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	<title>Ecos del Balón &#187; Fiorentina</title>
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	<description>En fútbol nadie tiene razón.</description>
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		<title>Batistuta, un hombre común #yomequedoencasa</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Apr 2020 03:52:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo José Ustaritz]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando Jorge Griffa lo vio la primera vez, Batistuta era un chico más bien gordo. Bien entrado en la adolescencia, Gabriel no se consideraba futbolero. Le gustaba más el basquetbol, sobre todo porque la cancha era más pequeña y se jugaba entre paredes y no hacía frío. Soñaba con ser Michael Jordan. O, mejor, le [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Cuando Jorge Griffa lo vio la primera vez, Batistuta era un chico <a target="_blank" href ="https://www.pagina12.com.ar/1998/98-06/98-06-15/rota3a.htm">más bien gordo</a>. Bien entrado en la adolescencia, Gabriel no se consideraba futbolero. Le gustaba más el basquetbol, sobre todo porque la cancha era más pequeña y se jugaba entre<span id="more-272042"></span> paredes y no hacía frío. Soñaba con ser Michael Jordan. O, mejor, le hubiera gustado serlo. Su ambición, y la de sus padres, era terminar la secundaria, estudiar alguna carrera, graduarse, trabajar, divertirse. Una vida normal. Como la de cualquier otro. Al fútbol jugaba para no quedarse <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=zvp5XOYEMDM">por fuera del ritual de sus amigos</a> y más allá de un Maradona que conocía porque alguien alguna vez le había regalado un póster que colgó en su cuarto, no sabía nada sobre el universo esférico que movía al país. Lo de él era una vida normal, pero, para su fortuna, tenía un don incorregible: marcar goles.</p>
<blockquote><p>Batistuta no tenía planeado ser futbolista hasta sus 18 años</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Esa tarde que Griffa supo que en Batistuta había un goleador inexorable, el pibe del Reconquista le anotó 4 a Newell&#8217;s en la disputa de un torneo juvenil. Ese mismo día, Griffa convenció a su padre de que lo dejase entrenar un año en Newell&#8217;s, en Rosario y lejos de casa, porque veía en él un potencial diferente. Cayó entonces bajo las manos formadoras de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8yG5AEZ2QOc">Marcelo Bielsa</a>, quien le enseñó la profesión, le enseñó de táctica y lo puso a dieta. Con el &#8216;Loco&#8217;, Batistuta aprendió a ser futbolista. En nada estaba jugando la final de la Copa Libertadores. Un año duró en la primera del equipo rosarino antes de ser transferido a River Plate. En veintiún partidos, había anotado siete goles. Jugaba con la &#8216;7&#8217; y había en él algo que intimidaba: <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jTKmNGugFQw">una potencia animal</a>. Para todo. Para correr, para pelear y para golpear el balón. Batistuta, que se había convertido en futbolista sin buscarlo, era un acontecimiento.</p>
<p style="text-align: justify">En el equipo de Nuñez, bajo la dirección técnica de Daniel Passarella, quien luego sería su entrenador en la selección durante sus mejores años, Batistuta decepcionó. Quizás por su terrible velocidad y fuerza a campo abierto, Passarella lo hizo jugar como puntero izquierdo o derecho dependiendo de la ocasión. Y dado que el equipo &#8216;millonario&#8217; contaba con una nómina amplia, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8ML8eeXldyc">el joven Batistuta</a> vio limitados sus minutos a intervenciones desde el banquillo. Anotó un par de goles, aunque también erró varios. A los seis meses, cuando pensaba que ya tenía que volver a empezar, apareció Boca Juniors. Lo había pedido Carlos Aimar para su plantel. La oportunidad era única; sin embargo, en su nueva casa, &#8216;Bati&#8217; volvió a ver más de cerca la línea de cal que el punto de penalti. Afortunadamente para él, Boca quedó octavo en el Apertura 90&#8242; y Aimar fue reemplazado por Óscar Washington Tabárez. El uruguayo, que lo había visto en la final de la Libertadores 88&#8242; ante Nacional, no lo dudó. ¿Qué habían visto en él Passarella y Aimar para sacarlo del área? Tabárez, por suerte, nunca lo supo. Con él, Batistuta, con la &#8216;9&#8217;, jugaría de centrodelantero. Y se salió: haciendo dupla con Latorre, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=-DB6iUwC5r0">&#8216;Bati&#8217; metió 11 goles</a> en el Clausura 91&#8242; y se ganó un puesto en la nueva selección de Basile para la Copa América de Chile.</p>
