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	<title>Ecos del Balón &#187; Paul Van Himst</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>Los hijos de la leyenda</title>
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		<pubDate>Thu, 26 May 2016 02:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Superar a un padre que lo ha sido todo en su campo es una tarea hercúlea. Oír los comentarios despectivos, las constantes comparaciones y la lista de éxitos de tu progenitor cada día, en cada momento que tú practicas la misma actividad, no es fácil. Más cuando tu padre no ha sido sólo bueno, sino [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Superar a un padre que lo ha sido todo en su campo es una tarea hercúlea. Oír los comentarios despectivos, las constantes comparaciones y la lista de éxitos de tu progenitor cada día, en cada momento que tú practicas la misma<span id="more-208962"></span> actividad, no es fácil. Más cuando tu padre no ha sido sólo bueno, sino el mejor.  ¿Qué presión soportaban Edinho o <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=J8w2YNND78Y">Jordi </a>cada vez que pateaban un balón? ¿Qué más prueba de carácter hay que el hecho de que siguiesen haciéndolo aún a sabiendas de que la etiqueta de “hijo de” nunca los abandonaría? Esa misma presión la vivió toda una generación de jugadores españoles a mediados de los 60, sucesores del equipo más exitoso de la historia de la Copa de Europa. Un grupo de chavales que, a pesar de su aspecto serio y maduro, apenas tenía experiencia y se tenía que vestir con las legendarias y pesadas camisetas blancas del Real Madrid C.F., teniendo la responsabilidad de pasearlas por Europa sin manchar la leyenda de sus <i>padres</i>.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Bernabéu, Chamartín, la Champions y Di Stefano</span>El Real Madrid, sombrío y mediocre club de la posguerra española, había crecido a finales de los 50 en base al genio de un presidente adelantado a su tiempo, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2015/04/preparacion-fisica-real-madrid-alfredo-di-stefano-luis-carniglia-helenio-herrera/">Don Santiago Bernabéu</a>, y de la valentía que su figura irradiaba. Bernabéu asentó el renacimiento del club en base a una faraónica estructura de hormigón que pronto llevaría su nombre. De las repletas gradas del enorme estadio de Chamartín, donde más de cien mil fieles se agolparían religiosamente cada domingo y fiesta de guardar en los siguientes 50 años, salió el oxígeno que permitió al club respirar y recuperarse de las miserias de la guerra, la autarquía y un Régimen que prefería hacer ojitos a <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=ogFC9Z0UxAI">equipos de aviadores</a> y de fugados del Telón de Acero. </p>
<p style="text-align: justify">Otro personaje que arrimó el hombro, y de qué manera, fue un tal <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IOcbxP2-mdc">Alfredo Di Stefano</a>, argentino, futbolista total, amante del dinero y no tanto de los contratos firmados. Tras la saga que trajo a Di Stefano a Madrid después de darle todas las vueltas posibles al <a target="_blank" href ="http://es.tinypic.com/a/a1pggp/4">Pacto de Lima</a>, la Saeta Rubia lideró con mano de hierro a un equipo que jugaría siete de las primeras nueve finales de la Copa de Europa, competición nacida de la soberbia de unos Lobos ingleses, la cabeza de un periodista francés y los arrestos de, entre otros <i>popes</i> del fútbol europeo, Don Santiago Bernabéu. Bernabéu, como poco tenía que perder, decidió arriesgar todo.</p>
<blockquote><p>La renovación del equipo Pentacampeón de Europa fue un reto formidable.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Lo cierto es que tras ganar las cinco primeras ediciones de la Copa de Europa, el Madrid vivió el primer lustro de la década de los 60 con la angustia de ver a sus más rutilantes figuras, Di Stefano, Puskás o Santamaría ganar kilos y años. El resto del fútbol europeo les había pillado y, ora <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=BOAIYoxYp3Y">Eusébio</a>, ora <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=VlKDzKgKBSg">Mazzola</a>, los viejos monstruos madridistas ya no tenían gasolina suficiente para volver a ganar la Copa de Campeones. Poco a poco, exprimiendo unas arcas que se iban quedando vacías, Bernabéu fue trayendo savia nueva, y sobre esta nueva generación caía la responsabilidad de mantener al club en el trono al que se había aupado durante la década anterior.</p>
