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	<title>Ecos del Balón &#187; Grosics</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>Los últimos coletazos del fútbol romántico</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Sep 2012 01:33:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Vilariño]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[primeros de los 50, Europa hervía en partidos amistosos. Los equipos del Este de Europa, por aquello del Telón de Acero, eran todo un acontecimiento cuando viajaban por Europa occidental, y, sin lugar a dudas, la gran estrella de aquel ir y venir de encuentros era la selección húngara, una poderosa máquina de golear que [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify"><span class="dropcap">A</span> primeros de los 50, Europa hervía en partidos amistosos. Los equipos del Este de Europa, por aquello del Telón de Acero, eran todo un acontecimiento cuando viajaban por Europa occidental, y, sin lugar a dudas, la gran estrella de aquel ir y venir<span id="more-25533"></span> de encuentros era la selección húngara, una <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=vJFQ5wB9jns">poderosa máquina de golear</a> que exhibía su fútbol, mitad arte, mitad precisión inexorable, por todas partes.</p>
<p style="text-align: justify">Entre 1950, cuando reunió a su -segunda- gran generación de jugadores, y 1956, cuando los tanques de la Unión Soviética entraron en Budapest porque a los comunistas soviéticos les pareció que los comunistas húngaros no eran todo lo comunistas que a ellos le gustaría que fueran, aquella tremenda selección encadenó una serie de resultados casi irrepetible: 49 partidos, 42 victorias, 6 empates y una sola derrota. Bien es verdad que la derrota vino a producirse en el partido menos conveniente: <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=Fr9Emwh7aEc&#038;feature=related">la final de la Copa del Mundo</a> contra Alemania en el Wankdorf Stadion de Berna. Pero fue considerada un accidente. De hecho, tras ella, los Magiares Mágicos siguieron apisonando a sus rivales como lo hacían antes de la trágica final contra los hombres capitaneados por Fritz Walter, mientras estos seguían vomitando y sufriendo de hepatitis e ictericia por lo que quiera que fuese el contenido de las <a target="_blank" href ="http://www.smh.com.au/articles/2004/04/01/1080544635018.html?from=storyrhs">jeringuillas</a> encontradas por Walter Brönnimann –delegado del estadio- en su vestuario tras la final.</p>
<blockquote><p>La aparición del fútbol socialista revolucionó un mundo dominado por la WM inglesa.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Tenían los húngaros un equipo repleto de talento, con jugadores excepcionalmente dotados para jugar en cada una de las posiciones  del campo. Casi casi contaban con el mejor jugador del globo en cada posición, y ninguno de ellos estaba considerado por debajo de los 5 mejores, desde el guardameta hasta el centrodelantero.<span class="pullquote_right">Los hungaros no sólo eran los mejores, sino también fueron los más innovadores gracias a Gusztav Sebes</span> Eran además innovadores, gracias a un visionario como <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/classicfootball/coaches/coach=61688/index.html">su entrenador Gusztav Sebes</a>, y entrenaban de una manera que nadie había visto hasta entonces. Todo estaba controlado al milímetro, y en definitiva, eran lo más parecido a un equipo invencible que había existido hasta la fecha y por unas cuantas décadas más. Sebes, que no era un entrenador al uso, sino más bien una especie de Comisionado General del deporte húngaro, organizó todo el fútbol magiar en función de la selección. Cualquier jugador susceptible de ser seleccionado para el equipo nacional debería vivir en Budapest y jugar en un equipo de la capital. Así fue como equipos como <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=AXOTS2Nnrs8">el Kispest (renombrado Honved)</a>, el Ferencvaros, el Vasas o el MTK (renombrado Vörös Lobogó, <i>Bandera Roja</i>), aglutinaron a gran parte de los mejores jugadores del país. Esto fue así