufrió también un gol desgraciado del <a target="_blank" href ="http://www.marca.com/reportajes/2014/02/el_poder_del_balon/2015/04/12/seccion_01/1428867306.html">Traktor Volgogrado</a>. Era su primer partido con el Dinamo Moscú después de destacar en la estructura juvenil. En una salida mal calibrada, colisionó con su defensa Yevgeny Averyanov, y la pelota le castigó al pasarle por un lado. Yashin soportó las bromas de sus compañeros Konstantin Beskov y Vasily Kartsev, los dos jerarcas de la plantilla. Pocas semanas después, debutó en partido oficial contra el Spartak Moscú y sufrió otra desdicha idéntica: chocó con su defensa Blinkov al salir a un centro, se tragó el balón y Parshin lo recibió para marcar. Después, un general de <a target="_blank" href ="http://1y2gm.foroactivo.com/t1029-la-nkvd-mas-que-un-servicio-secreto">la NKVD, la policía política</a>, entró en el vestuario y reclamó: <i>“Hay que borrar del equipo a este idiota”</i>. Cuatro goles encajados en diez minutos en su siguiente partido, jugado a los tres meses, contra el Dinamo Tbilisi clavaron la daga definitiva en el alma de Yashin.</p>
<blockquote><p>La carrera de Yashin no siempre fue triunfal; incluso llegó a probar suerte en otros deportes.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Como le sucedió al ficticio Kandidov, también vivió un momento delicado. Yashin estuvo casi dos años sin jugar un partido más y buscó refugio como portero del equipo de hockey hielo del Dinamo Moscú. Era su otra gran pasión y allí desarrolló parte de sus destrezas, hasta tal punto que llegó a estar convocado para la Copa del Mundo de Suecia 1954. Yashin renunció porque aún se agarraba al fútbol, del mismo modo que hizo <a target="_blank" href ="http://www.futboldepelicula.cl/?tag=union-sovietica">Kandidov en<i> ‘El portero’</i></a>. </p>
<p style="text-align: justify">En el tramo final de esta película, Kandidov resurge cuando regresa a su antiguo club. El clímax se enciende en un partido en el que la selección soviética recibe a un escuadrón extranjero, los Búfalos Negros, una alegoría de las juventudes hitlerianas. Kandidov triunfa de la forma más heroica posible: parando un penalti y cruzando el campo para marcar el gol de la victoria en la prolongación. La simbología del film refleja, de nuevo, la condena al individualismo y la excitación de los valores colectivos y proletarios. No deja de tener un punto paradójico que la URSS utilizara para ello una figura esencialmente individual, la más personal del fútbol, el portero, al que se esculpió así como un modelo de expiación y entrega al bien común. Al fin y al cabo, en una sociedad tan uniforme como esa, el guardameta era una de las escasas expresiones individuales posibles. A través del cine y la literatura, el portero se enalteció como representación viva del patriotismo soviético y del mapa de valores de la sociedad socialista. En esa misma película, la banda sonora incluye la <i>‘Marcha de los deportes’</i>, cuyo estribillo es aún popular en Rusia: </p>
<p style="text-align: center"><i>Eh, portero, preparado para la batalla<br />
Eres el guardia de la puerta<br />
Imagina que detrás de ti<br />
Está la frontera</i></p>
<p style="text-align: justify">Este verso no es un verso suelto: personaliza en el portero la idea de defensa total. La protección sistémica ante la amenaza de un ataque exterior que se instaló en la Unión Soviética en los años 30 –del nazismo- y durante la Guerra Fría –del bloque occidental-. Un temor a la agresión extranjera que convirtió al portero en la metáfora del<i> ‘último baluarte’ </i>y que elevó su significado dentro del país como un héroe nacional a la altura de los aviadores o los cosmonautas. Gracias a la película que inspiró, la novela<i> ‘El portero de la república’</i> pasó a ser un clásico entre los niños, una herramienta más del realismo socialista, y se fomentó entre los jóvenes a Kandidov como ejemplo a imitar. Rusia ya poseía así un caldo de cultivo ideal para el desarrollo de una de las mejores escuelas de porteros del mundo. Y así nació Yashin en 1929.</p>
<p style="text-align: justify">Huérfano de madre desde los seis años, en la Segunda Guerra Mundial trabajó junto a su padre en la fábrica aeronáutica <a target="_blank" href ="http://l7.alamy.com/zooms/c6af2345d5e94401b664285213a13395/moscow-people-study-in-the-club-of-krasny-bogatyr-red-strong-man-factory-ek2wd7.jpg">Krasny Bogatyr</a>, en Tushino, cerca de Moscú. Creció como un chico riguroso, educado,<span class="pullquote_right">Yashin alcanzó la fama al ganar, como juvenil, la Copa Moscú</span> discreto y disciplinado, cualidades que nunca perdería. Desde muy joven sufrió problemas estomacales –falleció en 1990 debido a un cáncer de estómago-, una acidez que le hacía beber bicarbonato antes de jugar muchos partidos. Aunque también se remojaba con un traguito de vodka en ocasiones, un ritual acompañado de sus diez cigarros diarios.<i> “Mi truco es un cigarrillo para cambiar los nervios, más un sorbo de licor fuerte para tonificar los músculos”</i>, describía Yashin acerca de su fórmula mágica. Conoció el fútbol en esa fábrica de Tushino, jugando como delantero. Pero su altura de 1’87 metros, sus largo brazos y su elasticidad en el salto sedujeron a los jefes de la planta y le impusieron la portería. En 1949, después del servicio militar, fue reclutado por el Dinamo Moscú. Nunca se quitaría esa camiseta, ni siquiera, en numerosas ocasiones, ni para jugar con la Unión Soviética, pues muchos partidos con la selección los disputó con la letra<i> ‘D’</i> bordada en su imborrable jersey oscuro. Ese otoño, solo unos meses antes del salto a la escuadra principal, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=WndclMM1ZzM">el nombre de Yashin</a> se abrió hueco en el fútbol de la capital soviética cuando su primera exhibición impulsó la victoria del juvenil sobre el primer equipo en las semifinales de la Copa Moscú. </p>
