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	<title>Ecos del Balón &#187; Fútbol Club Barcelona</title>
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		<title>COMMENT TU T’APPELLES? JE M’APPELLE SAMUEL! #yomequedoencasa</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Apr 2020 06:14:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Jesús Paredes, preparador físico en los equipos de Luis Aragonés: «Luis me comenta que lo va a hacer porque es cuando se está creando el grupo y me dice que si no lo hace estábamos perdidos&#8230;». -«Primero!», gritó el técnico. «A mí la camiseta no me la tira nadie! Y se lo digo a todos: [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Jesús Paredes, preparador físico en los equipos de Luis Aragonés: «Luis me comenta que lo va a hacer porque es cuando se está creando el grupo y me dice que si no lo hace estábamos perdidos&#8230;».<span id="more-272057"></span></p>
<p>-«Primero!», gritó el técnico. «A mí la camiseta no me la tira nadie! Y se lo digo a todos: no me la tira nadie! No la camiseta del club que me paga. Y pudo haber un incidente más serio, porque no le di un cabezazo de milagro. ¡De milagro!»(&#8230;). No, no; míreme a la carita, míreme a la cara. ¿Se entera usted?.»</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Samuel Eto&#8217;o había bajado la cabeza. No contaba veinte años, jugaba en Primera División y su rebeldía africana, la que le valió después para erigirse como referencia competitiva, asistía a una catarsis que le situaba en el centro de la acción. Pero él bajó la cabeza. Con el paso del tiempo miraría a la cara situaciones comprometidas, pero allí bajó la cabeza porque, de algún modo, aceptaba que quien estaba clavando una pica en mitad del entrenamiento de aquel grupo de jugadores era uno como él. Era uno de <i>su</i> sangre. Y Samu, desde aquel preciso instante, comenzaría a ocupar el lugar para el que estaba destinado, siendo considerado la sangre de sus equipos, por todas las cualidades que hacen de la misma un componente tan emocional y trascendental, con sus hemorragias y su vitalidad. Que en algún momento, cualquier equipo, de ayer y de mañana, necesite un Samuel Eto&#8217;o, para después sangrar a través de él, es el gran legado de quien hoy ya se despidió del deporte que absorbió como ninguno.</p>
<p style="text-align: justify;">Para Samuel Eto&#8217;o (Duala, Camerún, 1981), conocer los códigos del vestuario y el lenguaje intransferible de un sabio como Luis Aragonés, quien trascendió algunas de sus funciones para aconsejarle a su <i>criatura</i> futbolística el paso siguiente que le tocaba dar, el club al que tenía que ir, fueron lecciones a las que después acudiría mentalmente el camerunés como inagotable fuente de energía. O más bien, como catalizadoras de todo el vigor que desbordaba a cada paso. Es en la isla de Mallorca donde Samuel Eto&#8217;o deja la impronta de un continente, donde amanece el fervor africano que tuvo siempre dentro Samuel, y donde aprende los tiempos competitivos de un vestuario y de los futbolistas; los tiempos de un contragolpe y su relación con el gol. El primer paso más fugaz, la arrancada más fulminante que ha presenciado el fútbol de este siglo, nace de un pase de Ariel Ibagaza, una conexión que, de tan icónica y letal, trató de reproducir Gregorio Manzano cuando se topó con Fernando Torres en el Manzanares.</p>
<blockquote><p>&#8211; Eto&#8217;o: «Mister, ¿qué diferencia a un buen jugador de un gran jugador?¿a qué te refieres con eso?»<br />
&#8211; Luis: «La diferencia está en la determinación. Un gran jugador busca cambiar en cualquier momento cualquier partido y eso tú lo puedes conseguir en los mejores equipos del mundo.»</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Luis Aragonés descolgó el téléfono y realizó una llamada a &#8216;Txiki&#8217; Begiristain para ponerle de frente con el que andaban buscando. El Barça venía de agarrarse al universo de Ronaldinho después de pasar por horas preocupantemente bajas, un sueño convertido en incipiente realidad en una segunda vuelta que sirvió como cimiento de un proyecto que estaba a punto de despegar, pero que no disponía de las certezas que lograría certificar el Samuel Eto&#8217;o de 23 años, un delantero salvaje que, de manera bidireccional junto al proyecto de Frank Rijkaard, puso al Fútbol Club Barcelona rumbo al firmamento del fútbol continental. Eto&#8217;o, convertido en el primer gran boxeador de área grande, fue un tipo obsesivo, de personalidad inevitable, fundamental y anhelado en todo proyecto naciente que tiene que conseguir objetivos tan ambiciosos como el de recuperar un lugar dominante en el siempre exigente mundo Madrid-Barça. El camerunés, en plenitud física y frescura mental, y con el estómago completamente vacío de grandes títulos, se pegó un atracón. Pero Eto&#8217;o no sólo revitalizó &#8216;Can Barça&#8217;.</p>
<blockquote><p>Eto&#8217;o ganará con la perspectiva del tiempo. Como &#8216;9&#8217;, entendió la posición con una energía y una frecuencia de desmarque desconocidas hasta el momento actual.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">La posición de delantero centro pasaba por un momento realmente sensacional, independientemente de lo que estaba a punto de ocurrir a nivel tanto global como posicional. Entre las grandes potencias europeas de aquel momento figuraban nombres como los de Ruud van Nistelrooy, Thierry Henry, Andriy Shevchenko, Patrick Kluivert, Ronaldo Nazario o Hernán Crespo, entre otros. De ellos se podían juntar multitud de ingredientes: olfato, mano a mano, velocidad, zancada, juego de espaldas, remate a un toque, remate de cabeza, disparo a puerta con ambas piernas. Había mucho por lo que disfrutar. Pero Samuel Eto&#8217;o estaba a punto de dinamitar el enfoque de la posición que después adoptaría el juego en su conjunto: el valor del delantero como primer hombre para la presión sobre la salida de balón y la agresividad constante, incesante, para crear espacios y después atacarlos, por toda la frontal del área y sin pararse un solo segundo. Los conceptos de presión y frecuencia, tan subrayados en el fútbol de hoy, el futuro del fútbol que vivió Samuel, personalizados en lo que después, a su manera, harían del uruguayo Luis Suárez, del portugués Cristiano Ronaldo o del español Fernando Torres modelos a imitar. </p>
<p style="text-align: justify;">Y todo ello sucede en Barcelona, la cuna del &#8216;cruyffismo&#8217;, lugar en el que poco más de 15 años antes un tal Johan irrumpió para interrumpir la forma de pensar más preestablecida. En aquel lugar, cuatro años después de la llegada del huracán Eto&#8217;o, aterriza Pep Guardiola, más que un técnico o formador, toda una corriente de pensamiento. La historia ya conocida narra un momento de máxima lucidez del técnico de Santpedor, quien suelta una bomba en forma de cambio de posición en mitad del Santiago Bernabéu, transformando a Lionel Messi, estrella emergente del proyecto, en toda una constelación de posibilidades tácticas. Una ruptura que reformula la visión global del fútbol español y mundial, también del entorno culé. Pep considera fundamental la utilización de extremos fijos en banda y la imparable progresión del argentino le impide coserle en un costado. Es en el carril central donde está la superioridad, pero también el espacio reducido y la consiguiente sensibilidad para el juego colectivo.</p>