<p style="text-align: justify">La cabeza visible de la nueva camada llegó de La Coruña, era extremo derecho y se llamaba <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=a2gXFOrT7DU">Amancio Amaro</a>. Con las medias a media tibia, valga la redundancia, hasta que sus marcadores se las bajaban a la altura del tobillo, el gallego brujo compartirá los últimos años de  Di Stefano en el Madrid y hará diabluras desde su costado. Amancio será referencia antes de la salida de la Saeta, ganará la Eurocopa del 64 con España y también los galones que los perros viejos le habían instado a merecer antes de <a target="_blank" href ="http://www.realbernabeu.com/2015/10/amancio-el-gallego-habilidoso.html">lucir el escudo del club en la camiseta</a>. <i>“Ante la duda, pelota a Amancio”</i>, se convirtió en un mantra del madridismo, que sabía que en la banda derecha tenía un seguro de vida. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Pirri fue una absoluta referencia del fútbol español y del Madrid</span>Junto al coruñés aparecerán un ceutí, José Martínez –al que Bernabéu se negaba a llamar Pirri- y un navarro, Ignacio Zoco. Los tres se convertirán en las referencias no solo futbolísticas, sino también anímicas del Real Madrid. Zoco se convertirá en el sucesor de Santamaría por su tranquilidad en la zona defensiva. Será capitán del club y baluarte de la retaguardia blanca por una década. Poco tiempo si se compara con el volcánico Pirri, que llegó como interior y acabó siendo lo que él quisiese. Futuro doctor, hizo sus primeros pinitos en el Granada antes de dar el salto, y sería el líder del equipo hasta su salida camino del fútbol mexicano tres lustros más tarde. Pirri actuaba como interior, como mediocentro y hasta como líbero, tenía un despliegue físico fuera de serie y no iba corto de técnica. En un período bastante oscuro para el fútbol español, el que va desde el Mundial del 66 hasta el del 78, Pirri es una referencia del balompié europeo, ganándose incluso el apodo de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=FR_x8OEvqHc"><i>«Capitán Coloso»</i></a> a mediados de los 70 por sus grandes actuaciones de la Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify">Tras la derrota en la final de Viena de 1964, contra un Inter de Milan que fue muy superior al veterano cuadro madridista, la renovación se aceleró. Sin Di Stefano mandando en el campo –y el vestuario-, la sangre joven comenzó a correr por el Bernabéu: Pedro de Felipe, rocoso central, Manuel Sanchís, tragamillas inclasificable, la clase de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=XzLIZbbCGak">Manuel Velázquez</a> y la finura de Ramón Moreno Grosso, que heredó un número nueve que hubiese aplastado a muchos otros. Todavía seguía Gento, perfecto nexo de unión entre ambas generaciones, y aún en plenitud de facultades, y también el abuelo de todos, el incomparable <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=rZfCDHegItE">Puskás</a> que seguía estirando su <i>segunda</i> carrera en la capital de España. Con estos mimbres el Madrid completó su primer quinquenio de títulos de liga, prolongando su estadía en la Copa de Europa por más de diez años ya a esas alturas.</p>
<blockquote><p>El reto para la nueva generación era hacerse respetar en Europa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Mantenido el trono en España, había que dar el do de pecho en la competición europea, donde los mayores de edad realmente demostraban su talla. En aquel momento el continente estaba dominado por los italianos, que enlazaba ya tres entorchados consecutivos. Primero el Milan y posteriormente, en el 64 y el 65, el Inter de Helenio Herrera, que era la auténtica bicha del concierto europeo.</p>
