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	<title>Ecos del Balón &#187; Viktor Maslov</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>La cuna del Lobo</title>
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		<pubDate>Wed, 27 May 2015 01:57:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[l Octubre Rojo del fútbol soviético estalló en el Dnipro de Dniepropetrovsk en 1969, a orillas del río Dniéper, entre la mastodóntica arquitectura del estalinismo de una ciudad de alma ucraniana (ahora discutidamente rusa), de piel grisácea y hormigonada, y con tradición de hermética y silenciosa porque entre las factorías de su tejido industrial se [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">E</span>l Octubre Rojo del fútbol soviético estalló en el Dnipro de Dniepropetrovsk en 1969, a orillas del río Dniéper, entre la mastodóntica arquitectura del estalinismo de una ciudad de alma ucraniana (ahora discutidamente rusa)<span id="more-169295"></span>, de piel grisácea y hormigonada, y con tradición de hermética y silenciosa porque entre las factorías de su tejido industrial se escondían los secretos de la industria aeronáutica, del programa espacial y de la balística nuclear de la URSS. Hubo un tiempo en el que para acceder a ella se le exigía a los extranjeros un visado extraordinario. <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Dnipropetrovsk">Dniepropetrovsk</a> fue así una ciudad cerrada durante casi 40 años, desconocida y protegida, restringida a los miles de trabajadores de las plantas de la megafábrica Yuzhmash y a una concentración de físicos, matemáticos, técnicos, ingenieros y diseñadores (de cohetes, satélites, misiles…) que configuraron su alma científica. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Dniepropetrovsk era la ciudad perfecta para él</span>Era un ecosistema exacto para el intercambio de información, la experimentación y el desarrollo de ideas innovadoras: oculto, impenetrable y custodiado. También imbuido de valores ideológicos del socialismo como la fuerza del trabajo colectivo, la relativización del logro individual o la exaltación del espíritu proletario. Por todo esto, apenas debe extrañarnos que un joven de 29 años, recién retirado después de <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Valeri_Lobanovsky">una carrera</a> en la que sobresalió por su técnica, pero, sobre todo, por un individualismo obsesivo que incluso definió los goles olímpicos como su jugada de marca, implantara en el <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/fc-dnipro-dnipropetrovsk/">Dnipro Dniepropetrovsk</a> su primer laboratorio táctico. Una experiencia que no solo cambió la concepción individual del fútbol que él había jugado para convertirla en una expresión absoluta del colectivo, sino con la que también escribió las líneas originales del estilo soviético moderno. Un juego vertiginoso, incesante, enérgico, científico, acentuado por la potencia, la técnica y la fuerza de sus futbolistas y por la organización milimétrica de un caos ficticio, la universalidad posicional y el sistema de presión zonal de sus equipos. </p>
<p style="text-align: justify">Ese Octubre Rojo en el fútbol de la URSS lo desató Valery Lobanovskiy en Dniepropetrovsk antes de exaltar la revolución que le abrió el panteón de los entrenadores <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/10/dinamo-de-kiev-blokhin-lobanovskiy/">en el Dynamo de Kiev</a>. Antes de eso, lo que hizo el viejo Lobo entre 1969 y 1973 fue instalar en el mapa del fútbol soviético al Dnipro, ascendiéndolo a la Top Soviet League por primera vez, clasificándolo sexto en liga y semifinalista en copa en la temporada del debut.</p>
<blockquote><p>Antes de llegar al Dynamo de Kiev, Valery Lobanovskiy ya revolucionó el fútbol en Dniepropetrovsk.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">La historia del futbol ha memorizado a Lobanovskiy como el padre del Fútbol Total del lado oriental del Telón de Acero. En una época de aislamiento, sin lazo alguno con la escuela holandesa, el entrenador ucraniano moldeó un juego con muchos rasgos comunes con el impulsado <a target="_blank" href ="http://www.marca.com/2011/07/08/futbol/1310115918.html">por Rinus Michels</a>. Compartían trazas de identidad: el ritmo frenético, el compromiso colectivo, el intercambio posicional, el registro atlético…, aunque Lobanovskiy concedía menos libertades, admitía ciertas posturas especulativas y el armazón táctico habitual era el 4-4-2. Sin embargo, nada le distinguió tanto como el contenido científico de sus postulados. Lobanovskiy, más que agitar el fútbol, revolucionó toda las metodologías de entrenamiento. Comenzó a hacerlo en el Dnipro.</p>