<blockquote><p>La irrupción de Leo Messi fue vista por Guardiola como una oportunidad para construir una hegemonía que tuvo como coste la salida de Samuel Eto&#8217;o rumbo al Giuseppe Meazza</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Quizás mucho antes que la cuestión más táctica nació una diferencia de sensibilidades, sobre todo a la hora de que Guardiola pudiera encontrarle un rol que el camerunés podía entender como un paso al costado, figurada y literalmente hablando. Pep había ganado todo junto a Samuel pero había solicitado en verano un delantero centro que le permitiera multiplicar los registros y aumentara la capacidad de controlar la pelota y administrarla con un punto superior de lectura y creatividad, tanto para jugar de espaldas como para añadirse como posible centrocampista. Eto&#8217;o, al que se le recuerdan virguerías absurdas en la frontal, hacía muchas cosas con el ánimo de agredir y profundizar, mientras el argumentario del cuerpo técnico, por el que Guardiola nunca iba a negociar, tenía pensados procesos mucho más específicos y elaborados para los que Samuel era visto en un papel más secundario. </p>
<p style="text-align: justify;">Fue entonces cuando Samuel fue a parar al Inter de Milan de José Mourinho, un proyecto radicalmente opuesto, que anticipaba la llegada de las superplantillas y de una evolución en la calidad del juego que aún pervive. Fue allí donde su sombra, en el sentido más competitivo, se alargó para dar cobijo. No se puede decir que su cénit puramente competitivo, basado en la mezcla de hambre, corazón, experiencia y vivencias, se diera en la Lombardía, habiéndose conocido su lustro en Barcelona, pero sí que aquel primer año confirmó y concluyó que Samuel Eto&#8217;o guardaba una extraordinaria capacidad de análisis y adaptación a las circunstancias que completarían su relicario: un majestuoso palmarés, un monumental bagaje como competidor, una brutal gama de movimientos y un sello como embajador del triunfo. Como en los inicios del proyecto de Frank Rijkaard, el Inter de Milán necesitó un Eto&#8217;o para comenzar. Samuel, como el africano, llegó cuando se lo propuso. Y sólo con su llegada comenzó la victoria.</p>
<blockquote><p style="text-align: justify;"><i>«&#8230;los europeos creen que el tiempo es objetivo y absoluto. En África es elástico y voluble: una reunión se celebrará cuando acuda la gente&#8230;”. Ryszard Kapuscinski.</i></p></blockquote>
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		<title>La presión blanca rompió el &#8216;Clásico&#8217;</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Mar 2020 00:48:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Nunca podremos medir con un mínimo grado de rigor aquello que brota de la mente, que se cierne y se genera desde la más determinante de todas las variables que se dan en un partido de fútbol. Tendremos pistas, indicios, patrones que se pueden relacionar, pero no tendremos, nunca, certezas. Al segundo &#8216;Clásico&#8217; de la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Nunca podremos medir con un mínimo grado de rigor aquello que brota de la mente, que se cierne y se genera desde la más determinante de todas las variables que se dan en un partido de fútbol. Tendremos pistas, indicios, patrones que se<span id="more-271357"></span> pueden relacionar, pero no tendremos, nunca, certezas. Al segundo &#8216;Clásico&#8217; de la temporada, Real Madrid y Barcelona llegaron sin demasiada fortaleza de espíritu, un añadido circunstancial a los problemas derivados de sus plantillas y su juego en esta temporada actual, en una noche resuelta por fugaces y un tanto azarosas acciones que explican la dificultad del Real Madrid para relacionarse fluidamente con el gol pero a cuyo encuentro con ellas llegó desde la presión adelantada y tras pérdida, unas en las que ha ido insistiendo Zinedine Zidane este año y que en los últimos cinco partidos, sumándole la primera parte ante el Barça, venía explicando que por la cabeza del equipo corrían pensamientos que les hacían dudar del valor de esa presión en su competitividad.</p>
<p style="text-align: justify;">Como ya hemos venido comentando y observando, entre las plantillas de cada gigante español y las bajas que han acortado la posibilidad de las mismas, el techo de Barça y Real Madrid para prometer un gran partido y poder cumplirlo ha bajado sobremanera. Ninguno puede aspirar a estirar su manta hasta las cuatro esquinas, la del control, la del ritmo, la del desequilibrio y la del gol; cuando llega a una, cede una de las restantes. Por eso, más que un plan de partido buscado y deseado, la inercia llevó a Setién y Zidane a tirar de mucho centrocampista, mucho apoyo cercano y mucho &#8216;caminar juntos y pegados&#8217; sin que la punta de sus sistemas les permita cambiar el ritmo con continuidad. No se forman ataques para atacar sino diques para no abrir las líneas y que el partido se convierta en un ida y vuelta, no al menos en los primeros 45 minutos. En esa primera parte, el Barça, por resignación o por memoria, hizo del partido su habitual &#8216;clásico&#8217; encuentro en el Bernabéu: todos cerca de Busquets y a contar una historia alrededor de la hoguera, donde todos los blancos se suelen quedar dormidos.</p>
<blockquote><p>El Barça controló el ritmo de la primera mitad, uno bajísimo con el que esperó un tiro de Messi</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Fue significativa la primera circulación larga de los culés en el partido, con cada jugador blanco presionando a quien tenía la pelota, saltando continuamente a por el robo, rompiendo la continuidad defensiva. Como si pareciera la antesala de otros episodios anteriores en los que el conjunto blanco salió a gritarle a Messi, la cosa se calmó más pronto que tarde pero con el control de la pelota por parte del Barça. El Madrid bajó las revoluciones defensivas mientras el Barça bajaba las suyas con balón, asistiendo a un partido de mucho pase atrás, progresiones muy lentas, un ritmo pesadísimo y un partido tácticamente paralizado, en gran parte por las características de ambos equipos a la hora de crear sus ventajas. El Barça tuvo la pelota pero jugó a entrecerrar los ojos y ver en qué momento el Madrid se contagiaría de tan lenta circulación para perder la concentración y abrir alguna puerta. A base de cansar al impaciente y encontrar a Messi, el Barça tuvo dos que no suele perdonar.</p>
<p style="text-align: justify;">Jugando a ese ritmo y plan, defendiendo en campo propio y sin suficiente colmillo y veneno para convertir una catapulta de contragolpe en obra de demolición, el Madrid se quedó muy lejos de lo que le acerca al dominio, por más que Benzema danzara para inventarse toques y apariciones repletas de sentido. Mientras Setién alineaba cuatro centrocampistas y Griezmann junto a Messi, el Madrid trataba de replicar con perfiles similares pero sin altura de juego y sin la ayuda de su presión adelantada, una en la que el Barça iba a caer comenzada la segunda parte. Si bien en ese tramo final de la primera uno no agredía con el pase y el otro ya no iba a por el robo, el primero que decidió dar una palmada y ajustar lo que estaba pasando fue el Real Madrid. Zidane subió las líneas, por más que eso pudiera abrir el portón a Messi, una decisión que en el pasado le costó amargor, y qué amargor, al propio técnico francés.</p>