<blockquote><p>Es el gran centrodelantero de la historia del fútbol argentino</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Imjww7RreOU">Con la albiceleste impresionó</a>. Seis goles en siete partidos, anotando en todos menos en el 0-0 contra la selección local, le dieron el título de máximo artillero de la competición y a Argentina la coronan campeona. Era el comienzo idilio con el que nunca soñó, pero que lo marcó para siempre: 54 goles en 77 partidos que lo convirtieron desde 1998, cuando anotó su gol 35 con la selección y superó a Maradona, hasta 2016, cuando lo pasó Messi con alrededor de treinta partidos más, en el máximo goleador histórico de la selección &#8211; además del máximo goleador argentino en Copas del Mundo, con 10 tantos -. Números que lo transformaron en el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=7YniB5czMYI">gran delantero centro</a> del combinado argentino.</p>
<p style="text-align: justify">Esos primeros y fulgurantes seis meses de 1991 lo llevaron a fichar por la Fiorentina. En Italia, el Olimpo del fútbol, Batistuta demostró que lo suyo no era casualidad. Aquello que el ojo clínico de Griffa había visto en el &#8216;gordito&#8217; al que no le gustaba jugar al fútbol, era cierto. Sus más de doscientos goles en el durísimo campeonato italiano de la época hablan por sí mismos. Para Batistuta, el fútbol era su trabajo y su oficio era el de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Jq-7PbgZBl8">marcar goles</A>. Y en eso era un obseso. Un goleador impresionante, armado con un remate violentísimo y de precisión quirúrgica con ambas piernas, que llevaba a los rivales al límite, que todo lo realizaba en pocos toques y siempre pensando en la portería contraria. Su olfato de gol era bestial; de cazador. Y su ansía anotadora no tenía comparación. Sus <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=zZnb1slPYio">limitaciones técnicas</a>, que por momentos rozaban con la torpeza, eran borradas por esas cualidades demoledoras. Durante una década, Gabriel Omar Batistuta, un hombre común, fue el goleador más temible del mundo. No era el mejor, porque eso era para puristas. Era el más temible. Y todo a punta de trabajo, como cualquier obrero. </p>
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		<title>Gio Simeone nunca deja de creer</title>
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		<pubDate>Tue, 29 May 2018 05:46:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[David De la Peña]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[El nombre de Giovanni Simeone comienza a sonar cada vez con más fuerza en el fútbol europeo. Su temporada de debut en la Fiorentina ha cumplido sin duda con las expectativas generadas después de haber rendido a buen nivel en el Genoa, y tras sustituir con acierto a Kalinic -que dejaba un vacío importante tras [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El nombre de Giovanni Simeone comienza a sonar cada vez con más fuerza en el fútbol europeo. Su temporada de debut en la Fiorentina ha cumplido sin duda con las expectativas generadas después de haber rendido a buen nivel en el Genoa, y tras<span id="more-252516"></span> sustituir con acierto a Kalinic -que dejaba un vacío importante tras marcharse al Milan el pasado verano- la gran pregunta es si el hijo del Cholo está preparado para jugar en un escalón superior.</p>
<p style="text-align: justify;">Injusto o no, la figura de su padre debe estar presente en el análisis de su juego, porque ya sea por genes o bien porque el entrenador del Atlético de Madrid le ha inculcado algunos conceptos innegociables de su visión del fútbol, el delantero viola los muestra cada fin de semana sobre el terreno de juego. No hay duda de que para valorar el conjunto de sus virtudes y defectos hay que poner sobre la mesa la pasión con la que entiende el juego.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">La constante actividad de Gio Simeone es su gran seña de identidad</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Probablemente a partir de ahí haya podido crecer en la élite del fútbol europeo. Su ética de trabajo está muy relacionada con los parámetros que <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2013/01/recorrido-historia-simeone-como-entrenador/">el Cholo ha inculcado a sus equipos</a>, y a partir de ahí ha podido solucionar un problema de base técnica que ha conseguido equilibrar, especialmente, en el presente curso. Gio Simeone es un delantero muy sacrificado en la presión, sea cual sea la zona que le pida Pioli apretar; a los centrales, a los laterales, o al mediocentro, si el técnico decide buscar la salida rival, tiene un argumento valiosísimo en su delantero centro para llevarlo a cabo.</p>