<p style="text-align: justify">Allí, trasladó parte de la herencia recibida de <a target="_blank" href ="http://www.thehardtackle.com/2013/viktor-maslov-one-of-the-greatest-tactical-minds-to-ever-grace-football/">Viktor Maslov</a>, uno de los padres de la zona y la presión organizada, en el Dynamo de Kiev. La relación entre ambos siempre fue sulfúrica. Lobanovskiy abandonó el club de su corazón y marchó al Chornomorets Odessa y al Shakhtar Donetsk, siempre escoltado de Oleg Bazilevich, fiel compañero primero y escudero más tarde en los banquillos del Olímpico de Kiev. Lobanovskiy nunca se adaptó al mandamiento de Maslov de que <i>“un equipo estrella es siempre mejor que un equipo de estrellas”</i>. Esto sonaba muy soviético y convenía asumirlo, pero el futbolista Lobanovskiy siempre renunció, fue reacio cuento menos a hacerlo, a las influencias de Maslov, aunque es evidente que no fue así. A Valery siempre se le entendió como un hombre terco, demasiado orgulloso y rígido. Pero al Dnipro llegó con una formación que le delató: el 4-4-2 de Maslov, uno de los pioneros de este sistema en los años 60. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Tampoco parecía estar destinado a ser el entrenador que fue</span>Lobanovskiy se había retirado solo unos meses antes, en 1968, en el Shakhtar Donetsk, entonces un equipo de segunda categoría. Nunca dejó claro qué le condujo a convertirse en entrenador porque parecía destinado a ejercer de fontanero, pero cabe encontrar respuestas en una personalidad, en el fondo, muy analítica. Fue un hombre de inquietudes, tremendamente despierto. En su adolescencia había ganado premios de matemáticas en la escuela secundaria, estudió una ingeniería y creció en una época de entusiasmo científico en la URSS y, especialmente, en Kiev, centro de la incipiente industria informática soviética y sede del Instituto de Cibernética. Quién sabe cuánto influyó en la conversión de <a target="_blank" href ="http://es.uefa.com/memberassociations/news/newsid=2246006.html">esta vocación a entrenador</a> que su primera misión como ideólogo de un equipo fuera en una ciudad tan dominada por la investigación y la creación como Dniepropetrovsk. Nunca estuvo claro quién le reclutó de verdad ni por qué. Se conoce que fue Aleksander Makarov, el director general de la planta Yuzhmash (la entidad pública que controlaba el Dnipro entonces) y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Ucrania, quien le convenció, pero no quién le sugirió el nombre a él. </p>
<p style="text-align: justify">Unos años antes, durante la <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Copa_Mundial_de_F%C3%BAtbol_de_1966">Copa del Mundo de Inglaterra 1966</a>, la primera que se televisó en la URSS, Lobanovskiy y su inseparable Bazilevich trasnochaban reflexionando sobre los partidos de su país. La Unión Soviética fue uno de los mejores equipos de la primera fase y alcanzó las semifinales, pero la derrota ahí contra Alemania y frente a Portugal en el tercer y cuarto puesto les generaron preguntas. Apreciaron que la URSS estaba armada de notables talentos individuales como Valery Voronin, Slava Metreveli o Igor Chislenko (además del totémico Lev Yashin en la portería), pero el conjunto desafinaba. Descubrieron que selecciones como la alemana, la portuguesa y, sobre todo, la campeona, la inglesa, que causó un notable impacto en Lobanovskiy, poseían diferente cuajo colectivo, además de futbolistas de mayor velocidad y resistencia Comprobaron, según palabras de Bazilevich recogidas en la biografía de Lobanovsky [<i>“Chetyre zhyzni v futbolye”</i> (<i>“Cuatro vidas en el fútbol”</i>), de Vitaly Galinsky], que los sistemas de entrenamiento de la URSS <i>“eran obsoletos y no cumplían con el espíritu de los tiempos. Había que cambiar radicalmente el trabajo educativo y la preparación de los entrenadores”</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Este fue el primer paso del Lobo hacia los banquillos. Aquellos análisis de Inglaterra 66 fueron el chispazo eyector. Comenzó a estudiar libros, artículos y conferencias de monumentos como <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/10/dinamo-de-kiev-blokhin-lobanovskiy/">Helenio Herrera</a>, Alf Ramsey, Helmut Schön y Vicente Feola. Lobanovskiy creía que el fútbol soviético era arcaico, que estaba muy determinado, según entendía él, por la respuesta equivocada a un dilema que entonces casi nadie se planteaba: ¿Cuál es la prioridad para un entrenador? ¿Construir un equipo desde la idea de juego o desde las capacidades técnicas y funcionales de los futbolistas? El Lobo creía que los equipos de la URSS se edificaban desde la segunda  y que ese enfoque era incorrecto y rancio. Conversando con Bazilevic, le dijo, citando a Marx: <i>“Un esclavo que es consciente de su esclavitud es un revolucionario”</i>.</p>
<blockquote><p>Las dudas asaltaban la formación de Lobanovsky como futuro entrenador de élite.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Y así fue. Tiempo después, la obra de Lobanovskiy en el Dynamo de Kiev o en la selección soviética confirmó esa percepción del estratega ucraniano, ante todo, un dogmático implacable. Quizá ninguno de los grandes entrenadores de la historia del fútbol haya sido tan doctrinal: los futbolistas debían amoldarse a sus principios y esa ley regía sobre todo lo demás, desde los singulares procesos de reclutamiento a las decisiones sobre una alineación. Esa ley fue la ciencia. Y esa visión explica lo que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/10/dinamo-de-kiev-blokhin-lobanovskiy/">sucedería luego en Kiev</a>: la concentración de datos, los sistemas de selección (y alineación) basados en la psicología, las pruebas de aptitud conductual…</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Su cambio fue, sobre todo, metodológico</span>No tardó Lobanovskiy en instalar en el Dnipro las bases de los que se convertiría algunos años más tarde en un imponente movimiento ideológico en en el Dynamo de Kiev y en