<blockquote><p>Alexei Khomich fue su primera gran competencia y, al mismo tiempo, uno de sus mentores.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Aquello disparó su promoción en 1950. Yashin se moldeó a la sombra de Alexei Khomich,<i> el Tigre</i>, otro de los grandes porteros rusos de la historia. Era nueve años mayor y dueño del arco del Dinamo, un dique infranqueable para un Yashin cuyas primeras oportunidades se tiñeron de desgracia. Khomich había marcado ya el patrón de estilo del portero soviético: un perfil completo, sobrio, ágil y rápido en el uno contra uno. Y a ese espejo se asomó Yashin, aunque con una configuración anatómica distinta. Entre Khomich y el joven Lev también se interponía Walter Sanaya en los primeros años.<a target="_blank" href ="http://www.martiperarnau.com/historias/santoral/alexei-khomich-el-mentor-de-yashin/"> Más allá del<i> Tigre</i></a>, Yashin siempre reconoció dos referencias: <a target="_blank" href ="http://www.teinteresa.es/microsite/mundial_brasil_2014/Apostol-Sokolov-genio-bulgaro-palos_1_1167494203.html">Apostol Sokolov</a>, del Levski Sofía y de la selección búlgara de los Juegos Olímpicos de 1952 del que adoptó su tendencia a abandonar la línea de gol, hasta entonces una correa que ataba a los porteros al arco. El segundo modelo fue un contemporáneo suyo, el yugoslavo Vladimir Beara, a quien Yashin siempre consideró mejor. </p>
<p style="text-align: justify">En 1953, Khomich dejó el Dinamo Moscú. Yashin seguía en un segundo plano, alternando el fútbol y el hockey hielo, disciplina que no solo le sirvió como purgatorio de los pecados de sus primeros partidos, sino como una mesa de aprendizaje. Quizá el mito de Yashin no hubiera sido posible fuera de la Unión Soviética, pero quizá el portero Yashin tampoco hubiera sido lo mismo sin el hockey. En esa portería, agudizó la percepción del ojo, ganando una velocidad de reflejos que luego trasladó al fútbol. Con el hockey, pulió también su técnica, su cobertura de ángulos estrechos…</p>
<p style="text-align: justify">Y fue en ese punto, con la salida de Khomich en 1953, cerca de los 25 años, cuando Yashin se decidió por la portería de fútbol. Tardó solo unos meses en alcanzar la selección, en seducir a todo un país y asimilarse como el rostro de una institución como el Dinamo Moscú. Jugó allí 22 temporadas; ganó las ligas de 1954, 1955, 1957, 1959 y 1963; levantó las copas de 1953, 1967 y 1970; fue internacional soviético 73 veces; ejerció de figura clave en el oro olímpico de Melbourne 1956 y en la Copa de Europa de Naciones de 1960; disputó las <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/copa-del-mundo-1958/">Copas del Mundo de 1958</a>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/copa-del-mundo-1962/">1962</a>, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/copa-del-mundo-1966/">1966</a> y con 41 años aún fue tercer portero de la URSS en la de 1970. Con el Dinamo dejó la portería imbatida en el 48% de sus partidos. En total, una carrera de 813 partidos (dos con la selección FIFA) y unos 150 penaltis parados.<i> “La sensación de ver a Yuri Gagarín volar en el espacio solo es superior al placer de parar un penalti”</i>, aseguraba. </p>
<blockquote><p>En su mejor momento profesional, traspasó el muro político y fue un héroe mundialmente admirado.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En los Juegos de Melbourne de 1956, Yashin se descubrió al mundo. A la Copa del Mundo de 1958 en Suecia ya llegó subido en una ola de reputación. Hasta 1962, vivió su trienio dorado. Una imponente<span class="pullquote_right">Yashin, sin buscarlo, se erigió en un producto sub-capitalista ruso</span> revelación de talento y dominio en la portería que en la Eurocopa de 1960 le permitió aplastar el torneo con su enorme mano. Por primera vez, un portero se elevaba sobre un equipo. Las semifinales contra Checoslovaquia y la final contra Yugoslavia pervive como su dos mejores cantos internacionales junto al duelo con Hungría en 1966. Su impacto planetario se multiplicó a raíz de entonces. Yashin comenzó a observarse con admiración. Ayudaba a ello su personalidad, un carácter elegante, cordial y honorable. <a target="_blank" href ="http://lev-yashin.blogspot.com.es/2010/06/manos-de-terciopelo-en-guantes-de.html"><i>“La cara sonriente del comunismo”</i></a>, le definieron a este lado del Telón de Acero. La Unión Soviética quizá nunca tomó consciencia de ello, pero Lev Yashin fue su primer subproducto capitalista, una marca de comercio exterior tan potente como el programa espacial Sputnik o los rifles Kalashnikov. En un periodo de tensiones internacionales, el fútbol miró a la URSS a través del filtro afectuoso de Yashin. Y hubo países, como la España franquista, donde la intimidación de su nombre se potenció en clave propagandística, presentándolo como el imbatible mariscal de los<i> ‘temibles rojos’</i>.  </p>
<p style="text-align: justify">A esta fuerza icónica contribuyó una escenificación de la labor de portero hasta entonces impensable. La estética de Yashin galvanizó su figura, utilizando guantes y ropa oscura, una vestimenta que se instalaría como paradigma de la posición en los años posteriores. A Yashin se le ha mitificado como la <a target="_blank" href ="http://colgadosporelfutbol.com/wp-content/uploads/2012/07/Lev-Yashin-el-mejor-portero-de-todos-los-tiempos-620x400.jpeg"><i>‘Araña Negra’.</i></a> Un sobrenombre producido en los escenarios extranjeros, no tanto en la Unión Soviética. La leyenda dice que siempre jugó de negro, que usó solo cuatro suéteres en sus 20 años de carreras y que los devolvía junto a las manoplas al finalizar la temporada al encargado de material del Dinamo Moscú, pero muchas veces, según ha afirmado su esposa Valentina, la camiseta era azul oscura. La fotografía en blanco y negro contribuyó a configurar el mito. Yashin elegía los tonos oscuros porque creía que engañaban a la vista de los atacantes. </p>