<blockquote><p>Zidane y el Madrid activaron después una presión que rompió al Barça</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Ocultando carencias y resaltando virtudes, jugar en campo contrario es para el Madrid la mayor de sus necesidades; como aprovechar la luz natural antes de que se ponga el sol. Allí se posicionan sus jugadores más técnicos, se relacionan y se motivan, cuando no rescata jerarquías, reduce metros que recorrer y reta al rival a sacarla bien jugada para ganar la batalla mental de superar su presión. Allí se va a caer el Barça con varias entregas erróneas y se va a asentar el equipo blanco para castigar la inactividad defensiva de un Barça que vuelve a necesitar al mejor Ter Stegen y a un buen Piqué en la defensa del área. Sin salidas claras, con un De Jong apagado en la iniciativa y un Vidal errático, con un Messi que va apareciendo por delante de Casemiro como inconfundible síntoma, y con un Madrid que se adueña del partido por completo a través de sus dos interiores, la lata se abre y el Madrid contiene la reacción, que va a ser con Braithwaite en el campo.</p>
<p style="text-align: justify;">Es en esa secuencia entre la salida defectuosa visitante y la ineficacia local por aprovechar los robos donde se ven falsas costuras en ambos equipos, las que detectan que hay más vestigios que vigencias. Todo mucho más humano, hasta un Messi al que le abren la puerta pero que esta vez no llega. La lectura más valiosa de un partido que es todo previsibilidad, punto por punto, quizás resida en la reacción blanca tras el descanso ante el peligroso sendero de quedarse paralizado y mermado ante las señales que se venían sucediendo. No es ni mucho menos un sólido argumento con el que sacar conclusiones, pues su realidad está ligada a las carencias irresolubles con el gol, pero dio el paso que le faltó al Barça para probar que hay con qué buscar para competir y quitarle la pegatina que el miedo logra identificar en la mente del futbolista ante la dinámica de juego y resultados.</p>
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		<title>El presente &#8216;Clásico&#8217; español</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Dec 2019 09:56:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[«Los hombres han olvidado esta verdad, pero tú no debes olvidarla: eres responsable, para siempre, de lo que has domesticado». El fútbol siempre ha sido una constante metáfora de la vida de los hombres, y es tan sumamente grande que en él se encuentran todas las artes, también todas, absolutamente todas las emociones, de uno [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><i>«Los hombres han olvidado esta verdad, pero tú no debes olvidarla: eres responsable, para siempre, de lo que has domesticado»</i>. El fútbol siempre ha sido una constante metáfora de la vida de los hombres, y es tan sumamente grande que<span id="more-269251"></span> en él se encuentran todas las artes, también todas, absolutamente todas las emociones, de uno u otro modo. Esta frase que inicia el texto aparece en una de las novelas más famosas de la historia de la literatura y es, por extensión y semejanza, uno de los malditos recuerdos que Leo Messi lleva consigo, memorizado, desde hace varias temporadas, cuando su equipo, el Fútbol Club Barcelona, juega un partido de gran trascendencia, ante un gran rival, y mira al argentino como su único refugio, el amo que lo domesticó, en el que confluyen todas las necesidades y carencias que suele transmitir el equipo cuando llegan noches así. Y al Camp Nou arribó el Real Madrid, en un &#8216;Clásico&#8217; que reforzó la figura de Zidane, aún más la de Hazard, y en el que el Barça siguió alejándose del lugar que le corresponde por haberlo habitado durante tanto tiempo: el dominio del juego.</p>
<p style="text-align: justify;">No hay partido en la Liga española más emocional que un Barcelona-Real Madrid y es precisamente con el planteamiento con el que se consigue buena parte del escenario ideado por los dos cuerpos técnicos en su previa. Si el juego de uno u otro equipo tiene dudas y las transmite, lo lógico es que esas queden expuestas cuando el rival las ataca fehacientemente y con precisión, pues hay mucha calidad sobre el terreno para desnivelar la balanza. El &#8216;Clásico&#8217; echó andar cuando alrededor del minuto ocho del encuentro, el Real Madrid enlazó una posesión larga y acto seguido dobló su apuesta con una presión alta, colocando a todas sus piezas en campo contrario, originando una continuidad ofensiva entre la presión, la recuperación y la elaboración que le otorgó el dominio de toda la primera mitad, en absoluta exclusiva, para mayor impacto de una correlación de fuerzas y posicionamiento teórico que nuevamente quedaron relegados, principalmente durante los primeros 45 minutos.</p>
<blockquote><p>El Madrid dominó ampliamente la primera mitad desde la presión y la posesión</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">La noche comenzó habiéndose conocido que el extremo derecho del Real Madrid sería Bale y que Isco daría cabida nuevamente al rombo móvil y flexible como formación táctica, mientras Valverde sorprendía dejando a Busquets en el banquillo y habilitando un centro del campo más reactivo, con Rakitic en el pivote, Semedo en el lateral y Sergi Roberto en el interior derecho. Y a esa &#8216;llamada&#8217; acudió Zidane para prolongar su sistema de esta temporada, en el que en ausencia de Hazard encuentra en Kroos y Valverde elementos determinantes en la presión y a Isco como extra de control ante la exigua capacidad defensiva del Barça en campo propio, una fase del juego para la que se prepara pero sin la firmeza necesaria para poder doblegar esfuerzos en las tres líneas defensivas del 4-4-2 ni en la precisión y calidad individual necesarias para salir de presión y revertir el dominio en su favor. Así, minuto a minuto el Madrid movía la pelota, conseguía un saque de esquina y recuperaba la pelota con enorme facilidad. La sensación es que el Barça estaba sufriendo y que tarde o temprano, por estructura o por piezas, <i>iba a perder la pelota</i>. Más pronto que tarde.</p>
<p style="text-align: justify;">Eso en el fondo. En la forma, el Madrid se hizo con el mando principalmente con el triángulo Benzema-Isco-Mendy. En ese juego de contrapesos y cambios de asignación constante, la movilidad del malagueño, el talento del francés para servir de balancín con el que equilibrar el campo o sobrecargarlo a conciencia para crear espacio en banda contraria, y las incorporaciones del lateral francés para terminar de colorear las ideas, permitieron a los blancos meter a sus interiores muy arriba. Kroos, el izquierdo para recoger lo amasado y devolverlo hacia la derecha, donde el segundo, Fede Valverde, se plantó libre de atención para armar la pierna varias veces y desnudar la basculación culé. Lo que no lograron los de Zidane fue mezclar la forma con la que crear ocasiones pues echó en falta alguna diagonal más individual, la de Eden Hazard, para terminar de intimidar y no dibujar demasiados centros laterales donde el Barça es uno de los mejores equipos del mundo defendiéndolos, mediante Piqué.</p>