todo el fútbol soviético. El primer ladrillo fue su apuesta táctica. <i>“Cualquier sistema es bueno, si encaja. No me importan las modas –confesó el Lobo-. No quiero imitar al Dynamo de Kiev (entrenado por Maslov) solo porque sea campeón con un 4-4-2. Las lesiones de los futbolistas pueden hacer que el equipo y el estilo sean inestables. Solo una cosa es segura: el Dnipro no divide sus líneas entre quienes atacan y quienes defienden. Aquí no tenemos diferenciación entre delanteros y centrocampistas. Todos deben llegar en posiciones cómodas a la punta del ataque, así que me lo planteo como un carrusel”</i>. Fue en el Dnipro donde Lobanovskiy pronunció uno de sus memorables aforismos: <i>“La forma de alcanzar el objetivo es la preparación de atletas polivalentes, preparados atléticamente en los sincronismos con o sin pelota, de manera que cada jugador sepa siempre dónde pasarla antes de recibirla y el equipo sepa cómo, dónde y cuándo atacar y defender. A veces la gente dice que el significado del fútbol es sólo el ataque, pero está más cerca de la verdad decir que cuando poseemos la pelota, estamos atacando, y cuando nuestros oponentes tienen la pelota, estamos defendiendo. A partir de este fundamento, la estrategia de fútbol se deriva: ¿cómo, dónde y cuándo atacar o defender? Lo más importante en el fútbol es lo que un jugador está haciendo en el campo cuando no está en posesión de la pelota, no al revés. Así que cuando decimos que tenemos un excelente jugador viene del siguiente principio: 1% talento y el 99 % trabajo duro”</i>. </p>
<p style="text-align: justify">El cambio fue imponente y, aunque el Dnipro estaba en la tercera categoría, las innovaciones tácticas de Lobanovskiy abrieron una brecha generacional que, a largo plazo, provocó que la vieja escuela soviética asumiera los postulados del técnico ucraniano. Referentes como Beskov, Sevidov o Yakushin debieron reciclarse mientras una corriente juvenil, desencadenada por Lobanovskiy desde Dniepropetrovsk, cristalizaba en poco tiempo en figuras como <a target="_blank" href ="http://en.wikipedia.org/wiki/Oleh_Bazylevych">Bazilevich</a>, Malofeyev, Sadyrin… En una década, entre 1970 y 1980, el fútbol de la URSS regeneró sus sistemas de preparación y esculpió una nueva cultura nacional, reconocible, con sus facciones y un patrón de estilo. </p>
<p style="text-align: justify">El nombre del joven <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/tag/lobanovskiy/">Lobanovskiy</a> se expandió y ganó reputación. Su Dnipro hacía cosas que nadie había intentado en el campo metodológico. Allí se comenzaron a grabar en vídeo los partidos para su análisis. El equipo empezó a concentrarse en las primaveras en Sochi, para unas pretemporadas modernas. Y se alimentó un sentimiento de pertenencia a un vestuario, como si fuera una hermandad: en cada cumpleaños, el futbolista del Dnipro recibía del Lobo un bonito pastel, flores y una carta de felicitación. En dos años, un doble ascenso puso al Dnipro de Lobanovskiy en la elite soviética, la Top League. En su debut de 1972, acabó sexto, semifinalista de Copa y se confirmó como la alternativa ucraniana que acabó inclinando, a partir de entonces, el eje Moscú-Kiev hacia el occidente. Ese año ganó su única liga el <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/FC_Zarya_Lugansk">Zarya de Voroshilovgrado</a> (ahora Lugansk) y el Dynamo de Kiev fue subcampeón. Al contrario que sucedió con los clubes moscovitas, el fútbol se centralizó en Kiev con propósitos regionalistas y el Partido Comunista de Ucrania establecería una red en la que el Dynamo era el epicentro y los demás clubes, casi todos con sugerentes centros de formación, como el Dnipro, pasaron a actuar como sucursales. El mejor material ucraniano debía vigorizar al Dynamo en esas tensiones futbolísticas entre Kiev y Moscú que durarían casi 20 años. </p>
<blockquote><p>La disciplina y meticulosidad táctica de Lobanovskiy comenzaron a ser famosas.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">En esa temporada magnífica del debut, el Dnipro reunió, entre otros, al potente centrocampista Román Szniejdierman o al combativo delantero Valeriy Porkujan, hombre de confianza de Lobanovskiy (ex compañero de equipo suyo en Odessa). Con ellos, Lobanovskiy articuló un equipo levantado sobre los tres pilares de su método: la meticulosidad táctica, la disciplina y la preparación física. Ningún sistema de entrenamiento de la época ponía el acento tan exhaustivamente en el aspecto físico. Fue aquí donde el carácter científico y objetivo de su metodología adquirió toda su relevancia, con Dniepropetrovsk como cuna. Un hombre apareció en la vida de Lobanovskiy: <a target="_blank" href ="http://www.kaisermagazine.com/retroblog/dinamo-kiev-historia-lobanovsky-cosmonautas-blokhin/">Anatoliy Zelentsov</a>, profesor decano del Instituto de las Ciencias Físicas de la ciudad, un experto en bioenergética y psicología que había destacado en el lanzamiento de jabalina en sus tiempos juveniles. Si Lobanovskiy fue el corazón del nuevo fútbol soviético, Zelentsov fue el cerebro. Después de conocerse, presentados por Bazilevich, ya nunca se separaron.</p>