<blockquote><p>Quizá su peor momento como profesional fuera tras el Mundial de Chile 62´, pero no se acabó ahí.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Desde la lejanía, recibió la irradiación de Yashin el escrito ruso Vladimir Nabokov, exiliado en Inglaterra tras el incendio bolchevique y quien había comenzado a jugar como portero en su infancia en San Petersburgo. Nabokov expone en su autobiografía <a target="_blank" href ="http://elpais.com/elpais/2016/03/18/eps/1458312501_025620.html"><i>‘Habla, memoria’</i></a>, un psicoanálisis del guardameta. Nabokov, quien conocía también la posición de sus años en Cambridge, escribió muchas líneas sobre los porteros, pero no se le conoce, al menos aquí, una relación literaria íntima con Yashin. Representaron así dos figuras sustantivas en sus disciplinas que se rozaron, pero nunca se tocaron. Nabokov cuenta sus experiencias en la portería y teoriza sobre ellas: <i>“Su jersey, su gorra de visera, sus rodilleras, los guantes que asoman por el bolsillo trasero de sus pantalones cortos, le colocan en un lugar aparte del resto del equipo. El portero es el águila solitaria, el hombre misterioso, el último defensor. Más que un guardián de la portería, es el guardián de los sueños”</i>. Nabokov hablaba de él, pero también, sin quizá saberlo, de Yashin. <i>“Distante, solitario, impasible, el portero famoso es perseguido por las calles por niños en éxtasis”</i>, agrega.</p>
<p style="text-align: justify">Afincado en Inglaterra, Nabokov aún vivió con cierta proximidad la última juventud de Yashin, con 36 años, en el Mundial de 1966, cuando pisó semifinales y puso las manos en las mejores paradas y acciones del torneo. Culminaba así su rehabilitación. Cuatro años antes, en Chile 1962, el gol olímpico del colombiano Marcos Coll, ese empate a cuatro y sus dos errores en cuartos de final contra la selección anfitriona, apuntaron su ocaso. <a target="_blank" href ="http://www.marca.com/reportajes/2010/03/chile_1962/2010/03/16/seccion_01/1268728053.html">Vivió un momento crítico</a>, fuertemente cuestionado al regreso a Moscú, donde incluso lanzaron piedras sobre su apartamento. Pero resucitó: encajó seis goles en 37 partidos y en 1963 le entregaron el Balón de Oro. Nabokov aseveró en cierto momento que <i>“el trabajo de portero es como el de un mártir, un saco de arena o un penitente”</i>. Y así fue la vida de Yashin. Aunque él siempre acabó en pie.</p>
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		<title>«La historia del fútbol»: episodio 21</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Jan 2013 02:55:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[n el Olímpico de Atenas, Hamburgo y Juventus de Turín iban a luchar cortar la hegemonía del fútbol inglés, pues las últimas seis ediciones habían ido a parar a un club británico. El Hamburgo, que se deshizo de la Real Sociedad en una ajustada semifinal, levantaba la Copa de Europa al vencer a los turineses, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">E</span>n el Olímpico de Atenas, Hamburgo y Juventus de Turín iban a luchar cortar la hegemonía del fútbol inglés, pues las últimas seis ediciones habían ido a parar a un club británico. El Hamburgo, que se deshizo de la <a target="_blank" href ="http://www.enterat.com/blogs/videos/remember/2012/04/06/real-sociedad-hamburgo/">Real Sociedad</a><span id="more-43141"></span> en una ajustada semifinal, levantaba la Copa de Europa al vencer a los turineses, que contaban en sus filas con el triple Balón de Oro, Michel Platini, más la presencia en el banquillo de un mito como Giovanni Trappatoni. Un tempranero gol de Felix Magath, a los ocho minutos de partido, daba al Hamburgo la única Copa de Campeones de su historia y devolvía el cetro continental a Alemania siete años después.</p>
<p><iframe width="460" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/8nUtSXNYuOQ" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p style="text-align: justify">Tras dos años de competición, como era costumbre en aquellos días, la Eurocopa de 1964 llegaba a su fase decisiva. España acogía las semifinales del torneo, que enfrentaban a Dinamarca, la URSS, Hungría y la propia España. Los de José Villalonga, tras apear al conjunto húngaro por 2-1, se plantaban en el choque último partido ante la poderosa URSS de Lev Yashin. En un Santiago Bernabéu repleto, el equipo liderado por <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/manchester-champions-inter-helenio/">Luis Suárez</a> se adelantaba en el marcador a los 6 minutos, pero segundos más tarde, Khusainov hacía la igualada. A poco de la conclusión, el cabezazo inolvidable de Marcelino daba al combinado nacional el primer título de su palmarés.</p>
<p><iframe width="460" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/b0rLgR1obuQ" frameborder="0" allowfullscreen></iframe><br />
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		<title>Fotos en sepia</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Jul 2012 02:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">D</span>esde 2008 a esta parte, con la edad de oro que vive la selección española, plena de títulos, victorias de prestigio y halagos a nivel mundial, el fútbol patrio, nunca muy dado a respetar el pasado, lo es menos que nunca.<span id="more-18418"></span> No hace falta porque se debe disfrutar el presente y, si acaso, se echa la mirada hacia atrás para ver cuán pringados éramos los españoles hasta que esta generación de superhombres invencibles acudió al rescate. Ni tanto ni tan calvo, obviamente, pero sí es cierto que da la impresión de que la historia de España comenzó en los campos de Austria hace 4 años, y que como mucho se mira con simpático desdén al oro de Barcelona 92 o a la cantada de Arconada en París.</p>
<p style="text-align: justify">Pero es que el tradicional <i>«nunca ganamos nada»</i> es la mayor y más repetida mentira del fútbol español. ¡Por supuesto que ganamos algo! ¿Nadie recuerda aquella noche en el Bernabeu? Sólo los más viejos nombran a unos hombres cuyo recuerdo está siendo sepultado por las arenas del tiempo –y del éxito-. Es una injusticia que <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Eurocopa_1964">la Eurocopa de 1964</a> se esté adentrando peligrosamente en el olvido. Y qué mejor día que hoy, la jornada en la que el sueño de la hegemonía española puede seguir creciendo hasta ser los más laureados de la Eurocopa –junto a Alemania-, o<span class="pullquote_right">Ahora casi olvidada, España ganó su primera Eurocopa en 1964 en el Santiago Bernabéu</span> comenzar el descenso justo donde empezó –frente a Italia-, para recordar a los héroes que dieron a España su primer torneo internacional.</p>