porque, gracias a la mediación del poderoso Sebes, todos estos jugadores que estaban en la órbita de la selección entrenaban 4 días por semana, entre 4 y 6 horas, con el equipo nacional, y sólo regresaban a sus clubes para las jornadas de liga en el fin de semana. Obviamente, dado el carácter <i>amateur</i> del fútbol en el mundo comunista, estos horarios de entrenamientos exigían que los jugadores fuesen también dispensados de sus diferentes ocupaciones laborales. Todo muy entre comillas, entendámonos. Además, no contento con esto, Sebes contaba en el organigrama de la selección nacional con algunos de los mejores entrenadores del campeonato local, como Marton Bukovi. Duros entrenamientos a nivel físico, jugadas y movimientos preconcebidos, inicios de las estrategias a balón parado… los Magiares Mágicos iban 10 o 15 años por delante allá en los 50.</p>
<p style="text-align: justify">Esta línea de innovación y talento comienza ya desde la portería. <a target="_blank" href ="http://quefuede.blogia.com/2010/041401-quien-fue...-gyula-grosics.php">Gyula Grosics</a> era un guardameta excepcionalmente ágil, con un físico privilegiado y que gustaba jugar fuera de su área, al contrario de lo que se estilaba en la época. Fue el precursor del portero-líbero. Poseía un juego con los pies más que aceptable, y la manera en que su defensa jugaba, con laterales muy ofensivos y centrales adelantados no le dejaba muchas más opciones. Los enormes defensores eran Geno Buzansky, Gyula Lorant y Mihaly Lantos, tres hombres de tremenda corpulencia, especialmente el primero,  siendo Lantos una especie de carrilero con cuerpo de central -¿Briegel?- que marcó muchos goles para la selección. Les acompañaba, como central nominal, Jozsef Zakarias, que era un jugador que partía desde la defensa, pero al que era habitual ver paralelo a Bozsik en el centro del campo. Sería una de las claves del equipo húngaro, ya que cuando Hidegkuti bajaba al medio había 3 hombres, de tres perfiles totalmente diferentes, que le permitían al equipo de Sebes controlar la zona ancha. En el mediocentro contaban con el <a target="_blank" href ="http://www.myfootballfacts.com/JozsefBoszik.html">número 1 del mundo, Jozsef Boszik</a> (sólo Pipo Rossi, el argentino que dirigía a “La Máquina” de River y posteriormente al famoso Millonarios de Bogotá –Pedernera, Di Stefano-, podía disputarle el puesto), un jugador de excepcional visión de juego y físico de acero, capaz de dominar él solo el medio campo.</p>
<p style="text-align: justify">La delantera contaba con el genio y <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=qU7LzHoCspU">la dinamita de Ferenc Puskas</a>, el mejor goleador del siglo (84 goles en 85 partidos internacionales), el prodigioso remate de cabeza de <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=y_TS2a1rYHo">Sandor Kocsis</a>, el regate de Zoltan Czibor, la calidad y velocidad<span class="pullquote_left">La gran movilidad de su delantera desarbolaba cualquier defensa o esquema táctico</span> de hombres como los hermanos Budai y Peter Palotas, y sobre todo con el prototipo de delantero centro moderno, que se mueve por todo el frente de ataque, baja a recibir, etc, que sería clave en el estilo de juego de la escuela del Danubio: Nandor Hidegkuti. Era un conjunto de ataque al estilo del Fútbol Total de veinte años después, tan pronto aparecían como Budai-Kocsis-Hidegkuti-Puskas-Czibor (sus posiciones lógicas), como Czibor-Budai-Puskas-Kocsis-Hidegkuti, lo que en una época en la que se estilaba el marcaje al hombre, desarbolaba cualquier defensa y cualquier esquema táctico. Ni que decir tiene que el movimiento más devastador para los equipos contrarios era aquel en el que Hidegkuti, como ya hacía en el MTK a las órdenes de Bukovi, retrasaba su posición hasta el centro del campo, sembrando la confusión entre los hombres que, en la rígida WM, debían marcarle.</p>