<p style="text-align: justify">En sus primeros contactos en el Dnipro, Zelentsov animó a Lobanovskiy a implantar todo tipo de sistemas evaluables de control, previsión y gestión. Le recomendó recortar el tiempo de las sesiones de entrenamiento: como en todas las áreas productivas de la URSS, en el fútbol también se confundía cantidad con calidad. Lobanovskiy comenzó a aplicar así en 1972 el <i>‘método Zelentsov’</i> en el Dnipro al mismo tiempo que lo hacía el históricamente olvidado Bazilevich en el Shakhtar. Al año siguiente del ascenso de Lobanovskiy a la Top League, llego el suyo. Y cuando el Lobo se marchó a Kiev incorporó a su viejo amigo al cuadro técnico. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Postulaba que el error del rival era clave para jugar como quería</span>Poco a poco, en el Dnipro, ya con Zelentsov de apoyo teórico y práctico, Lobanovskiy fue configurando los principios de su método. Diseñó así tres teorías del pressing: la falsa presión, la media presión y la presión total. Su secreto fue coordinar las tres. La presión total consistía en lanzarse contra el rival en su campo, la media la aplicaba cuando el oponente entraban en su terreno y la falsa consistía en vigilar pasivamente al hombre del balón para animarlo al pase sencillo y proyectar entonces sobre los receptores la presión. Esa mecánica de presiones definiría luego al Dynamo de Kiev, donde Lobanovskiy <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2014/04/25-aniversario-del-milan-5-0-real-madrid-arrigo-sacchi/">adelantó los relojes casi 20 años</a>: la presión no funcionaba como un arma defensiva sino ofensiva. El robo avanzado descorchaba el libreto de jugadas de ataque. <i>“Lo primero que tenemos en mente es luchar por nuevas acciones que no permitan al oponente adaptarse a nuestro estilo de juego. Si un rival lo consigue y encontraremos una ‘contrajugada’. Esa es la dialéctica del juego. Tienes que evolucionar de tal manera y con una gama de opciones de ataque que obligue al oponente a cometer un error. En otras palabras: es necesario forzar al rival a hacer aquello que queremos. Una de las herramienta más importantes para hacerlo es variar el tamaño de la zona en la que juguemos”</i>. Esto lo escribió Lobanovskiy hace 40 años. Junto a Zelentsov, elaboraron <i>‘The Methodological Basic of the Development of Training Models’</i>, la obra fundacional del fútbol soviético moderno. </p>
<p style="text-align: justify">Un manual que conjuga táctica, biología (temas como las reacciones en la corteza cerebral de un futbolista creativo, los valores sanguíneos óptimos para el esfuerzo según demarcación, las respuestas metabólicas), psicología, sistemas de formación, áreas de entrenamiento (fuerza, velocidad, resistencia, coordinación), algoritmos a aplicar en función de los partidos, técnicas de memorización para automatizar el juego… Lobanovskiy y Zelentsov calcularon incluso el número ideal de jugadas para cada modelo de juego: cuántas acciones de pase corto o largo adelante o atrás, cuántos regates, cuántas recuperaciones, cuántos cabezazos… Fue la robotización del fútbol. Todo estaba cuantificado, otorgando un coeficiente en función de cada acción (pérdida, pase, recuperación, distribuciones…). Esto ayudaba a crear perfiles técnicos objetivos que determinaban desde los fichajes y las salidas a las alineaciones. </p>
<p style="text-align: justify">Este intensivo método no se perfeccionó hasta los años de Kiev, ya con la ayuda de la computación. Zelentsov sintetizó allí el <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/media/artic/entrenamiento-lovanovskiy.jpg">fútbol en diagramas</a>, tablas comparativas, juegos de probabilidades, conclusiones estadísticas, esquemas aritméticos y fluctuaciones analíticas. Todos los aspectos clínicos se filtraban por los primitivos ordenadores de Zelentsov en los años 70: los disparos a puerta, los robos, los centros desde un sector, los pases adelante, atrás, a tal compañero, en tal dirección, los tackles, los porcentajes de seguridad en las entregas, los metros recorridos, las veces que tocaba la pelota un central, un lateral, el delantero centro… También, los modelos psicológicos actualizados de cada futbolista, las variables de su estado físico… Fichar y jugar para Lobanovskiy era como pasar las pruebas del carné de conducir. <i>“Hay muchas maneras de medir el estado físico de un futbolistas. Análisis de sangre, cuánto corre, cómo salta… yo prefiero un ordenador”,</i> opinaba Zelentsov. </p>
<blockquote><p>Su revolución causó impacto por los métodos&#8230; y los resultados.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Todo se medía a través de números y tablas</span>Para Lobanovskiy, este cientificismo exagerado resultaba irrebatible. Entendía el juego como un aparato colectivo basado en las pequeñas coaliciones y asociaciones que se dan en los diferentes subsistemas englobados dentro de un gran bloque táctico. <i>«Cuando yo era futbolista era difícil evaluar a los jugadores. El entrenador podría decir que alguien no estaba en el lugar correcto en el momento adecuado, y el jugador podría estar en desacuerdo con sencillez. No hubo ningún video, no hay métodos reales de análisis. Pero hoy en día los jugadores no pueden oponerse. Ellos saben que la mañana después del partido la hoja muestra todas las cifras que caracterizan su obra. Si el centrocampista ha cumplido sesenta acciones técnicas y tácticas en el transcurso del partido, entonces él no ha estado en forma. Está obligado a hacer un centenar o más”</i>, defendía. Sus