<p style="text-align: justify">En el verano de 1964, Europa vivía días intensos. La Guerra Fría estaba en su apogeo, el muro de Berlín acababa de cernirse sobre la antigua capital alemana, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=DfpKYWY_zg8">Khruschev había <i>sido dimitido</i></a> hace no mucho y Breznev estaba poniéndole nueva cara a la URSS –que no era sino una cara ya vista, más tradicional, más estalinista, más ortodoxa-, las alianzas que gobernaban el mundo bipolar aún estaban en estado de shock por la muerte de JFK, y España estaba más metida que nunca en su papel de <i>Centinela de Occidente</i>.</p>
<p style="text-align: justify">Esto no era algo secundario para el fútbol español, dado que el <i>miedo rojo</i> que rodeaba a la política del Régimen de Franco había impedido que un magnífico equipo español disputase siquiera una eliminatoria de cuartos de final de la Eurocopa de 1960 contra los soviéticos. Así pues, un equipo con Di Stefano, Suárez, Gento o Kubala ni pudo viajar a Moscú para medirse a sus homólogos de la URSS. Se perdió una buena ocasión, y los soviets acabaron por ganar el torneo ante Yugoslavia. Además, quizá se desperdició la última oportunidad de contar con esos fenómenos nacionalizados, en un gran momento de forma, ya que para <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=iRvlc-JUcwQ">el Mundial de Chile 62</a>, con Helenio Herrera en el banco, Di Stefano estuvo lesionado, Kubala ya muy viejo, los nuevos como Puskas y Santamaría no demasiado afortunados, y nuevas figuras como Amancio ni siquiera viajaron. Tras el fracaso de verse apeados en la primera fase, España comenzó una nueva etapa, con José Villalonga como entrenador. Era un tipo curioso este hombre, se decía que no entendía nada de fútbol y que sus conocimientos se limitaban a la condición física –tenía pasado militar-,<span class="pullquote_left">Villalonga realizó el cambio generacional que España requería tras el Mundial de 1962</span> pero increíblemente triunfó en el Atlético y en el Madrid, y sigue siendo el hombre más joven en haber ganado la Copa de Europa -dos en su caso- y la Eurocopa. Algo tendría.</p>
<p style="text-align: justify">Villalonga comenzó el camino a la Eurocopa con una lista que prescindía de 14 de los 22 expedicionarios al Mundial de Chile. Faltaban Di Stefano, Carmelo Cedrún, Santamaría, Garay, Segarra, Puskas, Araquistain y los <i>italianos</i> Del Sol, Peiró y Suárez, entre otros. Se mantenía Gento, y no se echó de menos a nadie, ya que en la ida, con un espectacular Guillot se ganó 6-0 en el Bernabeu. Los problemas y posterior derrota 3-1 en Bucarest dejaron claro que las cosas tampoco iban a ser tan fáciles para España. Pero se pasó, y eso era lo que contaba, más si cabe tras tamaña revolución.</p>
<p style="text-align: justify">En las otras eliminatorias, sorprendía la eliminación ante Francia de la Inglaterra que Alf Ramsey había garantizado como campeona mundial en el 66. Portugal, en la que ya se alineaban la base del Benfica con <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=vSxSKvKiQZQ">el gran Eusebio a la cabeza</a>, cayó eliminada ante la siempre rocosa Bulgaria, con su célebre central Dimitar Penev y el atacante Georgi Asparaukhov, por el que Nereo Rocco viajaba cada verano a Sofía para llevárselo a Milan. En vano, ya que las autoridades comunistas prohibían su traspaso. No lo permitirían hasta 1970, tras el Mundial de México y, para desgracia del fútbol europeo, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=s3-q483iLSs">expectante por ver a Asparaukhov en Occidente</a>, este murió en un accidente de coche, poco tiempo después de regresar de tierras mexicanas. Italia arrolló a Turquía, los húngaros pasaron cómodamente contra Gales y Yugoslavia, liderada por el joven Josip Skoblar –al que pronto veríamos en el Olympique de Marsella- eliminaba a una Bélgica prometedora con Van Himst, Puis y Jurion.</p>
<blockquote><p>La segunda eliminatoria hizo que Villalonga tuviese que rectificar sus planes iniciales.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Villalonga siguió con su plan en la segunda ronda, ya que el rival era la floja Irlanda del Norte, en la que aún no había hecho aparición George Best. Se jugó en Bilbao la ida, y, como concesión a la grada, el seleccionador llamó a unos cuantos <i>leones</i>. Se jugó horrible en San Mamés y a pesar de que el debutante Amancio marcó, un error de Vicente Traín, el portero español, propició el empate norirlandés. Este fracaso debió motivar serias dudas en Villalonga, porque rectificó sus decisiones anteriores sobre la gente joven y tiró de experiencia y calidad con los veteranos. Suárez y Del Sol volvieron al equipo, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=IDSt-eAOrZg">así como Gento</a>. Ocho cambios con respecto a San Mamés. Se sufrió en Windsor Park, pero el extremo izquierdo del Madrid jugó un gran partido y anotó el gol de la clasificación. España alcanzaba así la misma ronda en la que en 1960 fue eliminada por… Franco.</p>