<blockquote><p>La salida de balón del Barça volvió a mostrarse como su gran talón de aquiles</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Ante presión, el Barça, por otro lado, quedo huérfano de liderazgo ante la ya de por sí dificultad que encuentra para sacar la pelota. Si en Milan Valverde fotocopió al Inter para salir con tres y desahogar mentalmente a sus zagueros, ante el Madrid la falta de movimientos y previsión del sistema fue tan clara que Ter Stegen, iniciando la salida, se saltaba continuamente al centro del campo por no ver clara ni la primera línea de pase que se le ofrecería ni la posterior progresión del juego en caso de que ésta apareciera. Ese <i>el Barça va a perder la pelota</i> fue una constante que se revirtió en la segunda mitad. Esos 15 minutos de parón anularon cierto efecto, dando descanso mental a los de Valverde, lo que comenzó a notarse paulatinamente en la segunda mitad. Se observó que el Madrid bajó líneas y que el Barça ganó tranquilidad cuando, ante bloque medio, la inclusión de Rakitic entre centrales dio al Barcelona más tiempo para pensar y metros para maniobrar.</p>
<p style="text-align: justify;">Poco a poco, el partido se fue rompiendo. El &#8216;Txingurri&#8217; dio entrada a Vidal mientras el equipo leía e interpretaba que el Madrid se estaba comenzado a abrir y a dudar. La presión blanca no llegaba y sus tramos de dominio fueron mucho más intermitentes. Ahí el Barça pasó más tiempo en campo contrario pero no le fue suficiente para dominar, y eso que tuvo, como suele ocurrir cuando escapa y sobrevive de dominios ajenos, la más clara del encuentro en las botas de un Messi que por un segundo pasó de lo divino a lo humano. Los dos entrenadores dieron por asumido el ritmo al que se estaba jugando y ninguno quiso atajarlo con otro punto de control. Rodrygo y Fati compartieron motivo y misión pero no apareció ninguna diferencia. Seis tiros a puerta entre los dos equipos explican el presente del &#8216;Clásico&#8217; español. Cada uno con sus males de juego, remate o eficacia.</p>
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		<title>Antoine y Leo en el otro punto de penalty</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Dec 2019 02:44:18 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Tras la marcha de Pep Guardiola en 2012, el Fútbol Club Barcelona fue alimentando, en sentidos opuestos, dos líneas perpendiculares. La primera, la de su relación con el juego más académico, de la escuela Johan Cruyff, con la que pasó a la historia y que fue deteriorándose en favor de otras propuestas. La segunda, la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Tras la marcha de Pep Guardiola en 2012, el Fútbol Club Barcelona fue alimentando, en sentidos opuestos, dos líneas perpendiculares. La primera, la de su relación con el juego más académico, de la escuela Johan Cruyff, con la que pasó a la historia<span id="more-269177"></span> y que fue deteriorándose en favor de otras propuestas. La segunda, la de adquirir talento diferencial y extraordinario en un mercado cada vez más saturado e inflado, con traspasos de gran trascendencia. Dos líneas que encuentran una difícil convivencia en un punto concreto cuando talentos tan formidables reclaman libertad dentro del campo, una condición que Guardiola solamente le concedió al mejor de todos, Lionel Messi, con tal de que el juego colectivo quedara intacto, pues el resto de piezas respetaba unas reglas colectivas muy específicas, de las que no podían escapar con tal de que el modelo de juego de la escuela holandesa pudiera alcanzar su máximo nivel. Y queda claro que le fue bien.</p>
<p style="text-align: justify;">Es importante contextualizar ese escenario porque tras la marcha del hoy técnico del Manchester City, el Barcelona contrató a Neymar Jr., a Luis Suárez, a Ousmane Dembélé, a Philippe Coutinho y recientemente a Antoine Griezmann. Los dos primeros encajaban a nivel de espacio dentro del sistema de juego, con el uruguayo como delantero centro y el brasileño como extremo izquierdo. Sin embargo, tras la marcha del segundo, hoy en el Paris Saint-Germain, el Barça ha ido buscando imperiosamente a través de los otros tres la pieza que aún hoy le sigue faltando: el tercer atacante que complete el tridente y que aporte lo que Suárez y Messi, como pareja, han ido perdiendo cuando la exigencia aumentó -eliminatorias de Champions League-. Una misión que sobre el papel ha recaído esta temporada, la tercera de Ernesto Valverde al frente del blanquillo azulgrana, en el francés Antoine Griezmann, un futbolista que llegó al Camp Nou habiendo experimentado una libertad total en el sistema del Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone. Una libertad individual que es imposible reproducir y gozar en el equipo de Leo Messi, donde todo se origina y finaliza en las botas del crack.</p>
<p><a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/alterblog/wp-content/uploads/2019/12/Captura-de-pantalla-2019-12-18-a-las-0.58.01.png"><img class="alignleft" src="http://www.ecosdelbalon.com/alterblog/wp-content/uploads/2019/12/Captura-de-pantalla-2019-12-18-a-las-0.58.01.png" alt="" width="420" height="380" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">La teoría dictó que el galo llegaría para sumar control y lectura de los espacios para aumentar en precisión lo que Luis Suárez no podía ofrecer en espacios reducidos. Mientras Dembélé intentaba asentarse en el equipo para añadir y complementar con velocidad punta para amenazar al contragolpe, Griezmann se responsabilizaría de darle a Messi un apoyo en la mediapunta para facilitarle sus recepciones en la frontal del área, así como desmarques de calidad entre central y lateral. En la práctica, todo ha sido muy diferente. De entrada, Valverde, cuando Messi cayó lesionado varias semanas, apostó por un 4-3-3 heredero de Cruyff, donde los extremos fijarían su posición, sin poder moverse apenas, con tal de que los interiores, Arthur y De Jong, recibieran entre líneas y tuvieran espacio para intervenir; un espacio que les fabricarían los extremos aportando amplitud. Dicho de otro modo: Griezmann apenas podía moverse ni relacionarse con el juego, debía esperar quieto en el límite del campo. Además, lo haría jugando a pierna natural, sin poder orientarse para el pase, una conducción o un disparo con la panorámica de la que mismamente dispone Leo Messi jugando a pierna cambiada. Para Antoine, todo eran dificultades.</p>