<p style="text-align: justify">El primer obstáculo sería el Feyenoord holandés, que en Rotterdam fue capaz de dar la vuelta al tanto inicial de Puskás, poniendo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=kUUzQzMJKOY">un marcador de 2-1</a> que sembraba dudas sobre la competitividad del equipo. Pero el húngaro, como queriendo proteger a sus jóvenes discípulos, dejó en la vuelta su última exhibición antes de dar paso a la nueva camada. A la tierna edad de 38 años, Puskás destrozó a los campeones holandeses con cuatro goles, opacando la gran actuación de un Grosso que, luciendo la 9, bajaba al medio campo a asociarse con Velázquez y Pirri, creando el caldo de cultivo perfecto para que el veterano magiar gozase de espacios para machacar las redes contrarias. Fue esta una ronda eliminatoria en la que los grandes favoritos no tuvieron piedad de sus humildes rivales, como bien lo atestiguan los dieciocho goles del Benfica al Dudelange luxemburgués, los diez del Werder Bremen al APOEL chipriota o los nueve del Manchester United al HJK finlandés.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Eusebio y el Inter iban avanzando en el cuadro</span>La segunda ronda, y sin el caprichoso bombo europeo haciendo de las suyas, dejó como enfrentamientos más importantes el del <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=IbDUq_a-KlY">Partizan y el Werder Bremen</a> y el duelo entre dos de los mejores atacantes de Europa, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=s3-q483iLSs">Georgi Asparukhov</a> con su Levski de Sofía contra Eusébio y su Benfica. Del primero salieron vencedores los yugoslavos, que empezaban a ser considerados como un claro outsider al título. La agilidad de Soskic en la puerta, la seguridad y experiencia de Jusufi y el líbero Velibor Vasovic en defensa y el poderío de Hasanagic y Galic en el centro del ataque les convertía en un rival peligroso para cualquier equipo. Por su parte, los benfiquistas arrancaban un empate en Sofía para rematar la faena en casa, ganando por un total de 5-4. Eusébio y Asparukhov dejaban su duelo en tablas, con tres goles cada uno en la eliminatoria. </p>
<p style="text-align: justify">Por su parte, el Inter empezaba la defensa de su título sufriendo una derrota en Bucarest contra el Dinamo, que remontaría en los últimos instantes del partido de San Siro. Susto grande, pero los de HH seguían adelante, como también lo hacía el United, los talentosos húngaros del Ferencvaros –con Florian Albert al mando de las operaciones- o el Anderlecht de Paul van Himst, sensación del fútbol europeo. No hubo mayores problemas para el Madrid, que tras un empate a dos en tierras escocesas, le metía cinco al Kilmarnock en el Bernabeu.</p>
<blockquote><p>Los cuartos de final van a ser un choque total de estilos.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Mientras seguía progresando en Europa, el Madrid estaba metido totalmente en la lucha por el título de liga en España. Su rival era el Atlético de Madrid, que trataba de evitar el sexto entorchado madridista consecutivo. La lucha se prolongará hasta el final de temporada, con el Atlético lanzado gracias a los goles de un Luís Aragonés que terminará como Pichichi, ganando el título por un solo punto. Estrenarían su flamante nuevo estadio al año siguiente en Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">El Madrid era una rara unión de finura y garra</span>Para entonces el estilo de juego del Madrid ya estaba bien definido, con <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Ldh4QocaGq8">Grosso</a> ejerciendo de falso nueve y sin un delantero centro de referencia una vez Puskás dejó de jugar.  Velázquez, que era el cerebro del equipo se había asentado con la camiseta número diez, con Gento y Amancio en los costados –aunque este también jugó bastante como interior, intercambiado con Serena- y Pirri guardando el medio del campo y llegando desde segunda línea a la zona de gol. Atrás, Zoco y De Felipe, con Sanchís y Pachín formaban la línea de cuatro delante del guardameta. El Madrid era una rara mezcla de finura y garra, de individualismo y trabajo colectivo, no siempre en ese orden, no siempre en las mismas proporciones.</p>
<p style="text-align: justify">Para los cuartos de final el rival sería el Anderlecht. Campeón de Bélgica, había eliminado al Madrid varios años antes, en una eliminatoria en que el fuera de juego tirado por los de Pierre Sinibaldi fue un enigma que los madridistas no supieron resolver. Ahora, con el joven <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=lkYk8bMjxZY">Paul van Himst</a> como máxima figura, los de Bruselas se veían con opciones de dar la campanada. Y fue el brillante van Himst, un torbellino que aparecía por todo el frente de ataque, muy rápido, habilidoso y con gran sentido del gol, el que marcó la diferencia en el Emile Versé. Una victoria fuera de casa eran palabras mayores en