<p style="text-align: justify;">Ese ímpetu se traslada a todas las acciones de pelota dividida, lo que le convierte en un jugador tremendamente útil en situaciones de transición directa. Si su equipo no tiene la pelota, un envío en largo sobre Simeone se transforma en una oportunidad para ganar metros. Sin ser un velocista, su carrera en espacios largos es buena y su uso del cuerpo para luego disputar el cuerpo, su gran arma. Como único punta, es un estilo de delantero que permite a su equipo poder acercarse al área rival a pesar de que en ese momento esté jugando muy cerca de la suya.</p>
<p style="text-align: justify;">El gran problema del argentino ha sido de finura, pero en su primera temporada en Florencia ha ganado bastante soltura en su juego de apoyos. Sin ser un futbolista aún limpio en todas esas recepciones de espaldas, cada vez ha reducido más sus pérdidas, y eso le ha permitido poder estar más conectado al juego en unos ataques posicionales en los que, en cualquier caso, su gran virtud es cargar el área cuando la pelota llega a banda. Tanto en movimiento al primer palo, como quedando atrás si la jugada lo requiere o rompiendo al segundo, Gio tiene instinto asesino en ese tipo de movimiento, lo que le hace engordar sus cifras goleadoras.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;">Domina al milímetro los desmarques largos y verticales y el ataque de centros laterales</p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Sin duda, en esa evolución ha sumado un Stefano Pioli que, después de varios meses en la <a target="_blank" href ="http://www.ecosdelbalon.com/2012/10/analisis-stevan-jovetic-fiorentina/">Fiorentina</a>, ha dado con un sistema que le ha potenciado a través de los dos jugadores más capaces de generar ocasiones del equipo viola: Saponara y Chiesa. Pioli ha apostado por un 4-3-1-2 pero con funciones distintas para sus puntas -Chiesa y Gio-, con Saponara jugando en el vértice alto del rombo. De esta forma, el entrenador viola se ha garantizado dos jugadas que han acercado al gol a Gio Simeone, y le ha permitido encontrarlas, además, en los dos escenarios que mejor domina: el remate tras centro lateral y el pase al espacio.</p>
<p style="text-align: justify;">Saponara es un jugador con muy buena lectura para moverse por delante de la línea de la pelota, y después tiene talento para conducir contras o meter el balón al hueco, donde Gio es activado en situaciones de transición. Chiesa, por su parte, es un atacante con mucha movilidad que disfruta recibiendo en las esquinas del área, donde su devastador cambio de ritmo produce centros que el delantero argentino aprovecha de forma constante. La principal duda es cómo encarará un salto a un escalón superior si no termina de corregir ese déficit técnico en controles, conducciones y pases, pero bien potenciado es un futbolista capaz de sumar muchos goles para su equipo.</p>
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		<title>Un hombre común</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Mar 2017 02:47:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo José Ustaritz]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Cuando Jorge Griffa lo vio la primera vez, Batistuta era un chico <a target="_blank" href ="https://www.pagina12.com.ar/1998/98-06/98-06-15/rota3a.htm">más bien gordo</a>. Bien entrado en la adolescencia, Gabriel no se consideraba futbolero. Le gustaba más el basquetbol, sobre todo porque la cancha era más pequeña y se jugaba entre<span id="more-228542"></span> paredes y no hacía frío. Soñaba con ser Michael Jordan. O, mejor, le hubiera gustado serlo. Su ambición, y la de sus padres, era terminar la secundaria, estudiar alguna carrera, graduarse, trabajar, divertirse. Una vida normal. Como la de cualquier otro. Al fútbol jugaba para no quedarse <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=zvp5XOYEMDM">por fuera del ritual de sus amigos</a> y más allá de un Maradona que conocía porque alguien alguna vez le había regalado un póster que colgó en su cuarto, no sabía nada sobre el universo esférico que movía al país. Lo de él era una vida normal, pero, para su fortuna, tenía un don incorregible: marcar goles.</p>
<blockquote><p>Batistuta no tenía planeado ser futbolista hasta sus 18 años</p></blockquote>