<p style="text-align: justify">Por Europa adelante, se sucedieron bastantes sorpresas, con Holanda siendo eliminada por Luxemburgo o Yugoslavia por los amateurs suecos. Francia, que tenía un equipo terriblemente técnico liderado por los centrocampistas Herbin, Douis y Ferrier parecía estar superando aceptablemente bien la caída en desgracia<span class="pullquote_right">Gracias a un Yashin portentoso, la URSS batió a Italia en el gran duelo de octavos</span> del Stade de Reims, y daba buena cuenta de los búlgaros, así como Hungría tenía más dificultades de las esperadas para superar a los alemanes del Este. Sin embargo, la eliminatoria estrella de estos octavos era la que medía a Italia con la URSS. Los soviéticos, campeones y exentos de la primera ronda,  eran una magnífica piedra de toque para una Italia que empezaba a recuperar su lustre merced al auge de su campeonato doméstico –Milan, Inter, Juve, Fiorentina y Roma estaban a gran nivel-, y de su cada vez más extendido catenaccio. Los italianos salieron al césped del Estadio Lenin con solo dos delanteros, asistidos por Corso, Rivera y Bulgarelli –cerebro del Bolonia que ejercía de <i>Luis Suárez</i> en la Nazionale-. La URSS, sin Yashin, abrió el marcador a los 20 minutos y casi inmediatamente Italia se quedó con 10. A duras penas salieron vivos con <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=339htl4WnUc">un 2-0 en contra</a>. <a target="_blank" href ="http://es.uefa.com/uefaeuro/season=1960/history-maker/index.html">Viktor Ponedelnik</a> fue una auténtica bola de demolición en el frente de ataque soviético. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=ToVu2FglhbU">En la vuelta</a>, Italia sacó un equipo de lujo, que unía la fortaleza defensiva del Inter de Herrera –Sarti, Guarneri, Facchetti, Burgnich-, el mejor marcador italiano –Trapattoni-, la clase de Bulgarelli, Mazzola y Rivera y la velocidad de Domenghini y Menichelli. Ni por esas, Yashin había regresado y cuajó una actuación excepcional –incluído un penalti blocado a Mazzola- que no hizo más que refrendar su candidatura al Balón de Oro de 1963, que finalmente se acabaría llevando. Los soviéticos empataron a uno y pasaron a cuartos. Una ronda mucho más descafeinada, con los soviéticos dominando sin problemas a los suecos, y Hungría dando una auténtica lección de clase en Colombes para asegurar el pase ante una Francia en la que aparecían sus tres nuevas perlas: los extremos Di Nallo y Coussou y el ariete Nestor Combin, que se haría célebre en el Milan.</p>
<p style="text-align: justify">España, por su parte, volvía a Irlanda para medirse esta vez a la EIRE de un joven Johnny Giles. A estas alturas, en marzo del 64, Iríbar había tomado ya la portería de España, y una gran camada de jugadores hizo su aparición con la camiseta nacional: los Magníficos del Zaragoza, sensación del fútbol español y europeo de la época eran parte integral del ataque de España. Marcelino, Villa y Lapetra fueron titulares en las <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=ns7_4i3quhM&#038;feature=related">victorias por 5-1</a> y 0-2 que daban al equipo de Villalonga el ansiado pase a las semifinales.</p>
<blockquote><p>La UEFA decidió que España fuese el organizador de la fase final.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Como fue costumbre hasta 1976, de entre los cuatro semifinalistas se escogía al que se consideraba más apropiado para albergar los partidos finales. A pesar del importantísimo apoyo que supusieron para el despegue del torneo, la UEFA seguía negándose a conceder la organización a países de más allá del Telón de Acero, así que esta <a target="_blank" href ="http://images.suite101.com/566865_net_uefaeuro64.png">recayó en España</a>. No podía ser de otra forma, ya que el cuarto país era la sorprendente Dinamarca.</p>
<p style="text-align: justify">Sorprendente a todas luces, ya que era un conjunto eminentemente amateur y al que la maravillosa magia de los sorteos puros había deparado un camino con Malta, Albania y Luxemburgo. Casi casi la diosa Fortuna les obligó a estar presentes en la cita española. Durante las eliminatorias se reveló como un gran jugador el atacante Ole Madsen, autor de 11 goles, jugador danés del año en 1964 y a quien sus actuaciones internacionales le valieron un contrato con el Sparta de Rotterdam en una liga holandesa en la que empezaba a nacer el profesionalismo.</p>
<p style="text-align: justify">Así pues, como la vida es caprichosa, el país que se había retirado por miedo a recibir a los soviéticos en 1960 iba a tener que albergarlos en su territorio por una semana. ¡Quién sabe cuántos espías del KGB traerían en sus filas! El hecho de que, además, los comunistas pudiesen llevarse una victoria de suelo español no<span class="pullquote_left">España se enfrentó en semifinales a una Hungría plagada de calidad en ataque</span> hacía sino aumentar la presión sobre la selección española. En todo caso, primero había que llegar a la final. La URSS jugaría y aplastaría a Dinamarca en Barcelona por 3-0. El Camp Nou presentó apenas 40 mil espectadores, curiosos por ver a la legendaria <i>«Araña Negra»</i>, que además se fueron decepcionados ya que Yashin ni siquiera tuvo que intervenir. Mientras, en el Bernabeu, España se enfrentaba a una Hungría que había conseguido recuperarse de la pérdida de sus <i>«Mágicos Magiares»</i> y había conjuntado un equipo magnífico. Sandor Matrai y Kalman Meszoly eran un muro en el centro de la defensa, y la presencia del expeditivo Ferenc Sipos por delante de ellos apuntalaba aún más esta línea. Arriba, lo clásico en el fútbol húngaro: calidad, calidad y calidad. Ferenc Bene y Mate Fenyvesi eran dos extremos con un fuera-dentro mortal, goleadores consumados, Lajos Tichy era un interior creativo de primer orden europeo y Florian Albert lo mismo te daba un pase entre líneas como te resolvía en el área. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=q7Rb0BZZA3I&#038;feature=related">Llegaría a ser Balón de Oro</a>. En definitiva, que había que sudar.</p>
<p style="text-align: justify">Villalonga, además, había dado una lista de convocados un tanto polémica, en la que no aparecían ni Collar ni, sobre todo, Gento, que había jugado muy bien durante las eliminatorias. Del Sol, una referencia total en Italia, tampoco pisó el terreno de juego durante la fase final. El entrenador se la jugó con Amancio en la derecha, Pereda como interior, Suárez como cerebro, Marcelino como nueve y en la izquierda Lapetra.</p>