<blockquote><p>Griezmann está teniendo problemas para participar pero comienza a ser determinante sabiendo correr</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Cuando Messi recuperó un lugar en el equipo, «nada cambió», salvo lo que cambia cuando Messi es titular, que es todo. El argentino dispone de una libertad de movimiento y acción que repercute en todas las piezas que le rodean, desde el lateral izquierdo -Jordi Alba- hasta el interior derecho -Rakitic, Vidal, Arthur, De Jong-. Respetando el dibujo, el 4-3-3, Messi rompe la estructura clásica de extremos abiertos, viene a la zona del &#8217;10&#8217; y mira siempre hacia el sector opuesto, el de Griezmann y Alba, lo que obliga al lateral derecho y al interior derecho a compensar sus movimientos para que el campo esté bien ocupado. Pero, ¿esta manera de orientarse con su pierna buena hacia la banda izquierda implica que conecte con lateral y extremo izquierdo de manera equilibrada y participativa? Los precedentes dicen que no. Los hechos dicen que Messi, como si fuera un imán que atrae a los defensores para generar espacio por fuera y a la espalda de la zaga, suele aprovechar, de manera automática, el desmarque de Alba en carrera, saltándose al extremo y creando situaciones de profundidad para que después sea él mismo quien pueda finalizar las jugadas.  </p>
<p style="text-align: justify;">Entonces, ¿qué ocurre con Griezmann? Pues varias cosas. Aunque el francés pueda recibir de Messi, algo que está sucediendo menos de lo conveniente pero en clara e interesante progresión semana a semana, su papel queda reducido: en situaciones de remate queda mal orientado, a la hora de asociarse y darle continuidad y segundos a la jugada, también, mientras que su abanico de movimientos se restringe a una parcela muy pequeña, todo lo contrario a lo que no sólo ocurría en el Atlético de Madrid, donde siendo segundo punta de un 4-4-2 era el director del ataque, sino también en la selección francesa. A nivel de participación, goles y asistencias, Griezmann queda mucho más limitado, un escenario que no tiene un gran margen para la mejora en ataque estático para el francés a nivel de libertad, aunque surjan teóricas modificaciones que si no han llegado ya no parece que se puedan dar, ni tampoco a nivel de sistema si imaginamos a un rival muy replegado, pero no así en situaciones más dinámicas. Cuando el Barça pasa de un estado a otro, cuando aparece un intersticio del juego en el que el rival deja de ser sometido por el Barça y pretende iniciar un ataque o deja de someter al propio equipo culé y duda en determinaciones decisiones que lo lleven a recuperar ese dominio, en esas pequeñas transiciones donde el talento impresionante del conjunto blaugrana convierte en un traje de cómic una camisa y unas gafas de pasta, la conexión Messi-Griezmann es una demoledora combinación de lucidez, buena decisión y precisión en el mano a mano.</p>
<blockquote><p>En el &#8216;Clásico&#8217;, Griezmann sí puede convertirse en el mejor socio del Messi</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Es aquí, en ese hueco del juego donde hay que castigar en transiciones o combinaciones súbitas en campo contrario o partiendo de la medular, donde sí comparten habilidades como talentos indudablemente compatibles. Antoine, un atacante excelso cuando se trata de <i>saber correr</i> y finalizar la carrera con la mente diáfana para transformar en gol lo que otros compañeros ven como dificultad, está encontrando un espacio más de finalización que interacción más provechoso en el corto plazo, que es a donde lleva la previa del Clásico. Antoine Griezmann y Leo Messi no conforman en estos momentos, de manera automática, fluida y sólida, una sociedad como tal para todos los momentos del juego pero sí lo son en uno concreto del que ya, y no mañana, pueden servirse, que es la de separarse a tiempo para encontrarse a espaldas de la zaga rival, una paradójica conexión que podría elevar a Griezmann hasta el siguiente escalón: tratar de convertirse en alguien completamente necesario para Messi, todo un elogio por más que suene a supeditación cuando Leo es el principio y el fin, el epicentro táctico y emocional de los &#8216;Clásicos&#8217; ante el Real Madrid desde que los juega y hasta que se retire.</p>
<p style="text-align: justify;">Y para ello, juntando las particularidades del choque, basadas en la recepción de Messi y un espacio hacia el que dirigirse cuando juegue de cara entre líneas, más el cortoplacismo en el que ya puede incidir Antoine, parece y suena muy apropiado que el exjugador del Atlético de Madrid memorice unos cuantos desmarques agresivos sobre Raphael Varane que, junto a la fijación de Suárez sobre Ramos, estire la línea defensiva blanca y ofrezca a Messi un tiempo exacto, que de igual forma no será mucho pero sí para su privilegiado talento, en una zona en la que, de poder girarse, no debería de recibir la entrada o el quite de Casemiro. Si no se debe meter la pierna dentro del área como imperativo y resorte mental defensivo, tampoco debe hacerse, por el mismo motivo, otros once metros más atrás, cuando el argentino merodea la media luna con el balón en su poder. Es esa zona, el segundo punto de penalty, donde Messi ha convertido los libres directos en otra pena máxima y donde Griezmann, más que ofrecerle un apoyo constante, podría ser el mejor socio de Lionel creándole espacio para la demolición.</p>
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		<title>Juego Real, Barça en las áreas</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Dec 2019 09:37:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La Real Sociedad es un equipo de autor, si. ¿Pero de quién?¿De Imanol Alguacil, por su convicción y dirección?¿De Odegaard, por su ascendencia y control sobre el partido?¿De todos los jugadores a la vez?¿De San Sebastián, por su elegancia?. Seguramente de todos un poco, porque quien visita su estadio asiste a una pérdida de protagonismo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La Real Sociedad es un equipo de autor, si. ¿Pero de quién?¿De Imanol Alguacil, por su convicción y dirección?¿De Odegaard, por su ascendencia y control sobre el partido?¿De todos los jugadores a la vez?¿De San Sebastián, por su elegancia?. Seguramente<span id="more-269091"></span> de todos un poco, porque quien visita su estadio asiste a una pérdida de protagonismo inmediato y a fases de ritmo alto basadas en una posesión armónica, ligera y absorbente, que apenas se detiene, sin transmitir sensación de descontrol. Es un equipo que matiza las palabras y que sale a presionar, a sacarla jugada y a hacer daño. Sobre todo a hacer daño; un equipo de colmillo en el juego, agresivo, al que obviamente le falta la calidad que sí tiene el Barça en ambas áreas para negar la victoria a quien le ha dominado.</p>
<p style="text-align: justify;">Con sus alineaciones más habituales, a excepción del &#8216;5&#8217; y &#8216;9&#8217; elegidos por Imanol, con Isak en lugar de Willian José, y Ander Guevara por las bajas en la posición, el encuentro transcurrió por un cauce reconocible y factible, que podía darse, vaya. La Real tiró de sus dos fases más brillantes para hacerse con el mando del encuentro en toda la primera mitad. Su presión adelantada, que comienza siendo una defensa en campo contrario y una presión más exigente en las zonas exteriores cuando el rival lateraliza su salida, y una salida de balón y posterior fase ofensiva en la que se descubre semana tras semana una intención clara, conceptual, en la que rápidamente se busca encontrar profundidad.</p>