fríos cálculos no dejaban escapar nada. Si un partido debía empatarse, se empataba. Deshuesaba datos, situaciones posibles y escenarios futuros que le permitían inducir incluso el resultado óptimo: Tenía la fórmula: <i>“Un equipo capaz de mantener su tasa de errores por partido en un 16-18% resulta prácticamente imbatible”</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Lobanovskiy renunciaba a los futbolistas lentos y estáticos, creía que, en función del oponente, podía ejecutar un golpe maestro adelantando a un central al centro del campo, instalando a un mediocentro defensivo como central o volcando al extremo a un delantero con poca finalización, pero buen ritmo. También creía que la educación táctica debía graduarse, desvinculaba fluidez de anarquía, dividía el terreno en nueve sectores (tres por carril) para estudiar las frecuencias posicionales, y los solapamientos, los ataques en oleada que tanto caracterizaron su obra (jugadas con hasta cuatro pases horizontales en carrera, como si fuera rugby, que empezaban en una banda y acababan con el gol en la otra y transformaban el 4-4-2 en un 2-2-4), debían limitarse para minimizar riesgos de contras…. En su libro <a target="_blank" href ="http://editorialcontra.com/producto/futbol-contra-el-enemigo/">‘Fútbol contra el enemigo’</a>, cuenta Simon Kuper: <i>«Zelentsov tenía la premisa de que invertir una fracción de segundo en pensar era excesivo en el fútbol moderno, así que el jugador debe saber a quién y dónde pasar antes de recibir el balón. Con este fin, los jugadores del Dynamo tuvieron que memorizar jugadas, como si fueran jugadores de fútbol americano”</i>. No obstante, todos estos postulados no fueron redondeados hasta la época de Kiev. </p>
<p style="text-align: justify">En sus conversaciones del año 1972 con Bazilevich, Lobanovskiy le aseguró que su Dnipro asimilaba bien el ‘método Zelentsov’: <i>“Somos superiores a los rivales en movimiento, volumen e intensidad de las acciones técnicas y tácticas. Lamento que el nivel intelectual y técnico de los intérpretes sea limitado”</i>. Y, antes de colgarle el teléfono, añadió: <i>“¿Cómo sería trabajar con buenos futbolistas?”</i>. No tardaría en descubrirlo, cuando los jefes del Partido Comunista de Ucrania acordaron que era el hombre ideal para <a target="_blank" href ="http://www.diariosdefutbol.com/2009/09/29/lobanovskyi-el-mito-que-surgio-del-frio/">poner a Kiev en la geografía europea del fútbol</a>. Dejó atrás Dniepropetrovsk, la ciudad en la que vivió rodeado de científicos y del sentido marxista del trabajo. Una experiencia que constata hasta qué punto el contexto sociopolítico puede determinar algo más que el modo de entender el fútbol que tenía. También, la misma evolución histórica de este deporte. Kiev sería la estación central para eso. </p>
<p style="text-align: justify">Y, allí, fue donde el Lobo lanzó el telúrico aullido que aún retumba en cada esquina de una cancha. </p>
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		<title>El guardián del legado</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Oct 2012 02:05:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[uelve Oleg Blokhin al Dinamo y eso siempre es alegría en el Olímpico de Kiev. La alegría del hijo pródigo que vuelve, el alivio del héroe que nunca nos ha fallado y, sobre todo, el recuerdo de un tiempo mejor, de referencia futbolística al que agarrarse en un tiempo en el que el Dinamo no [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">V</span>uelve Oleg Blokhin al Dinamo y eso siempre es alegría en el Olímpico de Kiev. La alegría del hijo pródigo que vuelve, el alivio del héroe que nunca nos ha fallado y, sobre todo, el recuerdo de un tiempo mejor, de referencia<span id="more-28611"></span> futbolística al que agarrarse en un tiempo en el que <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=SKQPY7sEYhA">el Dinamo no es ni siquiera el mejor equipo del país</a>. El hecho de que no haya renunciado a su cargo como seleccionador representa perfectamente lo que Blokhin es para Ucrania: el chico-para-todo, el hombre sobre cuyos hombros reposa el presente y el futuro del fútbol nacional. A Blokhin le gusta esto, lo ha asumido desde hace tiempo. Representa a un pasado brillante, se siente y se sabe, nadie puede negarlo, el único y legítimo heredero del coronel Lobanovskiy, uno de los mayores genios del la historia del fútbol. La unión entre ambos parece indisoluble, y es difícil hablar de uno sin nombrar al otro, a pesar de que haya pasado ya una década desde que el legendario entrenador dejó este mundo.</p>