<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=dvLLGrnY6WI">El partido fue de poder a poder</a>, pero España dominó claramente la primera parte, merced a la maestría de Suárez. Una de las claves para que el del Inter se sintiese cómodo era el hecho de que jugaba muy protegido en las labores defensivas. Se le exigía menos que en el Inter en este aspecto. Zoco se reveló como un excepcional hombre escoba, que cerraba el medio del campo y también se incrustaba en el centro de la defensa junto a Olivella. Fusté se complementaba a las mil maravillas con el navarro y también creaba con facilidad. En ataque, Suárez tenía socios de todos los cortes, desde el diabólico dribbling de Amancio a la calidad de Lapetra, o el inteligente juego posicional y la llegada a gol de Pereda. Fue precisamente este quien abrió el marcador, empatado agónicamente por Bene a dos minutos del final, merced a un error de Iríbar. Esto llevó a una prórroga que podría haber sido contraproducente, ya que la URSS, como dijimos, había ganado facilísimamente a Dinamarca y estaría más fresca. En la primera parte de la prórroga, los húngaros venían crecidos –como sucede habitualmente con los equipos que vienen desde atrás en el marcador- e Iríbar tuvo que sacar a relucir toda su clase para mantener a España en el partido. Gracias a ello, y a siete minutos del final, un córner lanzado por Lapetra fue cabeceado por Fusté y remachado por Amancio, haciendo imposible el esfuerzo de Szentmihalyi por llegar al balón. ¡A la final!</p>
<blockquote><p>Cumplido el primer objetivo, la derrota contra la URSS no era una opción.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Una vez superada la tensión futbolística de la dura semifinal frente a los húngaros, llegó otro tipo de tensión, peor si cabe: la política. Nadie era ajeno a que la final contra los soviéticos tenía mucho de político y propagandístico. Las autoridades se encargaron de teñirlo aún más, e incluso España jugó de azul, dejando a los comunistas el color rojo. Era propio, el Régimen estaba interesadísimo en que en el Bernabeu se viviese otra representación de esa guerra ideal que Franco y los suyos vendían al pueblo desde hacía más de 25 años. Y, como todos sabemos, en la <i>Cruzada</i>, los rojos no ganan. Los jugadores eran conscientes y Villalonga también lo era.</p>
<p style="text-align: justify">Contaba Pereda que un día antes de la final, el grupo al completo salió a dar un paseo por las inmediaciones de La Berzosa, donde se concentraba la selección. En un alto, Villalonga los reunió, dibujó un campo de fútbol en la tierra y con unas piñas de árbol les expuso cómo era el esquema de la URSS, cómo jugaban, cómo se movían. Acto seguido, cogió once piedras y las situó en el esquema que jugaría España. Lo hizo así porque <i>las piedras siempre son más fuertes que las piñas</i>, y acto seguido <a target="_blank" href ="http://elpais.com/diario/2008/06/29/deportes/1214690408_850215.html">aplastó una piña con una de las piedras</a>. Todos los jugadores de la selección sonríen al recordar esa anécdota, que por lo visto les quitó mucha presión. A mí me gusta pensar que la piedra era Zoco y la piña Ponedelnik.</p>
<p style="text-align: justify">Así pues, el 21 de junio de 1964, y ante 120 mil enfervorecidos seguidores, Franco y sus acólitos entre ellos, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=BJkxBX6y9YY">España salió al encuentro de una Unión Soviética</a> que había alcanzado un grado de precisión en su juego y de ascendencia sobre el fútbol europeo que parecía augurar décadas de dominio.<span class="pullquote_right">Katchalin mantuvo la base de la exitosa URSS del 60, pero ganó en potencia física</span> Los soviets seguían siendo entrenados por el viejo zorro que era Gavril Katchalin, y a su equipo campeón de 1960 habían añadido más potencia física y, si cabe, más calidad. Faltaba Netto, la torre de control soviética, pero Katchalin había añadido al soberbio central Schesternev, y al cerebro del Torpedo de Moscú, Shustikov –padre de aquel que fuera jugador del Racing-, aunque astutamente Katchalin lo situaba en el lateral derecho. Esto creó problemas a la selección en un principio, pues no estaban acostumbrados a que el generador de juego de un equipo estuviese en una posición tan extraña. Voronin seguía siendo un puñal en la derecha, Ivanov había sido reconvertido a un interior con excepcional llegada al área, Ponedelnik seguía siendo un tanque en el centro del ataque y había un nuevo extremo zurdo, Khusainov  que, como veremos, sería una pesadilla para Rivilla. Y además estaba el monstruo Yashin. El ganador del Balón de Oro, mejor portero mundial y hombre sobre el que recaían mil leyendas, a cada cual más impresionante. La más extendida esos días en España, curiosamente, era la que decía que era un niño de la Guerra Civil, al que por supuesto, habían lavado el cerebro y ahora venía como enemigo de la Patria. Aún así, se decía que realmente tenía poco apego por la URSS, y el hecho de que <a target="_blank" href ="http://ep00.epimg.net/deportes/imagenes/2012/06/29/eurocopa_futbol/1340988563_471036_1341001472_noticia_normal.jpg">Yashin jugase esa tarde-noche en Madrid con su camiseta del Dinamo de Moscú</a>, y no la de la selección, parecía dar alas a las paparruchas del Régimen.</p>
<p style="text-align: justify">Llovía en el Bernabeu, y cuando aún los espectadores estaban acomodándose tras la ovación de rigor al Generalísimo, Pereda hizo el primer gol para España. Un gran comienzo apagado casi de inmediato por la respuesta soviética. Error clamoroso de Iríbar –que comenzaba a mostrar su cara más habitual en las grandes citas con la selección-, y Khusainov empataba menos de dos minutos después del <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=hlbvDSqjLuY">gol inicial de Pereda</a>. España no se vino abajo y siguió controlando el juego, merced a un fantástico Suárez, que pareció un hombre jugando entre niños durante todo el torneo. La calidad, viveza y capacidad de combinación españolas encontraba respuesta en el poderío físico, el orden y las automatizadas combinaciones de los soviéticos. Yashin tuvo alguno intervención de las que cortan la respiración del espectador, y una especialmente mostró lo moderno que era el guardameta soviético a esas alturas de los años 60: una salida muy fuera de su área, anticipándose a Marcelino y mirando a su alrededor antes de golpear la pelota con criterio hacia sus compañeros. Yashin no dominaba solo su área, dominaba el campo entero. Todos los demás jugaban en SU jardín, y lo dejaba claro en cada acción.</p>