<p style="text-align: justify">En definitiva, este equipo es el embrión del 4-2-4 que luego aplicaría tan exitosamente la selección brasileña, gracias a Vicente Feola. Un entrenador que aprendió mucho durante el paso de Bela Guttmann por Brasil. Un Bela Guttmann que, antes de <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/04/de-muchos-uno/">convertirse en leyenda con el Benfica</a>, trabajó para el Sao Paulo en Brasil y, efectivamente, viajó muchas veces a su país –entrenaba en el extranjero- para trabajar en la concentración de la selección húngara durante esas interminables semanas laborales en Budapest. Sin olvidar que fue el descubridor de Puskas, y entrenador del Honved.</p>
<blockquote><p>La consagración internacional del Aranycsapat –equipo de oro- llegó en su visita a Wembley.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Con estos mimbres y este estilo de juego, los húngaros impusieron su calidad en los Juegos Olímpicos de Helsinki, en 1952, tras derrotar a una gran selección yugoslava, y pasearse durante el resto del torneo. Los objetivos propagandísticos de Sebes y el gobierno húngaro empezaban a cumplirse. Pero nada fue tan decisivo para su paso a la historia como el 25 de noviembre de 1953. Los húngaros estaban ya metidos en una racha de 3 años sin perder, y su fama empezaba a cobrar tintes legendarios. Un poco al estilo de lo que había sucedido con <a target="_blank" href ="http://www.elenganche.es/2009/10/equipos-historicos-el-wunderteam-austriaco.html">el Wunderteam austríaco 20 años antes</a>. Así que, para completar el paralelismo, los ingleses, altivos inventores del juego se habían atrevido a desafiar a Hungría en su Empire Stadium de Wembley (ese que entregaron sin piedad a la piqueta no hace tanto). Hasta entonces, desde el comienzo del fútbol, ninguna selección continental o americana había logrado derrotar a los <i>pross</i> en su propio campo. Además, contaban con un gran grupo de jugadores como Stanley Matthews, Billy Wright, Stan Mortensen, Nat Lofthouse, Tom Finney, Alf Ramsey… un equipazo sin duda, pero sobre el que ya se cernían ciertas dudas de su dominio, tras el ridículo espantoso que había hecho en el Mundial de Brasil &#8217;50.</p>
<p style="text-align: justify">Esa gris tarde-noche de noviembre –cuál no lo es en Inglaterra-, Hungría los derrotó. ¡Vaya si lo hizo! <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/wembley-1953-inglaterra-hungria/">Los Magiares Mágicos pasaron como un ciclón por Wembley</a> y desde el primer minuto, cuando anotaron el 0-1 –merced a un maravilloso amago de Hidegkuti, seguido de un cañonazo a la escuadra- hasta el 90,<span class="pullquote_right">«El partido del Siglo», así tituló The Times a la brillante goleada de Hungría a Inglaterra en su amado Wembley</span> no hubo dudas de quién mandaba en el fútbol mundial. 3-6, a pesar de un arbitraje compasivo que salvó a los ingleses de un descalabro mayor. Hidegkuti arrastraba a su marcador por todo el campo –o no, lo cual era aún peor, ya que nadie sabía quién debía acudir a cubrirle-, los húngaros aparecían por todas partes, entrando como cuchillo en mantequilla en la </i>sólida</i> defensa inglesa y los goles caían como churros en la red de un desesperado Gil Merrick. La culminación de esta lección fue el primer gol de Puskas: recibiendo el balón en la esquina del área pequeña, pisó la bola burlando la entrada del considerado mejor central del mundo y capitán inglés, Billy Wright, y con esa misma pierna sacó un cañonazo ante el que el guardameta inglés nada pudo hacer. The Times tituló a la mañana siguiente a toda página: <i>“THE MATCH OF THE CENTURY”</i>. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=m3Oy10qBkEc">El partido del siglo</a>, vaya. Los demás partidos del siglo, que a razón de media docena por año y país hemos ido conociendo, son falsificaciones. El viaje de vuelta de los húngaros desde la estación de Victoria en Londres hasta la capital húngara fue un homenaje contínuo: en Holanda, en Suiza, en cada estación de tren debían bajarse, saludar, firmar autógrafos, recibir flores… ¡¡¡Europa les amaba!!!</p>
