Un billete celeste y épico

Sólo la épica pudo explicar el pase del Celta de Vigo a los octavos de final de la UEFA Europa League, en una noche en la que el análisis se hizo harto complicado. Tanto se movió todo y de forma tan extraña que en cada momento en el que se intentaba crear una lógica, el inmediatamente posterior la deshacía, sin una miga de control. Durante muchos momentos pareció jugarse con la mano y en un campo de 40x20m en el que, paradójicamente, el marcador marcaba 0-0 en el 90′ tras innumerables ocasiones de gol. Sólo Iago Aspas, un futbolista que parece darle sentido a cada segundo que pasa, pareció racional.

Tras el golpe de la Copa, la derrota ante el Atlético en el tramo final y la de la semana pasada en la ida ante el Shakhtar, los hombres de Berizzo viajaron a Ucrania entre un mar de incertidumbres. Su entrenador, sin Radoja, y con un notable desgaste paulatino en el trato del balón, armó un dibujo de compleja confección, en el que el mediocentro sería Daniel Wass, que se movía para todas partes sin sujetar ni contemporizar; Roncaglia compartiría -compartiría- el lateral con Mallo y donde el orden y el concierto no sería el punto de partida. Para sumarse a ello, su rival no pudo controlar la escena y aceptó el vaivén. Incluso lo potenció.

Wass y Roncaglia explicaron el descontrol vigués

El centro del campo es la franja de terreno en el que se desnivelan los partidos, donde se puede establecer un control y un equilibrio. Desde el arranque, no sintió ningún colectivo vocación por darle uso, y siempre que una jugada o un pase se quedaba sin dueño, el que la cogía miraba hacia delante y buscaba la portería. El Celta lo hizo más directo hacia Guidetti -tácticamente impecable- y el olfato de Iago para intuir la progresión de la jugada, mientras que los de Paulo Fonseca conducían a través de Taison, Marlos y Kovalenko. Todo frenético. El Celta, poco intenso en las marcas y con problemas de colocación por la posición mixta de Roncaglia y la incomodidad de Wass, dejó a Fontás y Cabral -partidazo-, en permanente alerta.

Ante tantos espacios, juego de área, llegada y situaciones ante el último hombre, lo extraño es que en algún cruce mal medido, fruto del ritmo alto y de decidir en tensión, el partido no comenzara a enrarecerse con interrupciones, faltas para cortar dicho ritmo y rebajar las pulsaciones a un choque que se encauzaba hacia goleadas por ambos bandos. Los porteros, Pyatov y Sergio, comparecieron sin descanso y el gol tardó en llegar.

Fue de Aspas en el añadido, y de penalty, como si en jugada se cumpliera el colmo de no verse un gol entre tanto acercamiento. Forzada la prórroga, el Celta se observó más entero y ahí sí, templar algo más el panorama, tanto en repliegue como en posesión. En la última media hora se contragolpeó menos y a balón parado fue Cabral el que completó una remontada de mucho espíritu. El Celta logró soltar el punch decisivo en el último momento, entre una de esas rarezas que deja el fútbol, a punto de irse sin ver goles donde sólo cabían ellos. A Vigo seguramente le supo mejor incluso tal desenlace, si bien Berizzo deberá de seguir construyendo más solidez de cara a lo que viene.

 
 

Foto: GENYA SAVILOV/AFP/Getty Images


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