<p style="text-align: justify">Lo cierto es que el partido no fue un partido excesivamente lírico, sino más bien épico. Era evidente que los nervios y el miedo a perder estaban presentes, pero gracias a lo parejo de los equipos, fue intenso y emocionante.<span class="pullquote_left">Con un tinte épico, a falta de pocos minutos Marcelino anotó el gol español del triunfo</span> Una vez Villalonga logró desentrañan la pequeña trampa que le había tendido Katchalin con la posición de Shustikov, España estuvo más cómoda. Y por fin, cuando la posibilidad de una nueva prórroga –en la que España estaría en evidente inferioridad física- se vislumbraba en el horizonte, un centro de Pereda, omnipresente a lo largo de todo el ciclo, lo remato de manera sorprendente, en un escorzo extrañísimo y con una potencia y colocación bárbaras, Marcelino. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=z6oKOQkgDRY">La pelota se coló pegada al poste de un Yashin</a> que no pudo sino hacer la estatua. Un remate diabólico, imposible de detener incluso para un genio. Un remate seguramente irrepetible. Y que daba a España un triunfo de un prestigio internacional tremendo, difícil de calibrar con ojos de 2012.</p>
<p style="text-align: justify">Para el Régimen fue el triunfo de su sistema frente al de los odiados comunistas, para Villalonga el punto culminante de su carrera, así como para la mayoría de miembros de la selección. Franco <a target="_blank" href ="http://javierbarreiro.files.wordpress.com/2012/02/marcelino-con-su-volvo.jpg">regaló a Marcelino un Volvo rojo</a>, único en España, del que por lo visto el delantero del Zaragoza se había enamorado en un viaje durante la Copa de Ferias. Una Copa de Ferias que el club maño ganó merced a un gol del gallego sólo tres días después de la final de la Eurocopa, tres días en los que Marcelino había estado desaparecido por el asunto del dichoso coche. Cuando reapareció, el día de la final y acompañado por el Marqués de Villaverde –yerno de Franco-, les prometió a sus enfurecidos compañeros que marcaría. Hombre de palabra.</p>
<p style="text-align: justify">La Euro significó también la consagración para el, para muchos, mejor jugador de la historia de España. En ese 1964 <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Ah8j3uUOnfY">Luís Suárez fue una fuerza imparable en el fútbol europeo y mundial</a>: ganó la Serie A, la Copa de Europa y la Intercontinental con el Inter, y la Eurocopa con España. Y en los cuatro torneos fue el mejor jugador. El Balón de Oro lo ganó… Dennis Law, en la decisión más ilógica y lamentable nunca tomada por France Football. A su alrededor se formó una selección joven, con garra y calidad, trabajadora y capaz de superar sus complejos. En cierto modo, una pequeña representación de los españoles de la época.</p>
<p style="text-align: justify">Como nuestros abuelos. Guardémosles respeto. Se lo han ganado.</p>
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		<title>Hágase la luz</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Jun 2012 01:42:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[o confieso. Hubiese querido empezar esta serie de artículos con un partido de Grecia. Un Grecia-República Checa hubiese estado bien, qué fácil me lo habría puesto el calendario del Grupo A de esta Eurocopa con ese partido para comenzar. Porque, como muchos recordáis, en un Grecia-República Checa de 2004, semifinales de este mismo torneo que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span class="dropcap">L</span>o confieso. Hubiese querido empezar esta serie de artículos con un partido de Grecia. Un Grecia-República Checa hubiese estado bien, qué fácil me lo habría puesto el calendario del Grupo A de esta Eurocopa con ese partido para comenzar.<span id="more-13624"></span> Porque, como muchos recordáis, en un <a target="_blank" href ="http://es.uefa.com/uefaeuro/season=2004/matches/round=1583/match=1059193/index.html">Grecia-República Checa de 2004</a>, semifinales de este mismo torneo que nos ocupa hoy para más señas, el fútbol MURIÓ. O eso decían muchos. También confieso que no me hubiese dado para escribir mucho más de un párrafo porque, según otros muchos, este juego dejó de tener sentido en el momento en que Dellas alzaba su puño triunfante hundiendo a la selección más maravillosa del año 2004.</p>
<p style="text-align: justify;">Bueno, pues como veis, en junio de 2012 el fútbol sigue vivo, y desde aquella tarde-noche portuguesa de 2004 ha vivido algunas de sus mejores páginas. Así que no, no tenía mucho sentido tampoco escribir sobre ese Grecia-República Checa. Además, el dios del fútbol -ese que para muchos tiene nombre compuesto y argentino-, me ha regalado un partido entre Rusia y los propios checos. No está mal, dado que fue el primer partido entre dos grandes generaciones en la historia de la Eurocopa.</p>