<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=R1HDNHXpzXU&#038;feature=player_embedded">Los ingleses, heridos en su orgullo</a>, pidieron la revancha, y los húngaros, aceptaron. Sería poco después, pero esta vez en el Nepstadion de Budapest, la guarida del lobo. La revancha fue de todo menos eso. Uno tras otro los goles cayeron en el saco, hasta un 6-0 que humillaba aún más al equipo de los Tres Leones, al que un penalti inexistente permitió marcar el gol del honor, por medio del delantero Ivor Broadis. Como la cosa no podía quedar así, los irrespetuosos magiares añadieron aún otro gol más. 13 goles se habían llevado los <i>maestros</i> en dos partidos. Una pesadilla. Tras estos dos partidos, hubo aún dos más donde el <i>futbol socialista</i>, como lo había bautizado Sebes, demostró su hegemonía. Viajaron a Hampden Park para meterle 4 a los orgullosos escoceses y luego el Honved recibía en Budapest al fantástico <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=--xBaK8czRM">Botafogo brasileño</a>, donde jugaban Garrincha y Nilton Santos, al que agasajó con 6 goles.</p>
<p style="text-align: justify">Por todo esto, cuando en diciembre del 54, el Wolverhampton Wanderers -los Wolves para los amigos-, campeón inglés,  recibía en su estadio de Moulineaux Grounds al Honved (el equipo madre de los Magiares Mágicos), toda Inglaterra vio la oportunidad<span class="pullquote_left">Tras ganar al Spartak de Moscú, Inglaterra esperaba la revancha frente al Honved</span> de sacudirse un poco ese complejo que los húngaros le habían inculcado a base de goles. Poco antes, los Wolves, como preparación para este partido, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=c5mzKOxKGk4">habían derrotado al reputado Spartak de Moscú</a>, a la sazón, campeón del potente campeonato Soviético. Ya esta victoria contra el Spartak fue vista como una pequeña venganza y demostración de fuerza, porque diez años antes, el Dinamo de Moscú que tenía como estrellas a Konstantin Beskov –otro de los precursores de la figura del falso 9, y posteriormente seleccionador soviético- y a Alexei <i>el Tigre</i> Komich -un porterazo que mantuvo años a su sombra a Lev Yashin-, había hecho una gira demostrando grandes cosas a los mejores equipos ingleses, especialmente al Chelsea. De todos modos, no convenía lanzar las campanas al vuelo, porque lo que se venía era el Honved, y la cosa podía acabar con una enorme callada de boca.</p>
<p style="text-align: justify">Ese 13 de diciembre, cuando el Honved saltó al estadio inglés y se puso 0-2 en ventaja, Inglaterra contuvo la respiración. ¿Una nueva humillación? No podrían resistirlo. Era una ocasión especial, se estrenaba la iluminación artificial en el estadio, los Wolves vestían camisetas de una tela brillante para dar una imagen casi celestial en televisión –en combinación con el resplandor de los focos-… Algo había que hacer… y lo que se hizo fue un manguerazo histórico. Así, en  una segunda parte apoteósica, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=CxoI4AjgokU">los Wolves de Billy Wright remontaron y ganaron 3-2</a>. <i>Kick and rush, kick and rush</i>. La prensa inglesa reventaba en titulares a la mañana siguiente: <i>“WONDERFUL WOLVES DO IT AGAIN!”, “WOLVES THE  GREAT!”, “THEY HAD THE NELSON SPIRIT”, “NEVER A GAME LIKE IT”</i>… A raíz de las declaraciones post-partido del presumido Wright, el Daily Mirror proclamó al Wolverhampton como el campeón de Europa -y del mundo-, ya que había vencido sucesivamente al Spartak y sobre todo al invencible Honved, que a equipos de todo el globo derrotaba.</p>
<blockquote><p>Nadie suponía que aquel bendito manguerazo y aquellos focos alumbrarían el nacimiento de la más bella de las competiciones.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Pero al otro lado del Canal de la Mancha, <a target="_blank" href ="http://cuatro33.files.wordpress.com/2011/11/articulo.png">Grabiel Hanot, el director de L’Equipe</a>, escribió un artículo de respuesta en el que, además de demostrar su respeto a la hazaña del Wolverhampton, le recordaba que sus victorias habían sido en casa, y que no estaba tan seguro de que fuera de su estadio fuesen igual de fuertes. El artículo tuvo éxito, y el propio Hanot siguió desarrollando su idea en escritos posteriores: una competición entre campeones de liga a doble partido, entre semana y en festivos, siempre nocturnos,  para que la gente pudiese acudir y una final a un solo partido y muchos otros aspectos, que, poco a poco, configuraron la Copa de Europa.</p>