<blockquote><p>La Real Sociedad dejó 35 minutos de un grandísimo nivel</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Entre todas sus características, la Real es un equipo que se sitúa en el campo, siempre, con la intención de superar líneas por encima de cualquier otra circunstancia. Es un equipo que cultiva lo directo, casi como método y principio de economía. En todo su juego se superan líneas con un solo pase, y rara vez se avanza por fuera, solo si el rival es defensivamente muy bueno para taponar los pases verticales y diagonales. El conjunto donostiarra continuamente se asegura de que el poseedor tenga una o dos líneas de pase verticales. Si el oponente defiende en 4-4-2 (tres líneas defensivas), el mediocentro, un Guevara fantástico en la sencillez de sus envíos, se coloca a espaldas de los dos delanteros. Los interiores, Odegaard y Merino, siempre a espaldas de los pivotes, bajando uno de ellos si no se encuentra ese pase para conectar. Cuando uno de los interiores baja y recibe por delante de los mediocampistas rivales, es el otro interior quien hace de mediapunta junto al delantero centro o el extremo del lado opuesto, logrando que los últimos dos hombres amenacen la espalda de la zaga: así, las tres líneas defensivas del rival están distraídas con gente a su espalda sin poder saltar a quien tienen por delante. </p>
<p style="text-align: justify;">En ese sentido, fue el sueco Isak en apoyo, fantástico, quien le dio un extra de dominio que definitivamente impidió al Barcelona recuperar la pelota. La Real es un equipo seguro de su potencial técnico, al que tienes que forzar para que la pierda, pues rara vez tiene pérdidas prematuras o de mala calidad. Como el equipo culé no puede plantear una presión intensa en primera línea por la naturaleza de sus dos atacantes, Messi y Suárez, la Real embotelló al Barcelona y le puso nervioso, hasta el punto de que el 4-4-2 culé se movía demasiado, saltando a por el poseedor y dejando espacios entre líneas por donde entraban Odegaard, Isak o Merino.</p>
<blockquote><p>El Barça tuvo que defender mucho tiempo en campo propio</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Expuesto el dominio, la ausencia de creaciones claras realistas se dio por dos situaciones. La primera, en base a un protagonista, un Gerard Piqué que se activó como merecía la cita, ante uno de los grandes de la Liga, y se mostró muy seguro y firme en su defensa del área. La siguiente situación que favoreció al Barcelona es que los movimientos de los puntas realistas siempre fueron en paralelo a su par cuando alguien conducía hacia portería, y no con algún desmarque cruzado que hiciera titubear la cintura de Lenglet y Piqué y que pudiera limpiar trayectorias al poseedor, que nunca encontró la opción más idónea para poner al punta frente a MAtS.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo cierto es que el Barça no salió muy castigado de ese dominio, hasta el punto de que dio por buena la situación y se comenzó a comprobar que aunque sufriera, terminó adaptándose mentalmente a la situación para sacar provecho del paso del tiempo. La Real estaba jugando tremendamente expuesta y en dos situaciones no controladas por la transición defensiva local permitieron al Barça poner un 1-2 muy significativo con lo que son uno u otro equipo en sus diferentes rangos. La entrada de Januzaj y Willian José, esta ya con 2-2, tras un fallo de Ter Stegen, calmó algo más el encuentro, uno de los que realzan el valor de un campeonato que bien es cierto, ha perdido calidad global en el juego y que tiene a la Real Sociedad como uno de sus máximos exponentes.</p>
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		<title>Antoine y Ansu despiden a Lautaro</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Dec 2019 09:59:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los octavos se le escaparon al Inter de Milan, un golpe muy duro para un proyecto necesitado de una recompensa que le explicara que todo lo andado tendría un porqué continuo y correspondido. Antonio Conte tendrá que cuidar y mimar el estado anímico de un equipo que se queda sin la mayor ilusión que puede [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Los octavos se le escaparon al Inter de Milan, un golpe muy duro para un proyecto necesitado de una recompensa que le explicara que todo lo andado tendría un porqué continuo y correspondido. Antonio Conte tendrá que cuidar y mimar el estado<span id="more-268993"></span> anímico de un equipo que se queda sin la mayor ilusión que puede vivir un grupo de jugadores. El partido inicial ante el Slavia y la remontada sufrida en Dortmund complicaron demasiado un camino que tendría que finalizar recibiendo al Barcelona. Y Valverde, que reservó a la totalidad de sus titulares a excepción de Clement Lenglet y Antoine Griezmann, lo hizo preparando a conciencia un encuentro que el Barça completó con una notable competitividad y sensaciones muy positivas con su unidad secundaria.</p>
<blockquote><p>Valverde, con suplentes, no se acomodó: puso en liza un buen plan</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Sin Stefano Sensi y Nicolò Barella, no le quedaba otra gran carta en la baraja a Antonio Conte que utilizar su presión adelantada y su defensa más alta sobre el campo para marcar el ritmo del encuentro y generar ocasiones, incidiendo en la primera línea culé y el primer envío de la sabida salida rasa que se le presupone siempre al conjunto catalán. Robar allí, o al menos cortar o precipitar sus primeras decisiones es lo que le concedió la iniciativa en el encuentro de ida, logrando un impacto emocional importante en el juego azulgrana. Pero allí donde fueron Lukaku y Lautaro, más los tres centrocampistas interistas, apareció el Barça con un plan claro: reproducir la línea de cinco de su rival, salir con tres en primera línea y desde ahí tener superioridad numérica en campo propio.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta medida, además, vino acompañada por una gran circulación y progresión cuando recibía un medio, sobre todo un buen Carles Aleñá, quien con su protección y giro, más la aparición de Rakitic como segundo eslabón, rompieron la dinámica que buscaba su rival. Si añadimos que Antoine Griezmann comenzó a dirigir la salida culé con movimientos extraordinarios a espaldas de los medios <i>nerazzurri</i>, el Barça quebró no sólo los esquemas tácticos de su rival, sino también los mentales. El Inter no lograba robar arriba, tenía que bajar el bloque con demasiada frecuencia, lo que le dejó sin su principal ventaja táctica. Si el Barça encontraba algún problema para dirigir el ataque en campo contrario, Griezmann, liberado de la banda y flotando como punta móvil, se encargó de solucionarlo, poniendo en ventaja al Barça.</p>
<blockquote><p>El Inter se quedó demasiado huérfano sin robo adelantado</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">La reacción del Inter, no obstante, fue de valor. Y a falta de capacidad para extraer ventajas desde la no creatividad de sus medios o el no desborde de sus hombres exteriores, tiró de sus puntas para batallar continuamente de espaldas. El duelo que midió a sus delanteros con los centrales culés fue una despedida a la altura de su competición. Romelu Lukaku y sobre todo, Lautaro Martínez lo intentaron todo ante una zaga culé que a falta de experiencia aguantó bien el tipo por su positiva agresividad, personificada en un gran Todibo y en una dirección de campo por parte de Valverde que sin el efecto deseado en conjunto sí estaba repleta de acierto: De Jong, Suárez y Fati -qué maniobra en el gol- saltaron al campo de la mano de una idea que no fue posible ensamblar por el ímpetu de un Inter que se la jugó durante media hora con más juego exterior -Lazaro- y mucho juego frontal en el que Lautaro tiró casi hasta la camiseta. Sólo para mayor gloria de la Europa League, el Inter de Milan ha sumado intenciones y hechos pero también mala suerte y carencias de un proyecto prematuro.</p>