la Copa de Europa, toda una odisea. Cómo han cambiado los tiempos. La vuelta supuso la gran confirmación de Amancio como figura europea, autor de dos goles que remontaban la eliminatoria para el Madrid, a los que se sumó un tercero de Gento casi al final del encuentro. Pero los belgas eran duros de pelar y tenían dinamita arriba. Con van Himst bien marcado por la defensa española –imaginamos que se pasaría un par de noches con sacos de hielo en las tibias, aunque lo mismo pudo decir Amancio-, fueron Puis y Jurion, internacionales belgas, quienes recortaron en el 87 y el 90, metiendo el miedo en el cuerpo a la parroquia madridistas, que suspiró aliviada cuando Monsieur Barbéran pitó el final y confirmó el billete de los blancos a semis.</p>
<p style="text-align: justify">Esa misma noche de marzo el Partizan destrozaba al Sparta de Praga por <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=oEPhlUr7yHk">5-0 en Belgrado</a>, sellando la remontada del 4-1 recibido en tierras checoslovacas. Fue una eliminatoria caliente, con los yugoslavos clamando venganza por el trato recibido en la ida. Mientras el equipo del ejército yugoslavo culminaba su hazaña ante sus homónimos checos, una bomba atómica estallaba en Lisboa. Se llamaba <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jkAmpIvMOvk">George Best</a>, tenía diecinueve años y acaba de tomar al asalto el Estadio da Luz. Lideró a un United desmelenado que le hizo cinco goles en su templo al altivo campeón portugués. Así pues, el panorama no pintaba demasiado bien para el Madrid, que no pasaba de ser un equipo ordenado y con ciertas individualidades ante el poderío del Machester United de la Santísima Trinidad, el inabordable Inter campeón y los talentosos yugoslavos del Partizán.</p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Amancio sería decisivo en cada eliminatoria de la Copa de Europa 1966</span>Para el Madrid quedaría el desafío de acabar con el reinado de los italianos, mientras los ingleses pasarían el mal trago de volver a Belgrado ocho años después de la tragedia vivida tras jugar en la capital yugoslava. Helenio Herrera declaró temer al Madrid como a la peste, y los blancos le dieron la razón, crecidos, ya que hasta la lesión de su portero Betancort atacaron sin tregua la meta defendida por Sarti. Un caudal de ocasiones de gol de las que solo una materializada por el omnipresente Pirri subió al marcador. Tras ello, el Madrid contemporizó guiado por la batuta de un Manolo Velázquez magistral. En los últimos minutos, viendo que el Inter no buscaba crear peligro, Miguel Muñoz tocó a rebato en busca del segundo gol, pero este no llegó. Faltaba la vuelta en el Giuseppe Meazza, lo que suponía la encerrona más grande de Europa en aquella época. Muñoz no se cortó diciendo que el Madrid <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=kvUd30KANs0"><i>«jugaría a la italiana»</i></a>, obligando al Inter a salirse de su guión más habitual. Así lo hizo: férreos en defensa –controlando la violencia, que podía dejarte con varios jugadores menos en aquel estadio- y saliendo como diablos al contragolpe. Y así llegó el gol de Amancio, decisivo una vez más. El Inter estaba muerto y sólo tras el gol de Facchetti inquietó la meta de Araquistáin. Contra todo pronóstico, el Madrid había matado a la bicha.</p>
<p style="text-align: justify">En la otra semifinal, con Charlton, Foulkes y Gregg atenazados por los recuerdos, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=nAdq_QyZlfE">el Partizan cimentó su victoria en la ventaja conseguido en casa</a>. El dos a cero fue suficiente para defender en Old Trafford. El United estaba sin Best, lesionado en la rodilla, y el Partizan sin Kovacevic y Galic, quienes estaban cumpliendo el servicio militar y no obtuvieron permiso para poder viajar al partido –una vez más, otros tiempos-. Ingleses y yugoslavos se pegaron de lo lindo, pero fueron estos quienes se salieron con la suya. Tocaba viajar a Bruselas.</p>