<blockquote><p>La primera Eurocopa de Naciones se celebró en 1960.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">La URSS había sido uno de los países que más apoyaron la creación del torneo, hasta el punto de que comenzaron su primera eliminatoria contra Hungría casi con un año de antelación a todas las demás. <span class="pullquote_right">Los motivos para disputar la Eurocopa en Francia eran muy numerosos</span>Era una Hungría todavía bajo el shock de la pérdida de sus <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/wembley-1953-inglaterra-hungria/"><i>«Mágicos Magiares»</i></a>, que apenas opuso resistencia. El torneo iba avanzando, y por unos u otros motivos no había manera de que dos generaciones buenas y al completo se enfrentaran. España retirándose ante los propios soviets por motivos políticos, los austríacos, ya de vuelta de todo, perdiendo con una gran Francia, etc. Así pues, llegado el punto de elegir sede para el torneo final, la elección estaba clara: Francia era experta iniciadora de grandes torneos y llevarse la primera fase final más allá del Telón de Acero no gustaba. Y además los franceses contaban con un equipo que practicaba un fútbol lírico y contaba con la delantera más poética del fútbol europeo, los cinco del Reims: <a target="_blank" href ="http://www.marca.com/2009/08/19/futbol/futbol_internacional/liga_francesa/1250673019.html">el Balón de Oro Raymond Kopa</a>, el todoterreno Lucien Müller, el cañón de Just Fontaine, la clase de Roger Piantoni y el desborde diabólico de Jean Vincent. Un lujo. Era una manera de honrar al creador de la Euro, Monsieur Delaunay, a L’Equipe y a un montón de franceses que merecían ser honrados. Así que soviéticos, yugoslavos y checoslovacos tuvieron que cruzar el Telón, y viajar a París para asistir a la fiesta del fútbol francés.</p>
<p style="text-align: justify;">Fiesta que se aguó cuando Kopa, Fontaine y Piantoni cayeron del equipo por diversos motivos (y Robert Jonquet, el mejor defensor francés y uno de los mejores de Europa, también), y Yugoslavia, merced a una de las peores actuaciones de un portero en toda la historia, <a target="_blank" href ="http://es.uefa.com/uefaeuro/news/newsid=1592097.html">remontó un 4-2 en apenas cuatro minutos</a> y se coló por la gatera en la final de París. </p>
<blockquote><p>La URSS y Checoslovaquia buscaban un puesto en la Final.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Media hora después, en un Velódromo de Marsella que había sido abandonado por los espectadores <i>“neutrales”</i> al conocer la noticia de la eliminación francesa (apenas 25 mil personas vieron esta segunda semifinal), soviéticos y checoslovacos se medían por el otro puesto en la final. Dos equipos en el culmen de su poder. Los soviéticos de Gavril Katchalin con <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=B3T2Sk6iNFA">Lev Yashin en el mejor momento de su carrera</a>, Igor Netto dominando el centro del campo, y Valentin Ivanov y Slava Metreveli haciendo olvidar las ausencias del viejo Nikita Simonyan y el convicto Eduard Streltsov. 3-2-5, mecánica pura. Martillo pilón.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras, del otro lado, los hombres de Rudolf Vytlacil, entrenador que haría fortuna en la Juve años más tarde, se desplegaban bajo un atípico 3-3-4 que dejaba a las claras cuáles eran sus puntos fuertes: el orden, la prestancia física y unos contragolpes que habían noqueado a muchos rivales desde el Mundial del 58, Argentina por 6-1 incluída. Eran el equipo que había acabado con la inocencia del fútbol argentino, con <i>La Nuestra</i>. <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/classicfootball/players/player=174738/index.html">Masopust estaba en su ascensión</a> hacia convertirse en el mejor centrocampista de Europa y en el ataque brillaba la estrella del fútbol y del hockey sobre hielo (hay dudas sobre cuál de sus carreras fue más brillante), Vlastímil Bubnik. Atrás, por supuesto, el muro con Popluhar y Novak. Sólo faltaba Pluskal. Estos tres hombres eran la auténtica fuerza de los checos, tres moles capaces de abarcar todo el ancho del campo. La ausencia de una de ellas se revelaría fatal.</p>
<p style="text-align: justify;">El partido se presentaba igualado, pero no lo fue. En la mayor exhibición del fútbol soviético hasta bien entrada la época de Valeri Lobanovskiy, <a target="_blank" href ="http://3.bp.blogspot.com/_N4jLxcXYlZo/TFMfqfV6rkI/AAAAAAAAAIs/nsnQZs4bXf8/s1600/Loko60_3.jpg">los discípulos de Katchalin</a> dominaron el partido casi enteramente.<span class="pullquote_left">Yashin cimentó su candidatura a ser el mejor jugador del campeonato</span> Sólo en la primera media hora inquietaron los checos, pero sus intentos solo sirvieron para que Yashin (vestido de verde, y con medias rojas por cierto), cimentara su candidatura a mejor jugador del torneo. En el minuto 30, Ivanov se adelantó a su par y puso el 1-0. Y ahí se entró en la zona de Igor Netto. El del Spartak de Moscú, un centrocampista capaz de abarcar mucho terreno y con un rango de pase soberbio (en la línea de lo que había sido el húngaro Bozsik), mató el partido. En horizontal y en vertical, la torre de control soviética completaba todos sus envíos y los extremos Meshki y Metreveli martilleaban la línea de tres checa a cada momento. De nuevo Ivanov y finalmente Ponedelnik ponían un 3-0 inapelable. Y los soviéticos viajarían a la final para derrotar al equipo más talentoso del Viejo Continente y ganar el que, parecía, sería el primero de muchos títulos a nivel internacional.</p>
<blockquote><p>La dura derrota de Checoslovaquia tuvo sus consecuencias</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Para los checos, como Masopust reconoce, se hizo la luz tras aquel partido. Vytlacil nunca renunció a su 3-3-4 nominal, pero acabó convirtiendo a sus extremos en lo que en Italia se conoce como <i>«tornanti»</i>, figura típica del catenaccio. Carrileros de ida y vuelta, jugadores que se incrustan en la zona más necesaria a la hora de defender. Y así se presentó en el Mundial de Chile, donde Checoslovaquia, una roca, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=uw8KRK8v7og">sólo perdió contra Brasil en la final</a>. Convirtió sus contras en aún más fulgurantes con la presencia de veloces atacantes como Masek, Scherer o Pospichal en lugar de los poderosos Vojta y Dolinsky, y, en cierto modo, abrió la puerta para el estilo que llevó a Checoslovaquia a altas cotas en los 70, cuando la generación de talentosos eslovacos procendentes del Slovan de Bratislava y el Spartak de Trnava invadió la selección.</p>
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<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/04/3663/">Los lazos de la simpatía</a><br />
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