<p style="text-align: justify">A comienzos de los años 70, el joven Blokhin iniciaba lo que sería una brillante carrera en las filas del Dinamo de Kiev. El club se había establecido como referencia nacional en la década anterior gracias al trabajo de Viktor Maslov, un teórico que comenzó a aplicar a gran escala los conceptos de pressing, marcaje zonal, etc.<span class="pullquote_right">Lobanovskiy inició su carrera en el Dinamo de Maslov, el verdadero padre del Fútbol Total</span> Es <a target="_blank" href ="http://kundera-centrojas.blogspot.com.es/2011/06/el-padre-olvidado.html">considerado el verdadero padre del <i>«Fútbol Total»</i></a>, a pesar de que la explosión del término llegase posteriormente con Rinus Michels. Maslov, que ya había tenido mucho éxito con el Torpedo de Moscú, revolucionó el fútbol soviético, y bajo su mando, un joven extremo llamado Valeri Lobanovskiy desarrolló sus primeros conceptos futbolísticos. Diferencias entre ambos llevaron al jugador a abandonar el Dinamo –Maslov era terrible si un jugador caía en desgracia para él-. Las diferencias, cuando Lobanovskiy comenzó su carrera como técnico en el Dnipro Dnipropetrovsk eran, básicamente, metodológicas. Valeri no era un cualquiera, había ganado premios de matemáticas a nivel nacional en su etapa estudiantil, y era licenciado por la Universidad Politécnica de Kiev. La cientificidad del juego le obsesionaba, y reducir el peso del azar en el desarrollo de un partido era uno de sus objetivos. En esta etapa conoció a Anatoly Zelentsov, un experto en bioenergética, que se convertiría en su mano derecha y parte clave de su diseño de entrenamientos. Tres años tardaron en ascender al Dnipro a la Soviet TOP League, y una vez en la máxima división, el equipo siguió coleccionando elogios. Para cuando el Dinamo le reclamó en 1974, Lobanovskyi y su equipo sabían que se les presentaba la oportunidad dorada de aplicar todos sus métodos a un nivel superior, sin prácticamente restricciones.</p>
<blockquote><p>Kiev ofrecía un mundo de posibilidades: influencia y poder para aplicar sus métodos.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Para cuando Lobanovskiy comenzó su etapa en Kiev, habían pasado cuatro años desde que Maslov abandonara el equipo. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=SlwYFcBNDt8&#038;playnext=1&#038;list=PLC88DDF48239E5AEB&#038;feature=results_video">Su sustituto había sido Alexander Sevidov</a>, que había cambiado la cara al equipo, relegando el pressing y la zona a favor de una coordinación total de movimientos de sus jugadores, control de la posesión y la casi completa<span class="pullquote_left">Sus entrenamientos eran individualizados y específicos, ningún rival podría adaptarse</span> anulación de los balones colgados al área. Se trataba de combinar largas posesiones, con espontáneas explosiones hacia el área. Lobanovskiy, ni corto ni perezoso, se interesó por ello, y en cierto modo tomó cosas de Sevidov también. Era una esponja. El grupo de entrenadores había crecido ya hasta cuatro. Zelentsov preparaba los entrenamientos individualizados para cada jugador, Bazylevich era el entrenador de facto y Oshemkov elaboraba informes en torno a bases estadísticas, que luego serían estudiadas para la continua corrección de entrenamientos y jugadas. Lobanovskiy, básicamente, lo controlaba todo. Cada jugador tenía un entrenamiento técnico particular para ser capaz de responder a las demandas que el entrenador le hacía, se preparaban jugadas y movimientos individuales específicos para cada partido… Ningún rival podía adaptarse al Dinamo, porque el equipo era distinto y actuaba distinto en cada encuentro. Esa era la base del pensamiento de Lobanovskiy. Individualmente buscaba la <i>universalidad</i>. Jonathan Wilson nos explica cómo era el ambiente del centro de entrenamientos del Dinamo, en su imprescindible <a target="_blank" href ="http://www.amazon.co.uk/Inverting-Pyramid-History-Football-Tactics/dp/1409102041"><i>Inverting the pyramid</i></a>. <i>“En uno de los muros del centro de entrenamiento del Dinamo había colgadas listas de lo que quería Lobanovskyi de cada jugador.  De los 14 objetivos defensivos hay que destacar que cuatro eran concernientes a la distribución de la pelota y el establecimiento de posiciones de ataque una vez el balón era recuperado. No existía el concepto de “despejar la pelota”, ya que ello significaba perder –aunque solo fuese momentáneamente- la posesión de la misma y tener que regresar a las posiciones defensivas. En  los 13 objetivos de ataque destacaban el pressing y el intento de recuperar la pelota lo más arriba posible junto a la insistencia en mover la pelota lejos de las zonas donde el rival concentraba más hombres.”</i></p>
<p style="text-align: justify">El énfasis sobre la posesión era extremo, ya que era la clave para elegir cómo, dónde y cuándo atacar o defender. El concepto no era llegar al extremo de una <i>posesión defensiva</i>, como hemos visto recientemente con el Barcelona de Guardiola o la selección española, sino seguir dominando el partido en cada fase del juego. Poder pasar con naturalidad de acaparar la pelota a cederla sólo para asestar un mortal contragolpe. La naturalidad, el trabajo combinado de los 11 hombres sobre el campo era la clave. Continúa <a target="_blank" href ="https://twitter.com/jonawils">Wilson</a> a este respecto: <i>“La más radical de estas listas es la que podíamos definir como tareas mixtas, que englobaban conceptos defensivos como la trampa del fuera de juego y ofensivos como los carrileros doblando a los interiores. Para atacar –decía Lobanovskyi- es necesario quitarle la pelota al contrario,  ¿cómo es más fácil hacerlo, con 5 jugadores o con 11? Lo más importante en el fútbol es lo que hace un jugador en el campo cuando NO tiene la pelota, no al revés. Así que, para nosotros, un gran jugador es 1% de talento y 99% de trabajo duro.”</i> No sabemos cuánto de verdad y cuánto de mera propaganda socialista –Lobanovskyi era un ferviente seguidor del Partido, <a target="_blank" href ="http://www.futbolypasionespoliticas.com/2011/04/oleg-blokhin-el-ucraniano-terrible.html">como lo era y es Blokhin</a>-, tenían estas palabras, pero lo cierto es que casi todos los jugadores de sus equipos estaban técnicamente bastante dotados. Dada su idea de que primero se elige la táctica o estilo de juego y luego se <i>hace encajar</i> a los jugadores, muy probablemente el pensamiento del viejo zorro soviético no estuviese muy alejado de aquel del <i>totaalvoetbal</i>, que exigía la excelencia técnica de todas las partes del conjunto.</p>