<blockquote><p>Bruselas esperaba a Inter e United, pero se encontró a dos invitados sorpresa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">El Madrid volvía a Bruselas, donde ya había jugado ese año contra el Anderlecht, y donde ya los padres del invento habían ganado la Tercera Copa de Europa ante el Milan ocho años antes. Sin Best presente, los once españoles que conformaban el equipo más habitual de los blancos pasaron a la historia al fotografiarse con pelucas estilo Beatles. Nacían así <a target="_blank" href ="http://as01.epimg.net/futbol/imagenes/2016/05/19/primera/1463617214_041909_1463617289_noticia_normal.jpg"><i>«los Ye-yes»</i></a>, apodo que haría fortuna y les acompañaría por el resto de sus carreras. Eran un grupo de amigos, jóvenes, que por casualidades de la vida habían hecho una gira por Europa todo ese año. Faltaba el gran concierto. El once sería el habitual, con Amancio ya asentado en el centro del ataque junto Grosso y Serena ocupando la banda derecha. A cada partido intercambiaban menos sus posiciones. Gento estaría en la izquierda, jugando su octava final, mientras Araquistáin seguía siendo titular en la portería tras la lesión de Betancort. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_left">Vasovic fue clave en el Ajax de Johan Cruyff</span>Los yugoslavos, que habían entrado en la competición sin hacer ruido, pero que avanzaron rondas a ritmo de carga, sí contaban esta vez con Kovacevic y Galic, a quien los generales habían dado un permiso para viajar a Bruselas. Allí estarían, en el mediocentro y la delantera respectivamente. También estaba Soskic, portero de nivel mundial que había jugado con el XI FIFA en el Centenario de la Federación inglesa y por supuesto estaban también Jusufi, que intentaría controlar a Amancio y uno de los mejores líberos de todos los tiempos, Velibor Vasovic. Este era un jugador de tremenda inteligencia, que tras la final fichará por el Ajax y se convertirá, junto a Cruyff, en la piedra angular en la construcción del <i>«Fútbol Total»</i>. Casi nada. </p>
<p style="text-align: justify">Soskic, que ya se había enfrentado a Gento diez años antes, en la primera edición de la Copa de Europa, tuvo <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=QqADeZSHjTQ">una primera parte plácida</a>. Ambos equipos se medían y había bastante miedo. El guardameta yugoslavo solo tenía que estar atento a los balones colgados sobre su área, algo en lo que era muy bueno. Kovacevic, seguramente por no perder sus costumbres castrenses, aplicó todo un curso de llaves y técnicas cuerpo a cuerpo al pobre Velázquez, que hubiese disfrutado de su compañía incluso si hubiera decidido ir al baño. Galic fue un dolor de muelas para De Felipe y Zoco, pero la primera parte acabó sin goles. Poco duró, ya que apenas empezado el segundo tiempo, Galic ganaba el enésimo duelo aéreo y Vasovic, quien si no, adelantaba al campeón de Yugoslavia y ponía las cosas muy cuesta arriba para el Madrid. </p>
<p style="text-align: justify"><span class="pullquote_right">Gentó dejó su último gran acción en el Real</span>El gol pareció aturdir al conjunto blanco, que tardó varios minutos en reaccionar, mientras los yugoslavos se venían arriba. Alrededor del minuto 70, y aprovechando un córner lanzado por el Partizan, Manolo Sanchís se hacía con la pelota y la enviaba para Grosso, quien habilita a Amancio. El gallego, asumiendo la responsabilidad como llevaba haciendo todo el año, avanzó con el esférico hacia dos defensas yugoslavos, superando al primero y volviendo del revés al segundo con dos recortes en medio metro y batió a Soskic, que había iniciado la salida, con un disparo raso y cruzado. Era el golpe que el Madrid necesitaba para cambiar el encuentro. Apenas sin tiempo para retomar su ritmo, Gento protagoniza la enésima internada por su banda, su centro lo despeja de puños Soskic, pero el balón cae al borde del área, donde Serena lo recoge y suelta un zapatazo que se cuela por la escuadra del equipo de Belgrado. </p>
<p style="text-align: justify">Era la Sexta. La única para esa generación. </p>
<p style="text-align: justify">Suficiente para tener al menos una copa para brindar con papá.</p>