<p style="text-align: justify">Se realizaron sucesivas reuniones, con periodistas, con presidentes de clubs europeos y con la propia UEFA, que vio inmediatamente que no se podía quedar fuera de tamaño proyecto. Bernabeu fue decisivo al dar un paso al que nadie se atrevía: el reparto mitad y mitad de las taquillas. Él, que tenía el estadio más grande de Europa, y evidentemente salía perdiendo, decidió sacrificar algo de dinero a favor de una gloria futura que el patriarca de Almansa parecía oler. Tras diversas negociaciones, algunas de ellas complicadas, ya que hubo federaciones como la FA inglesa que no permitió a su campeón –el Chelsea- participar,  se llevó a cabo el primer campeonato, en 1956, que acabaría, <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=maC5WoYrFbI">como los 5 primeros</a>, con victoria del Real Madrid, y con un éxito brutal a ambos lados del Telón de Acero.</p>
<p style="text-align: justify">A pesar de que en principio la UEFA también organizó una competición paralela entre selecciones de ciudades con grandes ferias comerciales, la <a target="_blank" href ="http://europaenjuego.wordpress.com/historia-de-la-copa-de-ferias/">Copa de Ferias</a>, cerrada, excesivamente larga y mal organizada, aunque bastante atractiva, la idea de L’Equipe y algunos de los grandes clubes europeos, fue la que triunfó y se convirtió en la más importante competición del Viejo Continente, mientras la Copa de Ferias se acabaría transformando en la Copa de la UEFA. Así, gracias a una serie de circunstancias, de casualidades y de rivalidades, se llegó a la <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=QBeFCfzlmyQ">competición de clubs que más expectación levanta</a>. En un tiempo difícil sirvió para ayudar a la vertebración de una Europa que aún sufría las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y que unía por igual a democracias y dictaduras, repúblicas, monarquías y regímenes comunistas en la pasión por el balón. Además, con el paso de los años, nos ha descubierto a equipos, ciudades, jugadores, estadios, etc que siempre permanecerán en nuestras memorias y abrió, definitivamente, las puertas al fútbol de competición, profesionalizado y serio que conocemos actualmente.</p>
<p>&#8211;<br />
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<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/wembley-1953-inglaterra-hungria/">Wembley 1953: Inglaterra &#8211; Hungría</a><br />
<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/el-plan-revie-manchester-city/">El Plan Revie, cuando el City sacudió Inglaterra</a></p>
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		<title>El Plan Revie, cuando el City sacudió Inglaterra</title>
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		<pubDate>Wed, 23 May 2012 01:40:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Chema R. Bravo]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span class="dropcap">D</span>e todos los análisis que han cruzado de punta a punta al Manchester City como una máquina de rayos equis, pocos, con razón geométrica, suelen hablar de este equipo como algo demasiado especial o memorable. Roberto Mancini es como un<span id="more-12053"></span> saco de boxeo en un garaje: por más que lo embistes, más te cansas de él. Pero no hablaremos de Mancini, no, sino de ese color celeste que, mucho tiempo después, ha acabado fundiéndose con el cielo de Manchester. El City siempre permaneció nublado por el enrojecido poderío del United, con un par de guiños por aquí, alguna FA Cup por acá y cierta Recopa por allá. Pero poco más de miel en el paladar y éxitos en la vitrina. Poca plata y mucha hojalata. Esto ha cambiado. Al otro lado de la ciudad, está ahora el United, ya no está el City ni sus lágrimas. De eso se ha encargado el jeque de todos los jeques. Libra a libra, ha conseguido que el Manchester City tenga cosas que decir en el gran escenario británico. Comenzó hablando en las listas de traspasos con más ceros de Europa y ha acabado en eso, con una Premier League sacada de lo más profundo del minutero, con más agobios de los necesarios, pero hablando en el césped. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/merecen-descansar/">De eso se trataba, de los triunfos</a>. De la dimensión de su juego… Sobre eso, corremos la cortina. El City de Mancini es un agitado elemento de debate. Hay victorias y eso parece suficiente, más en un club con la tradición bombardeada de tristezas y ciertos complejos, un club atrincherado en Manchester y con excesiva propensión a los dogmas británicos. Pero hubo un tiempo en el City en el que el orgullo no emanaba de las victorias, sino del juego. Fue hace bastante, en los años cincuenta, cuando el club encabezó un genuino movimiento contestatario dentro del fútbol inglés. Aunque no se lo crean, el City fue un cuerpo revolucionario. </p>
<blockquote><p>El City de hoy agita el debate como aquel City que se creyó húngaro
</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">A Inglaterra, <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/wembley-1953-inglaterra-hungria">Hungría le había reventado en 1953</a> la doctrina, el orgullo y casi 30 años de historia. Le hizo añicos la WM con un estilo de juego luminoso, atractivo, rompedor y rebosante de frescura e innovación.<span class="pullquote_right">La crisis de pensamiento fue imponente. Pero Inglaterra siempre fue demasiado insular, arrogante y exclusiva</span> Era un viento nuevo el de aquellos Magiares Mágicos de Puskas, Hidegkuti, Zakarias, Grosics, Koscis… Esa derrota de Wembley convulsionó Inglaterra. Todo el fútbol británico comenzó a hacerse preguntas… Bastó esa colosal derrota, la primera en casa ante una selección continental, para que un escalofrío recorriera el país. La crisis de pensamiento fue imponente. Pero Inglaterra siempre fue demasiado insular, arrogante y exclusiva. Su aislacionismo es un componente de su carácter, ya sea ante el fútbol o ante la vida. Los ingleses eran los fundadores del asunto y ellos serían los encargados de establecer el modelo de discurso. El poderío en casa, dentro de ese impermeable futbolístico, les había marchado bien hasta aquella tarde de dinamita húngara. Cuando parecía que se iba a abrir entonces la puerta del fútbol para que entrara ese viento continental, muchos la cerraron a la primera brisa: el juego individual, atlético, rígido, simplista y reservón de la WM permaneció allí. Pero quedó una rendija: el Manchester City.</p>
<p style="text-align: justify;">Les MacDowall, un escocés, cómo no, al que le apasionaba dibujar se bebió un trago de aquella escuela húngara. Y se dijo: <i>“¿Por qué no hacerlo”</i>. Miró a Don Revie, su delantero, y vio a Hidegkuti. <span class="pullquote_left">Lanzó una pelota al suelo y vio que era posible dejar de mirar a las nubes o a los wings</span>Lanzó una pelota al suelo y vio que era posible dejar de mirar a las nubes o a los wings: había que hablar de otro modo, con un idioma transgresor. Ese discurso era el Plan Revie. En la Inglaterra del salto de década entre los 40 y los 50, la cultura del winger- oriented style y la WM funcionaban como doctrina indisoluble: extremos rápidos y resistentes, interiores atléticos y sin relieves, y un delantero con anatomía y comportamientos de carro blindado. La cosa era simple. A Inglaterra le iba bien así: había ganado en 1948 en Turín a la imponente Italia de Pozzo, Valentino Mazzola y Ezio Loik y mantenía intacta su eficacia como local ante el asalto de las selecciones continentales. El naufragio en la <a target="_blank" href ="http://es.fifa.com/worldcup/archive/edition=7/overview.html">Copa del Mundo de 1950</a> –la primera con Inglaterra- y aquellas derrotas ante Estados Unidos y España en el torneo avivaron las primeras sospechas sobre el modelo inglés. El cataclismo ante Hungría (3-6 y 7-1 en la ‘revancha’ de Budapest) acabó por cuestionarlo, también desde dentro de los resortes del fútbol británico.</p>
