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	<title>Ecos del Balón &#187; Yoshida</title>
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		<title>Bélgica y Japón sobre un alambre</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jul 2018 01:55:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Candidato a partido del Mundial 2018, Bélgica y Japón firmaron uno de esos encuentros que convencen al recién llegado a esto del fútbol para suscribirse y no perderse ningún capítulo más. Para eso sirve la Copa del Mundo. Así ocurrió hace cuatro años<span id="more-253933"></span>, también con la prórroga del Bélgica-Estados Unidos que metió a los de Marc Wilmots en los cuartos de final. Cuatro años después, el conjunto dirigido por Roberto Martínez jugará la antepenúltima ronda ante la Brasil de Neymar, Marcelo, Coutinho y Willian. Y lo hará sabiendo que nadie corre y contragolpea como ellos y que deberá aplicar más de un cuento para competir al máximo nivel el próximo viernes, una sensación que ayudó a construir la sensacional Japón de Akira Nishino. Su despedida, con honores, dejó para el recuerdo de esta Copa del Mundo la mezcla de frescura, fútbol e inocencia de la que siempre intentó despegarse.</p>
<p style="text-align: justify;">La cita arrancó con las cartas bien marcadas. Japón es un equipo increíblemente dinámico, basado en su movilidad, su timing para asociarse y una técnica individual sin un ápice de exceso, con recursos para transitar, crear espacios en posicional y desplegarse con garbo por los tres carriles. Llevar la iniciativa nunca le ha costado en este Mundial y ante Bélgica asumieron con naturalidad el papel que les tocaba protagonizar en cada una de las fases del encuentro y la primera mitad se escribió bajo un guion que comenzó a elevar la calidad del mismo. Los nipones no escondieron su principal arma, la elaboración desde la salida, por más que Bélgica tenga en su despliegue ofensivo su mejor aval competitivo.</p>
<blockquote><p>Bélgica no tuvo control de juego asumiendo la posesión</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">La fase ofensiva de Japón se asentó en tres escalones. El primero, el de sus pivotes, Hasebe y Shibasaki, quienes se repartían espacios y alturas con mucha limpieza; los extremos y los laterales viajaban siempre juntos, lanzando unos a otros o otorgándole al otro un apoyo de calidad para darle continuidad a la jugada, mientras Osako, el punta, iba acumulando información para venir a ofrecer un movimiento hacia la pelota o hacia el área. Bélgica no quiso cuestionar dicha iniciativa y esperó su oportunidad. Una vez la pelota cambiaba de dueño, a Japón le era muy difícil negarle recepciones a Eden Hazard. El crack del Chelsea, poco a poco, fue el faro belga. Principalmente porque desde cada una de sus acciones el ataque se movía con Eden como punto de apoyo. Fijada la pelota en su bota derecha, todo a su alrededor tendría un sentido.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que volvió a comprobar, no obstante, la selección belga es que su sistema encuentra un motivo que choca con la naturaleza de sus jugadores, y es que sólo puede aspirar a cierto control del ritmo desde la defensa posicional y no desde la posesión del balón, donde tiende a construir partidos de ida y vuelta, y otro motivo estructural, y es que por fuera le transitan con demasiada frecuencia y potencial peligro. Si el rival encuentra un apoyo a la espalda de De Bruyne, Bélgica no puede corregir según que situaciones. En ese contexto entró el partido y así se fueron sucediendo los puntos de inflexión y la reacción a dichos momentos. La contienda iba a entrar en un terreno límite para ambas selecciones y para todo espectador.</p>
<blockquote><p>Japón demostró una gran personalidad con la pelota en su poder</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Como si sirviera de rueda de reconocimiento, la primera parte fue nada comparado con lo que ocurriría en la segunda mitad, dando el partido un giro de 180º. En apenas dos zarpazos y cinco minutos de juego, el Mundial pareció cobrarse otra víctima entre los favoritos cuando Japón, con un carisma desbordante, puso nombre y apellidos a su calidad en las transiciones. Porque la segunda mitad del Bélgica-Japón fue un monumento al frenetismo pero también fue un periodo de nombres propios. Takashi Inui, Yoshida y Shoji, cada uno en su cometido, fabricaron un nuevo encuentro, basado en la personalidad y la colectividad desprendida por todo su entorno. Obligados a responder, Bélgica se fue con absolutamente todo arriba y el carrusel no se detuvo. Por más que alguien pudiera detener la escena, aquello no tenía vuelta atrás.</p>
<p style="text-align: justify;">Roberto Martínez hizo dos cambios de un impacto directo y frontal: Marouane Fellaini y Nacer Chadli saltaron al campo para darle la vuelta a los octavos de final. Y ellos fueron quienes cerraron la remontada. Bélgica necesitó de una sacudida casi mortal para conectar con la virtud que más le representa como colectivo y como suma de individualidades. Eden Hazard, Romelu Lukaku, Kevin de Bruyne, Thomas Meunier, Dries Mertens o Yannick Carrasco corren mucho y saben correr muy bien. Cuatro años después, eso sigue prevaleciendo. Siguen encontrado dificultades en diferentes registros de juego pero obligan a comprender en qué momento pasan a ser una selección que no deja lugar a la duda.</p>