<p style="text-align: justify">El caso es que el Dinamo tuvo un éxito inmediato. El club había pasado tres años a la sombra de clubes secundarios que se habían alzado con el campeonato, como Zorya Voroshilovgrado (hoy Lugansk), o el <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=tiUzEajhc68&#038;feature=related">Ararat Erevan</a>. En su primer año con Lobanovskiy, se ganó el doblete. Al siguiente, 1975, se volvió a ganar la liga.<span class="pullquote_right">Liderados por Blokhin, el Dinamo fue un rodillo en la Recopa de Europa hasta llegar a ganarla</span> Pero esta fue la temporada en que por primera vez el Dinamo sorprendió a Europa. Liderados por Blokhin, que se había convertido en un extremo centelleante, capaz no sólo de superar a cualquier marcador sino de conseguir también cifras goleadores destacadas, el equipo fue un rodillo en la Recopa de Europa. CSKA Sofía (2-0), Eintracht Frankfurt (5-3), Bursaspor (3-0) y el potente PSV Eindhoven (4-2), sucumbieron ante los soviéticos camino de la final de Basilea. Allí esperaban los húngaros del Ferencvaros. Ya no estaba el gran Albert, pero había comenzado a despuntar el centrocampista Tibor Nyilasi, aunque llegaban con la baja –capital- del central Lazslo Balint, uno de los mejores defensas húngaros de la historia. El Dinamo jugó con Konkov ejerciendo de ancla en el centro del campo –una figura implementada por primera vez en la URSS por Maslov- y con Blokhin y Onischenko como pareja de ataque. Estos dos, ambos velocísimos, caían a banda liberando espacio para la llegada de tres trenes de mercancías como eran Muntian, Kolotov y Buryak. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Ul0PmE7pa9w&#038;feature=relmfu">Dos goles de Onischenko y otro de Blokhin no dejaron lugar a dudas</a>. El Dinamo era el primer equipo soviético en ganar un título europeo. Y refrendaría su condición de gran sensación europea al derrotar al Bayern Munich de Franz Beckenbauer en la <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=b2YqYGDf2eU">Supercopa de Europa</a>, una competición que sirvió a Blokhin para confirmarse como uno de los mejores jugadores del Viejo Continente. Destrozó a la defensa alemana con tres goles en dos partidos y cimentó su candidatura al Balón de Oro, que finalmente ganó ese año.</p>
<blockquote><p>Lo difícil es mantenerse: la dura transición entre generaciones.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Al año siguiente, inevitablemente, el Dinamo era considerado uno de los grandes favoritos para ganar la Copa de Europa. Llegó sobradamente a cuartos de final y en la ida, jugada en Simferopol –por condiciones climáticas- el Dinamo derrotó 2-0 al St.Ettiene. La vuelta fue uno de los partidos más míticos de la historia del torneo, con <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=YJFrlDIrUds"><i>les Verts</i> remontando el resultado en la prórroga</a> en su camino hacia la final que perderían con el Bayern.</p>
<p style="text-align: justify">En el año 77, de nuevo el conjunto de Lobanovskiy –que venía de ganar el bronce en los JJOO en su primera experiencia con la selección soviética- fue portada de la prensa europea, al acabar con el reinado del Bayern, eliminando a los alemanes en cuartos de final. El bloque se mantenía, pero algunas piezas como Konkov u Onischenko estaban lejos de su mejor forma. Las semifinales aguardaban, y había que medirse a otro equipo de la Alemania Occidental, el potente Borussia Moenchengladbach.  El Dinamo pareció recuperar sensaciones ganando la ida 1-0, pero en la vuelta todos los malos presagios se cumplieron. Berti Vogts fue enviado a secar a Blokhin, y el <i>terrier</i> completó otro de sus históricos marcajes mientras sus compañeros <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=ayjmnRCR6kE">remontaban la eliminatoria</a> para viajar a Roma a enfrentarse al Liverpool.</p>
<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/media/artic/entrenamiento-lovanovskiy.jpg"><img class="alignright" src="http://www.ecosdelbalon.com/media/artic/entrenamiento-lovanovskiy-p.jpg" alt="" width="330" height="186" /></a>El Dinamo a partir de aquí entró en un período oscuro, y con él, el fútbol soviético. El dominio en la liga se trasladó al Cáucaso, con el Dinamo de Tblisi, y a Moscú, con el Spartak. Es cierto que el Dinamo ganó un par de ligas y copas, pero el equipo ya no daba para competir en Europa. Lobanovskiy alternaba períodos en la selección, sin demasiado éxito. Blokhin se mantenía como una figura destacada, logrando éxitos individuales, pero parecía que su carrera había enfilado la cuesta abajo. Sólo la selección o una –improbable- salida a Europa occidental podrían revivirla. Los métodos de Lobanovskyi y su equipo, cada vez más radicales, incluían la <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/media/artic/entrenamiento-lovanovskiy.jpg">evaluación cuantitativa del trabajo del jugador tras cada partido</a>. El método estadístico permitía que tras cada encuentro se evaluase públicamente a cada jugador, y si este no había cumplido con lo que el método de Lobanovskiy exigía, era castigado de una u otra manera. Por ejemplo, si al día siguiente de un partido un centrocampista había completado 60 acciones técnicas y tácticas se iba a pasar un buen rato haciendo flexiones. Tenían que completar, al menos, cien.</p>