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		<title>COMMENT TU T&#8217;APPELLES? JE M&#8217;APPELLE SAMUEL!</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Sep 2019 22:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Jesús Paredes, preparador físico en los equipos de Luis Aragonés: «Luis me comenta que lo va a hacer porque es cuando se está creando el grupo y me dice que si no lo hace estábamos perdidos&#8230;». -«Primero!», gritó el técnico. «A mí la camiseta no me la tira nadie! Y se lo digo a todos: [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Jesús Paredes, preparador físico en los equipos de Luis Aragonés: «Luis me comenta que lo va a hacer porque es cuando se está creando el grupo y me dice que si no lo hace estábamos perdidos&#8230;».<span id="more-266311"></span></p>
<p>-«Primero!», gritó el técnico. «A mí la camiseta no me la tira nadie! Y se lo digo a todos: no me la tira nadie! No la camiseta del club que me paga. Y pudo haber un incidente más serio, porque no le di un cabezazo de milagro. ¡De milagro!»(&#8230;). No, no; míreme a la carita, míreme a la cara. ¿Se entera usted?.»</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Samuel Eto&#8217;o había bajado la cabeza. No contaba veinte años, jugaba en Primera División y su rebeldía africana, la que le valió después para erigirse como referencia competitiva, asistía a una catarsis que le situaba en el centro de la acción. Pero él bajó la cabeza. Con el paso del tiempo miraría a la cara situaciones comprometidas, pero allí bajó la cabeza porque, de algún modo, aceptaba que quien estaba clavando una pica en mitad del entrenamiento de aquel grupo de jugadores era uno como él. Era uno de <i>su</i> sangre. Y Samu, desde aquel preciso instante, comenzaría a ocupar el lugar para el que estaba destinado, siendo considerado la sangre de sus equipos, por todas las cualidades que hacen de la misma un componente tan emocional y trascendental, con sus hemorragias y su vitalidad. Que en algún momento, cualquier equipo, de ayer y de mañana, necesite un Samuel Eto&#8217;o, para después sangrar a través de él, es el gran legado de quien hoy ya se despidió del deporte que absorbió como ninguno.</p>
<p style="text-align: justify;">Para Samuel Eto&#8217;o (Duala, Camerún, 1981), conocer los códigos del vestuario y el lenguaje intransferible de un sabio como Luis Aragonés, quien trascendió algunas de sus funciones para aconsejarle a su <i>criatura</i> futbolística el paso siguiente que le tocaba dar, el club al que tenía que ir, fueron lecciones a las que después acudiría mentalmente el camerunés como inagotable fuente de energía. O más bien, como catalizadoras de todo el vigor que desbordaba a cada paso. Es en la isla de Mallorca donde Samuel Eto&#8217;o deja la impronta de un continente, donde amanece el fervor africano que tuvo siempre dentro Samuel, y donde aprende los tiempos competitivos de un vestuario y de los futbolistas; los tiempos de un contragolpe y su relación con el gol. El primer paso más fugaz, la arrancada más fulminante que ha presenciado el fútbol de este siglo, nace de un pase de Ariel Ibagaza, una conexión que, de tan icónica y letal, trató de reproducir Gregorio Manzano cuando se topó con Fernando Torres en el Manzanares.</p>
<blockquote><p>&#8211; Eto&#8217;o: «Mister, ¿qué diferencia a un buen jugador de un gran jugador?¿a qué te refieres con eso?»<br />
&#8211; Luis: «La diferencia está en la determinación. Un gran jugador busca cambiar en cualquier momento cualquier partido y eso tú lo puedes conseguir en los mejores equipos del mundo.»</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Luis Aragonés descolgó el téléfono y realizó una llamada a &#8216;Txiki&#8217; Begiristain para ponerle de frente con el que andaban buscando. El Barça venía de agarrarse al universo de Ronaldinho después de pasar por horas preocupantemente bajas, un sueño convertido en incipiente realidad en una segunda vuelta que sirvió como cimiento de un proyecto que estaba a punto de despegar, pero que no disponía de las certezas que lograría certificar el Samuel Eto&#8217;o de 23 años, un delantero salvaje que, de manera bidireccional junto al proyecto de Frank Rijkaard, puso al Fútbol Club Barcelona rumbo al firmamento del fútbol continental. Eto&#8217;o, convertido en el primer gran boxeador de área grande, fue un tipo obsesivo, de personalidad inevitable, fundamental y anhelado en todo proyecto naciente que tiene que conseguir objetivos tan ambiciosos como el de recuperar un lugar dominante en el siempre exigente mundo Madrid-Barça. El camerunés, en plenitud física y frescura mental, y con el estómago completamente vacío de grandes títulos, se pegó un atracón. Pero Eto&#8217;o no sólo revitalizó &#8216;Can Barça&#8217;.</p>
<blockquote><p>Eto&#8217;o ganará con la perspectiva del tiempo. Como &#8216;9&#8217;, entendió la posición con una energía y una frecuencia de desmarque desconocidas hasta el momento actual.</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">La posición de delantero centro pasaba por un momento realmente sensacional, independientemente de lo que estaba a punto de ocurrir a nivel tanto global como posicional. Entre las grandes potencias europeas de aquel momento figuraban nombres como los de Ruud van Nistelrooy, Thierry Henry, Andriy Shevchenko, Patrick Kluivert, Ronaldo Nazario o Hernán Crespo, entre otros. De ellos se podían juntar multitud de ingredientes: olfato, mano a mano, velocidad, zancada, juego de espaldas, remate a un toque, remate de cabeza, disparo a puerta con ambas piernas. Había mucho por lo que disfrutar. Pero Samuel Eto&#8217;o estaba a punto de dinamitar el enfoque de la posición que después adoptaría el juego en su conjunto: el valor del delantero como primer hombre para la presión sobre la salida de balón y la agresividad constante, incesante, para crear espacios y después atacarlos, por toda la frontal del área y sin pararse un solo segundo. Los conceptos de presión y frecuencia, tan subrayados en el fútbol de hoy, el futuro del fútbol que vivió Samuel, personalizados en lo que después, a su manera, harían del uruguayo Luis Suárez, del portugués Cristiano Ronaldo o del español Fernando Torres modelos a imitar. </p>