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		<title>Japón solo tiene un único guion</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Jun 2018 01:50:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Adrián Blanco]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Aquello de que “el cementerio está lleno de valientes” es lo que debió pensar Akira Nishino en el momento de escoger el método con el que Japón se clasificó para los octavos de final. El cuadro nipón, inferior al polaco durante largos tramos del encuentro, se conformó con su derrota por la mínima y confío [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Aquello de que “el cementerio está lleno de valientes” es lo que debió pensar Akira Nishino en el momento de escoger el método con el que Japón se clasificó para los octavos de final. El cuadro nipón, inferior al polaco durante largos tramos del encuentro<span id="more-253747"></span>, se conformó con su derrota por la mínima y confío al máximo en la victoria de Colombia ante Senegal para certificar así, sin mayores sobresaltos, su pase a la siguiente ronda. Un método ciertamente discutible, cuanto menos, pero con el que Japón accede a estar entre los dieciséis mejores del torneo con la sensación, eso sí, de ser la selección más endeble de entre todas las que han llegado hasta aquí. A fin de cuentas, le ha bastado con tres/cuatro ratitos de toque y fluidez con la pelota para alcanzar su primer objetivo: superar la fase de grupos, como en 2002 (Corea y Japón) y 2010 (Sudáfrica).</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Yoshida y Makino controlaron bien a Lewandowski y Zielinski</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Con un once muy cambiado con respecto a las dos primeras jornadas, Japón pareció sentirse cómoda en un 4-4-2 desde el que, con Okazaki y Muto en primera línea, cedió toda la iniciativa al combinado de Nawalka. Ordenada en un bloque medio, sin presionar los primeros pases de Polonia, el partido parecía a pedir de boca para Nishino. Las dudas de Glik y Bednarek para dar salida al equipo se tradujeron, como suele ocurrir en estos casos, en varias pérdidas muy cerca de su portero. Pero Japón no supo aprovechar ninguna de estas. Y, conforme con el empate a cero –que le clasificada matemáticamente- y el que también se estaba produciendo en Samara, fue concediendo cada vez más espacio a Polonia con el paso de los minutos. Ahora bien, ha de puntualizarse, controlando en todo momento los movimientos de Lewandowski, que, harto de la inoperancia colectiva de los suyos, bajó varias veces a recibir a la medialuna del suelo nipón. Porque ahí, como ante Senegal y Colombia, es donde (más) ha cojeado ésta Polonia.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Ni Milik, ni Kownacki ni Zielinski han potenciado a Lewandowski</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">A pesar de tener más rato el esférico que su rival, los primeros cuarenta y cinco minutos de la selección europea fueron, en realidad, una extensión de los 180 anteriores que dejó ante las otras dos selecciones del grupo. En un 4-2-3-1, con Krychowiak y Goralski en el doble pivote, a Polonia le costó una barbaridad asentar una posesión realmente productiva con sus intereses. De esta forma, ante las dificultades que entrañó la pareja en mediocampo para hacer jugar al equipo en terreno japonés, los constantes ofrecimientos de Zielinski y Lewandowski por bajar a recibir fueron, en realidad, una bendición para Yoshida, Makino y Yamaguchi, el triángulo –entre centrales y pivote- desde el que Japón logró mantener a raya a Polonia del área de Kawashima. Una situación que cambió por completo a raíz del cero a uno de Bednarek, a balón parado, pues esto llevó a un intercambio de papeles, y a que Nishino se girase hacia su banquillo en busca de los más habituales. Osako, en punta; Inui, en banda; y, por último, Hasebe, en el mediocampo.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Japón se mostró muy débil tras el 0-1 de Polonia en la 2ªP</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Tras el 0-1, el golpe anímico para Japón fue grande. Y eso, sin duda, es lo que más le debería preocupar a Nishino de cara a las eliminatorias directas. Con la necesidad de, al menos, empatar su partido, la selección asiática no demostró sensación alguna de rebeldía. Apenas intimidó a Fabianski. Y, aun quedándose fuera por ese tanto, en realidad fue Polonia la que, aprovechando los espacios que Japón iba dejando a la espalda de sus dos centrales, más cerca estuvo de marcar el segundo tanto del partido. No lo hizo, por una simple cuestión de puntería. Y en esas, cuando Colombia se puso por delante, Nishino (re)activó el plan más conservador. Sacó del campo a Muto, que compartió casi toda la segunda mitad por delante de Osako, e introdujo a Hasebe, con el que, a la derecha de Yoshida y Makino, rebajó por completo las revoluciones del partido.</p>
<p style="text-align: justify;">Fueron esos minutos en los que, confiando al máximo su suerte al otro partido, por no buscar la clasificación por su propia cuenta y asumir ciertos riesgos en defensa, Japón abusaba del pase horizontal. Polonia se entretenía mirando la secuencia. Y Senegal, que llegó a adelantarse hasta en dos ocasiones a Japón en su duelo particular, es quien acabó haciendo las maletas por una guerra, la de las amarillas, que jamás podría ganarle -teniendo menos, se entiende- a Japón, a la que le cuesta mucho si algo se sale del plan.</p>
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