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		<title>Napoleón ganó en Waterloo</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Dec 2012 03:10:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[l sur de Bruselas, sobre la hierba verde de una llanura en la retaguardia del bosque de Soignes, media Europa uniformada y armada con sus sables tumbó del corcel a Napoleón Bonaparte. Los ejércitos imperiales salieron corriendo por la primera gatera que se puso delante cuando ya no quedaba nada a mano con lo que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">A</span>l sur de Bruselas, sobre la hierba verde de una llanura en la retaguardia del bosque de Soignes, media Europa uniformada y armada con sus sables tumbó del corcel a Napoleón Bonaparte. Los ejércitos imperiales salieron corriendo<span id="more-38713"></span> por la primera gatera que se puso delante cuando ya no quedaba nada a mano con lo que resistir a ingleses, holandeses y prusianos. Artilleros, infantería y caballería, dio igual. Los franceses se quedaron allí desnudos y ensangrentados, sin mariscales ni cañones. Y los que sobrevivieron y pudieron se dieron la vuelta para París. Esa llanura <a target="_blank" href ="http://www.jotdown.es/2011/10/waterloo-la-batalla-que-napoleon-pudo-ganar-i/">era Waterloo</a>, el fin de un revolucionario con trono y corona, un corso que dominó los mapas, las estrategias militares y la corte con una astucia genial. En su carrera hacia Holanda, Napoleón no llegó a Bruselas por unos pocos kilómetros.</p>
<p style="text-align: justify">Al norte de esa ciudad, mucho tiempo después, sobre más hierba verde, en el estadio de Heysel, el Anderlecht, club de ascendencia real y de las élites de esa zona de Bélgica, comenzó a fraguar su leyenda de gran faro del fútbol belga. Los últimos años 70 y los primeros 80 le dieron categoría en Europa.<span class="pullquote_right">Antes de sus éxitos en los 70, el Anderlecht encontró en Sinibaldi a un revolucionario</span> Ganó dos Recopas (1976 y 1978), fue finalista en otra (1977), levantó una <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=SbScs0G77vA">Copa de la UEFA (1983)</a> y rozó una segunda (1984), un ciclo que, sin embargo, no pudo redondear con un dominio en Bélgica. En su liga doméstica, el Brujas y el Standard de Lieja marcaban la cabeza. Fue en Europa donde el Anderlecht escribió las letras de oro de su historia. Hans Croon, Urbain Braims, Raymond Goethals, Tomislav Ivic y el legendario Paul Van Himst fueron los entrenadores que llevaron las riendas de ese caballo ganador. Pero más que de hombres, se trataba de emociones e identidad, de una cultura, de un club levantado principalmente por dos presidentes entregados y con una visión amplia del fútbol belga: Albert Roosens y Constant Vanden Stock. Entre los dos dirigieron el Royal Anderlecht desde 1951 a 1996. Roosens fue quien abrió la puerta a un francés procedente del banquillo de la selección de Luxemburgo. Era un entrenador desconocido, pero entusiasmado con sus ideas. Se llamaba <a target="_blank" href ="http://es.wikipedia.org/wiki/Pierre_Sinibaldi">Pierre Sinibaldi</a> y era corso. Él sí que entró en Bruselas. Y, cuando salió, había construido uno de los equipos más modernos, innovadores y refrescantes de los años 60. Lo consiguió a golpe de revolución táctica y con una novedad aplastante en aquella época: la trampa del fuera de juego. </p>
<p style="text-align: justify">Sinibaldi, nacido en una villa al norte de Córcega, había crecido como futbolista en <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/06/la-francia-de-le-carre/">el mítico Stade de Reims</a> de los primeros años 50, aquel equipo burbujeante y musical comandado por Álex Bateaux y su <i>fútbol champán</i>. Appel, Glovacki, Kopa, Sinibaldi y Meano compusieron su formidable delantera, algo antes de los tiempos de Fontaine y Piantoni. Sinibaldi era un tipo con gol, máximo artillero en Francia en 1947 y, cuando se retiró, sus inquietudes crecieron en torno a un fútbol semejante al de Reims, ofensivo, alegre y diferente. Era un gran estudioso. Viajaba por Europa, se alimentaba de partidos y seguía al detalle cualquier novedad táctica. Su mesa de ensayos fueron el humilde Perpignan y la insignificante selección luxemburguesa. Tampoco pudieron evolucionar mucho sus planteamientos en eso equipos. No tenía experiencia, pero el Anderlecht detectó algo: un carácter ambicioso y rompedor. A él mismo le gustaba recordar cuáles eran sus escuelas: <i>“Primero, el juego del Stade de Reims. Luego, tuve debilidad por el gran equipo húngaro de Puskas, Lorant e Hidegkuti. Y también recogí cosas del Brasil de Vava, Garrincha, Didi y Pelé”</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Su ideario quedó definido tras la Copa del Mundo de Suecia 1958. De los Magiares Mágicos absorbió sus fundamentos técnicos y estilísticos. Y del Brasil campeón de Vicente Feola, tomó la marca táctica, el 4-2-4 que se había desarrollado en el país sudamericano con entrenadores como