<blockquote><p>Lobanovskyi y Blokhin siempre llaman dos veces</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Sin embargo, para 1985 cuando el fútbol le daba por muerto, el entrenador había reconstruído el equipo totalmente, y estaba de nuevo dispuesto a salir a Europa. Blokhin seguía allí, pero ahora el peso del equipo caía en otros jugadores: la capacidad táctica de los centrales Bessonov y Kuznetsov, la banda izquierda formada por Demyanenko y Rats<span class="pullquote_left">Blokhin y Lobanovskiy volvieron a ganar la Recopa aplastando al Atleti de Aragonés</span> –poseedor de un disparo tremendo-, la capacidad para ir de un área a otra de Yaremchuk y Yakovenko, la creatividad del menudo Alexander Zavarov y la velocidad e <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=v_NBzWo9b4Y">instinto goleador de Igor Belanov</a>. La competición, como 10 años antes, era la Recopa, y el camino también fue triunfal hacia la final: Utrecht (5-3), Universitatea Craiova (5-2), Rapid de Viena (9-2) y Dukla de Praga (4-1), no fueron rival para un equipo que no daba tregua a sus rivales. La final, en Lyon, les midió contra el Atlético de Madrid de Luis Aragonés. Para estudiar a su rival, <a target="_blank" href ="http://www.as.com/futbol/articulo/dinamo-rinde-culto-memoria-lobanovsky/20041102dasdaiftb_9/Tes">Luis se desplazó hasta la capital ucraniana</a>. Cuando llegó al entrenamiento, el panorama era desolador. Los jugadores iban cada uno a su ritmo. De repente, de un Mercedes negro que le llevó hasta el borde del campo, se bajó Lobanovskyi. La plantilla empezó a trabajar con carreras, ejercicios físicos y con balón. De repente, el entrenador comenzó a dar palmadas con distinta frecuencia. A cada una, los jugadores comenzaban a hacer movimientos con y sin balón que dejaron a Luis impresionado. <i>“Vámonos, que perdemos seguro, pero no les cuentes nada a los chicos antes de la final”</i>.</p>
<p style="text-align: justify">La exhibición que los rojiblancos presenciaron en primera persona fue de las que hacen historia. La manera de mover la pelota de los soviéticos, a una velocidad increíble y con una precisión casi irreal hizo que <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=MLFdTu0jryc">a nadie sorprendiera el 3-0 final</a>. Zavarov, Blokhin y Yevtushenko fueron los estiletes del equipo. Por si en Madrid no había quedado clara la cosa, ese mismo verano el Dinamo participó en el Trofeo Santiago Bernabeu donde procedió a la demolición de una Quinta del Buitre que venía de ganar su primera liga. El grueso del equipo fue seleccionado por el propio Valeri para formar parte de la selección soviética que participó en Mexico 86 (doce de los veintidós convocados eran del Dinamo), y causó sensación, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=PwmhQXMHiZc">destruyendo a la selección húngara</a>, tuteando a la campeona europea Francia y a la que sólo un lamentable arbitraje del sueco Frederiksson contra Bélgica pudo eliminar del Mundial. El Dinamo participando como selección se vería otra vez en la Euro 88, donde se llegó a la final del torneo, siendo derrotada por una Holanda a la que se había vencido en la primera fase. Para la historia queda el baño tremendo a Italia en semifinales.</p>
<p style="text-align: justify">La historia parecía repetirse para Lobanovskyi y su equipo. Al año siguiente de ganar la Recopa, eran los grandes favoritos en la Copa de Europa. Beroe Stara y Celtic no fueron rivales para ellos. Tampoco el Besiktas, al que un rotundo 7-0 global apeó en cuartos. El rival en semis era el Porto, que no era uno de los favoritos. En Portugal, Futre, Madjer y Gomes lideraron la corta victoria por 2-1. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=9v2PpsZaV3s">La vuelta vio como increíblemente los portugueses ganaban 0-2 a los 10 minutos</a>. Mikhailitchenko recortó a los 11, pero a partir de ahí el Dinamo fue un manojo de nervios al que cada contra liderada por Futre ponía en serios apuros. Se esfumaba la gran posibilidad de ganar una Copa de Europa. Blokhin se iría a Austria el verano siguiente. Comenzaba la primera salida de jugadores soviéticos a occidente: Zavarov y Alejnikov a la Juve, Khidiatulin al Toulouse, Belanov al Borussia MG, Dassaev al Sevilla…</p>
<p style="text-align: justify">Lobanovskiy dio por finalizada su etapa en el equipo de la capital ucraniana en 1990, tras fracasar con la URSS en el Mundial de Italia. Se iba a los Emiratos Árabes y luego a Kuwait en lo que parecía un paso previo al retiro. Aún no. Volvió –y cómo- para llevar de nuevo al Dinamo a unas <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=3WVaK5HSayc">semifinales de Copa de Europa</a> y forjar a su tercer jugador Balón de Oro en la figura de Shevchenko. Y para dejar claro que la escuela soviética seguía viva. En esas sigue hoy, de nuevo en casa, Oleg Blokhin.</p>
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