<p style="text-align: justify;">Y todo ello sucede en Barcelona, la cuna del &#8216;cruyffismo&#8217;, lugar en el que poco más de 15 años antes un tal Johan irrumpió para interrumpir la forma de pensar más preestablecida. En aquel lugar, cuatro años después de la llegada del huracán Eto&#8217;o, aterriza Pep Guardiola, más que un técnico o formador, toda una corriente de pensamiento. La historia ya conocida narra un momento de máxima lucidez del técnico de Santpedor, quien suelta una bomba en forma de cambio de posición en mitad del Santiago Bernabéu, transformando a Lionel Messi, estrella emergente del proyecto, en toda una constelación de posibilidades tácticas. Una ruptura que reformula la visión global del fútbol español y mundial, también del entorno culé. Pep considera fundamental la utilización de extremos fijos en banda y la imparable progresión del argentino le impide coserle en un costado. Es en el carril central donde está la superioridad, pero también el espacio reducido y la consiguiente sensibilidad para el juego colectivo.</p>
<blockquote><p>La irrupción de Leo Messi fue vista por Guardiola como una oportunidad para construir una hegemonía que tuvo como coste la salida de Samuel Eto&#8217;o rumbo al Giuseppe Meazza</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Quizás mucho antes que la cuestión más táctica nació una diferencia de sensibilidades, sobre todo a la hora de que Guardiola pudiera encontrarle un rol que el camerunés podía entender como un paso al costado, figurada y literalmente hablando. Pep había ganado todo junto a Samuel pero había solicitado en verano un delantero centro que le permitiera multiplicar los registros y aumentara la capacidad de controlar la pelota y administrarla con un punto superior de lectura y creatividad, tanto para jugar de espaldas como para añadirse como posible centrocampista. Eto&#8217;o, al que se le recuerdan virguerías absurdas en la frontal, hacía muchas cosas con el ánimo de agredir y profundizar, mientras el argumentario del cuerpo técnico, por el que Guardiola nunca iba a negociar, tenía pensados procesos mucho más específicos y elaborados para los que Samuel era visto en un papel más secundario. </p>
<p style="text-align: justify;">Fue entonces cuando Samuel fue a parar al Inter de Milan de José Mourinho, un proyecto radicalmente opuesto, que anticipaba la llegada de las superplantillas y de una evolución en la calidad del juego que aún pervive. Fue allí donde su sombra, en el sentido más competitivo, se alargó para dar cobijo. No se puede decir que su cénit puramente competitivo, basado en la mezcla de hambre, corazón, experiencia y vivencias, se diera en la Lombardía, habiéndose conocido su lustro en Barcelona, pero sí que aquel primer año confirmó y concluyó que Samuel Eto&#8217;o guardaba una extraordinaria capacidad de análisis y adaptación a las circunstancias que completarían su relicario: un majestuoso palmarés, un monumental bagaje como competidor, una brutal gama de movimientos y un sello como embajador del triunfo. Como en los inicios del proyecto de Frank Rijkaard, el Inter de Milán necesitó un Eto&#8217;o para comenzar. Samuel, como el africano, llegó cuando se lo propuso. Y sólo con su llegada comenzó la victoria.</p>
<blockquote><p style="text-align: justify;"><i>«&#8230;los europeos creen que el tiempo es objetivo y absoluto. En África es elástico y voluble: una reunión se celebrará cuando acuda la gente&#8230;”. Ryszard Kapuscinski.</i></p></blockquote>
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		<title>Leo Messi y los tres dragones de Klopp</title>
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		<pubDate>Wed, 01 May 2019 00:01:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Alejandro Arroyo]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El duelo es inédito. Jürgen Klopp no sabe de primera mano qué se siente al mirar de frente a Leo Messi y, sobre todas las cosas, entender qué impacto y qué significado tiene dentro de un partido de fútbol. No cuenta con la experiencia del día a día<span id="more-262975"></span> ni de una puntual herida que le ocasionara en el pasado. Se lo han contado y lo ha visto en cientos de partidos y llega como campeón de Liga y a 180 minutos de una nueva final de Champions, información, suficiente o insuficiente, para negociar consigo mismo un planteamiento original que le permita reducir sus recepciones, asumir una defensa baja en muchos momentos y conseguir, a la vez, una oportunidad para sus tres dragones; para crear ocasiones y atemorizar a un colectivo, el de Ernesto Valverde que rara, rarísima vez, se ha visto desbordado por las circunstancias o por un rival en su proyecto al frente del Fútbol Club Barcelona.</p>
<blockquote><p>Klopp deberá decidir dónde defender a Messi y cómo esperar su oportunidad</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Olvidarse de Leo Messi es olvidarse de competir, una máxima que bien pudo comprobar Carlo Ancelotti o Zinedine Zidane cuando entendieron como oportunidad pensar en grande en el Santiago Bernabéu. Se presume, por tanto, que el Liverpool no va a olvidarse del argentino si quiere salir vivo del Camp Nou. Como parte indispensable, más bien idea general, del plan a elaborar, el Liverpool tendrá que tener cerca efectivos que interpreten muy bien el espacio defensivo, la ayuda escalonada, cegar su pierna izquierda, defender bien su recepción posterior tras derivar la jugada al exterior y, siempre, tentar a la suerte. Si el Liverpool logra un escenario templado o sufrido pero de constancia defensiva, de despejes, frenos, disputas exitosas, que cerquen el disparo de Messi, el que constó ante el Manchester United, habrá comenzado a competir. Este mensaje parece el más propicio como punto de partida que una presión incondicional de entrada. Aunque nunca debe descartarse esta opción sí se antoja descartable que lo sea como plan principal.</p>
<blockquote><p>Aunque defienda muy abajo, el Liverpool tiene armas para atacar espacios muy amplios</p></blockquote>
<p style="text-align: justify;">Entre las garantías que intentará asegurar Klopp si su defensa de la zona de Messi y sus posibles conexiones es positiva, está saber que una defensa exhaustiva, condicionada y muy baja no le impide, o no tanto como en otros colectivos, crear transiciones. La memoria de los movimientos que ejecuta su trío de delanteros y el ritmo que pueden imprimir defendiendo, cada uno de ellos, con balón al pie o al espacio, es una de sus principales ventajas identitarias, intransferibles a otros equipos, para intentar igualar, muy lejos de Ter Stegen, una frecuencia de ocasiones. Entre las características propias de la recuperación &#8216;red&#8217; y su posterior contragolpe, está constando algo muy parecido a lo que ocurrió en la temporada anterior, y no es otra que la premeditada decisión del sistema de que las jugadas las finalice un jugador en concreto.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque su explosión goleadora ha bajado varios enteros con respecto al año pasado, y su compañero Sadio Mané se ha postulado como segunda espada goleadora, los movimientos del arquitecto del ataque, Roberto Firmino, están enfocados en crear espacios y aclarados para que Salah logre materializar las ocasiones:</p>
<blockquote><p>
Disparos de Salah en Premier League: 3.5 disparos por partido<br />
Disparos de Firmino + Mané en Premier League: 4.7 disparos por partido</p></blockquote>
<blockquote><p>
Disparos de Salah en Premier League: 4.2 disparos por partido<br />
Disparos de Firmino + Mané en Champions League: 3.7 disparos por partido</p></blockquote>
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