Zezé Moreira, Fleitas Solich, Martim Francisco<span class="pullquote_left">Sinibaldi trazó un 4-2-4 con una defensa tan adelantada que así ahogaba al rival</span> y el húngaro Bela Guttman. Sinibaldi fue pionero en importar ese modelo de juego. Por entonces la WM era un sistema casi universal, salvo <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/11/historia-del-catenaccio-antecedente/">los amagos <i>catenaccistas</i></a> del Calcio o la herencia de la corriente danubiana, representada por Hungría y su WW, con Hidegkuti poniendo la semilla de la posición de mediapunta creativo. Sinibaldi organizó el Anderlecht en 4-2-4. Pero no fue su única novedad. De su pizarra surtió una defensa avanzada de cuatro hombres perfectamente alineada sin el balón y con varios metros a la espalda. Aislaba al rival en su campo y lo condenaba a caer por el desfiladero que se abría tras la retaguardia. Sinibaldi sistematizó así la trampa del fuera de juego. Aquello, como todo aire nuevo, se atragantó en varias gargantas y a Sinibaldi le vomitaron críticas y críticas porque paralizaba demasiado el juego. La realidad es que el Anderlecht se convirtió en un tirano. Acariciaban la pelota, respetaba el juego a un toque, imprimía velocidad, pasaba en corto, se volcaban en ataque… El metrónomo en aquella sinfonía era <a target="_blank" href ="http://www.lacancha.com/Paul_Van_Himst.html">Paul Van Himst</a>, el Pelé Blanco, uno de los belgas con más talento bruto de la historia. Los goles venían de los colmillos de Wilfried Puis o Jacques Stockman. Y a medias quedó Laurent Verbiest, un central a quien se comparaba con Franz Beckenbauer por su elegancia, autoridad y desplazamiento. Murió en 1966 en un accidente de tráfico. La reputación de aquella generación la completaban otros como Jean Plaskie, Jean Cornelis, Pierre Hanon, George Heylens, Jan Mulder, Johan Devrindt… todos internacionales en una selección belga poblada por el Anderlecht. Entre 1960 y 1966, arrasaron en su país. Ganaron cinco ligas y una copa. En Europa, no hubo títulos pero sí impacto. Su más célebre episodio fue ante el Real Madrid en la Copa de Europa de 1962. Era la primera ronda y los blancos, en su territorio favorito, funcionaban como una apisonadora. Pero Sinibaldi silenció el Santiago Bernabéu: empató a tres y esperó al Madrid en Bruselas. Ese Anderlecht era un equipo joven, osado, vivo y desacomplejado. Y Los Malvas eliminaron al Madrid, ganando 1-0 en Heysel con un gol de Jef Jurion, un delantero que jugaba con gafas y al que se le bautizó aquella noche como <i>«Míster Europa»</i>. </p>
<p style="text-align: justify">Sinibaldi abandonó el club en 1966, aunque regresó en la temporada 70-71 para llevarlo a la final de la Copa de Ferias de 1971 y perderla ante el Arsenal. Quedaba el embrión del gran Anderlecht europeo de pocos años después. Un juego ágil, entusiasta, de triangulaciones eléctricas y cariño a la pelota. Sinibaldi siguió su carrera en España, en <a target="_blank" href ="http://www.udlaspalmas.es/admin/upload/tbrowser/images/sinibaldi.jpg">Las Palmas</a> (entre 1971 y 1975), donde instaló su emboscada del fuera de juego en los mejores años del club canario. Y también entrenó al Sporting de Gijón (1975-1976). Regresó luego a Francia para jubilarse en el Toulón. </p>
<p style="text-align: justify">La historia del fútbol ha pasado de puntillas por su nombre, pero Sinibaldi adelantó muchas cosas. Fue un visionario, un gran intérprete de la herencia de los mejores equipos de los años 50 y un viento influyente en entrenadores como <a target="_blank" href ="http://www.independent.co.uk/sport/football/news-and-comment/the-father-of-total-football-who-let-his-players-run-free-6151477.html">Rinus Michels</a> y su <i>Fútbol Total</i> con conceptos como la agresividad colectiva de la línea defensiva. No fue Napoleón, pero sí otro corso revolucionario. Él ganó en Waterloo. Desplegó los mapas del fútbol y las estrategias de la pelota y tomó la hierba de Bruselas. Murió el pasado enero en Toulón (Francia) a los 87 años. Le gustaba comparar su Anderlecht con la cumbre del Arsenal de Wenger. Le gustaba hacerlo convencido, como siempre entrenó y arriesgó. Así ordenaba adelantar la línea del fuera de juego. Porque siempre lo tuvo claro: <i>“¿El líbero? Mis centrales no necesitan una niñera que ayude a los demás”</i>. </p>
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