<p style="text-align: justify;">Les McDowall, nacido en la India e hijo de un misionero escocés, llevaba tres años en el Manchester City (donde había dejado huella como futbolista) cuando en 1953 lanzó un pulso cultural. Por aquellos años, Inglaterra carecía de un equipo tiránico o una rivalidad dominadora como la de Arsenal y Everton en los treinta. El Porstmouth de Bob Jackson, el Blackpool de Matthews y Mortensen, las primeras puntadas del Manchester United de Matt Busby con Edwards, Viollet y Charlton o el Wolverhampton de Stan Cullis representaban la elite con un juego de notas y tradiciones inglesas. Solo otro equipo puntero aquellos años, campeón de liga de 1951 tras ascender de la Second Division, se había despojado, aunque tímidamente, de los corsés británicos: el Tottenham de <a target="_blank" href ="http://oncecontraonce.wordpress.com/category/arthur-rowe/">Arthur Rowe y su innovador <i>Push and Run</i></a>, un sistema de fluidas transiciones basado en paredes y triangulaciones. </p>
<p style="text-align: justify;">Pero el cambio profundo lo propuso el Manchester City. McDowall convino con su delantero Don Revie, ya con las inquietudes tácticas y estilísticas que anunciaban el futuro entrenador que fue, un modelo de juego inédito en Inglaterra.<span class="pullquote_right">Al igual que Hidegkuti en Hungría, Revie componía la piedra angular de ese nuevo entramado</span> <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2009/08/filogenesis-blanca-vii/">Al igual que Hidegkuti en Hungría</a>, Revie componía la piedra angular de ese nuevo entramado. Era un delantero habilidoso, con golpeo lejano, astuto, técnico, con buena circulación y más visión que hábitos goleadores, así que McDowall lo retrasó hacia el espacio tradicional de los interiores –inside forwards- británicos y articuló un sistema en torno a él. El esquema base seguía conservando la figura de la WM, con el matiz del delantero, más atrasado y con los interiores adelantados hacia el ataque, algo parecido al 3-2-3-2 (WW). Pero la idea había cambiado en profundidad: en lugar de volcar el juego al exterior, había que hilarlo por dentro, con triangulaciones, pases cortos, apoyos y movimiento, con Revie de núcleo alimentador. Había nacido el primer falso nueve –o si lo prefieren, el primer mediapunta- del fútbol inglés. <i>«Mantener la pelota en el suelo y mantenerla en movimiento. Si está en el aire bajarla y usarla. Mantener la posesión todo lo que se pueda»</i>, exigió a sus futbolistas McDowall, cuyo detallismo táctico se atribuía a su pericia y devoción en el dibujo. </p>
<p style="text-align: justify;">El modelo se implementó por primera vez en el equipo reserva del Manchester City de la temporada 1953-1954. La decisión funcionó y el Plan Revie se mantuvo invicto en los últimos 26 partidos de la temporada. El nombre del sistema había salido de la pluma de Eric Thornton, periodista del Manchester Evening News. <span class="pullquote_left">El portero Bert Trautmann revolucionó la posición por su lectura del juego y su distribución con el pie</span>En el verano siguiente, McDowall anticipó dos semanas los entrenamientos para experimentar ya con la plantilla principal. Usaron la nueva propuesta en el partido inaugural de la temporada 1954-1955 y el Preston North End les abrasó con un 5-0. Claro, los tabloides y los poderes del fútbol inglés sacaron la guadaña. El Manchester City recibió muchos más azotes que Mancini en un domingo cualquiera. El analista y defensor de las esencias del juego directo Charles Reep y el entrenador Stan Cullis nunca dejaron de objetar las propuestas como esa, tan cercanas al estilo húngaro, del que siempre relativizaban su eficacia. Pero el Plan Revie se levantó. McDowall afiló el modelo incluyendo como centrocampista interior a Ken Barnes, volante enérgico e inteligente y reparó la moral de unos futbolistas aún incrédulos. Las victorias ante el Sheffield United (5-2) y en el derby frente al Manchester United (3-2) dispararon al City: se posicionó por el título de liga y se metió en la final de la FA Cup. McDowall reforzó el ataque con el delantero Bobby Johstone (Hibernian), pero los campos embarrados del invierno inglés y las lesiones de hombres indispensables como el lateral derecho internacional Jimmy Meadows lo frenaron en el séptimo