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	<title>Ecos del Balón &#187; Supercopa de Europa</title>
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		<title>Un título &#8216;red&#8217; junto al triunfo de Lampard</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Aug 2019 09:03:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Frank Lampard]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La Supercopa de Europa 2019 será un buen ejemplo para explicar y comprender a qué se estuvo jugando cuando reinó en Europa el Liverpool de Jürgen Klopp. El partido que enfrentó al campeón de Europa y al Chelsea campeón de la Europa League tuvo tramos<span id="more-265470"></span> de una intensidad propia de los límites y los márgenes que parece no tener la evolución física, entendida desde el ritmo de juego y la capacidad humana para imprimirlo durante tantísimos minutos. Una era en la que convencer y engañar a la cabeza está logrando proezas técnicas a máxima velocidad que en la noche de ayer hizo sonreír tanto o más a Frank Lampard como a Jürgen Klopp. Un partido que actualiza el gen competitivo y ganador de este Liverpool, en otra enésima demostración de sus fortalezas y que permite al Chelsea saber de qué puede ser capaz, de donde está el camino si quiere agarrarse al tren que apenas para y no espera a nadie. Entre un mar de dudas, de algún modo, <i>blues</i> y <i>reds</i>, ayer ganaron. </p>
<p style="text-align: justify;">El partido fue precioso, de entrada, porque el Chelsea no calculó tanto como esperábamos. Aunque Klopp dejó a Firmino en el banquillo, utilizando además a Sadio Mané de &#8216;9&#8217; en lugar de a Mohamed Salah, salió a morder e intimidar con la aureola que le acompaña desde hace casi una década. Con la jerarquía intacta y el comportamiento erguido, el Liverpool salió a buscar errores en la salida &#8216;blue&#8217;, a trastocar una confianza herida tras el 4-0 de Old Trafford. Con su &#8216;XI&#8217; tipo a excepción del punta y de un Gómez que se colocó en la derecha para frenar las transiciones de Pulisic y/o Pedro, en lugar de Alexander-Arnold, Klopp buscó un escenario mixto que concediera un aclarado a Mo Salah sobre la espalda (o el pecho) de Emerson Palmieri. Y aunque durante la primera parte se dio lo previsualizado, el Chelsea sacó a relucir dos cuestiones. La primera, conocida, ejemplificada en dos nombres: el monumental encuentro de N&#8217;Golo Kanté y la puntualidad competitiva del Pedro de las grandes citas. La segunda, más novedosa: el potencial del Chelsea para transitar de memoria, con un primer y serio aviso: si Lampard logra extramotivar a su grupo, el fútbol le va a devolver un equipo vibrante.</p>
<blockquote><p>El partido de Pedro y kanté fue absolutamente soberbio, especialmente el de N&#8217;golo, fundamental en el dominio &#8216;blue&#8217; en mediocampo</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Dicha igualdad nació desde el impacto que tuvo en el encuentro el mediocentro francés campeón del mundo. N&#8217;Golo Kanté está y debe ser visto como un superhéroe defensivo, de material desconocido, que suma todos los registros a la hora de proteger a su equipo y de agredir sin balón pero que se diferencia de sus congéneres por ser capaz de condicionar el partido a través de su posicionamiento y su personalidad cuando recibe la pelota. Lejos de ser un cerebro en el sentido más futbolístico, su determinación para simbolizar la velocidad de los partidos, es abrumadora. Y puesto sobre la mesa en el caso concreto, su figura se hace indispensable para interpretar por qué el Chelsea ayer jugó al mismo ritmo en cada disputa y acción que el Liverpool. Kanté es un virus benigno para los de su camiseta. Sin él, seguramente el Chelsea hubiera cedido mucho antes. No debe esconderse que hasta el minuto 95, el cuadro londinense sólo había tirado una vez entre los tres palos, precisamente el gol de Giroud, pero el análisis se aleja de tan importante parámetro porque el Chelsea descubrió un gran tejido competitivo.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue en la medular donde se gestó la igualdad. Es en esa parcela del campo donde el Liverpool pasa poco tiempo. Su estilo vertical ha dado a los costados una importancia extra en su último año y si además no figura en la alineación Roberto Firmino, que pone la aguja del compás en el carril central, el conjunto &#8216;red&#8217; extrema la propuesta y habilita un caos para el que hay que estar mentalmente preparadísimo. La posición de Kante primero, siempre antes que Milner, y la calidad de Pedro y Giroud para construir sociedades generosas en apoyo o de espaldas le dieron un brío al encuentro de mucha calidad. El Chelsea se fue al descanso transmitiendo una naturalidad fantástica en su transición, con Pulisic, Pedro, Kanté y Olivier tocando de primeras y activando espacios ante las salidas de Fabinho. El gol, que también de alguna manera explicaba la excelencia técnica que se necesita para abrir la defensa de Anfield, fue la guinda a una grandísima primera parte.</p>
<blockquote><p>La entrada de Firmino recuperó la superioridad en mediocampo, con un Mané enorme en lectura</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">La sucesión de reacciones, no obstante, estuvo a la altura. La primera de ellas llegó de la mano de &#8216;Bobby&#8217; Firmino. El brasileño reubicó los roles y reunificó al equipo, que se asentó mucho mejor sobre el campo, recuperando la superioridad en el medio que estaba teniendo Kanté, con un 4+3 enormemente claro y determinante, al que se sumó un Sadio Mané impresionante en numerosas acciones y decisiones. El crecimiento del senegalés, a todos los niveles, puede permitir a su equipo dar un nuevo salto a la hora de resolver enigmas que surjan en mitad de los partidos. Tan o más importante que la calidad pura, la lectura para comenzar a hacer las jugadas que pide el partido -desmarque agresivo o pase atrás; abierto en banda o viniendo a recibir-, hablan a las mil maravillas de su progresión. Entre ellos dos lograron reducir casi en su totalidad las salidas del Chelsea. </p>
<p style="text-align: justify;">Más adelante, ya en la prórroga, el Chelsea sumó una renovada reacción que activó nuevamente un escenario muy exigente en lo mental. Con el plus de los títulos bajo el brazo, el campeón de Europa lanzó sus cinco penaltis con extraordinaria solvencia y solo Adrián San Miguel se interpuso en el camino de los chicos de Frank Lampard. La oportunidad que se le presenta a &#8216;Frankie&#8217; para crear comunidad desde la agridulce derrota y el brillante juego desplegado llena de valor su incipiente proyecto. Para el Liverpool, nada más estimulante que levantar otro título y realzar su valor colectivo y su extraordinaria capacidad para reaccionar en mitad de los encuentros, sumando innumerables momentos para permanecer cuando más se tambalea todo. Su fútbol va de la mano de su mentalidad.</p>
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