<p style="text-align: justify">Esa tarde que Griffa supo que en Batistuta había un goleador inexorable, el pibe del Reconquista le anotó 4 a Newell&#8217;s en la disputa de un torneo juvenil. Ese mismo día, Griffa convenció a su padre de que lo dejase entrenar un año en Newell&#8217;s, en Rosario y lejos de casa, porque veía en él un potencial diferente. Cayó entonces bajo las manos formadoras de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8yG5AEZ2QOc">Marcelo Bielsa</a>, quien le enseñó la profesión, le enseñó de táctica y lo puso a dieta. Con el &#8216;Loco&#8217;, Batistuta aprendió a ser futbolista. En nada estaba jugando la final de la Copa Libertadores. Un año duró en la primera del equipo rosarino antes de ser transferido a River Plate. En veintiún partidos, había anotado siete goles. Jugaba con la &#8216;7&#8217; y había en él algo que intimidaba: <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=jTKmNGugFQw">una potencia animal</a>. Para todo. Para correr, para pelear y para golpear el balón. Batistuta, que se había convertido en futbolista sin buscarlo, era un acontecimiento.</p>
<p style="text-align: justify">En el equipo de Nuñez, bajo la dirección técnica de Daniel Passarella, quien luego sería su entrenador en la selección durante sus mejores años, Batistuta decepcionó. Quizás por su terrible velocidad y fuerza a campo abierto, Passarella lo hizo jugar como puntero izquierdo o derecho dependiendo de la ocasión. Y dado que el equipo &#8216;millonario&#8217; contaba con una nómina amplia, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=8ML8eeXldyc">el joven Batistuta</a> vio limitados sus minutos a intervenciones desde el banquillo. Anotó un par de goles, aunque también erró varios. A los seis meses, cuando pensaba que ya tenía que volver a empezar, apareció Boca Juniors. Lo había pedido Carlos Aimar para su plantel. La oportunidad era única; sin embargo, en su nueva casa, &#8216;Bati&#8217; volvió a ver más de cerca la línea de cal que el punto de penalti. Afortunadamente para él, Boca quedó octavo en el Apertura 90&#8242; y Aimar fue reemplazado por Óscar Washington Tabárez. El uruguayo, que lo había visto en la final de la Libertadores 88&#8242; ante Nacional, no lo dudó. ¿Qué habían visto en él Passarella y Aimar para sacarlo del área? Tabárez, por suerte, nunca lo supo. Con él, Batistuta, con la &#8216;9&#8217;, jugaría de centrodelantero. Y se salió: haciendo dupla con Latorre, <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=-DB6iUwC5r0">&#8216;Bati&#8217; metió 11 goles</a> en el Clausura 91&#8242; y se ganó un puesto en la nueva selección de Basile para la Copa América de Chile.</p>
<blockquote><p>Es el gran centrodelantero de la historia del fútbol argentino</p></blockquote>
<p style="text-align: justify"><a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Imjww7RreOU">Con la albiceleste impresionó</a>. Seis goles en siete partidos, anotando en todos menos en el 0-0 contra la selección local, le dieron el título de máximo artillero de la competición y a Argentina la coronan campeona. Era el comienzo idilio con el que nunca soñó, pero que lo marcó para siempre: 54 goles en 77 partidos que lo convirtieron desde 1998, cuando anotó su gol 35 con la selección y superó a Maradona, hasta 2016, cuando lo pasó Messi con alrededor de treinta partidos más, en el máximo goleador histórico de la selección &#8211; además del máximo goleador argentino en Copas del Mundo, con 10 tantos -. Números que lo transformaron en el <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=7YniB5czMYI">gran delantero centro</a> del combinado argentino.</p>
<p style="text-align: justify">Esos primeros y fulgurantes seis meses de 1991 lo llevaron a fichar por la Fiorentina. En Italia, el Olimpo del fútbol, Batistuta demostró que lo suyo no era casualidad. Aquello que el ojo clínico de Griffa había visto en el &#8216;gordito&#8217; al que no le gustaba jugar al fútbol, era cierto. Sus más de doscientos goles en el durísimo campeonato italiano de la época hablan por sí mismos. Para Batistuta, el fútbol era su trabajo y su oficio era el de <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=Jq-7PbgZBl8">marcar goles</A>. Y en eso era un obseso. Un goleador impresionante, armado con un remate violentísimo y de precisión quirúrgica con ambas piernas, que llevaba a los rivales al límite, que todo lo realizaba en pocos toques y siempre pensando en la portería contraria. Su olfato de gol era bestial; de cazador. Y su ansía anotadora no tenía comparación. Sus <a target="_blank" href ="https://www.youtube.com/watch?v=zZnb1slPYio">limitaciones técnicas</a>, que por momentos rozaban con la torpeza, eran borradas por esas cualidades demoledoras. Durante una década, Gabriel Omar Batistuta, un hombre común, fue el goleador más temible del mundo. No era el mejor, porque eso era para puristas. Era el más temible. Y todo a punta de trabajo, como cualquier obrero. </p>
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