puesto final. En la FA Cup, el Newcastle les privaría del título (3-1), aunque el Plan Revie se había consolidado como alternativa posible en Inglaterra: Revie fue nombrado Futbolista del Año y alcanzó la internacionalidad. El Manchester City tenía su identidad. La libertad de Revie era el motor de un engranaje en el que resultaban esenciales otras muchas piezas. <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/fiebre-maldini-trauttman-el-valor-de-la-experiencia">El portero, el mítico prisionero alemán naturalizado británico, Bert Trautmann</a>, revolucionó la posición por su lectura del juego y su distribución con el pie, como Grosics en Hungría. Aquello cimentó la base del juego y la posesión del City. Normalmente, Revie basculaba hacia la derecha y recibía un bombeado pase de manos desde Trautmann. El mecanismo se activaba: Revie tecleaba la jugada asociándose por dentro, desde su campo, con el delantero derecho, Johnstone y con el extremo Billy Spurdle. La fluidez de hilo de juego era asombrosa. Joe Hayes ponía los goles (42 en dos años). El capitán y central Roy Paul destacaba en defensa.</p>
<blockquote><p>La poética del Plan Revie fue que Revie fue su principio y su final
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<p style="text-align: justify;">Pero el temperamento y la indisciplina de Revie desarmaron el sistema. Su relación con McDowall nunca había sido buena. Castigado durante parte de la temporada siguiente, 1955-1956, y apartado de la titularidad en varios partidos, Don Revie perdió relevancia en favor de Johnstone, nuevo delantero atrasado, y del portero Trautmann. El City resintió algo su juego, pero siguió conservando su competitividad: acabó cuarto en liga y avanzó de nuevo hasta la final de la FA Cup. Ese partido encumbraría a dos futbolistas: Don Revie y Bert Trautmann. El adversario era el Birmingham City, expresión de pureza inglesa que se convirtió ese año en el primer finalista de la historia de la FA Cup sin jugar eliminatorias como local. La colisión de estilos anunció el partido. <a target="_blank" href ="http://www.youtube.com/watch?v=-isJTLLWR08">Ganó 3-1 el Manchester City, con Revie inspirado y sobresaliente.</a> Frank Swift, portero del City hasta 1949 y periodista, escribió: <i>“Revie dejó el centro del campo como una pradera”.</i> Fue el canto del cisne de Don, uno de sus mejores partidos, aunque la heroicidad quedó reservada para Trautmann. A diecisiete minutos del final, impactó con el delantero Peter Murphy y sufrió un brutal golpe en el cuello. Pese al dolor, acabó el partido. Tenía una vértebra fracturada y tres desplazadas. Había rozado la tragedia. Esa noche de celebraciones, al City le cantó Alma Cogan, la voz más cristalina y célebre de la época. Cantaba también el final del Plan Revie. Don, incompatible ya con McDowall, se marchó al Sunderland y el equipo se desmanteló en dos años. McDowall nunca encontró relevos ni recicló su metodología. Acabó engullido por el propio aparato del fútbol inglés. En realidad, ese movimiento contracultural del City tenía la misma fecha de caducidad que los futbolistas que lo edificaron. Las estructuras del balompié británico eran inabordables y el retraso técnico de sus futbolistas una limitación. Harían falta algunos años más, casi una década, para que Alf Ramsey y Matt Busby sacaran a Inglaterra del pozo ciego donde se había metido, un agujero que el Plan Revie trató de evitar. </p>
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Referencias:<br />
<a target="_blank" href ="https://twitter.com/#!/Chemaerrebravo">Twitter de Chema R. Bravo</a><br />
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<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/fiebre-maldini-trauttman-el-valor-de-la-experiencia">Fiebre Maldini: Trautmann, el valor de la experiencia</a><br />
<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/05/wembley-1953-inglaterra-hungria">Wembley 1953: Inglaterra-Hungría</a><br />
<a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2009/08/filogenesis-blanca-vii/">Filogénesis Blanca VII</a></p>
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